Dejando atrás los desgarradores gritos de Miles Shaw que resonaban hirientemente en sus oídos, y con su ahora tibia sangre sobre su piel, Octavia Blake seguida muy de cerca de Ilian Woodward y de Raven Reyes se alejó por los oscuros pasillos de la segunda planta de la zona VIP del Red Sky sin ser apenas consciente de ello.

Sus pies la conducían torpemente hacia una de las puertas de personal que daba a la zona de los camerinos donde las chicas solían cambiarse o descansar entre baile y baile pero apenas fue vagamente consciente de aquel movimiento.

Lo único que su cuerpo pedía era alejarse todo lo posible de Russell Lightbourne y sus métodos de intimidante persuasión.

La imagen de la mano de Shaw atravesada por la hoja del cuchillo incrustado en la mesa, la sangre brotando inesperadamente sobre Russell y ella, sus gritos de dolor acudía una y otra vez a su mente superponiéndose a la racionalidad que sus pensamientos trataban de hilar.

No había excusa, ni justificación alguna para lo que Russell hacía y continuaba haciendo para demostrar el poder que tenía en la ciudad y que nunca, jamás alguna había que desafiarlo.

Conmocionada como se sentía, necesitó apoyar la mano de la aterciopelada pared sintiendo como la música la hacía vibrar bajo la tela oscura tela que la recubría aislando el sonido, y notó todo su cuerpo temblar a medida que alcanzaba aquella deseada puerta que dejaría atrás y la separaría de todo aquel horror vivido minutos antes.

Raven Reyes que la seguía se preocupó al verla de aquella forma, y miro hacia atrás donde Ilian Woodward caminaba siguiéndola con la misma angustia y aceptación de lo que acababan de vivir, y en cuanto Octavia abrió la puerta de los camerinos para entrar sin siquiera volverse, Raven se volvió hacia Ilian y bajo su voz pidiéndole que las esperase allí.

Los camerinos de la segunda planta eran los más amplios y cómodos, había algunas barras que atravesaban la pared más alejada de la puerta con cientos de prendas limpias, dispuestas y colgadas de la seda, el encaje, y la gasa más autentica que bien podría hacer las delicias de cualquier revista dedicada a la lencería.

También había otra clase de prendas como vestidos, tops, conjuntos discretamente sugerentes, otros más atrevidos y sexys que lograrían llamar excesivamente la atención y otros que lograrían hacer que cualquiera se cayese de espaldas por mucha piel que cubriesen.

Había un par de chicas charlando sobre un par de sofás alejados de la puerta mientras bebían algo haciendo una merecida pausa antes de regresar al escenario principal, otras se cambiaban tras los bastidores y alguna que otra charlaba y reía por teléfono charlando con algún cliente con el que se habría citado después.

Sin parecer percatarse de nada de eso, Octavia se dirigió hacia donde se encontraban las hileras de prenda y pareció temblar al tratar de separar la vaporosa cortina que las cubría para que no cogiesen nada de polvo o humo del club.

—Es... es posible que encuentres algo de lo que necesites aquí y... y que te quede bien, Becca... Becca se encarga de que tengamos toda clase de cosas... todo lo que quieras y necesites aquí, de... de cualquier color... de... de cualquier forma... —trastabilló nerviosamente Octavia apartando una prenda de otra en un ademán de mostrárselas sin detenerse siquiera a mirarla—. Si... siempre puedes coger lo que quieras a ella no... no le importará, estoy segura de que lo entenderá porque Russell... él... él..

Raven que la vio de aquella forma alargó la mano para pararla tomándola del brazo para verla bien.

—Octavia, eh —le dijo nada más verla volverse infimamente hacia ella sin dejar de balbucear y parlotear sin apenas conexión con la realidad de lo que estaba pasando—. Mírame, todo está bien. No necesito ninguna de estas cosas, solo pretendía sacarte de allí.

—Si, pero... pero es posible que... que quieras... que... —haciendo por volverse para enseñarle muchas más prendas y que escogiese alguna centrada en lo que Russell le había pedido que hiciese dándole algo que ponerse para continuar su noche con Ilian—. A... a Ilian le gustan las cosas bonitas... le.. le gustan las...

Raven que se dio cuenta enseguida de que Octavia no la estaba ni escuchando totalmente en shock por lo vivido momentos antes, llevó la mano a su cara apartándola de las prendas con el brazo viendo todas aquellas salpicaduras de sangre sobre su vestido, su cara y su piel.

—Octavia, Octavia escúchame —le pidió ella insistentemente examinando sus ojos y su cara con los suyos con suma preocupación—. Para un poco, detente, ¿quieres?

Octavia asintió nerviosamente con la cabeza haciendo nuevamente por volverse hacia las prendas pero Raven la detuvo de nuevo.

—¿Estás bien? —le preguntó Raven en cuanto consiguió que sus ojos se fijasen en ella aún sintiéndola temblar de aquella forma bajo sus manos—. Mírame, respira despacio, ¿estás bien?

A Octavia le costó conseguirlo pues su instinto le decía que debía darle a Raven algo que ponerse tal como le había dicho Russell, asintió nerviosamente haciendo por continuar encontrando aquella profunda preocupación y consternación en los ojos de Raven.

—Russell... él... él le ha... —murmuró Octavia con la voz quebrada e inquieta haciendo por volverse hacia la puerta por la que ambas habían entrado y dejado a Ilian fuera sin percatarse de las voces de fondo, la música o el ambiente—. Su mano... le... le has... él... y como gritaba... y...

Raven vio como la voz se le quebraba del todo y como sus ojos se cristalizaban en lágrimas temblando como una pequeña hojita al viento, la tomó del rostro para obligarla a apartar aquellos pensamientos que la atosigaban y que parecían ir mucho más rápidos que ella

—Escúchame, escucha —la interrumpió Raven forzándola a mirarla—. Necesito que respires hondo para mi, ¿podrás hacerlo?

Octavia que trató de tomar una bocanada de aire como si obedecer fuese la única manera de mantenerse en la realidad, asintió quedamente sin dejar de temblar y Raven se dirigió a ella en un tono de lo más decidido y calmado.

—Ahora vamos a salir de aquí, las dos y te voy a llevar a mi casa, ¿de acuerdo?

La pausa que la siguió fue breve pero suficiente para que Octavia tratase de centrarse y procesar aquellos pensamientos.

—Nada malo te va a ocurrir allí, te lo prometo —le aseguró ella con promesa—. Ahora vamos a coger tus cosas. Vamos a ir allí y vas a limpiarte toda esta sangre, y vas a ponerte ropa limpia, y vas a estar bien —insistió Raven en tono decidido y paciente intentando centrar su atención—. Todo va a estar bien, ¿me oyes?

Como si realmente le estuviese prestando atención, Octavia asintió procesando y asimilando aquellas palabras, cualquier cosa con tal de alejarse de allí.

—Russell sabe que vas a pasar la noche conmigo y con Ilian, no te va a llamar —le aseguró ella nuevamente sabiendo bien lo que decía—. Ahora dime donde están tus cosas para que pueda cogerlas y nos iremos de aquí con Ilian, ¿vale?

—Si... —se atrevió a musitar Octavia sin apenas voz temblando aún.

—Muy bien. Lo estás haciendo muy bien, ¿me oyes? —insistió Raven pacientemente con aprecio apartando la mano de su rostro para llevarla a su espalda—. Fenomenal.

Si no la sacaba pronto del club temía que Russell se cansase de torturar a aquel pobre chico, y le apeteciese distraerse de una forma mucho más amena y perturbadora.

Su noche con Ilian se había complicado un poco, mucho más de lo que nunca imagino y aunque ahora contaban con muchas más pruebas que incriminasen a Russell, a Becca y a McCreary en un nuevo delito de amenazas, extorsión y agresión, no dejaban de estar en sus dominios y prefería sacar cuanto antes a aquella chica de allí antes de que las cosas se volviesen un autentico desmadre.

Encontraría la forma de compensar a Ilian por lo ocurrido, se dijo. Él no tendría que haber estado allí durante lo ocurrido y había sido su culpa que lo estuviese, si que se lo compensaría, si.

Continuara...