Nada de Katekyo Himan Reborn me pertenece, solo la historia y uno que otro agregado que aparecerán más adelante en la historia.
Family of the Past
Capítulo 76
-… tontería. – Reborn le asintió levemente tomando un sorbo de café. – Reborn. - ¡Este era un asunto serio!
Justo en ese momento el chico del que hablaban bajo por las escaleras, bostezando en la palma de su mano y luciendo listo para volver a la cama o golpear a alguien en la cara sin arrepentimiento alguno. O ambas. En un momento vendría, o lo arrastraría, una de dos. Se había saltado el desayuno.
- ¿Qué quieres que haga? – Vino la respuesta en voz baja de Reborn, quien finalmente la miro a la cara. – Necesitaba cerciorarme y Tsu quería hablar con su Reborn, no pensé que… - Se apagó, dirigiendo su mirada al chico en cuestión. – No pensé que en el futuro me volviera un idiota. – Finalizo, solo el apretón en la manilla del vaso expresando su verdadero pensar del problema.
- Debiste decirle a alguien más. – Insistió. Quizás nadie hubiera podido hacer mucho, pero al menos hubieran tratado. – A mí, al menos me hubiera asegurado de que no se atacaran. – Porque eso paso, lo quisieran admitir o no.
Si bien Tsu fue capaz de admitirle que había pasado cuando lo atajo más tarde, en una de esas que fue a darle una vuelta porque no confiaba en el Reborn del futuro, no le quiso decir que había propi-¿ah?
- Mi yo futuro no busco hacerle mal, Bianchi. - ¡Pero había dado problemas! – Tsu no le dijo que tenía una hora, y no lo dejo salir a hacer nada. – Ante esta información tuvo que detenerse de desdoblar el papel. En realidad, cualquier acción que estuviera realizando, momentáneamente. – No hablaron mucho, pero tampoco tocaron nada que Tsu deseara hablar. A parte de eso… - Reborn dejo su café a un lado, bajando su sombrero un poco para ocultar sus ojos. – Creo que lo que le afecto más fue que lo reconoció, y Tsu no quiere tratar con eso y con cualquier cosa que podría estar maquinando mi yo futuro con esa información.
- ¿Crees que lo haga? – Ya había hecho suficiente, en su opinión.
Había visto las marcas, la sangre. Señor, descubrir que todo era sangre del Reborn del futuro la dejo loca por un buen rato. Nunca pensó en que el chico, tuviera la edad que tuviera, fuera capaz de atacar a Reborn y con éxito. En especial cuando el chico consideraba a Reborn como su padre, lo que hacía el asunto mucho más extraño y alarmante. Honestamente había pensado en que ese Reborn había herido a Tsu, por accidente o solo por atemorizarlo. O solo Dios sabe qué. O mejor aún: que ese Reborn hubiera estado en una misión o algo por el estilo y había venido con esas heridas…
- Diría que no, pero también creí que no iba a ser tan forzoso con Tsu… - Un largo suspiro. – No hará nada descabellado al menos, lo último que quiere es alejar a este Tsu… - Un leve bufido ahora. – Tsu no confía mucho en él, no tiene mucha movilidad si no quiere perder lo que queda y lo sabe. La parte positiva es que está cuidando al Tsu de esta época… - Lo único en su humilde opinión.
Ambos levantaron la vista al sentir movimiento cerca, alguien había decido unirse. Reborn arqueo una ceja y ella no pudo evitar reírse.
- ¿Te traigo tu porción? – Porque dudaba mucho que eso fuera suficiente para él incluso si Reborn se lo dejaba todo.
- Y un café. – Esto vino de parte de un asesino que se limitó a golpear con un tenedor la mano invasora. Eso no detuvo a Tsu de robarle el café. – Veo que estas de mejor humor hoy Tsu. – No era un rayo de sol exactamente, pero sí.
- Hayato me dio unos chocolates ayer. - ¿Hayato?, ¿chocolates? – Me desestresa, supongo, fue un tratamiento del Doctor Shamal…
No tardó en darle su plato con su café, regresando a su asiento y uniéndose a las preguntas para sacarle más información. No era la única en encontrar la información curiosa, pero por la mirada de Reborn al verlo de reojo era más que solo interés. Estaba planeando algo, tenía una idea o varias. Ni idea de que podía estar pasando por su cabeza honestamente.
- Llévate a Tsu contigo. – El llamado la detuvo. Ya estaba casi en la puerta y hasta se había despedido y todo.
- Es una salida de-
- No creo que se moleste nadie. - ¡Era una salida de chicas!, ¡de chicas! - No se pierden un pastel. - Como si nada, como si no acabará de cambiar los planes de un grupo completo. Y de un chico que quedó mudo, mirando entre los dos sin entender lo que estaba ocurriendo. - También necesitan a alguien que lleve las bolsas o pueda pagar…
- Papá, no es por nada, pero no pedí mi paga para malcriar a nadie… - Arqueo una ceja y Reborn también. - ¿Tienes idea de cuánto puede comprar una chica?, en especial si no es su dinero. - El chico soltó casi rodando los ojos. - Si se hace costumbre tendremos un problema, ya tengo suficiente con todo el desastre de los chicos y los estudios de los demás… - Esto último fue en voz baja, y si no fueran solo ellos 3, se hubiera perdido de seguro.
- Ya vamos por la parte 4, ¿sabes? - Reborn no tenía reparo alguno, ¿no es así?
- No lo hiciste. - Demasiado tarde Tsu, demasiado tarde~
La única respuesta de Tsu fue que le lanzaron un teléfono. No podía ver el tráiler, pero si podía verlo y si podía ver la cara indefinida de Tsu. No podía decidirse en estar molesto, exasperado o solo reírse. Ya estaba hecho, eso no lo cambiaba nadie.
-... confusión de género, atracción y destrucción de sueños o quizás la creación de otros, todo en nuestra querida familia disfuncional y el secuestro del damo.
Un minuto de silencio…
- ¿Cuánto le pagaste a Viper? - De todas las cosas por preguntar… - ¿Cómo siquiera lo llamaste?, Hibari va a matarme. - Una leve pausa. - Y Fon, y un montón más...
- Hay una buena razón por la cual no te llegan a pedir autógrafos ni nada. - No era una sorpresa para Tsu esta noticia, al menos.
- El 30%, más las comisiones. - Ese era un número alto. - A ti te toca como un 20%, y no te quejes que te cae un porcentaje por cada vista. - Una leve pausa. Luego el tiro de gracia: - Tu tiraste un berrinche por una mesada, ahora no te quejes.
Mientras ella se reía de la cara de quién sería el Décimo, quién tenía un tic en el ojo ante tal anuncio "inocente", Reborn solo sonrió con suficiencia y León… León solo estaba roncando.
- Nunca me diste una. - Era difícil tomar esto en serio con esa cara de exasperación y de querer golpear a alguien. - Y hay un límite para todo, mira que humillarme mundialmente… - Alguien tenía dolor de cabeza. - ¿Y el damo?, ¿en serio?
- Tsu, tienes algo allá que te aseguro que-
- ¡Ya! - Caray. - No quiero oír esa parte. Es tu culpa de todos modos, ¡tú me enseñaste! - Hmm, buen punto.
- Si te sirve de consuelo Xanxus lo nombro. - No, no le servía de consuelo. Más bien era posible que cierto jefe de Varia tuviera una mala sorpresa-
- No va a tener carbón este año. - Se asintió así mismo antes de sentenciar: - Le enviaré basura y escombros en Navidad, su favorito. - A Reborn: - A ti te daré un demonio en una caja o algo. Saldrá corriendo de vuelta al infierno tan pronto te vea…
- Qué consideración… - Y aun así nadie se lo tomaba en serio. - En fin, ve, divierte en un rato. Lo más que van a comprar es maquillaje y dulces, no sufrirás mucho. Igual tienes que buscar tu propio maquillaje, ¿no es así?
- ¡Papá!
¿Esto era lo que pasaba en las noches cuando todos se iban a dormir?, pues lo que se perdían por Dios. Esto era muy chistoso de ver, aunque aquí era obvio que había doble intención. Creía que podía ver que quería lograr Reborn ahora, si era lo que creía pues era una buena idea. Se vería raro un chico en un grupo de solo chicas, pero bueno. Nada era perfecto, suponía.
- Okey. - Interrumpió la discusión entre padre e hijo, no había otra forma de verlo. - Vamos, o llegaremos tarde.
- ¿Segura de que no interrumpiré-
- Vamos ya. - Por supuesto que no. Solo iban a comer pastel y pasear un rato.
Si no tenían que pagar, mucho menos se iban a molestar.
En otro lugar…
- ¿Recuérdame otra vez por qué tengo que supervisarte? - Preguntó un pelirrojo aburrido, cansado, fastidiado, con un cronometrados en la mano.
Estaba en la cima de un risco gracias al cielo, observando y llevando el tiempo. A lo mucho solo podía avisarle a la "víctima" que le quedaba x de tiempo antes de que la situación empeorará para él.
- ¡Por qué soy quién te va a regresar a casa! - Y: - ¡Si muero te sentirás mal!
La verdad era que entre él y Tsuna, Dino lo prefirió a él y la posible consecuencia de rechazar lo hizo aceptar. No quería saber que le hubiera esperado o que le esperaría si se salía de su "trabajo" de última hora. Dino le debía en grande, lo quisiera o no.
El pelirrojo ladeo la cabeza, aun mirando abajo, y soltó:
- Me siento mal y aún no te has muerto. - Incluso si pudiera meterse no se acercaría. No señor. - En 10 segundos la cuerda volverá a bajar. Sera mejor que suban, ese cocodrilo solo tiene que terminar de subir la primera marca para llevarse a alguien. - Tenía la boca abierta de par en par. Tenía machismos dientes. Demasiados.
El pelirrojo no había querido informarles que ese cocodrilo en específico estaba escalando la piedra. Solo era perezoso, nada más. En cuanto le diera tanta hambre como al resto de su familia que aún no había aprendido a escalar, subiría como un rayo.
Honestamente Emma no tenía idea de cómo rayos el animal podía escalar o como aprendió. Ya era lo suficientemente malo que animal eran y que eran gigantes. No tenía que agregarle que uno podía escalar y no sabía cómo. Hace unos días ninguno podía escalar. Solo verlos saltar era suficientemente para darle pesadillas.
No sabía qué clase de entrenamiento era escalar una cuerda que iba bajando conforme avanzaba el tiempo, pero ahora sabía de primera mano que clase de demonio era el tutor de su mejor amigo y que Tsuna probablemente vivió y viviría cosas peores que ser carnada de cocodrilos hambrientos.
No, no envidiaba a Tsuna, en lo absoluto. No es que la tuviera de color de rosa, pero si esto que veía era solo una muestra…
En otro lugar…
-… puedo irme a otro lado, Nii-chan o Nee-chan no se molestarán. – Quiso rodar los ojos otra vez, pero solo se limitó en darle un leve empujón un poco más rudo de lo que normalmente haría.
- Nadie se va a molestar por tener a un chico en el grupo. – Solo habría un par de preguntas, y le harían pagar un par de cosas. Mínimo. – Lo peor que pueda pasar es que la gente crea que eres un suertudo o bateas para el otro equipo. – Lo cual no era un problema para-
- ¡Bianchi! - ¿Oh?, ¿por qué la cara roja?
- ¿Acaso te preocupan lo que piensen los extraños? – Lo dudaba muchísimo, pero era divertido meterse con él.
- Nada puede ser peor que la fama de ser el chico exhibicionista por ir en calzoncillos en plena calle. – Aun con la cara roja, el chico fue capaz de darle una de las mejores caras de póker que hubiera visto en su vida. – Y pervertido. Culpo a Reborn por todo. – Agrego luego de un momento de deliberación.
- ¿Entonces por qué la cara roja? – Que ya estaba desapareciendo. Lastima.
No tenía el corazón para informarle a Tsu que salir en ropa interior a la calle era una bobería en el mundo de la mafia. En el mundo en general, realmente. El chico debía de estar más que consciente de ello, lo quisiera o no.
- Es solo la forma en la que lo dijiste. - ¿Uh?, no había dicho nada del otro mundo y fue muy sencilla. No lo dijo tan crudo. – Recuerda que gran parte de mi vida la pase en Japón. – Cara de pocos amigos, una muy cansada.
Ah. La cultura. Solía olvidar esa parte… un momento:
- Tsuna. – Era muy tarde para preocuparse, por este Tsu al menos, pero para el de esta época… - Si un comentario así te afecta, ¿cómo le hiciste cuando llegaste a Italia? – Reborn y los chicos tuvieron que-
- No tuve que hacer nada. – Abrió la boca para preguntar a qué se refería con eso, pero Tsu le aclaro con: - A penas llegue a la mansión alguien tuvo la buena idea de preguntar si no se habían equivocado y traído a alguien que no era, que era demasiado delicado para lo que esperaban. – Una pausa deliberada solo para culminar con: - Hayato fue el primero en estallar, y desencadenar el caos porque era la perfecta excusa para una pelea.
Sabía que "delicado" era un encubrimiento de algo más serio. Lo sabía muy bien, no era tonta. Eso no quería decir que-
- No tenía que hacer nada, cuando la gente se propasaba venia el pandemónium. – Más que un alivio, parecía un dolor de cabeza. – Luego fue cuestión de ignorar, intimidar, o advertir. Si se propasaban, creo que puedes entender que no reaccionaba de buena forma y allí sí que no había forma que nadie saliera ileso. – Una tos falsa. – En fin, es muy incómodo, y mayormente trate fue con burla y desprecio. Algo que, como bien ya sabes, he tratado por mucho tiempo.
Si hubiera sido una persona cualquiera hubiera pensado que era melodramático. Una exageración. Era normal de la gente exagerar así fuera un poco. No se pensaría diferente, en especial con la forma tan casual en la que Tsu dijo todo eso, como si no lo afectara o siquiera tuviera que ver con él. Si no supiera mejor, hubiera pensado que la persona también era un tanto egocéntrica con lo último.
- Ya veo. – Era lo único que podía decir, no sin hacer las cosas peores.
Tsu no iba a entender una disculpa ni un intento de consuelo. Con esa forma tan casual de decirlo implicaba que para él era algo perfectamente normal. Común. No sabía que decir o como tratar esto, así que prefería dejarlo así. No quería cometer una tontería.
No era una sorpresa, no una grande al menos. Todos, en cierta forma, sabían que Tsu era molestado por ser "inútil" y "torpe". Entre otras cosas que pudieran o no saber. Ese hecho usualmente era olvidado porque, fuera como fuera, el chico era no solo amable sino un buen chico que había hecho mucho bien a todos ellos.
Tenía a Hayato, a su tonto hermanito, como prueba. Solo con ver a su hermano tan feliz y quedarse al lado de Tsu decía mucho. Hacia demasiado tiempo que no lo veía así si era honesta. De un lado a otro, buscando en donde pertenecer y siendo rechazado por tonterías (dijeran lo que dijeran repudiar a alguien por su sangre era una estupidez en su opinión). Hasta que llego aquí, a Japón, en busca del Decimo.
Y el Décimo no lo maltrataba de ninguna forma. No le decía nada sobre sus orígenes ni por el pasado. Nada, al menos por lo que había oído. Por Dios, el chico solo tenía quejas que cualquier adolescente tendría. No hablaba mal de nadie. No diría que no tenía sus fallas, porque todos tenían fallas, pero el Décimo era un buen chico.
Si no fuera por este cambio, por el hecho de que tenían al Tsu del futuro aquí en lugar del suyo, probablemente nunca hubiera pensado que el chico que siempre le sonreía y la saludaba cuando la veía tendría problemas. Y cuando decía "problemas" se refería cosas que cargaba encima y que no eran buenas.
En todo caso, si no le hubiera dicho esto de forma tan casual, no hubiera pensado mucho sobre el tema. Mucho menos a profundidad. En realidad, la llegada de este Tsu les había hecho a todos un lio. Un gran y enredado lio. Les había hecho replantear muchas cosas. Indagar en otros.
Era tanto una bendición como lo contrario. Les decía que algo no estaba bien, pero darse cuenta de esto de esta forma…
- No te preocupes tanto. – La tomaron de la mano y recibió una gran sonrisa. – Nadie me dejo a mi suerte. – Dulce, una sonrisa muy alegre que decía que todo era perfecto.
Eso era una mentira, pensó de inmediato con la boca repentinamente seca. Eso, sin duda alguna, era una mentira. ¿Cuántas veces les había hecho esta jugarreta?, ¿cuántas veces se las haría el Tsu de este tiempo?
Si era esta la forma en la que disipaba tensiones o posibles tensiones… con razón ninguno de los chicos noto algo fuera de lugar. Al menos no hasta mucho después. Esta era la misma forma en la que los saludaba, en la que decía que todo está bien, en la que…
Frunció el ceño y apretó la mano que estaba entre la suya. Ya era tarde, pero por algo decían mejor tarde que nunca, ¿no es así?
- No engañes. – Si no supiera mejor, hubiera creído lo que había dicho. - No a tu familia, ¿me oyes? – Por si las dudas: - A tu familia no.
La sonrisa el chico bajo mucho, pero no se fue del todo. Algo sorprendido, mayormente apenado. Y aun así:
- Lo siento Bianchi, no me gusta preocupar a nadie por mí. - ¿Que acababa de oír? – Es habito, ¿creo? – Agrego con nerviosismo, mirando a otro lado.
Su primero pregunta era: ¿por qué?, la razón de ello era que este gesto tenía que venir desde antes de conocerlo. Por tanto, ¿por qué Tsu haría algo así desde entonces?, ¿desde cuándo?
- ¡Bianchi-chan!, ¡Tsuna-kun!
O mejor aún: ¿para quién?
Cualquier oportunidad de preguntar o de indagar en ese tema en el momento se perdió. Viendo a Tsu ser atrapado en el brazo de dos chicas, las dos riéndose, casi tumbándolo y deshaciendo el agarre que tenían, solo podía preguntarse como Nana no pudo ver bien al niño que tenía, como pudo ignorar los problemas que, cuando niño, comenzaron a presentarse y a tomar forma. No podía imaginárselo…
- Y tu creyendo que no serias bienvenido por ser un chico. – Medio bromeo, siendo saludada ella también. – Muy bien chicas, ¡andando!
El único chico del grupo le dio mala cara, la cual no tenía mucho efecto. Era un poco difícil que una mala cara sirviera de algo cuando estaba siendo abrazado y acribillado por una chica muy alegre que aún no había terminado su saludo. Tampoco iba a soltarlo pronto.
- ¿Paso algo Bianchi-chan? - Fue un susurro, no necesito mirar de reojo para ver que Kyoko estaba aprovechando que Haru tenía a Tsu algo ocupado.
Tampoco necesitaba pensar mucho para saber lo que la chica en verdad quería saber. No respondió inmediatamente, observando como Tsu estaba actuando.
- Reborn me pidió que lo trajera. - Lo dijo en voz baja, sin despegar la vista del chico que estaba tratando de seguirle el ritmo a Haru. - Creo que quiere distraerlo un rato. - Era una buena idea, pero tal vez había más allí que no sabía. Con Reborn era lo más seguro, pero no era adivina.
- Hmmm. – Trato de no reírse de Tsu ante el hecho de que no quería ver ropa, o acompañar a una chica a ver ropa. Se escaparía, segurito, si lo hacían. ¿Por qué los hombres considerarían eso aburrido?, ellas no se quejaban cuando se ponían de lleno con los partidos de futbol u otro deporte en la televisión… al menos no todo el tiempo. – ¿Cómo lo convencieron?, lo hemos invitado un par de veces, pero nunca viene. - ¿Ah?, ¿qué? – Luego de la escuela a veces vamos a comer torta, lo siento Bianchi-chan. – Pues no lucia en nada arrepentida, eso era seguro.
- Ha tratado todo el camino de escaparse, si eso quieres saber. – La razón era un tanto estúpida en su humilde opinión, pero bueno. – Es una salida de chicas, y él no es una chica. – Obviamente. – Se le es incómodo y ya sabes cómo es de inseguro. – Y no hablemos que una de las chicas le gusta, la otra gusta de él, la mayor vive con él… Detalles tontos, pero no ayudaban.
- Hana no va a estar muy feliz con él. - ¿Hana?
- ¿Se unió esta vez? – Kyoko le asintió, divertida. - ¿Aun esta-
- TU. – Esa fue la única advertencia que se dio. No hubo tiempo de nada.
Unos minutos más tarde…
- Pensé que me iba a ahorcar de verdad… - Murmuro un chico, sobándose el cuello con una mano y aun así encontraba el asunto divertido. Tenía un deseo de muerte, ¿no es así?
- Debería de hacerlo. – Hana los había estado esperando en frente de la pastelería. En pocas palabras: la sesión de furia, quejas e intento de homicidio por asfixia tuvo más público de lo esperado. – Eres un irresponsable mono estúpido. – Rascarse nerviosamente detrás de la nuca no era una de las mejores formas de actuar ante una acusación así.
- Sabes tan bien como yo que no iba a participar como el protagonista, si participaba como otro personaje ya era mucho, ¿sabes? – La mirada fulminante que Tsu recibió como respuesta decía todo lo que había que decirse sin necesidad de decir nada.
No era ningún secreto que Tsu no había querido participar en la obra, así que no fue una gran sorpresa que no apareciera. Su papel original era uno corto, podía ser suplido fácilmente. Eso no quería decir que Hana estaba contenta con que uno de los mejores actores se le diera a la fuga y la dejara con ese problema sin siquiera avisar. Tampoco ayudaba que cosas raras ocurrieron días antes de todo y el que tuviera que organizar todo a última hora no la hizo feliz. ¿A quién lo haría?, ¿a quién?
- ¿Seguro y esto es solo un pedazo de pastel? – La pregunta casi atropellada de un chico tonto fue lo que detuvo el inicio de echar diente a sus postres.
¡Qué mal momento!
- ¿Por qué crees que venimos aquí? – Ya los empleados los conocían, sabían a que venían y todo. – También son exquisitos mocoso~
Y el dichoso mocoso tenía el descaro de arquearle una ceja y darle una mirada dudosa. Debido a esto tuvo la más grande tentación de embarrarle la cara en su trozo, ya sea tirándosela en la cara o empujando su cabeza contra la mesa. Era un pequeño ingrato…
- Solo prueba. – Hana señalo a Haru. La chica no espero a nadie.
El mensaje que Tsu agarro no fue el original, sin duda alguna. Había perdido color y se puso algo nervioso. Ahora fue turno de ellas de arquear una ceja. Tardo un momento en entender que Tsu solo vio que se había salvado del momento incomodo de ser dado de comer porque Haru estaba entretenida. La verdad Tsu debería de estarle agradeciendo a ella y no a que nadie estuviera entretenido.
- Ni se ocurra. – Atajo al chico ante el chico a punto de dar su veredicto luego de una sola probada. – No vengas a comparar una pastelería con postres gourmet. – Lo último que necesitaban era oír algo en esas líneas.
Lo quisiera o no, este chico debía de estar acostumbrado a comida de primera clase, con chefs personales y todo el cuento. Si se ponían a comparar eso en contra de-
- No iba a hacer eso. – Era difícil de creer con tal diversión bailando en sus ojos y sus obvias ganas de reírse. – Solo iba a comentarte que no comprendo porque vienen aquí, sé que pueden hacer cosas más sabrosas que esto. – Hizo una pausa, pensativo, aparentemente sin darse cuenta de que había obtenido la atención de las otras chicas. – No sé ahora, tristemente. – Termino, tomando otro bocado. Dijera lo que dijera, igual era un gusto.
Que forma de desarmar a alguien, pensó para si con algo de irritación y lo demás era cariño. Era una lástima que:
- ¿Como que "no se ahora"? – Esto era lo malo de estar con alguien no informado, para bien o para mal.
- Me refiero a que no sé cómo les iría ahora, estando en clase y todo lo demás. No es lo mismo hacer cosas cuando estas ocupado que cuando estas libre. La cocina se toma su tiempo, ¿no es así? – Buena salvada.
De cualquier modo, lo que Tsu había querido decir en verdad llego alto y claro. De todas las cosas que podía decir…
-… llevar un par. – Decía quien llevaba dos pedazos y tenía pinta de querer otro. – Reborn no lo tomara bien si no le llevamos nada.
- Eso ya está arreglado. – Eso nunca se olvidaba. ¿Cómo podría perder la oportunidad de llevarle algo? – Si quieres llevarle tú también no le lleves de fresa o piña. – Para que no se repitiera.
- Okey. – Como toque de gracia: - ¿Que van a llevar ustedes?
Y dijo que no quería mimar a nadie, pensó con una mueca interna y tratando de no reírse de nadie. Era difícil, muy difícil, porque una arqueo una ceja, incrédula, otra no fue sorprendida, y la última tomo esto como una invitación para llevar demás. Por supuesto que eso iba a pasar, cuando alguien invita había que aprovechar, ¿no era así?
- Haru está muy feliz, desu~ - Como no, como no.
No era la única, pero si era la que llevaba más entre las chicas.
- ¿Para qué tanto Tsuna-kun? – Porque nadie perdía las cinco cajas que llevaba el chico. O la sonrisa tonta que cargaba mientras se comía un chocolate. Quizás nadie debió de decirle sobre esa parte.
- Reborn, Hayato, Takeshi y yo otra vez. – Ay, lo había hecho. – No llevaría otra para mi si creyera que ellos dos lo aceptarían sin problemas. – De verdad que lo había hecho.
- Eso hace 4, no 5. – Tenia una muy buena idea de para quien era la última. No se equivocó:
- Es para mamá, pero quizás no lo quiera o se le olvide, así que no lo cuento. – Traducción: es muy posible que alguien más se lo coma. Lambo de seguro.
- ¿Realmente tienes que llevarle a esos dos?, entiendo tu madre, pero no a los otros monos sin pelo. – No tenía mucha lógica, si lo ponías así, pero…
- Le falto gente. – Así como a ellas les falto Chrome. Quizás en la próxima. – Y esos monos sin pelo usualmente hacen lo mismo por él. – Más que eso era la forma de ser de Tsu.
- No tengo tantas manos. – Se quejó un mocoso, dando mala cara. – En fin, siempre hay… ¿ese no es Lambo? – Termino incrédulo y entrando en pánico.
En frente de la calle, en la otra acera, estaba un niño correteando con lo que parecía ser un paquete entero de caramelos. Era Lambo, o una muy mala coincidencia. Tenía el afro, que era lo que se podía ver bien, el traje de vaca y las risas y comentarios de que nunca lo atraparían lo decían bien. Lo que lo termino de confirmar fue:
- ¡Lambo!, ¡regresa eso que hay que pagarlo! – Fuuta, el buen Fuuta.
Lambo solo le saco la lengua, sin detenerse y ahora sin mirar hacia delante. Un grave problema.
- ¡Lambo! – No sabía quién lo dijo primero, pero el primero que se movió fue Tsu.
De igual forma era tarde. Bolsas arrojadas al suelo, olvidadas. Un niño que siguió corriendo sin mirar y sin darse cuenta que estaba en la carretera ahora. Una carretera con tráfico, el semáforo en verde. ¿A dónde se fue el consejo de mirar antes de cruzar?, ¿la de mirar a donde ibas?
El llamado, el grito, sirvió para detener al niño en el acto, salvándolo de un carro que paso segundos después. Era muy probable que no lo viera, pero eso no cambiaba los hechos, lo que pudo haber pasado.
- ¡¿Acaso quieres morir?! – Un chofer, un chofer que tuvo que frenar de golpe por culpa de Tsu.
Un chofer, seguido de otros porque nunca faltan los averiguadores, quedo en completo silencio al ver que no solo fue el chico. La respuesta de todo era obvia ahora que Lambo estaba siendo regañado y sacado del peligro por un Tsu muy pálido e ignorando todo lo demás.
Una bolsa de dulces fue olvidada, dando paso a las lágrimas de cocodrilo.
- ¿Mamá? – Le pregunto a Fuuta, dejando que Tsu se encargara de Lambo. No sabía si pegaría el grito o no con Lambo.
- Con I-pin. – No necesito preguntarle porque no estaba aquí: - Pidió que lo fuera a buscar, ya sabes como es. – A pesar de decir esto, el chico había perdido mucho color.
Ambos sabían que Lambo podía ser un dolor en el costado muchas veces y usualmente era ella quien lo iba a buscar cuando se ponía así-¡puff!
- ¿Cómo se te…? – La demanda, porque francamente no podía ver como Lambo podría haber usado la bazuca mientras estaba con Tsu y siendo consolado/regañado, murió a medio camino.
¿La razón?, no podía verlos. La única pista era un poco de humo rosa que vio de un callejón. No sabía si aplaudir o maldecir que Tsu tuviera la buena cabeza de escapar de los averiguadores primero que ella. Fuuta se medió quejo, pero no le dio atención, jalándolo de la mano a donde debían de haberse metido los chicos.
No hace falta decir que su quijada llego al piso ante lo que encontró. No era la única, se daría cuenta más tarde de que Fuuta quedo como ella, y de que Haru solo tuvo tiempo de agarrar a Lambo y cubrirle los ojos. La única fue Hana, de verdad, porque no estaba allí. Luego se acordarían de ella y ella los querría matar por dejarla atrás en la multitud y diría que ahora menos quería a los niños.
Una chica hermosa, de pelo largo, en un vestido demasiado elegante para un ciudadano cualquiera, con una barriga que decía que estaba esperando un bebé. Eso, de por sí, no era el problema. Era una sorpresa, si, por supuesto, ¿cómo no lo seria?
- Hey Tsu-kun~ - Eso, a falta de una palabra mejor, fue un ronroneo.
La sorpresa era ver que ella, que la Kyoko del futuro, hubiera acorralado a Tsu contra la pared. Como lo hizo, ni idea, de seguro el shock le hizo la tarea fácil. Señor, ¿cómo siquiera la bazuca entro en juego?
Sintió pena y horror por Tsu cuando la dama se apagó mucho más a él, demasiado, dejándolo sin salida por completo. No hubo tiempo de nada, incluso si alguien hubiera podido reaccionar. Y Tsu… Tsu estaba en shock aun, y con lo que siguió aún más.
- Volverás a preguntar, ¿cierto? – Oh Dios, pensó para sí. – Tal vez necesitas más motivación, ¿verdad Tsu-kun?
Todo fue dicho a centímetros de su rostro, y como ya había pasado hace unos segundos, no fue chocante ver a la dama volver a besarlo, anclándolo a la pared, sin escape.
No es como si el chico quisiera escapar, suponía. Rojo como una cereza, y acorralado. Allí no tenía escape sin forcejear, y todos sabían que no iba a hacerlo, en especial en contra de una señora embarazada.
- ¡Hey! – Finalmente logro reaccionar, solo para quedar fría ante la sonrisa que le dio la dama antes de ignorarla, bajando un poco más. - ¡Es solo un chico!, vamos, no es-
- Tengo que darle motivación. – Era la excusa dicha.
- ¡Eso ya más que motivación! – De por si era lo suficientemente malo que lo besara y no fuera simples besos, sino que tratara de profundizarlos. Pasar al mentón y al cuello… ¿acaso quería dejarle marca o súper propasarse?
El que Tsu hubiera quedado como una estatua no estaba ayudando en lo absoluto. ¿Quién diantres se queda inmóvil cuando lo están molestando?, ¿eh?, no era-¡puff!
- ¿Tsuna-kun? – No era de extrañar la pregunta, porque vaya vista se encontró.
El Décimo Vongola solo se dejó caer, deslizarse por la pared, aun sin reaccionar más allá que taparse la cara.
De pasar a que casi atropellaran a Lambo a ser molestado sexualmente no era algo que nadie se esperaría. ¡Vaya que la Kyoko del futuro le valió un colmillo!, mira que hacerle eso a un chico así fuera su futuro esposo…
No sabía si agradecer o no que esto no le había pasado al Tsu de esta época.
