Nada de Katekyo Himan Reborn me pertenece, solo la historia y uno que otro agregado que aparecerán más adelante en la historia.
Family of the Past
Capítulo 69
-… que le encantara amo. – La dulce chica desconocida le sonrió todo el tiempo, con gran alegría, como si nada pasara.
Era una hermosa chica, el pelo largo y negro, lacio. Vestida de sirvienta, llevando consigo una bandeja con torta y refresco y una buena disposición. Joven, alegre, con poco maquillaje, y siguiendo perfectamente su papel. Tenía buenas curvas, linda retaguardia y pechos más o menos. Podía sentir las miradas de envidia perforándole la cabeza desde donde estaba. No podía culpar a nadie por más que lo quisiera, esta chica había venido directo hacia donde estaba. Bueno, no solo él…
- Ma ma, esta delicioso, ¿puedo tomar otra? – Luego del pequeño susto, el idiota beisbolista se había encariñado con la chica.
Decía esto porque Yamamoto la había invitado educadamente a su mesa, y estaba animadamente hablando con ella como si se conocieran de toda la vida. El problema era que la dama no había ido solo con el beisbolista y tenía una buena idea del porqué.
- Tsk. – Tomo un trozo para él, sin ser sorprendido de que el otro idiota se alegrara ante el asentimiento de la chica y tomara más. – Gracias. – Lo dijo en voz baja, sin querer ser oído por nadie.
El pastel era una delicia, así que se robó otro trozo de la bandeja que ahora no tenía nada y vio de reojo como el beisbolista jalaba a la chica para que no se fuera y se quedara con ellos. Las miradas de envidia aumentaron por un momento, porque una mirada de muerte y un paquete de dinamita arreglaban todo. Lástima que no podía volar a nadie de verdad, una verdadera lástima…
- ¿Tienes hambre? – La pregunta sonaba un tanto tonta ante el estómago ajeno que volvió a sonar.
- Un poco, jejeje… - Avergonzada, a la chica no le quedo de otra que admitir eso.
- Iré a buscarte algo entonces. – Era lo menos que podía hacer, si de verdad… - Insisto. – Sonrió internamente ante las negaciones y el nerviosismo que provoco. – Cuida de Tsubaki idiota. – No lo dijo de mala forma, estaba divertido a esto punto con todo esto.
- Claro, igual ya pronto será hora de irnos… - La sonrisa del beisbolista bajo mucho. – Creo que le da el tiempo para un pequeño almuerzo, creo que ninguna de ellas tuvo ese descanso esta vez, ¿me equivoco?
Los descansos fueron muy cortos, así que no sería extraño que algunos no los tuvieran, en especial las sirvientas. De por si había sido triste la reconstrucción de todo, y estaba la amenaza de Hibari colgando… ¿Que descanso iba a ver cuándo había un prefecto aun molesto caminando por las instalaciones y haciendo dinero al mismo tiempo?, que malas ideas le había dado esta Asuna a Hibari… lo peor era que eran efectivas. Si no aprendían a golpes, pues aprenderían por el pobre bolsillo…
- Día movido. – Se limitó a suspirar la chica, hombros cayendo de una forma familiar. – Quiero llegar a casa, quizás dar un paseo por el parque, me duelen las piernas… - Y los brazos de seguro.
Podía ver a un chico de pelo marrón con los hombros caídos diciendo todo eso en lugar de esta chica. En especial ahora que dejaba caer a sonrisa y estaba dejando salir lo cansada que estaba. No ayudaba que no había negado que su nombre era "Tsubaki". Por la mirada que le dio el beisbolista, no era el único que podía verlo.
Conseguir algo de comer fue relativamente sencillo, pero tuvo que ir a otro lado y mostrar sus fieles dinamitas. Comprar afuera no era su idea, pero era lo más rápido. Esperaba que "Tsubaki" no se molestara con perros calientes. Era sencillo y rápido, y ya iban a cerrar.
-... no, duele mucho, creo que lo resentí. – Esto fue con lo que se consiguió cuando regreso. - ¡Agh!, ¡te dije que no hicieras eso!
- Ma ma, tengo que ver bien y no puedo hacerlo sin mover el musculo. – Pues la chica casi lo patea por ello. No es que la culpara.
- ¿Que me perdí? - ¿Se había lastimado el hombro?, ¿en qué momento?
- Creo que Tsubaki giro mal, más que musculo parece… - "Tsubaki" lo iba a golpear si seguía así. – Por suerte conozco un remedio, pero dolerá por un momento.
- ¿Te asustaron? - ¿Por qué otra razón giraría mal?, esas cosas solo pasaban por moverse muy rápido o caerse. Sustos eran buenas razones.
- Alguien quiso llevar lo de ser sirvienta a otro nivel. – Para mala o buena suerte: - tenía una araña en la cara y como buena sirviente que soy no puedo dejar que mi amo tenga algo así, ¿no creen?
Traducción: giro para golpear al idiota en la cara casi instantáneamente y lo hizo con una sonrisa y con una excusa. No sabía si reír o llorar. Lástima que no sabía quién o lo mandaría a volar con sus preciadas dinamitas.
-… esta delicioso. – Comento alguien muy feliz unos minutos más tardes, siguiéndoles el paso y ya en las afueras del liceo. – Gracias Gokudera-kun. – La voz era femenina, pero solo había una persona que lo llamaba así de buenas a primeras.
- ¿Ya puedes quitarte esa apariencia Juudaime? – Las risas de cierto idiota no ayudaban al momento. Al menos esta vez sabían…
- Podría, pero hay mucha gente y esto no es un comic de superhéroes en donde dos personas puedan ocultarme para hacer el cambio. Ni siquiera hay un callejón. – Eso… eso no debería de ser divertido, pero lo era. – Genial, los perdí a ambos. Vean que no voy a cargar a nadie, ¿me oyen? – Se quejará o no el daño ya estaba hecho, y si seguía quejándose sería peor.
Sea como sea, ya estaba más que confirmado que era su jefe. Realmente debió de habérselo visto venir. Era imposible que Reborn no le hubiera metido en la cabeza sobre los disfraces y el cosplay, era algo muy útil y hasta podía salvar vidas. Y no era que hablara mal de su jefe, pero sin duda alguna había heredado la mayoría de los genes de su madre. En pocas palabras, Reborn no lo iba a soltar…
- Uff, ¿mejor ahora? – Tomaba menos de un segundo, era sorprendente. – Una buena lavada y un cambio de ropa harán mil maravillas…
- No es por nada, pero es un poco incómodo que nos llegues como una linda chica Tsuna. - ¿Solo un poco?, ¡ayer casi les daba un infarto!
- Les llueven chicas y se quejan solo por una, ¡son crueles! – El beisbolista intercambio miradas con él. Ambos se quejaban de todas, eran molestas o no entendían un no. De resto… era pasable. Sin contar los acosos. – En vez de agradecerme por sacarlos de allí, se quejan de que…
Ninguno pensó mal de que se apagará, aunque tampoco tuvieron tiempo de hacerlo antes de oír el sonido contundente de algo pesado caer.
- ¡Juudaime/Tsuna! – Pánico, esa era la palabra perfecta para el momento.
Las ideas de que fue solo una caída se fueron al demonio ante la falta de movimiento y respuesta de su jefe. Por todas las vistas, se había desmayado. No había heridas, dardos, nada. Ni siquiera tenía un pulso anormal, ni bajo ni acelerado. Lo mismo con su respiración. Todo normal. Moverle los parpados y ver los ojos tampoco mostraba nada anormal. Era simplemente extraño…
- Quizás fue una descompensación… - El beisbolista se rasco detrás de la nuca con nerviosismo. – Quiero decir, por todo lo que sabemos solo comió ese par de perros calientes y ya. Debimos de hacerle tomar algo de refresco o tomarla suave…
- Quizás… - Era una posibilidad, pero no la creía. Habían pasado por cosas peores y no se había desmayado. De paso no se veía mal y su pulso era normal.
- Y paso toda la mañana con… ¿la ilusión? – Lo dudaba, ayer había sido igual.
- Ayer no le paso nada. – Pero había comido más, y había hecho más cosas como traumarlos de por vida. – Mukuro y Chrome pueden mantener ilusiones por horas, días… - Y no les pasaba nada. No a este nivel, no era-
- El problema es, Gokudera, que no creo que sea normal… - Yamamoto pauso, mirando a su amigo antes de alzarlo. Alguien tenía que llevarlo, o tenían que despertarlo. El idiota ya había tomado la decisión de no despertarlo por lo visto. – No creo que sea normal que haga ilusiones. Solo piénsalo… - El gesto de que comenzaran a caminar. Asintió y a caminar se había dicho. – Una persona usualmente solo tiene dos tipos de llamas cuando mucho, tu eres una excepción. Te creo que una persona pueda tener tres, pero hasta donde sabíamos Tsuna solo había demostrado sus llamas del cielo.
- Luego llego este, el Tsuna del futuro… - Siguió la línea, obteniendo un asentimiento de Yamamoto. – Puede curarse, puede curar… - No le habían dado mucha atención en el momento. – Ahora puede hacer ilusiones… - En pocas palabras: - Llamas de sol, y llamas de niebla… - No podía ser simple coincidencia.
- Y esta lo que el Hibari del futuro nos dijo sobre drogarlo en llamas de lluvia. – Ah. Eso también. – Y el hecho de que aparentemente no puede entrelazar llamas bien porque las absorbe, consume, yo que se… - No había querido acordarse de ese golpe. Dolía saberlo, saber que en tantos años ninguno de ellos llego a hacerlo cuando se supone que debían de haberlo hecho todos. Era un símbolo de confianza, uno que nunca hicieron. ¿Cómo podían haber pasado algo así por alto? – A lo que quiero llegar es que, tal vez, las llamas de Tsuna nunca actuaron como debieron o algo ocurrió allí que no sabemos. Es posible que hacer estas cosas tenga un precio para él, pero es solo una teoría…
- Bueno, puedo decirles que las llamas de Tsuna nunca siguieron al pie de la letra lo que se de esas llamas. – Emma les sonrió y levanto las manos en son de paz, sin realmente sentirse culpable de haberlos asustado. – No les negare que es posible que algo les hubiera pasado, ya que personas como él suelen estar rodeados de sus elementos y no están bien cuando no lo están por mucho tiempo. En cualquier caso, no debería haber cambios en esas llamas porque ese es el cuerpo de su yo de este tiempo. Ese es mi pensar, sigue siendo un misterio en cualquier caso. – Como si nada: - Lo lamento, pero no pudo evitar comentar. Es un tema interesante, pero Tsu ha sido malo conmigo…
- Nos has estado siguiendo todo el tiempo. – Maldijo por lo bajo ante este hecho. Les faltaba practica si alguien podía acercarse tanto sin que lo sintieran.
- Ma ma, no es nuestra culpa que Tsuna no quiera que lo acribilles, y no es como si te evitara todo el día. – Sonrisa muy tensa, pelos de punta. Si, fue una muy mala sorpresa.
- Mas como que no quiere hacerme caso, es un terco de primera cuando quiere. – Un suspiro profundo. – Quisiera decir que ese desmayo no es normal, pero ni idea. Físico no es al menos. Cosa psicológica o sus llamas… - Una mueca.
- Si no vas a ayudar solo cierra la boca. – Porque eso no ayudaba. En nada. – Vamos, mi apartamento es la mejor opción. Sin clientes, sin niños, es un buen lugar para un descanso si es que es eso lo que le hace falta ahora… - Tranquilidad, sin el ajetreo ni el montón de explicaciones. – Tu no vienes. – No, se reusaba. Con un idiota era más que suficiente.
- Pero-
- Si despierta te llamaremos, ¿sí? – Iba a negar tal cosa, pero lo que siguió fue inesperadamente inteligente: - Alguien tiene que decirle a Reborn y al resto.
- No estoy feliz con esto, pero está bien. – Un problema menos.
Una vez que estaban seguros de que el tipo estuviera lejos:
- Juudaime no estaría feliz de despertar para verlo en primera fila. – Yamamoto asintió a sus palabras, muy serio.
Emma del futuro no era malo con Juudaime, pero quería respuestas a cosas que Tsuna no estaba dispuesto a compartir con él y tampoco accedía a ciertos puntos que, lo quisieran o no, debía de hacerse. Discutían, discutían feo y por eso sabían algunos de esos temas. Emma tenía razón, de verdad que sí, pero estaba siendo forzoso y no era de extrañar porque: su tiempo era limitado. Y Tsuna… Tsuna era terco, y extrañamente cerrado con quien supuestamente era su mejor amigo. Era bastante obvio que Emma se preocupaba por él y que solo quería cuidarlo y sabia de lo que hablaba. Era difícil no concordar con él, pero Tsuna era ese caso…
- ¿Cuánto crees que tarde? – Ni idea. Debería ser menos de una hora.
- Tenemos la tele. - ¿Que de otra? – Debería de despertar pronto, pero no sabemos. – Y en cualquier momento debería de aparecer Reborn. Lo vieran o no, ese era otro tema que era mejor no tocar.
Resulta y acontece que la respuesta era: horas. Tsuna despertó luego de la cena, casi a las 8 de la noche. Y despertó de golpe, alterado y respirando rápido, como si hubiera despertado de una pesadilla. Tsuna no tenía ni idea de cuánto había preocupado a su familia por estar inconsciente tanto tiempo y sin responder a nada. Físicamente hablando, estaba perfecto, así que no sabían la causa o qué demonios pasaba con él.
-... tendré que irme. - El beisbolista suspiro profundamente. - ¿Me avisas si-
- ¿Chicos? - Ninguno de los dos espero la tercera voz. No en ese momento al menos.
- ¡Tsuna! - Reacciones primero Yamamoto, aunque el buen humor fue muy, muy corto: - ¿Te sientes bien?
- Será mejor que tome asiento Juudaime. - El alivio duro poco, al menos estando solo. - ¿Juudaime? - Preguntó el fumador con cautela ante la mala reacción que recibió al tratar de acercarse.
La mala reacción fue que se tensó y algo oscuro paso por esos ojos. Habrá sido por una fracción de segundo, pero ambos lo vieron.
- No. - Una respiración profunda, o el intento de una. - No ahora, ¿dónde estamos? - Otra, una más exitosa.
- Mi apartamento, creímos que estarías mejor aquí con poca gente molestando. - Cuidadosamente agregó: - Se desmayó Juudaime. ¿Cómo se-
- Ahora no. - Más que una advertencia, sonaba más a una súplica. - Tu apartamento, ¿no? - No despegó su vista de ellos, y quizás se sentía mal por su conducta ya que añadió casi tímidamente: - Tuve una pesadilla, una muy vivida...
Pues tuvo que ser una pesadilla muy mala con ellos para estar actuando así, cielos.
- ¿Quieres hablar de ello? - Yamamoto enrojeció un poco en vergüenza gracias a la mirada medio asesina medio incrédula del guardián de la tormenta. - Tal vez te haga sentir mejor, es solo una idea. - Pero primero: - Y mira: traje sushi~
Apelar a un estómago que no había comido casi nada desde el almuerzo era una buena táctica, aunque nadie hubiera esperado que eso sacará una pequeña risa cansada. Aparentemente la táctica no era nueva si le causaba diversión.
- Seguro, me muero de hambre. - Y se reía, ¿podía tomarse eso como una victoria?
No duro mucho por desgracia, mostrando cansancio y quizás exasperación detrás de las risas que ya no estaban.
- No creo que quieras saber… - Brazos hacia atrás y alguien se estiro mucho. - Ninguno, la verdad. - Lo que siguió mataba un poco la curiosidad: - Mate un montón en ese sueño, cosa que no creo que deseen oír y mucho menos creo que quieran oír sobre lo demás…
- Quizás no, pero ese no es el punto Juudaime. - Se tensó otra vez tan rápido que era preocupante. - Si lo hace sentir mejor, entonces hágalo. - Era lo de menos hones-
- La cosa es que no quería recordar a nadie, mucho menos tratar con alguno de ustedes. - Bueno: auch. - Soy un cobarde, no quiero recordar y eso se acercó mucho y nada al mismo tiempo a mi época. No querrás oír, no querrán oír lo que pueda decir de sus yo de mi época. No es nada bonito. - Vaya advertencia, carajo. - ¿Podrías tratarme de otra forma Gokudera-kun?, me haría sentir más cómodo si me trataras como a otra persona. No importa si hay insultos, solo… solo no seas tan respetuoso o formal, ¿por favor? - Rayos. Eso era lo único que podía pensar de tal petición.
- ¿No dejo de ser así incluso luego de tanto tiempo contigo? - Eso no ayuda idiota del béisbol, ¡no ayuda!
Un ladeo de cabeza como si no entendiera la pregunta. Esto, por supuesto, no ayudo en nada y daba a entender que-
- ¿Qué demonios esperan que pase cuando tienen oído selectivo? – Fue casi como un niño preguntando porque el cielo era azul. Lo que siguió callo las risas del guardián de la lluvia, al menos: - El caso es casi el mismo con todos, Gokudera-kun mas bien se hizo más formal… - Tsuna no estaba muy contento u orgulloso de esta noticia. - ¿Están viendo deportes? – No debería de encontrar gracioso la repentina estupefacción de su jefe. – Por supuesto que están viendo deportes… - ¡Que desdicha!
- No seas así Tsuna. – Alguien tenía las orejas rojas, alguien tenía las orejas rojas~
- Es que si no es eso son aliens y si son aliens tu no guardas silencio y créeme, no hay nada peor que querer ver algo y haya alguien que no se calle. – Ay santo cielo, ¿era tan obvio?, su jefe apenas se iba levantando. – Y Gokudera-kun no podía hacerte tragar TNT justo ahora. Por Dios Yamamoto, es su casa y de paso estoy yo tirado en una cama. Si Gokudera-kun no intenta matarte, yo los lanzaría por la ventana si me despiertan con explosiones otra vez…
Se atraganto con aire (o risas) ante tal amenaza. Por más divertido que fuera toda la noticia, que su jefe dejara sonriendo nerviosamente al idiota, era una falta de respeto que no podía dejar pasar por mas cierto que fuera-
- No. – Yamamoto lo atajo con esto y una mano en el hombro de abrir la boca para disculparse e inclinarse profundamente. – Tsuna no lo va a tomar bien, ¿recuerdas?
Y allí se fueron todos sus insultos y ganas de ahorcar y reventar al otro hombre en el sitio. Tenía razón, lo quisiera o no la tenía. Rayos…
- Perdón, mala mía… - Un suspiro cansado y antes de verlo venir su jefe se había tirado en el sofá con ellos. – Aun no pasa, pero creo que de verdad los hubiera lazando por la ventana… - ¡Se robó la cerveza…! – En fin, dejarlos a ustedes dos juntos es pedir… ¿cerveza?, ¿por qué cerveza? – La mirada de su jefe de inmediato paro en él, para su horror. – Si sabes que aún no tenemos edad para esto, ¿cierto?
- Ma ma, se lo sugerí, tiene un par en la nevera. – Ahora la mirada de su jefe paso al guardián de la lluvia, más curioso que otra cosa. – Para el estrés, llevas muchas horas dormido para un simple desmayo. – No era mentira, nada de eso era mentira.
- Jamás lo entenderé. – Una leve negación de cabeza y Juudaime le tendió el vaso, cosa que tomo de inmediato. Lo último que necesitaban era a un Juudaime borracho. O en cualquier nivel de alcoholismo honestamente. - ¿No pasó nada aparte de dejarme en una cama?, que raro ha sido todo esto… - Lo que siguió no era algo que una persona recién acabada de despertar debería estar pensando: - ¿Si quiera tengo una muda de ropa o un cepillo de dientes?
Tsuna no se vio afectado por el par de miradas que recibió ante tal anuncio, como si no se diera cuenta con toda honestidad. Para Tsuna este tipo de cosas era un tanto normal. No la parte del desmayo, sino parte de verse con la imposibilidad de ir a ningún lado por su cuenta o siquiera poder moverse del sitio por amigos/guardianes sobreprotectores. El Décimo Vongola sabía muy bien que no iba a moverse de ese apartamento ese día. La mañana que seguía era debatible, pero solo no iría a ningún lado por los momentos si no quería darle paros cardiacos a nadie.
- El sofá es mío. – Anuncio Tsuna del mismo modo, preocupándose por cosas que no debería por el momento. - ¿Tu papá sabes que estas aquí?, no te dejes hacer muy tarde si no vas a quedarte. – Esto no tenía nombre.
- ¿No deberías estar más preocupado por ti? – Se le salió a Yamamoto, le gano. - ¡Te desmayaste!
- ¿Es acaso normal para ti o que nos perdimos? – Que Dios lo perdonara, pero había cosas que simplemente tenían que decirse: - Juudaime, desmayarse sin razón no es asunto menor. – La pesadilla tampoco, pero una cosa a la vez.
- No, no lo es. – Concordó su jefe, dándose cuenta del sushi finalmente. No iba a quedar nada en poco tiempo, más bien era una buena que se diera cuenta, porque Dios… él no lo haría con tal temática y dudaba que el idiota de Yamamoto fuera diferente. – La cosa es que no es inusual, no después de reemplazar a mi abuelo en la mansión. Claro que las pocas veces que pasaban era por mal cuidado… - Cortando el tema: - No voy a preocuparme, no ahora. Sé que no me van a dejar ir por mi cuenta a ningún lado ahora, y mi cabeza esta en otro sitio de todas formas. – Para bien o para mal. – No puedo preocuparme por algo que no tiene causa aparente cuando vi cosas que no quería ver tan realistas que dudé en que época estaba cuando los vi.
- Pues la actitud de que nada pasa no da esa impresión. – Señalo el beisbolista con inquietud. ¿Cómo no?
- ¿Te traigo el teléfono o una cerveza? – Ignorando el horror del otro guardián y el suyo propio: - Si esta es tu forma de afrontar lo que paso hoy, creo que es preferible que te relajes y simplemente lo sueltes con quien quieras. – No importa si tenían que lidiar con el horror que sería-
- Todavía estoy soñando, ¿no es así? – Había perdido color, como si hubiera visto a un fantasma.
- Veamos si están pasando los pingüinos, ¿qué dices Tsuna? – Esa era otra idea, y si-
- No. – Ahora fue el turno de Yamamoto de palidecer ante la mirada furiosa que recibió solo por pasar el brazo sobre sus hombros. – No vas a dormirme ni calmarme con tus llamas, ¿he sido claro? – Esa… ¡esa era una buena idea!
Su poco buen ánimo momentáneo se fue a la ruina al notar que el grandísimo idiota no se le había ocurrido hacer tal cosa y más bien estaba siendo regañado por algo que no iba a suceder. Cielos, ¿cuántas veces Juudaime había pasado por cosas así para reaccionar como de tal modo tan rápido?
Podía imaginárselo, podía imaginarse a Yamamoto haciéndose el estúpido y hablando de lo más casual antes de que su víctima cayera adormilado al suelo. Contra un jefe terco, lo veía pasar varias veces antes de que el truco dejara de ser un secreto. ¿Por qué se necesitaría algo así con Juudaime?, solo se le ocurría el pánico. Lo quisiera admitir o no, este Tsuna era muy calmado con el de este tiempo. Tal vez era tan normal que todo volara en pedazos que ya ni le daba atención. Dudaba mucho que ese pánico tan característico de su jefe hubiera desaparecido por más que así lo pareciera…
- No iba a hacer nada… - Tristemente esa era la verdad. Yamamoto era un idiota.
- Perdón… - Un largo suspiro cansado y la expresión de alguien que había visto mucho más de lo que quisiera. – No soy amante de la cerveza, y más bien me alejan el alcohol… - Por muy buenas razones, lo aseguraba. Pero situaciones extremas medidas extremas. Por una no debería de pasar nada grave, esperaba… - ¿Tienes chocolate?
Allí se iba la idea predispuesta de que iba a pedir café y de que tendrían que decirle que no a más de una simple tasa por la hora. De por si era lo suficientemente malo que no tendría sueño con tanto que durmió. Eso era algo que comenzaron a temer conforme a las horas pasaban…
- ¿Chocolate? – De todas las cosas… ¿por qué chocolate?
- Me gustan los dulces. – Se encogió de hombros como si nada. – Cualquiera está bien por mí, pero preferiría chocolate, si lo tienes. – Uhhh… - Déjalo así, mañana comprare algo. – Esa no era la idea. – Mejor que no tengas, me da algo.
- ¿Por qué? – Este imbécil… - Sabemos que Gokudera es un viejo amargo-
- ¡Infeliz de pacotilla te voy a-
- Su yo futuro suele tener caramelos por Lambo, y un par de chocolates que suele robarme para que no me los coma todos. – Dejando la tasa ahora de sushi vacía a un lado, termino de matarlos con: - Comer dulces se volvió mi forma de lidiar con todos los dolores de cabeza que hay. El chocolate es mi favorito, pero no hace milagros. – ¿Que? – Fue una sugerencia de Shamal, tenía muchas migrañas y pequeños colapsos. – Una pequeña sonrisa y Juudaime lo miro directamente a él antes de decir: - Shamal no estuvo muy feliz de que lo arrastraras a verme, no sé qué habrás hecho exactamente o que le habrás contado, pero fue muy atento conmigo las veces que me vio.
- ¿Shamal? – La única forma por la cual buscaría a ese hombre para algo así sería solo si…
- Es un buen hombre. – Juudaime no tenía idea de la bomba que le estaba lanzando aquí, o si lo hacía era bastante extraño que se lo estuviera diciendo ahora. – No se molestó por tener que verme varias veces, aunque admitiré que tu no estuviste feliz de que no me recetara nada en un principio. – La sonrisa creció un poco más. – Nos obligaste a ambos, si soy honesto. Creo que tu obtuviste un regaño a la final, ¿qué podría saber yo?
- ¿Por qué chocolate? - ¿Por qué dulces en general?, y para migrañas de todas las cosas…
- Porque Reborn ni nadie interfirió. – La sonrisa cayo al decir esto. – Más que un tratamiento, Shamal solo quería ver mi día a día y como lo tomaba. – Oh oh. – Se enteró de que me gustan los dulces, y me dijo…
Un hombre con bata blanca suspiro profundamente y detuvo a un joven jefe mafioso de ir a tratar de detener a su mano derecha de incendiar y explotar la sala de huéspedes por culpa de un ilusionista que no tenía nada mejor que hacer para entretenerse que molestar a Hayato.
- Déjalos. – Ordeno sin miramientos el Doctos, sin soltar el hombro ajeno.
- ¡Pero van a destruirlo y recién lo mande a reparar!, Reborn va a-
- No va a hacer nada. – El apretón se hizo un poco mas fuerte. – Reborn no va a ser nada, y sabes que ya no puedes detenerlos. – El Doctor cerro los ojos, simpatizando con la angustia y el pánico del chico.
Esta era una de las razones por la cual no aprobaba que Reborn pasara tanto tiempo atormentando a sus estudiantes con la idea de perfección. Para ellos era un tormento, los castigos de Reborn eran de temer y por ello entendía perfectamente la angustia y el pánico de este chico. Ya no iba a poder detenerlos, ya esa área y más estaban perdidas. Sus guardianes no le hacían mucho caso porque no sabían el miedo, lo que viviría su jefe, si no complacía a Reborn.
Tsunayoshi no era una persona de poner mano dura, nunca lo fue, solo lo hacía en situaciones que de verdad lo ameritaban. Sus guardianes eran caóticos, pero eran una familia. No hacían nada de esto por mal, era solo parte de ellos. El problema estaba en que ellos no entendían lo que le estaban haciendo a su jefe, quien aún no se acostumbraba al cambio radical que acababa de caerle encima.
- Siéntate, vamos, déjalos estar. – Esto, como era de esperarse, no ayudaba al estrés del joven Vongola. – Hablare con Reborn y me asegurare de que Hayato te ayude con el papeleo. – Más bien iba a dejarle en claro un par de cosas. – Así que siéntate, regresa a la silla… - Suspiro en alivio interno al ver que obedeció. Los ojos brillantes y la angustia escrita en su rostro le confirmaban que lo mejor que podía hacer era:
- ¿Ves esto? – Un jarrón lleno de pequeños chocolates. Un asentimiento leve le confirmo que le estaban dando atención. Bien. – Cada vez que algo como esto pase, cada vez que sientas que las cosas se te salen de las manos o no puedas con algo… - Con lo regular que lo había visto, 3 era lo mínimo que consumiría diariamente hasta que aprendiera a lidiar con estas cosas por su cuenta. – toma uno de estos – El chico atajo a duras pena el que le lanzo. – y comételo, despacio y sin prisas. – Después de todo: - No hay apuro y nadie puede apurarte, el momento es tuyo y nadie puede quitártelo, ¿me entiendes? – Un asentimiento. – Bien, ¿qué esperas?
Tal y como pensó, con un poco más de incentivo claro, el dulce hizo el truco de relajarlo lo suficiente y darle tiempo de pensar en qué hacer. El chocolate era bueno para los dolores de cabeza y tenía efectos calmantes, la azúcar evitaría un posible colapso también. No era un remedio, no era una medicina, no era una cura.
Tsunayoshi solo necesitaba algo de paz, tiempo, que no le estaban dando. Era un chico que no iba a exigir nada a estas alturas, tampoco lo tomaban muy en serio. Era mucho pedir.
- No vayas a abusar, ¿sí?
Hayato lo iba a escuchar, lo quisiera o no. Este chico lo hacía feliz y estaba pendiente de él, lo menos que podía hacer era asegurarse de escucharlo. Aparentemente era muy difícil tal cosa, en general.
Solo esperaba que Reborn supiera lo que estaba haciendo. Este chico no iba a desarrollar agallas de la noche a la mañana de tamaño suicida.
-… es una de las pocas cosas bonitas de mi pesadilla, verlo, quiero decir, a pesar de que sé que no es real… - Termino con una sonrisa nostálgica sin mirar a nadie.
