La ducha había sido mucho más corta de lo que en un principio Maddie Woodward necesitaba, aún así se sentía mucho más fresca y repuesta de lo que se había encontrado en mucho tiempo.

Envuelta en la toalla y con el pelo aún mojado cayendo sobre su piel salió descalza del baño y se dirigió al otro lado del pasillo hacia la habitación que Aden y ella compartían juntos desde que nacieron.

El pesado silencio que reinaba por toda la casa le indicó que se encontraba sola de verdad.

No podía creerse aún que hubiese echado a Gustus de allí, mucho menos sin contar con sus hermanos o el permiso de Lexa pero lo había hecho, y ya no había vuelta atrás.

No se arrepentía de nada, por el contrario aquello hubiese sido algo que le hubiese gustado poder hacer mucho tiempo atrás cuando era aún algo más pequeña y más consciente del sufrimiento que su presencia ocasionaba a sus hermanos pero había algo en su interior, algo que después de todo la hacía sentir miserable por haberlo hecho.

Sentándose en el borde de su cama, Maddie poso su vista en las mojadas marcas que habían dejado sus pies en el suelo.

Había sido una noche de mierda, una noche verdaderamente mala de verdad y el agua parecía haber borrado todo rastro de rabia y enfado de ella, dejándola resignada y lacia al respecto.

Lo que había ocurrido en la playa ahora tan solo le parecía un eco, un fugaz y mal recuerdo, solo algo que añadir a una lista demasiado larga de cosas que olvidar, solo algo más que había conseguido hacerla sentir mal.

De no ser tan turbio, malicioso y humillante probablemente Maddie lo habría dejado pasar, dejar estar las cosas en el instituto solía ser su marca de la casa pero había llegado un punto en el que tanto cumulo de cosas la habían hecho estallar y Hashelee, esa pequeña arpía mentirosa se había llevado el premio gordo a su desaire.

Joder, Aranae iba a estar muy cabreada con ella.

Era su mejor amiga si, pero Hashelee por muy arpía que fuese, era su hermana. Si alguien pegase a alguna de sus hermanas, ella también se sentiría molesta con esa persona por muy amiga que fuese suya.

Iba a tener que pensar en ofrecerle una buena disculpa a ella, y a Aden que después de todo se había llevado algo más que una mala contestación.

Posando los ojos en el reloj de su mesilla vio que era realmente tarde, y decidió que no iría a clase a la mañana siguiente.

Dormiría hasta tarde e iría a ver a Luna al hospital, total una falta más o menos apenas se notaría en su historial de asistencia a las aulas. Y en caso de que algún profesor dijese algo le presentaría algún justificante firmado por Lexa o por Ilian que justificase aquella falta falsificado de su propio puño y letra como siempre.

Nada de lo que preocuparse más.

Maddie recorrió con la vista la habitación encontrando el largo espejo en una esquina del cuarto devolviéndole aquel reflejo y quedo contemplando su imagen en el cristal

Ya no era ninguna niña aunque tampoco era la mujer que Lexa o Luna eran o que Ontari estaba en camino de ser.

Ser adolescente era una asco, demasiado mayor para considerarse pequeña y demasiado pequeña para ser mayor.

Lo dicho, un autentico asco, pensó.

Quizás era hora de dejar de compartir habitación con Aden, al fin y al cabo él era un chico y ella una chica y por muy hermanos que fuesen ya la edad marcaba una diferencia que cuando eran mucho más niños apenas se notaba.

Quizás si hablaba con Lexa y le proponía limpiar un poco la buhardilla o el sótano de trastos viejos la dejase quedar allí aunque también podría quedarse en la habitación cerrada de Luna hasta que ella volviese. Ontari era mucho más suya para sus cosas y mucho más independiente que cualquiera, dudaba que quisiese compartir habitación con una mocosa como ella aunque se lo podría plantear.

Que Aden se trasladase a compartir habitación con Ilian era una opción mucho más viable, ambos se llevaban bien y ambos eran chicos con gustos similares y caracteres parecidos, no lo pasarían mal si compartiesen cuarto, se dijo, incluso puede que les pareciese una idea genial.

Ambos se llevaban a las mil maravillas y Aden admiraba a Ilian casi tanto como Ilian le admiraba a él, así que ¿por qué no?

¿A quién quería engañar? Aquellos pensamientos eran estúpidos y vacíos, solo algo con lo que distraer su mente para no sentirse tan sola en su lugar.

Maddie levantó el pie para ver el corte que se había hecho en la planta del pie comprobando que sangraba mucho menos de lo que lo hacía antes ahora que el agua se había llevado consigo el resto de sangre.

Sanaría en un par de días si se lo curaba bien y quizás le dejase una pequeña cicatriz que se fundiría con su piel, y disminuiría visiblemente con el tiempo.

Al deslizar sus dedos por el borde del corte siseo un poco y no pudo evitar mirar las marcas de uñas y los arañazos que le cruzaban de lado a lado las muñecas y los antebrazos, el agua caliente había borrado algunas de las marcas y había vuelto otras mucho más rojas y marcadas.

Escocían un poco, como si cada arañazo ardiese sobre su piel haciendo que esta doliese y picase un poco, ni siquiera lo había notado bien hasta ahora que aquella calma se había apoderado de ella.

Estas también se atenuarían y desaparecerían devolviéndole el sano color que su piel tenía siempre, todo se iría... la crispación, el dolor, la humillación, la ira, la rabia... todas aquellas sensaciones en unos días desaparecerían, ¿y quien sabe que otras cosas llegarían en su lugar?

Mejor no pararse a pensarlo, llegase lo que llegase lo esperaría de igual modo igual que había esperado que las cosas en algún momento sobrepasaran su limite entre Hashelee y ella, como había esperado que las cosas se torciesen y se volviesen aún más mal.

Obligándose a devolver el pie al suelo, Maddie se puso en pie y se comenzó a secar bien con la toalla, volviéndose hacia la cama donde había dejado lista su ropa para comenzarse a vestir.

Una camiseta ancha y larga, unos pantalones cortos y la ropa interior, no necesitaba nada más para sentirse cómoda allí.

Justo cuando terminaba de vestirse escuchó un ruido fuera y volvió la cabeza hacia la puerta, Aden debía haber llegado ya o quizás Ilian era quien había regresado de su cita, Lexa no podía ser porque pasaría la noche en casa de Octavia con ella o quizás fuese Clarke. Dudaba que después de lo que le había dicho fuese Gustus quien estuviese allí.

Maddie se dirigió a la puerta de la habitación girando el pomo de la puerta y al salir se encontró con quien menos esperaba disponiéndose a abrir una de las puertas.

—¿Ari?

Ontari volvió la cabeza al escuchar aquella voz creyendo que seguía sin haber nadie en casa o que quizás estuviesen todos dormidos justo a tiempo de ver como el rostro de su hermana más pequeña se iluminaba nada más verla.

Ella era la única en el mundo que la llamaba así, y era agradable volver a escuchar su voz llamándola de aquella manera.

En cuanto Maddie se dio cuenta de que aquella imagen era real y que su hermana mayor era quien estaba allí se sonrió débilmente presa de la ilusión y la sorpresa y no pudo evitar cruzar el pasillo para ir a abrazarla.

—Oh dios, ¿pero qué haces tú aquí? —la abrazó con fuerza ella sonriéndose al tenerla de vuelta—. ¿Cuándo has vuelto? —le preguntó al separarse un poco de ella para verla muy cerca—. ¡No puedo creer que estés aquí, en serio! ¿Lo sabe alguien más? ¿lo sabe Lexa? —le preguntó totalmente entusiasmada de tenerla allí—. ¡Porque no nos ha dicho nada de que vendrías! ¡Mírate, estás... estás guapísima! —la volvió a abrazar Maddie llena de cariño y admiración, dios... la había necesitado tanto—. ¿Nos has echado de menos?

Ontari que se había visto un poco pillada en falta y tomada por sorpresa, no pudo evitar devolverle aquel abrazo con fuerza alegrándose de que fuese su hermana pequeña y no otra persona quien estuviese allí.

Maddie siempre ponía las cosas fáciles para ella y se le encogía el corazón de pensar en que Emori en toda su vida no había podido tener nada así.

—Mucho —reconoció Ontari dibujando una leve sonrisa antes de fijarse bien en ella—. Sobretodo a ti.

Maddie que admiraba profundamente a Ontari y congeniaba la que más con ella se sonrió sin poder evitar que aquella aparición inesperada suya la ilusionase como si de un viaje a la mismísima Disneylandia se tratase y dio un pequeño saltito en el sitio volviéndola a abrazar.

—Yo también te he echado muchísimo de menos. Siento muchísimo no haber podido ir a verte tanto como me hubiese gustado, hemos tenido mucho lío aquí y con los exámenes tan cerca, he tenido mucho más trabajo de lo normal.

Ontari que la vio separarse sacudió la cabeza imperceptiblemente restandole importancia a las pocas visitas recibidas en Hollysbrooke pero entendía que el mundo entero no se parase porque ella estuviese allí.

—No importa —le dijo abriendo la puerta de su habitación para entrar a ella viendo la cama algo deshecha y algo de ropa que no reconoció como suya amontonada sobre una sabana en el suelo que la hizo cambiar su expresión ligeramente—. ¿Quién ha estado aquí?

Maddie que se apoyó del marco de la puerta viéndola llegar al interior de la habitación, se llevo la mano a la cabeza dándose cuenta de que probablemente Ontari no estuviese al día de lo que estaba ocurriendo allí.

—Lexa. Hemos tenido que alquilar su habitación para pagar los meses atrasados que debíamos de alquiler.

Ontari que se acercó a sus estanterías como queriendo comprobar que todo estuviese en su lugar, se quedo en silencio por unos segundos.

—Pero no te preocupes, ahora que estás aquí seguro que Lexa encuentra la manera de devolverte tu habitación —repuso Maddie no queriendo que se disgustase o preocupase por aquello—. ¿Quieres que te prepare algo de comer? —le propuso Maddie separándose un poco de la puerta para entrar—. Es bastante tarde, y seguro que tendrás hambre, sé que la comida de Hollysbrooke es un asco pero si quieres...

—No me apetece nada, pero gracias Maddie —respondió Ontari volviendo la cabeza para verla no queriendo ocasionar mucho más revuelo con su llegada—. Vengo de casa de Roan y...

—Claro, habrás... habrás ido a verle nada más salir, es comprensible —le sonrió Maddie aún emocionada con su presencia—. ¿Cómo está él? No ha dejado de preguntar todos los días por ti.

—Está bien —contestó Ontari sentándose en el borde de la cama para comenzar a quitarse las botas y la ropa—. Él tampoco esperaba verme allí.

—Pero yo creía que aún te quedaban muchos más días para salir, ¿qué ha pasado? ¿te has portado bien y por eso te han dejado salir antes?

Ontari que bajo la mirada a las botas viendo la pulsera telemática sujeta a su tobillo prefirió eludir ese doloroso asunto.

—Algo así, si.

Maddie que se fijo en la pulsera también sonrió para si perdiéndose por el pasillo para ir a buscar al baño el aceite para bebés, cuando regreso se lo tendió a Ontari sabiendo que estaría deseosa de desprenderse de la dichosa y asfixiante pulserita, un viejo truco que era conocido por todos en aquella casa y que le serviría para librarse algunas horas de ella.

Ontari cogió el aceite para bebés, lo abrió y se embadurno el tobillo con este lo suficiente como para tirar de la pulsera con esfuerzo sin que esta se rompiese o estropease y con esfuerzo poder lograr sacársela por el pie para dejarla en el estante, y que pareciese que permanecía en el interior de la casa durante todo ese tiempo a ojos de su agente de la condicional.

Tardo medio minuto más de lo normal en conseguirlo siseando al sentir el dolor del grueso dispositivo de la pulsera curvándose sobre el hueso de su tobillo, pero una vez consiguió tirar del todo de ella y comprobar que no se hubiese dañado se la entregó a Maddie que la cogió y la llevo a lo alto de la estantería para que no se perdiese en ningún otro lado de la casa esta le sonrió.

—Los demás no se lo van a poder creer, ¿sabes que le han quitado el respirador a Luna?

Ontari que levantó la vista al oírla cambió ligeramente la expresión de su cara a la más pura sorpresa.

—¿Me tomas el pelo?

—No, te lo juro —replicó ella sonriendole de lo más encantada de poder darle la noticia sentándose ahora a su lado en la cama—. Aden y yo estuvimos con ella ayer, la han pasado a una habitación y ya podemos ir a verla mucho más que antes, ¿no es genial?

Ontari asintió pillada por la grata sorpresa y cerro la botellita del aceite inclinándose para dejarla en el suelo junto a sus pies acariciándose la marca que se había hecho en el tobillo al subir su talón a la cama.

—Si que lo es, si.

—Mañana pensaba saltarme las clases para ir a verla, ¿te quieres venir?

—Claro, cuenta con ello —le puso buena cara Ontari bajando la mirada de nuevo a su pie.

—¿Y tú como estás? ¿qué tal te ha ido todo? —quiso saber Maddie fijándose en ella a su lado con una sonrisa expectante—. ¿Has hecho mucho de las tuyas con Emori por allí?

Ontari que escuchó el nombre de Emori bajando el pie al suelo tiro sin querer la pequeña botella de aceite para bebés que choco contra el suelo.

Maddie que se dio cuenta se inclinó aún sentada en la cama para recogerla volviendo a ponerla en pie algo más alejada de ellas sonriéndose a la espera de su respuesta.

—Seguro que lo habéis pasado genial juntas, menuda envidia.

—Si, ha... ha estado genial —contestó Ontari quedamente eludiendo su mirada ahora con una punzada de dolor cruzando su corazón—. Oye Maddie estoy un poco cansada, ¿te importaría que siguiésemos hablando mañana de todo eso?

Maddie que sabía que era bastante tarde, se dio cuenta de que igual estaba atosigándola un poco con tantas preguntas y le sonrió levantándose de la cama para irse.

—No, claro, tranquila. Hablamos mañana. Lexa se va a quedar hoy con Octavia así que no te preocupes por quedarte dormida aquí —le dijo inclinándose para abrazarla de nuevo antes de besar su mejilla disponiéndose a ir a la puerta para salir—. Me alegro mucho de que estés de vuelta aquí.

La presencia de su hermana era capaz de borrar de ella cualquier rastro de preocupación o de dolor, sintiendo que con ella allí nada malo podría pasarle y le sonrió desde la puerta.

—Que descanses.

—Tú también —respondió Ontari quedándose a solas consigo misma allí.

Iba a tener que pensar en que decir cuando le preguntasen por ella, especialmente Maddie que era quien más curiosidad tenía siempre de todos y quien más cercana se encontraba a ella allí.

Continuara...