Nada de Katekyo Himan Reborn me pertenece, solo la historia y uno que otro agregado que aparecerán más adelante en la historia.
Family of the Past
Capítulo 68
-… y eso sería todo, ¿no? – No le veía el punto. Quizás era solo él quien lo veía como algo completamente redundante. - ¿Feliz?
Su acompañante suspiro profundamente antes de asentir y finalmente dejarlo en paz. Qué bueno, porque estaba que tiraba todo por la borda y salía sin mirar atrás. Solo iba al jardín a pasar un rato a solas. A solas. Era tan a solas que a unos metros tenia a uno de sus guardianes más dedicados. Si es que podía llamarlo así…
- No. – Advirtió al ver que su acompañante abría la boca otra vez. Por más que los amara, había un límite para todo.
Hayato cerro la boca con un chasquido, pero solo duro un par de segundos para su desgracia:
- Ni siquiera sabes lo que iba a decir. – Pues no, pero ya estaba paranoico. Por ello:
- Me bañe, me cepille los dientes, desayune, me hicieron mi chequeo, tome todas mis medicinas, hice mis prácticas, traje todo el equipo de protección, el kit de primeros auxilios-
- Pasas demasiado tiempo con Reborn… - Hayato se palmeo la frente, tratando de no reírse.
- También me puse ropa limpia. – Continuo, como si nada, contando con los dedos y recitando las respuestas a todas las posibles preguntas que ya le habían preguntado al menos una vez en lo que iba del día. – Si me dices que me falta algo, voy a tirarte a los gemelos. – Necesitaban una nueva víctima. ¿Qué mejor que Hayato?, estaba bastante dispuesto en su humilde opinión.
- Si sabes que solo lo hago por tu bien, ¿cierto Tsuna-sama? – Si, por desgracia lo sabía. Eso no lo hacía menos molesto.
- La amenaza es real. – No iba a darle falsas ilusiones. Leonardo y Richard estarían encantados con tener el permiso de hacerla vida miserable a alguien.
- Por favor Tsuna-sama, no sea así. – No, no iba a caer, no esta vez.
En lugar de responder solo se dejó ir en la silla. Un pequeño infarto para su guardián que de seguro se imaginó que se caería de dicha silla por dejarse ir tanto, pero no le importaba por los momentos. Luego de una mañana en donde lo único que falto era que le preguntaran si se puso interiores limpios, un rato a solas sonaba más como un requerimiento a un deseo. Suponía que era de esperarse con lo de ayer, había quedado algo mal con todo lo que paso y de por si hoy era chequeo extenso. No entendía la diferencia porque no había día en donde no vinieran a revisarlo alguna enfermera o no lo hicieran ir a la enfermería… pero la había. Así no entendiera o no la viera, la había.
- ¿Para todo es esto? – No sabía ni para que preguntaba. – Solo me dejan solo en el baño y no siempre. – Quizás nuca, porque: - ¿Tienen que hacer guardia para todo?, ¿no es un poco exagerado?
Aparte de súper exagerado y muy dramático en su humilde opinión, había algo que siempre se retorcía en sus adentros, algo que se sentía como frustración e incredulidad en uno solo. Si esa era su otra personalidad o lo que sea que fuera, pues perdónenlo por creer que había algo raro o fuera de lugar con la sobre protección.
- Es mejor prevenir que lamentar. – Esta silla era genial. O tal vez estaba muy cansado. De cualquier forma ya estaba allí y no iba a moverse. – Tal y como estas, tememos que no puedas defenderte por tu cuenta Tsuna-sama. – Fue sincero, muy sincero y no podía evitar concordar con esto.
- Que tierno de tu parte. – Claro que esto que acababa de salir de su boca no era ese "entiendo" o "estoy de acuerdo" que había estado en la punta de su lengua. – Puedo asegurarte que esa preocupación es innecesaria. - ¿Por qué le pasaban estas cosas?, ¿en serio?, si esto era tener personalidades múltiples… pues no se parecía nada a lo que había visto en televisión. Era tan raro…
El incómodo silencio que se formó luego de esto lo hizo llevarse las manos a la cara y maldecir su suerte. En verdad no valía la pena disculparse, porque no se sentía culpable como tal. Era algo similar a sentirse culpable por algo que no podías controlar o evitar pensar. Pasaba. Punto. ¿Qué más podías hacer?, no iba a llorar… al menos no en público. Era misión imposible hacer algo en privado, iban a volverlo loco con eso…
- Me lo merecía. – Movió un par de dedos y miro a su acompañante como si estuviera loco. – Solo tú sabes que ocurrió mientras no estábamos y tuviste que hacer todo por tu cuenta, así que-
- ¡Páralo! – Se quejó, lloriqueo, ¡lo que sea! – No quiero pasar por lo de ayer otra vez, no lo invoques, ¿quieres? – Nada más había pasado mala noche, no solo porque le quedo el fantasma de las emociones detrás de lo dicho sino lo dicho en sí. Era una mala confirmación, un mal recordatorio de muchos de sus temores. – Hayato-kun, de verdad, de verdad… - Y menos tan pronto. – no quiero saber más. – No podía, simplemente no podía. – Soy un cobarde, prefiero no saber más, realmente prefiero no saber más… - Al menos no de las partes negativas. Que de esas había un montón.
- Entiendo, Tsuna-sama. – Por una vez no se molestó en tratar de corregir a su guardián con respecto a inclinarse tanto hacia él. No hacía falta, eran amigos, ¿no es así?
Al menos eso le dio un par de horas para sentarse y solo respirar. Cerrar los ojos y tratar de solo relajarse y olvidar todo. No era exactamente lo que quería, porque no podía olvidar que no estaba solo y esta parte del jardín no tenía animales. Era solitario, tranquilo, cerrado incluso. No era suficiente para él, pero tenía que conformarse con eso por más que lo odiara o quisiera más privacidad.
Lo más seguro era que lo primero que hiciera seria llorar, llorar con ganas, si de verdad tenía la oportunidad de estar a solas. De por si era algo típico, no era nada nuevo para él, solo mas… espaciado desde que llego Reborn. Lo último que necesitaba era que ese hombre lo encontrara llorando. Siempre temió eso, porque no sabía que haría Reborn, que clase de barbaridad haría o que diría. No quería darle razones para hacer su vida más caótica, más complicada, o hacer que dicho asesino lo odiara o se enojara de verdad con él si no lo estaba ya. Y ni siquiera estaba mencionando las burlas más a fondo, porque aparte de inútil seria llorón. Reborn, en cierta forma, se lo vivía recordando, recordando que era un inútil.
O eso era lo que pensaba antes de conocer a este nuevo Reborn. A un Reborn que lo llamaba solo Tsu. Nunca Dame-Tsuna, nunca más al menos. A un Reborn que podía llamarlo papá y era bien recibido. Un Reborn que no lo trataba mal, ni usaba sus métodos… espartanos para divertirse a sus expensas. No, este Reborn era como ver a una nueva persona con toda honestidad. Jamás creyó que Reborn pudiera mostrar un lado tan amable, no conociendo lo sádico que era. Este Reborn no le daba miedo, al menos no por su integridad. Podía tener conversaciones con él, ¿cuándo fue la última vez que en verdad pudo sentarse con alguien y solo hablar?, ¿sin preocupaciones?, ¿sin razón?, ¿solo por querer?
No creía que Reborn fuera a burlarse de él o siquiera hacerle la vida un poco más complicada. Ni siquiera una charla sobre que no debía de llorar por quien sabe que, ni entrenamientos o amenazas para que no volviera a hacerlo. Tomando esto en cuenta, ¿por qué igual tenía miedo de que Reborn supiera o, peor aún, lo viera llorar?, por razones completamente distintas.
Cualquier otro, familia al menos, solo lo haría sentir peor y creer que iban a meterse con él. Todos solían hacer eso, y muchas veces ni siquiera necesitaban una razón. Podía recordar claramente aquellas veces en donde había llorado en clase, siendo mucho más niño, por un empujón o porque era acusado de algo que no hizo. La situación solo se hizo mucho peor, y mamá… prefería no recordar más, su madre siempre fue un caso especial que era mejor no tocar. Por más que la amara, había cosas que resentía de ella. Eso, claro, sin contar la vergüenza que tendría en cualquiera de los casos. Era lo de menos, estaba acostumbrado a la vergüenza e ir por allí en calzones sin duda alguna no ayudo en ese sentido.
Era muy probable que Reborn no hiciera nada, o que solo se acercara y tratara de consolarlo y preguntarle qué pasaba, sacarle conversación como lo intento el día de ayer cuando se enteró de lo que había pasado. Luego tronaría con los culpables o cualquier pobre diablo que se encontrara. Eso era lo peor que podría pasar sin contar a nadie más. Burla no iba a ver. No había habido burla cuando se asustó con una computadora parlanchina que no sabía que podía hablar. No había habido burla cuando se equivocó y termino casi vomitando sus entrañas con un dulce que le habían advertido que era muy amargo… No, burlas no habrían. No en el momento, quizás después y más en juego que otra cosa.
Sonaría estúpido, y sonaría tonto hasta para sus propios oídos si lo decía en voz alta. Simplemente no quería que Reborn supiera cuan débil era, ni darle más razones para preocuparse. Quizás nadie lo diría, pero conocía a Reborn lo suficientemente como para saber que estaba preocupado. Pequeños gestos, casi imperceptibles, los cuales reconocía como si se hubiera aprendido la tabla de multiplicar en su sueño y no lo sabía. Algunas cosas eran así, no sabía si era su híper intuición o solo otra cosa de su otra personalidad a la cual todo el mundo parecía temer y ansiar al mismo tiempo.
Era una cosa muy tonta. Reborn lo había visto en lo más bajo, ¿qué sorpresa seria para el mejor asesino del mundo verlo un poco más abajo que eso?, ninguna. Y aun así no quería que lo hiciera. Algo tonto, porque nadie podía caer más bajo que ser inútil para todo. Torpe, tonto, poco atlético, cobarde, miedoso, inútil. El sobrenombre de Dame-Tsuna lo había seguido por toda su vida. Llorón era cualquier cosa en comparación a todo lo anterior. Y aun así, aun así…
- ¿Puedo pasar? - ¿Eh? - ¿Tsunayoshi?, ¿puedo pasar? – Jamás se iba a acostumbrar a esto.
- Claro… - Aunque, con toda honestidad, no quería compañía aún. Más bien había obtenido mucho, suponía.
- Traje algo de comer, se han perdido el almuerzo. - ¿En serio?, ¿ya era tan tarde?, ugh… - Traje uno de tus favoritos, ¿no quieres un poco?
- ¿Eso es conmigo o con tu hermano? – No pudo evitar preguntar a la mujer que parecía incierta en acercarse y sus ojos iban entre él y Hayato. Era como si esperara alguna señal.
Y hablando de Hayato, no sabía cómo no estaba en el suelo botando espuma por la boca. O convulsionando. Con diarrea. Y cualquier otra cosa que diera la impresión de que se estaba muriendo y sus entrañas tenían mente propia y odiaban a su dueño.
- ¿Cuándo vas a comenzar a convulsionar? – Pregunto con curiosidad. No sabía si era una falsa alarma y había algún truco involucrado que no sabía, o de verdad Hayato había superado su Bianchifobia. O como se llamará. - ¿Qué?, es lo único que te falta junto con la espuma en la boca. – Mentira no era. ¿Cierto?
- Te juro que tiene algo contra todos menos tu esposo. – Le dijo Hayato con mucha seriedad a su hermana mayor, tratando de no reírse.
Bianchi arqueo una ceja, más relajada, a pesar de que estaba sumamente incrédula ante lo que acababa de pasar. ¿No debería estar preocupada?, era su hermano, era para estar-
- No te creas, ayer este mocoso lo llamo narcisista en mi cara. – Eh, eh… prefería no recordar eso. No sabía que lo poseyó a decir eso. – Entonces, ¿listos para almorzar?, y no, no lo hice yo. – Agrego la mujer, rodando los ojos. – Tsuna-chan~
Se sonrojo y trato de mirar a cualquier lado menos a Bianchi y trato de apartarla un poco sin ser ofensivo. Chica linda, abrazo de frente, había cosas para las cuales estar sentado no lo ayudaba y quería respetar, muchas gracias…
- ¿No deberías ir con Rukia?, esa niña en cualquier momento se escapa. – Comento alguien tomando asiento y sin ayudarlo como debía. ¿Para qué rayos se ponían de guarda espaldas y todo eso si no iban a ayudarlo en cosas como esta?
- Es prácticamente genético, pides un milagro. – Anuncio, finalmente escapándose del abrazo lo suficiente como para respirar, dándole mala cara a su guardián. – Al menos ella no destroza medio mundo y es razonable, a diferencia de la gran mayoría de las personas que conozco…
Fue soltado y ambos hermanos se miraron. No le agradaba, solo lo molestaba más.
- No puedo ir en contra de esa lógica. – Hayato suspiro profundamente ante este comentario de su hermana mayor. - ¿Quieres que me vaya?, puedo llevarme a este mentecato y dejarte solo un par de minutos. Reborn va a llegar en cualquier momento, ¿qué-
- Aquí tienes la mordaza. – Que se lo llevara, que se lo llevara. – Por favor y gracias.
Una mujer estallo en risas mientras un hombre parecía haber chupado un limón ante el trapo de cocina que se le había sido entregado a Bianchi bajo el pretexto de "mordaza".
- Sabía de antemano que no me querías aquí. – Con lucecitas de colores esperaba. Les había cerrado la puerta a todos los que vio en la cara. Más directo que eso… le preguntaría a Reborn. Si había alguien que sabía seria él, pero no se lo preguntaría hoy.
Iba a bromear diciendo: "¿entonces por qué te quedaste?", pero lo que salió fue:
- Una gracia que no me diste, ¿sabes? – Más que la irritación pura con la que salió, era más un golpe deprimente que no se esperó de a gratis. – Eso… - Tosió en su mano, tratando de ignorar lo blanco que había quedado el hombre y la mirada sospechosa de Bianchi. – Okey, eso no me lo espere… - En nada, ni siquiera sabía de donde salió honestamente. – Vete ya, te veo en la cena, ¿te parece?, lo mismo para ti Bianchi. – Quería saber y al mismo tiempo no quería saber.
Se dejó ir en contra de la silla otra vez tan pronto se cerró la puerta, mordisqueando una croqueta de pulpo. Vaya dolor de cabeza.
- Lo siento Tsu. – No fue sorprendido por la nueva presencia, ya tenía tiempo allí. Solo no se había dado a conocer. Una mano le revolvió el pelo antes de que otra le hiciera subir la vista. – No puedo dejarte solo, no totalmente, no como estas. – Era una disculpa, pero…
- No pasa nada. – Era solo muy abrumador. Todo a veces se hacía muy abrumador y no podía con ello. Quería desahogarse y no podía, ese era todo el problema. - ¿Muchos problemas hoy?, no te vi en la mañana. – El primero que solía ver al despertar era Reborn.
Por esta razón sabía que ni en su habitación estaba lo suficientemente solo como quisiera algunas veces. No entendía del todo, pero confiaba en Reborn. Si decía que era peligroso que estuviera por su cuenta, por algo seria. Eso no quería decir que lo entendiera, así de sencillo. O que no le pesara unos días más que otros, o que a veces lo sintiera muy ridículo. Estaba casi seguro que su otra personalidad lo tomaría como un insulto a estas alturas. No era como si lo conociera, pero con las cosas que pasaban…
- No mientas. – Fue un ligero regaño gracias al leve golpe que recibió en la nariz.
No tuvo tiempo de quejarse, no los dedos trazando el borde de sus ojos más rápido de lo que podía percibir. Solo con eso su sonrisa cayo. No estaba engañando a nadie, ¿no es así?
- Es mucho para ti, ¿no es así? – Suave, amable. No parecía Reborn. – Lo siento, no puedo darte el espacio que necesitas. – Esas manos lo dejaron, pero fue solo por un momento. - ¿Te sirve un pañuelo viviente o una conversación?, seré de palo si eso deseas. – Esta clase de cosas no ayudaba en lo absoluto.
No estaba engañando a nadie. ¿De verdad era…?
- ¿Es tan notorio? - ¿Desde cuándo?, ¿cómo?, Reborn nunca dio…
- Todos necesitan tiempo a solas. – Fue jalado de las manos, no con mucha fuerza. Entendía la intención, había un sofá amplio. De seguro allí quería llevarlo el mejor asesino a sueldo del mundo. - ¿Crees que esas horas o pocos días de descanso que te daba eran porque sí?
- Pues… - No estaba lejos de la verdad. – Creí que solo te aburrías o querías darme un respiro para que tu diversión durara más… - Traducción: no romperlo, no llevarlo al punto de no retorno. No por otra cosa. – Además, no me dejabas precisamente solo… - No con la gente entrando, saliendo, viviendo en casa…
- Seré un sádico narcisista espartano… - No pudo evitar reírse ante esto. Esa era la intención, ¿no es así? – pero no soy un desalmado. – Un jalón más insistente. – Lo sabes, ¿verdad? – Mucho más suave, inseguro, como si Reborn temiera que la respuesta fuera un no.
- Te amo papá. – Lo dijo más por el propio Reborn que por sí mismo. No sabía cómo Reborn le estaba haciendo para estar atento a tantas cosas, pero Reborn era humano. Podía ver la inseguridad allí, incluso si nadie más podía hacerlo. A la final, mentira no era.
No obtuvo más respuesta que un buen jalón y verse envuelto en un abrazo algo apretado. Fue llevado al sofá que en verdad no había probado hasta ahora, prefiriendo sillas de una sola persona para evitar más acercamiento de lo que estaba dispuesto a tratar. Era la forma más sutil que tenia de hacerlo, pero en verdad no era sutil. No si no estaba engañando a nadie con nada, por lo visto.
- No diré nada si eso quieres. – Ese no era problema. No ahora al menos. – Embotellarlo no va a ayudarte, pensé que lo sabias. – Pues…
- Si sabes que no recuerdo 10 años de mi vida… - Y por tanto muchas cosas que posiblemente creyeran que sabía no lo hacía. - ¿cierto?
Si lo sabía, así como sabía que había ciertas cosas que no valían la pena reconocer o decir. A veces lo mejor era ignorar, hacer la vista gorda. Hacerse ciego, mudo y sordo. De otra forma se meterían más con él, o habría problemas que no quería afrontar. No quería llorar delante de nadie, mucho menos delante de su figura paterna. Fuera como fuera, podía-
- ¿Esto es lo que siempre haces cuando finalmente estas solo? – La pregunta no le gusto, aunque realmente no hacía falta ser un genio… - No hubiera dicho nada, hubiera ayudado si-
- ¿Realmente lo hubieras hecho papá? – Tenia un buen gusto en los sofás. Este era bastante suave, no le molestaría dormir allí. Aunque no lo iban a dejar, eso era seguro.
- Eras mi estudiante, mi trabajo era ayudarte-
- Tu trabajo era enseñarme, moldearme. – Corrigió forzosamente. No iba a caer en la mentira, no señor. – Papá, no es por nada… - No iba a llorar. No iba a hacerlo. – Lo mejor que siempre pude haber hecho ha sido cerrar la boca. – Por más de una razón. – Además, vivías sacándome lo inútil que soy, ¿qué te hubiera detenido en hacer las cosas peor?, no creo que… - No creo que hubieras tomado bien que de paso fuera un llorón… - En fin, tú lo sabes todo, ¿por qué preguntas? – Pregunto por curiosidad y tratando de cambiar el tema. O al menos llevarlo fuera de aguas tan turbias.
Reborn suspiro por lo bajo y pareció fruncir el ceño. Un par de dedos lo tomaron de la nariz y lo pellizcaron. Eso dolió, pero no era nada en comparación a lo que podía hacer Reborn. Reborn sabía lo que trataba de hacer, y no lo aprobaba. Aun así… ¿estaba mal de él por intentarlo?
- Lo creas o no, te daba privacidad. – Y como quien no quiere la cosa: - Todos necesitamos eso, y más cuando eras un civil entrando a la mafia. – Mas como que entrando al mundo de la locura será. – Muchos cambios, poco tiempo. Necesitabas esos momentos, en especial con lo de Byakuran. Te di tanta privacidad como era posible dadas las circunstancias. - ¿Eh? – Si no te dejaban solo, me encargaba. Lo mismo estoy haciendo ahora, pero por desgracia no puedo dejarte completamente solo. Es inseguro Tsu, no estás bien y hay muchos que quieren tu cabeza. – Una mirada muy oscura y Reborn bajo un poco su sombrero. - Con tu otra personalidad no me preocupo tanto, porque lo quiera o no él recuerda la mansión y como pelear así este mal. Tal y como estas, solo reconoces que no estás solo o que algo está fuera de lugar, y tus capacidades de pelea no son las mejores por no mencionar que no estás bien. – Una pausa. – He tratado de darte todo el espacio posible en tu habitación, pero tu aun sientes que no estás seguro o solo, ¿no es así? – Un ladeo de cabeza. - ¿O hay otra razón por la cual te pones intranquilo y no puedes dormir ahora por tu cuenta?
- Papá… - Asombrado era una palabra minúscula para describir su sorpresa, su asombro, su incredulidad. – Algo así. – No podía negarlo. Tampoco podía afirmarlo. – Siento que hay alguien más allí, y la sensación no me deja en paz. – Así supiera quien era, no era bueno para su salud mental. – Más que intranquilidad, me da nervios. – Y no sabía que hacer exactamente. – Lo siento papá, pero me estresa y no sé si irme o buscar. – Incluso si sabía que pasaba. – Sé que lo hacen para cuidarme y todo eso, pero se me es ridículo y estresante al mismo tiempo, no puedo con ello. – Simplemente no podía. – No me estás dando privacidad, es casi como si… - No era la palabra indicada, pero: - me sintiera acosado. – Lo cual le había pasado un par de veces. Conocía vagamente la sensación.
- Hmmm… - El sombrero bajo más, al punto de cubrir los ojos de su portador. Solo duro un minuto cuando mucho. – Bueno, en cualquier caso, cometí un error en creer que llegarías a mi si tenías algún problema personal. - ¿Ah?
- ¿Perdón? – Tenía que haber oído mal. – Eras mi profesor, no eras-
- Era tu tutor. – Recalco el asesino, comenzando a sonreír de una forma que inquietaba. – Tutor, Tsu, tutor. – Pues… seguía siendo lo mismo, en su opinión. – Tu tutor personal, lo que significa mi pequeño tontín… - Fue golpeado en la frente con un dedo. – que era tu guardián, tu educador, tu entrenador, tu maestro, tu defensor, tu protector, y en general… - Recibió mas de esos golpecitos, uno por cada "titulo". No dolían, quizás era solo por la impresión. – responsable de tu bienestar, desarrollo y aprendizaje. Tu futuro, tu vida, fue entregado a mí para nutrirte, para enseñarte, para criarte como quien dice. Bien podrían haberme pedido ser tu padre ese día, Tsu. - ¿Qué?
- Re-
- Nada, ssshhh. – Cerro la boca del tiro. Caray. – No enseño a cualquiera, no acojo bajo mi ala a cualquiera. – Como poner colorado a uno, cielos… - Supongo que, a pesar de que ya habíamos discutido esto un par de veces, ciertas cosas aún quedan aferradas y esta es una de ellas… - El dedo en su frente se mantuvo, y solo por la forma y la expresión del asesino, era como una pistola. – Déjame explicártelo de una forma que no se te olvide, ¿te parece Tsu?
Por unos segundos Reborn mantuvo la posición. Una mano bajo y un asesino rodo los ojos, acomodándose al punto de pasar un brazo por sus hombros y acercarse como si le fuera a contar un secreto al oído. Si esto no hubiera pasado un par de veces antes para unos comentarios un tanto… problemáticos si eran oídos por otros, y no se hubiera reído hasta que sus costados dolieran, se hubiera asustado por esto.
- ¿Por qué alguien como el mejor asesino a sueldo del mundo, alguien que es extremadamente habilidoso en todo lo que hace, se interesaría en un mocoso como tú? - ¿Eh? – Eso es lo que paso por tu mente y aun pasa, ¿me equivoco?
- No… - Por desgracia, eso era cierto.
- Y dices que es porque me pagaron una gran suma de dinero por ello, y no había más candidatos, a pesar de que ahora sabes mejor… - Asintió, porque sabía que eso era lo que Reborn quería. Era la verdad después de todo. – Quizás no pueda negar que no había nadie más para el puesto, pero si te hubiera conocido en otras circunstancias hubiera tirado un par de oportunidades para ti. ¿Quieres saber por qué Tsu?
Temía saber, porque en verdad no creía tales cosas. No es como si-
- No pienses. – Fue un regaño, un regaño con un leve golpe en la cabeza. – ¿Quieres saber lo que vi la primera vez que te vi? - ¿Eh?
- ¿A un chico bueno para nada? – Con la previa información-
- Vi a una persona perdida. - ¿Perdida? – Sin rumbo, solo sin saber qué hacer. – Pues… si, suponía que eso era cierto. Suponía… - Un chico con potencial que el mismo no podía ver. – Era difícil de creer esta parte hones-
Un coscorrón lo hizo lloriquear y patalear un poco gracias a lo repentino y fuera de lugar que fue. Más que doloroso, fue rudo y tardo un buen rato ser liberado. El mejor asesino a sueldo del mundo ignoro sus quejas y preguntas, sin soltarlo y sin siquiera mirarlo. Por más que supiera que solo fue un regaño más y que seguía siendo nada para lo que Reborn podía hacer, igual era molesto. No era como si Reborn fuera a escucharlo con eso, y tampoco era como si fuera algo que detestara.
- Tenias, tienes potencial Tsunayoshi. – Reborn no lo miraba al decir esto. – Quieres aprender, las dos cosas indispensables. – Casi con curiosidad: - Podrías ser lo que quieras llamarte, pero solo eras y aun eres ese chico de buen corazón con potencial que no podías ver y que solo quería aprender y conseguir un lugar en el mundo. – Una pausa. – Una piedra que podría convertirse en una joya y en eso te convertiste, pero no podías hacerlo solo. Te vi, te probé varias veces, y aquí estamos. – Como quien no quiere la cosa: - Nono me llevo a conocerte, pero no te hubiera entrenado si tú mismo no te lo hubieras ganado, Tsunayoshi.
- Lo haces sonar como si fuera lógica común. – Por el amor de Dios: - No sé si te has fijado, pero nada en la mafia es-
- ¿Quién se metió en una pelea de kendo arreglada a sabiendas de que iba perder? – Pestañeo muchas veces, cerrando la boca del tiro, ante la pregunta salida de la nada: - Te metí en ese enredo, cierto. ¿Y qué hiciste? – Ay cielos. - ¿Qué fue lo que hiciste Tsu?, dímelo.
- Yo… - ¿Que tenía esto que ver con nada? – No tenía opción, Kyoko-chan hu-
- No le hubiera pasado nada y lo sabes, su hermano hubiera movido cielo y tierra por ella y lo sabes. – Caray. Gracias al cielo que Reborn no estaba en verdad molesto… - Dime, ¿qué hiciste ese día?
- Santo Dios papá… - Esto tenía que ser broma. – Me presente para perder públicamente, ¿contento? – No quería recordar-
- ¿Por qué? – Esto no podía ser cierto, simplemente no podía ser cierto.
- Por Kyoko-chan. – Y de paso: - Papá, tú me-
- Te metí en un lio a ver que harías. – Sin culpa alguna, casual. – Para ser un miedoso y un cobarde como dices que eres, fuiste muy valiente en mostrarte a una pelea que sabias que ibas a perder y en donde solo iban a humillarte. Todo por una chica que en verdad no necesitaba tu ayuda. – Fue muy casual. Esto no sentaba bien. – Si esa es tu definición de cobarde, quisiera saber a qué consideras ser valiente.
Hiciera lo que hiciera igual lo iban a humillar. No era nada nuevo o espectacular como Reborn lo estaba haciendo-
- Con Hayato, a sabiendas de que trato de matarte-
- ¡Tú lo pusiste a eso! - ¿A dónde quería llegar Reborn con todo esto?
- y sin en verdad conocerlo, ¿qué hiciste Tsu?
Lo perdono. Lo salvo con la ayuda de Reborn, le salvo la vida en lugar de dejarlo a su suerte, de huir. Lo perdono y en consecuencia gano a su primer guardián, porque no tuvo el corazón de negarle lo que parecía querer, porque-
- Con Yamamoto, cuando te pidió consejo, ¿qué hiciste?
- Le dije que practicara más y más, porque eso fue… - Lo que siempre oyó, que la practica hacia el maestro. – Pero-
- Cuando se rindió e iba a lanzarse del tejado, ¿qué hiciste?
Subir, tratar de detenerlo, recordarle que no era el fin del mundo-
- ¿Y cuándo comenzó a seguirte y los declaro amigos Tsu?, ¿qué hiciste?
Nada, en verdad no había hecho nada. Solo había estado increíblemente feliz, pero…
- Pero tu causaste todo-
- Arregle las cosas, pero nada más Tsu. – Reborn le negó inmediatamente. – Quien tomo las decisiones de cómo resolver esas situaciones en las que te metí fuiste tú. Te ayude, pero solo después que tomaras las decisiones y solo cuando te hacía falta. En ningún momento te forcé ni te instruí a hacer algo en específico. Esas no fueron las únicas ocasiones. – Para ser un cobarde, un inútil, mira todo lo que hiciste. – De forma más suave, pero igual de intensa: - ¿Aun crees que no hiciste nada para que me quedara a tu lado Tsu?, puedo asegurarte que nadie de tu familia te considera un inútil. Solo tienes que preguntar si tienes dudas Tsu, con gusto puedo hacerte esto todo el día y demostrarte que no eres Dame-Tsuna.
Quizás, pero seguía siendo un chico común y Reborn una de las personas más habilidosas del mundo. Aun así… no odia negar sus palabras.
- Sigue siendo irreal papá. – De muchas formas y maneras. – Gracias. – Porque debía de ser una perfecta molestia algunas veces, en especial ahora.
- No lo aceptaras de la noche a la mañana, pero sabes que tengo razón. – Por supuesto, era Reborn. – Llora, no diré nada y no pensare menos de ti, te lo aseguro. – Y para rematar: - He fallado si crees que debes o necesitas ocultar esto de mí. Tus problemas son los míos, si nunca logre tu confianza a ese punto entonces he fallado. - ¿Fallar?, ¿Reborn?
No había sorpresa, no había molestia ni había felicidad. Nada, solo quizás aceptación. Dijera lo que dijera, Reborn estaba errado:
- No es tu culpa. – Miro hacia abajo, sin querer mirar a su figura paterna. No quería ver la decepción o cualquier cosa que pudiera haber allí. – Siempre temí el día en que te fueras, no quiero volver a estar solo, pero tu solo estabas por trabajo… - Lo más grave era: - No es tu culpa que no quiera acercarme demasiado. – Era demasiado vergonzoso, pero luego de todo lo que Reborn había estado haciendo por él… - No hay nada peor que acercarse y encontrarte con que no eres correspondido o no vaya a durar… - Varias personas cruzaron por su mente que sabía que nunca volvería a ver. – Te iras, cuando este mejor te iras, y cuando te vayas todo se desmoronará porque todo gira en torno a tus caprichos. Nadie me hace caso, nunca en verdad lo hicieron y mira… - Ay rayos. Y aquí se fue el que no iba a llorar… - Te fuiste y quede completamente solo otra vez… ¿para qué acercarme cuando vas a irte?, ¿para qué acercarme a los demás si no se sienten como yo o se irán y no volverán?, solo hace todo más doloroso, ¿no crees?
Inadvertidamente para él, un asesino lo miraba de forma ilegible, oyendo atentamente cada palabra, grabándolas en su mente. Para Reborn, esto era la causa del verdadero problema con la relación entre la familia, al menos de parte de Tsu. Su familia no llego a él, y él no les dio la oportunidad por más que quiso porque tenía miedo. Un miedo real, un miedo fuerte, uno que no era fácil de disuadir o sobreponerse al mismo. Un miedo que tal vez hubiera descubierto cuando más hacía falta si le hubiera dedicado más atención o hubiera presionado un poco más en lugar de guardar distancia. Si hubiera sido más abierto, quizás, pero no era una garantía.
- Entonces digamos que nuestra falla. – Reborn lo atrajo en un abrazo suelto, y le negó antes de que pudiera contradecirlo: - Todo maestro debería ser capaz de lograr una profunda confianza con su pupilo, cosa que ciertamente no hice, así que parte de la culpa es mía Tsu. – Discutir cuando Reborn utilizaba tal tono era inútil. Ya lo había intentado, no servía de nada.
Mucho tiempo después, luego de haber dejado de llorar y solo estaba disfrutando de los mimos que le estaba dando Reborn porque no había nadie de seguro, había un problema:
- En cualquier momento vendrán por nosotros… - El en realidad. No quería volver aún.
- ¿Quieres irte? – Negó con la cabeza. – Entonces no iremos a ningún lado, así de simple.
Se rio sin poder evitarlo, lo cual era la intención de Reborn de seguro. Era así, Reborn prefería tenerlo de buen humor, así que se lo agradecía mucho. No era fácil estar feliz cuando todo era tan diferente y el único que actuaba medio normal era el mejor asesino a sueldo del mundo.
- Papá… - Sus risas se apagaron abruptamente, su cuerpo se tensó y sin querer estaba buscando un escondite sin realmente una razón. – algo no está bien aquí. – Lo último que pasaba por su mente era huir.
Huir, lo primero que usualmente haría en casi cualquier situación como esta, ni siquiera se asomó en su mente. En todo caso, sintió molestia al verse casi arrastrado a dentro de la mansión. Se dio cuenta tardíamente que Reborn estaba hablando con él y por los gestos era algo serio.
Fuera como fuera no podía oírlo, no sabía ni que estaba pasando exactamente. En el fondo de su mente registro que no estaban solos y estaban cerca de una sala de recepción como quien dice. Solo sabía que no había algo bien y lo último que quería hacer era irse o darle la espalda.
Quizás fueron estas las razones por las cuales lo último que vio fue alguien apuntándole con una pistola muy cerca. Oyó maldiciones, ruido y un gatillo. Su mente estaba en blanco, no tenía miedo ni preocupación, nada que se pudiera definir. Lo último que oyó antes de que todo perdiera sentido fue un rugido estremecedor en medio de maldiciones, disparos y el dolor de resistirse a algo que lo jalaba con demasiada fuerza.
La vaga impresión de sentirse sonreír de una forma desconocida y la imposible realidad de una bala que debió de darle en la frente detenerse en seco en el aire sin explicación lo suficientemente cerca para tomarla entre sus dedos si alzaba la mano se fueron con él, sin realmente ser procesados.
