Nada de Katekyo Himan Reborn me pertenece, solo la historia y uno que otro agregado que aparecerán más adelante en la historia.
Family of the Past
Capítulo 80
-... es?, ¿quién es? - Si los mapaches pudieran hablar, de seguro estarían diciendo: "¡yo!".
Le daba dolor y también le daba alivio ver a Tsu malcriar tanto a esos animales. Ninguno le tenía miedo, más bien se peleaban entre sí solo por ser el centro de atención. Y Tsu los complacía. Los mapaches no necesitaban hablar para que Tsu los entendiera, probablemente ninguno de los animales…
- No lo molestes. - Atajo sin mirar al sentir una nueva presencia. Lo último que necesitaban era molestar de verdad a Tsu cuando por fin andaba de muy buen humor.
Justo en ese momento los dichosos mapaches se emocionaron mucho ante las llamas que habían pedido otra vez. No sabía cuántas bolitas de hielo Tsu les había dado hasta ahora, a esos animales sin duda les gustaba los objetos brillantes o simplemente amaban el aura o la sensación que desprendían esas esferas… ¿Por qué decía eso?, porque las casas de ellos tenían varias esferas, puestas en sitios claves y cada nueva esfera que le quitaban iba para la casa. Y luego estaban los que se peleaban por ver quién se quedaba con ellas cuando Tsu no estaba mirando.
- ¿Esta área no estaba terminantemente prohibida? – Suspiro para sus adentros, pero asintió de todos modos.
Podía entender porque Tsu quería venir aquí ahora. Si el Tsu de 14 años se derretía con los gatos y los perros y los consejos, luego del miedo inicial claro, este Tsu actuaba como un niño con su amada mascota. Señor, no sabía cómo Natsu había permitido esto. Debía de estar sumamente celoso el cachorro de león. Muy, muy celoso.
- Solo míralo. – Era completamente diferente al Tsu que los insultaba de arriba abajo sin un pelo de arrepentimiento. – Alguien toca a esos animales y será peor que Hibari cuando lo despiertan por una tontería. – Y Hibari era sanguinario por naturaleza. Tsu… lo estaba comenzando a reconsiderar, honestamente.
-... se me portan bien, ¿sí? - Y los condenados mapaches le asintieron rápidamente, ojos grandes y brillantes. - No quiero oír nada de robo de ropa interior, ¿me oyeron chicos? - Espera, ¿había oído bien? - Por más divertido que sea ver a la gente correr y gritar, no les enseñe abrir cerraduras y a pasar desapercibido para robar pantis. – Regaño como si tratara con niños traviesos, a sabiendas de que igual iban a seguir haciéndolo.
De repente las quejas de la desaparición de joyas, cosas brillantes y extrañamente llaves tenía explicación. Los condenados mapaches estaban más que asegurados, así los atraparan con las manos en la masa. Nadie, en su sano juicio al menos, los tocaría.
En serio, ¿en qué momento Tsu había creado todo este lugar y recolectado tantos animales?, y sin levantar mucho los rumores. Suponía que fue ayudado por el hecho que la gente en general estaba más interesada en otros asuntos (en Tsu como tal) que en algo como una bendita reserva…
-... tanto quieres que me quede? - ¿Y ahora que diantres estaban haciendo los condenados mapaches?
¿Para qué miro Dios?, ¿para qué miro?, ahora tenía dinero. Dinero. ¿A quién habrían robado…?
- No hace falta. - ¿No debería de siquiera preocuparse de los pobres diablos sin cartera? - No deberían jugar tanto al póker. - ¿Póker? - Por ustedes lo hago gratis~ - Claro. Ignoremos por completos a los pobres desgraciados que fueron robados o se pusieron a jugar póker con un mapache pensando, erróneamente, que sería dinero fácil.
¿Es que la gente de verdad creía que los animales no eran picaros también?, los mapaches venían con antifaz incluido. Ni siquiera hay que señalar al dueño, quien al jugar ya ganaba y no había tomado ni una carta. Así perdiera la partida, Tsu ganaba el juego antes de empezar. Era… exasperante.
- ¿Piensan com-
Como rayo le tapó la boca al idiota que iba a preguntar si los mapaches también hacían negocios o solo Dios sabe que más. Justo a tiempo para ver a Tsu envolver sus manos en llamas y… y noquear a sus mapaches. No sabía de qué otra forma describir a los mapaches idos en gusto, solo faltaba que ronronearan. Obviamente les gustaba las llamas de Tsu, y esto en si no le sorprendía. La reacción de dichos mapaches sí.
- Ni una palabra. - Le recordó y advirtió a su acompañante. Recordarle o hacerle saber a Tsu que no estaba tan solo como quisiera no era una buena idea. No quería saber si terminaría con el Décimo queriendo morderlos hasta la muerte como cierto guardián o no.
Un grito un tanto afeminado lo hizo maldecir en voz baja y preguntarse para que siquiera lo intento. Luego hizo una doble toma ante algo que casi lo tumba. Algo muy, muy grande. Algo que tenía escamas, colmillos, una gran mandíbula y media como 4 metros de largo. ¿Cómo diantres no lo sintió antes…?
- ¡Cariño! – Luego de decir esto, obviamente refiriéndose a solo Dios sabe quién menos a ellos, Tsu se dio cuenta de la compañía extra que tenían y su buen humor cambio notablemente. – Hey amigo, ¿cómo estás? – En retrospectiva, no debería de sorprenderse porque el buen recibimiento fuera para el cocodrilo.
El cocodrilo sin nombre y salido de solo Dios sabe dónde, meneo la cola como un perro ante las caricias que Tsu le estaba dando en la cabeza. Agachado para entender al cocodrilo como si se tratara de una simple mascota inofensiva, Tsu le arqueo una ceja a él, al mejor asesino del mundo. Era tanto un reto como un reproche. Era definitivo, haría una exploración a fondo de este lugar, de toda la propiedad, así tuviera el cartel en grande diciendo que solo podía entrar personal autorizado. No recordaba que-Pestañeo ante el dedo de su estudiante, le estaba señalando algo.
- Genial. - Era una excelente idea. - ¿Les enseñaste tú? - Y era a una velocidad asombrosa. ¿En qué momento Tsu había adoptado cocodrilos de todas las cosas?, ¿no había sido suficiente con el montón que ya habían visto?, no hacían falta cocodrilos y estaba seguro de que muchos, sino todos, concordaban con él.
Sentía lastima por el pobre desdichado que le tocara darle de comer a estos reptiles y al que le tocara limpiar su hogar. Las rejas ni siquiera contaban como mecanismo de seguridad a estas alturas. Si podían escalar, también podían hacer más que eso. Para terror de muchas almas en pena.
- Ganas de aprender no les faltaba. - Los iba a pedir prestados. No había duda en eso. Conocía unas cuantas personas que se beneficiarían de "conocer" a estos reptiles. - ¿Verdad que querías aprender Mordisquitos? - ¿Que acababa de oír?
- ¿Cómo llamaste al otro?, ¿Bocadillo? - No era una burla como se pensaría. Los nombres que daba Tsu…
- Pues sí, ¿cómo lo supiste? - Y hablaba el hombre con dos cocodrilos enormes panza arriba para que les acariciaran la panza.
El mismo mocoso que salía corriendo en lágrimas y en total pánico por un chihuahua estaba justo ahora con dos cocodrilos come hombres a sus pies como si fueran perritos. Cocodrilos que escalaban y saltaban. La idea era excelente. Eso no quería decir que no era chocante comparar las dos imágenes. Lo que solía ser con el presente eran como polos opuestos…
- ¿De dónde los sacaste? – Lo que en verdad quería preguntar era como rayos tenia a ambos reptiles como pequeños gatitos malcriados. Era surreal.
- Bueno, a Mordisquitos…
¡Splash!, ¡puffff!
- Que asco… - Se quejó el hombre, poniendo mala cara al ver su ropa arruinada, ignorando por completo el humo y las explosiones en la lejanía. – Más vale que no haya una próxima vez… - Se quejó para sí, irritado no solo por tener que salir sino por caer de lleno en aguas desconocidas y ensuciar de forma casi irreparable el traje que tenía.
El hombre se llevó una mano para rascarse detrás de la nuca, suspirando profundamente y pensando en si debía simplemente volar de regreso a la mansión o hacer una parada extra para cambiarse. A pesar de que sabía que no haría paradas innecesarias así fuera por algo tan mundano como la ropa, a veces igual pensaba en esas tonterías.
En todo ese tiempo un pequeño cocodrilo que de broma media una regla escolar (30 centímetros) estaba confundido, en la pierna de un ser que jamás había visto antes. Justo a tiempo también, al pequeño casi se lo comía un puma por irse mucho a la orilla, escapando de otros más grandes que él.
El pequeño cocodrilo no se movió, solo observaba con atención, y cuando sintió movimiento cerca corrió hacia arriba. O trato.
-… supongo que-¡HIIIIiiiieeeee…! – Un pequeño cocodrilo voló y luego fue atajado con demasiada gentileza. Eso no significaba que registro tal cosa, estaba asustado y se lo querían comer, y por ello su reacción fue abrir la boca y morder lo que sea que agarro. - ¡IIIITTTTTAAAAAAAAAA!
Maldiciones volaron, y hubo un cambio repentino en el ambiente. Un cambio que alejo de forma inmediata y apresurada a todo ser viviente que estuviera cerca. Eso no ayudo a que el pequeño cocodrilo soltara o se moviera, solo lo aterro más.
-… es solo mi suerte, mi horrible y estúpida suerte… - El humano pauso, observando la sangre, la mordida, y el pequeño animal que podría haberlo dejado sin mano. Sus labios se volvieron una línea muy fina. – Eres solo una cría, pero vaya que tienes una boca afilada…
A pesar de la sangre que podía saborear, de que había herido a esta criatura, el pequeño cocodrilo sentía miedo. Era una criatura muy grande, muy extraña, y daba terror, era-Si el pequeño cocodrilo pudiera pestañar, eso sería lo que hubiera hecho.
- Eso es, no es tan difícil, ¿verdad amigo? – El ambiente se calmó, cambio a uno casi acogedor. No sabía la razón el pobre animal. Solo sabía dos cosas.
La primera era que ninguna criatura lo había tocado con fines benignos, y le gustaba. No era tonto, el tacto era en su mandíbula, el ser quería ser soltado y no podía culparlo por ello. La segunda era que, a pesar de que estaba amenazando con mostrar sus colmillos en advertencia y/o amenaza, no lo sentía de tal forma. Al contrario, en todo caso.
- ¿Ves?, no fue tan difícil. – El pequeño cocodrilo fue dejado cuidadosamente en el agua y el ser se levantó, quejándose por lo bajo sobre ropa insalvable y una verdadera lástima…
El pequeño cocodrilo tardo casi un minuto en procesar que la extraña criatura se estaba yendo. Y con ello su protección de último minuto, ya que uno de los que se lo quería comer apareció en su visión, terminando el trabajo de procesar que la extraña criatura equivalía a protección y protección equivalía a sobrevivir. Él quería vivir, y por ello salió disparado tan rápido como daban sus pequeñas patas, incluso por tierra firme que rara vez había tocado y era completamente nueva para él.
-… linda noche, una vuelta no caería-¡Clap!-¡Hiiieeeeeee!
No hace falta decir que el hombre no encontró divertido ser mordido en el talón. Dolió, dolió bastante a pesar de no ser con gran fuerza. Le dio una larga mirada al culpable, quien soltó rápidamente y se dejó tomar. El culpable se la devolvió.
- No soy comida amiguito. – El pequeño cocodrilo sabia tal cosa. - ¿No deberías estar buscando algo más acorde a tu tamaño? – Mas tarde. Podría tener hambre, pero podía aguantar. No quería ser comida aún. – Muy bien, vamos a dejarte a casa…
El pequeño cocodrilo fue rápido en entender que había una grave falla de comunicación al tocar agua, la extraña criatura yéndose de nuevo. El extraño ser no tenía motivación en ayudarlo. Tenía que darle una y resolver este problema.
Una maldición resonó en el aire ante una mordida inesperada de un pequeño cocodrilo. Otra vez. El humano no tardo en notar que era el mismo cocodrilo, porque cada vez tardaba menos tiempo y estaba determinado en morder y sujetarse de cualquier parte que pudiera. Luego de la séptima mordida, ya andaba sin un zapato por culpa del dichoso cocodrilo, solo se limitó a mirar al animal, que le devolvió la mirada sin problemas.
- Si te doy algo de comer me dejaras en paz… - El hombre tenía el presentimiento de que la pequeña bestia mordiendo su pobre pierna no quería comida. - ¿trato?
No hubo respuesta por parte del animal. Darle de comer tampoco funciono, por desgracia. Distraerlo menos. El pequeño cocodrilo no lo sacaba de su vista.
- No puedo llevar un cocodrilo a casa… - A pesar de decirse esto, no estaba logrando nada. Era imposible con el pequeño cocodrilo tratando de subir el árbol, cayendo y fallando épicamente. – Se va a cansar y se ira a casa… - En cualquier momento daría media vuelta y se iría con sus padres, con sus hermanos…
Tristemente para él, pronto descubrió el problema. Eso no quería decir que el cocodrilo no se las cobrara por haberlo dejado sufrir en contra de un árbol. O de ser llevado para la cena de otro lagarto.
- Te salvo la vida y así me lo agradeces. – El pequeño cocodrilo solo apretó un poco, produciendo una mueca de dolor del humano. – No piensas dejar de seguirme, ¿verdad? – El cocodrilo en ningún momento dejo de mirarlo. No tenía pinta de desistir en su persecución.
Desgraciadamente no se equivocó. Durmió con un cocodrilo esa noche. Ya podía tachar eso de su lista. Primero un león y ahora un cocodrilo. Solo faltaba un tiburón…
-… y como siempre me muerde cuando se molesta o quiere algo, lo nombre Mordisquitos. – Justo en ese momento el cocodrilo cerro sus mandíbulas en la pierna de su dueño. – Si, si, ya se, pequeño mimoso… - Tan pronto las caricias volvieron, el cocodrilo lo soltó. No había más que unos leves hilos de sangre y ropa con hoyos. – Y sobre Bocadillo…
Un pequeño cocodrilo abrió los ojos perezosamente, preguntándose si ya era hora de comer o si vendrían más de esas tontas criaturas a molestar. Debido a esto hizo una doble toma ante un simple humano frente a su vidriera. No estaba solo, pero solo ese humano le llamaba la atención. O más específicamente: el pequeño cocodrilo siendo palmeado suavemente en la cabeza en los brazos de dicho humano.
Era muy raro. Ningún humano quería acercarse a ninguno de ellos, a ninguno. Ni siquiera a él, quien era más pequeño que sus semejantes. Siempre con redes, palos y paredes. Era frustrante, y degradante. ¿Acaso ese niño estaba prestándose a la burla que era este encierro?, debería de morderle la-¡Eso!, ¡de eso hablaba!, era… ¿el humano se reía?
-… así Mordisquitos, pensé que te gustaba. – Dio muy pronto con el problema: la mordida fue juguetona. Solo leves rastros de sangre siendo dejados en lugar de arrancar la carne… - No se preocupe, estoy perfectamente bien. – Quedo estupefacto ante el niño que cerró los ojos en satisfacción, siendo acariciado de cabeza a cola lentamente. – Mordisquitos es demandante, y exigente también si me preguntas…
No entendía. No entendía que rayos acababa de ver. El niño le gruño, mostrándole los dientes en advertencia, sin miedo como debería tener. Todo porque advirtió que atacaría al raro humano si se acercaba más.
- Tranquilo Mordisquitos, tranquilo. – El niño, para su desconcierto, se relajó ante estas palabras. - ¿Listo para probar?, estos serán tus nuevos amigos, ¿no te gusta la idea?
Mas humanos, más movimiento. Gracias a esto se dio cuenta que el niño no estaba precisamente bien con todos los humanos, solo uno. Obedecía a ese en particular.
- Hey. – Esta era la primera vez que un humano entraba a su recinto. ¿Que traía entre manos? - ¿No quieres saludar Mordisquitos?
Fue en este punto en que entendió las intenciones del humano y se sintió decepcionado sin razón. El niño aún no se había dado cuenta, curioseando en las cercanías con aprehensión, sin alejarse mucho del humano.
Con más calma de la que sentía, se acercó lentamente a este raro humano, acostándose deliberadamente por donde había entrado. Ahora no podía salir, pero eso no pareció alterar al raro humano. Los de afuera era otro tema.
- Okey, okey, pequeño mimado… - El humano ni siquiera le tenía miedo, no le daba atención. No sabía si debía de tener miedo ante lo confiado o… ¿qué era eso?
Tenía que ser comida, fue su rápida conclusión al ver al niño atajar la cosa extraña con la boca y tragar casi inmediatamente. No fue solo una…
- ¿Oh? - ¿Le daría?, ¿tenía que hacer algo el también? – Tienes hambre, ¿eh?, está bien, ten. – Atajo por reflejo, sin esperarse tal cosa.
Podía comprender completamente porque el niño obedecía a este humano. Por estas comidas él también lo haría. Ahora, ¿había algo que tenía que hacer…?
- ¿Mas? - ¡Tenia varias!, ¡oh sí! – Eres un pequeño glotón, ¿no es así?
No había probado algo tan apetitoso antes. Siempre era lo mismo. Siempre.
-… termine con Bocadillo siguiéndome a pesar de que ya no tenía nada. – Vaya suerte. – Mordisquitos no estuvo feliz de que le diera todos sus aperitivos al pequeño glotón, te lo aseguro. – El Décimo rodo los ojos, como si hablara de un par de hermanos en lugar de un par de cocodrilos de todas las cosas.
No necesitaba mirar para saber que el guardián de la tormenta había quedado pálido como un fantasma ante la información. Más que los cocodrilos, lo que Hayato moría por preguntar era porque su jefe había terminado en un país lejano para hacer quien sabe qué. Para Tsu eso era lo menos importante, incluso si no era cualquier cosa tomando en cuenta que los últimos tres años prácticamente no salió de esa mansión. Había pensado que fue totalmente, pero con esto confirmaba que, para bien o para mal, hubo pequeñas salidas que no estaban registradas en ningún lado. Eso no presagiaba nada bueno-
- ¡Decimo! – Bueno, pensó para sí tanto con irritación como alivio, al menos ya sabía que esa chica iba a aceptar.
No era algo que, en circunstancias normales hubiera querido. Un empleado de baja jerarquía con la cabeza de la organización… eso nunca se veía bien y había demasiados intereses en juego. Tsu, siendo Tsu, no vería eso y cuando lo hiciera iba a pegarle feo. Fama, riqueza, poder. Muchos buscaban eso y no a la persona en sí. De que Tsu abusara de su poder para tener aventuras no era algo de lo que se tuviera que preocupar, no con cómo era Tsu. Lo contrario mas bien.
Tsu querría una relación seria. Conseguirse con un engaño o solo interés iba a ser malo para él. Era lo más seguro en muchas interesadas que había visto, pero Tsu era listo. En este caso, más que un interés…
- ¿Akane? – Un ladeo de cabeza y ojos inocentes. Tsu no entendía el terror de la chica, el de nadie obviamente. Esos dos cocodrilos eran como sus bebés por como los trataba. Todos los condenados animales a este punto por lo que veía. - ¿Paso algo? – Por supuesto, por supuesto…
Akane era más joven que Tsu, un par de años. Era un amor infantil de muchas formas. No era ideal. Se volvería problemático. Muy problemático. Era de un solo lado cuando se enteró, un amor unilateral. Lo último, en aquel entonces, que quería era que Tsu no solo se enamorara, que cayera en los encantos de una chica menor a él y de su propio personal, sino que lo hiciera con fuerza.
Tsu era una persona sentimental, más emocional que lógico. Eso estaba bien, cada quien tenía sus fortalezas y debilidades. En aquel entonces temía lo antes dicho, y empezaran las problemáticas. Eso, claro, sin expandir en el tema de lo que pasaría cuando Tsu comenzara a complacerla en cosas que no debería, en mostrar favoritismo y era probable que olvidara ser profesional. Tsu era así, con él, con sus guardianes, con su familia. Luego estaba en el hecho de que ese amor se volviera interés.
No. Simplemente no. ¿Con la edad de Tsu en ese entonces?, simplemente no. Y ni siquiera pensar en sentarse con él a explicarle las razones. Era muy joven en ese entonces para entenderlas todas y el de dónde venían. Más que eso, Tsu simplemente no entendía lo que pasaba, no lo veía. Eso, más que su edad, lo detuvo de sentarlo a hablarle con detenimiento del tema. Para Tsu no había más que amistad allí, así que todo lo demás hubiera sido como hablarle a una pared. Y ni siquiera estaba metiendo las peleas y discusiones por esa misma razón. Negación. Y más que negación inocencia.
Un par de años, pensó que en un par de años Tsu maduraría lo suficiente para poder sentarse y hablar bien de estos temas. Akane no era la una única detrás de él después de todo. Claro que… nunca se imaginó terminar en esta situación.
- Son de él. - Le molestaba, pero necesitaba el apoyo. No había mejor forma que esta de espantar o saber sus verdaderas intenciones, si habían cambiado o no. - Dudo que hagan algo, solo mira como los tiene comiendo de la palma de su mano. - Se encogió de hombros, sintiendo la mirada extrañada de Tsu y la confusa de Hayato.
- Ni que fueran animales salvajes… - Eran animales salvajes. Cocodrilos. - Son traviesos, y quizás se coman a alguien o dos de vez en cuando… - Ante las miradas que obtuvo, Tsu agregó casi divertido: - Intrusos, a veces terminan por aquí y mis amigos son muy listos, ¿verdad que sí?
Genial. Ya podría agregar la expresión de suficiencia de un cocodrilo a su memoria.
- Hay más animales come gente por aquí. - Fue más una advertencia que un comentario a pesar de sonar de forma opuesta. - ¿Puedo ayudarte en algo Akane? - Preguntó una vez que los cocodrilos decidieron bajar a su "casa". Santo Dios, ¿acaso Tsu les había dado a todas sus mascotas trozos de sus llamas congeladas?, eso que lucía como lindas piedras de cristal no podía ser otra cosa…
Una simple mirada gélida aseguro que cierto guardián quedará callado y no dijera nada de nada. Era entendible, suponía. Este Tsu no llamaba a casi nadie por nombre, menos a alguien del personal. No se sabía los nombres, así que no podía. El problema era que no parecía molestarlo.
El simple hecho de que Tsu se dirigiera a Akane por nombre decía varias cosas. La más simple era que la recordaba. La más fuerte era que tenía buena opinión de ella, y esto lo apoyaba la sola actitud semi-amigable. Sin insultos. Sin sarcasmo marcado. Esto no había sucedido en un buen tiempo. No ayudaba que la familiaridad con la que Tsu la estaba tratando no era exactamente… muy común.
- Bueno, yo… - Se bajó el sombrero un poco e internamente se preguntó porque tenía que hacerlo justo ahora y directamente con Tsu. Un no de seguro sonaría, en especial porque Tsu no quería niñeras. - ¿Me preguntaba si podría ser su asistente tal vez? - Ni siquiera la pensaste niña…
El Décimo pestañeo varias veces ante esto. No ayudo la cercanía. Extrañamente no resonó un no.
- No tengo ni asistentes ni secretarias. - Eso, no importa cómo se mirará, no era un no como tal. - No lo requiero. - Aún no era un no. - ¿Puedo saber el por qué?, creía que te gustaba tu trabajo… - Había un brillo sospechoso en esos ojos. Sabía que le estaban mintiendo en algo o esperaba-
- Deje de trabajar en el momento en el que decidió no seguir usando sus jets Décimo. - Captó la casi imperceptible tristeza en eso. Estaba seguro que Tsu también lo hizo. - No voy a dejarte ir. - ¡Excelente!, ¿por qué cuando quería matar a alguien no podía?, ugh…
- ¿Estás segura de que siquiera tienes algo en manos para declarar tal cosa? - ¿Ah?, auch. Podría no haber sido un insulto o dicho de mala manera, pero vaya. Tsu no era decir cosas hirientes. Tenía que saber que eso era hiriente. - ¿Estás siquiera segura de que aún quieres lo que crees tener? - Oh. Tsu era un idiota. - Según tu experiencia… - Lo dejo así, dando media vuelta y dirigiéndose a otro sector, pensativo.
Bufo por lo bajo, llamando la atención de dos personas por esto. Tsu… no había cambiado un pelo en ese sentido. Santo Dios.
- Te habla en un sentido de amistad. - Aclaro, pero esto no fue ninguna sorpresa para ella. Hm. No era la primera vez que Tsu le salía con algo así. - Lo que en verdad quiere decirte es que puede que no estés viendo bien las cosas y tal vez quieras reconsiderar. - Y en lugar de decirlo directamente hacia eso. - Dale un momento, te traerá varios cargos y unas proposiciones. - Iba a proponerle atender a todos los vuelos, no los privados. Seguro.
Fue una inesperada sorpresa equivocarse en eso. No estaba solo. Pobre Gokudera. Finalmente había caído en lo que en verdad estaba ocurriendo.
-... y el puesto más cercano y con más dolores de cabeza sería… - Demasiado cerca para ser solo empleado y jefe. Lo suficientemente cerca para ser considerado amigos. - mayordomo. - De todas las cosas puestas sobre la mesa… - No es algo que haya usado antes, nunca hizo falta y francamente no creo tomar bien tener a alguien actuando como intermediario o atendiendo cada cosa… - Irónicamente sus guardianes habían funcionado en conjunto como tal. Proponer tal cosa… - Si vas a tomar alguno, hay que hacer arreglos, para ambos. - Después de todo: - No quiero una niñera ni he tenido a nadie detrás de mí en años. - No iba a tomarlo bien. - Sueño o no, nadie merece que quiera cortarle la cabeza por hacer su trabajo. - Finalmente: - Te recomiendo quedarte en donde estás, es mucho más lindo que la mansión. - Y con menos locuras, eso fue lo no dicho.
Solo Dios sabría que habría dicho el Reborn del pasado a su Tsu y a la inversa. Si su yo pasado había pedido a Tsu ver a Akane, que le diera una visita…
- ¡Tsuna-sama! - Tarde para el pánico, muy tarde.
Bueno. Le gustará o no le gustará, era una oportunidad que no podía dejar pasar. En una de éstas Tsu iba a terminar en otro país y capaz y lo conseguían en un café leyendo el periódico y comiendo algo simple. Una cara a la que no quisiera cortar de raíz era más que bienvenida a estas alturas.
Aparte de una mirada curiosa, Tsu no tomo mal el contacto como se esperaría. En todo caso, hizo caso omiso de ellos y de todo en cierto modo.
- Listo. - Irónicamente lo hacía alguno de ellos y Tsu de seguro no solo se apartaría, sino que de paso les diría algo no muy lindo.
Habría problemas, estaba seguro, pero nadie se metería porque nadie iba a querer tener que hacer frente a un Tsu molesto que no iba a tener filtro alguno y probablemente tampoco paciencia. Espera que el Tsu más joven no tuviera problemas con estos nuevos arreglos. Lo más probable es que no, pero tampoco quería niñeras y lo toleraba a duras penas…
- Gracias. - Hayato, a su lado, casi se ahoga con aire. - Supongo… - Le valía un colmillo a Tsu en verdad, pero apreciaba el gesto a pesar de considerarlo innecesario o una tontería.
- No seas así. - Mientras que Tsu pestañeo varias veces como un idiota, Hayato quedo de piedra. El, por su parte, solo suspiro profundamente y pidió paciencia. - ¿No era que siempre tiene que verse bien Décimo? - Eso era algo que en verdad ya no le importaba a Tsu por obvias razones.
El tinte rojizo que comenzó a aparecer, en reacción tardía a la vergüenza del momento, en las mejillas del Décimo Vongola término de confirmar las cosas a cierto Guardián. Y también hizo reír a alguien, cosa que solo causo que el sonrojo se hiciera más acentuado y que alguien mirara a otro lado para disimular la cosa. Inútilmente.
Uno de ellos intentaba tal cosa y Tsu de seguro los insultaría de arriba abajo. Solo le arreglo el cuello de la camisa, que ciertos mapaches tuvieron la misión de hacer un nuevo estilo de vestimenta o solo era para molestar a Tsu. Y Tsu no hizo nada más que agradecer. Alarmas rojas, este Tsu casi no permitía tales cosas o decía gracias, así no fueran del todo sinceras.
Pellizcarlo de la nariz de tal forma juguetona tampoco debía ser bien recibido, y aquí estaban: viendo a un hombre sonrojarse en vergüenza y a una chica riéndose de esta reacción. ¿Cómo no iba a hacerlo?, era para reírse honestamente.
Unas horas más tarde…
- Hey, al fin regresan… - Un Doctor se detuvo, finalmente levantado la vista y dando con lo que había dado varias doble tomas. Tanto para bien como para mal. - ¿Qué tal el paseo Vongola?, veo que trajiste a una doncella. - Shamal fui cuidadoso en preguntar, tratando de sonar natural. - ¿Chocolate?, se supone que son exquisitos, pero usted es el experto… - Aún no sabía si estrangular al Doctor por conseguir tantos tipos de chocolates y dulces en general. Todo para una sola persona y de paso mal acostumbrado al Tsu más joven.
Una muy sabía decisión, nadie sabía cómo podría reaccionar este Tsu en particular. Era mejor prevenir que lamentar. Además, verlos ambos tan cerca, chica y chico, no decía nada bueno para intentar tener algo con la chica.
- Buenas tardes Doctor Shamal. - Una sonrisa, una gran sonrisa. ¿Por qué no podía sonreírles así a todos? - Genial, hasta que llegaron las niñeras. - Maldijo internamente al ser señalado junto con Hayato en esto. Al menos no lo dijo de mala manera. - Ella es Akane. Akane, él es el Doctor Shamal. - Los presento, ¡los presento!
- Un placer. - Educadamente el Doctor Shamal estrecho la mano ofrecida. A este punto el hombre había tachado a esta dama de la lista. Lo que siguió solo lo confirmo:
- Es un buen hombre, un gran médico. - Luego, con demasiada picardía y de forma un tanto juguetona: - Solo atiende damas, ¿puedes creerlo?, atención especializada solo para ustedes. - Una pequeña risa ante los ojos grandes tanto del Doctor como de Akane. - Solo se clara con él, es un buen hombre, si no te gusta algo. - Encogiéndose de hombros: - Es respetuoso, pero cada quién tiene sus encantos y el del es admirar al sexo femenino.
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- ¿Es el Doctor del que siempre hablas bien y te lamentabas no poderlo absorber en el área médica que creaste? - ¿Que?
No fue el único que quedo loco ante este dato, solo Tsu no reaccionó. Tomando un chocolate del ofrecido y dándose su tiempo para degustarlo, Tsu tiro la bomba:
- Es el mejor que conozco, por supuesto que quería contratarlo. - Y para rematar: - Los únicos problemas que daría sería querer ligar con toda dama, incluyendo a las enfermeras, y no querer atender a los hombres. Eso no es nada tomando en cuenta que vivía con puros desastres naturales en forma humana. - Una pequeña pausa. - Estoy seguro que unas vacaciones pagas de vez en cuando a una playa con chicas en bikini y una buena paga mantendría las cosas a un nivel decente. Al menos el respeta, hay unos cuantos doctores que no lo hacen y no tienen miras tan sanas…
Ignorando por completo todo:
- ¿Puedo tomar otro? - No había arrepentimiento alguno: - Son buenos, aunque hay mejores debo decir...
