Nada de Katekyo Himan Reborn me pertenece, solo la historia y uno que otro agregado que aparecerán más adelante en la historia.
Family of the Past
Capítulo 73
- Donde estas Tsu, donde estas… - No se había escondido en su cuarto, ni en el jardín, ni en su estudio. No creía que estuviera en su oficina, pero nunca estaba demás revisar.
Estaba increíblemente contento, ¿la razón?, ahora sabía que Tsu de verdad lo quería aquí. Detrás de todo lo malo, Tsu en verdad los quería allí. Estaba simplemente contento con saber que ambos Tsu lo querían allí, incluso si lo insultaban o si se jugaban con él. Estaba bien que una cara estuviera bien contigo y te dijera que le alegraba que estuvieras allí. Pero que la otra te insultara daba que pensar. Si una te quería y la otra no…
- Bingo. – Murmuro para si con una mueca. Esto tampoco se lo espero.
Primero curación, signos de la llama del sol. Ahora ilusión, que sería llama de la niebla. Tsu solo tenía llamas del cielo, así que estas anormalidades le daban que pensar. ¿Sus llamas habían mutado o había ocurrido una adaptación allí?, en cualquiera de los casos ninguna era natural. En las pruebas no salía nada raro, seguían los mismos resultados. ¿Eso quería decir que estas anormalidades venían deshace mucho y no se dio cuenta?
No mentiría en decir que no era ventajoso, pero nada venia de a gratis, en especial algo así. Las llamas de la última voluntad eran únicas para cada persona, pero los tipos eran los mismos así tuvieran derivados. Tsu era cielo de armonía, eso no había cambiado, así que… Bueno, como sea, no era una prioridad por el momento. De cualquier modo, era cuestión de pruebas, análisis e hipótesis. No tenían tiempo para esas cosas ahora. Por todo lo que sabía, podría ser algo resultante de la doble personalidad. Si es que era doble, porque si había otra…
Y todo tenía tiempo, por desgracia. Tsu tenía tiempo haciendo estas cosas, lo cual no estaba ayudando. La pregunta de: "¿desde cuándo?" resonaba con fuerza, curiosidad en alto. No era prioridad, no ahora.
- Excelente Tsu, excelente. – Y en tercer puesto: había congelado la puerta y de paso también la ventana.
Esto era nuevo, pensó para si con una mueca. Aparentemente cerrar las puertas con llave ya no era suficiente. ¿Siquiera uso las llaves?, tenía el presentimiento que no. Si iba a congelar las entradas, ¿para qué rayos necesitaba cerrar nada con llave?
- Increíble. – Hasta la entrada secreta la había congelado. Esto ya era ser paranoico. Le había enseñado bien y eso venía a morderle el trasero justo ahora.
Tendría que poner una nueva regla, una que decía que sus estudiantes no podían usar sus enseñanzas en su contra a menos que tuvieran la autorización para hacerlo. Santo Dios, no podía creer esto y no debería de encontrarlo divertido. Bueno, ya que las entradas estaban bloqueadas, todas, eso significaba que tendría que hacer una-¿Uh?
- ¿Primo? – Era eso o estaba alucinando. Prefería la primera.
- Esta congelando todo. – Fue dicho deliberadamente. El fantasma de Giotto Vongola no le daba buena espina con lo serio que estaba. – Corres el riesgo de entrar en el campo de congelación si entras.
- Me sacara después. – Seria incómodo y molesto, pero Tsu no lo dejaría allí por mucho tiempo. - ¿Por qué? – Y, de hecho: - No creo que solo hayas aparecido a decirme eso. – Seria demasiado bueno para ser verdad.
- No vine por ti. – Ah. Excelente. – Congela todo y se encierra, lo alteraste mucho. – Esto fue una acusación sin filo. Una observación dirían muchos.
- No busque alterarlo. – Pero se enojó, ¿qué podía hacer?, ni siquiera le busco pelea. – Vengo a tratar de arreglar las cosas, sé que no quiere verme. – A nadie.
- Si todo falla hazlo dormir. - ¿Que lo noqueara?, excelente. Nótese el sarcasmo. – Cuando se altera demasiado esto ocurre, lleva un par de años. – Traducción: es una de las consecuencias de haberlo dejado solo tanto tiempo a merced de sus propios demonios. – Y Reborn…
- ¿Hmmm? - ¿Que iba a decirle?
- Ten cuidado de lo que le digas a ambas "personalidades", ¿de acuerdo? – La palabra "personalidades" fue dicho con una extraña énfasis. – Suerte.
- Espe… - Se apretó el puente de la nariz y trato de no molestarse.
No podía matar a un fantasma por más que lo deseara y no valía la pena insultarlos. Igual Primo no le diría nada si no quería decirle. Ahora tenía dudas y quizás Primo solo estaba siendo serio, o buscaba molestarlo. No es como si los fantasmas metidos en un anillo tuvieran muchas entretenciones, ¿no así?
Al menos Primo le había hecho el favor de "abrirle" la puerta secreta antes de desaparecer. Igual se apresuró en abrirla, sin querer correr el riesgo de que Tsu volviera a congelarla. Dudaba mucho que Primo fuera a volver para descongelarle la puerta otra vez, lo llamara o no.
En cualquier caso, ver a Primo no era un buen signo. No debería haber razón alguna para que apareciera, así fuera momentáneamente. Si estaba aquí, había una razón. La razón era lo que le encantaría saber, tenía que ser algo serio. Si por cualquier cosa aparecieran los fantasmas del anillo, sería una ocurrencia diaria. Se aparecerían hasta en la sopa.
- Al menos sé que estas mejor… - Murmuro para sí secamente, sintiendo a León bajar de su sombrero a su hombro, admirando como gran parte de la habitación había sido consumida en hielo.
El hielo seguía creciendo, a un ritmo un tanto alarmante, se dio cuanta al tener que mover los pies rápido antes de que quedara atrapado. Cielos, que problema. ¿Quién rayos le dio la idea a Tsu de que hacer todo esculturas de hielo era una buena idea?
- Lo siento abuelo… - Si no fuera porque no podía quedarse quieto por más que un par de segundos o se haría una escultura de hielo viviente, hubiera tomado un minuto o dos solo para contemplar lo dicho en paz.
- No soy Nono. – Aunque dudaba altamente que Tsu se refiriera al anciano. Nono se había desentendido de todo el asunto casi el mismo día que Tsu tomo su puesto como tal. No volvió nunca más, al menos no por su cuenta.
Pobre de aquel diablo que decidiera molestar al anciano. Pobre de aquel que medio le dijera lo que ocurría aquí. Tal vez tendría que ser él, pero él no era un pobre diablo. La verdad, no sabía si Nono siquiera merecía saber lo que ocurría. Había perdido respeto con él al ni siquiera tratar de mantenerse en comunicación con su sucesor o mantenerse al día con las noticias de la mafia.
El hombre que se había hecho prácticamente una pelota en su silla de trabajo, alzo la vista por un corto y confuso momento. Brazos sujetando sus piernas, cabeza apoyada en sus rodillas. Ojos rojos y mejillas húmedas, semblante cansado y molesto. Había esperado chispas, y no el hecho de tener que saltar arriba de un mueble ante un crecimiento enorme de hielo que casi le agarra medio cuerpo en un pestañeo. Hasta el papeleo estaba congelado, quizás hasta fue lo primero…
- Primo. – Fue frio, oscuro y hasta cortante. – ¿Te dejo entrar?
Con que abuelo, ¿eh?, entonces…
- Si. – No había caso en mentir. Tampoco hacía falta. - ¿Te visita seguido? – Seria tanto una preocupación como un alivio…
Un bufido bajo, eso era un sí. Era una preocupación porque, como decía, los fantasmas de los anteriores jefes Vongola solo aparecían por cosas serias. Era un alivio porque eso significaba que Tsu no estuvo tan solo como creyó. Así solo fuera de vez en cuanto, lo agradecía. Era, por desgracia, muy probable que Primo apareciera para detener a su sucesor actual de cometer una tontería irreparable. También era muy probable que Primo estuviera molesto y por eso la seriedad de antes, y no podía culpar al fantasma.
- Sé que estas molesto conmigo y todo eso… - Pateo el hielo que estaba creciendo demasiado cerca para su gusto con desdén, debatiendo en meterle un golpazo con León a su estudiante o saltar a otro sitio. A este ritmo no tenía mucho lugar a donde correr. - ¿Puedes dejar de hacer esto un congelador o de verdad tengo que golpearte Tsu? – No tendría problemas en golpearlo si estuviera bien. O al menos lo suficientemente para no temer noquearlo accidentalmente-¡Ow!
- Idiota. – Esto fue dicho por lo bajo, el Décimo mirando a otro lado finalmente. No había vergüenza o pena o preocupación por hacer la maldad de casi empalar a su tutor. - ¡Auch!
- Vuelve a hacer otra estupidez así y tendrás un chichón por semanas. – Estaba siendo muy, muy bueno. Si esta actitud era lo que recibiría a cambio tendría que recordarle a este mocoso con quien rayos estaba tratando. Le gustara o no.
No podía dejar pasar tan mala conducta, merecía un castigo. Era su muchacho, así ya fuera un adulto lo iba a escuchar porque lo iba a escuchar. Tenía muchos entrenamientos en mente, y no todas necesitaba esperar a que estuviera bien al 100%. Le habían crecido demasiado las agallas a este mocoso, eso era seguro.
El hielo dejo de crecer, al menos. Si, dejo de crecer, ya podía caminar sin preocuparse.
- Ya deja de lloriquear, solo fue una enciclopedia. – O un diccionario, no se fijó. Solo lo agarro y lo lanzo. Era lo que había tenido más cerca daba la situación. - ¿Tsu? – ¿Ahora qué?, que no le fuera a salir… ay rayos. – No me mires así, sabes que está mal ser irrespetuoso con tu padre. – Eso no cambio la mala cara ni el hilo de sangre de una pobre nariz aplastada. - ¿Que voy a hacer contigo Tsu?
Tomaría como una victoria que Tsu no hizo nada más que darle mala cara en medio de las lágrimas y se dejó curar y tocar. Solo había aplicado más fuerza de lo previsto. No pasó nada, no le rompió la nariz. Tal vez eso sería suficiente para recordarle quien estaba a cargo y que había líneas que no se debían cruzar.
- ¿Quieres? – Una pequeña ofrenda de paz. No quería hacer las cosas peor al iniciar tocando el tema justo cuando estaba molesto y llorando. Debía ser frustración e impotencia, era lo más seguro. – Solo no le digas a Rukia. – Se enojaría, a ella también le encantaba el chocolate y este era de edición especial.
- Sigues siendo un idiota. – No lo estrangules, no lo estrangules.
- Tu fuiste quien insistió en que me fuera de vacaciones familiares Tsu. – Si hubiera sabido lo que ocurría, no se hubiera ido a ningún lado. Bianchi tampoco, estaba seguro de que ella compartía su opinión. Rukia tampoco se hubiera molestado. - ¿Debo comprar otro? – Lo dejo con las manos vacías.
Hubo un chillido indignado, pero hasta allí llego todo. La silla era lo suficientemente grande para dos personas, dos personas algo pegadas. Sea como sea, dudaba muchísimo que Tsu se molestaría. De hecho, solo podía rodar los ojos internamente ante el hombre que lo agarro de almohada. Le recordaba a Rukia, solo que Tsunayoshi era mucho más grande. Una cabeza en su pecho, un brazo en un abrazo suelto, y silencio. Su queja mayor seria el hecho que una silla congelada no era cómoda, pero eso eran detalles que mejor no mencionaba por el momento.
- Creí que visitarías. – Vino en un murmullo, mucho tiempo después. – Que llamarías… - Cerro sus ojos y siguió jugueteando con ese pelo que le hacía falta un buen corte. Al menos había agarrado el bonito color chocolate que solía tener antes de todo este fiasco.
Esa era tu esperanza, corrigió en su mente lo que acababa de oír. Tsu no quería tenerlo atado, pero tampoco quería que se fuera realmente. Justo ahora no podía evitar comparar esto a cuando su nena tenía una pesadilla. Era casi el mismo sistema. Luego de llorar, si es que había lágrimas, venían los murmullos y algo de tomar o un dulce. Algo para distraerse, para relajarse. Funcionaba de maravillas. Rukia y Tsunayoshi no compartirían sangre, pero en esto, por lo visto, eran casi iguales. Quizás no era de extrañar, había criado a Tsu como quien dice, Rukia y él eran hermanos así no se llamarán como tal. Tenían al mismo padre después de todo.
- Creí que estabas listo para afrontar la vida sin mí guía Tsu. – Ahora, así no lo dijera en voz alta, se sentía como un idiota por no haber estado más atento desde el principio. – Un año o 9 meses sin pedir mi opinión era lo que esperaba. – Pero no por esto. Nunca. – Eres capaz, muy capaz Tsu, pensé que podrías seguir sin mi presencia por un tiempo… - Suspiro profundamente y abrazo con más fuerza al chico que había quedado casi como una estatua. – Lo siento mucho Tsu, supuse mal, creí que solo querías quejarte o pedir consejo cuando ya más que bien sabes que hacer… - Y por ello: - No fallaste, no es tu culpa. Debí de haberte dicho, era solo por un año o un poco menos. – En todo caso: - Queríamos llevarte con nosotros a varias partes, ya teníamos los planes hecho, las fechas y todo…
Una o dos semanas de vacaciones con ellos, a Roma, a Grecia, a Brasil, a muchos lugares. Cada par de meses, porque por más que quisieran Tsu no podía irse por mucho tiempo de la mansión, por múltiples razones. El y Bianchi habían planeado todo cuidadosamente. Nada de eso se cumplió, nada.
- Cuando no contestaste mis llamadas las primeras veces creí que estabas ocupado. – Tratando de pensar bien, pero la verdad: - Luego creí que lo hiciste apropósito, porque yo te lo hice a ti. – No le gusto, lo molesto mucho. En especial cuando fue por tres meses seguidos. – Así que vine personalmente a buscarte y tarde una lección Tsu… - Y lo que encontró fue todo menos bonito. - ¿Y qué encuentro?, que tengo prohibido entrar y solo una persona podía haberlo hecho…
La furia, la negación, y las ganas de agarrar a cierto mocoso por el cuello y ahorcarlo no lo dejaron en paz por meses. Si bien podría haber ignorado todo y haber entrado, por medios no legales obviamente, había dos problemas con eso. El primero era la combinación desastrosa de ira y orgullo. La segunda era que podía tirarse encima a Vongola completa con sus aliados y demás si era descubierto, que no pasaría, o si Tsu lo tomaba una decisión drástica…
- No solo fue conmigo, pero tarde en darme cuenta. – Estaba demasiado colérico en el momento. – Los rumores tardaron en llegar a mis oídos, la gente temía que me enterara… - No sabía porque, pero suponía que era el miedo de lo que pudiera hacerle a los informantes. – Así que, Tsu, pase he pasado un poco más de un año haciendo trabajo de detective… - No era que lo odiara, pero: - Encontrar a tus guardianes fue un suplicio y medio, y no por dar con sus ubicaciones, déjame decirte…
Ubico a cada uno, pero no por quererlos ver a todos en el momento. No. Fue porque todos se negaron a prestarle ayuda, a volver a la mansión, a siquiera responder sus preguntas. Todos y cada uno. Perdió tiempo, mucho tiempo en eso. Por ello adelanto la cacería, por ello fue a buscar y arrastrar personalmente a cada uno de esos idiotas y a enseñarles porque nadie debía de negarle nada al mejor asesino a sueldo del mundo.
Los hubiera matado, eso hubiera hecho, si no fuera porque no sabía cómo Tsu lo tomaría. Los guardianes estaban viviendo muy tranquilos para estar bajo la mira de muchos en la mafia. Muchos los querían muertos, eso no era ningún secreto. ¿Entonces como podían estar tan tranquilos?
El que se viera imposibilitado de matarlos no quería decir que no los castigo y los acribillo por lo que habían hecho y estaban haciendo. Eran los guardianes del Decimo Vongola, esos anillos no eran joyería decorativa. Habían fallado como guardianes, como familia. Eran, en pocas palabras, traidores. Su deber más alto era proteger al Decimo, y era el primero que habían pisoteado al irse. Debieron entregar los anillos si no planeaban volver.
- Fue mi error, lo siento mucho. – Y más que lo que iba a decir, se había equivocado en otras cosas desde hace mucho por lo visto. – Me confié, creí que te iría bien. – Tristemente no fue así. – No conté con que tus guardianes fueran a dejarte… - Era una triste excusa, lo sabía, pero: - Han estado juntos por años, en las buenas y en las malas, creí que eso no tendría cambio, lo siento mucho…
No había nada más que pudiera hacer, no podía arreglar lo que ya había pasado, solo podía tratar de arreglar lo que estaba. Y contenerse de no matar a alguien-
- ¿Papá? – Internamente se preguntó como Tsu podía sonreírle justo ahora, incluso si era inestable. - ¿De verdad ibas a volver? – Podía ver a una pequeña niña preguntarle de la misma forma cuando iban a volver a ver a su tío, al mismo tío que tenía justo ahora con él.
- Por supuesto que iba a volver. – Debió de haber vuelto antes. Debió de mantener más atención en este chico. No debió de haber ignorado esas llamadas que solo duraron una semana y solo fueron 12. - ¿Por qué me cerraste las puertas Tsu? – Era algo que no entendía. ¿Por qué a él?, ¿por qué solo darles paso a sus guardianes luego de…?
No debió de haber hecho oídos sordos a lo que creía que solo eran quejas de sus guardianes y de quizás de algún consejo con las reuniones que en verdad no necesitaba. No sería la primera vez que llamaba para preguntarle que traje debía usar o que debía decir. Si hubiera llamado más, o hubiera seguido por unos días más, hubiera respondido porque no era algo tan estúpido. Nadie llamaba tanto sin una buena razón. ¡Podría haber llamado a su esposa!, ¿por qué no lo hizo?, ¿por qué?, su familia era mucho más que sus guardianes…
- Porque… - Vino mucho después, cuando se había resignado a ninguna respuesta. Tsu ni siquiera lo estaba mirando a la cara, era más interesante el suelo congelado aparentemente. – Cuando comencé a llamar era porque no solo te extrañaba papá, no quería molestarte… - Dios, esto no iba a gustarle… - No me sentía bien papá, y los chicos estaban actuando raro, comenzaba a pensar que me estaban evitando… - Lo que temió. Santo Dios… - No sabía qué hacer, no quería molestarte, pero no sabía qué hacer y no me sentía bien…
- ¿Comenzaste a llamar luego de lo que hiciste? – Por supuesto que no iba a sentirse bien. Y con estos idiotas evadiéndolo… - Recuerda que soy un asesino, no voy a juzgarte. Tu no me juzgas a mí y yo lo hago por dinero. – Temía que, si no lo decía, Tsu iba a tomarlo de una forma equivocada y no, no quería tal cosa. – No voy a juzgarte, no voy a irme, no de nuevo, ¿me entiendes eso? – Iba a hacer rodar cabezas, así de simple. Oírlo de la boca de su propio hijo era peor que conectar los puntos. No ayudaba la forma tan inocente con la que se estaba expresando.
- El mismo día. – Hubo un ruido sospechoso. Era probable que volviera a llorar, a menor escala esta vez. – Te llame el mismo día, no podía dormir… - No, definitivamente nunca volvería a ignorar una llamada en su vida.
- Lo siento Tsu. – Palabras en verdad no hacían mucho, pero no podía hacer más. Ya estaba hecho, no podía hacer más. - ¿Por qué no llamaste a Bianchi?, ¿o seguiste intentando? – Incluso a Dino.
Dino iba a masticarlo vivo. ¿Cuántas veces ese chico no le había señalado sus temores con respecto a que Tsu no había derramado sangre y ya estaba a una edad alta?, ¿cuántas veces no le dijo que iban a aprovecharse de eso en algún momento?, ¿que iban a buscar dañarlo por ese punto débil?
El hecho de que fuera su propia familia no era algo que nadie hubiera visto venir. Era un daño sin igual. No había nada tan catastrófico como el daño que podía hacerte un ser querido.
- No soy Tsunayoshi-sama papá. – Esto fue como un golpe en el estómago. No lo vio venir. Y el tono triste y melancólico no ayudaba, en nada.
- Eres Tsu para mí. - ¿A qué se refería con eso? – Nada va a cambiar eso, eres y serás siempre mi mocoso. – Había sacado una risilla de eso. Bueno, sirvió de algo al menos. - ¿Por qué crees que no? – En si-
- Porque ellos no lo creen. – Que "ellos" no fueran quienes creía que eran. Los iba a terminar matando. – Los oí por accidente, y ellos lo saben. – No iba a ser una muerte rápida, y su compañero estaba en la misma página porque estaba meneando la cola como un látigo, pero de resto muy quieto. – No soy la persona que ellos siguieron, al que querían, no soy el que conocieron… - A ver, respira profundo. No puedes hacer ninguna tontería. – Así que, como puedes ver, no soy Tsunayoshi-sama. – Lo que siguió le quito toda pequeña esperanza de que hubiera contactado a alguien o no hubiera hecho una estupidez: - No me sentí bien conmigo mismo después de eso, me sentí mal y no quería ni verme al espejo. No quería que me vieras así, no quería que nadie me viera así… - Y: - No quería que nadie más se diera cuenta, que huyera de mí, no otra vez, y no conseguí alivio en más que distracciones momentáneas…
Por eso Primo estaba aquí. Tsu se alteraba, lo perdía, ahora de verdad creía que el fantasma solo trataba de evitar que Tsu cometiera una estupidez.
De repente los extraños comentarios de Tsu sobre que le daba mala sensación los espejos tenían otro significado. Lo mismo con los comentarios de que no quería dormir solo, pidiendo poder llevarse a uno de los perros con él o a León, tenía otro significado. Pequeñas cosas aquí y allá con la personalidad más joven.
La carnicería de hace poco, el que los ignorara a casi todos, el que no prestara atención a los sirvientes, el que se sintiera amenazado por algunas personas, el que creyera que todo fuera un sueño con la personalidad más grande…
- Mírame. – Sin esperar a que lo hiciera, tomo el asunto con sus propias manos. – Mírame y escúchame bien Tsunayoshi. – Si no podía matar a esa gente entonces haría sus vidas lo más miserable posible.
- ¿Papá? – No lo había tomado mal, a pesar de la tristeza parecía disfrutar del contacto.
Ajusto su agarre, tratando de no pensar en la condición en la que lo habían encontrado al llegar, sintiendo la piel suave de sus mejillas que aún faltaban por llenar. Era muy difícil no hacerlo, sinceramente.
- Pase lo que pase, hagas lo que hagas, tu eres y siempre serás Tsunayoshi para mí. – Lo dijo con la mayor seriedad que pudo reunir. – Siempre vas a ser mi hijo y nunca pensare mal de ti, que nunca se te olvide, no importa que esto sea un sueño o no. – Su hijo. Su hijo mayor. Había tardado demasiado para saberlo, y todo por una nota de su yo pasado.
Eso le recordaba que tenía que comunicarse de alguna forma con esa versión suya. Como sabía algo que él no era extraño, pero tenía que saber más. Era probable que se comunicó con un pasado que ya no daba a este futuro y fuera cosa de una sola vez, pero no importaba. Si podía salvar a su hijo de otra línea temporal de este destino, que así fuera. Si podía obtener información que lo ayudara ahora, que así fuera. No iba a ponerse quisquilloso, era la vida de su hijo de la que hablaban.
- Eres mi hijo, no importa lo que digan o lo que hagan los demás. – No debió irse. No debió irse sin llevárselo. No debió confiarse. No debió. – Nada lo va a cambiar, nada. – Así Tsu no pudiera creerlo ahora, era la verdad. – Te amo, Rukia y Bianchi también, eres familia y por siempre lo serás. – Y, por tanto: - Ven a nosotros, búscanos, cuando tengas un problema, no importa cuál sea, si te sientes mal, si te sientes solo, si estas triste, no importa. – Si no hacía caso tenía varios castigos en mente, pero no lo diría ahora. – Vas a venir a nosotros, eso es lo que harás, sin importa que de ahora en adelante. – Muchos castigos, muchos, si no hacía caso a esto.
Señor, ¿qué había hecho confiándole a Tsu a ellos?, ¿que había hecho?
- Prométeme que lo harás. – Le debía un gran agradecimiento a ese fantasma. No debió de ver nada bonito si el estado de este cuarto decía algo.
¿Cómo ellos no pudieron ver a quien tenían de jefe?, aun con todo los había mantenido a salvo y aun los quería. Los quería, así los insultara y les sacara en cara sus errores que poco lo hacía. ¿Por qué Tsu no podía odiarlos o darle igual?, merecía mejores guardianes, guardianes que al menos lo quisieran de la misma forma que Tsu los quería a ellos…
- No te volveré a ver. – Por todos los cielos Tsu… - No vale de nada, no volveré a verte. - ¿Cómo podía hacerle entender que esto era real?, su negación a la realidad era enorme. No terminaría bien cuando saliera de ella. – Supongo que puedo hacerlo, tu yo que me está cuidando no se molestara. - ¿Su qué? – Supongo que también puedo molestar a cualquiera de tus yo que aparezcan en mis sueños… - Ugh. – Al que no puedo llegar a tu verdadero yo, ¿no importa eso?
- ¿Vas a llegar a cualquier versión mía que veas? – Tomaría cualquier ventaja que pudiera agarrar. Él iba a seguir apareciendo aquí, lo supiera o no. - ¿Lo mismo con Bianchi y Rukia? – Y-
La venda que había dejado en su mano su acaricida tentativamente por un momento antes de que esa mano se posara sobre la suya. Tsu le sonrió algo dolido, pero le dio lo que quería:
- Iré contigo, con Bianchi y con Rukia-chan cada vez que los necesite. – Era obvio que no lo creía, pero eso no importaba por el momento. – Te extraño, pero no vas a volver. – La seguridad con la que decía esto era como acero inoxidable. Como algo que estaba totalmente seguro de que no iba a cambiar. – Nadie va a volver…
- Eso no-
- Nadie regresara, eso esta bien. – No, no lo estaba. Eso no estaba bien en ningún lado. – Tu yo que me cuida es muy bueno conmigo, cuando no quiere matarme por arruinarle su entretenimiento claro está. – De nuevo: ¿su qué? – Y los otros son buenos también, eran buenos tiempos, muy buenos tiempos, ¿sabes?
- Tsu, ¿a qué te refieres con eso? - ¿Tenía una vida en sus sueños que no sabía?, ay Dios si era así.
- Era muy feliz antes de que viniéramos a Italia, extrañaba esos días. – Que forma tan… un momento, ¿por eso la otra personalidad era así de joven?, que forma tan… triste de consolarse así mismo, cielos.
- ¿No eras tan feliz en Italia? – Se le iba a dormir pronto, podía ver los signos. Lo llevaría con Shamal, el uso de sus llamas de esta forma podría haber sido… malo, para no decir otra cosa.
La cara que le dio Tsu fue una de incredulidad pura. ¡Ni que hubiera insultado a nadie!
- Contigo y tus amenazas con el papeleo iniciamos mal. - ¿Ah?, ¿disculpe? – No pasaría nada con eso si mi familia completa no pareciera haber dedicado su vida a anclarme a esta oficina. – No se molestó en decir nada, era verdad. – A veces creo que solo querían matarme, no tenía tiempo para nada y no se acababa el papeleo y luego me noqueaban o algo y llegabas tú y veías que había papeleo sin terminar y…
Las quejas de siempre. Las de siempre con mas detalles. Bueno, los jalones de oreja que había dado a los chicos no sirvió de mucho por lo visto, no según Tsu. Incluso si le rebajo la constancia de los desastres un poco más de la mitad. Tal vez no debió de haber insistido con Tsu sobre controlar a su familia. Debió de haber hecho que soltara todas sus quejas como lo estaba haciendo ahora con los causantes. Eso hubiera sido más efectivo y le hubiera quitado un buen peso del pecho a su hijo por lo visto. Caray.
- Deberías tener cuidado, Reborn. - Levantó la vista, estaba a medio camino de irse con Tsu durmiendo en sus brazos. - Esto es solo un abre bocas a lo que puede ocurrir cuando se altera. - Primo extendió los brazos desde dónde estaba, sentado en uno de los sofás helados como si nada pasará. Se refería al cuerto helado. Seria un problema arreglarlo, pero no imposible.
- Gracias Primo. - Inclino la cabeza lo mejor que pudo. Se inclinaría, pero no podía por el momento. - Gracias por cuidarlo. - Y por advertirle.
Primo no tuvo más reacción que mover ligeramente la cabeza a un lado. Pensó que allí terminaría todo, pero recibió algo inesperado:
- Presta atención, asesino. - Un consejo/advertencia extraña. - Presta mucha atención, en especial a lo que no tiene sentido. - Muy, muy extraño. - Es mi nieto, confío en que harás lo correcto.
A pesar de las "lindas" palabras y el tono serio y uniforme, había un mensaje detrás de eso. No era el único molesto y queriendo matar a alguien.
- Tsk… - Tratar con fantasmas era un completo dolor de cabeza. - Será tu nieto, pero también es mi hijo. - Dijo en voz baja a una habitación vacía.
Se merecía el enojo y la amenaza tácita. El había hecho daño también al no estar aquí. Debió de haber estado, debió…
Habían muchas cosas que no debió de haber hecho, pero no podía regresar en el tiempo y cambiarlo. Tampoco había una garantía de que esto no hubiera pasado después.
Un pequeño empujón era todo lo que se necesitaba para derrumbar un castillo de naipes. Una simple brisa podría hacer los honores.
