Por primera vez en mucho, muchísimo tiempo Octavia Blake sintió su cuerpo negarse a obedecerla mientras su mente le ordenaba que se comportase, sonriese y entrase en la zona VIP.

Si, de poder haber escogido estar en cualquier otra parte del mundo en aquellos escasos instantes dedicados a la preparación mental de la situación que sabía que estaba por venir, lo hubiese hecho.

Pero la realidad era otra muy distinta y la obligaba sencillamente a estar allí.

Sintiendo la garganta más seca que nunca carraspeó un poco y se llevo la mano a la oscura y larga melena atusandosela para parecer de lo más apetecible y presentable y supo que por mucho que le apeteciese seguir posponiendolo, era hora de comenzar el show.

Llevándose las manos a la carísima tela del rojo y largo vestido se lo aliso sobre los costados y después sobre las caderas y el trasero arreglandoselas para hacer desaparecer cualquier pequeño pliegue o arruga que se hubiese hecho en su nauseabunda incursión al baño y se obligó a sonreír de lo más sugerente y coqueta sabiendo exactamente la forma de actuar que requería la situación y que haría las delicias de Russell y su invitado de honor.

Cruzar la larga alfombra de la zona VIP fue mucho más fácil de lo que en un principio le pareció, y en cuanto llegó al último reservado, el más amplio y cómodo, el más confortable y caro reservado solo al uso exclusivo de los dueños del club o de algún cliente honorifico lo suficientemente forrado como para permitirse pagarlo, Octavia respiró hondo y atravesó las negras y opacas cortinas fingiendo una sonrisa tan espontanea y natural que de haber sido actriz la hubiese hecho llevarse un jodido Oscar.

Encontró a Russell sentado cómodamente sobre el negro y aterciopelado sofa circular que rodeaba la elegante y sofisticada mesa de mármol oscura, a Nikki apoyada ligeramente sobre esta descorchando una botella de carísimo champan, y a un tipo alto, rubio y con facciones duras y peligrosas que supuso sería McCreary. Sobre la gran mesa había varios fajos de billetes de cien amontonados junto a una negra agenda de cuero de la cual Octavia reconoció que Russell no se sepaba jamás, varias copas algunas de ellas aún vacías y una especie de bolsa con un lazo rojo adornando su exterior.

Nikki reía a carcajadas atenta a la anécdota que McCreary parecía estarle contando acerca de su última visita al extranjero, y Russell con sus fríos y suspicaces ojos clavados en el chico presentaba una nimia y escondida expresión de suficiencia y perspicacia como si aquella anécdota le estuviese robando un protagonismo no buscado pero querido.

De pie no muy lejos de la salida de emergencia que daba a las escaleras anti-incendio del club y que de necesitarlas eran un recurso fácil por donde desaparecer, se encontraba un tipo alto, demasiado fornido embutido en un oscuro traje que parecía más bien quedarle dos tallas pequeños y con un aspecto peligroso e implacable que parecía recorrer atentamente con la mirada cualquier pequeño movimiento cerca del lugar.

Era Michael Vinson, el matón y guardaespaldas personal de Russell Lightbourne.

Su jodida y puta sombra en el mundo de los turbios negocios.

El tipo era un autentico kamikaze, un cabeza de chorlito de gatillo fácil y pocos escrúpulos que disfrutaba causando dolor ajeno ya fuese cobrando o no. Un verdadero sádico y sociopata.

Octavia le había visto actuar alguna que otra vez y le daba escalofríos estar cerca de su sola presencia. Russell era tolerable hasta cierto punto, embaucable pero si dabas un paso en falso, si no le gustaba en lo mínimo alguna acción en su presencia, podías encontrarte fácilmente en una encrucijada de malas o pésimas decisiones y en serios problemas que atender.

Eso hacía que tuvieses que estar en una tensión constante y que tu forma de actuar se adaptase a las circunstancias del momento para acertar con él, y no verte metida en una mierda importante hasta el cuello.

Era como caminar sobre el frágil hielo con solo unos patines de afiladas cuchillas que de un momento a otro si no ibas con suficiente cuidado la finísima capa de hielo bajo tus pies se podría rasgar haciendo que te hundieses profunda y heladamente en un agua de la que no sabrías si poder o no salir.

Con él allí existían cierto tipo de reglas que seguir, claro.

No podías parecer demasiado descarada, ni ser demasiado sutil. Se esperaba que fueses amable y sugerente pero no demasiado vulgar. También se esperaba que mostrases cierto interés en él y en sus asuntos pero al mismo tiempo, no debía preguntar ni hacer comentarios que pudiesen revelar que estabas demasiado interesada en sus negocios. Tu aspecto debía ser apetecible y elegante pero no mostrar demasiada piel ni parecer que había pagado por tu compañía, las apariencias para Russell eran demasiado importantes y odiaría ser comparado con un patán del club con la suficiente pasta para comprar compañía y no para recibir atenciones e interés de algunas bellas chicas así porque si.

McCreary por otro lado era muy distinto a él. A él le gustaba demostrar que podía comprar cualquier cosa que quisiese y hacer que fuese suya compitiendo constantemente con sus socios.

Él también llevaba a alguien de su confianza presumiblemente armado bajo la chaqueta aunque su aspecto era mucho más espontaneo y desinhibido sospechó Octavia en el momento en que entró y los ojos de Tarik se clavaron en ella desde el otro lado de la pared a una distancia prudencial cerca de Vinson y tras McCreary custodiando la salida de emergencia.

La música de fondo retumbaba bajo las aterciopeladas paredes del local haciendo que los bajos vibrasen, y a lo lejos las voces que llegaban de reservados cercanos apenas eran audibles.

Russell que vio entrar a Octavia levantó la mirada al verla vestida así y se llevo las manos al pecho con fingida caballerosidad y una súbita sonrisa de asombro.

—Oh, pero cuanta belleza ven mis ojos en estos momentos —comentó él en todo de autentica admiración poniéndose en pie para ir a dar con Octavia—. Ese vestido no hace justicia a tanta belleza, pero sabía que te quedaría absolutamente perfecto.

Nikki que logró que el tapón de la botella saltase al tiempo que el champan salía a borbotones cayendo un poco al suelo sonrió y se apresuro a reír tratando de no desperdiciar demasiado antes de volverse a servir las copas.

—Si que está impresionante, si.

Russell que bordeo la mesa para ir a dar con Octavia alargo sus manos para tomar las suyas y se inclinó posando sus labios muy lentamente sobre la suave y maquillada piel de su mejilla cosa que Octavia sintió como algo empalagoso y demasiado sutil como para no despertar sus arcadas.

Aún así sonrió, sonrió tanto que sintió las mejillas dolerle de pura tensión.

—Cuando lo he visto me he quedado sin palabras, es precioso, muchísimas gracias —contestó Octavia al soltar sus manos en cuanto tuvo ocasión.

—¿No vas a presentarnos? —interrumpió McCreary al posar sus ojos en ella examinándola dentro de aquel vestido de arriba a abajo con una pequeña y desdeñosa sonrisa.

Russell que le escuchó tras ellos se volvió colocando la mano tras la desnuda espalda de Octavia que se tenso inconscientemente para si y presumió de ella como si se hubiese olvidado a propósito de que hubiese nadie más allí.

—Esta es Octavia Blake, una amiga.

—Amiga, ¿eh? —sonrió McCreary viendo como Nikki se inclinaba lo suficiente como para pegar casi su voluptuoso escote a la mesa ofreciéndole la copa llena de espumoso champan—. Los amigos de Russell son también amigos míos.

Octavia que trago al oír eso puso su mejor cara yendo a por una de las copas de champan que Nikki le tendió en cuanto estuvo a su alcance con una sonrisa.

—Tu acento parece interesante, ¿es irlandés? —preguntó Octavia apoyando ligeramente su cadera de la mesa antes de llevarse la copa a los labios bebiendo muy suavemente.

McCreary que sonrió de orgullo al escucharla se acomodó mejor en el negro sofá y dirigió sus ojos a Russell.

—Tu amiga tiene buen oído para los acentos.

Russell que se sintió ligeramente amenazado por aquel absurdo tono de coqueta pretensión, se acercó a Octavia deslizando la mano sobre la sedosa y primorosa tela del vestido y le apretó ligeramente el trasero en consciente señal de posesión.

—Y no es lo único que tiene —comentó como quien presume de haber comprado un coche caro y nuevo frente a su opositor.

Octavia que se tensó ante el inesperado gesto puso buena cara sintiendo los ojos de Nikki clavarse en ella que al ver su incomodidad enseguida actuó.

—Coged todos vuestras copas, vamos —propuso la rubia agente infiltrada levantando la suya y animando al resto a que lo hiciese—. Propongo un brindis, por los viejos y nuevos amigos.

—Por los viejos amigos si —susurró latentemente Russell clavando sus ojos con McCreary en plena competencia.

—Y por los nuevos, como no —le sonrió McCreary a Octavia levantando su copa en señal de brindis antes de llevársela a los labios y beber.

Starlette una de las chicas del club entró a través de las negras cortinas y permaneció en la entrada buscando a Russell con la mirada encontrándole de pie junto a Octavia allí.

—Señor Lightbourne, sus invitados están aquí —anunció la chica ataviada con un negro y corto vestido de corte elegante—. ¿Quiere que les haga pasar?

Russell que esperaba a algunas personas a las cuales había citado para la reunión asintió con la cabeza sin dejar de verla antes de dejar su copa sobre la mesa.

—Si, adelante —respondió con un gesto volviéndose hacia Octavia deslizando la yema de su dedo por la tersa piel de su brazo para recolocarle en la espalda un oscuro mechón—. Y por favor, haz que nos sirvan la cena. Os va a encantar, la he encargado en el mejor sitio de toda la ciudad.

Nikki que había comenzado a darse cuenta de que al contrario de lo que había pensado hasta ahora, Octavia no parecía tener nada que ver con Russell o con sus negocios si no estar allí por mera obligación y trabajo se acercó a ella apartándola con disimulo de Russell para llevar la mano a su rostro.

—Tienes una pestañita justo aquí, espera —haciendo por quitársela a sabiendas de que no tenía nada para mantener las manazas de Russell alejadas de ella.

Octavia que estaba demasiado inmersa en la situación y en la tensión del momento al saber que iba a tener que soportar una cena con ellos puso buena cara y le sonrió.

—Gracias, Nikki.

—No hay de que —le devolvió la sonrisa ella viendo como Starlette se retiraba de allí para ir en busca de los desconocidos invitados.

—Sentaos por favor —las invitó Russell con la mano hacia la redonda mesa rodeada de los cómodos y semi circulares oscuros sofás—. La cena os resultará una autentica delicia, os lo prometo.

Octavia le dedicó una sonrisa de fingido aprecio por sus palabras y fue a sentarse junto a él, frente a Nikki que tomó asiento junto a McCreary pareciendo de lo más encantadora y encantada.

El primero en aparecer fue un chico joven el cual Octavia enseguida reconoció de verle no solo en el club sino en las Racers Nights a las que había ido alguna que otra vez junto a Lexa y a Luna.

Era Miles Shaw, uno de los pilotos de confianza de Sinclair y de Russell, mucho más joven y dicharachero que la mayoría al cual realmente le gustaban más los coches que el propio dinero y la velocidad, el cual ya llevaba un par de años trabajando en los Talleres Nakaras bajo las ordenes de Sinclair.

La segunda que entró era Maya Vie cuya carita inocente no debía engañarte ya que era la encargada del Paradise, otro de los importantes clubs de Becca y Russell en la ciudad la cual había mantenido el negocio reinventandolo una y otra vez de la nada.

Miles les saludo con un gesto de cabeza haciendo pasar a Maya delante de él para que tomase asiento la cual les saludo sentándose en uno de los sofas.

—Veo que habéis venido al final —anunció Russell sentándose junto a Octavia antes de colocar la mano sobre la tela del vestido que cubría su muslo bajo la mesa sonriendo fingidamente amable al resto—. No estaba seguro de contar con vosotros esta noche.

—No quería dejar el club solo, últimamente tengo problemas para mantener la seguridad del negocio —apuntó Maya al tiempo que cogía una de las copas de champan para beber de ella fijándose en Russell—. Desde que nos reventaron la caja fuerte la semana pasada, me cuesta dejar a nadie que no sea de mi plena confianza a cargo del club.

—Yo no he sido esta vez —dijo McCreary levantando su copa y una mano en señal de inocencia atrevidamente mirando a todos.

Nikki que bebía de lo más atenta a la conversación llevó su mano al pecho de McCreary comenzando a jugar con uno de los abiertos botones de su camisa.

—Lo sé, y ya me he ocupado de eso —añadió Russell posando la mano sobre algunos fajos amontonados de billetes que empujó hacia Maya devolviéndoselos—. Ahí tienes, tranquila. Me he ocupado de que esa gente no pueda volver a robar ni a nosotros ni a nadie nunca más.

—¿Liquidados? —preguntó Maya mientras cogía el dinero fijándose en que algunos de los fajos tenían salpicaduras de sangre algo seca.

Octavia que también se fijo se tensó ligeramente bajo la mano de Russell haciendo por cruzar las piernas con cierta sutileza y disimulo consciente de que hablaban muy en serio.

Russell asintió con la cabeza en un despliegue de poderosa soberbia y para sorpresa de Nikki, Maya ni se inmuto.

Miles Shaw que se servía algo más de champán se fijo en el dinero y luego en Russell.

—Becca ya tiene vuestra parte. Los coches importados que querías están a punto en los muelles, solo esperan el visto bueno de Aduanas para entrar aquí.

—Bien —aceptó Russell de buen grado viendo como un par de chicas del club entraban comenzando a dejar sobre la mesa algunas bandejas con deliciosa comida y algunos platos y cubiertos—. En cuanto a eso ha habido un problema.

Octavia que agradeció a una de las chicas cuando dejo los platos sobre la mesa prefería prestar poca atención a esa clase de asuntos y centrarse en pensar en lo que haría al salir de allí y poder llegar a casa sana y salva.

McCreary que miro directamente a Russell al oír aquello cambió su expresión.

—Mi cargamento está dentro de esos coches, ¿por qué no están ya aquí?

Una de las chicas que entraba con una cubitera llena de hielo y algunas botellas más la dejo a un lado y se inclinó hablando a Russell al oído acerca de algo más.

Russell que movió la cabeza para verla asintió con un liviano gesto.

—Que pasen también.

La chica asintió con la cabeza y se retiro saliendo por entre las oscuras y opacas cortinas por donde desapareció.

—Cálmate McCreary —le advirtió Russell nada más posar sus ojos sobre él—. No me gusta nada ese tono.

—Me importa una mierda lo que te guste o no —le espeto el peligroso narcotraficante dándole una dura mirada al oír su déspota voz—. Ese envío tenía que llegar esta semana y no has cumplido.

Russell que estaba a punto de contestarle a ello vio entrar por la puerta a una preciosa morena con un corto y ceñido vestido blanco que pareció sonreír de lo más natural al verles y tendió su mano hacia ella dirigiéndose a Russell.

—Y ahí llega tu explicación, justo a tiempo.

Todos se volvieron hacia la entrada del reservado para ver quienes llegaban y Octavia reconoció enseguida el bello rostro de aquella chica del taller de Sinclair la cual había visto más de una vez cuando se había pasado. Nikki que abrió ligeramente sus ojos dado que no esperaba encontrar a Raven, su compañera de Asuntos Internos allí no tardó en forzar una natural sonrisa haciendo por servir a los invitados.

—Siento llegar tarde —se disculpó Raven sonriendo a Russell desde la entrada—. Es que mi cita y yo nos hemos entretenido un poquito por el camino.

—¿Tú cita y tú? —preguntó Russell ya que esperaba que acudiese sola a la velada.

—Si, mi cita —respondió ella de lo más pícara y coqueta asomándose un poco por entre las negras cortinas para coger a Ilian de la camisa obligandole a asomarse antes de tomar su rostro atrapando sus labios en un lento y decoroso beso para demostrar a Russell el motivo de su tardía presencia.

Cuando Octavia levantó la vista de su copa volviendo a beber algo más y vio a Raven separarse momentáneamente de su cita su cara cambió ligeramente y su corazón no solo se encogió, se rompió en pequeños y afilados pedacitos que hizo que le doliese ver a Ilian de pie allí junto a la preciosa mecánica.

Aquel acalorado beso aunque había pillado a Ilian por sorpresa hizo que se sonriese débilmente anhelante sintiendo la mano de Raven aferrarse a su camiseta y a su brazo pegándose a él.

Russell sonrió más tranquilo al entender cual había sido el motivo de tal entretenimiento y tardanza e inconscientemente al ver la escena deslizó la mano por la baja espalda de Octavia en ademán acaparador.

Ilian no sabía con exactitud con quien tenía que encontrarse Raven en aquel lugar ni que hacían allí pero en cuanto vio a Russell, a Shaw y a Maya allí junto a algunas nuevas caras se tensó ligeramente sabiendo que no era nada bueno, pero su sorpresa lo fue aún más cuando encontró los heridos y preciosos claros ojos de Octavia mirándole frente a él antes de retirar la mirada con cierto pudor y vergüenza por la situación.

—¿Quién es esta? —quiso saber McCreary viendo el desparpajo de la chica al acercarse a la mesa abriendo su bolso para ofrecer a Russell el sobre marrón y grueso que Sinclair le había enviado.

—Soy Raven Reyes y soy la chica de confianza de Sinclair. Trabajo para Russell pero tengo boca así que no necesito que él hable por mi —repuso la agente en cubierta con una desinhibida sonrisa cargada de naturalidad y espontaneidad—. Si tienes alguna pregunta sobre mi solo házmela.

Acostumbrado a la poca claridad y valentía que parecía mostrar la chica McCreary se sonrió pillado por sorpresa por su actitud e hizo un quedo gesto.

—Guapa y con carácter, me gusta.

Nikki que no pudo evitar buscar los ojos de Raven para indicarle que aflojase un poco. La vio ignorar por completo su mirada y sonreírse antes de tomar la mano de Ilian colocándosela en la curva de su cadera sobre la blanca y pegada tela del vestido.

—Pues es una lástima porque no estoy disponible ahora mismo, ¿verdad que no? —le susurró a Ilian con sutileza y picardía sin dejar de sonreírse mordiendo su labio antes de capturar los suyos en un corto pero intenso beso.

Ilian que se había quedado sin palabras al encontrar a Octavia allí de lo más metida en situación y siendo testigo del evidente desparpajo de Raven, trago despacio y asintió quedamente respondiendo sin apenas voz completamente prendado al ver a Octavia vestida de aquella manera evitando mirarle.

—No, no lo... está.

Russell que dejo escapar una fugaz carcajada hizo un gesto a los chicos.

—¿Por qué no os sentáis y nos acompañáis en esta maravillosa cena entre amigos esta noche? —les ofreció Russell con la mano para que se sentasen al otro lado de la mesa en los lugares libres—. Trataremos los asuntos que nos conciernen mejor cenando.

Octavia que para nada esperaba una cosa así levantó la vista de golpe al escuchar a Russell ofrecerles tal invitación y se quedo paralizada.

Raven que sonrió nada más oír aquello esperando que ocurriese sonrió después a Ilian que no supo que contestar queriendo eludir la invitación.

—Eso sería estupendo, me muero de hambre, ¿tú no? —le sonrió a Ilian que la miro comenzando a pensar en como excusarse—. Vamos, quedémonos un rato.

—Es que... eh...

Raven que se abrazo a su cuello logrando que su escote resaltase aún más ante los ojos de Ilian se contoneo ligeramente poniéndole ojitos y una carita antes de llevar la lengua al lóbulo de su oído deslizándola ligeramente en una húmeda caricia que le hizo estremecer de cabeza a pies.

—Prometo que si nos quedamos te lo compensaré después —susurró pegando su cuerpo al suyo notando todo su calor.

Octavia que tenía sus ojos puestos sobre los de Ilian sintió cierto picor en los suyos y parpadeo para evitar que las lágrimas se los llenasen teniendo que desviar la mirada hacia la mesa para coger su copa y beber algo más.

Ilian que trago al sentir aquella mirada suya apenas fue capaz de reaccionar a todo ello.

—Vamos muchacho, esa clase de cosas no se piensan si te las piden así —le sonrió Russell haciendo un gesto a una de las chicas para que trajese algunos platos más.

—Creía que está cena sería algo más privada, Russell —le recordó McCreary con serio gesto mirándolo.

—Oh tranquilo, son de mi absoluta confianza. Ilian es un viejo amigo de la familia, sus hermanas trabajan desde hace muchos años para mi —le tranquilizó él con un gesto de cabeza restandole importancia a su preocupación—. Él sabe que mi confianza es un bien preciado y que no cualquiera la obtiene. No dirá nada de lo que escuche aquí, ¿verdad que no?

—Por supuesto que no. No es ningún estúpido, ¿sabes? —respondió Raven por Ilian dirigiéndose a McCreary que colocaba ahora su mano sobre la suave y caliente piel del muslo de Nikki que parecía acaramelarse para distraerle un poco.

—Si está contigo, dudo mucho que sea muy estúpido —contestó McCreary aceptando finalmente que se incorporasen a la cena con ellos—. Anda, sentaos. Tenemos asuntos importantes que tratar.

Continuara...