Cuando el taxi que habían tomado en el aparcamiento del Red Sky se detuvo frente a la casa de Raven Reyes, la cual ocupaba desde hacía ya casi un año en Scranton Crow, ella abrió su bolso y sacó sus llaves y algo de dinero en efectivo que le tendió al conductor, él cual acepto sin apenas mediar palabra algún.
En el fondo, era evidente que aquel hombre tenía tantas ganas de que se bajasen de su coche como las tenían ellos de llegar a su destino.
Por lo general, no tenía problema alguno en tratar con la clientela del Red Sky, es más sus mejores noches solía pasarlas estacionado en las cercanías del club donde siempre había alguien deseoso de que le llevasen a cualquier otra parte de la ciudad o demasiado perjudicado para llegar por si mismo a casa y que requería de sus servicios, pero la imagen de una chica como Octavia entallada en un vestido tan llamativamente elegante y sugerente cubierta con lo que parecía ser algo de sangre le había trastocado completamente.
Aún así decidió no inmiscuirse en asuntos ajenos, y no decir nada al respecto, sobretodo debido a que los clientes del Red Sky pagaban mucho más por su discreción que por los servicios que les prestaba en si, así que tenía claro que conseguiría poco o quizás más bien nada haciéndolo.
En cuanto la vio bajarse del coche con ayuda de Ilian y de Raven sin perder de vista a ninguno por el espejo retrovisor, el taxista se puso nuevamente en marcha y lentamente se alejó por la oscura calle.
Fue entonces cuando Raven se separo de Octavia dejándola junto a Ilian y se acercó a la puerta del jardín para lograr abrirla, y hacerles pasar a los dos.
Cuando llegaron a la puerta, Raven metió la llave en la cerradura, y la empujo rezando por haber cerrado bien el sótano donde guardaba toda la documentación de los avances de su investigación bajo llave.
—Vais a tener que perdonar el desorden, no esperaba visitas y con tanto trabajo últimamente en el taller apenas he tenido tiempo de recoger un poco —se disculpo ella al tiempo que encendía las luces del salón y cerraba la puerta tras ellos.
Ilian que miraba a Octavia con cierta preocupación ya que apenas había dicho dos palabras desde que habían dejado el club volvió la cabeza para ver la casa y quedo algo desconcertado porque no sabía a que tipo de desorden Raven parecía referirse.
—¿A esto llamas tú desorden? —dijo algo quedo mirándola después—. Deberías ver mi casa.
—Ya imagino —trato de sonreírle ella restandole importancia al asunto—. Con tanta gente allí es normal, supongo.
—Si, si que lo es —contestó Ilian poniéndole buena cara antes de fijarse nuevamente en Octavia que parecía mantener la vista fija en el suelo.
Raven se dio cuenta de eso y se acercó a ella posando la mano sobre su espalda.
—Hey, Octavia —dijo suavemente llamando su atención consiguiendo que la mirase brevemente—. ¿Qué tal si te enseño donde queda el baño para que puedas ducharte, y me encargo de traerte algo de ropa limpia que te sirva? ¿te parece bien?
Octavia que pareció ser consciente por un segundo de que hablaba con ella, proceso aquellas palabras y finalmente asintió con la cabeza quedamente.
—Genial —replicó Raven poniéndole buena cara antes de mirar a modo de disculpa a Ilian de pie tras ella—. ¿Nos das solo unos minutos?
—Claro —respondió Ilian quedandosela viendo manchada así.
—No tardaré mucho, te lo prometo —le dijo Raven acercándose a él antes de llevar la mano a su cara para besarle muy dulcemente bajando después algo la voz—. Siento haber insistido en que me acompañases allí, no quería que se estropease tanto nuestra noche.
Ilian que se quedo algo embelesado por aquel beso, negó quedamente sintiendo a Octavia volver la cabeza para mirar hacia otro lado lejos de ellos.
—Lo que ha pasado no ha sido culpa tuya, tranquila.
Raven puso buena cara a Ilian sabiendo que aquello no era del todo verdad, y volvió a besarle muy dulcemente separándose de él.
—Pasa, siéntate, ponte cómodo —tomando a Octaviad del brazo suavemente para dirigirse a las escaleras y subir—. Estás en tu casa, si tienes sed o hambre sírvete lo que quieras de la cocina, yo bajo enseguida.
Ilian asintió con la cabeza empezando a dirigirse al sofá y no pudo evitar ver como Octavia subía triste y esquiva. No estaba acostumbrado a verla tan asustada, realmente era una sensación difícil de asimilar y de digerir. Pocas habían sido las ocasiones en las que se había detenido a pensar en el trabajo que Octavia o su hermana desempeñaban allí.
El arrojo, el temperamento, el aguante que debían tener cada una de ellas para enfrentar situaciones de ese tipo, y aún así volver una noche más allí sabiendo la clase de cosas que les esperan.
No todo el mundo sería capaz de hacer una cosa así y lo consideraba más una temeridad que una valentía.
Russell y los tipos como él eran tipos despreciables, y la sola idea de que alguna de las dos tuviese que lidiar con tipos como aquellos le hacía querer gritar.
Ilian se dejo caer sentado en el sofá, y se paso la mano por el pelo y la parte trasera del cuello sintiendo todo aquel estrés tensar sus curtidos hombros.
Había sido una situación jodida la que les había tocado presenciar a ellos, jodida de verdad.
No quería ni pensar en lo que Russell podría estar haciéndole a Miles Shaw ahora mismo pero dudaba que le volviese a ver por las carreras o el taller.
Vamos, ¿quién en su sano juicio sería tan estúpido de jugársela a Russell sabiendo en la clase de cosas que andaba metido? ¿es que acaso Shaw no conocía las reglas no escritas de Scranton Crow sobre no joder a tipos peligrosos como él? ¿o es que la vanidad le había podido y por ganar un par de carreras de las Racers Nights ya se creía mucho más despierto y listo que él?
Fuese como fuese lo cierto es que Miles Shaw era ahora hombre muerto y si con suerte sobrevivía a todo aquello iba a tener que abandonar la ciudad.
Ya lo había visto antes.
Muchos de los que se involucraban en sus negocios turbios entraban y salían del taller y a veces algunos desaparecían para siempre, es por ello que él no se involucraba jamás en aquellos asuntos.
Su familia le importaba tanto que no se atrevía a hacerlo y le constaba que a Lexa también. La posición de Octavia con respecto a Russell nunca le había preocupado como hasta ahora.
Quizás había preferido cobardemente no saber, no preguntarle ni preguntar a Lexa si algo les pasaba con él, si las trataba bien.
Nunca se detuvo a pensarlo antes de aquel momento, y ahora se sentía tremendamente culpable por ello.
Se sentía mal, y no había nada que pudiese él hacer para quitarse ese peso.
Nada.
Continuara...
