¡Feliz Navidad y Próspero Año Nuevo!

Nada de Katekyo Himan Reborn me pertenece, solo la historia y uno que otro agregado que aparecerán más adelante en la historia.


Family of the Past

Capítulo 79

- ¿Lo ve Decimo? – El "te lo dije" era casi palpable.

- Viper… - La corrección era más un segundo pensamiento que otra cosa. Era muy probable que no recordará hacerla más tarde.

Nadie iba a decir en voz alta que él Décimo parecía estar viendo algo más allá de su imaginación. Como un muerto saliendo de su ataúd en pleno entierro. Demasiado tenso, un tanto cohibido de una forma anormal. Reservado, pero era por lo mismo. No se creía nada de lo que veía o sentía.

No eran muchos, y no conocían mucho al Décimo. El Décimo no salía mucho, pero lo conocían porque era difícil no hacerlo y no solo por quién era. Era difícil no recordar a una persona que se tomaba el tiempo para hacer una pequeña charla, recordar tu nombre y preguntar si tenías algún problema, si necesitabas algo y si estabas feliz con ese cargo (no era a todos. Tenía un don para percibir cosas ese hombre …). Muy amable, respetuoso, cordial. A más de a uno le había tocado la mala pasada de enterarse mucho después que el hombre era la cabeza de la organización, y todo el revoltijo que era tener a alguien tan blando en un lugar así.

-... dejarlos ir. - La sonrisa era forzada, el tono era neutro. Lo que estaba diciendo era oscuro. - Muchos de los que dejaba ir volvían y era peor, así que comencé a tratar de asustarlos más y luego… - Era algo muy oscuro para alguien que conocían casi como un ángel. Tomando en cuenta como era la mafia, este hombre era demasiado bueno para ser verdad. Era. - Luego dejo de importarme. No negaré que es divertido, pero no voy a ir por ahí asesinando sin razón si eso te preocupa. - Demasiado oscuro. - No vienen por buenas cosas, y no tienen miedo. Además, el trabajo solían hacerlo mis guardianes y la parte de seguridad… - El Décimo se encogió de hombros, como si no importará. - Parecen que creen que atacare a cualquiera, y supongo que no puedo culpar a nadie por pensar así… - No miro a nadie al decir esto, algo que no pasó desapercibido. De igual modo fue con una sonrisa demasiado tensa y amplia como para ser feliz.

El "monstruo" que rondaba las paredes de Vongola no era más que un hombre haciendo una tarea que no solía tener que hacer, y la cual se había convertido en una forma de liberar sus frustraciones, si la sonrisa tensa y las partes sarcásticas decían algo. Un hombre que, a primera vista, había perdido por completo el pudor, la vergüenza y la empatía a otros.

Así como estaba, sentado recto y tenso, manos tomando con más firmeza de la necesaria un adorno de vidrio, de vez en cuando mostrando leves temblores en la mismas, decía mucho. El que no quisiera ver a nadie a los ojos, que prefiriera mirar al suelo u ocultar su rostro, decía mucho más.

- O-Okey. - El más miedoso, uno de los nuevos ingresos, trato de enmendar el problema que había causado: - Lo lamento, es solo que-

- ¿Rondan los rumores de un demonio caminando por ahí? - Amargo, arisco, eso era lo más notable del Décimo ahora. - Quizás, pero con razón. - Un encogimiento de hombros.

El dulce, amable y carismático Décimo que varios de ellos habían conocido no estaba allí. No a primera vista, al menos. Era obvio luego de unos minutos en su presencia que no había cambiado, no en eso. Amargo, arisco, increíblemente sarcástico y no de las mejores maneras… Resentido, deprimido y con una actitud de: "¿qué importa?", eso era lo que se podría resumir como el Décimo que tenían en frente.

- No seas así. - Alguien carraspeo y otros temieron una mala reacción. - Es nuevo, no sabe mejor.

No pasó nada más que el hombre se le quedará mirando a Akane, como si no comprendiera lo que acababa de pasar. No era la reacción que se podría esperar, no con lo tenso que estaba y la distancia que mantenía. Para Akane esto tampoco era esperado, espero otra reacción, ya que su sonrisa bajo mucho.

- Vas a dañar el maquillaje. - Fue cansado, impasible. No, no era la reacción que nadie esperaba. - Escapar no fue fácil, mi tiempo es contado como es… - Negó con la cabeza, como si tratara con algo que no quisiera tratar. - ¿Cómo quieres que sea entonces?, olvídate que voy a sonreír y ser carismático, no estoy de ánimo. - En pocas palabras: "no me pidas ser otra cosa, no tengo energía ni ganas de ser nada más."

Era… una admisión deprimente, eso era lo que era. Todo por solo un gesto que no era propio de empleado a superior, raro entre amigos. Bueno, no era tan raro entre amigos.

- ¿Estás cansado Décimo? - Eso era lo que estaba dando a entender. Seria cruel forzarlo a estar por más tiempo si era así, a pesar de solo haberle dado unos minu-

- Por años. - Que respuesta. Dios, ¿qué más honestidad que esta? - Supongo que ya perdí el encanto de una visita social… - Su vista paso a la dama que lo hizo venir, era más para indicar que lo que diría era para ella. No había molestia en esos ojos, ni reclamo. Si había algo, era una disculpa no dicha: - Te dije que esto no saldría bien…

Era, quizás, demasiado obvio que la respuesta a la incógnita de cuan solo había estado el "demonio" encerrado en las paredes de Vongola. Muy solo si no encontraba, al menos, un poco de agrado en compañía.

La imagen de un joven alegre haciendo una pequeña charla con risas y pequeñas bromas con cualquiera contrastaba duramente con la que tenían en frente. Ninguna sonrisa había sido real hasta ahora. Era obvio al saber que era el Décimo, porque ya lo conocían. No por primera vez se preguntaban qué pasaba dentro de esa mansión si una de las personas más carismáticas había sido reducido a esto…

- ¡Pamplinas! - Akane había tirado por completo el profesionalismo. - Empecemos por quitarte ese disfraz, no quiero a Viper, nadie quiere a Viper aquí. - Si bien eso era cierto… - ¿Ves?, ¿no se siente mejor?, ¿ser tú?

Eran 5 personas, contando a Akane. Los cuatro trabajadores solo podían mirarse entre sí, asustados por Akane, sin saber cómo detenerla. Akane era quien conocía más al Décimo, pero había límites, eran solo-

- No. - Bajo, pero no molesto. - No son contactos, no es tinte… - Tocar al Décimo de esa forma no era algo que nadie debería de hacer. - ¿Ves?

Una ilusión. Una pequeña ilusión. Akane no fue la única en fruncir el ceño, borrando con más esfuerzo el polvo y el maquillaje que el Décimo había empleado en más de una zona que solo su rostro. Era un gran engaño, pero Akane dijo lo que todos pensaban: no querían a Viper.

- ¿No se siente mejor? - No era el mismo rostro juvenil, jovial, que esperaron ver algún día otra vez.

El maquillaje había hecho mucho más que hacer una nueva persona. Cansado, desgastado, triste. Esa era la expresión neutral, porque no estaba intentando nada. Solo había dejado que Akane hiciera lo que quisiera. Se conocían, se tenían confianza, o simplemente el Décimo estaba tan decaído que ya no le importaba.

- Vamos a darte un corte, ¿sí? - Era para entrar de nervios. Sin ninguna clase de respuesta, era para ponerse nervioso y tratar de enmendar algo que pudiera haber hecho mal. - Elliot fue peluquero, así que no te dejara mal-

Descuidado era la forma más simple y amable de describir ese cabello. Había estado peor, al igual que su dueño. Aún se notaban los rastros que indicaban recuperación, y no una decaída como uno esperaría.

- No te molestes. - El Décimo negó con la cabeza, comenzando a sonreír. No era exactamente feliz, pero era más natural que las demás que había dado. - No molesta, no es prioritario tampoco. Estoy seguro que después conseguiré a alguien que no tenga problemas para cortarlo. Además, creo que nunca contrate peluqueros… - Elliot era el más miedoso, y uno de los más nuevos también, de los empleados presentes.

- ¿Esta seguro? - Elliot sorprendió incluso a Akane con esto. Se sonrojo el chico, era joven. Unos 17, pronto cumpliría los 18. - No es que sea un profesional, pero mi mamá era peluquera - Había algo más allí que una simple proposición. - Puedo hacer un corte simple señor. - Modesto, ¿eh?

- Si estás seguro de que no es una molestia… - Tardo en llegar, fue lento y bajo la mirada de alguien que no creía lo que estaba viviendo.

Era oficial, el Décimo Vongola tenía problemas. No era una sorpresa para ninguno, pero nadie se lo espero a este nivel…

- Solo déjeme buscar un peine y unas tijeras. - Irónicamente: - Todo lo demás lo podemos improvisar. - Y así sería. Eran prácticos después de todo.

Los usuarios de las llamas del cielo eran sociales, de una forma u otra. No tomaban bien cambios bruscos en lo que se refería a compañía. ¿Qué más brusco que verse sin sus guardianes y familia más cercana un día?, los problemas de seguro comenzaron a surgir desde allí. Las matanzas no eran más que un signo, suponían…

-... guapetón, ¿ve? - La más antigua, tanto en edad como en tiempo de trabajar allí, preguntó con un espejo en manos.

Una foto, esa fue la guía. Una foto antigua de como solía verse antes. Elliot la siguió a corazón. No quedo perfecto, obviamente, pero era una gran mejoría.

- Al menos no me dejo calvo. - Una pequeña risa ante un "hey" que se oyó por parte de Elliot ante la acusación. - Gracias.

Dos de ellos quedaron estáticos, los otros dos no. La razón de esto era una sonrisa que podía desarmar a alguien si no se tenía cuidado, incluso si no estaba a máxima potencia y era más una sombra de lo que solía hacerles este hombre hace años.

-... y esa es la razón Décimo. - Era increíble. Lástima que no fuera en mejores circunstancias.

Al menos, en medio de chistes, aperitivos y arreglos, el Décimo se había relajado lo suficiente para no lucir tan tenso y conversar. Poco, pero estaba conversando.

- ¿Es así? - Elliot, quién se había relajado con el "demonio" de Vongola al punto de sentarse frente a frente, se le puso la piel de gallina ante el tono extrañamente filoso. - Interesante saber cómo tuercen las ordenes a conveniencia… - No estaba feliz, el Décimo no estaba para nada feliz. - Eso, me temo, no fueron las ordenes que deje. Les han tomado el pelo… - Y no estaba feliz por ello. - Akane, ¿cómo te dejaste engañar?, sin mi firma nada es válido y lo sabes, ¿o me estoy perdiendo de algo?

- Los superiores son felices con cualquier excusa. - Daichi soltó con amargura, no había hablado en todo este tiempo. - No hay nada que se pueda hacer contra eso, esperemos que la nueva gerencia sea diferente. - Finalmente la queja: - Ya decía yo que no era posible que la mansión estuviera fuera de límites para nosotros también…

No es que muchos hubieran tenido el valor de-

- ¿Nueva gerencia? - ¿Ah?, ¿no sabía? - No he autorizado cambio, promoción, despedidas ni nada por el estilo en un buen tiempo. - Pero… pero eso no podía ser cierto. ¡Había habido un cambio radical en todo el personal recientemente! - De cualquier forma, las ordenes se resumen así: solo personal interno, que incluye a todo el personal directo de Vongola, puede entrar y salir, moverse como sea necesario para sus funciones. Aparte de eso, solo mis guardianes si algún día deciden volver. Nadie más puede entrar sin mi expreso permiso, eso incluye familias aliadas, visitantes, y desconocidos obviamente. - Una leve pausa. - Lo demás son órdenes no estrictas para comodidad de todos. Cualquiera de ustedes puede ir a la mansión sin repercusión alguna, y si hay algún problema con eso déjenmelo saber… - Lo siguiente recordaba muy bien que no era el mismo dulce Décimo de hace años: - Un poco de diversión a costillas de un idiota nunca está demás~

No dudaban sus palabras. El Décimo era un hombre de palabra. Si decía que haría algo, lo haría o llegaría lo más lejos posible en hacerlo. Era una de las cosas que, al principio de su "reinado" no le trajo más que burlas y malos comentarios. ¿Después?, ¡oh como no habían llovido gente pidiendo ayudo o contando con esa característica del Decimo Vongola!

- No piense en esas cosas todavía. – Dios, Akane tenía demasiada confianza, ¿no es así? - ¿Qué tal?, Julia es una excelente cocinera, ¿verdad? – No fue tímida en prácticamente arrojarle el plato en las manos al Decimo, quien no hizo más que rodar los ojos y darle mala cara.

- Algún día vas a causar un accidente y lo sabes. – Fue más una queja sin valor que otra cosa, porque el Décimo se rio en medio de esto, tomando una cuchara otra vez. Llego a medio camino de dar un bocado, un camaleón verde dándose a conocer a una velocidad alarmante y robando algo que no era de él. – Pues no soy el único que piensa que la comida es deliciosa, ¿eh León?

El camaleón pareció sonreír, subiendo a la mano que solo quiso acariciar su cabecita. ¿De dónde había salido exactamente?

- ¿Es tuyo? – La criatura verde no espero a que el Décimo bajara la cuchara para abrir la boca, diciendo perfectamente que quería más.

Y por supuesto que fue complacido, malcriado en todo caso. Era un tanto extraño de ver honestamente.

- ¿León?, nah. – Pues si no era suyo, sin duda alguna era tratado como un consentido. – Mi tiempo se acabó, ¿eh amigo?

León le asintió, luego de tragar otra cucharada de pastel. Un largo suspiro fue lo que salió del Decimo antes de decir:

- No tengo 3, no necesito niñeras… - La queja irritada no tenía destinatario aparente, o al menos así se creyó hasta que a los segundos se oyó claramente:

- ¿Creí que prometiste no volver a ver a esa mujer? – La voz era muy conocida por todos en la actualidad. – Si vas a escaparte como un mocoso, se te tiene que tratar como tal, ¿no crees? – No había malicia detrás de todo esto, era más como un padre cansado tratando con un niño revoltoso.

No podían estar más lejos de la realidad esas comparaciones. Por un momento nadie sabía a qué mujer se refería el mejor asesino del mundo, pero si el repentino cambio de postura de Akane no respondía eso, el Décimo sin duda lo hizo:

- Papá quiere que la visite, no puedo darle lo real obviamente. - ¿Papá?, ¿había dicho papá? – Si te gusta o no puedes meterte tu opinión por donde el sol no brilla. – Estaban… estaban en una pelea de tigres, ¿no es así? - ¿Y cómo quieres que no me escape cuando no quiero tratar con ninguna de las imágenes de mi subconsciente?, eso te incluye, por cierto. – Acido, venenoso, como una perfecta cobra.

Jamás habían visto al Decimo actuar así. Reborn, por el otro lado, solo suspiro y se arregló el sombrero, acercándose y saliendo a la luz. A pesar de haber sido insultado y de que el Décimo ni siquiera se dignó a mirarlo, un mayor insulto que todo lo dicho, Reborn no tuvo ningún problema con ello.

En todo caso, Reborn dudo. Dudo. Dudo de tocarlo, de ponerle una mano encima, dándole una mirada casi curiosa a Akane y luego a ellos. Luego vino la pregunta que volvió el ambiente extremadamente tenso y confirmo que el Décimo tenía una muy mala recepción a una de las personas que siempre buscaba como guía o protección según decían. No sabían que tan cierto era, nunca pasaron mucho tiempo en la mansión porque no era requerido en sus labores y había mucho movimiento en aquel entonces.

- ¿No vas a atacarme si te toco? – No ayudaba que el Décimo estaba malcriando a León, como si nada del otro mundo pasara.

- ¿Qué quieres? – No un sí o un no. – Si vas a decirme algo, no es bien-

- Se te ve bien el corte. – Aparentemente en algún lado de lo dicho el Décimo dijo que no iba a atacarlo, porque Reborn no dudo en revolverle el pelo ahora.

La tensión se hizo peor, mucho peor, al punto de ser casi asfixiante, ambos "tigres" mirándose entre sí, sin decir nada de nada.

- Por cierto, mira a quien traje. – Algo se movió detrás del asesino, y en un dos por tres había un mapache mirando feo a un camaleón en celos. Muchos celos.

- ¡Batman! – Elliot se ahogó en agua ante el nombre. - ¿Qué haces…? – El mapache era peor que León, y un ladrón también. – Me vendió sin querer, ¿me equivoco? – Ladrón o no, se le derretía al Decimo y no decía que no ante la comida.

- No deberías haberlo enseñado a abrir cerraduras. – Eso, no importa cómo se mirará, no sonó como un regaño.

- No es lo único que sabe, te lo aseguro. – Un mapache, un mapache aparentemente podía abrir cerraduras y puertas ahora… - Es un buen chico, ¿verdad que eres un buen chico?

Reborn conocía bien al Decimo. Mira que traerle a una de sus mascotas, porque si el mapache no lo era se comían sus zapatos, para que se ablanda-

- Valía la pena intentarlo. – Un asesino se encogió de hombros, sin ser sorprendido ante la mirada de muerte que obtuvo. – Tsu, no voy a decirte nada porque vengas a ver a tu novia.

- ¿Novia? – Fue a más de uno que se le salió. Se miraron entre sí solo por eso.

Y aquí hubo una problemática. Akane se sonrojo y miro a otro sitio, diciendo algo totalmente distinto a la irritación de un hombre que parecían haberle dicho algo que había negado múltiples veces. Ahora la confianza extra de Akane y los gestos un tanto personales tenían sentido, pero…

- Primero: no es mi novia, no hay nada allí. – Solo falto un insulto, solo eso. – Segundo: esto no es real así que puedo hacer todo lo que se me dé la gana. - ¿Ah?, ¿qué? - Tercero: vine porque papá me lo pidió, ¿he sido claro? – El Décimo iba a decir algo más, pero un mapache lo detuvo, sujetándolo repentinamente de la mano.

Reborn suspiro por lo bajo y le dio una mirada oscura a Akane, pero no dijo nada. No era de extrañar que no estuviera feliz con las intenciones de ella.

- ¿Nadie más viene? – Un mapache se emocionó y comenzó a hacer ruiditos ante la llama bonita que se formó en la mano que sujeto. – Era una linda velada hasta que apareciste. – Cielos, ¿más veneno por favor?

Batman quería robarse esa llama, pero no podía. En otra situación hubiera sido divertido ver la emoción-decepción del animal al tomar la llama solo para verse sin nada a los segundos.

- ¿Por qué estas molesto conmigo esta vez?, ya te dije que no voy a decirte nada. – Era, en cierta forma, como si Reborn tratara con un animal salvaje. Una mala comparación, pero…

- Papá me hizo un largo cuestionario… - Vino luego de un momento de consideración. – Alguien me robo mi primer beso también. - ¿Que…? – Y de paso a Lambo casi lo arrolla un carro. – Rodando los ojos, agrego: - Estoy molesto contigo por no entender que no hubo nada romántico y tener que revolver mi memoria para complacerte, ¿feliz papá?

¿Qué diablos…?

- Oh. – Hubo, por una fracción de segundo, sorpresa por parte del hombre antes que una sonrisa muy complacida se abriera paso a sus características. - ¿Puede que haya algo para que estés feliz conmigo entonces?, sabes que no puedes andar por allí solo, lo siento Tsu. – Y como si se tratara de un niño, el asesino jugueteo con los mechones de pelo rebeldes y aun húmedos. – Es un buen corte, un muy buen corte Tsu… - La mirada paso a ellos, ninguno sabía que pensar ante el brillo malicioso que mostraban esos orbes negros.

No hubo respuesta por parte del Decimo, a menos que contaras a un mapache que chillo y brinco de emoción ante la llama que tomaba un color muy blancuzco…

- Tu actuación fue muy buena, ¿a quién usaste?, ¿a Viper? – Elogiarlo no era la mejor forma de ablandarlo, o al menos eso pensaban los cuatro empleados.

- Tu agarre fue muy fuerte, dolió. – No había emoción en lo que siguió: - No me gusto, así que te di algo que no te gusto. – Por el bufido del asesino, eso fue una forma muy suave de decirlo.

- Lo lamento, ¿puedo ver? – Lo más seguro era que la respuesta seria un no, pero valía la pena intentarlo.

Un mapache aplaudió y tomo rápidamente una pequeña esfera de hielo para sí, extremadamente complacido y parecía querer más. Hacer eso para complacer a un animal…

Más de uno fue tomado por la guardia baja ante el brazo que se le fue ofrecido al asesino, incluido el mismo asesino. Eso no significo más que un segundo o dos de retraso para tomar esa mano y subir de una la manga. Las marcas de una mano saludaron de inmediato, diciendo que ese agarre hizo más que solo doler.

- Listo. – Como nuevo, sin marca alguna. Aun así, hubo un momento en donde solo hubo dedos recorriendo la zona, como alguna especie de gesto de disculpa. – Rukia sale de clase en dos horas, ¿no te gustaría verla?

Si bien la invitación y el intento de sacarlo de allí era claro, el Décimo tenía otros planes:

- Akane no es la única que planeaba ver hoy. – Si bien esto pintaba algo muy distinto a lo que en verdad el Décimo se refería, era muy difícil pensar en eso ante el animal que tenía derretido en su contra y aferrado a una esfera de hielo. – Deben de extrañarme, Batman incluso te guio aquí. Joker va a estar de muy mal humor si no voy a verla y…

Reborn no lo detuvo, ni parecía exasperado. En todo caso, la mirada que les dio a cada uno era una de "calladitos se ven más bonitos". No sabían que era más extraño: que el Décimo tuviera una hiena de mascota o que la llamara Joker. Señor, solo oírlo hablar de Joker como si fuera una persona…

- No te vayas lejos. – Solo se oyó un "ok" algo lejos. Alguien no iba a esperar al mejor asesino a sueldo del mundo.

En lugar de salir, Reborn cerró la puerta y los miro. Se temían un gran problema, así que lo que salió de los labios del asesino fue una sorpresa:

- Gracias. – Incluso se inclinó un poco. El mismo gesto que el Décimo solía hacer cuando estaba muy agradecido con alguien y al principio de su "reinado" en saludo también. – Gracias por cuidarlo, por tenerlo con ustedes. – Reborn no agradecía, no…

- Es el Décimo. – Julia entendía a medias, fue la primera en recuperarse. – Ese rayo de sol no pudo haber cambiado tanto, ¿cómo echarlo si todo esto es de él? – No tenían derecho de tal cosa. Aun con lo extraño y el miedo, la cocinera se arriesgó: - ¿Que está pasando en esa mansión señor Reborn? – Sea lo que sea que pasara allí no era bueno para el Décimo.

Por un corto momento el asesino no dijo nada.

- ¿Quién de ustedes le corto el pelo? – Una mano temblorosa subió, y la atención paso a Elliot. – Muy buen trabajo dadas las herramientas que tienes aquí. – Felicito el asesino. Eso era muy raro. - ¿Qué haces aquí?, ¿cuál es tu cargo?

- S-Soy asistente mecánico, hago un poco de todo. - ¿Que tenía que ver-

- ¿Te interesaría un cambio? - ¿Ah? – Hay muchas cosas que hacer, y estoy bastante seguro que podrías salirte con la tuya si quieres un puesto alto. – Antes de que pudieran preguntar porque: - Tsu no se ha dejado tocar el pelo por nadie, no importa cómo se tratara de incentivarlo o con quien. Le agradas, vio algo en ti y sería un idiota en dejarlo pasar. – Y el golpe de gracia: - ¿Que dices?, ¿o acaso tienes miedo?, no te negare que lo que dicen tiene fundamente, pero Tsu no es de atacar sin motivo.

La mirada paso a Julia, y sabían a qué habría algo similar.

- Cocinera. – La comida en la mesa era de ella después de todo. - ¿Planeas movernos a todos?, ¿por la impresión de que el Décimo estaba aquí? – Era demasiado. Al menos para Julia. – Estuvo muy tenso, y gran parte del tiempo no parecía querer estar aquí. – Con eso debería-

- Pero se quedó. – Hubo énfasis en esa frase. La sonrisa creció. – Él no está bien, así parezca que lo está. Ese Tsu en particular cree que todo es un sueño, así que dice y hace lo que quiere porque para él no importa y no hay repercusión. – Sonriendo de una forma que decía que tramaba algo, agrego: - Si no le hubiera gustado no se hubiera quedado, no insulto a ninguno, y de paso se dejó cortar el pelo. Le agradan, sería un tonto en dejarlo pasar. – Y: - Entiendo completamente si prefieren quedarse aquí, hacer de cuenta que nada paso, y si lo hacen deben morir callados. ¿Quieren eso?

No era una amenaza, era una oportunidad. Aun así, como si necesitaran más incentivo:

- Altos cargos, gran paga, podemos arreglarlo. ¿Qué tal suena ser una chef personal? – A Elliot: - No tienes mucha experiencia, pero no importa, ¿asistente?, ¿técnico de seguridad?, ¿peluquero? – A Daichi: - ¿Qué tal tú?, creo que eres el de los registros, ¿no te gustaría otro cargo más activo? – Y a Akane: - Honestamente no estoy feliz, pero no voy a meterme. Estoy dispuesto a ofrecerte un cargo donde puedas verlo a diario.

Era demasiado. Algo pasaba, era obvio con tanta insistencia. Aun así:

- ¿Está enfermo? - ¿Que podría tener el Décimo como para-

- Sí y no. – La sonrisa se perdió y lo que el asesino soltó fue algo que ya todos sabían, pero no con tanto detalle: - Los cielos nunca toman bien ser dejados solos repentinamente. – Un sombrero bajo, ocultando sus ojos. – Una combinación nefasta de hechos, quedo solo y se terminó de aislar en respuesta. El Décimo que acaban de ver es uno de dos facetas, y se podría decir que es el dominante, aunque no aparezca tan frecuentemente.

Quizás fue un poco tarde para darse cuenta de que, si algo de esta información llegaba a salir, no saldría con vida. Era información privilegiada. ¡Estaban recibiendo información privilegiada!

- He cambiado gran parte del personal. – No había sido el Décimo como pensaron. – Personal que le teme a su jefe y le huye no merece estar aquí, eso no hizo más que perjudicarlo junto con esas ridículas ordenes… - Un suspiro para calmarse y termino con: - No sé cómo le hicieron o como lo lograron, pero se quedó con ustedes y se hubiera quedado más si no llego. Rechaza al personal, hay que persuadirlo en el mejor de los casos, y ya vieron como me trato.

El mensaje era claro, muy claro en este punto, y aun así:

- Quieres personas con la que esté a gusto para tenerle un ojo. – Eso realmente no sentaba bien. En lo absoluto. - ¿Sus guardianes?, ¿no son mejor para el trabajo?, ninguno es de combate, somos casi civiles… - No podrían protegerlo.

Hubo un bufido, y la respuesta los dejo helados:

- Escapo solo para no tratar con ellos, ¿qué les dice eso? – Abriendo la puerta para irse: - Los contactare en unos días, o pueden ir a la oficina del Decimo si han tomado una decisión. – Y: - Les daré todos los detalles que necesitan saber si aceptan el trabajo. Hasta entonces. – El sonido de la puerta al cerrarse fue ominoso.

Por un largo momento nadie dijo nada. Nadie se movió. Luego, robóticamente, se miraron entre si y se preguntaron como podría haberle pasado tal cosa de quedar solo siendo la cabeza de una de las familias mafiosas más poderosas del mundo.

¿Cómo?, el Décimo había formado muchas alianzas, muchas amistades… ¿cómo podría haber quedado solo?, ¿nadie vino a verlo?, ¿o es que la orden era tan fuerte que nadie se atrevió a buscarle la vuelta?

- Esas tontas reglas… - Como personal de la cadena baja, estaban sujetos a las normas de sus superiores. Sin mencionar los rumores que no sabían que tan ciertos eran… - Eres la más valiente de todo este aeropuerto Akane. – Si no fuera por esas reglas y lo que sea que paso con el mejor asesino a sueldo del mundo…

Nadie iba a mencionar que Akane había apuntado demasiado alto. A un chico un poco mayor que ella, pero nadie podía culparla. No era la única que formo un amor a ese hombre. Era difícil, el Décimo era muy amable, muy carismático, era difícil no quererlo. La sola personalidad era suficiente. O lo era.

- Podría desatarse una guerra. – Daichi murmuro lo suficientemente alto para ser oído en un lugar tan silencioso. – Solo con que lo vean podría resultar algo feo, nada de esto está bien… - Nadie respondió.

Luego caería todo en donde debía, pero por ahora era demasiada información.

Eso no quería decir que no fuera cierto. Si familias aliadas lo vieran, o supieran un poco de lo que acaban de ser informados… habría un baño de sangre.

Ninguno lo diría en voz alta, pero no veía eso quedándose como un secreto. Tampoco podían evitar estar de acuerdo en que algo así no podía quedar en el olvido o simplemente perdonado.

Si el Décimo iba a tratar a todo el mundo como trato al mejor asesino a sueldo del mundo… impugne nadie iba a quedar, al menos.