Ova: El Calor de la Navidad
Claire exhalo un suspiro, su aliento se dejo ver al suspirar por el frío que hacía en las calles, ella misma sentía ese frío en su rostro.
-¿Tienes frío? Podemos volver al avión y venir otro día- exclamo su acompañante de pelo negro.
-¡No! Esto es algo que tengo que hacer, ya lo he prolongado demasiado- respondió la descendiente de los Celestiales firme.
Ellos ya no estaban en la ciudad de Warnington, sino que estaban caminando por un camino en medio de un bosque silvestre que estaba cubierto por completo de nieve.
Era 16 de Diciembre, seis días antes de noche buena y siete antes de Navidad, un evento que se origino por el nacimiento del hijo de Dios, pero que a lo largo de la historia, ha sido representado y cambiado su significado de muchas maneras, aunque sin olvidar su origen.
Camilo acompaño a Claire a este lugar, le habían pedido a Marucho prestado su avión para venir, quien acepto y Kato llegó con el avión y todo al frente de su casa, subieron rápido para no molestar mas a los vecinos.
¿Dónde estaban para requerir venir en avión? En una parte de Alemania, cerca de una pequeña ciudad que se podía ver por el camino cuesta arriba que subían.
La razón por la que se encontraban aquí era por que Claire recordó algo muy personal de su pasado hace dos días, y habían podido tener tiempo para venir hoy mismo. Ginebra también vino, pero ella se quedo en el avión, porque comprendía que esto era muy personal para la chica, así que no la molestaría con su presencia.
También, porque no le gustaba el frío. En sus palabras, dijo que el frío hacía fallar su cuerpo, poniéndolo muy rígido, y en la Tierra no existen las herramientas o partes para ayudarla si pasa eso.
Claire le pidió venir originalmente a Camilo, porque sentía que necesitaría de su compañía, así que por eso el pelinegro la estaba acompañando a pesar del frío. A él no le molestaba, prefería el frio sobre el calor, pero tampoco le gustaba caminar tanto hacía cuesta arriba, pero no se quejaba por lo importante que era para la chica.
La Guerra Imperial había acabado, pero los estragos que quedaron aun estaban presentes. No sabía lo que pasaba en el resto del Universo con la muerte de Apocolyps, pero si sabía lo que pasaba en los planetas que conocía: En Vestal siguen reconstruyendo lo destruido y honran a los que fallecieron, Gundalia y Neathia hacen lo propio, mientras que al mismo tiempo se están esforzando para que la relación social de los planetas vecinos tengan una mejor relación, pero la gente de ambos planetas no ayudaban mucho en eso. La guerra había marcado a ambos planetas y a su gente como nunca.
Los dos jóvenes siguieron avanzando en silencio hasta que ya no tenían que subir hasta arriba, y el resto del camino ahora era recto hacía adelante. Se detuvieron un momento para tomar aire, mas Camilo que Claire, no solo porque la chica tenía mejor fortaleza física que él, sino también porque él llevaba en su espalda un trineo de madera.
Camilo tomo unos respiros mas de aire y se puso derecho, observo la ropa que usaba Claire en este frío: tenía un chaleco abrigador rojo encima con capucha y guantes negros afelpados cubriendo sus manos, también vestía un pantalón verde hasta los tobillos y zapatillas rojas con blanco, y por último, tenía unas orejeras para el frío de color rosa cuyo arco pasaba arriba de su cabeza.
El peleador Haos se observo un momento; usaba un chaleco del mismo tipo que Claire, solo que este no tenía capucha y era blanco, el cierre y los bordes de la manga eran amarrillos, jeans azules y las botas negras que usaba con regularidad desde que cambio su look, ya que eran para todo tipo de terrenos. Tenía una cuerda pasando encima de su chaleca por delante desde su hombro derecho hasta un poco arriba del lado de su cadera izquierda, esa cuerda estaba atada al trineo, lo que mantenía firme en su espalda.
-Te dije que no trajeras ese pedazo de madera, solo te cansas mas- reprendió Claire con ambas manos en su cintura.
-Esto ayudara a que la bajada sea mas rápida y divertida, luego me lo agradecerás- respondió Camilo tercamente.
-¿Podemos apurarnos? Hace mucho frío y me gustaría volver a casa, donde hay calefacción- exclamo Leonidas desde el bolsillo derecho del chaleco de invierno de Camilo. Asomo su cabeza para poder decir esas palabras que eran un "apúrense para que pueda acostarme calentito" muy claro.
-No seas impertinente, Leonidas. Esto es muy importante para la señorita Claire. Si tienes un problema, vuelve al avión- respondió Lionel desde el hombro derecho de la pelinegra. Al ser un Bakugan Pyrus, puede elevar la temperatura de su cuerpo aun en modo esfera para mantenerse caliente.
-Lo se- se devolvió al interior del bolsillo gruñendo, cerrando el bolsillo con el cierre que este tenía para que no entrara el frío.
-Tsundere- susurro Camilo divertido. A pesar de sus quejas, Leonidas también había venido para hacer compañía a la chica que lo encontró y llegó a apreciar como una amiga.
Reanudaron el paso, siguiendo por el recto camino cubierto de nieve. Alemania era un país que tenía climas fríos, pero en estas fechas el clima se hacía aun mas frío, hasta el punto que mientras volaban hacía acá, pasaron por una corta llovizna.
Al acercarse mas al destino, mas se pudo ver, y cada paso mas hacía adelante le hacían sentir un vértigo a Claire. Una parte de su cabeza decía que diera media vuelta y se fuera y no mirara atrás. Pero ella hacía callar esa parte de su cabeza para seguir adelante. Esto era algo que tenía que hacer.
Finalmente llegaron al objetivo de este viaje; lo que alguna vez fue un gran edificio, ahora solo eran restos quemados que eran cubiertos levemente por la nieve. Delante de los restos, habían muchas piedras formadas en líneas de cuatro y tenían nombres escritos en Alemán tallado en ellas, siendo tumbas de las personas que murieron en el fuego.
Estos restos quemados fueron con anterioridad un orfanato, el orfanato en el que creció Claire, ella les explico cuando le pidió a Marucho su ayuda: Ella vivió hasta los doce años en este lugar junto con otros niños, hasta que un día, Youma y Dukhan se la llevaron, haciendo arder a todas las personas del orfanato junto con el edificio. Ella había recordado el momento que ellos murieron cuando Youma casi asesina a Camilo, pero fue hasta hace unos días que recordó la ubicación exacta del orfanato.
Se arrodillo delante de las tumbas, extendiendo una mano, delineando las letras de una de las lapidas. Sonrió un poco. A pesar de no recordar cuando, sabía leer el idioma de aquí, así que sabía que nombres estaban escritos, y todos les hacía familiares. Le hubiera gustado traer flores hasta acá, pero el frío que hacía las habría marchitado antes de tiempo.
Era su culpa.
Ellos murieron porque se involucraron con ella.
Murieron por el poder que poseía, pero que no había pedido.
Camilo la miro preocupado cuando el cuerpo de ella empezó a temblar, no por el frío, sino por su propio dolor. Escucho leves gimoteos de ella y rápidamente se arrodillo a un lado y puso una mano en su hombro.
-¿Estas bien?- Sabía que era una pregunta estúpida, pero necesitaba hacerla. Vio como la mirada de Claire estaba ensombrecida y los mechones tapaban sus ojos.
-Es mi culpa- susurro con voz quebrada. -Si no fuera por mi... todos ellos...- apretó sus puños de la frustración y se contenía de no derramar lagrimas.
-No es tu culpa- le susurro en un intento de calmarla, cosa que no funciono. -Tu no elegiste todo lo que paso, solo fuiste otra victima mas-.
-Pero si yo no hubiera estado aquí, si yo no fuera una Celestial, ellos seguirían vivos- rechino los dientes y levanto una de sus manos. -¿Por que? ¿Por que tengo estos poderes? ¿Qué significa? ¿Por que mis padres me dejarían sola aquí?-.
Ella no recordaba a sus padres, si es que los conoció, el recuerdo mas antiguo que tenía era de ella de tal vez uno años jugando aquí, así que no tenía idea de como se verían para empezar, solo dudas. ¿Por que la dejaron aquí? ¿Estaban vivos o muertos? Ella no sabía nada.
Al escuchar esa última pregunta, Camilo se mordió el labio inferior, conteniendo decir algo. En este momento realmente quería decirle a Claire la verdad de sus progenitores, pero como dijo el Sabio Alfredo, podría resultar peor que mejor, ya que Youma le había dejado marcada varias heridas en el corazón de Claire, así como en otros de sus amigos, y de esa mujer Partita no sabía nada.
-Debo confiar en el Sabio Alfredo, en algún momento se lo diré, es lo mejor- se repitió esas palabras en su cabeza como ya había hecho con anterioridad. Solo debía tener paciencia.
-Camilo- la voz de Claire lo saco de sus pensamientos, había notado que ya no temblaba, pero aun tenía esa mirada ensombrecida. -¿Me puedes responder algo?-.
-Si se la respuesta, lo hare- respondió el chico, ayudando a la pelinegra a levantarse y a el mismo. La chica, como si perdiera el equilibrio, apoyo su espalda en el pecho de él, recargando su cuerpo.
-¿Qué es el poder? ¿Por que las personas quieren poder? No logro entenderlo-.
-Señorita...- susurro Lionel.
Camilo pensó con cuidado la respuesta, no era algo fácil de responder, ni siquiera sabía si existía una respuesta para esa pregunta, y si la hay, él no la conoce, así que solo respondió lo que creía.
-No lo se...- admitió. -No se porque la gente quiere poder... tal vez para sentirse especiales o para querer algo pero... !Ah! La verdad, no se como responder tu pregunta, lo lamento, Claire- se disculpo al no saber responder bien.
La chica río un poco y se separo del pecho de su amigo. -Gracias por venir hasta aquí por mi, Camilo- agradeció.
-Agradéceselo a Marucho, él nos presto el avión para venir, de lo contrario no hubiéramos podido llegar hasta después de muchas semanas- comento risueño el pelinegro.
Era cierto, realmente era una suerte tener a un amigo rico que no tiene problemas en prestar sus cosas como si fueran juguetes.
-Aun así, para mi significa mucho que hayas venido hasta aquí conmigo- puso una mano en la mejilla de él y se acerco, besando su otra mejilla, sintiéndola fría por el clima, pero no le importo.
Camilo se sonrojo por ese beso, su mirada azul se cruzo con la mirada roja de Claire, recordando por unos instantes que el rojo de esos ojos había cambiado a uno tan azul como el cielo cuando peleo contra Youma aquella vez.
-Me pregunte porque tardaban tanto, y resulta que te estas aprovechando de mi amo- ambos se sobresaltaron y retrocedieron al escuchar la voz de Ginebra. La chica estaba mirando a los dos con miradas acusadoras, mas a Claire que a Camilo.
-¡No... No estaba siendo aprovechadora!- Exclamo Claire sonrojada.
-Una sucia mentira. No sabía que te gustaba engatusar a mi amo de esa manera, Claire- señalo Ginebra. Estaba usando su abrigo negro y gorro ya que estaban hechos para el frío. -Ya vámonos de vuelta a la ciudad, no es conveniente que estemos afuera tanto tiempo-.
-La chica tiene razón, vámonos- apresuro Leonidas, que había estado callado todo el tiempo para darles espacio a los dos jóvenes.
-De acuerdo, hora de usar esto- dijo Camilo, tomando el trineo entre sus manos.
Se empezaron alejar de los restos, pero Claire se detuvo un momento y miro las lapidas una última vez antes de seguir.
Ella no olvidaría lo que paso de nuevo. Cargaría con ese peso y seguiría adelante.
Llegaron hasta el final del camino recto donde antes subieron para llegar, pero ahora tenían que bajar para llegar hasta el avión donde los esperaba Kato. Camilo puso el trineo en el suelo y se sentó, Claire se sentó detrás de él, y se tiraron cuesta abajo.
Al descender con el trineo, ambos exclamaron de emoción, pero cuando llegaron a camino recto y siguieron avanzando, intentaron detenerse cuando iban hacía un árbol. Al chocar con el tronco, las hojas del árbol se sacudieron, haciendo caer toda la nieve que tenían arriba encima de los dos pelinegros, enterrándolos en ella.
Ginebra suspiro, su amo a veces actuaba como un niño.
(Al día siguiente)
-¿Un regalo?- Pregunto Claire.
Julie, a su lado, asintió. -Si. Se acerca Navidad, y es costumbre que le demos regalos a las personas que queremos. Yo ya tengo un regalo para mi familia, así como uno para Dan, Shun, Runo y Alice. Con Marucho se me dificulta ya que no se que regalarle a alguien que lo tiene todo, y no se que podria gustarle a Camilo, Ginebra y Snow, y no soy muy cercana a Marduk, así que con él no tengo idea, aunque no parece del tipo que le gusten estas cosas- expreso la chica.
-Si que lo tienes todo bien planeado...- comento sorprendida Claire.
-Por supuesto, todos son mis amigos después de todo- respondió Julie con una sonrisa. -¿Y que hay de ti?-.
-¿Yo?-.
-¿Ya sabes que vas a regalarle a Camilo? No tienes que darle a todos un regalo, yo lo haré porque así soy y no se me dificulta, pero creo que deberías hacerlo como agradecimiento por todo lo que ha hecho por ti-.
Es cierto, ahora que Claire lo piensa, Camilo ha hecho tantas cosas por ella; apoyarla, animarla, darle fuerzas, ayudarle con sus recuerdos, que un gracias no sería suficiente. No es que no lo haya pensado antes, es que no sabía como agradecerle correctamente, pero con la sugerencia de Julie de darle un regalo sería una oportunidad perfecta para agradecerle todo.
Pero había un problema.
-¿Qué le regalo?- Se pregunto la joven.
-Bueno... no se, algo que pueda ser simbólico o le guste mucho a él, eso tendrás que decidirlo tu amiga- dijo Julie.
-No lo se, ¿me puedes ayudar a elegir? No soy muy buena en eso-.
Julie sonrió alegre, y puso una mano encima del hombro derecho de Claire. -Amiga, en cuanto se refiere a compras, elegiste a la mejor. ¡Vamos!- Tomo del brazo a Claire y fueron corriendo al centro comercial mas cercano.
(Con Camilo)
-¿¡Van a venir hasta acá?!- Exclamo el pelinegro fuertemente, tenía su celular pegado a la oreja hablando con sus padres.
-"Si. Mañana salimos al mediodía y llegaremos como a las 3 de la tarde. ¿Te parece si nos reunimos en ese parque al que te gusta ir siempre?"-.
Camilo levanto la mirada, estaba en la sala de su departamento, vio que Ginebra lo miraba fijamente con interrogación por el grito que dio hace poco, esperando pacientemente que terminara de hablar.
-Claro... pero te aviso que llevare a unas personas...-.
-"¿Quienes?"-.
-Uno que otro amigo, no te preocupes, Mama- el pelinegro vio como los ojos de la Dolliana se abrían al escuchar que la persona con la que hablaba era su madre.
-"De acuerdo, nos vemos"- y colgó.
Camilo guardo su celular en el bolsillo trasero suspirando, había pensado que esta Navidad tendría que ir el a la casa de sus padres que esta en otra ciudad como paso el año pasado, no se espero que ellos vinieran. No le preocuparía, de no ser por el hecho que ahora vive con una chica que lo llama amo y que fácilmente se puede malinterpretar.
-¿Pasa algo, Camilo-sama?- Pregunto Ginebra al ver la mueca de su amo.
-Si... mis padres vendrán, y eso me preocupa un poco-.
-Los padres de Camilo-sama...- susurro Ginebra. Desde que llego a la Tierra, su amo no le habla mucho acerca de sus progenitores, ni ella ha preguntado tampoco, pero estaba segura que deben ser de respetar para haber criado a un joven tan valiente y decidido como Camilo, y al ser los padres de su amo actual, debía tratarlos con mucho respeto.
Su amo siguió hablando, pero ella ya no lo escuchaba, eso sería una ofensa total, pero ahora estaba pensando en un regalo que sea digno para ellos, había escuchado que los vinos de este mundo son buenos, ¿cuanto costaría el mejor de la ciudad? Miro la habitación. Estaba limpia, pero podía quedar mejor.
-¡Ginebra!- Camilo alzo la voz, ya que estuvo llamando a la chica varias veces y esta no contesto.
La chica volvió a la realidad, y agacho la cabeza en disculpa. -Lo lamento, Camilo-sama, estaba demasiado concentrada pensando en un regalo digno para sus padres que no lo escuche, lamento mi falta-.
-No es necesario un regalo, aunque si te quiero pedir algo- dijo el muchacho.
-¿Qué cosa?-.
-No me llames Amo ni uses el "sama" en mi nombre, mis padres podrían malinterpretarlo y eso causaría problemas que prefiero evitar-.
-No puedo hacerlo. Usted es mi amo por derecho y yo su sirvienta, además de tener mi respeto, no llamarlo como se debe es una mancha en mi honor como Dolliana- negó Ginebra la petición.
Camilo suspiro, pero rápidamente se le ocurrió una forma de convencerla.
-Como tu amo, te ordeno que, mientras mis padres estén aquí, no me llamaras Amo ni usaras el "sama", solo usaras mi nombre. Después de eso, puedes llamarme como quieras- no le gustaba usar ese tono o parecer autoritario frente a ella, pero no quería problemas con sus padres, así que no tenía de otra.
Ginebra frunció el ceño levemente, pero asintió resignada.
Al menos conseguiría un buen regalo para los señores padres.
(Al día y hora acordado)
Camilo y Leonidas ya estaban en el parque, el pelinegro esperaba sentado en una banca a que sus padres llegaran, mientras su compañero Bakugan le decía que dejara de estar tan intranquilo.
A sus dos lados estaban Ginebra y Claire, cuando la segunda llegó a la casa le contaron sobre sus planes, y ella quiso ir. A pesar de las palabras de Camilo, al final se rindió y la dejo venir.
Vio de reojo a Ginebra, que en sus manos cargaba una botella de vino que parecía costosa, no sabía como lo había conseguido, pero sentía que Marucho tenía algo que ver, no conocía a nadie mas que pudiera tener un vino tan costoso.
-Llegaron- dijo Leonidas, sacándolo de sus pensamientos, alzo un poco la mirada y vio una camioneta negra estacionarse cerca. -No puedo creer que sigan teniendo el mismo vehículo durante cuatro años- menciono.
-Si funciona, ¿para que cambiarlo?- Dijo el muchacho, levantándose y dirigiéndose hacía el vehículo.
Las dos féminas lo siguieron, Claire observo de reojo a Ginebra que seguía con su expresión de calma fría, no parecía ni un poco nerviosa, a diferencia de ella, que por alguna razón, cada vez que daba un paso, sentía como si tuviera vértigo. No entendía el sentimiento.
Del vehículo bajaron dos personas adultas ya en los cuarenta. Uno era una mujer rubia de cabello cortos y lentes sin marco, usaba una polera blanca y las mangas le llegaban hasta arriba de los codos. El otro era un hombre que era una versión mayor de Camilo, cabello negro, ojos azules, cabello algo desordenado, y se le notaban algunas canas en el cabello, barba algo desprolija y como ropa usaba una camisa azul a cuadros de manga corta y unos pantalones verdes.
Camilo se acerco a ambos y los abrazos, las dos pelinegras se mantuvieron lejos para no interrumpir el encuentro, ya que Camilo no se había visto con sus padres en meses, si, lo habían visto hablar por teléfono o esas llamadas "videollamadas", pero no era lo mismo tener la imagen de un ser querido en una pantalla que tenerlo delante tuyo.
Claire por un momento se sintió algo celosa de Camilo; el tenía a sus padres desde siempre y sabía que eran maravillosos, ya que criaron a su hijo de una forma tal que este no dudo en ir a otro planeta para ayudarla y ayudar a un montón de desconocidos.
Se pregunto como sería eso, el amor de unos padres: como sería tener una madre que la cuide y le enseñe cosas, o como sería tener un padre que la proteja.
Lamentablemente, ella nunca sabría eso. Y todo por culpa de sus poderes. Su mirada se ensombreció un momento y sus mechones taparon sus ojos.
Por un momento, odio sus poderes. Odio todo lo que estos han hecho y lo que le han quitado. Todo ese odio fue dirigido al principal causante de todo lo que le ha pasado: Youma.
-Oye- escucho a Ginebra llamarle. Levanto la mirada y la vio, la expresión de la mayor seguía igual. -No se porque sientes ese odio de repente, pero contrólate, no quiero que arruines este momento para Camilo-sama, o yo misma hare que te controles- le advirtió en un tono amenazante, pero que indicaba que se tranquilizaba.
La Dolliana había sentido casi de inmediato el cambio de atmosfera alrededor de Claire, tal vez la chica no se dio cuenta, pero empezó a apretar sus puños y emanaba parte de su poder que hizo que las puntas de su cabello se ondeara hacía arriba, así que decidió intervenir antes que hiciera una imprudencia.
La pelinegra mayor vio a donde estaban Camilo y sus padres. Toda la escena solo duro unos segundos en los que su amo no se había dado cuenta de nada. También pudo notar que los ojos de Claire estaban fijos en ellos.
-Ah, conque es eso- pensó, ya entendiendo lo que le pasaba.
Como un ser creado como una copia de los humanos originales de su mundo, algo como los padres nunca tuvo, y tampoco necesito tener, su única función era cumplir las ordenes que su amo le daba. Pero tal vez porque su amo actual no era autoritario y la trataba como una persona y no un objeto, sumado a su experiencia al ser secuestrada y torturada por Apocolyps, ella había ganado una conciencia independiente. Aun tenía ese sentimiento y pensamiento de servir a su amo, pero ahora tenía mas que esa función.
Entendía que a diferencia de ella, Claire si nació de un padre y madre, pero ella fue dejada en un orfanato por solo el Universo sabe porque, para luego ser secuestrada por su peculiar, pero poderosa descendencia.
Ginebra entendía las emociones, pero no podía simpatizar mucho con ellas, por eso siempre era tan fría, así que sabía que aquejaba el corazón de la Claire, pero no era su obligación ayudarle, era algo que ella tenía que hacer, pero tampoco dejaría que se dejara llevar por ese odio, a su amo no le gustaría.
Ambas mujeres vieron a Camilo acercarse a ellas con sus padres detrás de él hasta estar al frente. -Ellas son dos amigas que he hecho recientemente: se llaman Ginebra y Claire- presento a las chicas.
-Un gusto, pueden llamarme Patricio- saludo el padre de Camilo, estirando la mano.
Ginebra y Claire aceptaron el apretón en turno.
-Un gusto conocerlos, honorables padres, como dijo Camilo, mi nombre es Ginebra, y acepten este vino como ofrenda- dijo Ginebra.
Camilo se río nervioso por las palabras que uso Ginebra, pero pareció no incomodar a sus padres, que aceptaron encantados ese regalo, sobre todo su madre que le gustaba el vino y reconoció que ese era uno de calidad.
Se subieron en la camioneta de los padres, los adultos se sentaron adelante, con la mujer conduciendo, y los jóvenes en el asiento trasero, que este era lo suficientemente espacioso para que los tres cupieran; Camilo estaba en el medio con Ginebra a su derecha y Claire a su izquierda.
Mientras conducían hacía el departamento, Camilo recordó algo que se olvido comentar a ambas chicas.
-Oigan, cuando lleguemos, no quiero que le digan nada a mis padres sobre los otros planetas o que no son de la Tierra, no quiero asustarlos- dijo Camilo a ambas féminas susurrando.
-¿Por que?- Pregunto Claire confundida.
-A diferencia de los peleadores, no todos los humanos reaccionarían igual al saber sobre otras especies extraterrestres, algunos aun consideran a los Bakugan como juguetes- respondió Camilo.
-Pero no tuvieron problemas cuando me conocieron- señalo Leonidas.
-Tu eras demasiado cerrado cuando te conocieron, así que no notaste que se sentían incomodos con tu presencia, pero se fueron acostumbrando- respondió el chico. -Pero si de repente se enteran que participe en una guerra entre mundos, y que ustedes dos son de otro planeta...-.
-Podría asustarlos y eso sería perjudicial de muchas maneras- concluyo Ginebra, entendiendo el punto. -Tiene mi palabra que no diré nada de nuestra procedencia-.
-¿Y si preguntan de donde venimos?- Inquirió Claire.
-Dicen que son conocidas de Marucho y que gracias a él nos conocemos y nos volvimos amigos- dijo Camilo, terminando la conversación.
Mientras ellos conversaban, los padres del joven miraban de vez en cuando por el espejo retrovisor, con una misma pregunta en la mente.
¿Cómo demonios su hijo conoció a dos jóvenes tan bellas?
(23 de Diciembre)
Ya solo faltaba un día para Noche Buena y otro mas para Navidad, Claire acostó su espalda en el colchón de la habitación que tenía en la mansión de Marucho, estaba cansada. Buscar un regalo era mas difícil de lo que creyó en un principio. Giro la cabeza hacía la cómoda que tenía y estaba a su derecha, arriba de ella habían dos bolsitas de regalo.
En un principio había querido comprar solo un regalo para Camilo, pero luego decidió comprar mas regalos para sus seres cercanos, aparte de esos dos, había comprado dos mas para Julie y Runo, ya que eran las que mas había conocido y hablado aparte del chico, y en el momento que los compro se los entrego a la Australiana para que tuviera el suyo y le pudiera dar a Runo el regalo que le compro.
Lo que le dio fueron dos pulseras de plata con una pequeña gema incrustada en el medio, había llegado a una buena oferta en con el vendedor de ambas pulseras, así que no hubo problemas con el dinero.
El otro regalo que había comprado era para Ginebra. Aunque tenía varios choques con ella y no eran exactamente las mejores amigas, tampoco se podía decir que se llevaran mal, ambas habían pasado por el mismo infierno, por lo que había surgido una extraña camaradería, no solo en ella, sino en todos los involucrados del plan de las Cinco Estrellas.
Volvió a apoyar su cabeza con las almohadas, sus pensamientos sobre el regalo habían cambiado hasta Camilo y sus padres.
En estos días, ella había interactuado no mucho con ellos, pero eran personas agradables, incluso graciosas, y había aprendido algunas cosas de ellos, como que la madre de Camilo tenía descendencia de un país llamado Irlanda, lo que hacía que Camilo también tuviera la misma descendencia.
Aunque cada vez que hablaba con su madre, cuyo nombre era Ayame, se sentía analizada por alguna razón, tal vez eran cosas suyas.
De todos modos, mañana en la noche fue invitada a cenar con ellos, y por las costumbres de este planeta, podría darle el regalo cuando ya fuera media noche, que sería oficialmente 25, sonaba un plan perfecto.
Lionel se abrió y floto frente a ella. -Ha estado mas feliz, señorita Claire- menciono.
-¿T-Tu crees?- Pregunto Claire nerviosa, no se espero ese comentario.
-Si, parece una flor que después de tormenta y lluvia finalmente florece-.
-¿Desde cuando hablas así? Suena raro en ti-.
-Si... hablar de esa manera no es lo mío-.
Ambos se rieron.
(En la casa de Camilo)
-¿Qué?- Pregunto Camilo en voz alta, levantando la vista de su celular.
-¿Qué de que?- Dijo su padre.
-No te hagas el tonto, Papa, se que desde hace días me has estado queriendo preguntar algo, tu y Mama, y no has dejado de verme desde que ella salió a ver a unas amigas- señalo el hijo molesto por todo lo que dijo.
-¿No puedo ver a mi hijo que crece y se vuelve un hombre tan rápido?- Dijo Patricio, tratando de sonar inocente.
Camilo levanto una ceja.
-De acuerdo, si, tu Mama y yo, mas ella que yo, estamos preocupados un poco de que vivas solo ahora...-.
-Ya hablamos de eso, aprendí a cuidarme bien viviendo solo. Además, siempre tengo a los padres de Runo para que me echen una mano, y hasta ahora me ha ido bien, ¿no?-.
-Pero en ningún momento de la conversación pensamos que compartirías techo con una mujer, que es unos pocos años mayor que tu-.
Camilo rodó los ojos, aunque se esperaba eso. Después de que Claire se retirarse el día que llegaron sus padres, cuando estaban a punto de irse a la casa de uno de sus tíos y que él no vivía allá porque no le gustaba, su Mama se le ocurrió preguntarle a Ginebra si la dejaban a su casa, pero estos se sorprendieron de gran manera al enterarse que ella vivía con él, y por supuesto, reaccionaron de manera que él consideraba, exagerada.
Después de una charla que se alargo demasiado, y que para resumir, Camilo había mezclado verdad con mentira, inventándose de que Ginebra era una recién entrada a una Universidad que había tenido problemas en su residencia, además de que era conocida de Marucho y que se conocieron hace meses, y después de salvarla de casi ser asaltada, hicieron un trato de que ella viviría con él hasta encontrar un nuevo hogar a cambio de que le ayudara con el orden del departamento.
Por suerte basto para convencerlos, pero eso no quitaba que los mantenían vigilados cada vez que podían, como era ahora el caso.
-Ya te lo dije, solo será un tiempo, no te alteres, Papa- dijo Camilo, ya exasperado de ese tema.
-Claro que me altero, eres un joven y Ginebra es una muchacha muy hermosa, es normal- dijo Patricio, un poco divertido de la incomodidad de su hijo.
-¡Papa!-.
-Además esta esa otra chica, Claire. Si que es bonita, y también tiene buen cuerpo. ¿Con quien te estas juntando últimamente?-.
-¡Por dios, para!- Se puso de pie y se fue a su habitación.
Patricio solo río, le era divertido la situación, ya que su padre le había echo lo mismo cuando había visto a su esposa por primera vez hace ya mucho años.
Una esfera amarilla salió y rodó por la mesa hasta estar delante del hombre mas viejo, abriéndose, revelando a Leonidas.
-¿Por que hace eso? Es obvio que le incomoda- pregunto Leonidas.
-Es una manera de divertirme, además, ayuda a que Camilo tenga consciencia de lo que le digo- respondió Patricio. -Me alegro verte de nuevo, Leonidas. Por favor, cuida a mi hijo. Se que no lo dirá, pero se que se ha metido en cosas que no creo entender-.
-No se preocupe, señor. Aunque no le prometo que no se meta en problemas, si puedo prometer que saldrá de ellos- prometió el Bakugan.
-Con eso me basta-.
(24 de Diciembre, 16:30 PM)
Ya era Navidad, Marduk veía pasar apresurada a la poca gente que estaba en la calle de la ciudad, aquello le hacía molesto, estas fechas no eran de su agrado.
-¿Por que los humanos se emocionan tanto en esta fecha? Parecen estúpidos- menciono Vladitor.
-Por que lo son. Se supone que en este día fue el nacimiento del "hijo de Dios" y esas mierdas, aunque solo es una excusa de las compañías para vender mas y tener mas ganancias, es una estupidez- escupió Marduk con veneno.
Un sonido se escucho que venía de su pantalón, que era su celular; lo saco y al ver el nombre, hizo una mueca de desagrado y denegó la llamada, apagando el celular para que no volviera a llamar.
-Deberías hablar con él- dijo Vladitor.
-No te metas-.
-Admito que considero a la mayoría de humanos estúpidos, y antes creía que él era de los mas estúpidos, pero ahora creo que no es tan mal hombre-.
Él sabía quien era la persona que llamo a Marduk, ya que hablo con él una vez en el pasado, en ese momento lo considero un ser insignificante comparado con él, pero ahora que ya no tenía el ego en las nubes, admitía que era una persona de su respeto, aunque un poco nomas.
El chico solo bufo en desacuerdo, y siguió caminando, pero en el camino, se encontró con alguien.
-Oh, hola Marduk, feliz Navidad- saludo Camilo, que tenia una bolsa de pan en su mano.
-Hola- saludo distante.
-¿Vas a tu casa? Espero que la pases bien y disfrutes, amigo- le deseo lo mejor.
-¿Tu también? Tenía que esperármelo- rodó los ojos, o el ojo visible, exasperado.
El comentario llamó la atención del peleador Haos. -¿No te gusta la Navidad? ¿Y eso porque?-.
-Son mis asuntos, no te concierne. Pero considero que esta celebración es una estupidez- respondió un poco agresivo el peliblanco.
El pelinegro vio a Vladitor, pero este le rehuyó la mirada, no le delataría a su compañero de batallas. Entendiendo eso, Camilo volvió a preguntar.
-¿Te gustaría venir a pasar Noche Buena conmigo? Claire y Ginebra van a estar, así como mis padres, no creo que les moleste que vengas- ofreció, tomando por sorpresa al muchacho.
-Si vas a invitar a alguien a cenar, mejo que sea a una de esas dos chicas, invitar a un hombre así te causara malentendidos- bromeo sardónico, pero al ver la expresión de Camilo, vio que hablaba en serio. -Tu... aun sigo sin entenderte-.
-¿Y eso porque?-.
-Aun no entiendo como puedes considerarme amigo a una basura como yo, que fue el responsable de separarte de tu Bakugan- explico.
Camilo había aprendido que Marduk tenía cierto grado de desprecio a su persona, aun después de mas de 4 años de amistad no sabe el porque, y tampoco lo ha presionado, pero parece que esta relacionado a su padres. También destaca mucho sobre cuando fueron enemigos en el pasado y de su personalidad antipática.
-Ya te dije que nunca te culpe por lo que paso, ambos perdimos a nuestros Bakugan ese día, y ambos necesitábamos a un amigo después de eso, por eso nos comenzamos a llevar bien- se acerco hacía él. -Además, al final todo salió bien, ¿no? Nuestros compañeros volvieron con nosotros, y ahora podemos batallar cuando sea. No seas tan amargado, que los amigos siempre se apoyan- puso una mano en su hombro libre amistosamente.
-Amigos, ¿eh?- El peleador Darkus se río, hace un tiempo el tuvo un amigo, y ese mismo lo traiciono.
Pero ahora, que había alguien que confiaba en él, y que le llamara amigo así de fácil, le era difícil de creer, pero en realidad si pasaba.
-Lo pensare- fue su respuesta, quitando despacio la mano de Camilo y siguiendo adelante.
El chico solo suspiro, al menos esperaba que de verdad lo pensara su amigo.
(Mismo día, a la noche)
La cena estuvo estupenda.
Cuando Claire llegó, fue cuando comenzaron a comer, la madre de Camilo había hecho pollo para cenar con varios acompañamientos que todos disfrutaron por igual. A pesar del departamento algo pequeño, la cocina era lo suficientemente buena, y habían todos los ingredientes necesarios, gracias a Ginebra.
La mayor parte los que conversaban eran Camilo y sus padres, que habían tomado un poco del vino que les regalo Ginebra; no estaban borrachos, sabían controlarse, y además tenían que conducir, pero desde que tomaron vinos, empezaron a ser mas risueños, en especial la rubia.
Las dos féminas también eran parte de las conversaciones a veces, siempre respondiendo cada vez que le hablaban, Ginebra con su imperturbable calma y Claire con cierto nerviosismo que se vio perdiendo a medida que pasaba la velada.
Y mientras los humanos se divertían, los Bakugan conversaban entre ellos o jugaban con las decoraciones navideñas que la Ayame y Ginebra habían puesto cuando la mujer mas vieja había llegado.
Ayame alzo la mirada al reloj, viendo que eran las 11:30 de la noche. Sonriendo, era su momento.
-Mi amor, ¿por que no van tu y Camilo a por los regalos que le trajimos? Quedaron abajo en la camioneta, ya que se me olvido subirlos- le pidió a su esposo con tono melodioso.
-¿Cómo olvidaste traer los regalos si ibas con ellos?- Pregunto Camilo, no le gustaba la idea de tener que bajar hasta el estacionamiento para ir a buscar los regalos y luego subir.
-Yo traje el pollo, ¿que mas quieres? Son tuyos y tu padre tiene las llaves, así que vayan- dijo la mujer con tono autoritario.
El pelinegro suspiro y se levanto de la mesa, pero el mayor aun no, vio a los ojos a su esposa y comprendió lo que iba a ser, por lo que asintió y también se levanto.
Cuando salieron y se escucho el "click" de la puerta cerrarse, el ambiente entre las tres mujeres se volvió tenso de repente. Claire miro a ambos lados nerviosa, no entendiendo la razón de porque el que estaban solas era tenso, incluso Ginebra, que era siempre calmada, se le notaba cierto nerviosismo.
-Así que... ¿conocen a Camilo desde hace cuanto?- Pregunto Ayame con una sonrisa "tierna".
-Pues... lo conocemos desde hace algunos meses, nos conocimos gracias a Marucho y...- Claire fue interrumpida por la misma Ayame.
-Ya no tienes que fingir, querida. Se que esa no es la verdad, no subestimes mi intuición de mujer-.
Eso tenso a ambas féminas, que se miraron por un segundo nerviosas.
-¿Puedo decir algo?- Intervino Lionel, intentando defender a su compañera.
-No, y les pido a ustedes que salgan, por favor- dijo Ayame, ampliando mas su sonrisa.
Esa sonrisa solo sirvió para asustar a Lionel, pero intento hablar de nuevo, pero Leonidas le puso una mano en una de sus extremidades, deteniéndolo.
-Vámonos, si aprendí algo, es que esa sonrisa es peligrosa- advirtió el Bakugan Haos, recordando una ocasión en que le llevo la contraría de manera agresiva a la mujer.
Nunca mas le volvió a alzar la voz después de eso.
Y así fue que los tres Bakugan se dieron a la fuga a la habitación de Camilo, dejando a las dos chicas enfrentar esto solas.
Con ellos fuera, Ayame volvió su atención a las dos jóvenes delante suyo y preguntándose como su hijo conoció a dos semejantes bellezas.
La primera chica, Claire, era una mujer de buen cuerpo para su edad, con un busto que muchas matarían y unas buenas curvas, además de tener facciones finas, pero que no eran delicadas, y esos ojos rojos harían que cualquier joven con las hormonas alborotadas se perdiera al verlos.
La otra chica, Ginebra, aunque su busto era modesto a comparación de la otra chica, su piel blanca y esa expresión calmada la hacían parecer como una muñeca de porcelana, además de tener ese aire maduro que cualquiera consideraría atractivo. Sumado a que, en lo que observo, era una gran ama de casa para ser tan joven ya sabía cocinar, hacer limpieza con una habilidad que a muchas mujeres le costaría. Fue ella quien hizo la ensalada y tuvo que admitir que fue de las mejores ensaladas que había probado.
Su hijo no era alguien que se interesaba mucho por el genero femenino, el mismo dijo mas de una vez no estar interesado, y aunque ella sabía que eso fácilmente podía cambiar, no espero a estas dos bellezas que apenas estaban floreciendo. El que estuviera bastante conectado con ellas también era de resaltar.
-¿Y bien? Pueden hablar con confianza- incentivo para que le hablaran.
Ambas se miraron con duda, no podían decir que no eran de este planeta, la mujer no les creería, y si lo hacía, entonces la asustaría y quien sabe lo que pasaría. Tampoco querían ocasionarle problemas a Camilo con su madre.
De las dos, fue Ginebra quien hablo, ya con algo en mente.
-Ambas teníamos un problema con un mismo hombre- al ver que tenía la atención completa de la mas mayor, siguió. -Es algo personal, y no prefiero recordar, pero ese hombre nos secuestro y causo muchas cosas que nunca olvidaremos, pero gracias a Camilo y sus amigos, ese hombre pago por lo que nos hizo, y a muchos otros. Luego de eso, ninguna tenía a donde ir, ni nadie con quien volver, así que nos quedamos en la ciudad, para empezar de nuevo, ya que se puede ver de esa forma, con los peleadores-.
-¿Qué tipo de problemas tenían?- Pregunto Ayame.
-Ese hombre nos trataba como escoria y nos hizo daño, tanto físico, pero sobre todo psicológico. De hecho, por eso, Claire perdió sus recuerdos y no sabía ni quien era cuando conoció a Camilo-.
-¿Tienes amnesia?- Pregunto sorprendida a la otra pelinegra.
Ella asintió. -Si, de hecho, descubrí que era huérfana y hace poco fui a visitar el orfanato en el que me quedaba antes que me secuestraran, que ahora esta destruido. He comenzado a recuperar mis recuerdos, pero la mayoría siguen en blanco- explico.
-Entiendo que desconfíe de nosotras, ya que somos extrañas para usted y le mentimos, pero Camilo hizo que dijéramos estas mentiras porque sabe que nos desagrada recordar esos momentos, y no quiere conflicto con ustedes, ni nosotras causarle problemas- dijo Ginebra.
Por eso había combinado verdad con mentira, le había dicho la verdad, omitiendo todo lo que no sonara terrestre. Los humanos lo llamaban: Medias verdades.
La mirada de Ayame se suavizo, por sus expresiones al hablar, estas chicas habían sufrido mucho para que su hijo las hiciera mentir. Ella estaba preocupada por Camilo, pero parece que no era necesario, ya que podía notar que ellas no mentían, claro, había cosas que no le decían, pero al menos le dijeron lo importante.
-Ahora entiendo, perdón por desconfiar, pero como Madre, me sorprendió tanto ver a mi hijo con dos chicas que no pude evitar sospechar, sobre todo con dos hermosuras como ustedes. Ya pensaba que al vivir solo se había hecho irresponsable y vuelto un vándalo, fue mi culpa- explico Ayame, decepcionada de si misma.
Ambas pelinegras solo sonrieron un poco nerviosas. Al parecer ya no tendrían que dar mas explicaciones.
-Pero, ¿quien diría que mi hijo se volvería tan popular en pocos meses? Todas se llevan bien con mi hijo, ¿no? Me alegro, por favor cuídenlo, que necesita mucha atención-.
-Ah... no se preocupe...- dijo Claire, no sabiendo como sentirse con esas palabras.
-Es mi deber cuidarlo, así que no tiene de que preocuparse, señora madre- dijo Ginebra, sirviéndose un poco de vino en una copa y tomando de el.
La sonrisa de Ayame se volvió una mas enérgica y alegre. -Y ya que estamos en eso, debo preguntar, ¿les gusta Camilo?-.
Ambas pelinegras saltaron de sus asientos, Ginebra se atraganto con el vino y tuvo que toser varias veces para recuperar el aire, mientras Claire se sonrojaba fuertemente.
-Por mi no hay problema si alguna quiere salir con él. No me molestaría que en un futuro una de ustedes se vuelva mi hija, así que quiero conocerlas bien-.
-¡¿Pe-Pe-Pero que esta diciendo?! ¡¿Hi-Hija, salir con Camilo?! ¡N-No, yo no...!- Claire estaba hecha un majo de nervios.
-E-Eso es muy apresurado, señora madre, to-todavía falta mucho. ¡No digo que no pase! Pe-Pero...- Ginebra también estaba nerviosa, un pequeño tinte rojizo estaba en sus mejillas.
-Tener a dos bellezas así... que pecador te volviste, Camilo- pensó divertida Ayame.
-¡Llegamos! Perdón por el retraso, pero Papa se demoro mucho en encontrar las llaves, y se quedo conversando con el conserje- aviso Camilo entrando por la puerta con dos bolsas pequeña de regalos.
La razón del retraso, era que Patricio se retraso a propósito para que su esposa pudiera "hablar" con las amigas de su hijo a solas.
Al ver a la mesa, vio que Claire y Ginebra evitaban mirarlo, y ambas sonrojadas.
-¿Qué paso?- Miro acusadoramente a su madre.
-Solo charlamos. Son buenas muchachas, Camilo. Eres digno hijo de tu padre- respondió su madre.
-¿Eso que quiere decir?- Reclamo Patricio con una ceja levantada.
-Querido... antes de conocernos, tu eras un mujeriego de primera, y no puedes mentir- dijo Ayame tiernamente, poniendo nervioso al hombre mayor. -Se necesita de una correa firme para controlarte, y creo que ellas dos la tienen, así que tienen mi aprobación-.
-¿Eso porque no me alivia?- Se pregunto Camilo.
Siguieron hablando y disfrutando, sin notar de la presencia que estaba de pie frente a la puerta del departamento, y que podía escuchar el ambiente adentro.
Marduk suspiro. No sabía que lo trajo aquí, pero antes que se diera cuenta, ya estaba dentro del ascensor.
-¿Tienes miedo? ¿En serio?- Pregunto Vladitor, Marduk no necesito verlo para saber que si pudiera, tendría una ceja levantada y una sonrisa burlona.
-Cállate, mejor quédate como esfera y no molestes- gruño Marduk, dando un pase adelante y golpeando la puerta dos veces.
La puerta se abrió, siendo recibido por Camilo, que al verlo, se sorprendió y alegro. -¡Si viniste! Ya lo sabía-.
-Cállate, estaba aburrido y no quería quedarme en casa toda la noche, eso es todo- gruño el peleador Darkus.
-Entra, aun nos queda comida, espero que te guste el pollo- lo invito pasar, acción que él acepto.
-¡Oye, mama! Este es el amigo del que te hablaba, se llama Marduk- Camilo cerró la puerta, volviendo a esa cálida interacción con sus padres y sus tres amigos.
Pasar con tus seres queridos, disfrutar de su presencia en una noche que especial, ese era el verdadero significado de la Navidad.
FIN
N/A: Espero que les haya gustado, lamento la tardanza, pero he tenido complicaciones con el internet ahora que me mude y a la hora de escribir.
Espero que todos hayan pasado una buena Navidad y les deseo un gran Año Nuevo, y realmente deseo que el 2021 sea mejor que el 2020.
Aprovecho para decirles dos cosas: uno, esta ova es canon, así que en la siguiente historia se hará algunas referencias de lo que paso aquí. Y dos, las preguntas que dejaron las responderé en Enero, ya que el resto de los días que quedan estaré algo ocupado, así que no tendré mucho tiempo para responderlas todas.
Sin nada mas que decir me despido. Visiten y comenten el resto de mis historias por favor. CHAO.
Omake: El regalo.
Ya era medianoche, y Marduk conversaba con la madre de Camilo, mientras que Vladitor conversaba con los Bakugan, y parecían conversar mas con AmirGoul.
El pelinegro sonrió, y vio los regalos de sus padres: eran ropas nuevas y un poco de dinero... no se quejaba.
-Camilo- la voz de Claire llamo su atención y la vio. La chica parecía tener algo en su espalda. -Ten. Feliz Navidad- le extendió el regalo que oculto y se lo entrego.
-Gracias- lo acepto gustoso, por su forma, parecía una caja cuadrada, y estaba envuelto en papel de regalo rojo.
Rasgo el papel hasta quedar con la caja sin papel, abrió la tapa, y se sorprendió por lo que vio: era un collar de plata que tenía en el centro el dibujo de un Pegaso.
-¿Donde lo conseguiste?- Pregunto sorprendido, tomando la cuerda del collar entre sus dedos y levantándolo.
-Julie me ayudo. Al verlo, recordé que mientras me explicabas de la historia de la Tierra y su cultura, mencionaste que tu bestia mitológica favorita era el Pegaso. Al ver el collar, supe que tenía que dártelo- explico Claire con una sonrisa complacida al ver que Camilo si le gusto su regalo.
-Me sorprende que recordaras eso- dijo Camilo, ya que ese detalle del Pegaso se lo había contado en los primeros días que llegó a la Tierra después de la Guerra Imperial.
Se coloco el collar alrededor de su cuello, y Claire vio complacida como este le quedaba perfecto, incluso parecía brillar mas.
-Gracias, Claire. Lo atesorare por siempre- agradeció Camilo. Paso de lado a la chica y saco de un cajón un regalo. -Toma, esto es para ti. Feliz Navidad-.
Sorprendida por recibir un regalo, lo tomo y desenvolvió con cuidado. Al abrirlo, vio que era un brazalete de plata con una gema roja en el medio y tenía unos decorativos alrededor, haciendo que destacara mas.
-Es hermoso- admitió, maravillada del regalo.
-Gracias, ese era un accesorio de la madre de Marucho que me regalo por ayudarla con un problema de su computador- explico. -Es increíble cuanto derrocha los ricos el dinero, pero me ayudo, así que no me quejo- pensó.
-Camilo, Claire, vengan. Parece que el señor padre quiere tomarnos una foto- aviso Ginebra, que tenía en su cuello atado un collar que le dio Claire, pero este tenía el diseño de un ave.
Ambos asintieron, aunque Claire se detuvo un momento y se puso el brazalete. Sonrió encantada al ver como le queda, y fue feliz con el resto.
Sin que nadie lo notara, en la terraza del departamento, unos brillos azules aparecieron arriba de un masetero sin planta, y de la tierra emergieron dos flores: una naranja y una rosa de tono muy colorado. Ambas al crecer, se cruzaron y enredaron entre si, uniéndose.
Significado de las flores:
Naranja: Representa la alegría, la satisfacción por el éxito conseguido. Felicidad, agradecimiento, y buen estado de animo.
Rosa: Se alaba la simpatía y franqueza. Manifiesta actitud positiva, apreció, cordialidad y belleza. La variedad de estos sentimientos varia en función de mayor o menor coloración de la rosa. Mientras mas intenso sea el color, mas intenso serán los sentimientos expresados.
