Magi pertenece a Shinobu Ohtaka-sama. Escrito en el móvil, errores son sin querer. Muchísimas gracias a Yayoi y a todos los que a estas alturas aún me leen :D por el apoyo.

.

.

Capítulo 70 ¿Eres mi enemigo?

.

.

El consorte camina por los corredores del palacio muy concentrado en sus pensamientos, analizado qué nuevas reformas puede hacer en el ámbito de la educación, siempre se ha preocupado por ello además de que siempre ha sido fanático de adquirir conocimientos. Por fortuna sus pequeños son realmente buenos y jamás se han negado a aprender, en ese sentido tienen mucha suerte por decir lo menos. Pero, si por un segundo se pone en lugar de los padres que no cuentan con dicha fortuna. ¿Sería lo mismo? Basta con recordar los corajes que a cada rato Sinbad le hacía pegar a su visir por su natural irresponsabilidad y espiritu libre. Si alguien no está de acuerdo con algo no le vas a convencer ni con el mejor discurso, eso en el caso de siquiera tener la oportunidad. Es normal en el ser humano no ponerse de acuerdo más, cuando se trata de algo tan crucial como la educación, no puede simplemente darse por vencido. En esas iba cuando a sus oídos llega un agradable y familiar sonido a manera de suaves pisadas, gira delicadamente, a medio metro se detiene el niño que le mira hipnotizado al tiempo que le sonríe.

–Mami es tan bonita, la más bonita de todas je je je.

Las mejillas del consorte se colorean de rojo, nunca ha sido muy bueno para recibir halagos, especialmente si estos provienen de su retoño. Cada palabra salida de sus labios parece destinada a terminar ahogando su corazón en azúcar cual fruta cristalizada. Aladdín le acaricia la cabeza y devuelve el gesto.

–Eres muy amable Azaí.

–Solamente dije la verdad, mami me ha dicho que las mentiras son malas… mmm aunque papá que son necesarias, creo que no entiendo muy bien.

–Aun eres muy pequeño, no necesitas sobre esforzarte, incluso hoy día me cuesta comprender algunas cosas, los seres vivos son muy complicados. Para entender por completo a alguien tendrías que leer la mente.

–¿Y no hay magia para eso?

–Quizá, no estoy seguro.

–¿Porqué no lo intentas? Le haría mucho bien al mundo.

El magi le coge amorosamente entre sus brazos para seguir con su camino.

–El corazón es algo muy valioso Azaí, es un lugar único donde todos podemos ser sinceros con nosotros mismos, donde refugiarnos pero que igualmente puede ser herido con mucha facilidad. Por eso, nadie debería ser capaz de robar algo así y leerlo es dejarlo al descubierto.

El infante frunce el ceño, los ojos se le llenan de lágrimas.

–¿Hice mal? No quiero poner triste a mamá.

El mayor le da un beso en la frente.

–Al contrario mi bebé, estoy muy orgulloso de ti. Hay muchas personas que pasan de largo los sentimientos de otros, que incluso los pisotean sin remordimientos pero, aquí estás, tan puro e inocente, ¿cómo podría sentirme mal cuándo eres tan adorable?

Es el turno del rostro infantil de ponerse todo colorado, y como cada vez que eso ocurre, Aladdin cae presa de su encanto, repartiendo decenas de besos que indudablemente le hacen sonrojar también.

.

.

Biblioteca, media hora más tarde.

El dueño de Leraje contempla divertido la ausencia mental del consorte que parece perdido en la nada aún cuando sostiene un libro.

–¿Otro encuentro peligroso con los niños?

–¿Eh?

–Oh jo jo~ parece que has vuelto a la realidad.

–¿Tanto se me nota? – interroga temeroso.

–Pues solo con En-nii te desconectabas de todo. Estás realmente enamorado de tu familia – a pesar de que Aladdin está a punto de reír, se contiene por el repentino gesto severo de su cuñado – No me lo tomes a mal, comprendo perfectamente el sentimiento porque somos muy parecidos pero… no puedo evitar preocuparme.

–Jamás haría algo que …

–Por ti.

–¿Eh?

–No me malentiendas, siempre te he considerado alguien fuerte y prudente pero… piensas tanto en mis sobrinos y hermano que… No es incorrecto… – aprieta los puños que el otro toma entre sus manos con gentileza.

–Gracias por preocuparte Kouha-kun – sonríe – en verdad eres maravilloso, estoy tan agradecido de conocer a alguien como tú.

–Oh vamos, no es para tanto.

–Para mi si.

–De acuerdo, confiaré en tus palabras, solo te pido algo a cambio.

–¿Si?

–Jamás intentes tragarte o esconder el dolor, si te sientes mal siempre puedes acudir a mí por ayuda.

–Vaya, eres todo un príncipe.

–Aladdin.

–No me gustaría que me vieras llorar je je je.

–¡Aladdin! – tanto tono como gesto denotan ira.

–D-de acuerdo, n-no te enojes. Solo quería relajar un poco el ambiente. Creo en ti Kouha-kun, después de todo perteneces a mi valiosa y amada familia.

El mayor respira profundo.

–Eres un tonto niño mugriento.

–Je je je je je.

.

.

Algunos días después.

Los príncipes herederos toman clases por separado para aprovechar al máximo a sus tutores pero de vez en cuando también las toman juntos para forjar una relación estrecha entre ellos. Hoy, simplemente pasan algo de tiempo con su ocupada madre que por fin ha logrado terminar su trabajo. Todos toman asiento en el piso, sobre una alfombra, los pequeños comparten el regazo de Aladdin que les acaricia la cabeza con delicados roces.

–Me gusta mucho convivir con mamá – el pelirrojo.

–A mi también, es muy bonita je je je – el consorte se ruboriza – mami…

–¿Sí amor?

–¿Cómo se hace un bebé?

Miles de pensamientos pasan por la mente del chico, claramente las intensas noches de pasión con su marido son las que más se repiten. ¿Se supone que los niños ya estén en edad de preguntar esas cosas? ¿O eso también es parte del veloz crecimiento? ¿La idea llegaría sola o sugerida por alguna persona? De pronto imagina que se trata de una travesura de Judal o la torpeza de su candidato. Se queda en silencio un par de minutos, los suficientes para que los orbes infantiles le ataquen con gran curiosidad. Suda frío. Kouen le advirtió que ese momento llegaría pero ciertamente aún no está listo. También le aconsejó decir que fueron concebidos a base de voluntad, más ahora la "voluntad" tiene otra forma, una que ha tenido en su interior. Se muerde los labios y arde de vergüenza.

–Ahhh~ – de todas las veces en que alguien le ha interrumpido, ¿por qué no ahora? – Magia – la solución a todos sus problemas.

–¿Magia? – y todo lo complicó.

–No, bueno si… bueno… mmm no como la que conocen y han estudiado en libros, es un tipo de magia especial… que solo pueden hacer las personas que se aman y que… les explicaré cuando sean mayores.

–¿Por qué?

–Si, ¿Por qué enano? – el oráculo divertido con la escena que recién va llegando.

–Porque es muy difícil de hacer.

El sacerdote estalla en una tremenda carcajada que le hace doblarse sobre sí mismo, sin poder contener el llanto de lo gracioso que le resulta todo.

–Y vaya que en tu caso es una magia muy peligrosa, aún me pregunto cómo no te partió en dos.

–¡¿TAN PELIGROSO ES MAMI?!

Los príncipes herederos que le aprietan entre sus manitas muy angustiados, al borde de la histeria, hay culpabilidad en sus rostros.

–No, no, no. Definitivamente no – toca sus mejillas con ternura – ustedes son lo mejor y más hermoso que me ha ocurrido en la vida, igual que su papá. Para mí fue hermoso todo, además Judar-kun lo dice porque a diferencia de mi, es un magi muy torpe.

–Ya quisieras enano. Sigo siendo el mejor Magi del imperio Kou – da la media vuelta aburrido y se va.

Los príncipes llenan de besos al consorte, de alguna manera logra salir de esta pero espera que el día en que deba hablar con ellos de sexo, no esté el oráculo o mejor aún, le pidan explicación a su honesto padre. Y de pronto imaginar a Kouen en aprietos, fingiendo que no le importa pero con un rubor en las mejillas le pareció condenadamente adorable, y así, sin siquiera estar en la misma alcoba, le flechó nuevamente el corazón.

.

.

A la mañana siguiente.

Azaí contempla un grupo de hormigas que van cargando lo que parece ser la pata de un insecto, su hermano se aproxima picado en su curiosidad encontrando la misma escena.

–Las hormigas son increíbles, soportan muchas veces su peso, si un humano lo hiciera se lastimaría gravemente – enuncia en mayor.

–Es cierto.

–También admiro su gran capacidad de organización, podríamos aprender algo de ellas.

El más joven no responde al estar demasiado concentrado en sus pensamientos pues al igual que la vez anterior, es la pata del insecto lo que llama poderosamente su atención. La pancita gruñe.

–Parece que tienes hambre, creo que mamá hizo hotcakes para el desayuno.

–¡Oh! ¡¿Y qué esperamos?! ¡No podemos hacer esperar a mamá! – se toman de la mano para correr juntos.

–Enserio lo adoras.

–¡Con toda mi alma! Je je je je. ¡No hay nadie mejor en todo el mundo!

–¿Ni papá?

–Papá… da mucho miedo.

–¿Tú crees? – asiente con la cabeza – ¿Cuál de nuestros padres es tu favorito?

–¿Por qué preguntas?

–Curiosidad.

El de cabello azulino se libera y escapa alegremente en dirección al corredor. El pelirrojo no puede contener una sonrisa. Es demasiado obvio que Aladdin es su favorito, siendo honesto también el suyo pues siempre les recibe con abrazos, besos y mimos. Aunque le sabe un poco mal por el emperador que hace lo que puede pero con esa cara, es algo complicado percibir su afecto. Se lleva la mano al pecho.

–Al igual que mamá, yo lo entiendo. Me pregunto si esta noche también me leerá las Aventuras de Sinbad.

Vaya burla del destino que el primer príncipe se convirtiera en fanático del rey de los siete mares y todo porque Alibaba, no dejaba de hablar de él. A Kouen no le quedó de otra más que cumplir con los caprichos de su pequeño, aún en contra de su voluntad. Lo que su padre desconoce es que Nuriyah le escucha atentamente porque pareciera que habla de si mismo y no de otro hombre. Tiene la esperanza de que en un futuro le cuente las anécdotas de cómo conquistó tres laberintos y como todos sus tíos lo hicieron. Es cierto que el poder no lo logra todo pero no puede evitar sentirse orgulloso de la familia en que nació. Todos son tan fuertes, inteligentes y amables. Por si fuera poco su madre y padre bien podrían valerse de sus cualidades para aprovecharse de los débiles y sin embargo les ha visto caer agotados sobre la cama, procurando el bien de aquellos que otros no miran. Es imposible no amarlos con toda el alma o no darse cuenta de la bondad del emperador. Suspira pesadamente, quizá haya heredado más de lo que quisiera su carácter, si fuera como Azaí o Aladdin sin duda le daría un beso en la mejilla a su padre.

–¡Hyaaaaaa! – da tremendo alarido y salto cuando unos labios se estampan en su moflete – Ah ah ah…

Tartamudea y emprende una graciosa retirada. El emperador se cruza de brazos indignado. Cuando su esposo lo hace hasta le festejan, cuando le toca a él hasta parece que haya matado a alguien. Arruga el entre cejo.

–¿Por qué?

Terror o la que sea, nada le impedirá dar cariño a sus seres queridos, así les cree un trauma en el proceso.

.

.

Encerrado en uno de los muchos cuartos de limpieza, escondido entre las escobas, el príncipe estruja su rostro todo colorado. Está tan emocionado que la sangre se le sube al cerebro haciendo palpitar las cienes. Podrá no ser don afecto pero es solo un niño, transparente para el mundo aunque piense que no es así. Kouen no es un genio repartiendo ternura, ni Nuriyah recibiéndola, especialmente de él pero, la familia siempre entiende y ahí sin duda hay amor.

.

.

Durante el desayuno se da la convivencia cotidiana de medio palacio, o eso pareciera con lo numerosa que es la familia Ren, más los colados como Alibaba. El lugar dista mucho de ser lo que fue en tiempos de Al Thamen y Ren Gyokuen. Hay personas risas, gritos, chistes, vulgaridades, discusiones, indirectas vergonzosas y demás. El palacio de Rakushou es el lugar más alegre y divertido en todo el mundo.

–¡Waaaaaahhhhh!

Grita el dueño de Amón al no esquivar una charola de plata que el oráculo le lanzó.

–¡Alibaba-kun! – exclaman al unísono el consorte y sus dos hijos.

El palacio de Rakushou se ha convertido en el lugar más alegre de todo el mundo pero, no deja de ser peligroso.

.

.

Alcoba de la pareja real.

Aladdín se deja caer en el pecho de su marido, toma la mano izquierda de este para sostenerla entre las suyas y su corazón. Las ganas de llorar a todo pulmón le inundan, desea decir tantas cosas, preguntar porque el destino se ensaña con ellos y gritar lo injusto que es todo esto pero, si alguien está sufriendo más en dicha situación, claramente no es él y tampoco pretende que el tiempo que pasen juntos sea amargo. Debe ser fuerte y mostrar a su pareja esa sonrisa que tantas veces ha repetido adorar.

–Aladdin no debes ….

–Los niños está creciendo muy rápido En, pareciera que fue ayer cuando me enteré de que estaba embarazado, todavía se me hace tan increíble que esas dos preciosas criaturitas hayan salido de mi.

–Si.

–Son tan curiosos como tú, incluso me preguntaron cómo nacen los bebés.

–¿Ah, si? ¿Les explicaste con lujo de detalles?

–No y, espero que no me toque a mí la conversación incómoda del sexo.

–¿Por qué incómoda? Jamás te quejas cuando …

–Pues si…

El pelirrojo le mira con dulzura y seriedad al mismo tiempo.

—¿Qué te angustia?

—Todo es tan maravilloso y perfecto, demasiado bueno. Muchas veces he sentido que vivo dentro de una ilusión o sueño pero, es real… quiero, necesito ser valiente pero...

—Entiendo …

—¿Eh?

—Haz pasado por tanto, incluso si tu vida hubiese sido sencilla, hay cosas a las que uno se acostumbra, la felicidad es una de ellas. Es natural estar asustado. Una sorpresiva declaración de guerra, la inesperada invasión de otro país, algún desastre natural. Todo puede desaparecer en nada pero… ¿sabes? He disfrutado los segundos, los minutos, las mejores horas a tu lado. Aún si no despertara de nuevo, soy consciente de que por ti, mi existencia no es un desperdicio … — le recuesta en el lecho, el emperador aún sentado. Lleva la mano a la nuca, acariciando, se desplaza por el cuello, sobre el hombro dejando este al descubierto. Se aproxima mordiendo suavemente — renunciar a ti es algo que no haré. Me perteneces, te poseeré cada día, seré tuyo también. Soy un hombre ambicioso, no te dejaré escapar jamás.

—En…

—Lo prometí, tendrás tu final feliz, ese también será el mío. Deja de preocuparte, hay cosas que no se podrán cambiar, ¿por qué sufrir por ellas? Ámame tanto como puedas…

—¿Más? No creo estar muy cuerdo, es tan grande lo que siento …

—Más, más, siempre más.

Aladdín se ruboriza, un hormigueo quema su vientre. Con nada más que palabras le enloquece, ¿acaso puedes estar aún más que perdidamente enamorado de ese hombre? ¿Es algo humanamente posible?

—Mmm~ …

Sonríe, de hecho es algo que ocurre a cada instante. Le ama más que ayer y seguramente menos que mañana. Es tan fuerte el sentimiento que si Kouen le pidiera hacer algo que no le parece, lo haría para verle feliz. No es algo nacido del sexo, del que para nada se queja, es un bello milagro que pertenece a los dos.

.

.

Es ingenuo pensar que las palabras de Kouen, por mucha seguridad que transmitan, calmarán las ansias del consorte por completo, especialmente cuando a mitad de la noche y descansando entre sus brazos, ha tenido que abandonarle por trabajo. Es natural que surjan improvistos, y tampoco puede seguirle todo el tiempo. Se levanta y viste, le es imposible conciliar el sueño. Se aproxima a la ventana, melancólico. Se detiene a un metro, contemplando el cielo estrellado. Cada luz es como un alma, se hacen compañía… se siente tan solo. Un emperador tiene múltiples obligaciones, es un deseo egoísta, no puede mostrar la fealdad de su alma.

«—Desearía estar con En todo el tiempo…»

Que horrible, que detestable. A veces tiene el impulso de tenerlo solo para si, cuando tiene hijos, hermanos, todo un imperio que depende de él, tampoco es como que tenga envidia. No comprende, todo es tan confuso y difícil. No sabe a ciencia cierta qué le molesta. Ha perdido la cuenta de las veces que en su garganta se quedó el silencioso grito "¡No me dejes!".

«¿Cómo puedo ser tan vil?»

Cierra los puños con furia a si mismo, amor y amargura recorren sus venas. La pupila se contrae, la vista se pierde, la mente se abruma con cientos de reflexiones, cada una más abominable que la anterior, al menos a su parecer. Se lleva las manos a la cabeza, desesperado. La puerta se abre de golpe. Normalmente no es algo que saque de quicio a Aladdín, Judal jamás se anuncia pero, está persona le ha visto, le ha encontrado en un estado poco conveniente.

—Koumei… onisan …

Este pasa de largo su estado, luce molesto.

—¿Y mi hermano?

El consorte respira hondo, intentando recomponerse.

—Le han llamado para algunos deberes de última hora.

—¿Por qué no estás con él? — esa no es la interrogante que planeaba hacer. Koumei sabe que su hermano no está, de hecho es culpa suya. Necesitaba hablar con Aladdín a como diera lugar. Asegurarse de que nadie llegaría a interrumpir y ¿qué mejor que la madrugada?

—No es mi deber hacer todo el trabajo en el imperio — el menor no deseaba contestar así. Comprende la preocupación que puede embargarte por un familia — ¿Podrías retirarte? No me…

Antes de completar la frase, Koumei le coge por los hombros y estampa contra la pared, al lado de la ventana. Ese hombre no luce para nada como la persona que difícilmente se mantiene despierta, hay fuego en su mirar, hostilidad en las manos que lo aprietan buscando dañarle. No es su cuñado, es el dictador que sometió a Balbad, que impuso su orden. Aún cuando Aladdín ha logrado darles una mediana autonomía, dista de ser el reino completamente libre que un día fue… aún cuando ha logrado tengan su propio líder, se ven forzados a pagar impuestos. El sujeto frente a él… de alguna manera jamás se sintió como de la familia.

—Me lastimas onisan …

—¿No te corresponde todo el trabajo? ¿Alguien te lo pidió? No nos subestimes por ser un magi. Mi hermano es el que hace todo… solo…

Solo… solo… solo…

—¡No está sólo!

Lleno de ira, Aladdín empuja violentamente a Koumei, tirándole de sentón, mismo movimiento que desestabiliza al consorte, llevándole al borde de la ventana. Una mala postura, la larga cortina de seda, la gravedad, todo se suma en un instante. Aladdín cae al vacío atónito, extiende las manos en dirección al estrellado cielo "solo"… se paraliza física y mentalmente.

—¡Aladdín!

El segundo príncipe le grita desde el marco. Es entonces que el chico reacciona para activar el borg, sin embargo… no en el momento preciso pues alcanza a golpearse la cabeza. Toma asiento.

—Espera ahí, enseguida… – el mayor enuncia con tranquilidad.

—Je je je, no quiero hablar contigo onisan, no me siento bien. Iré a dar un paseo para relajarme je je je, ambos lo necesitamos. Si después quieres insultarme, te escucharé – le sonríe con dulzura, se pone en pie.

—Aladdin…

—No — sentencia cortante — basta. Estoy bien.

El chico se retira. Koumei le contempla frustrado. No fue su intención asustarlo, menos herirlo y peor aún el provocar un accidente. Únicamente… ¿en verdad Aladdín no puede hacer nada por su hermano? Kouen es la persona que más admira en la faz de la tierra, por encima de su padre, de sus primos Hakuyû y Hakuren, incluso más que al famoso Hakutoku… ¿ese majestuoso fuego se consumirá sin que puedan evitarlo? Da un golpe. No era su objetivo intimidar al chico, sin embargo, le molesta que sea tan débil. El compañero de vida de su hermano debería ser igual de espléndido que él. Rememora la expresión de Aladdín al encontrarle, tan descompuesto. Sonríe aparentando ser feliz, intentando ser digno de su esposo pero… es un niño… no por ostentar el título de magi deja de tener la misma edad. Ese joven que le saca de quicio por ser tan "poca cosa" está luchando con todo lo que tiene. Le exige a su pequeño cuerpo más de lo que puede dar. Aladdín ha hecho tanto y no ha sido capaz de reconocerle… porque en el fondo no recrimina que sea un inútil, envidia que de alguna manera, le haya desplazado como la mano derecha de Kouen. Fue cruel sin justificación.

«—¿Por qué hasta ahora me doy cuenta?»

Aladdín no desea hablar con él y siendo honesto no está en sus genes el pedir disculpas. Pero de alguna manera ha de compensar tantos años de recriminación.

.

.

Aladdín camina despacio, sentido, enojado consigo y desconcertado por el príncipe. Sabía que le odiaba pero no esperaba que tanto. Duele pues es su cuñado, cuando uno ama, que la familia de este le acepte es uno de los deseos más grandes, es triste saber que por más que lo ha intentado, es algo muy lejano a la realidad. Una punzada en la nuca hace que lleve la mano ahí, un líquido caliente resbala, mira su palma, sangre. Suspira, es cuestión de emplear un poco de magia curativa, un leve resplandor púrpura rodea la zona.

—Ey enano … — le saluda el oráculo desde un árbol.

—Judal-kun, ¿te has peleado con onisan?

—Me sentí asfixiado.

—Ya veo, si me disculpas tengo…

—Huele a sangre.

Aladdín palidece.

—Ah je je je, me resbale en mi habitación, pero no es nada grave.

—¿Por qué no te curas?

—Ah… no se me había ocurrido hasta ahora pero ya cerró je je je.

—¿Y? ¿Qué haces por aquí?

Aladdín frunce el ceño, son demasiadas preguntas y no está del mejor humor.

—Doy un paseo.

—¿Ah sí? ¿Con ese aroma?

—¿Qué?

—Es muy dulce en realidad, el tuyo siempre ha sido el mejor.

Aladdín retrocede por precaución, lleva la mano al cuchillo que le obsequiara Kouen y que puede emplear como arma o mediador.

—¿A qué te refieres Judal-kun?

—A manzana, ¿qué más? Siempre tienes ese aroma frutal, es agradable.

—Ah… gracias …

—¿Que te parece hacer algo divertido?

—De hecho ya me iba a dormir je je je.

—Pues tu habitación está al otro lado.

—¿Enserio? Creo que el golpe me aturdió. Nada que una noche de buen descanso no arregle, además ya me curé con magia. Ya me voy, que tengas lindos sueños.

Aladdín se gira para retornar cuando su intuición le indica que algo va mal, da la vuelta de nuevo, saltando hacia un lado, un poco más y una afilada daga de hielo se le incrusta en la espalda.

—Es una broma demasiado pesada, incluso para ti Judal… pudiste hacerme daño.

—No lo suficientemente como para matarte.

—Hoy no. Lo que sea que tengas en mente, hoy… no.

—¿Qué te hace pensar que me voy a detener?

—Lo digo enserio.

—También yo.

—Si tuviste un problema con Hakuryuu-onisan…

Judal se dirige con una rapidez inusual hacia él, Aladdín aún piensa que es uno más de sus juegos, o al menos fue así hasta que una patada le mandó a volar vatios metros hasta estamparle brutalmente en el suelo. Se arrodilla de inmediato, llevándose la mano al torso.

—¿Quién eres? Judal-kun no usa ese estilo de pelea.

—Todos podemos mejorar, el único que se quedó estancado fuiste tú.

—¡Asfal rif!

El más joven evoca un conjuro de viento para no herir al oráculo pero este se pierde de su rango de visión. Ya sea gracias a un hechizo o porque aún con la curación, se ha golpeado la cabeza por segunda vez en cuestión de minutos. Está aturdido, aún así reacciona cuando el otro le avienta un par de rayos desde la espalda, se cubre con su borg. Esto dista de ser una broma.

—¿Qué ocurre Judal-kun? Cualquier problema tiene solución.

—Eres mi problema, el de todos.

El consorte se congela, el otro le coge del cuello, le alza unos centímetros. La garganta comprimida no le permite pasar aire, toce.

—N-no puedo respirar cof, cof.

—¿Qué con eso?

Aladdín no desea lastimarle, no comprende que le ha llevado a actuar de esa manera pero, tiene una familia que va a llorar si algo le ocurre. Haciendo un gran esfuerzo da un rodillazo al pecho del rival que le suelta. Cae de sentón, da una bocanada para recuperarse.

—Hablaremos mañana Judal-kun, estoy muy cansado.

Una rama le coge de ambos brazos, atándolos a la espalda.

—¿Qué…?

Aladdín observa estupefacto. Otra rama naciente del suelo se enrolla en sus piernas.

—Hakuryuu-onisan…

El aludido se acerca, hay desconcierto, dolor y decepción en los zafiros del más pequeño.

—Somos familia…

Dice en un murmullo, un ruego para que se detengan y no hagan lo que claramente han planeado.

—Es necesario Aladdín-dono.

—¿Por qué…?

Arruga su boquita, tiembla. ¿Tan ciego estuvo? Koumei le desprecia, tal parece que Judal y Hakuryuu también. Niega con la cabeza, no se puede rendir. Sigue sin perfeccionar del todo el uso de la magia con solo las manos pero se encuentra en una desesperada situación. Se concentra llamando al rukh cuando una figura luminosa aparece ante él, no es fruto de su imaginación pues los dos acompañantes adoptan una pose defensiva. Dolorosas lágrimas resbalan por las mejillas del consorte, es difícil aceptar que alguien no te quiere pero… no esa persona.

—Rey Solomon …

Este le acaricia la cabeza, en silencio. El sueño invade a Aladdín que lucha con todas sus fuerzas por no caer, la visión se torna borrosa, es presa de tal debilidad que teme el corazón se le detenga.

—Pa…pá …

El consorte es vencido, la luz desaparece. Hakuryuu clava los orbes en el cielo, con rabia.

—¿Qué tramas rey arrogante? No te pienses que soy tu marioneta, tu hijo es la mía y ahora le tengo en mis manos. Muchas gracias~ — sonríe grotesco.

Busca en sus bolsillos y saca una pequeña piedra negra que lleva a la nuca de Aladdín, le intenta meter por la fuerza pero inconscientemente el muchacho se resiste, algunas gotas escarlata caen de una pequeña herida que al paso de los segundos se hace más y más grande. Pronto las manos del príncipe están completamente bañadas del líquido.

—Ey Hakuryuu… para … como sigas así…

—¿Aún te preocupa?

—No seas imbécil, muerto ya no nos sirve.

No es así, Arba puede sentirlo, el oráculo no está completamente bajo su poder. ¿Es tanto el aprecio que tiene por el inútil? La respiración de Aladdín se hace endeble, casi imperceptible, se da en lapsos muy espaciados, como si apenas pudiera con ello.

Judal chasquea la lengua, suma su magia a la de Hakuryuu, Aladdín exhala un sutil alarido de dolor, solo ellos lo escuchan, tan lastimoso. El objeto mágico por fin entra en su cuerpo. Una vez cumplido el objetivo, toda humanidad en los victimarios se apaga. El consorte queda tendido en el suelo, sobre un mar de sangre, cada vez con menos energía incluso para respirar, el corazón late a un ritmo vertiginoso, esforzándose por mantener el cuerpo en este plano terrenal.

—Vamos a nuestra habitación Judal, Aladdín-dono se había caído. Es cuestión de tiempo para que le encuentren.

—Pobre — sonrie — tuvo una mala noche, solo que no lo va a recordar.

—Claro que no. No puede darse cuenta de que ya no puede ver el rukh oscuro – se inclina acercando su rostro al del pequeño – Sería tan fácil matarte ahora pero no sería divertido, además tú estúpido padre se metió en mis asuntos. Nada me asegura que una vez muerto revivas de la nada, es la forma de hacer las cosas de ese hombre. Favorece a los suyos. No solo quiero tu vida, voy a maldecir tu alma o… mejor aún, vas a maldecir tu destino. Nada mejor que quitarle al rey arrogante lo que más valora. Si el te ayuda, yo te haré caer.

La pareja se retira abandonado a un ser al borde del colapso.

.

.

En un sitio lleno de luz.

Solomon mira atentamente, sabe perfectamente todo el dolor que le ha causado a su hijo que a estas alturas apenas vive.

—¿Te vas a rendir?

.

.

Aladdín abre los ojos lentamente, pareciera que la cabeza le fuera a estallar. Pide ayuda al rukh que le rodea, la calidez recorre su alma. Es tan gentil, amable, dulce y reconfortante. Llegado a cierto punto no puede sanarse más, su cuerpo llega al límite, está demasiado débil como para emplear más magia pero es lo suficiente como para ponerse en pie. Su habitación está muy lejos, la oficina de su marido también. Suspira, no tiene ganas de ir… no tiene idea de lo que han querido decir con "una mala noche que no recordará" pero lo hace. ¿Se supone que no fuera así? Sus pies se dirigen con nulas ganas a la habitación de ese hombre que quizá no esté ahí pero es su única salvación, no llegará más allá. Apenas se sostiene al llamar a la puerta, abren, Aladdín no logra ver más que obscuridad aún con los ojos abiertos, solo piensa en las acciones de su padre que le oprimen el corazón.

—Así que eres mi enemigo…

Pierde el sentido en brazos de Koumei, Kouen que había entrado hace poco para interrogarle por el trabajo que bien pudo hacer mañana, mira furioso la escena. Coge a su marido con el brazo que aún puede mover.

—Mi esposo fue herido dentro del palacio, me sacaste de la habitación…

—En ese caso – interrumpe con serenidad — te daré una razón para que me cortes la cabeza…

.

.

Notas finales.

Bueno, qué les digo? Ha sido el peor medio año de mi vida. Paso por una muy fuerte depresión y bueno, no es para quejarme ni nada por el estilo, es solo que no tengo la fuerza para coger el móvil y ponerme a escribir pero… de alguna manera estoy muy enamorada de Magi, aunque para muchos sea incomprensible, es Magi y algunas personitas las que han salvado mi vida otra vez, así que aquí estoy :3. No tengo gran cosa que decir más que, muchas gracias desde el fondo de mi alma a todas las personitas o tal vez la única personita que creyó en mi y que no iba a abandonar mis historias. Se los dije, mientras tenga vida, volveré a Magi, gracias, en verdad gracias por su confianza y amor a lo más valioso que tengo. Y gracias a la gran AOI SALUJA por cuidar de nuestro fandom en mi ausencia aún cuando el tiempo no le sobra. Gracias a todos ustedes que siguen aquí, en mis historias o de otras autoras, por no permitir que tanto amor se desvanezca en el aire. Gracias desde el fondo de mi corazón de gomita :).