akira375, me alegra que te gustarán los capítulos (y espero que estos también), pero recuerda que no se van a ir! Espero que no te hayan llamado la atención en el trabajo.

Nada de Katekyo Himan Reborn me pertenece, solo la historia y uno que otro agregado que aparecerán más adelante en la historia.


Family of the Past

Capítulo 75

-... de verdad crees eso? - Internamente suspiro profundamente, pero por fuera solo se limitó a seguir con las suaves caricias a un cabello que realmente necesitaba un corte. No sabía cómo no le molestaba a Tsu, pero bueno.

- Habla quién hace solo unas horas casi le vuela la cabeza a Squalo por pegar un grito demasiado cerca. - No, no lo estaba inventando y tampoco se estaba preocupado o riendo. Tenía la mejor cara de póker que podía usar en el momento.

Tsu se sonrojo como un tomate de la vergüenza ante el recordatorio. Aún quería disculparse, estaba seguro. No era algo exactamente nuevo si la reacción de Squalo decía algo. Más bien fue un asunto de risas, para bien o para mal.

- No deberías dudar tanto de lo que puedes hacer. - Repitió pacientemente, pidiendo paciencia. - No deberías avergonzarte de ti mismo, has hecho y harás muchas cosas buenas. - Paciencia, señor, paciencia por favor. - ¿Realmente crees que Varia es tan amigable contigo solo porque sí?, te garantizo que te lo ganaste Tsu. - No debería de dudar de ese tipo de cosas, pero a este punto ya no le sorprendía.

Más bien tenía molestia por como Varia tenía tanta facilidad en tratar con Tsu. Con ambos. Era casi envidiable. Juguetones, bromistas, y sin miedo de salir con un golpe o una mala respuesta. Lo más malo que se habían ganado era el golpe que casi se lleva Squalo hace unas horas por gritar demasiado cerca de Tsu. Fue una reacción mayor mensajes instintiva, si la forma en la que Tsu quedo por un par de segundos luego del hecho decía algo. Squalo no fue sorprendido, por la sonrisa socarrona que agarro y por como esquivo el ataque. Agradecía a Squalo por bromear y medio burlarse de Tsu para que no se disculpara como si no hubiera mañana. No era el único que prefería el sonrojo de la vergüenza y los ojos amplios, o el pánico para negar las cosas.

El resto de los chicos sí que debían envidiar a Varia, pero eso era lo de menos. De verdad que era lo menos-¡Puff!

Por una leve fracción de segundo puso mala cara internamente. Dudaba muchísimo que esto hubiera sido un accidente, las probabilidades eran menores al 1%. Luego, cayéndole como una piedra en la cabeza, vio las posibilidades, la oportunidad. Si su yo de este tiempo quería algo de su época, bien por él. No era el único en-

- No puedes salir de esta habitación. - Llegó la advertencia tan pronto había decidido moverse, justo a tiempo para que el humo rosado se disipara en su totalidad. - No puedes. - Repitió el chico de todos sus dolores de cabeza. O al menos lo seria en 10 años.

No recordaba que su estudiante tuviera tantas agalladas en este tiempo. Debería de estar temblando o muy nervioso, no mirarlo de frente con un rostro cuidadosamente neutro de emoción. Tenso, listo para correr o atacar, era indeciso por los momentos. Estaba en piyamas, indicando que esto quizás no estaba tan planeado como pensó.

- ¿Quién lo dice? - No tenía tiempo para estupideces. Solo tenía 5 minutos. - ¿Tu? - Se controló de no soltar algo hiriente a duras penas. Por más familiar que fuera, se había jurado así mismo no volver a usar el apodo que había perseguido por demasiado tiempo a este chico.

Era estúpido molestarse, debería de aprovechar para advertirle todo a este Tsu. Si tan solo supiera que no iba a hacer oídos sordos y a bajar la cabeza lo haría con gusto. No, tendría más éxito amenazando a todos los demás. O mejor aún: dejándole las advertencias directamente grabadas a su yo de este tiempo. No era exactamente tarde para buscar otros guardianes, unos más capaces, unos que si fueran a apreciar al chico que sería su hijo.

Curiosamente, se dio cuenta un poco tarde, su aura, su intento de intimidación y su simple presencia no parecía afectar al chico que tenía justo en frente. Solo verlo intimidaba a muchos, incluso hombres adultos y bien entrenados se hacían en sus calzones cuando aparecía. Este pequeño renacuajo, quién solo lo había conocido bajo la tierna forma de un bebé hasta ahora, debería estar muy asustado como mínimo. Y en su lugar…

- Tu yo de este tiempo lo dice. - Cuidadosamente neutral.

El chico le mantenía la mirada, se la mantenía. Incluso si estaba tenso, si estaba escondiendo el nervioso y el miedo detrás de una máscara cuidadosamente limpia…

- ¿Y por qué debería hacerle caso? - Aplicar más intimidación no hacía más que hacerlo más tenso. No se movía. - ¿Cómo no sé qué lo estás inventando? - De cualquier forma: - No tengo tiempo para estos juegos, nos vemos-

Hizo una doble toma al verse de frente de Tsu en lo que pareció un pestañeo.

- No estoy jugando Tsunayoshi. - No tenía tiempo para estás tonterías. Ni para dar explicaciones a un chico que solo haría oídos sordos.

Lo sabía muy bien por su hijo. No quería soltar a sus guardianes, y por más malas emociones que tuviera no iba a cambiar de parecer. Ninguna de sus dos personalidades. Una por terca, y la otra porque no creía que importará y no sabía el verdadero impacto de toda la situación y no se atrevía a decírselo. Para la personalidad más joven, ellos eran sus primeros amigos, era sobreprotector de ellos así no se diera cuenta porque temía quedar solo otra vez. Esa era la triste realidad y la razón por la cual sabía que este Tsu que tenía en frente haría oídos sordos a todo lo que tuviera que decirle.

- Tsu… - Advirtió, comenzando a molestarse de verdad ante el chico que se le ponía en frente sin importar a donde intentará ir.

Solo hubo un leve temblor en una de sus manos, la cual escondió detrás de la espalda, para indicar que estaba asustado debajo de su acto tonto. Debería de estar hecho un lío, y no-

- No puedes salir. - Esto fue dicho casi en perfecta imitación de sí mismo. - No me hagas pelear contigo, Reborn. - Un tinte anaranjado se unió al color chocolate de esos ojos ahora serios. No estaba jugando.

Más que la advertencia o esos ojos, lo que lo hizo pausar de empujar al chico fuera de su camino era algo inesperadamente filoso y frío en contra de su brazo. Esto no tenía precedentes, esto no tenía…

- ¿Realmente vas a atacarme? - Ya había sido herido por el suyo propio. Esto solo lo llenaba de ira y frustración. No debería ser posible, pero ya era lo suficientemente doloroso que su hijo lo atacará , ¿también lo iba a hacer cuando aún era un simple renacuajo?

Si lo hacía no creía poder contenerse. Lo noquearía, estaba seguro de eso. Lo último que necesitaba era darle más razones a este-

- No puedo dejarte ir de aquí. - Presionó más lo que sea el objeto que cortante en su contra. Ojos mucho más serios, perfectamente calmado como si no lo estuviera amenazando, y un tono imposible de ignorar. La expresión era demasiado limpia para alguien de su edad, para alguien que nunca había derramado sangre. - No quiero pelear contigo, pero no puedo dejarte ir. Son mis órdenes, tus órdenes. - Insistió, como si eso arreglará algo.

Por un momento solo lo observo. Este no era un comportamiento común, y ni siquiera podía culpar a su memoria porque la personalidad más joven de su hijo era de esta edad. Esa personalidad era aún incapaz de amenazar y mantener la cara limpia, y eso sin agregar temas serios o armas a la ecuación. Algo no estaba bien aquí.

- ¿Incluso si tengo una muy buena razón? - Ante el silencio que se extendió, agregó: - Es por tu bien. - Más que eso, era por su vida, su futuro…

- ¿Es realmente por mi bien? - Eso era un reto sin importar como tratará de verlo. Este chico… - ¿O solo quieres huir de mí?, ¿no soportas mi presencia? - Seguía siendo un reto.

Con la primera pregunta solo quería darle un buen, inolvidable, coscorrón. ¿Cómo se atrevía a dudar de él?, ¿en esta época?, cuando no había hecho más que enseñarlo, ayudarlo, incentivarlo… Quizás no del todo bien como creyó, como siempre pensó, pero lo había hecho muy bien en general. ¿Cómo podía dudar?, su Tsu no era-

Quizás ese era el problema. Este no era su Tsu. Y…

- ¿Qué te ha dicho tu Reborn? - Quizás su yo de este tiempo lo había envenenado hacia él. Era posible.

Las otras dos preguntas sonaban a cosas que la personalidad más joven de su hijo tendría, pero de una forma mucho más tímida. La forma, sin embargo…

Tentativamente, de forma discreta, tanteo para dar con lo que sea que estaba siendo amenazado. Dio con una superficie helada, irregular. Una que, si no hubiera sido herido por una de estas cosas recientemente, no estaría seguro de que podría ser. Metálico no era. No se sentía como vidrio, pero era lo más cercano. No obstante, sabía muy bien, demasiado bien, que era esto. En ese simple momento en que se llevó la mano a la espalda este chico…

- Mira que tener las agallas para no solo amenazarme sino negarme respuestas… - Internamente se disculpó profundamente por lo que haría.

Tenía mucha, mucha habilidad que no debería tener, pero a la final un chico de 14 años no podía contra un adulto mucho más experimentado y físicamente más fuerte que él. Eso no quería decir que salió ileso del pequeño forcejeo, este chico tenía una gran intuición que, por lo visto, sabía manejar mucho mejor que lo que debería.

- ¿Y bien? - Le dolía hacer esto, pero no tenía tiempo y este comportamiento y habilidad no era normal. Era algo que esperaría de su hijo y no de su versión más joven. - ¿No vas a responderme? - Ojalá no estuviera siendo tan terco, pensó para sí tratando de mantenerse profesional y no hacer algo que solo hacía a puerta cerrada.

Después de todo, era mucho más doloroso ver a su hijo a esta edad sufrir, hacerle sentir dolor, someterlo en contra de la cama, que a su versión más grande. Había una buena razón por la que espero años para enseñarle esta parte, y esta era una. No estaba haciendo nada grave o que causará daño, permanente o parcial, pero igual le dolía porque no quería hacer esto. No podía dejarlo pasar, por desgracia.

- Chico rudo, ¿eh? - Torció un poco más el brazo, y su corazón se arrugó un poco ante el grito ahogado que salió. - Si me respondes a todo lo que te pregunte, no tendríamos que pasar por esto. - Había sido muy habilidoso para no tener experiencia. Tenía un muy mal presentimiento, un temor. Quería pensar que su yo de este tiempo aceleró los entrenamientos, pero lo dudaba muchísimo. - ¿No? - Dio un par de segundos antes de aplicar más presión.

Hubo otro grito ahogado y luego tuvo que reforzar su agarre. Su mal presentimiento se hizo más fuerte. Esta es resistencia que estaba obteniendo no era el de un civil o de una persona con algo de experiencia. Si no fuera por el tamaño, el chico lo hubiera hecho perder su agarre, lo hubiera tumbado quizás. Sabía lo que estaba haciendo. Tal y como cierto…

No se molestó en esquivar, solo se concentró en quedar sobre el chico para que no pudiera escaparse o hacer más alboroto del necesario. Lo había girado, quería verlo a la cara. No fue decepcionado ante lo que encontró ni ante el dolor punzante ni el frío ni el ceder de su carne. Casi exactamente igual, la misma forma, la misma arma. Ahora tendría tres nuevos vendajes que lucir. Vaya que había fallado en grande con este niño. O no tan niño.

- Tsunayoshi. - Se limitó a decir, tomando esa mano con delicadeza y firmeza. La misma mano manchada en sangre y que había empalado una daga de hielo en su hombro. Qué armas tan convenientes, tan curiosas…

Pequeñas lágrimas en las comisuras de los ojos, temblor casi imperceptible en su cuerpo. Pálido, jadeante y era por pánico y adrenalina. Los ojos, casi totalmente naranjas, oscuros y resguardados, temerosos en el fondo. Estaba a un paso de entrar a su Hyper Dying Will Mode. A un paso. No debería ser posible por unos cuantos años más. De cualquier forma, nada de eso era importante. Todo lo que quería ver…

- Tsunayoshi. - Repitió, bajo su aliento. - Mi Tsunayoshi… - La figura debajo de él se estremeció y se encogió, dándole toda la confirmación que necesitaba y también diciéndole la razón del porque habían terminado justo en este punto.

El que se estremeciera y tratará de apartarse al intentar tocarlo era innecesario para decirle que pasaba aquí. Eso no quería decir que no le partía más el corazón. Después de todo, esto no era por el sometimiento, era nada para los entrenamientos. No le había hecho daño, pero si le había dado dolor. Y no de un entrenamiento esta vez…

- Lo siento, Tsunayoshi. - Hiciera lo que hiciera, igual hubiera sido atacado. Hacerle esto no ayudo, obviamente.

Pero le confirmo sus temores. Se los confirmo.

El Tsu de este tiempo no hubiera aguantado lo que en verdad era solo un leve ejemplo de sometimiento. No hubiera tenido las agallas de hacerse el fuerte y mirarlo de frente. Mucho menos hubiera tenido la valentía de amenazarlo y menos con un arma. Así le tuviera miedo, el Tsu de este tiempo jamás le hubiera ido en contra. No le hubiera negado. Sin contar la habilidad y la experiencia que no debería de poseer.

Tsunayoshi se negó a mirarlo y no lucho, no se apartó ni invito. Se tomó su tiempo en limpiar las lágrimas traviesas, y se preguntó en que momento había fallado tan-

- Tsuna, Reborn, oí ruido y… - No se molestó en mirar. Sabía lo mal que lucía todo.

- Todo está bien Bianchi. - No, no realmente. - Tsu está bien. - Sin heridas, sin daño. Solo adolorido. Lo estaría por un tiempo. - Gracias por la preocupación. - Pero: - ¿Podrías dejarnos solos?, ¿por favor?

No quería pelear, ni discutir. No ahora. Estaba en frente a su Tsunayoshi, a su hijo y… y ni siquiera podía… ni siquiera podía

La puerta tardo en cerrarse, y solo podía imaginarse que el silencio, la falta de intervención, se debía a la misma razón del porque ojos ajenos lo buscaron. Olviden lo de puerta cerrada, ¿ya que importaba?, ¿qué demonios impor-

- ¿Reborn…? - Muy bajo, extrañamente tímido.

Manos dudaron en tocarlo, de una forma muy familiar que era doloroso. No podía molestarse, ni queriendo. Hubo un chillido, pero no le importaba. Tomó esas manos y las guio a donde querían estar. Tsu nunca lo había visto llorar, quizás hasta creía que era imposible para alguien como él. Como fuera, no importaba.

- Lo siento. - Había muchas cosas por las cuales disculparse. Demasiadas cosas. Pero solo tenía una en mente: - Lo siento mucho por darte razones para temer de mí. - Era su culpa. Su * culpa…

Temor. Su hijo le temía, le tenía miedo. Si no fuera así, le hubiera dicho la verdad, o al menos un mensaje de que estaba bien. Si no fuera así, no estuvieran en esta situación. Si no fuera así, su hijo no vería necesidad de atacar para protegerse así mismo. Y si no fuera así, hubiera confiado en él, confiaría en él… No hubiera dejado de llamar, hubiera insistido un poco más. Hubiera llamado a Bianchi, hubiera…

- No. - Regaño, pero era más una súplica que otra cosa. - No lo hagas, la culpa es mía. - No era de nadie más. Cualquier idiotez que fuera a decir no quería oírla. Nada haría esto mejor. Nada podía hacer nada de esto mejor.

Nada podía cambiar el hecho de que había fallado, de que era un mal padre-

- Creí que estarías muy molesto… - Vino bajo, manos adquiriendo un calor sospechoso que no tardo en regañar con un leve apretón. No hacía falta, ni siquiera era importante.

- ¿Molesto? - No debería de reírse, en especial cuando era como una estaca al corazón. - Mortificado, ¿qué más podría sentir al enterarme de tu situación? - Molestia no era una. Furia al principio, y luego desesperación. - Me lo has hecho muy difícil, ¿sabes?, tomo demasiado tiempo encontrar y arrastrar a tus estúpidos guardianes para poder entrar a la mansión y verte porque cierto alguien me dejo afuera… - Pero ahora que sabía por qué… - Y todo el tiempo has estado aquí, oh Tsu…

No quería pensar en cómo eso era posible justo ahora. No quería-

- Lo arruine. - Fue casi un lloriqueo. - Lo arruine Reborn, lo arruine-

Le tapó la boca con una mano y le negó con furia. No había palabras para explicarle que ese no era el caso. Ya lo había intentado. Ya conocía la historia, o una gran parte de ella. No hacía falta hacerlo pasar por el mal trago, no hacía falta hacerle recordar algo que no quería y solo lo carcomía por dentro. No, estaba bien así.

- Nadie debió de haberte dejado. - Ninguno. - Ni siquiera yo. Lo lamento mucho, no ha sido culpa tuya. - Pero por más que lo dijera, su hijo no iba a soltar esa idea fácilmente. Ya estaba integrada, había estado con ella demasiado tiempo sin que nadie lo corrigiera. - No voy a ir a ningún lado si no lo quieres. - No tenía el ánimo o el deseo de pelearse con su hijo sobre una tontería otra vez. Su hijo no iba a ceder, por más miedo que le tuviera.

Se apartó, lo dejo libre. No fue sorprendido de que Tsu no se fuera y solo le diera una mirada confundida. Estaba bien, suponía. No se atrevía a-

- Reborn quería saber que estás haciendo. - ¿Para qué?, ¿cómo diablos podía reparar todo este desastre?, su hijo nunca sería igual, iba a quedar con cicatrices de por vida y muchas inseguridades. - Quiero saber si lo que dice de ti es verdad. - ¿Qué? - ¿Eso está bien?

Lo dejo estar, dejo que se acercará y tocará. No valía de nada ya. Qué hiciera lo que quisiera.

- No quieres volver. - Era demasiado obvio, por eso no preguntaba. - ¿Qué quieres que haga?, ¿cómo quieres conseguir las cosas para tu regreso? - No había nada más que pudiera hacer. Si pudiera, ni siquiera implicaría un regreso. Su hijo debía de ser feliz aquí, pero-

Un peso inesperado le cayó encima, tuvo que hacer una doble toma ante el chico que cayó sobre su regazo y solo le dio una mirada curiosa. No era algo nuevo, pero rara vez ocurrió. Casi siempre por accidente, un adolescente muy cansado y sin querer quedándose dormido en su contra y sin querer cayendo y llevándose un pequeño susto al terminar en la posición que acababa de adoptar. Cualquier cosa que se esperó no fue:

- ¿No estás decepcionado de mí? - Fue inseguro, muy inseguro. Demasiada vulnerabilidad en su expresión.

- Tu solo quieres verme llorar ríos, ¿no? - Bianchi tendría un ataque cuando lo viera, su hija haría una doble toma. El Tsu… que supondría que era el de este tiempo o alguna consecuencia de lo que sea que estuviera pasando aquí, entraría en pánico. - Nunca podría estar avergonzado o decepcionado de ti. - Mucho menos por algo que ni siquiera era su culpa. - Eres mi hijo, ¿no es así? - Qué si no fuera por su yo de este tiempo jamás…

Honestamente hubiera esperado ser "rasguñado" o "mordido" por despelucarlo en ese momento. Una mala reacción honestamente. No fue lo que pasó. En realidad, nada ocurrió. O al menos así fue por unos segundos.

- Qué voy a hacer contigo… - Murmuró más para sí que para el chico que se había unido al mar de lágrimas.

Un chico que solo parecía deshacerse ante simples toques. Quizás no era de extrañar. Rara vez se permitió esta clase de delicadeza con Tsu. Su hijo no tenía ni idea de cuantas veces hacia estas cosas cuando estaba dormido, noqueado, o inconsciente por cualquier otra razón. Aparte de curarlo, claro está. No le iba a decir, esas cosas no se contaban. Aunque quizás…

- ¡Oww! - Era solo un pellizco, no era para tanto. - ¿Papá? - No se dignó a responder.

Solo afianzó su agarre, corriendo sus dedos por un cabello mucho más corto y mejor cuidado del que conocía. Tsu, por fortuna, no se movió más que para mirarlo, inseguro, extrañado. No era sorpresa, ya no.

Lo atrajo más hacia si, en un abrazo suelto. Ninguno dijo nada, ni siquiera cuando fue correspondido con más fuerza de la esperada y alguien escondió su rostro y con ello sus lágrimas en su camisa. El Reborn de este tiempo tendría una doble toma al ver el estado de este Tsu, al ver la sangre y las lágrimas. Sonarían alarmas en su cabeza tan pronto lo viera, no estaría para nada sorprendido si después de esto su yo de este tiempo no volvía a hacer esto. No sin al menos asegurarse de que no pudiera llegar a Tsu, claro está.

Era algo que haría, fuera quien fuera, si se encontraba con la imagen que iba a encontrarse su yo de esta época. Era muy probable que ninguna explicación sirviera de mucho, era muy posible que no fuera a creerle a Tsu o cualquier nota que le dejara. Eso, claro, poniéndolo en buena luz. Como sea, no era tan importante.

Lo importante, lo único bueno en todo el asunto, era que sabía la verdad. O parte de ella al menos. El simple hecho de saber que el Tsu de su tiempo estaba aquí, bajo el cuidado de su yo de esta época y una familia unida-Un momento, familia…

- Mas te vale no esconderle esto a mi yo de esta época. – Advirtió ante la mirada confundida e inquieta que ahora tenía encima.

Por fuera, la advertencia sonó mucho más seca de lo que creyó que lo haría. No importaba, era un pequeño detalle. Su tiempo estaba contado, más bien no sabía cómo aún seguía allí. ¿Tal vez la bazuca estaba rota?, no podía ser. No haría algo tan estúpido como eso a menos que fuera un accidente y haber tenido uno en una situación como esta…

- ¿Supongo que por mi bien tampoco puedo ver? – Esto sonó extrañamente tranquilo. Demasiado tranquilo para su comodidad.

Tardo varios segundos en entender, teniendo solo de pista una cara algo exasperada para estar llorando como él. Serían los hazme reír si los vieran, de eso no tenía duda alguna.

Tenía dos opciones. Asentirle, continuar y seguir cruzando los dedos internamente para que Tsu no fuera a ver el mensaje o fuera a escondérselo de su yo de este tiempo. O ambas, porque si hacia una lo más seguro es que haría la otra. O decirle la verdad, de forma resumida, y esperar no molestarlo mientras que cruzaba los dedos para que no le ocultara la información a… Era el mismo predicamento, honestamente. Mentirle no era una opción, no ahora y con la presente situación era pedir problemas. Arruinar la poca confianza que quedaba entre ellos no era una opción que estuviera dispuesto a tomar.

Así que, ¿qué hacer?, ¿decirle o no?

- ¿Quieres saber? – Pregunto suavemente al terminar, doblando el papel y dejándolo en la mesita de noche más cercana. No se molestó en disimular, no valía la pena. – Te diré, y responderé cualquier pregunta que tengas siempre y cuando crea que no te perjudique saber ahora. – Informo ante el asentimiento que recibió. Lagrimas o no, era inconfundible. ¿Desde cuándo Tsu podía imitarlo así de bien? – Solo quiero saber algo, si estás dispuesto a decirme. Ni siquiera voy a discutir. – Agrego lo último, recordando que ese tema era "mírame y no me toques" según la personalidad… adulta, del Tsu que lo esperaba. Tenía que investigar, planear… ahora dudaba machismo que fuera una doble personalidad. – Tus guardianes, tu familia, ¿qué piensas hacer con ellos?, puedo reunir sus anillos si así lo deseas… - No siguió, ya tenía su respuesta y no había salido palabra aún.

Santo Dios, ¿qué había hecho?, ¿cómo no se dio cuenta de la… "terquedad" y "obsesión" de este hombre cuando era solo un chico?

- Nada. – Si bien sabía que la respuesta iba a ser cualquier cosa menos destierro y toda la parte reglamentaria que se debería de seguir, no se la espero con semejante actitud. – Déjalos ser.

- Okey, no haré nada. – En otra situación seria chistoso como Tsu se desinflo, así estuviera extrañado ante la falta de tarea. – Pero eso aún no me responde que planeas hacer con ellos, supongo que lo harás personal… - Si acaso.

Nada, no planeaba hacer nada o no pensaba compartir lo que tenía en mente. Más bien le había confirmado ese dilema, suponía. Estaba casi seguro de que haría la vista gorda a algo que no debería, no fue cualquier cosa y era innegable, y haría como si los últimos 3 años no hubieran ocurrido. No habría castigo, mucho menos lo que debería de pasar. Y aun así…

- Solo le estoy informando a mi yo de este tiempo que se asegure de que la familia este bien unida. – En resumen. Tsu no le iba a dar más nada, por desgracia. – No vengas a decirme que no es cierto. – Advirtió, advirtió porque el Tsu más joven buscaba cualquier cosa para defender a cualquiera en la mayoría de los casos. Era lindo, pero también desgastante.

No era algo que hubiera tratado más que una que otra vez hasta ahora. Lo último que quería era-

- ¿Solo eso? - ¿Ah?, ¿perdón? – Estoy bastante seguro de que él ya lo planea, diga lo que diga. – Arqueo una ceja. – El del problema fui yo, tu sabes muy bien que nunca fui el más indicado para ser el Dec-

Se ganó una especie de patada y luego una muy mala cara por taparle la boca sin aviso, sin tregua, sin miramientos. Como sea. No podía oír eso otra vez. Solo una sola era suficiente, y la había oído mucho más que eso. Por otros mafiosos, en burla o solo opinión. Por civiles, la opinión de que el Décimo era demasiado blando para manejar una compañía, que la traería a la ruina. Por el Tsunayoshi de 14 años, quien aun en el fondo debía de creer tal cosa y que solo estaba en ese puesto porque no había nadie más. Si bien era cierto, por desgracia, eso no quería decir que no se lo gano. Esa parte era algo que casi todos parecían obviar, no sabía por qué.

- No quiero oírlo. – Mucho menos de la persona a la cual nunca se lo había oído antes. – No quiero oírlo de ti. – Seria la gota que derramaba el vaso.

El hecho de que los demás candidatos no estuvieran, que no quedara nadie más, no significaba nada a sus ojos. El que no hubiera otro no significaba que la tuvo fácil, que no necesito ganarse el puesto. En todo caso, por ser el último había pasado por mas retos. Fuera como fuera, Tsunayoshi gano su puesto. ¿Por qué la gente obviaba esa parte?

Le encargaron, le pidieron, a él, al mejor asesino del mundo, educar y entrenar a un mero civil, a un renacuajo. Eso, eso por si solo era un reto. El no enseñaba a cualquiera, favor o no. ¿Y en donde se dejaba lo demás?, ¿las peleas?, ¿las demostraciones que en verdad no lo eran?, ¿las pruebas?

- Sabes que es verdad. – Vino la respuesta casi petulante luego de liberarlo, recordándole a cierto guardián del trueno que a veces quería estrangular por este tipo de cosas.

Tomo mucho de si no golpear a Tsu en la cabeza con ganas y dejarle un chichón por días por tal respuesta. Quizás fue debido a esto que tardo más de lo que debió en darse cuenta de un detalle: Tsu no era lanzar cosas así, usualmente solo sonreía y actuaba muy cordial en estas situaciones. Un simple "¿es así?", "no concuerdo, pero…", "ya veo", y seguía.

Tsu, en su mayoría, muy diplomático y pacífico, incluso cuando dejaba caer bombas. Nada de insultos, no se denigraba (esto, sabia, era su culpa), nada de coqueteo, era muy educado. ¿Desafiarlo?, ¿irle en contra?, ¿a él?, muy contadas veces y nunca de esta forma.

- Nadie te hubiera seguido. – Lo dijo lento, despacio, preparándose para una mala respuesta. Si venia una… una como la que esperaba… - No me hubiera quedado si eso fuera cierto. – Quería agregar: "hubieras quedado solo desde el comienzo", pero eso sería tomado de otra forma muy distinta a la que quería y haría mucho daño. Así que no, era mejor guardárselo.

Una línea muy fina se formó, casi en una sonrisa. Solo con eso sabía que venía una mala respuesta y no se equivocó. Solo que no se lo espero de la forma con la que la dio:

- ¿Es así?, que lindo~ - Era altanero, burlón, egocéntrico. Era algo que había visto muchas veces desde que había regresado a la mansión. También era algo que, personalmente, había y hacia cuando se estaba divirtiendo a costillas de alguien. - ¿Seguirme?, por favor, nadie se quedó, se fueron, al igual que tú. – Una sonrisa para nada feliz al decir: - Estoy solo, completamente solo, ¿qué más confirmación que esa que no soy ni fui el más indicado para ser el Décimo Reborn-san?, tú mismo lo acabas de decir…

Abrió la boca para refutar, tenía unas cuantas cosas que decir contra eso, y no pudo más que maldecir al verse envuelto en humo rosa.

Inadvertidamente para él, el Décimo Vongola solo había dicho eso para lastimarlo más que para afirmar una creencia. No solo por el tema, no solo por ser el Reborn que se fue y no volvió a ver y se negaba a creer sus palabras. No, no solo era eso. La ultima razón revoloteaba en una venda que el Décimo solo quería creer que era una simple coincidencia.