N.A.: Otro capítulo más. Solo ocho para el final. Me estoy emocionando y todo. Lamentablemente, ahora voy a tardar un poco en actualizar porque se van acercando los exámenes y tengo que priorizar el tiempo que tengo, por lo que lo siento si tardo. Espero que paséis unas felices fiestas. Muchas gracias a satorichiva por su comentario y a aquellos que seguir mi historia.
69. Waiting for the day to break
Remus paseaba por su celda en el Ministerio, esperando que comenzara su juicio y, lo que es más importante, esperando a que llegara Sirius.
Las cosas todavía estaban confusas en su mente, y estaba luchando por llenar los vacíos sobre lo que había sucedido. Recordó la motocicleta lanzándose hacia el suelo –y había revivido ese momento en sus pesadillas– pero no tenía recuerdos después de ese momento hasta el instante en que se había despertado en la celda en la que estaba ahora.
Le habían dicho que había estado herido y que se había transformado en el hospital muggle, pero no recordaba nada de la noche de luna llena.
También le habían contado que habían traído a varios sanadores y habían trabajado en sus heridas en el hospital muggle, y tan pronto como estuvo lo suficientemente bien para moverse, lo transfirieron a su actual celta en el Ministerio. Se había despertado allí, y desde entonces, no había visto nada fuera de esa pequeña habitación.
Romulus había estado con él desde el momento en que se despertó. Le dijo que no se había apartado de su lado ni por un minuto, aunque había escuchado lo suficiente de las idas y venidas de los oficiales para saber que Sirius había sido llevado a San Mungo. Remus lo había enviado a visitarlo, y Romulus había cumplido de mala gana. Sin embargo, había regresado unos minutos después con la noticia de que no podía entrar para ver a Sirius. Aunque la mayor parte de San Mungo era accesible para él, alguien había colocado barreras para evitar que los espíritus ingresaran al ala privada en la que Sirius se encontraba.
Remus había fruncido el ceño ante la noticia. Las protecciones para mantener alejados a los fantasmas parecían demasiada coincidencia. Alguien parecía saber que iba a enviar a Romulus a ver a Sirius, y parecía tomarse bastantes molestias para asegurarse de que no pudiera entrar allí.
Al principio había estado seguro de que, aunque Romulus no pudiera entrar, uno de sus otros amigos podría hacerlo. Envió a Romulus con James, con la esperanza de que tuviera mejor suerte.
Y James había ido a verlo, trayendo a Lily y Peter con él.
Lily lo rodeó con los brazos y rápidamente se echó a llorar. James y Peter habían mirado a todas partes excepto a ellos dos. El hecho de que James no se burlara de él por acercarse demasiado a Lily, era solo otra señal de lo grave que estaba la situación.
Remus le explicó, lo mejor que pudo, lo que había sucedido, y James se fue inmediatamente a San Mungo.
Estuvo fuera por mucho tiempo, pero cuando regresó fue con la noticia de que no había podido entrar para ver a Sirius. Había hecho todo lo posible, pero se había visto frustrado a cada paso. Parecía que nadie podía pasar por el perro guardián de su sanador, quien insistía en que necesitaba paz y tranquilidad para recuperarse, y no dejaría que nadie lo viera.
Remus intentó que los demás no supieran lo asustado que estaba, pero la verdad era que estaba aterrorizado.
Entonces James recibió la carta.
Remus se había sentido aliviado más allá de las palabras de que Sirius estaba bien, pero herido por la idea de que se quedara con James, en lugar de irse a casa con él.
James había ido al hospital tan pronto como recibió el mensaje de Sirius, pero una vez más se le había negado el acceso para ver a Sirius. Ni siquiera la carta que agitó frente a la nariz del sanador pudo hacerle cambiar de opinión.
Como último recurso, había intentado colarse bajo su capa de invisibilidad, pero no fue lo suficientemente rápido para deslizarse por la puerta. Lo habían expulsado del hospital y enviado de camino, y su capa había sido confiscada para asegurarse de que no lo intentara de nuevo.
James le había asegurado que su padre podría recuperar la reliquia de la familia, pero podría tomar unos días, momento en el cual el juicio terminaría y sería demasiado tarde.
Era frustrante, y Remus estaba cada vez más preocupado; no solo por él, sino también por Sirius. Y era por eso que ahora había recurrido a caminar de un lado a otro por su pequeña celda. En el fondo, sabía que algo más debía haber sucedido, que faltaba una pieza importante del rompecabezas, pero su juicio comenzaba esa tarde y estaba comenzando a entrar en pánico.
James y Peter todavía estaban tratando de contactar con Sirius, y Romulus estaba buscando en el Ministerio a Orion Black, y alguna pista sobre lo que le había sucedido a Sirius. Como tal, Remus estaba solo cuando escuchó un golpe tentativo en la puerta.
Se volvió, y vio a Alana de pie nerviosa en la entrada.
—Gracias por venir —dijo Remus, haciéndola pasar.
—No podía defraudar a mi empleado favorito —respondió Alana con una sonrisa.
Remus resopló.
—A tu único empleado, querrás decir.
Alana tomó asiento frente a Remus.
—¿Hay algo que pueda hacer para ayudar?
Remus asintió.
—Quiero que hagas un poco -¿cómo lo llaman los muggles?- trabajo de detective para mí.
—Ya intenté llegar a la casa de los padres de Sirius. No puedo verla en la calle, aunque Romulus dice que está allí.
Remus hizo un gesto con la mano para descartar sus preocupaciones.
—Los muggles no pueden ver la residencia de la familia Black. No esperaba que lo hicieras.
—Entonces, ¿qué es lo que quieres que haga?
—Me gustaría que intentaras averiguar qué le pasó a mi hermano después de que lo enviaran a Azkaban —preguntó Remus.
—¿Quieres decir que no lo sabes? —preguntó Alana—. ¿Qué nunca te lo dijo?
—Es frustrantemente terco, y ha perfeccionado el arte de evitar el tema. Pero tengo que afrontarlo. Esta vez estoy en más problemas de los que creo que puedo manejar, y sin ninguna esperanza real de salir ileso. Dumbledore me advirtió que las cosas se ven mal; en el mejor de los casos, me enfrento a una vida en un campamento de criaturas peligrosas, en el peor...
Alana asintió. No necesitaba escuchar las terribles palabras para saber qué podría ocurrir.
—Hay protecciones que mantienen a los espíritus fuera de ciertos lugares, lugares como los campamentos. Romulus no podrá visitarme allí, si tengo la suerte de que me envíen a uno. No quiero pasar mi vida preguntándome qué le pasó.
—Quizás podrías preguntarle de nuevo… —sugirió Alana en voz baja.
—Le he preguntado cien veces o más —murmuró Remus con frustración—. Se niega a hablar de eso. Por favor, ¿intentarás averiguarlo por mí?
Alana asintió.
—Lo haré lo mejor que pueda.
—Él te lo dirá si lo preguntas —le aseguró Remus.
—¿Por qué me lo diría, cuando no te lo dice?
—Porque serías tú quien pregunte —le dijo Remus con una pequeña sonrisa.
Alana se sonrojó y agachó la cabeza.
—Te ha estado visitando bastante, ¿no? —preguntó Remus en voz baja.
Alana asintió.
—Me gusta tenerlo cerca. Es agradable y...
—Y a ti también te gusta —supuso Remus.
—Sé que es un error estar tan apegada, pero no puedo evitarlo.
—No puedes evitar de quién te enamoras —le dijo Remus.
—No estoy enamorada —argumentó Alana rápidamente—. No lo estoy, e incluso si lo estuviera, no es como si Rom quisiera estar atado a alguien como yo.
—¿Sabías que solo yo y nuestra hermana pequeña lo llamamos Rom? —preguntó Remus.
Alana negó con la cabeza.
—Dijo que lo llamara así —respondió ella—. No quise robarle tu apodo.
—Está bien —dijo Remus—. Fue extraño oírte decirlo, pero lo que quiero decir es que Rom nunca deja que nadie más lo llame así. Incluso Sirius no lo llama Rom, pero te dejó.
—Entonces, ¿no te importa?
—Simplemente no quiero verte lastimada, ya sabes que no puedes tener ningún tipo de futuro con él.
—Lo sé.
Un golpe en la puerta detuvo las siguientes palabras de Remus, y miró hacia arriba cuando Dumbledore entró en su celda.
—¿Alguna suerte? —preguntó Remus, a pesar de que la expresión en el rostro del hombre mayor era suficiente respuesta.
Dumbledore negó con la cabeza.
—Mi lechuza ha sido devuelta sin respuesta, y mi patronus parece que no puede penetrar Grimmauld Place.
—¿Estás seguro de que está ahí?
—Salió de San Mungo por flú con su madre; no veo ninguna razón para creer que fue a algún otro lado.
—¿Has revisado de nuevo nuestro piso?
—El señor Pettigrew ha estado allí vigilando, pero no ha habido señales de él.
James apareció detrás de Dumbledore, con la expresión igualmente sombría.
—Deberíamos haberlo sacado de San Mungo tan pronto como descubrimos que estaba allí —murmuró—. La carta que envió dejó claro que quería venir y quedarse conmigo por un tiempo. Debería haber hechizado a ese maldito sanador y haberlo sacado de ahí.
—¿Puedo ver la carta de nuevo? —preguntó Remus, sintiendo de nuevo una punzada de dolor porque Sirius quería quedarse con James, y no con él. ¿Sirius lo culpaba por el accidente? ¿Era por eso que se mantenía alejado?
James asintió y la sacó de su túnica.
—No dice mucho. Solo que le iban a dar de alta de San Mungo y necesitaba un lugar donde quedarse.
—Pero, ¿por qué tendría que quedarse contigo? —cuestionó Dumbledore, hablando más para sí mismo que para James.
—Esta no es la letra de Sirius —declaró Remus, incapaz de creer que no se había dado cuenta antes de ello.
—No pensé que lo fuera —estuvo de acuerdo James—. Sin embargo, no estaba del todo seguro. No es como si copiara sus tareas todo el tiempo o algo así.
Dumbledore le dio una mirada ante el comentario.
—No lo hice —insistió James, aunque el rubor de su rostro decía algo diferente.
—Al menos está bien —dijo Remus, no por primera vez—. No lo dejarían salir de San Mungo si todavía estuviera gravemente herido.
Dumbledore asintió.
—Hablé con la sanadora que estaba a su cargo. Ella me aseguró que estaba lo suficientemente bien como para regresar a casa.
—En ese caso, no entiendo por qué no está aquí —dijo Remus.
—¿Habíais peleado? —preguntó Dumbledore—. ¿Incluso una pequeña discusión?
Remus negó con la cabeza.
—Estábamos bien. Habíamos estado fuera por la noche e íbamos de camino a casa cuando nos estrellamos. No recuerdo nada después de eso, no hasta que me desperté aquí, en el Ministerio.
Un golpe sonó en la puerta y un anciano asomó la cabeza en la habitación.
—Estamos a punto de empezar —dijo.
Dumbledore asintió.
—¿Estás listo? —le preguntó a Remus.
Remus asintió y se puso de pie. James y Alana salieron de la habitación, prometiendo seguir intentando ponerse en contacto con Sirius.
—Estaremos allí en un minuto —le dijo Dumbledore al hombre, pero reteniendo a Remus por el momento.
—¿Qué ocurre? —preguntó Remus.
—¿Sabes que tendrás que hablar por ti? —preguntó Dumbledore—. Esto no va a ser como la última vez que estuviste aquí. No puedo ayudarte si no te ayudas a ti mismo.
—Y esta vez Sirius no estará aquí para que su padre cambie la votación —agregó Remus miserablemente.
—Seguiremos intentando hacerle llegar un mensaje —prometió Dumbledore, y cruzaron las puertas y recorrieron el pasillo hasta el Wizengamot. Remus trató de ignorar a los magos que iban detrás de ellos, con sus varitas desenvainadas en caso de que intentara escapar.
—¿Otra vez? —comentó el Jefe Supremo—. Esto se está convirtiendo en un hábito, ¿no es así, Lupin?
Remus se retorció en su asiento, sintiendo la hostilidad en la habitación y deseando que Sirius estuviera allí.
—No tomar las precauciones adecuadas durante la luna llena es un acto muy grave —declaró el brujo—. Transformarse frente a numerosos muggles viola el Estatuto del Secreto, y es igualmente grave.
Remus quería decir algo, discutir su caso, pero Dumbledore le impidió hablar con una cautelosa mirada. Mientras la conferencia continuara, tenían un poco más de tiempo para intentar hacer llegar un mensaje a Sirius.
Finalmente, comenzó el juicio, y Remus esperó su oportunidad de hablar mientras escuchaba los informes de lo que había sucedido durante los días perdidos.
—Fue dos días antes de la luna llena cuando ocurrió el accidente —dijo Dumbledore, en respuesta a una pregunta de un mago de mediana edad.
—¿Este accidente fue mientras conducía un artilugio muggle? —preguntó una bruja en la primera fila del Wizengamot.
Remus asintió.
—Una motocicleta. —No agregó que se había estrellado contra el suelo desde el aire; realmente no necesitaban saber acerca de las modificaciones mágicas de Sirius en ella, especialmente cuando no tenía permiso para hacerlas.
Dumbledore se volvió hacia la habitación.
—Remus Lupin estuvo inconsciente desde el momento del accidente hasta la transformación. Sus heridas eran lo suficientemente graves como para que los muggles tuvieran que intervenir, cuando se transformó.
—Esos muggles tienen mucha suerte de que no los mordiera —gritó Umbridge.
Remus se movió incómodo en su asiento mientras los murmullos de acuerdo recorrían la habitación. Sabía que era verdad; había tenido mucha suerte de que sus heridas fueran tan graves que probablemente había salvado a los médicos y enfermeras muggles que estaban presentes.
—De hecho, lo tienen —estuvo de acuerdo Dumbledore—. Pero lo que quiero decir es que Remus estaba inconsciente y no pudo tomar las precauciones apropiadas para la luna llena solo por eso. Ejecutarlo en estas circunstancias equivaldría a un asesinato.
Hubo muchos asentimientos en la habitación, y Remus sintió que los nudos en su estómago se aliviaban levemente ante la primera señal real de que podría salir vivo de esto.
El Jefe Supremo también asintió con la cabeza y siguió una votación rápida, confirmando que Remus no iba a perder la vida por este último incidente.
Remus se puso de pie, pensando que el caso había terminado, pero parecía que estaba equivocado.
—Está bastante claro que el hombre lobo necesita a alguien que lo supervise —declaró el jefe brujo, y Remus se hundió en su silla—. Si este fuera el primer incidente en su registro, quizás podríamos dejarlo pasar, pero no lo es, y la seguridad de la población, tanto magos como muggles, debe ser tomada en consideración.
Remus se inclinó hacia adelante para susurrarle a Dumbledore.
—Sirius me supervisará.
Dumbledore asintió y se volvió hacia el Jefe Supremo.
—Anticipándonos a que esto sucediera, hemos estado intentando contactar con Sirius Black, el cónyuge del acusado. Desafortunadamente, resultó herido en el mismo accidente y no hemos podido contactarlo.
El jefe brujo se volvió hacia sus papeles.
—Nuestros registros informan que se descubrió que Black estaba en el hospital muggle después de que recuperara el conocimiento. Esto fue varios días después de que se llevaran al hombre lobo. Black fue trasladado a San Mungo, donde permaneció hasta que fue dado de alta hace dos días.
Dumbledore asintió con la cabeza.
—Eso es lo que han revelado nuestras propias investigaciones —confirmó—. Hemos intentado localizar al señor Black para que pueda solicitar la supervisión del señor Lupin, pero no hemos podido hacerlo.
—¿Quizás no desea asumir la responsabilidad de un hombre lobo? —sugirió uno de los miembros más jóvenes del Wizengamot.
Dumbledore negó con la cabeza.
—Estaba preparado para asumir esa responsabilidad cuando todavía estaba en la escuela. Creo que si estuviera aquí hoy, no dudaría en hacer lo mismo.
El Jefe Supremo se volvió para susurrar algo al hombre sentado a su lado, y Remus se dio cuenta de que era el padre de Sirius con quien estaba hablando.
—¿Lupin tiene a alguien más que esté dispuesto a supervisarlo? —preguntó el jefe brujo.
—¡Yo lo haré! —gritó James.
—¿Y cuál es tu relación con el acusado?
—Es un amigo.
Remus vio como varias cabezas comenzaron a negar ante esa declaración.
—Me temo que eso no es suficiente —anunció el jefe brujo—. ¿Hay parientes de sangre dispuestos a hacerlo?
Remus miró a Romulus, que estaba sentado junto a Alana, y deseó que los fantasmas pudieran hacerlo.
—¿Puedo preguntar si el señor Black puede arrojar algo de luz sobre por qué su hijo no está aquí? —preguntó Dumbledore.
—Brujo Mayor —corrigió Orion—. Y mi hijo se está recuperando en casa. Todavía está sufriendo mucho por el accidente, y no está en posición de supervisar a un hombre lobo.
—¿Sufriendo? —preguntó Remus.
—Depresión, principalmente— respondió Orion—. Está en casa con su familia, donde pertenece.
—¡Yo soy su familia! —gritó Remus.
—Eres simplemente una molestia. Mi hijo finalmente recuperó el sentido y se dio cuenta de lo equivocado que estaba.
—¡Es mi esposo! —gritó Remus, poniéndose de pie.
—Un tonto error —dijo Orion—. Mi hijo ha vuelto con su familia, y te sugiero que te olvides de él.
Remus miró al hombre mayor. Estaba seguro de que estaba mintiendo.
—Quiero que Sirius venga y me diga esto en la cara —exigió fríamente.
—No estás en posición de hacer demandas —dijo el Jefe Supremo—. ¿No hay nadie más que pueda solicitar supervisarlo?
Remus negó con la cabeza.
—Muy bien.
Remus escuchó en silencio mientras el Wizengamot votaba para enviarlo a un campamento de criaturas peligrosas. Miró a Orion Black, que parecía cada vez más contento con cada palabra. Estaba seguro de que estaba mintiendo, pero no tenía idea de por qué. Tarde o temprano, Sirius se enteraría de lo que había sucedido, y cuando lo hiciera, nada le impediría rastrear a Remus. Solo tenía que ser paciente.
Entonces, cuando pensó que las cosas no podían empeorar, escuchó una sola palabra que le decía que sí.
Cheshire.
Con ese único nombre, Remus se dio cuenta de que lo enviarían al mismo campamento en el que estaba retenido a Fenrir Greyback.
Más tarde ese día, Remus siguió a O'Brien mientras ella lo apresuraba por el campamento hacia la celda que sería su hogar hasta que Sirius viniera a buscarlo.
—Estarás en la Sección B —explicó O'Brien, señalando el edificio al que se acercaban—. Serás transferido con el resto de hombres lobo al ala de alta seguridad una hora antes del atardecer en las noches de luna llena.
Remus miró hacia donde ella estaba señalando. Ese edificio no tenía ventanas, y lucía tan sombrío como imaginaba que era Azkaban.
—La sección B no está bloqueada, excepto durante una emergencia. Tu varita permanecerá guardada hasta que te devuelvan a la comunidad.
Remus asintió con tristeza; no había tenido una varita propia por mucho tiempo, pero ya la estaba perdiendo.
Unos minutos después, Remus estaba de pie en la pequeña habitación que sería su hogar en el futuro previsible. No era una habitación particularmente mala, considerando todo. La cama parecía grande y cómoda, y también había un par de sillas acogedoras. La mesita de noche contenía una lámpara y una caja de pañuelos de papel, y en la pared había varios estantes con una variedad de libros y revistas.
Remus pasó un dedo por el lomo de los libros. ¿Valía la pena iniciar uno de ellos, cuando Sirius vendría a recogerlo en cualquier momento?
—Te dejaré para que te instales.
Remus se volvió hacia O'Brien, dándose cuenta de que no había escuchado la mayor parte de lo que había dicho. Desafortunadamente, la mujer ya estaba desapareciendo por la puerta.
Se quedó en medio de la habitación durante varios minutos. El sonido de una tos en la puerta lo sacó de los pensamientos de su inminente rescate. Se volvió y vio a un joven de su misma edad, apoyado casualmente contra el marco de la puerta.
Su cabello era largo y negro, con mechas plateadas. Remus sospechaba que la plata había sido agregada, en lugar de crecer de esa forma. El hombre mostró una sonrisa, y Remus se preguntó qué encontraba tan divertido.
Miró al joven, esperando a que hablara. Los ojos verdes le devolvieron la mirada, dejando claro que el joven estaba haciendo lo mismo que él.
Remus no quería ser el que rompiera el silencio, y finalmente el otro hombre habló.
—Eres Lupin, ¿verdad?
Remus asintió con cautela.
—Aaron Winters. —El hombre le tendió la mano y Remus se la estrechó cortésmente—. Me pidieron que viniera a darte un recorrido —explicó Aaron.
—Oh, no te preocupes —respondió Remus—. No voy a estar aquí por mucho tiempo.
—¿De verdad? —preguntó Aaron sorprendido—. La edición vespertina del Diario El Profeta dice que te han enviado aquí de por vida.
—Es solo hasta que mi esposo pueda solicitar la supervisión —explicó Remus—. Algo debió surgir y se perdió la audiencia. —Trató que sus palabras fueran lo más casuales que pudo.
—Según El Profeta, Sirius Black no ha salido de su casa en Londres desde hace semanas. ¿Qué podría haber sido tan importante?
—El Profeta nunca da un informe preciso —respondió Remus—. Fue dado de alta de San Mungo hace un par de días. Estoy seguro de que tenía una buena razón para faltar a la audiencia.
—Bueno, de todos modos, te enseñaré el sitio. —Aaron hizo un gesto hacia la puerta, indicando claramente que Remus debería seguirlo.
Remus negó con la cabeza.
—Gracias de todos modos, pero no estaré aquí tanto tiempo.
Aaron parecía como si estuviera a punto de insistir, pero entonces una voz llamándolo por su nombre desde el final del pasillo desvió su atención de Remus.
—Voy de camino —dijo, antes de volverse brevemente hacia Remus—. La cafetería está al final del pasillo, la segunda a la derecha.
Remus asintió y sonrió cortésmente. No tenía hambre, y pasó el resto del día en su habitación. Si el caso realmente había sido reportado en El Profeta, era solo cuestión de tiempo antes de que Sirius lo viera y viniera a buscarlo. Estuvo despierto la mayor parte de la noche, escuchando cualquier sonido de alguien que fuera a buscarlo para traerle buenas noticias.
Al día siguiente, estaba un poco menos seguro de que su rescate fuera inminente.
La mañana se prolongó y empezó a preguntarse qué impedía que Sirius fuera a buscarlo. Seguro que ya había ido al Ministerio. Si el caso ya había sido reportado en los periódicos, entonces debía estar al tanto de lo que había sucedido y dónde estaba Remus. Era simplemente cuestión de ser paciente, si tan solo Remus hubiera estado en posesión alguna vez de esa virtud en particular.
Remus se saltó el almuerzo por completo, pasando su día hojeando ociosamente viejas ediciones trimestrales de Quidditch, pero cuando el sol comenzó a bajar, se dio cuenta de que tenía demasiada hambre para renunciar a la cena también.
La cafetería estaba llena de gente, y Remus se unió al final de la larga cola para esperar pacientemente su turno. Acababa de llegar al carrito donde estaban apiladas las bandejas cuando escuchó que alguien decía su nombre. Se volvió con curiosidad, y vio a un grupo de tres hombres mirando descaradamente en su dirección. Les ofreció una sonrisa tentativa. Las miradas que le devolvieron borraron la sonrisa de su rostro y se volvió rápidamente, cogió una bandeja y eligió su comida sin pensar realmente en lo que estaba tomando.
Apartó los pensamientos de los tres hombres, decidiendo mantener la distancia de ellos tanto como fuera posible. Desafortunadamente, no estaban dispuestos a dejarlo hacer eso, y mientras buscaba un lugar para sentarse, de repente lo rodearon.
—Bueno, bueno, bueno —comentó el más grande de los tres hombres con una sonrisa a sus amigos—. Si es el hombre lobo más famoso de Gran Bretaña.
Remus frunció el ceño y trató de apartar a los hombres.
—¿Qué pasa, Lupin? —dijo el segundo hombre—. ¿No eres lo suficientemente bueno para el resto de los animales?
—No quiero problemas —respondió Remus, escaneando la habitación en busca de la mejor manera de maniobrar alrededor de ellos.
El tercer hombre se rio.
—Los tuviste cuando te mordieron.
—¿Qué sabes al respecto? —espetó Remus.
—Oh, sabemos mucho más de lo que piensas —se rio el primer hombre, lanzando una mirada detrás de él hacia donde un hombre mayor estaba sentado solo en una de las mesas. Remus reconoció a Fenrir Greyback, y recordó su último encuentro con una sensación de frío pavor. Greyback los estaba mirando, y parecía tan sociable como el trío frente a él.
—Demasiado bueno para el resto de nosotros —concluyó el segundo hombre, asintiendo con complicidad—. Solo porque fuiste al famoso Hogwarts y pretendiste ser un mago por unos años...
—Soy un mago —interrumpió Remus.
—También lo son el ochenta por ciento de los hombres lobo en este campamento, aunque no según los fanáticos del Ministerio. Tú eres el único que recibió algún entrenamiento después de que fuiste mordido. El resto de nosotros no tuvimos tanta suerte.
Remus siempre había sabido que era el primer y único hombre lobo al que se le permitía asistir a Hogwarts. Incluso había sabido que era casi seguro que había otros hombres lobo de su misma edad, o de por ahí, que no tenían tanta suerte. Lo que no sabía era cómo se sentían por el trato especial que había recibido del actual director.
Se retorció bajo las miradas hostiles de los tres hombres y volvió a mirar alrededor de la habitación. Esta vez su mirada se posó en otro rostro familiar. Aaron los miraba a los cuatro con cierto interés, aunque estaba claro que no tenía intención de acercarse a ellos. Parecía que esto era algo que Remus tenía que manejar por su cuenta.
Se volvió hacia el aparente líder del grupo y respiró hondo.
—No pedí que me trataran de manera diferente del resto.
—Pero lo hicieron, ¿no? —gruñó el líder—. Fuiste a una escuela adecuada, hiciste magia sin ser arrestado por el Ministerio por ello, y todo porque te estabas follando a un Black.
—Sirius no tuvo nada que ver con eso.
—¿De verdad?
—¡Por supuesto que no!
—Suenas bastante seguro de eso.
—Sirius tenía catorce años cuando fui a Hogwarts, no estaba en condiciones de influir en la decisión del Wizengamot.
—Pero es asombroso cómo aquellos de nosotros que no nos follamos a un Black fuimos detenidos y enviados aquí tan pronto como nos mordieron. Y todo el tiempo leemos sobre cómo el afortunado Remus Lupin, el chico estrella de la División de Hombre Lobo del Ministerio de Magia, está a sus anchas. ¿Cómo se siente ser arrojado aquí, como el resto?
—No me han dejado aquí.
—Tu amante sangre pura se cansó de ti, y ahora estás aquí con el resto.
—Sirius vendrá a buscarme.
—Pero no está aquí ahora, ¿verdad? —gruñó el líder, puntuando sus palabras con un golpe en el hombro de Remus. Remus tropezó y luchó por evitar que el vaso de su bandeja se cayera.
—Ya es suficiente, Higgs —aconsejó Aaron en un tono firme y tranquilo. Remus le lanzó una sonrisa de agradecimiento y soltó un suspiro de alivio.
—Bueno, bueno —se burló Higgs—. Si no es otro que nuestro intrépido líder...
—Vamos, Remus. Aquí hay espacio en la mesa. —Aaron deliberadamente ignoró a Higgs y condujo a Remus hacia la mesa vacía.
—Gracias —agradeció Remus mientras se sentaba.
Aaron se encogió de hombros y se sentó en el asiento frente a él.
—Higgs y sus compinches son un montón de idiotas —comentó Aaron, frunciendo el ceño a través de la habitación hacia donde el trío ahora discutía con el personal detrás del mostrador sobre algo.
—Ya me percaté de ello —respondió Remus con un bufido de risa—. ¿Supongo que la mayoría de la gente de aquí es menos hostil?
—Sí, pero el lugar no es tan malo. Y lo sé bastante bien, ya que he estado aquí desde que tenía diez años.
—¿Te mordieron cuando tenías diez años? —preguntó Remus en voz baja. Se preguntó por qué Albus Dumbledore no se había hecho para permitir que Aaron también asistiera a Hogwarts.
—No —negó Aaron con la cabeza—. Nací con licantropía. Mi madre era una mujer lobo y, por suerte, yo también tengo el gen. Ella me cuidó hasta los diez años, luego la mataron y vine aquí.
—¿No tenías otros parientes?
—Ninguno que quisiera cargar con un hombre lobo —respondió Aaron, con mucha menos amargura de lo que Remus podría haber esperado—. Soy el segundo residente más antiguo aquí, en la Sección B. —Aaron parecía bastante orgulloso de este hecho—. Es por eso que me pidieron que te mostrara los alrededores.
Remus asintió mientras picaba su cena. El encuentro con Higgs y sus amigos había tenido un efecto bastante perjudicial en su apetito.
—No soy realmente un líder —comentó Aaron—. He estado aquí por tanto tiempo que tengo esa etiqueta.
—Entonces, ¿supongo que eso me convierte en el chico nuevo? —adivinó Remus.
Aaron se encogió de hombros.
—Aquí hay un consejo para ti: no retrocedas. Lo estabas haciendo bien cuando nos encontramos; defenderte de los comentarios. Pero tienes que seguir haciéndolo o te comerán vivo.
—Pensé que habías dicho que este lugar no era tan malo —comentó Remus.
—No tan mal como le gusta hacer creer al Profeta —admitió Aaron—. Hacen que suene peor de lo que es tratar de evitar que todos los mestizos nos comportemos mal. Pero eso no significa que sea una especie de campamento de vacaciones. Debes defenderte, no aceptes las tonterías de alguien como Higgs, y por el amor de Merlín, no le digas a nadie más que tu amante sangre pura vendrá a buscarte.
—Pero él...
—Tal vez lo haga, tal vez no —interrumpió Aaron—. Pero sigue mi consejo y mantenlo en secreto, o no valdrá la pena vivir tu vida. Por el camino que vas, no pasarás ni un año. —Remus asintió a regañadientes, aunque en privado pensó que su vida no valía la pena vivirla de todos modos, no si la iba a pasar atrapado allí.
N.A. 2: Como veis, Remus está vivito y coleando. xD Más adelante veremos qué pasa con Sirius y nos enteraremos un poco más de la forma en la que está siendo engañado. Por cierto, ¿a alguien le tomó por sorpresa lo de Alana? Yo me sorprendí bastante cuando leí la historia por primera vez. Me dio mucha pena. :/
