Nada de Katekyo Himan Reborn me pertenece, solo la historia y uno que otro agregado que aparecerán más adelante en la historia.


Family of the Past

Capítulo 72

- Te odiamos en el futuro, ¿no es así? – Alguien tenía que decirlo, bien podría ser él. Menos mal que los ineptos herbívoros aun no llegaban.

El pelirrojo subió la vista hacia a él, como si nada del otro mundo pasara, sonriéndole de una forma divertida e irónica. A su lado, en su regazo en todo caso, estaba cierto chico que por más que lo persiguió no logro morderlo hasta la muerte. Habían sido buenas batallas, incluso si fue todo un dolor en el costado cazarlo. Estaba seguro de que solo dio con él cuando él quiso y no de otra forma. De cualquier forma, no podía quejarse. No podía esperar a que el omnívoro se volviera fuerte como este, iba a asegurarse de que fuera rápido…

- A veces creo eso. – Y no le molestaba ni le importaba, genial. – La clave, Kyoya, es saberlo llevar.

- ¿Llevar? – Estaba listo para dar media vuelta y hacer de cuenta que no había visto nada.

Tsunayoshi estaba viendo la televisión usando a Emma de almohada improvisada. Eso no quería decir que el omnívoro no lo hubiera visto a estas alturas, le había sonreído y le había saludado energéticamente con una mano. Como no se levanto era un misterio, pero lo agradecía. Ignorando los celos que prefería no reconocer, no tenía idea de cómo lidiar con alguien tan afectuoso y poco respetuoso. Seria agarrado de oso de peluche, lo sabía.

- ¿El bebé te lo permitió? – La botella de vino estaba puesta inocentemente en la mesa con dos copas. Señor, había una botella vacía, así que, por todas las apariencias, esta era la segunda.

- Kyoya, Kyoya… - La sonrisa se volvió muy afilada de repente. – Sabes, esto es algo que nunca entendí. – Deliberadamente revolvió los cabellos chocolate sin mirar, dándole a conocer algo que debió de haber notado desde el comienzo. – No tiene mucha tolerancia al alcohol, ¿pero realmente es tan malo tenerlo así? – Era un problema, en su opinión. – No lo dejan, no más de un vaso aquí y allá. Una borrachera de vez en cuando no cae mal, él lidia con la de todos ustedes cada vez que ocurren, ¿y ustedes no pueden lidiar con él?

Cuando lo ponía así sonaba muy egoísta-

- Todo termina en ruinas Emma-kun. – Mejillas rojas, perfectamente contento donde estaba. - ¿Kyoya?, ¿no vienes? – No, mejor no. Terminaría de osito de peluche.

- Reborn me dejo si mantengo un ojo en él, y Tsu… - Una pequeña risa burlona, no ayudo que el otro chico se levantara para abrazar y no soltar. – Tsu no va a recordar, y confía en que no dejare que todo se vaya a la ruina. – Rodando los ojos agrego: - No tengo nada de qué preocuparme, siempre es así, ¿sabes? – La sonrisa desapareció por completo solo para ser reemplazado por una expresión seria. – Cuando está muy estresado o tiene algo en mente que no lo deja en paz, le da por querer un poco de vino. Es fácil convencerlo de tomar, en las circunstancias adecuadas. Tsu es el más amigable y calmado de todos los que conozco, pero…

El carnívoro se calló. Porque por más herbívoro que se hiciera pasar, este hombre era peligroso. Podía sentirse, era diferente al omnívoro. Hablando del omnívoro, no estaba seguro si debía de seguir llamándolo así… Si no actuara tanto como un herbívoro…

- Da que pensar, ¿no es así? – Ah, el bebé. Alguien responsable.

- ¡Papá! – Alguien borracho no debería de poder moverse tan bien, ¿cierto?

- No voy a poder acostumbrarme a esto… - Se quejó un carnívoro un tanto incómodo.

Reborn, a diferencia de lo que se hubiera pensado, se dejó tomar, abrazar, e incluso dejo que el chico frotara sus mejillas. En todo caso lo único que hizo fue palmear a su estudiante en donde alcanzo, dejando que León hiciera el resto: hacerle cosquillas al chico y darle su versión de un beso antes de acomodarse en su pelo. Reborn no lucia siquiera sorprendido.

- El alcohol suele quitar las inhibiciones de la gente, por eso suelen decir y hacer cosas que usualmente no dirían. – Como si nada, como si no estuviera siendo bañado en afecto de un adolescente muy feliz. – Estoy bastante seguro de que debí enseñarle cómo manejar estas cosas, pero sea como sea es inesperado un borracho cariñoso. – Al punto de ser empalagoso. – Perfectamente coherente, cosa que… - Se apagó, dirigiendo su mirada a Hibari. – Creo que sería sensato que apuraras a esos idiotas, o te unieras. – Allí lo había dicho.

Reborn ni siquiera pestañeo mientras que Emma solo suspiro. Tsu, por su parte, solo tuvo un corto momento en donde su sonrisa y buen humor se perdió. Fue solo un corto momento porque Reborn llamo su atención con un leve pellizco juguetón.

- Nunca entendí que tanto les costó… - Ya no había nadie en el umbral. Ya debía de haber salido por cualquier ventana con la que entro. – Tsu es fácil de contentar, incluso en la resaca. – Reborn tenía una buena idea del porqué, desgraciadamente. – Aparte del dolor de cabeza y algo de cansancio, no tiene nada. Una pastilla, un poco de agua y un día relativamente tranquilo y no sabrás que se emborracho la noche anterior. – Eso no era el problema, pero era buena información.

- Nunca agarro resistencia porque no lo dejaron, ¿uh? – No es que fuera a tener un cambio radical, pero en fiestas era necesario beber así fuera un poco.

Una mala imagen seria que sus propios guardianes le negaran o le hicieran casi imposible tomar algo. Mala imagen seria solo saber que su familia tenía tanto poder sobre él, y las implicaciones no invitaban a nada bueno.

- Realmente no estoy contento contigo, Emma. – Tampoco podía molestarse. - ¿Conseguiste la información que querías? – Era jugar sucio, y Tsu estaba consciente de ello. Todos estaban conscientes de ello.

- Ne, Reborn-san… - Borracho o no, había cosas que Tsu no respondería. La cuestión era en cómo o que preguntas hacerle, en su opinión. - ¿Crees que solo ha querido más cariño todo este tiempo?, su familia pasaba todo el tiempo en peleas y en misiones, y si no era así él estaba ocupado o… - O no decía nada. No iba a hacerlo, ni siquiera debería de haber hecho falta.

- Hmm… - Desde antes, seguramente.

- Siempre me pareció raro, no se detiene seas quien seas… - Ya no le sorprendía. Era obvio que no tenía vergüenza ahora. – Se molesta si se le niega mucho, le da por rabia/tristeza. Y cree que es un borracho enojón, ¿puedes creer eso?, por no decirle la verdad… - Le dejaron creer lo que pensó. No sería la primera vez.

- Gokudera es demasiado respetuoso. – Se alarmaría y huiría, creyendo algo que era y no era correcto. – Yamamoto solo se reiría y lo complacería, si le pregunta. – Con solo el indicio. Tsu no haría tal cosa, con ninguno. Era demasiado… temeroso. – Lambo es solo un niño, está en sus cosas. – Centrado en lo suyo. – Hibari no lo tomaría bien las primeras veces. – En especial en público. – Mukuro se metería con él y dependiendo de su humor lo complacería por un rato. – Si es que podía. – Chrome no lo tomaría bien las primeras veces. – Por no mencionar que daría la impresión equivocada. – Y el ultimo lo tomaría como una competencia. – Ni siquiera lo entendería. – Todos se podrían celosos y no sabrían que hacer con Tsu. – Y por ello todo lo demás que Emma se quejaba. – Emma, Tsu es demasiado temeroso como para decirles nada. – En especial algo tan personal.

Se refería al de este tiempo. No es que este Tsu fuera mucho mejor, siendo honesto. La diferencia era que a este Tsu le valía un colmillo muchas cosas, no le veía caso callar o hablar. A la final, él ya estaba solo en una mansión en donde solo estaban él y sirvientes que le tenían miedo. ¿Qué importaba a estas alturas hablar o no?, esa era la mayor diferencia con respecto a lo que decía este Tsu.

Temeroso de perder lo que tenía, de que se molestaran con él. No ayudaba que, de una forma u otra, todos pasaban por encima de sus quejas y lloriqueos. Tenía que bajar el sombrero en el hecho de que Tsu tenía razón en pesar así. Después de todo, si no le hacían caso con cosas tan simples y entendibles, ¿por qué lo harían con cosas más serias?

Era una bofetada. Un rudo despertar. Como se deseará llamarlo. Al menos estaba a tiempo para corregir y atajar los errores que había estado cometiendo. No serviría de nada si no eran todos o los más importantes. Je, y él confiado creyendo que Tsu había agarrado confianza en sí mismo con todo lo que había pasado y sus métodos de enseñanza. Confianza tal vez, pero solo en ciertas cosas. Auto-estima no, o muy poco.

Sea como sea, tenía muchas cosas que analizar aún. Al menos, pensó para sí, este Tsu había tomado todo muy bien y era abierto con él. El cuaderno negro no decía todo, y con todo y todo no podía evitar pensar que era básico e incompleto. Daba que pensar, mucho que pensar honestamente…

- ¡Juudaime!, ¡ya llegué para servirle! - Uno, dos… no era necesario el tres.

Ni siquiera fue necesario el saludo alegre de Tsu. Solo era una confirmación.

- Nada de dinamita. - No iba a cambiar nada de todas formas. - Yamamoto. - Saludo al otro adolescente que había quedado de piedra al ver las botellas de vino.

Solo tomo uno y medio y probablemente se terminaría lo que quedaba. Emma lo conocía muy bien, había traído uno de los que más le gustaban-¡Puff!

-... y eso sería todo. - Quién sea que fuera el receptor nunca lo recibiría, eso era seguro. - Oh. - Uno, dos… - ¡Tsuna-kun!

Esto iba a ser común, ¿no es así?

- Déjalo, es un regalo de tu yo futuro. - No era que quedará mucho y ya estaba borracho. ¿Qué importaba? - Háganse cargo ustedes dos, y no se peleen. - Y solo porque sabía que hacer gracias a cierto tramposo: - Tsu, suelta, en un rato regreso. - Tonto, simple, pero efectivo.

Un pequeño truco que funcionaba sin problemas. La única excepción era si alguien le daba a entender que fue mentira y lo tomaría mal. ¿Quién no lo tomaría mal siendo sinceros?, y más un borracho.

Todo lo que quería saber Emma era sobre el incidente y mayormente la razón de aislarse tanto cuando tenía más familia que solo sus guardianes. Emma tenía razón en esto, pero le preocupaba en donde rayos estaba él cuando esas cosas pasaron. Un alto a ese comportamiento auto-destructivo hubiera sido lo primero, estaba seguro.

Tsu no fue muy informativo sobre lo que paso en el incidente, no quería hablar de ese tema. Lo único que dijo era que era su culpa, de nadie más. No hace falta decir que ni él ni Emma concordaban, pero discutir con Tsu en el momento era invitar problemas. Con todo lo demás… podría resumirse en que no quería ver a nadie, que no era "Tsunayoshi-sama" y por tanto era mejor así porque nadie querría verlo a él. Había dicho que si ni siquiera sus guardianes, sus mejores amigos, los que siempre estaban allí, se habían ido porque no soportaban estar con él, lo mismo pasaría con otros y no quería pasar por eso otra vez.

Si solo con matar ya tenía un estado emocional inestable que nunca, era lo que podía suponer gracias a lo que sabía y a las notas de su yo futuro, fue tratada debidamente y posiblemente aún estuviera presente, dejarlo solo hizo todo peor. Dejarlo solo era lo peor que se podía hacer, pero tenía el mal presentimiento de que se hizo algo más y por ello estaba el "Tsunayoshi-sama", como si hablara de otra persona. Eso no era normal, y dudaba mucho que apareciera solo porque sí. Tenía un significado, una razón, no apareció solo o porque sí. En pocas palabras: sus guardianes hicieron la situación peor, mucho peor de lo que ya era, por solo Dios sabe qué. Esa razón era para después.

Miro de reojo al chico que prácticamente estaba derretido abrazando a sus dos guardianes y diciéndoles algo cursi si las risas decían algo. Ese chico no se curó de ese incidente, solo lo había enterrado bajo la forma un mal recuerdo y la confirmación de temores viejos. Seguía allí, aparecería de vez en cuando y quizás sería así por el resto de su vida. Era muy posible que no alcanzará a hacer las paces consigo mismo por completo. Era mucho tiempo, muchísimo tiempo.

Una persona triste, inestable emocionalmente, no debía de dejarse sola. Cualquier cosa que se les pasará por la cabeza quedaría y muchas no serían cosas buenas. Era una suerte, honestamente, que este Tsu no hubiera hecho algo irreparable. La soledad no era buena amiga para alguien deprimido, hacían locuras, se enfermaban…

Lo peor era que lo más que podía hacer era aprender para que el Tsu de esta época no sufriera por el mismo camino. No había mucho que se pudiera hacer con alguien que ya había puesto todo como un hecho, y cuyo tiempo con ellos era limitado y más como un feliz sueño que cualquier otra cosa.

Su yo futuro probablemente no tenía mucho que salvar. Este Tsu se le sería un reto, y como ya había dicho antes: era muy probable que nunca sanara del todo. Y dijera lo que dijera, este Tsu nunca volvería a confiar de la misma forma en la que solía hacerlo con nadie. Ni de la forma en la que estaba confiando con ellos. De eso estaba seguro, y su yo futuro debía de saberlo.

Realmente esperaba que la desaparición que tuvo en la vida de Tsu hubiera tenido una muy buena razón y de que hubiera valido la pena. Este Tsu jamás volvería a ser aquel que alguna vez fue, y mucho menos sería el que de verdad debió de haber sido siempre, como era ahora.

Bueno, pensó para sí, ese ya no sería su problema. Haría lo que pudiera por este Tsu, no había más que pudiera hacer por más que lo quisiera.

En todo caso, estaba con Hibari. Ir al futuro a darle un buen golpe a su yo futuro sonaba genial. Era una lástima que no pudiera hacer tal cosa… aunque si había algo que podía hacer…

-... esperado, ¿no crees Mukuro-chan? - Miro mal a la chica y se preguntó por quién sabe cuanta vez que rayos vio Gokudera en esta mujer. Era demasiado insistente.

- Paso. - Se sirvió un poco más de vino blanco. No era su interés, y francamente necesitaba un descanso. - No me involucren en sus asuntos, no hace falta una fiesta. - No había nada que celebrar.

Hoy no iba a ser de niñera para la versión infantil de su jefe. Hoy no. Era suficiente. Mañana sería otro día y no pasaría nada, iría a verlo. Hoy no, no podía, era suficiente. ¿Es que no podían sentir como si se muriera algo por dentro cada vez que ese hombre sonreía y los trataba como si el tiempo nunca hubiera pasado?, porque él sí. Y dolía.

Si bien era más feliz y era travieso, también era tímido en cosas que dolía. No sabía cómo el ex-Arcobaleno podía hacerlo, como podía estar con él tan seguido o enseñarlo como si se tratará de su hija. Estaba haciendo un espléndido trabajo, eso no podía negarlo. Y no estaba mencionando las repentinas "posesiones" de la otra personalidad que no tenía reparo alguno en burlarse, insultar y decirles un poco de todo. No había nada más doloroso que la verdad después de todo, y esa personalidad la usaba como arma a cada rato. Los odiaba, estaba casi seguro. Los odiaba y los amaba al mismo tiempo. No quería su renuncia, su muerte, nada. Era extraño, honestamente…

- Esta bien, pero luego no te quejes si algo no va a tu gusto. - Todo el asunto no iba a su gusto. - Asegúrate de al menos conseguir un regalo, ¿sí? - ¿Eh?

- ¿Un regalo? - ¿Qué tenía que ver eso con-

- Es el cumpleaños de Reborn y Tsuna-kun, pero no te he dicho nada, ¿está bien? - Tenía que ser una broma. - No queremos presionar a nadie ni que sea muy grande. Solo una pequeña fiesta privada, sorpresa-

- No tenía idea de la ocasión. - Tenía que hacer control de daños. Ya. - No creo que se deba hacer una fiesta, menos sorpresa. - Había varias razones, pero principalmente: - No sabemos cuál de las dos personalidades aparezca ese día, el adulto de seguro se molesta, y el más joven se sentirá intimidado. - Era así. "Pequeño" era como "gigante" para cuando estaban en Japón. - Algo sencillo, muy sencillo, sería lo mejor. Eso, o preguntarle que quisiera sería lo más prudente… - De hecho: - Quiere salir, un picnic podría funcionar. - Aunque trajera más problemas del que estaban dispuestos a tratar.

Si salían, pondrían en riesgo al Décimo Vongola. No es que hiciera falta preocuparse por él, más que lo mínimo al menos. No, debían preocuparse por ellos mismos. Si se daban cuenta o se corría la voz, habría problemas.

Querrían ver al Décimo, querrían saber que pasaba de su boca. Y tenían a un jefe con doble personalidad, las cuales no estaban aptas para eso, ninguna. Una no iba a entender que lo que dijera, como actuara, hiciera sería visto con mucho calculo. Demasiado inocente, demasiado obvio que no sabía, y ni mencionar las pequeñas "posiciones". Se notaría de inmediato que no estaba bien de la cabeza y creerían que se estaban aprovechándote de él. La otra personalidad no sería mejor, creía que todo era un sueño, y lo que hiciera dependería de su humor y no tenía mucho filtro que digamos. Capaz y decía que todos se fueran al diablo con una sonrisa o algo así. No sabía cómo no lo había hecho ya.

- No puede salir aún, los médicos no aprueban. - ¿Qué no podía salir?, trata de decirle eso al paciente en cuestión. En cualquier momento sale porque ya no quiere estar más tiempo encerrado. Eso le hacía preguntarse cómo se mantuvo 3 años enteros aquí dentro sin queja… - Un picnic suena bien, ¿sabes? - Sin duda alguna. - Bueno, será mejor que me vaya, Hayato debe estar buscándome. Hasta luego Mukuro-chan~

- Tsk. - Mujer insoportable.

Se terminó la copa con calma, preguntándose internamente a quién le harían la vida triste sus muchachos. Su tío estaba siendo cooperador con ellos, así que iban a estar haciendo bromas pesadas por un largo tiempo…

-... buen gusto. - Esto fue lo primero que oyó al abrir la puerta del comedor.

Era muy temprano como para ser la hora de almuerzo, y Tsunayoshi rara vez comía aquí. Se le hacía muy grande el espacio y no le gustaba la atención que le daban los sirvientes. Al menos así era con la personalidad más joven. No se esperaba nadie a esta hora honestamente.

- Pues sí, es preciosa. - Squalo y Yamamoto. Pensaba que aún seguían de malas. No es que estuvieran muy juntos ni nada, el ambiente era tenso entre ellos.

- Reborn ha hecho un cambio casi total de personal, pero no me espere esto. - ¿Hmmm?

Había dos personas comiendo lo que parecía ser un desayuno tardío, el jefe de Varia y Mammon. Uno de ellos tenía los pies sobre la mesa y comía rosquillas con café. Mammon no se veía muy feliz, era muy probable que no le dejaran ver a Tsunayoshi aún. Así que, ¿de qué preciosura estaban ha-Ay Santo Dios Bendito…

- Shishishi, ¿no era que no sabías bailar? - El rubio con corona y una sonrisa de suficiencia no era el problema.

- No sea así Bel-sama, de broma se esté… - La típica romántica. No tenía casi pasos. El sonrojo y la timidez no se la tragaba. No podía.

Hermosa, sin duda alguna. Pelo negro hasta las caderas, grandes atributos y esplendidas curvas. Combinado con un traje de sirvienta y una cara muy bonita con un sonrojo y lindos ojos verdes…

- Shishishi… - Miro de reojo a Mammon, ¿no se había dado cuenta o se estaba haciendo la que no sabía?

Esa no era una persona real, era una ilusión. Una muy profesional, casi sutil. ¿Cuándo?, ¿cómo?, se habían infiltrado y-

- ¿Y bien?, ¿no planeas decirme tu nombre princesa? - Ay Santo Dios. Era un mal momento para enamorarse.

- ¡Hey! - Qué lo odiaran después. - Ven aquí sirvienta. - Ahora.

Un suave disculpe y un gran sonrojo avergonzado de la "chica" y el ceño fruncido de varios. ¿Cómo no se habían dado cuenta?

- ¿Qué demonios te pasa Mukuro? - Si, nadie se había dado cuenta.

- Llamen a Reborn. - Se limitó a decir, sin quitar la mirada de la "chica" que estaba a punto de llorar. Solo la había encadenado al suelo, nada más.

- Reborn está ocupado, jeje. - ¿Qué? - Los demás también, parece que tus chiquillos secuestraron a Tsuna otra vez, ya sabes cómo son ellos… - ¿Sus chiquillos?, ugh. - Los están buscando, los estamos esperando más bien. Ella ha sido un amor, suéltala, o al menos dale una silla, ¿sí?

- ¡Es una ilusión! - Estallo, sin entender como nadie se había dado cuenta aún.

Un minuto de silencio.

- ¿Una ilusión? - Mammon lo miro como si fuera un imbécil. - Es real, ¿realmente crees que no me daría cuenta de una ilusión teniéndola de frente?

- Pues obviamente no. - Señalo a la chica que ahora abiertamente comenzaba a llorar. Le valía un cuerno.

Allí inicio una pelea en donde todos se le fueron en contra, ¡hasta el imbécil de Yamamoto!, estaba rodeado de ineptos.

- ¿A qué se debe el escandalo? - Luego de lo que parecieron horas sonó la voz de la persona a la cual quería ver. – Más vale que tengan una buena razón… - El clic de un arma fue la única advertencia que dio, y la única necesaria para que la gente se callara.

- Nada, solo la basura con patas esa que acusa a esa jovencita de ser una ilusión. – Toma una respiración profunda, cálmate, no puedes matar a nadie… - Mammon hubiera más que sentido si eso fuera cierto, lo hubiéramos sentido todos. Además, ¿quién demonios hace una ilusión de una chica solo para atendernos?, fue la única que salió, por cierto. ¿Qué paso con el resto?, ¿no era que tenías nuevo personal a la orden o algo así?

Dos chicos le dieron mala cara, no solo a él. Los habían arrastrado, solo por la cara no habían tenido mucho éxito en su misión, lo cual era una verdadera lástima. Un poco de risas no caería mal, y ahora que todos habían probado ser unos buenos para nada…

- Cambie casi a todo el personal, debería haber una docena recorriendo esta zona, es casi hora del almuerzo. – Un asesino no estaba feliz de ser insultado, eso era seguro. - ¿Que chica?

- Pues-

- ¿Te refieres a estos sirvientes? – Gruño en frustración al ser interrumpido. – Están ocupados limpiando un desastre conmigo, parece que alguien tuvo la genial idea de llenar media cocina con una sustancia horrible, déjeme decirle señor…

Mientras que la explicación se extendía, cosa que en verdad no le interesaba saber, miro de reojo a la mujer todo su problema. Lo que encontró hizo que dejara de mover el pie con impaciencia y que enrojeciera en furia. La chica estaba muy calmada, tomando lo que parecía ser uno de los cocteles de la mesa, y cuando sintió la mirada correspondió, y le saco el dedo medio. ¡Nadie le sacaba el dedo medio!, ¡nadie!, ¡esta mocosa…!

- ¿Qué te pasa padre?

- Parece que alguien-

- insulto tu pelo otra vez. – Culminaron a la vez sus dos muchachos. Sus tontos e increíbles muchachos.

- Pues-

- ¡Ah!, ¡veo que ya-

- conociste a

- la señorita Tsubaki! – Culminaron ambos alegremente.

¿Qué acababan de decir?, ¿Tsubaki?

- ¿Acaban de decir Tsubaki? – Dijo alguien con un hilo de voz, ganándole en preguntar.

- Si, ella-

- es muy amable-

- y nos dio chocolate. – Culminaron ambos con sonrisas enormes.

El sitio quedo en silencio. Giro la cabeza lentamente, consiguiéndose con lo que lo demás estaban viendo. Al sentir la mirada, la chica subió la vista, dejando el coctel delicadamente a un lado, rodo los ojos como si estuviera tratando con idiotas, y se acomodó el pelo detrás de la oreja antes de levantarse.

Cabeza en alto, cruzándose de brazos inmediatamente y haciendo notar los melones que tenia de pechos. Era una pose de chica molesta inconfundible, de chica que gritaba "no te metas conmigo si sabes lo que te conviene". Era un completo giro a la chica tímida y que estaba a punto de llorar antes.

- Púdrete escoria. – Esto fue a él, directamente a él, con voz muy molesta. De paso le saco el dedo medio otra vez. – Tan bien que iba todo, y tu vienes y lo arruinas. – Un suspiro profundo y la chica movió el pie con impaciencia. - ¿Qué esperas?, ¿un beso?, quítame estas * esposas antes de que te agarre del pescuezo y te saca la medula espinal por la garganta.

No había duda alguna, no señor, no había duda alguna de quien era esta persona ahora. Mammon fue quien la libero, rápido, siendo agradecida con una sonrisa radiante como si nada hubiera pasado.

- ¿Tsubaki-chan? – Pobres sus dos bebés, eso no se lo esperaron ni en sueños.

- ¿Si niños? – Completo 180. Con ellos sería una dulzura, con el resto. – Ne Bel-sama, me divertí mucho con usted hoy, muchísimas gracias. – Se inclinó porque a nadie le dio el tiempo de detenerla.

- Ya, déjalo caer. – Reborn fue el primero en recuperarse de verdad. – Por favor, déjalo ir, ya te divertiste mucho, ¿no crees? – Cuidado y si no toda la mañana. ¿Cuánto tiempo llevaba desaparecido de todas formas?

- ¿Tienes idea de cuánto me costó escaparme de esas niñeras?, no tengo 5 Reborn-san. – Un largo suspiro antes de que lo mataran con la mirada una última vez en esa forma. – La próxima vez iré con Viper o Teo… - ¿Eso era un puchero?

No era un disfraz, no como siempre. Lo único que tenia de disfraz era el traje y el maquillaje. Todo lo demás había sido una ilusión. Era raro, pero no era la primera vez que veía al Decimo Vongola con los labios rojos o las pestañas muy-

- Me la debes. - ¡Esa era su camisa! – Así que no te quejes, ¿he sido claro? – Con tal amenaza y mirada de muerte como no, como no…

Dos chiquillos estaban con la boca abierta de la impresión. No era todos los días que veían a alguien hacerse pasar por otra persona exitosamente y engañar a todos. Tampoco era todos los días que alguien que usualmente era tranquilo venir a hacer una travesura como esta y de paso amenazar a alguien con tal furia.

- ¿Por qué Tsubaki? – Oyó en la lejanía.

- ¿Para qué niñeras? – Fue la respuesta molesta de alguien. - ¡No tengo 5! – Y Natsu se comería vivo a quien siquiera le hiciera un rasguño. No soltaba a su amo, rayaba en vivir en él.

- Quizás no tengas 5, ¿pero te has visto en un espejo? – Trago y miro a los otros. Le devolvieron la misma mirada. Esto no era bueno.

- ¿Y? – Si, esto no era nuevo. – Eso no te importo antes desgraciado. – Nada bueno.

Esta no era la primera vez que se veía estudiante y tutor discutir, pero no de esta forma. Nunca de esta forma.

- Nunca te importo antes. – Repitió el jefe Vongola. – Lárgate, ni siquiera deberías estar aquí. – Doble auch.

No fue el único que hizo una mueca y comenzó a alejarse lentamente. Esto no iba a terminar bien. Y el que no quería ver a su jefe hoy…

No hubo respuesta por parte del mejor asesino del mundo. No inmediata. Tsunayoshi no estaba molesto, solo muy irritado. Si en verdad estuviera molesto, no estaría allí.

- ¿De verdad quieres que me vaya? – Una simple pregunta. La respuesta cambiaria muchas cosas.

- ¿Qué crees? – Nada, nada bien. - ¿Qué diablos crees Reborn? – Un breve pausa. No vio que pasara nada, pero Tsunayoshi si y no le gusto. - ¡* * Reborn!, ¡sigues siendo un idiota! - ¡Crash!

Se miraron mientras que más puertas siguieron tronando. Alguien sí que estaba enojado ahora. Siempre pasaba eso, una cosa muy rara de pasar. Bien podría ser un mito con lo poco que pasaba. Cuando el Décimo se enojaba y no podía con ello, se iba y solo se sabía que estaba enojado porque tiraba las puertas y alguna que otra cosa que estuviera en su camino.

Seguirlo, ir a verlo en un rato, era una mala idea. Se iba a encerrar en algún lado, y si lo encontrabas no iba a contestar. Había que dejarlo estar, alguien tendría que decirle eso a Varia, ellos no sabían-

- Je. – El mejor asesino a sueldo del mundo soltó, y luego se rio con ganas.

- No creo que esto sea asunto de risas, Reborn. – No, no lo era, concordaba con Yamamoto.

- ¿Es que no lo ven? – Volvió a reírse, como si fuera un buen chiste o algo similar. – No quiere que me vaya. – Subió la vista, mostrando una sonrisa muy egocéntrica. – Mi pequeño Tsu no quiere que me vaya, pero no quiere decirlo. – Su voz goteo satisfacción y superioridad. – Tsu está molesto, muy molesto, por eso no quiere decir la verdad. – Como si hablara con niños con retraso mental: - Sueño o no, enojo, resentimiento, y demás, Tsu no quiere que me vaya, no quiere que nadie se vaya. – Finalmente: - Nunca quiso que nadie se fuera, para empezar, está en todo su derecho de enojarse y decir lo que quiera. La verdad es que no desea que nadie se vaya así diga lo contrario.

En pocas palabras: por más que te insulte y por mas malos sentimientos que te tenga, el Décimo está feliz de verte.