Nada de Katekyo Himan Reborn me pertenece, solo la historia y uno que otro agregado que aparecerán más adelante en la historia.


Family of the Past

Capítulo 78

Mirando al techo, lo primero en ver al abrir los ojos, solo se le vino una cosa a la cabeza: "¿otra vez aquí?", un sueño en una playa no lo mataría.

- ¿Natsu? - Preguntó en voz baja, dando con un manto familiar, pero que en este caso no estaba feliz de verla. ¡Daba calor!

- Gao… - Suspiro profundamente ante el cachorro de león que había decidido cambiar de forma. Ambos sabían que era incómodo dormir así, o estar así en una cama. Era incómodo para ambos.

El pequeño león se le derritió, siendo rascado detrás de las orejas y luego empujado y acariciado de la forma en la que más le gustaba. No hubo palabras, no tenía nada que decir y Natsu tampoco, aparte de que en verdad no podía hablar.

- ¿Gao? - ¿Qué?, no iba a quedarse todo el sueño allí.

- ¿Me acompañas al baño? - No pasaba nada si quería quedarse un rato más allí.

El ruido de unas patitas correr por el suelo fue su respuesta. Verlo adelantarse y subirse a la tina casi con impaciencia era para hacerlo reír.

- Okey. - Se le era divertido, no podía evitarlo.

Cerrando la puerta con llave, procedió a darse un largo y relajante baño. No tenía prisas, y no sabía que hacer aún. Además, Natsu estaba gozando un montón, el pequeño leoncito mimado.

- ¿Listo? - Natsu se le quejo cuando lo soltó de las orejas. Si, era un pequeño mimado.

A la hora de vestirse tuvo que hacer una pausa, una idea viniéndose a la mente. Sonrió un poco, sin poder evitarlo. Escogiendo un traje prácticamente nuevo, solo lo había usado una vez si no mal recordaba, armo un pequeño plan. No era lo que papá quería, pero era lo más cercano sin llegar a ser real. Además, quería ir a otro lugar. No usaría un avión, era demasiado llamativo. Que hiciera un pequeño desvío no era nada extraño, y podría decir que cumplió. Papá lo mataría solo pensar en esto, ¿pero que importaba?

- ¿Cómo se ve? - Si Natsu hubiera podido darle una cara perpleja, la hubiera usado de seguro. - Sssshhh, no vayas a decir nada, ¿sí? - Con eso su amigo entendió de inmediato lo que quería hacer.

El traje no le quedaba muy bien. Era casi todo negro y el negro no le iba muy bien. O eso decían todos. Le valía un colmillo. En el momento era un buen plan porque nadie esperaría que usará algo así. Y no saldría como él mismo, no señor. Cuando soñaba con estas cosas, aparte de que había alguna especie de continuación, había siempre algún idiota que no lo dejaba en paz. ¿Qué tenía de malo estar por su cuenta en paz y tranquilo?, era un sueño, no necesitaba niñeras…

- ¿Qué tal? - Le preguntó al pequeño león que se subió en donde no debería de subirse, opacando el espejo.

Le daba risa que Natsu estuviera tan sorprendido. Se le iban a salir los ojos. Santo Dios, ¡hace mucho que no veía algo así!

- No seas así. - Se medió quejo, apartándolo del peine. - No puedo ir a una peluquería, y ni siquiera estoy haciendo el trabajo completo. - En realidad, solo estaba bajando un poco la parte más larga. Mayormente porque no necesitaba que Mukuro se lo arruinará otra vez. Y no quería que se enredara de nuevo… - No es para tanto… - Agregó ante el león que no cambio de expresión.

Necesitaba un corte de pelo, desde hace años, pero bueno. No era importante, y no molestaba. Así que se quedó así. No había otra razón, a menos que contará que le valía un colmillo casi todo.

- Se te va a quedar pegada esa expresión Natsu. - Medio bromeo, comenzando a preocuparse ahora.

No era para tanto. Era lo de siempre cuando iba a interpretar otro personaje. No era su culpa que tuviera que prestar más atención y darle más realismo. No quería que nadie se la volviera a arruinar. Más bien no podía creer que tuviera que pasar por esto en un sueño. ¿No debería tener completo control sobre-

- ¿Tsuna-sama?, ¿puedo pasar? - Maldijo internamente mientras que Natsu no reaccionó la gran cosa.

Había durado mucho… En una decisión rápida tomo el estuche de maquillaje que estaba usando. Era viejo, pequeño y fácil de esconder. Terminaría en otro momento. Solo faltaban tonterías, en su humilde opinión. Natsu salto rápido a su brazo, subiendo a su hombro y convirtiéndose en la capa de Primo sin necesidad de decirle nada.

- ¿Tsuna-sama? - Justo a tiempo, pensó para si con una mueca interna y conteniendo las ganas de golpear algo.

Se quedó en esa esquina, justo detrás de la puerta, hasta que el hombre que se hacía llamar su mano derecha finalmente salió, cerrando la puerta tras de sí. Ni siquiera hizo falta usar una ilusión, no reviso detrás de la puerta como temió.

Natsu le dio mala cara, pero cumplió la orden tacita. No podía ir con él así, y tampoco podía ir en otra forma conocida. Volaría todo el secretismo.

El espejo le devolvió la mirada, mostrando un collar que no tenía antes, al cual se le deslizo un anillo muy familiar antes de que terminará de ajustar el collar. Solo fue por un par de segundos antes de que desapareciera de la vista, y de la realidad para muchas personas. Un pequeño secreto, le había salvado la vida un par de veces. Después de todo, nadie podía pretender que fuera dejar a Natsu o tratar de esconderlo en un sitio que todos conocían. No, un tonto collar de poco valor, que era fácilmente escondido en los trajes. Ilusión hacia todo mucho más fácil, en especial cuando no tenía que mantenerlo él sino un león que nunca aprecio la idea de ser dejado atrás.

- Eso sería todo. – Se dijo para sí, haciendo un chequeo mental de última hora.

Aparte del estuche de maquillaje, un poco de dinero que francamente no espero encontrar y la corbata. Creía que no hacía falta nada más, y si lo hacía se la tendría que arreglar sin eso. Tenía el tiempo contado y estaba corriendo, no podía quedarse.

Brevemente hizo una lista de la poca gente que vio en los pasillos mientras andaba. Nadie le dio atención, gracias al cielo. Fue sencillo, más sencillo de lo que creyó, perderse entre los recorridos típicos del personal. Y cuando decía perderse, se refería a perderse a salir de la vista general sin que nadie se diera cuenta.

Meterse en una de las habitaciones de huéspedes no era el mejor de los lugares de esconderse, era lejos, bastante lejos. Estaba contando con la distancia, nada más. La cerradura no era algo con lo que pudiera contar, solo unos segundos, quizás un par de minutos a lo mucho.

- Listo… - Susurro para sí, agradeciendo que no hubiera pasado nada. El tiempo le rindió, gracias a Dios.

La persona frente a él era otra. Mayor, un tanto egocéntrico de vista, y probablemente adinerado. Ojos verdes, pelo negro, piel muy blanca. Traje negro, corbata negra también. Ah, y pelo aplastado, aunque no naturalmente. ¿Qué podía decir?, no todas las batallas se ganan y había algunas que ni siquiera valía la pena intentar.

Con una respiración profunda salió, mentalizándose para actuar como una persona cualquiera, que podría caer mal. Con la pinta que tenía, nadie se esperaba una persona muy amable o muy carismática. Mejor así, no tenía ganas de fingir muchas sonrisas ni preocuparse por nadie. No, más bien había elegido una apariencia así para poder ser sarcástico e insultar educadamente a unos cuantos si salía la ocasión.

-… se escapó?! – Vaya, ¿qué hacia esta gente por aquí? - ¡VOOOOIIII! – No te rías, no te rías… - ¡¿Qué clase de guardianes son ustedes?!, ¿cómo que no tienen idea de adonde se metió?, ¿cuántos años llevan conociéndolo…

Siguió de largo por supuesto, si se quedaba se iba a reír y no podía hacer tal cosa. Una verdadera lástima honestamente. Hubiera sido mejor si hubiera sido-

- ¿Y tú quién eres? - ¿De dónde diantres había salido?, no lo vio y no era para que le pasara esto.

Bueno, estaba de malhumor ahora, le dolía la muñeca porque cierto idiota no pudo ser amable y no planeaba soltarlo tampoco. Lo trataban mal, trataría mal. Era lo justo, ¿no es así?

Giro la cara, miro sugestivamente de arriba abajo a su agresor, y soltó lo que sabía que caería extremadamente mal a la persona:

- Ay, no tienes que ser tan rudo bombón, con gusto saldría contigo. - Movió las pestañas, sonrió de la forma en la que sabía muy bien que era sugerente. ¿Cómo no iba a saberlo cuando le disgustaba de sobremanera cuando se lo hacían? – Y más… - Lo soltó bajo, lo suficientemente alto para ser oído, acercándose a su "victima" y culmino: - Si quieres un encuentro "especial", con gusto te hare chillar como un cerdo, galán~

Del tiro fue soltado, ¡fue soltado!, Dios, menos mal que esto no era real. Podía deleitarse todo lo que quisiera con este Reborn, ¡había perdido todo color!, ¡que divertido!

- Que no es gracioso. – El siseo del mejor asesino del mundo valió de nada a los chiflidos de los idiotas con el valor suficiente de hacerlo.

- Él es Reborn, la proxi-

- Tranquilo galán, contigo también puedo hacerlo. – Le daba pena matar a Leviatán justo ahora cuando solo quería ayudar, pero: - Los más fuertes son los más vocales y los más divertidos~ - Lo peor era que quería reírse y reírse y no podía. En medio de su actuación, sobo su muñeca dolida. Que agarre, cielos. – Tendría que castigarlos por portarse mal, pero todos disfrutan de mis castigos así que… - Lo dejo allí, con tono muy sugerente y dándole "ojitos" a ambos hombres.

El repentino espacio entre ellos fue instantáneo. ¡Lástima que no podía reírse!, esto era genial~

- Creo, si no le molesta que lo corrija, que solo quieren saber quién es señor. – Ay rayos, ¡hasta Squalo!, esto jamás lo olvidaría, así fuera un sueño. – No es uno de los sirvientes, ¿en que trabaja?

Hmm… bueno…

- ¿Ah?, que lastima, pensé que querían algo más… - Reborn jamás se lo perdonaría. Jamás. Menos mal que esto no era real. – Soy del ala norte, voy tarde a mi turno. – Y hablando de eso: - Tengo mucho que hacer, pero llámenme si quieren una noche apasionada bombones~ - Culmino con un beso y todo.

Dio media vuelta y se perdió antes de que alguien reaccionara para seguirlo. No iban a tardar mucho en darse cuenta de que en verdad no respondió nada.

Era una lástima que tuvo que esconderse en una de las primeras habitaciones que vio vacías para poder reírse al punto de que le doliera el estómago. Lo mejor del caso es que ni los había tocado, ¿qué hubiera pasado si lo hubiera hecho?, ya no podía quejarse de este sueño, ¡eso había sido increíble!, lástima que no podía aplicarlo en la vida real… Lo matarían de seguro, o capaz y le tocaba a alguien que le gustará la idea. No gracias a ambas. No. Simplemente no.

A pesar de haber dado una pista falsa, porque no iba a ninguna de las alas de la mansión, hizo su camino lo más rápido posible. Ya era como un juego, pero con un Reborn jugando… era mucho más difícil todo, en algún punto siempre lo atrapaba. No quería lidiar con él, con nadie de los que vio. Tenía en mente cosas muy distintas que tener una niñera. Tenía 24, no 3. Nadie respetaba nada.

Tuvo que hacer una pausa en los corredores cercanos a la salida principal. No iba a ella, ya no. Saldría por la ventana, había demasiada vigilancia y mucha gente. Podía usar su cargo para salir, pero eso no era una buena idea si quería mantenerse en el personaje ficticio que estaba usando. Qué lástima. Miro de reojo a las cámaras de vigilancia y suspiro profundamente. Ese era otro inconveniente.

En fin, había algo que podía hacer siempre y nunca le había fallado. Su plan no duro mucho en esfumarse, o tener problemas. Aparentemente había decidido hacer todo más complicado de lo normal…

Tuvo que esperar a que la cámara se moviera de ángulo, y sabía que más tarde esto le traería problemas. Si sabía jugar bien sus cartas, ganaría más tiempo. Estando fuera del radar por unos escasos segundos, corrió y paso detrás del guardia. Claro que esto le trajo ser perseguido y alertar al cuerpo de seguridad y todo eso…

Apoyado en una puerta, jadeando y tratando de no hacer ruido, se permitió relajarse y tomar un pequeño respiro al oír los pasos apresurados alejarse de su posición. Escaneo rápidamente el lugar por cámaras, y encontró una que aún no lo había detectado. Con irritación, porque eso era lo que tenía a este punto, paso lo más pegado posible por la pared debajo de esa cámara hasta llegar a la ventana. De allí fue sencillo abrirla, salir, agarrarse del marco, y hacer un supuesto para que quedará cerrada (a la vista).

Hace años, muchos años, le hubiera dado nervios el pensar lanzarse de una ventana, en especial a tres pisos de altura. ¿Ahora?, era el pan de cada día. Exageraba, pero el punto era el mismo.

- Lo que un hombre tiene que hacer por la libertad. - Murmuró para sí, desechando la idea de quitarse todo e ir corriendo por todos lados sin nada como hacían en las películas. Era tentador, pero no.

Ya tenía cosa con ir por ahí en calzoncillos por culpa de Reborn, ¿realmente quería agregarle ir sin absolutamente nada?, sueño o no había límites. Lo último que necesitaba era que su subconsciente le recordará que no era un galán. Ese era un límite que no estaba dispuesto a cruzar sin motivo.

A partir de allí fue fácil. No tan fácil como recordaba, tuvo que evadir muchos guardias que no recordaba y ni siquiera hablemos de los sensores y cámaras de seguridad que no recordaba que hubiera. Un par de sus perros se alarmaron, pero no tardaron en relajarse otra vez, por fortuna. No lo reconocieron, menos mal que se hecho perfume. Si lo hubieran hecho hubiera sido un problema. ¿Cómo diantres les negaba?, ¿cómo?

Cuando por fin llego a su primer destino lo primero que hizo fue colarse en uno de los aviones, meterse en la sección del bar y hacerse un cóctel. Y sentarse. Mayormente sentarse. No había nadie, el lugar estaba extrañamente desierto.

Mejor así, pensó para sí. Así no vería a nadie ni tendría que dar explicaciones ni molestarse en hacer distracciones o buscar escondites de última hora. Oh, había chocolates, ¿por qué había chocolates?, entendía los dulces, pero nunca se ponían a plena vista… Se encogió de hombros, ¿que importaba eso?, al menos había algo más que alcohol, suponía. Oh, y era chocolate de los-

- ¿Quién es usted?, no debería estar aquí. - Rayos. Alguien estaba molesta. Y asustada. Suponía que tenía que dárselo.

Una persona metida en donde no debía de estar con las pintas que se había puesto… No tenía idea si ya habían corrido los rumores de lo que había hecho hasta acá o no.

Término de llevarse el bombón de chocolate a la boca a duras penas, dándose cuenta demasiado tarde de que estaba siendo apuntado por un arma de fuego. Que extraño, no era de perder esas cosas. Suponía que era porque no sentía peligro alguno.

- Preciosa. - Se limitó a decir como respuesta, que en verdad no era una, porque no iba a decir quién era.

Quizás no debió de decir eso, el disparo que paso a un par de manos cerca de su cara se lo decía. No tenía miedo, y no era porque sabía que podía esquivarlo. Esto era solo una advertencia. Le valía un colmillo si lo era, o si la dama tenía razón o tenía miedo. Tomo otro chocolate, de allí no se iba a mover aún, eran unos-¡bam!

- Es de mala educación pedir nombres y no darlos primero hermosa. - Le quedaban tres balas. Si iba usarlas todas en intimidarlo… triste por ella. - Son buenos. - Eran caros, lo sabía porque a veces se daba el gusto. Eran uno de sus favoritos.

Si no fuera porque su familia solía robarse sus chocolates (muchas más cosas que eso honestamente) o tomar sus cosas sin permiso, se hubiera dado gustos de estos de forma frecuente. El dilema era-¡Bam!

Su sonrisa se fue, ahora irritado. Le dio mala cara a la dama, comenzando a golpear la madera con los dedos. Si creía que iba a obedecer, a hacer caso, estaba equivocada y con creces. La cara de la dama al darse cuenta de esto no era linda. Ay. Como si le importará. La cuarta bala reboto, y esto asusto a la dama. No había hecho nada, absolutamente nada. Suspiro para sus adentros. Parece que tendría que salir corriendo en unos minutos, noqueara o no a esta dama. Qué lástima.

- Si vas a salir corriendo al menos has el favor no pegar gritos hasta que estés afuera del avión. - Ni siquiera la miro al decir esto, tomando, esta vez, lo que quedaba de su cóctel antes de levantarse.

Le daría un punto por no salir corriendo de inmediato solo porque se levantó. A ver, que había, que había…

- Este lugar está fuera de límites, no puede estar aquí sin-

- ¿Cómo te llamas? - Si, si, se sabía todo el cuento y demás. - No responderé nada si no quiero, no me iré si no quiero, así que tienes dos opciones. - ¡Ah!, este era perfecto. Tenía el hielo a mano también. - Correr, como todos, o quedarte y ver a donde va esto. - Si, era perfecto. - Te queda una bala, no harás nada con eso. - Advirtió, terminando de prepararse todo antes de volver a su asiento. - Entonces, ¿qué harás?, la segunda copa no se desperdiciará, te lo aseguro. - Pero hasta allí estaba-

- Podrían matarte por estar aquí. - ¿Ah sí?

- Qué lo intenten. - Se encogió de hombros diciendo esto. No iba a elaborar más en ello. - No sabía que habían agregado chocolate a esta sección… - Solo había venido una vez. Solo una. Porque lo arrastraron, y no lo dejaron beber nada.

- El propietario tiene gran gusto por los chocolates… - ¿Iba a quedarse?, vaya. - Se incorporó fuera de su conocimiento. - Interesante.

- Vaya dueño entonces. - Era una medio burla, cosa que no gusto. Le valía un colmillo. - Que sus subordinados tengan el valor para hacer cambios sin informar no dice nada bueno de él… - Había oído eso muchas veces-

- Si no lo conoce le pido que se abstenga de hablar de él o llamaré a seguridad. - ¿Ah?

- Preciosa, ¿quién dice que no lo conozco? - De paso: - Además, solo repetí algo que se ha dicho por años… - Por demasiadas voces, por-

- Esos chocolates se agregaron porque el dueño los ama, no por otra cosa como sugieres. - ¿Ah sí? - Fue una proposición de una de nosotras para alegrarle el día. - ¿Disculpen? - Obviamente no lo conoce, idiota.

Ah, excelente. Le valía un colmillo aun así. No iba a negar que eran buenos y de que probablemente le estaban deseando la muerte por la mirada que le estaban dando por tomar esos chocolates. Técnicamente hablando eran suyos.

- Qué lindo… - Arrugo la última envoltura y la arrojo a la basura, ignorando que iba a ganarse una cachetada como mínimo si seguía así. - Dicen estás cosas cuando no está, y cuando se aparece todos corren llorando y gritando por sus vidas. - Entre otras cosas. - Perdóname por encontrar todo esto… - ¿Cómo decirlo?, ¿cómo decirlo? - encantador. - Bueno, lo intento. Papá debería dejarlo en paz ahora. No es que iba a decirle la-

- ¿Quién demonios es usted? - Lo habían jalado del hombro. Vaya.

Pestañeo como un tonto, tardíamente procesando que no era rabia lo que había sonado. Era más…

- Vine a ver a la señora Akane, si es que aún sigue aquí. - Se limitó a decir, sin querer responder. Decía señora por ser formal.

¿Debería de preocuparse por qué la señora perdiera todo color?, los lindos ojos grises se parecían a los de Akane, y el color de piel. Lo demás era todo diferente. No podía decir nada del pelo, el estilo era casi el mismo para todas, y si se iba por el resto del físico… Tenía algo más de curvas, y mucho más pecho. No es que su memoria fuera de fiar. Tampoco quería mirar mucho, porque-

- Décimo… - ¡¿Ah?!

- No me parezco a él, ¿ves el pelo? - No se le iba a desmayar allí, ¿verdad? - Y no me envió na-

- ¿Por qué estás aquí? - Caray. ¿Qué diantres…? - ¿Y disfrazado?, ¿por quién te estás haciendo-

Caray. Mil veces caray.

- Soy Viper. - Por si las dudas: - V-i-p-e-r. - No nadie más. - Vine a ver a Akane, si es que sigue aquí. - Era un sueño, le daba igual. No era como si pudiera hacer esto de verdad, no valía la pena. - En un rato me voy, así que no tienes nada de qué preocuparte. - En todo caso: - ¿Sigue aquí?, dime de una vez si estoy perdiendo mi tiempo o no. - Reborn iba a dar con él en un rato si no se movía.

Pues había dicho algo descabellado, porque lo estaban mirando como si fuera un fantasma.

- Décimo, soy yo, Akane. - ¿Ah?, ¿qué? - No-

- Akane no tiene pechos tan grandes. - Se le salió antes de darse cuenta, matando todo. Ooopppps.

Agradeció internamente que no tenía que hacer frente a nada y podía mirar a cualquier lado. Qué pena era… ¿se estaba riendo?, ¿en serio?

Se sintió como un idiota al ver que se soltó el pelo. Con el pelo abajo, sin las gafas, podía reconocer esa cara. Había cambiado, pero no tanto como para serle irreconocible.

- Es bueno verlo, Dec-

- Viper. - No quería oírlo, y lo mejor era: - Viper, solo Viper, no soy nadie más cuando te pregunten. - Lo cual podía ser en unos minutos. - No arriesgues tu trabajo, solo llámame Viper. - No quería ni pensar en el problema en el que se metería, sueño o no, por esto. - Me extraña que no salieras corriendo. - Tristemente eso era verdad.

¿Cuántas veces no le había pasado que se encontraba a alguien o iba a buscar a alguien solo para que salieran corriendo como gallinas sin cabeza?, en un principio le pego mucho, luego… luego se le hizo un tanto indiferente. Por algo había arreglado las cosas para que nadie tuviera que verlo, y no precisamente por el bien de los demás…

- Debí. – Bueno, al menos lo admitía. – Conseguirse a un completo extraño de lo más casual en un lugar protegido no suele ser algo bueno, Viper. – No había nada que pudiera hacer allí, tristemente. No sin volar su coartada y tener niñeras. O compañía indeseada. – Pero era un extraño, usted no lo es. - ¿Ah?

- Eso no ha detenido a nadie. – Akane rodo los ojos en esto, y lo detuvo de aclarar:

- Se los rumores, he visto algunas cintas de seguridad. – Cualquier sonrisa se perdió aquí. – Si se me permite decirlo y me disculpo si lo ofendo, me sorprendió la brutalidad. – ¿No la matanza en sí?, ay. – También me sorprendió oír que era algo nuevo. Todos los que conozco han matado al menos una vez, y usted en el cargo que esta…

Bufo por lo bajo, tomando un trago de la bebida que tenía. Se la tomo toda, despacio.

- Brutalidad… - Vaya chiste. – No hago mucho, deberías de ver a… - Se calló, negando con la cabeza. No, era mejor no recordar. – El punto es que nadie iba a hacerlo, y no tengo la paciencia o la buena disposición que solía tener. – Eso se había acabado. Para bien o para mal. Ni siquiera importaba. - ¿Por qué no huyes tú también?, en la posición en la que estas podrías haber pedido transferencia a Varia… - Aunque… - Estas bien apartada aquí, no he usado estos servicios en años… - No los propios. Muy rara vez salió, y solo para cosas muy puntuales.

- ¿Por qué lo haría? - ¿Uh? – Si no fuera por Reborn, hubiera ido a verlo. – Si hubiera estado tomando algo se hubiera ahogado. ¿Ir a verlo?, por favor… - Hay mucho que quería preguntar, saber… - Pestañeo varias veces, como un perfecto idiota, ante la mano que se posó en la suya. – No hay mucho que pueda hacer, y como usted muchos le temen así que solo he podido preocuparme…

- ¿Preocuparte? – Vaya. Soñar con una playa y chicas en bikini no iba a matarlo…

- Claro. – Esto era una mala broma, una muy mala broma… - Somos amigos, ¿no es así Decimo? – Si lo ponía así…

- No te preocupes por mí, y es Viper. – No tenía caso preocuparse por alguien como él. – Preocúpate por ti misma, ¿quieres? – Las cosas para el simplemente… ya no importaba. Arreglaría las cosas cuando volviera y eso sería todo. Un nuevo Decimo. Él no era el indicado y nunca lo fue. Era-

- No seas así Decimo. – Quedo frio en el sitio, pero no tanto por las palabras. Nadie lo había abrazado de buenas a primeras sin una razón, a menos que fuera familia y aun así… - ¿Dónde está el chico divertido que se preocupa por todos?, ¿dónde está el chico que solía sonreír al ver a alguien? – Muy, muy lejos… - ¿Dónde está el chico que me decía cosas tontas para hacerme reír? - ¿Tontas?, no la llamaría tontas…

¿Qué decir?, ¿qué podía decir a eso?, no era-

- Siempre saludabas, preguntabas si todo estaba bien, si hacía falta algo, escuchabas problemas… - Ya no. - ¿Cómo no preocuparse por ti?, no soy la única, muchas aquí se preocupan, no solo nosotras. – Mentira. – Nadie querrá verte, te tendrán miedo, pero muchos tememos que hemos perdido al dulce rayo de sol que tenemos de jefe. - ¿Al… dulce… rayo… de… sol…? - ¿Es verdad? – Desesperación, había desesperación en esos ojos…

- Es verdad. – No tenía caso mentir. En eso, al menos, podía verla a los ojos sin sentir culpa. Eso no quería decir que no le doliera, pero nada es perfecto. - ¿Que he pensar cuando me dejan solo y luego el resto de mi personal huye de mí? – Simple, realmente simple: - Si las personas más importantes para mí se fueron a mis espaldas, ¿por qué no los demás? – No tenía caso esperar mejor reacción de los demás. Era simple. – Nadie quiere verme, he hecho lo mejor para complacer. – Y de paso: - Tampoco estoy de ánimo de ver a nadie, en especial a sabiendas de lo que va a pasar. No espere mejor de ti. – Triste, quizás cruel, pero era cierto.

Bueno, tenía una alacena de alcohol justo en frente. Nunca había probado eso de emborracharse para olvidar, pero-¡wow!

- No digas tonterías, ¡no has cambiado en lo absoluto! - ¡Wow!, ¡sin jalar!, ¡por Dios! - ¿Por qué has venido a verme entonces?, no has cambiado en nada…

- ¿Tenías que jalarme del pelo? – Se quejó, irritado. Esto solo obtuvo risas, pero no eran del todo alegres. – Nada de esto real, así que no pasa nada. – Esto, por supuesto, dejo todo en completo silencio. – Alguien quería que viniera a verte, y esto es lo más cercano a lo que iré. – Frunció el ceño y debatió en servirse otra copa. Tenía el mal presentimiento de que no lo iban a dejar. Ah, se le habían olvidado los chocolates. – No puedo verte, lo prometí, ¿lo recuerdas? – Además: - Necesitas este trabajo, no estarás feliz de verme incluso sin todo el desastre… - Suspiro profundamente, sintiéndose extrañamente cansado. ¿Qué hora era de todos modos…?

No había un reloj en ninguna parte. Bueno, no importaba. No cambiaba nada. Era tiempo de irse, había pasado mucho tiempo aquí.

- Me alegro de verte Akane, incluso si no eres real. – Al menos podía ser sincero. Era lo único. – Ojalá Reborn no hubiera malinterpretado las cosas y se hubiera empecinado en ello. – Porque fuera como fuera: - Fue divertido, eran buenos momentos, hubiera deseado que fueran más. – Pero no fue así y no valía la pena pensar en ello. – En unos minutos vendrán, de seguro, recuerda que no sabes que soy yo, sino Viper. Ellos sabrán perfectamente quien es Viper, no estarás en problemas.

No había nada más que decir, no hacía falta nada más. Tampoco espero nada, ni siquiera se molestó en ver qué cara podría estar recibiendo. No le importaba porque a la final nada tenía importancia. Era muy probable que, debido a esto, se llevara la mala sorpresa de que no lograra dar más que unos pocos pasos antes de que lo sujetaran del brazo.

- ¿Akane…? - ¿Ahora qué?, se preguntó internamente temiendo un problema.

- No voy a dejarte ir. – Ladeo la cabeza ante esto. Que tonto.

- Eso no lo decides tú. – Podía escaparse fácilmente, no era un problema. Y ni siquiera estaba contando una intervención externa. – Algunas decisiones se te son arrebatadas de las manos, te guste o no. – Por desgracia esa era una realidad de la vida. – No me hagas hacer eso, ¿sí? – No le gustaría, no quería. Eso no quería decir que no lo haría.

- Lo siento Decimo, pero no voy a dejarte ir. – Ay rayos… - Si lo hago no vas a volver, ¿no es así? - ¿Ah?

- Nunca estuve aquí en primer lugar. - ¿Cómo iba a volver a un lugar en el que nunca estuvo?

Aparentemente decir tal cosa no fue una buena decisión:

- Entonces déjame acompañarte. – Genial. No podía permitir tal cosa.

- Todo el punto de-

- No voy a dejarte ir, o me llevas o te quedas. - ¡Ni que estuviera tratando con Lambo! – Los demás quieren verte, por favor Decimo…

Fue, tristemente, en este punto que recordó porque había agarrado la costumbre de no mirar a nadie en la cara cuando le pedían cosas. Un muy mal momento para recordar ese pequeño dato…