Nada de Katekyo Himan Reborn me pertenece, solo la historia y uno que otro agregado que aparecerán más adelante en la historia.
Family of the Past
Capítulo 81
- ¿Tuviste un buen sueño? - Oír esto cuando apenas te acababas de levantar y aún se te caían las pestañas del sueño no era una de las mejores formas de despertar cuando no reconocias la voz y cuando se supone que deberías estar solo.
Su reacción, por supuesto, fue tratar de alejarse y terminar en el piso, una proeza ya que la cama era muy grande, con un grito muy familiar que no había soltado en un buen rato porque nadie había tenido la mala intención de asustarlo o darle noticias que le dieran pánico. Subir la cabeza para encontrarse con una dama muy bonita tratando por todos los medios de no reírse en voz alta demasiado cerca…
- ¡Hiiieee! - Se golpeó con algo, no tenía idea de que. Ese no era el punto. - Ita… - Iba a tener un chichón. Y no tenía idea de quién era esta mujer.
Una mujer con un lindo traje. No era una sirvienta. De hecho, no reconocía el traje así que no tenía idea de que podía ser. Sabía que era una especie de uniforme, uno con una falta debajo de las rodillas. Algo le decía que la falta no iba originalmente allí, así como el escote. Era linda, muy linda. Le tomó mucho no bajar la mirada, hacerlo sería de mala educación y sería demasiado obvio lo que estaba viendo.
- Oopps, ¿está bien Décimo? - Como rayo se alejó la misma distancia que la mujer se acercó.
Esta vez la dama si se echó a reír, con ganas. Caray, hasta la voz era linda. ¿De dónde había salida o como…?
- ¿Dónde está Reborn? - Hablando del asesino, iba a recibir un regaño y un jalón de pelo por actuar así ante un completo extraño. - ¿Cómo entraste aquí? - Porque lo dejaban en paz si iba a dormir, solo pasaba Reborn. Eso no quería decir que tenía la suficiente privacidad para sentirse a gusto…
- Usted me dejo entrar, Décimo. - Fue la respuesta divertida de la mujer.
- ¿Eh? - ¡¿Qué él la había dejado entrar?! - ¡Hhhhiiiiiieeee! - ¡Eso no era posible!, lo recordaría y si era por el otro Tsu lo dudaba muchísimo…
Esto, por supuesto, ¿por qué no?, solo causo más risas por parte de la mujer desconocida. Luego de un momento de solo mirarse, fue que cayó en cuenta de algo. Algo muy tonto. ¿Qué era?, que no sentía nada malo proveniente de la dama.
No se refería a la falda de peligro, se sentía seguro en ese aspecto ahora que estaba lo suficientemente despierto y relativamente calmado para detenerse a solo sentir. Su intuición estaba tranquila, quizás demasiado tranquila porque solo decía que estaba todo bien como estaba todo. Luego venía lo otro: no sentía nada malo, proveniente de ella como acababa de decir, ni para ella. Era… no sabía si decir un mal trago o no. No sabía cómo describir la situación en la que se encontraba justo ahora.
A todos los que había tratado, hasta ahora, había algo. Así fuera solo un leve resentimiento o una simple irritación ante algo que decían… Hubiera esperado que esa parte negativa que no era de él propiamente hablando hubiera saltado ante la respuesta, para decirle que era una mentira o algo… Pues no. No había nada negativo.
Lo que había era una sensación agradable, similar a cuando veía a sus amigos (ante de todo esto). Mucho más suave, y un poco diferente. Era reconfortante, por un lado. Por el otro, el más fuerte, era el shock. ¡Era una completa extraña!, que no sabía… un momento…
- ¿Mi otra personalidad te conoce? - Preguntó una vez que escogió sus palabras con cuidado. No podía decir la verdad, así que…
- Akane. - La sonrisa creció. Un gran sí. Carajo. ¿No podrían haberle dado una advertencia o algo? - Solo vine a darle una vuelta Décimo, es casi hora de desayunar. - ¿Hora de desayunar?, ¿perdón?
Era un concepto extraño, si era honesto. No era porque no lo conociera, sino porque no lo usaban. Comía en privado, por así decirlo, y no a horas fijas. Le daban de comer cada vez que se podía, bajo cualquier pretexto. No lo engañaban, pero no decía nada. Y las revisiones de cada rato, esos dolores de cabeza…
- No sabía que tenía una novia. – O tanta suerte, tenía buen cuerpo. – No eres mi esposa, ¿verdad? – Tendría que tener una suerte increíble. Todos sabían que no la tenía. – Nadie ha mencionada nada de que tenga pareja… - ¿Se estaba sonrojando?, ¿era verdad entonces? – Solo llámame Tsuna, o Tsu. Nada de Decimo, ¿okey? – Dudaba que fuera a funcionar, con gran parte del personal era como pedirles que se cortaran una mano. Eran unos exagerados…
- No, no. - ¿No lo era?, ooopppsss… - Amigos, quizás. - ¿Quizás? – Era la aeromoza que lo atendía al usar sus jets privados. - ¿Jets?, ¿en plural?
- ¿En plural? – Había cosas más importantes, pero cielos… - No va empezando el día y ya tengo dolor de cabeza… - Se dijo así mismo por la respuesta afirmativa de la chica. Aun algo avergonzada, la cara roja, encontraba la pregunta divertida. Quizás eran sus reacciones.
- ¿Debo llamar a-
- ¡No! - ¡Estaba harto de las revisiones!, fueran para su bien o no, dijeran lo que dijeran no cambiaba que estuviera al borde con tanto. ¡Su yo de este tiempo le tenía rabia y malestar a estar metido en un cuarto blanco o con muchos implementos médicos!, ¡y ya se le estaba pasando a él también! - ¡Por favor no!, nada de médicos. – No era como si se fuera a salvar, pero una visita menos era una visita menos.
- Esta bien. – Quedo loco por unos segundos ante esto. Solo Reborn concordaba así de rápido y no siempre. – Déjeme prepararle su baño e ir a informar que ya está despierto Decimo. - ¿Ah?
- Tsuna. - ¿Cuál era el dichoso problema con su nombre?, sabía que era largo, pero no era para tanto. - ¿Qué haces aquí?, sin ánimo de ofender, puedo arreglar mi propio baño. – Ignoraría su cara en fuego. No podía creer que iba a tener esta pelea con alguien más. De hecho: - No soy un invalido. – Muchas gracias.
- No dije que lo fuera, Decimo. - ¡Aggrrr!
- Tsuna. – No ayudaba que sentía irritación no propia junto con la suya. En eso no había cambiado en lo absoluto. – Solo Tsuna. – Podía imaginarse todos los dolores de cabeza que iba a tener en el futuro solo por esto… - Y no has respondido a mi pregunta. – Con mala cara: - Deja de reírte. – No era gracioso. Nada de esto era gracioso.
- Lo siento, lo siento. – Pero no dejaba de reírse, carajo. – Lo lamento Decimo, pero no puedo llamarlo por su nombre de buenas a primeras. - ¿Por qué? – Se me olvida. – Un alfiler podría haberse oído caer ante esto. – Es muy largo, y rara para estas partes. Llamarlo por un sobrenombre traería complicaciones y molestias para usted… - Su cara debió de haber mostrado que le valía un colmillo tales cosas porque no entendía, pero: - Seria muestra de favoritismo, me temo, y creerían algo que no es-
- Akane, sin ánimo de ofender, pero me vale un colmillo lo que la gente crea. – Esto, para su gran desdicha, no fue él. No totalmente. La mitad fue de él, la otra mitad salió solo y fuera de su control, al igual que: - Soy una persona, no un * puesto. – Concordaba, pero nunca lo había visto así. – Tsunayoshi, sé que lo sabes, llevo años diciéndotelo. – Luego de que salió esto, se preguntó una tontería.
Decía una tontería porque no era una cosa importante, y francamente no era lo primero que tendría que analizar de toda esa información. Debería estar más preocupado por el hecho de que, aparentemente, esta amistad llevaba años.
- ¿Y los insultos? – Es que siempre salía uno, así fuera "educado". - ¡Hiiieeeee!, ¡no, no!, perdón, no me refería a-
- Esta bien. - ¿Eh?, ¿cómo que estaba bien? – Se me informo todo lo pertinente, no se preocupe Decimo. – Y aquí vamos otra vez-
- Tsuna. – Salió antes de pensarlo. No sabía si fue él o fue sin control. La causa y el resultado era el mismo. – No me llames Decimo. – No sabía si fue una súplica o una petición a este punto. No sabía cuántas veces ya lo había hecho, y no estaba contando todas las veces en la que Reborn lo jalo del pelo para que no lo hiciera.
- Solo llámalo por su nombre. – Esta era una nueva voz, una conocida. – Se va a irritar y agarrar malhumor si no lo haces. – Resoplo por lo bajo al oír esto. ¡Él ni siquiera era el Décimo!, al menos no aun… - O un sobrenombre, lo cual sería peor. – Se quejó, pero Reborn no lo soltó. Puso mala cara, pero no busco liberarse. No quería molestarlo.
- Podría-
- El otro te lo puede dejar pasar porque tiene tolerancia, este no lo hará. – El tiro de gracia: - Si vas a verlo diariamente, algo tan sencillo como su nombre no debería ser un problema. – A veces le encantaría saber cómo Reborn le hacía para decir cosas así de lo más casual. – Tsu, ella es Akane, será tu niñera a partir de ahora-
- ¡¿Niñera?! - ¿Cuántas veces iba a tener que decir que no quería una?, ¡tenía suficiente con sus guardianes y la demás gente!, ¡no necesitaba-
- Es tu nueva ama de llaves. – Disculpen, ¿qué? – Tsu, necesitas una niñera que no te incomode, ¿no es así? – Trago al verse cara a cara con el mejor asesino a sueldo del mundo. No había malicia… solo… preocupación. – Tú y tu otra personalidad, no podemos dejarte solo y lo sabes… - No venia una disculpa propiamente hablando porque no estaban solos. – Ella seguirá tus órdenes y se ocupará de llevarte a donde quieras y traerte lo que necesites o le pidas. De esta forma no tendrás que ver a nadie si no quieres, ella nos mantendrá a todos informados-
- ¿Mi otro yo da tantos problemas? – Interrumpió, dolido internamente ante todo esto.
El repentino silencio solo se lo confirmo. Le dolía, le dolía saber que su yo de este tiempo aborrecía, le molestaba, resentía, tanto a su familia. Tenía razones, pero igual le dolía saber… era su futuro, era saber que-
- Tu otro yo esta hastiado de estar encerrado aquí. – Esta fue Akane, para sorpresa de ambos hombres: - Sentir que lo vigilan siempre lo pone de malhumor, si combinas ambas no es de extrañar que busque escaparse. – Como si ya no hubiera dicho algo problemático: - Cuando tiene muchas cosas en mente o se siente mal prefiere salir, lo mismo cuando tiene que tratar con algo que le da dolor de cabeza. Créalo o no, es una persona que disfruta de tomar el aire libre, dar una caminata, o simplemente admirar la vista. – Una leve pausa: - Casi siempre que salía y usaba el jet era porque quería alejarse de las fuentes de sus dolores de cabeza, ¿no suena similar a algo?
Por desgracia sí. Sonaba demasiado similar a un par de cosas. A él, cuando algo iba a salir mal o algo pasaba a mejor vida. A la situación actual, en donde su yo de este tiempo tenía que tratar con personas que lo dejaron solo por mucho tiempo, no quería verlos y eso ya lo ponía mal. Lo peor es que no podía culparlo, el sería igual, y podía sentir las emociones negativas que… no, simplemente…
- Yo, cuando destruyen alguno de mis mangas, o juegos, o… - Se calló ante la mirada penetrante de cierto asesino. Se hubiera hundido en el sitio si Reborn no lo tuviera agarrado del pelo.
- No ibas a ningún lado… - Que acusación por Dios.
- ¿A dónde iba a ir? – Era una buena pregunta, aparentemente. – A donde fuera me iban a molestar o tú me ibas a seguir o alguien más iba a hacerlo… - Y como fuera: - ¿Con quién me podía quejar?, ¡nadie me escucha! - * , no quería recordar esas cosas. - ¡Tú eras de los primeros en destruir mi cuarto con tus torturas espartanas!, ¡luego seguía Hayato-kun con sus desgraciadas bombas!
- Eh, ¿interrumpo algo…? – Hablaba del rey de Roma y aparecía.
- Las frustraciones de tu jefe de joven. – Fue la simple, cortante y sin emoción, respuesta. – Y que se desarrollaron y se convirtieron en escapadas para su salud mental. – Unos segundos para reconsiderar agregar: - Y física.
- No soy tan suicida papá. – Tenía que decirlo, con mala cara de seguro. No había forma ni manera en que se le fuera a-
- Debiste hablarlo. – De la nada, vio a Reborn mucho más viejo de lo que era. Fue solo por un breve momento, haciéndolo dudar sobre si fue real o solo fue su imaginación. – En fin, ella es tu nueva ama de llaves, tu otra personalidad se lleva bien con ella y espero que tú también. No es el único cambio, pero creo que es a ella a quien veras más. Cualquier cosa, y me refiero a cualquier cosa, dilo. – Con ojos como dagas, ¿cómo no lo haría? – Bien, buen chico. – Finalmente fue soltado. – Anda a bañarte, Akane ya preparo tu baño y tienes 15 minutos si quieres desayunar con los demás. - Espera… ¿que?
- ¿Cuándo…? - Enrojecio ante dos risas. Una disimulada y la otra no.
Dicho y hecho, su baño estaba listo. A puerta cerrada, quitándose la ropa, fue que se dio cuenta de que faltaba alguien. Natsu. No tenía su capa, y el cachorro no estaba en ningún lado de ser visto. Iba a llorar, porque eso era lo que provocaba justo con encerrarse allí y no salir en todo el santo día y quizás tirarle un jabón o dos al pobre diablo que viniera a tratar de razonar con él a falta de piedras, cuando sintió un leve peso en el cuello.
Tardo en entender lo que tocaba, porque nunca se había puesto nada en el cuello por todo lo que sabía. Quién en verdad le dio respuestas fue el espejo que usualmente ignoraba debido a las malas sensaciones que recibía al verse en uno. Un collar, un collar con… Sus dedos se cerraron en torno algo redondo e irregular. Sin quitar la mirada del espejo, lo levanto.
Por unos segundos pudo apreciar el anillo que tenía en las manos. Luego de eso quedo con las manos vacías, sin collar, sin nada mas que aire. Una ilusión. Una que, aparentemente, nadie sabía que tenía y no la habían detectado.
- Entiendo… - Murmullo para si, sonriendo de forma amarga.
Todo este tiempo Natsu había estado con él. Oculto. No sabría la razón, pero entendía el mensaje. Natsu iba a permanecer oculto todo lo que pudiera. Su yo de este tiempo debió de poner la ilusión o pedido esto de Natsu. Era egoísta, pero tendría una razón. Si nadie sabía, si nadie lo había notado…
¿Por qué su yo de este tiempo tenía una razón para ocultar tener a Natsu consigo y mantenerlo en secreto de todos?
Podría preguntarselo todo lo que quisiera, pero no tendría respuesta. Ni siquiera sabía como era posible. Temía preguntar que había hecho su yo de este tiempo para que le pusieran una ama de llaves y solo Dios sabe que otra cosa más. No estaba feliz de tener otra niñera…
- Incluso si tiene melones… - Susurro para si, enrojeciendo de solo recordarlo. - y cara bonita… - Se hundió en el agua, avergonzado.
No era que la dama tenía pechos enormes como había visto de algunas personas. Tampoco eran pequeños, no señor. No sabía de copas, pero sabía de frutas y si tuviera que comparar se iría con naranjas. Un poco más grandes que eso, no podría cerrar la mano en uno y estaba refiriéndose a esta mano, a la que tenía actualmente. La mano de un adulto. Le recordaba a Bianchi, no era que lo fuera a decir en voz alta. No quería morir y menos por un esposo furioso que casualmente era su figura paterna… ¿eso significaba que Bianchi era como su mamá?
En fin. De paso tenía curvas, y un buen trasero. ¿Y en dónde dejaba las piernas?, aunque no era como si pudiera apreciar mucho con esa falda… Reborn iba a matarlo. Los chicos iban a matarlo. Aún no sabía como seguía vivo honestamente. Habían muchas chicas lindas, y no solo se refería a Haru y a Kyoko. Habían mujeres con tremendos pechos y traseros. Habían otras muy lindas, mucho más lindas que su nueva niñera. Muchas no se sentían del todo natural, o le daban miradas raras que prefería ignorar. O los chicos lo sacaban del sitio o Reborn espantaba a la gente…
Suponía que no estaba siendo muy disimulado en ese aspecto. No sabía como seguía vivo o no le habían dicho nada. ¡Era un chico en el cuerpo de hombre!, ¿que demonios querían que hiciera?
No era nada que no hubiera hecho antes. Solo mirar, obviamente. ¿Qué más iba a hacer?, no era atractivo ni popular, ni atlético ni nada por el estilo… Ninguna chica querría salir con él, así que no lo intentaba. Su fama de Dame-Tsuna había arruinado mucho más de lo que estaba dispuesto a admitir. Sabía que no tenia oportunidad, ¿así que por qué molestarse?, con Kyoko había hecho una excepción y fue rechazado tal y como esperaba. No iba a hacer un tercer intento, no quería el tercer rechazo que sabía que iba a venir.
Lo de Haru era pasajero, ¿qué más comprobación que estuviera casada con Hayato?, menos mal que no obtuvo muchas esperanzas.
No sabía que iba a hacer con esta niñera. No solo le caía mal la idea. No creía poder soportar una cara tan bonita por tanto tiempo. ¿En qué diantres estaban pensando en darle una niñera en lugar de un niñero?, no es que fuera mejor, solo seria menos incómodo en otro sentido…
Tal vez debería de aceptar la oferta del Doctor Shamal y tomar una o dos revistas de modelos femeninos. Nah. No serviría de nada. Todo eso era falso y su intuición o lo que sea que se lo dijera no lo iba a dejar en paz. Que complicada era la vida, cielos…
- ¿Tsunayoshi? - Saltó ante el inesperado llamado. - ¿Esta todo bien allí?, ¿necesita ayuda con algo? - Ay Dios mío…
- ¡Todo esta bien!, ¡todo esta bien! - Tenia la cara como un tomate, estaba seguro y no tenía un espejo en frente. - Salgo en un momento. - ¿Por qué?, ¿por qué tenían que hacerle esto?
¿Acaso no tenían idea de lo que lo ponían a sufrir haciendo algo así?, ¿poniéndole una chica linda cuando ninguna quería tener nada que ver con él?, ¿cuando todos o casi todos tenían pareja y/o niños?
El solo saber que estaba soltero y no tenía descendencia mientras ellos si dolía. Era decepcionante y esperado, lo cual lo hacía doler más. Era, en su opinión…
- Con razón das tantos problemas… - La figura en el espejo, que ahora que lo notaba tenía un corte de pelo (gracias a Dios) más agradable, no le respondió. No esperaba que lo hiciera y si lo hacía saldría corriendo como alma que lleva el diablo. - Si son así de crueles contigo, ¿como vas a quererlos ver? - Eso, claro, sin contar lo que sea que no querían decirle.
Sabía, mayormente gracias a los malos sentimientos que no eran suyos, que su familia había hecho desastre tras desastre, dolor de cabeza tras dolor de cabeza… Y quién había tenido que limpiar y encargarse había sido él. Quién había tenido que sonreír sin estar feliz había sido él. Quién había tenido que fingir estar bien con algo o que no era afectado era él. La foto que había encontrado a todos menos él era una prueba. La sala de juegos oculta era otra. Qué la gran mayoría de su anime, su manga y juegos fueran virtual y no físico era otra…
En 10 años nada había cambiado. Todo seguía tal cual pensó que lo haría. ¿Por qué querría volver cuando sabía que nada cambiaría?, increíblemente egoísta o no, podía entender perfectamente. Si bien era muy bien tratado, eso era porque no era el Décimo de este tiempo, y no sería tratado tan bien por siempre.
Una vez que volviera todo a la normalidad, su yo de este tiempo pasaría un mes o dos bien cuidado y luego todo volvería a ser como si nada hubiera pasado. ¿Quién querría eso?, en el pasado al menos tenía la constancia de ver a los chicos frecuentemente y hacer planes, salir…
- ¿Y esa cara? - ¿Eh?, ¡estaba demasiado cerca! - ¿Muchos malos pensamientos tan temprano?, no esperaba eso de ti teniendo solo 14. - Quedó loco, no había otra forma de decirlo, ante la mujer que no respeto espacio personal y lo tomo del restro. Sonriendo. - Vamos, ¡animate!, todo va a estar bien.
Por más que se lo dijera tan bonito y con tal rostro alegre, palmeandolo de las mejillas amistosamente, ignorando la humedad… no lo creía.
- No lo estará. - Por una vez fue él, solo él: - Siempre lo supe, él lo sabe. - No sabía si tenia que especificar o no, pero no le importaba: - Por eso estoy a cargo, porque nada se arreglará y el ya se cansó de lidiar con todo este desastre. - Así de simple.
En especial cuando su mayor temor se había cumplido. Había quedado solo, totalmente solo. No sabía la historia completa, no se la querían decir, pero no importaba. ¿Como iba a querer volver cuando había perdido todo?, ¿como iba a querer volver cuando todo volvería a la normalidad?, ¿cuando todo sería lo que habían envisionado desde el principio?, ¿cuando obviamente no era feliz?
- No es feliz. - Esto corto cualquier cosa positiva que hubiera tratado de decirle la mujer. No tenía ánimo para oírlo. - Todo esto es muy bonito, ahora. - No antes. Probablemente no después. - No lo cree, por eso cuando aparece cree que esta soñando. - En voz muy baja, de seguro sonando como un niño perdido: - ¿Cuántas veces habrá soñado con todos siendo tan atentos con él, siendo más considerados, o simplemente estando con él como solían hacerlo?
Muy frecuentemente. Terminando como pesadillas. O terminando como sueños muy dulces de los cuales no quería despertar y al hacerlo no podía hacer más que llorar amargamente. Le había pasado un par de veces. No quería imaginar que tan devastador sería.
- No pienses en eso. - ¿Como no hacerlo? - No pienses en eso, Tsunayoshi. - Eran manos calidas. Era raro. Solo mamá hacia esto… hace demasiado tiempo. - No hay nada que pueda cambiar lo que ya paso, pero de ahora en adelante todo será diferente. - Por un rato, será. - Los amas, ¿no es así?, ¿no puedes darles otra oportunidad?
- Si en 10 años nada cambio, no lo hará ahora. - Al igual que: - Mis padres nunca cambiaron, por más que espere, reze y pedí nada cambio. - Igual quedo solo con su madre, su padre nunca regreso por más que unas contadas ocasiones. Su madre tampoco cambio, pero eso estaba bien. Pequeño solo quiso que su padre volviera, no que mamá cambiara. No sabría que hubiera pasado si esa ingenuidad y lo despistado que era hubiera cambiado. - Reborn es lo que hace que todo corra, no estará aquí por siempre. - Era la irrefutable verdad. Ya se había ido una vez, ¿no?, y todo se cayo a pedazos.
- Eso no es cierto, eres un cielo, no puedes-
- Dile a Reborn que no voy a ir a ningún lado, no voy a ir a comer. - No quería saber absolutamente nada más. - Quiero estar solo, ¿esta bien? - No tenía ánimo de ver a nadie. Se iba a terminar encerrando en el baño, estaba casi seguro.
Primero tenía que terminar de vestirse. Solo se llevo un pantalón y la camisa, y la ropa interior obviamente. Aunque pensándolo bien, podía quedarse solo con eso ya que no iba a salir y por tanto no hacía fal-
- ¿Quiere que le muestre algo especial Tsunayoshi? - Hubiera podido ignorar la pregunta si no lo estuvieran sujetando del brazo. Con fuerza, como si temieran que se fuera a escapar. - ¿Algo que siempre disfruto a escondidas de su familia? - ¿Eh?
Su curiosidad ante algo así debió de notarse, porque la dama no espero una respuesta. No espero nada. Se vio atanjando un traje y siendo empujado a la peinadora en un dos por tres. No tardo en enrojecer, y cualquier protesta por algo que no solo podía hacer por si mismo, sino que estaba bastante seguro que no era parte del trabajo de la dama, fue ignorado y hasta fue mandado a callar con un golpecito en la mejilla. Si Reborn no se lo hiciera, no entendería el gesto tan bien como lo hacía ahora.
Así que, en tiempo record, estaba arreglado y siendo jalado hacia solo Dios sabe donde, tratando de no ser arrastrado por una dama que hacía caso omiso a sus quejas. A la final, no tenía palabras.
- Hermoso, ¿no es así? - No tenía palabras o voz. Más que hermoso, era… era sentirse libre.
No tenía idea de que hubiera un lugar así en la mansión. Sabía que habían balcones, como este, pero no uno que le diera una vista tan amplia. Estaba casi seguro que podía ver todo el jardin y media mansión desde en donde estaba. Había incluso un árbol muy pegado, dandole sombra. No había sillas, no habia mesas, no había… ¿barandas?
- Es parte del techo. - ¡¿El techo?! - Lo conseguí por accidente una vez aquí, por lo que me dijo esa vez… - Podía entender, era amplio, era pacífico… - le gusta la vista, ¿verdad que es genial?
Esto no era más que una distracción. Un engaño para que se olvidará de lo demás. Un sabiendo esto, no pudo más que corresponder la sonrisa y mentir:
- Lo es. - Mentir, porque si bien era verdad, no caía en el engaño. - Gracias.
No era la vista. Era lo amplio, lo libre. Era una especie de ilusión. Podía verse venir aquí cuando todo simplemente se hacía demasiado y necesitaba un corto respiro…
Lo mínimo que podía hacer era mentir para ahorrarle más incomodidad a la dama. No solo a ella. A la final, ninguno entendería. Tampoco estaba dispuesto s explicar, a recordar y contar. Ya le había dicho mucho a Reborn, había dicho cosas que jamás había dicho a varios. En todo caso, quién al menos parecía entender era Shamal, porque no forzaba nada y parecía adivinar de dónde salían las cosas. No le escondía nada, solo le advertía que no iba a gustarle y si quería saber le diría. A veces le aterraba lo bien que parecía entender. No le caía a preguntas ni presionaba, lo dejaba ser.
No era tonto, sabía que Shamal no estaba allí por visitar. Temía preguntar con que lo habían amenazado para atenderlo…
En otro lugar…
- Dejalos. - Más que una sugerencia, era una orden. Lástima que Reborn no estaba. - Hayato, déjalos. - Agregó ante la persona más contrariada por los arreglos de última hora.
- Pero… - Eso y apretar los puños con fuerza era lo que decía que el hombre estaba fustrado.
Suspiro profundamente y tomó una calada profunda de su cigarrillo, viendo a una chica hermosa prácticamente arrastrar al Décimo antes de que desaparecieran completamente de su campo de visión. Heh, Tsunayoshi era un chico con suerte, era hermosa. Tenía buen ojo, lástima que no perseguía.
- Tsunayoshi es una persona que no persigue Hayato. - Si bien se dirigía a Hayato, tenía la atención de un espadachín y un par de adolescentes que aún no encontraban forma de acercarse a su hermano mayor. - Deja que lo persigan, deja que alguien le muestre lo que no puede ver. - En pocas palabras: - Deja que alguien haga lo que no les permite hacer ustedes ahora. - Por temor, por rabia, habían muchas razones. - Además, ¿no crees que esta un poco atrasado?, tiene buen ojo, pero no persigue Hayato. Debe de sentirse solo, lo admita o no, y al más joven quizás le de valor o le suba la autoestima.
Al Décimo de este tiempo era más una amistad que otra cosa. Era negación, algo que, luego de lo del día anterior, podía apuntar con el dedo a otras cosas que tenían ese sello. Quería, como todo hombre, quería alguien con él, no quería estar solo, quería niños, familia así no lo dijera. Era obvio, ayer lo fue. El hecho de que le gustará, que quisiera algo más, no lo motivaba. Ese Décimo estaba demasiado adiestrado a pensar que no sería bien recibido, incluso sospechaba que pensaba que no lo merecía. Por mas lindas caras que pusiera, ese chico tenía problemas. Con la actitud y las feas respuestas que daba, con insultos y demás, decía todo. Así lo odiaran, ese era el verdadero Décimo.
El Décimo que, hace tanto, había ayudado a evitarle un gran problema de salud, no tenía buenos pensamientos. Ataques de pánico, desmayos, migrañas… eso no se daba porque si. Le había advertido a Hayato por encima, pero eso había valido de nada. Ya en ese entonces el Décimo no estaba bien.
Ahora, con tres años de estar solo, de haber cometido asesinato y nunca haberlo tratado debidamente… Ya eso, siendo un civil, era devastador. ¿Un cielo dedicado a su familia?, era como cortarle las cuerdas, su razón de ser. Estaba en completa negación sobre esta realidad. No podía culparlo, vivir en el pasado era como un trago de agua a una persona muy sedienta. Lo habían dejado sin siquiera una explicación…
- Hayato. - Llamo, ahora que estaban solos. - Dejalos. - Necesitaba otro cigarrillo. - Tal vez la personalidad adulta aparezca más seguido. - Lo dudaba. Pero lo haría más blando cuando hiciera apareción. - Observa, aprende. El más joven solo tuvo ojos para una sola chica, y nunca pregunto por miedo al rechazo y jamás se permitió soñar con alguien más. - Y tan buen ojo que tenia. Que desgracia. - Sera agridulce, ¿pero no sería lindo verlo enamorarse?, ¿darse cuenta que es más que solo el chico bueno para nada que siempre le hicieron creer que era? - Solo para suavizar un poco el golpe: - ¿No crees que sería bonito verlo arreglarse más que solo por cumplir?, ¿por qué se espera de él?
Porque, por desgracia, el Décimo del pasado fingía su buen humor la mitad del tiempo, al igual que sus sonrisas. La mayoría de las cosas las hacia porque eso era lo que le habían dado a entender que se esperaba de él. A menos que estuviera divirtiéndose, olvidándose de todo, no lo verías verdaderamente feliz. No era ciego y Reborn tampoco.
Tener que mentirles a todos y trabajar lado a lado del mejor asesino a sueldo del mundo no era algo que se hubiera esperado. Reborn no tenía la mano suave que se requería para esto. Y ahora no tenía la paciencia, y habían muchas cosas… No podía hacerlo solo. Reborn era un buen padre, intentaba lo mejor, pero no tenía la paciencia requerida o la mano suave que, de otro modo, hubiera suavizado la impaciencia para el Décimo joven.
Un completo dolor de cabeza. Uno que podría haberse evitado si el idiota que tenía en frente al menos le hubiera hecho caso… Mentira. Evitado lo dudaba. Solo no hubiera sido tan fuerte.
- Te quiere Hayato. - Eso era innegable. - Eres su amigo, su guardián, su tormenta. - Totalmente innegable. - Solo que ya no te cree, se impide creer que estés aquí. Tu partida lo hirio, y si se me permite decirlo: no ha sanado, es una herida abierta que no quiere reconocer. - No una sola, para variar.
Una herida que no quería ver, porque recordaba quien se lo hizo y no quería creerlo. No una. Varias. Y de paso:
- Se paciente. - No había de otra, por desgracia. - Encerrarse en estás paredes solo lo hizo más "sensible" e irritable como un gato que le cayo un blade de agua fría. - Sin mucho tacto agrego: - Te va a rasguñar, y no se le va a pasar de la noche a la mañana.
- A este ritmo jamás seré capaz de pedirle perdón. - Ah.
- La cosa es que no lo quiere. - ¿Una disculpa?, ojala fuera por el hecho de que una disculpa no arreglaba el dejarlo solo por tanto tiempo. - Ni siquiera te culpa Hayato. - Ante la mirada sorprendida de Hayato sentencio: - Para él, todo fue su culpa, él fue y es el problema, él mismo es la causa de todo.
- Dios… Shamal, eso no-
- Si pasarás más tiempo tratando de conversar o solo estar allí con tu cielo, sabrías que dijo que uno de sus mayores miedos era cuando Reborn se fuera, porque todo se caería como un castillo de naipes. - Solo con algo así podías entender muchas cosas de ese niño. Y de su yo adulto. - Sus problemas son psicológicos, no físicos, y sabes muy bien que ciertas cosas nunca se irán…
-...
- Te dije que fueras menos formal con él, que pasarás más tiempo con Tsunayoshi y no con el Décimo. - Recordó dolorosamente. - Tsunayoshi siempre temió decepcionar, ¿realmente te sorprende que ocultará todo lo que creyera que pudiera decepcionarte?, ¿tu, quién lo veías como el jefe perfecto?
Una dura medicina de tragar, pero no menos cierta. Reborn, por desgracia y para su asombro, había fallado en recordarles a todos estos idiotas que su cielo era humano. Un simple humano como ellos.
Dios, seria mas-¿Uh?
- ¿Mocoso? - Un abrazo sorpresa no era común, menos de esta forma.
- ¿Puedes esconderme? - ¿Ah? - Me dijo que tengo hermosos ojos…
Le dio una mirada divertida a Hayato, tratando de no reírse de la cara rosada y del pánico evidente, que era de un mocoso y se veía algo raro en un adulto, y decir que eso no era-Oh.
- Te agarro descuidado, ¿hmmm? - Tenia el beso marcado. En la mejilla. No era para entrar en pánico, pero para alguien que no se esperaba algo así… - Haru-chan y las demás te dan besitos en la mejilla y tu no te alarmas. - Era malo de él, pero-
- ¡Tsunayoshi! - Ah. Iban a ser unos cuantos días divertidos.
- Vamos, no has desayunado aun, ¿verdad?
Si él no iba a perseguir, qué alguien lo persiguiera. Bajo supervisión no habría problema. No todo podía ser trabajo y cuidar de su familia.
