Nada de Katekyo Himan Reborn me pertenece, solo la historia y uno que otro agregado que aparecerán más adelante en la historia.


Family of the Past

Capítulo 83

-… verdad? – Miro de reojo a quien acababa de decir eso, deteniéndose a duras penas de decir algo de lo que posiblemente se arrepentiría.

Si alguien más tiraba otro comentario sugerente o inapropiado de la dama que, por los momentos, lo estaba ayudando en la cocina en lugar de intentar sacarlo como espero, iba a ocurrir algo no muy lindo. No muchos estaban de acuerdo en dejarlo cocinar, en especial los chefs, algo acerca de que los dejaba sin trabajo. Patrañas. Ni que estuviera cocinando todos los días, mucho menos para todas las bocas que habitaban en este lugar.

Solo estaba haciendo una merienda, realmente. No era tanto una excusa para comer algo que conocía, sabía bien, y no era algo súper complejo que no sabía degustar o apreciar apropiadamente, sino…

-… es linda, aunque nunca creí que se iría por los pechos grandes-¡Yikes!

Con una o dos personas estaba bien. Al menos había aprendido a tolerar su presencia. Indeseada, porque quería estar solo por un rato por el amor de Dios. No era que lo diría en voz alta, claro. ¿Ahora también tenía que lidiar con fisgones?, eso no estaba en sus planes. Mucho menos si seguían molestándolo con esa clase de comentarios.

- ¿Decimo…? – Era una verdadera lástima perder un buen y fiel cuchillo en estas cosas. Bueno, por suerte había más de uno. El más grande debería de bastar…

Supondría que era el brillo del nuevo cuchillo. Tal vez era solo que acababan de terminar de procesar que lo que paso a milímetros de sus cabezas hizo un corte improvisado de pelo. No les caía mal, sinceramente. ¿No les molestaría si también les rebajaba un poco del otro lado?, Takeshi sería mejor en el trabajo, pero ya que no estaba aquí…

Una mano en el hombro lo detuvo de tomar la decisión. Le dio mala cara a la dueña. No sabía cómo no los había oído, o como no se había molestado. Estaba bastante seguro de que si le decía algo similar, o solo que tenía pechos grandes, una cachetada seria lo primero que recibiría. Aparte de eso, no estaba feliz con ella. ¿Qué parte de que quería estar solo nadie entendía?

Si corto con más fuerza de la necesaria la carne nadie dijo nada. Menos mal, porque de seguro hubiera lanzado el cuchillo a sus caras antes de tomar la decisión de hacerlo.

- ¿Que te tiene de mal genio Tsu? – La nueva voz fue toda una sorpresa.

Fue en este punto en que se dio cuenta que había hecho pedacitos la carne de cerdo que debería de haber hecho solo tiras. Tardíamente, mientras procesaba lo que había pasado con la carne que tanto le había costado tomar porque los cocineros no se la querían dar por solo Dios sabe que, noto que todo estaba muy callado. Ah, y también se habían llevado el cuchillo que había lanzado. Atravesó la pared finamente. Fue un buen cuchillo, ¿tal vez aún era utilizable?

- A ver, respira profundo y mírame. – Ni que fuera un animal rabioso. Que exagerado. – Tsu, míra… me… - Este también fue un buen cuchillo. Un muy buen cuchillo. ¿De qué marca eran?

- Tráeme algo que cortar. – O mejor aún: - Un blanco sería mejor. – O haría uno. No pasaba nada.

- Solo si me dices que te puso de tan mal humor. – Unas cuantas cosas. Unas que nadie parecía entender. No creía que papá tampoco las entendiera. – Asustaste a media cocina, y ya te querían-

- No lo hacen. – Ya el cerdo estaba irreconocible. Haría arroz chino entonces. Que más. Las verduras también las dejaría irreconocible así que lo que hiciera sería raro. Igual se lo iba a comer. – Un rato a solas, o lo más solo que se puede estar en este * lugar, haciendo algo relajante, ¿cuesta entender? - ¿Cuál de los dos cuchillos agarraba?, mejor aún: ¿en dónde se guardaban las cebollas otra vez?, este lugar era un laberinto.

- Tsu, mírame. – Había un número limitado de cuantas veces te podían poner la mano en el hombro antes de que ya dejara de ser algo aceptable.

- ¡Mírame tu a mí! – Estaba al borde ya. ¡Al borde! – Soy el gran jefe de todo, ¿no?, ¿no? – Lo malo de esto es que después se arrepentiría. Seguramente. Por los momentos no le importaba. – Explícame porque * tengo que obedecer a otros, explícame porque tengo que soportar cosas que no quiero… - Y la copa del iceberg: - ¡Explícame porque diablos tengo que escuchar como miden mi masculinidad y mis intereses sexuales por gente que son mis empleados!, teniéndolos justo al lado. – Como quien dice.

Ah. Aquí estaban las cebollas. Bien. ¿Ahora en donde estaban las demás cosas?, necesitaba un mapa.

- Es una gran falta de respeto, y no es del interés de nadie si me gustan las chicas con grandes pechos o no. – La verdad es que no estaba tan seguro. Solo tenía 14. No tenía tanta experiencia, aunque no iba a negar que los pechos grandes llamaban su atención. ¡Eran melones!, ¿no a todos los hombres les gustaba eso?, mejor se lo dejaba a su yo de este tiempo. El ya debería de saber bien lo que le gustaba y lo que no. Esperaba. – Y me lo hacen delante de Akane-chan, no sé cómo ella no los cacheteo por hablar de ella así, es obvio. – Y de paso: - Me gustan las chicas, explícame porque demonios creen que bateo para el otro equipo y porque demonios tienen que hablar esas cosas conmigo aquí y más cuando tengo compañía. – Era para colgarlos. – Por cierto, me encanta esta marca. – Eran muy buenos y muy relucientes. - ¿Podemos pedir otro juego de estos?, creyó que ya dañé dos de ellos y eso es una verdadera lástima…

Cuando subió la mirada, preguntándose porque papá no lo había jalado de las orejas o porque no le había dicho algo, se encontró solo. Esto, por supuesto, lo dejo atontado por al menos un minuto. Por más que busco, Reborn no estaba cerca. Si bien estaba por fin solo como quería, le inquietaba ahora que lo tenía. Reborn nunca se iba así.

- Al menos ya encontré la papa. - Y la zanahoria. Definitivamente estaba pidiendo un mapa.

También debería de pedir un mapa de la mansión entera, ahora que lo pensaba. Un día de estos se iba a perder y no quería tener que depender exclusivamente de quien lo estuviera acompañando, de las cámaras de seguridad o de algún sirviente que encontrara por casualidad.

Volviendo al tema principal, lo malo de estos cuchillos era que eran tan filosos que no se atrevía a pelar nada con ellos. No quería cortarse por accidente y perder un dedo o más. Llamas o no, no quería el dolor ni la experiencia. Enfermería, doctores y todo el servicio médico que hubiera, no quería la experiencia. No gracias. Por suerte había un pequeño cuchillo que no lucia tan afilado y un pelador de papas. Prefería el pelador, pero eso no servía para todo…

- ¿Oí por ahí que a alguien le encantan los cuchillos de Bel-sama? - Esto fue al oído. No había sentido nada de nada. Hace unos minutos hubiera llegado al techo y hubiera pegado el grito aún más alto. - Shishishi, sabía que te gustarían, son los mejores, ¿no es así? - Hace unos días hubiera saltado ante tal cercanía. No cualquiera lo abrazaba de buenas a primeras tan casual. - Flexibles, ligeros, durables, y lo mejor, por supuesto, es su filo. – Una sonrisa que a cualquier haría correr.

A el no. No ahora al menos. Su mente estaba procesando la información aun, específicamente la parte de que los cuchillos que tanto le gustaban eran de Bel-san. Su mente simplemente se reusaba a conectar a Bel-san con una herrería. Había algo que no encajaba, y no sabía si era la imagen de un hombre flaco, casi nada musculoso, rubio y una corona, o la imagen de un lugar grande, caluroso, propenso a accidentes graves y gente trabajando con metales pesados. Las imagines no combinaban, al menos no en su mente.

- Tranquilo, el trabajo pesado no lo hago yo. - ¿Se notaba tanto? – Las especificaciones y las combinaciones de metales, por otro lado, si vienen de mi parte. – Ah. Eso era mucho más creíble. - ¿Y bien?, ¿qué te parecen?

- Son cómodos. – Muy cómodos. - Temo cortarme un dedo. – Probablemente se daría cuenta cuando viera la sangre y no cuando lo sintiera. – Cortan todo como mantequilla y no pesan casi nada. – Y, cosa que no debería de pensar de unos cuchillos de cocina, había algo más que le agradaba: - Es casi como lanzar un dardo. – Lo había hecho, por curiosidad. No sabía porque había dardos y la mira en el comedor, pero ya que estaban…

- Ora ora… - La sonrisa del asesino creció, su expresión se volvió una entre complacida y engreída. - ¿He oído bien?, ¿acaso el pequeño Vongola acaba de comparar mis cuchillos a unos dardos?, shishishi… - La parte buena es que fue soltado. La parte mala es que no sabía si sin querer había ofendido a Bel. - Son mejores que unos meros dardos

~

Bueno… no ofensa, aparentemente.

- Squalo fue muy amable en informarme del pequeño alboroto que has hecho Vongola. – Ah. Con razón estaba tan feliz. Un momento…

- ¿Alboroto? – Por el amor de Dios… - Solo hice unos leves cortes de pelo. – Nada más. Eran unos exagerados. - ¿Crees que haya una posibilidad de otro juego de estas?, temo que dañe dos. – Los cuchillos no eran para ser lanzados. Le provocara o no.

Por alguna razón lo que dijo causo carcajadas y unas lagrimas traviesas. Ah, y que alguien revisara lo que estaba haciendo. Tal vez debería hacer un poco más. Por si las dudas. Temía que Akane-chan fuera a hacer la misma gracia que papá en robarle cuando no miraba. Y cuando miraba también. Su cocina no era tan buena para provocar tal cosa, pero no iba a quejarse, usualmente no tenía tanta hambre. Además, papá siempre le daba cualquier cosa que quisiera si le provocaba. De comida, al menos. Mejor no pensar en eso.

- ¿Realmente crees que un par de lanzadas pueda dañarlos Vongola? – Pestañeo varias veces ante la pregunta.

- Son cuchillos de cocina… - De Bel. De Varia. No se iban a dañar por algo tan tonto como dejarlos pegados a una pared.

De repente el hecho de que no había visto a nadie usar esos cuchillos y le negaran cuando ofrecía tenía más sentido que la idea de no querer ofenderlo. Los había encontrado casi inmediatamente desde que comenzó a venir aquí. A diferencia de todo lo demás.

- No son de cocina. – Se le era gracioso a Bel tal cosa. Para él era un pequeño shock: si no eran de cocina, ¿qué demonios hacían en ella?, ¿y de que diantres eran entonces? – Son multiusos. - ¿Ah? – Quita esa cara, fue un regalo. Tu incesante insistencia en hacer fiestas de Navidad y que nos reunamos todos trae el grave problema de no saber que regalarte. – La sonrisa cayo, desapareciendo tan rápido que dio miedo. – No es que lo pidas, pero luego de un par de veces recibiendo regalos de parte de Vongola en las fiestas y a cada miembro da que pensar, ¿sabes?

El asesino no estaba de juegos. Era un tema serio para muchos y no solo de Varia. No era algo que se hablaría fácilmente o siquiera se mencionaría, pero…

- Fuéramos o no, había un regalo. – Y de paso: - Bien pesados, debo admitir. – Al principio hubieron burlas y preguntas sobre quién era el desgraciado gastando plata en estas cosas, porque hablaba de Vongola como tal y no una persona. – No me gusta admitirlo, y los demás me mataran por decírtelo, pero Tsunayoshi… - Era algo que siempre cargo encima. Varia especialmente. Xanxus aún más. - Contigo rara vez se sabe si te gusta algo o no, material al menos. Esos cuchillos te los di hace 5 años, no sabía que más darte y luego de tantos regalos de tu parte y el buen trato que das, bajo el nombre de Vongola como organización, no podía darte cualquier cosa.

Fueran o no, el regalo igual llegaba. La invitación igual llegaba. Y fuera de las fiestas, si alguno de ellos iba a parar allá, tenían trato VIP como quien dice. ¿Necesitaban algo?, hecho, y de la mejor calidad. No habían tenido ninguna clase de problemas con Vongola desde que el Décimo tomo el bando. Ninguno. Y mientras estuvo presente, fueron consentidos. No es que se hubiera fijado en esto hasta que Tsunayoshi decidiera retraerse y encerrarse por completo y no saber nada de nadie.

Estaba bastante seguro de que Varia no fue el único. Por un buen rato creyó que era alguno de los guardianes, porque Takeshi y Squalo eran muy amigos, y Hayato podía ser como un gato todo arisco todo lo que quisiera, pero se le decía algo y ayudaría. No hace falta decir que al conectar puntos hubo un buen tiempo de asimilación de tal información.

- Tienes un don increíble, ¿sabes? – Ya para cuando la persona se diera cuenta ya estaría entre sus dedos. – Es una lástima que tu campo de visión sea tan cerrado. – Por elección propia, para variar. – Si quieres otro set, es tuyo. Te lo hare personalizado y para lo que quieras, ¿qué dices Vongola?

Quizás haya tardado 5 años en saber que en verdad le había gustado ese obsequio y no fue solo una cara bonita diciendo gracias solamente. Más que eso, la preocupación (Reborn andaba blandiendo uno de esos cuchillos y entre lo que alcanzo a oír era que al Decimo le encantaban y si le dio por querer agarrarlos para practicar tiro al blanco con sus cabezas, debían de haberlo hecho enojar de sobremanera) por el estado de los cuchillos, el lugar que tenían para ser guardados y lo reluciente que aún eran a pesar de que tenían obvio uso…

¿El Décimo quería otro set cuchillos?, no había problema.

- ¿Eh? - El asesino sonrió aún más ante el pánico creciente del otro hombre, dejando eso de lado por algo más atractivo. - ¡No hace falta si-

- Caray, no sabía que eras tan buen cocinero. – No era profesional, ni a palos. Era, como diría el malhumorado de su jefe, aceptable. - ¿Hobby? – Si bien fue en son de broma, un intento de suavizar el ambiente, Bel toco un punto sentible:

- No deberías mentir. – Más que las palabras casuales, el cambio fue en sus ojos.

Bel reconocía el cambio, quien no lo hiciera en Varia saldría con una patada en la retaguardia más pronto que tarde. Era la mirada de alguien esperando algo en específico, una excusa para pelear o para huir. Una confirmación tal vez.

- ¿Oh? – Cualquiera le diría que midiera sus palabras, que lo pensara mejor, pero este era el Décimo. Solo había dos razones, primarias al menos, para que se presentara esto. - ¿Lo dices porque comemos en primera clase o por todos los conflictos que el jefe hace si nada está a su medida? – Mejor tirar todo al viento: - Ninguno de nosotros sabe cocinar más que lo básico, sin nuestros cocineros el jefe nos moriríamos de hambre. – Si es que el jefe no los mataba a todos primero. - ¿Qué te parece si te ayudo a terminar lo que sea que sea esto y se lo llevo al más quisquilloso de todos? – Era una ganga, pero: - No le diré de donde viene, e incluso si sabe no va a detener su… extrema sinceridad con la comida.

Bingo, pensó para así el asesino. Había dado en el clavo, por desgracia.

La primera razón de tal mirada en el Décimo era cuando sabía que venía un mal trago y una muy posible pelea. No decía nada, lo ocultaba rápido con una sonrisa o cambiaba el tema sino se desaparecía, si hablaban de cosas entre la familia. Siempre lo encontró raro, pero no era muy cercano al Decimo como para saber. Sus guardianes eran otro tema, pero por lo visto no le habían dado mucha importancia. Como ellos. No es que apareciera mucho estas ocasiones, realmente.

La segunda era una que se había fijado que ocurría con este Decimo en particular en ciertos temas. Era lo malo de observar más que conversar. Esta era una de las conversaciones más largas que había tenido con este Decimo si era sincero. Este era una de esas ocasiones. Era un aviso de que no solo no le gustaba el tema, sino que esperaba algo negativo y muy posiblemente tuviera una mala reacción. Reborn y los demás hacían lo posible por no provocarlo más, aunque muchas veces no lo lograban por lo que creían.

- ¿Saldrá para un extra? – Ni idea de que el Décimo cocinara o porque, pero era bueno para ser de nivel civil.

Si no fuera tan observador, se le hubiera escapado. Aún tenía que hablar con Viper, ella también debió de haber notado como este Decimo solo… se tragaba lo que sea que lo molesto, y más tarde estallaría. Como lo que sea que probablemente paso y termino lanzando cuchillos a cabezas. A alguien más metieron en el paquete, porque esas "amenazas" pasaban cuando se metían con alguien de la familia. La última vez, que supiera, que alguien termino casi sin cabeza fue un idiota de una familia pequeña insultando, sin saberlo, a uno de los miembros de Varia (Squalo específicamente) por hacer un escándalo cada vez que apariencia.

- Se supone que solo era un bocadillo para mí. - ¿Ah?

Eso explicaba porque nadie le había dicho que el Décimo cocinaba. Cuidado y no solo se hacía bocadillos a media noche cuando no podía dormir. Tenía que pasar por esas noches. Lo quisiera o no. ¡Había entrado muy joven a un puesto muy alto!

- ¿Hazme un favor y búscame la harina? - ¿Eh?, ¿harina? – Eso no va alcanzar para dos, y papá me va a robar. – La carita no era muy linda al decir: - No sé si Akane-chan piensa robarme, lo cual creo que sí, y si tú quieres y quieres llevarle a Xanxus… son como 6 personas. - ¿Ah?

- Vongola, no es para-

- Estamos haciendo algo diferente. Si quieres comerte eso puedes hacerlo, pero no quiero quejas. - ¿Cómo rechazar algo así?

En ningún momento había dicho que era necesario hacer varios platos. Con un poco para cada quien bastaba. Ni idea de los otros dos metidos en el asunto…

Los demás lo iban a matar por no incluirlos, pero ese era su problema. ¿Por qué no se colaron a ver?, más bien aún le faltaba averiguar que había molestado al Decimo lo suficientemente mal para querer usar cabezas como blancos de práctica. Tenía una muy buena idea del porqué, y si era eso… tendría que hacer una "visita" más tarde a unos cuantos.

Al menos ya sabía que no se morirían de hambre si se quedaban sin cocineros. Al menos él. Solo pediría prestado al Decimo hasta que consiguieran remplazos. O se vendría a vivir aquí por unos días. Cual sirviera.

En otro lugar…

- Tsk. – Un par de disparos serviría para silenciar todo, pero ya había alguien terminando el trabajo. – No es de cerdo. – La única razón por la cual no tiraba el plato era porque no quería molestar demasiado al mocoso.

- Lo siento señor, pero no hay cocineros en la coci-¡Bam!

- Sin excusas, tienes 10 minutos o el próximo serás tú. – Al menos eso le quitaría al idiota de su vista por un buen tiempo.

Tomo un largo trago de vino y casi se ahoga cuando humo rosa invadió el sitio. ¿Ahora quien vendría?, ¿el niño con afro?, esperaba que no. Ah, ese niño ni siquiera estaba aquí.

- Tío Xan-Xan, ¿podrías enseñarme como haces eso? – Por mas mala cara que le diera a este niño, no se iba.

- Tsunayoshi es más indicado para eso mocoso. – Tenia la paciencia. - ¿Por qué no te sientas y comes algo o vas a jugar?, estoy seguro de que Tsunayoshi ira a jugar contigo más tarde. - ¿Seguro?, no fallaba.

Tsunayoshi sonreía hasta no más poder con ellos. No fallaba. No podía ser todos los días, los niños tenían clases y otras cosas que hacer. Sus padres no ayudaban mucho. En fin, Tsunayoshi era un amor con ellos, los consentía demasiado en su opinión. No le sorprendía, en especial ahora.

Muchos parecían olvidar que Tsunayoshi era un cielo y era uno del tipo armonía. Cielos no tomaban muy bien la soledad como tal.

- ¡TSUNA-SAMA! – Ay no ese idiota en particular.

- Hayato. – Gracias a Dios por pequeños milagros. – No hagas escándalos, el Décimo está en la cocina y no anda de los mejores humores. – En resumen. Lo veía venir desde hace rato.

- ¿Vine en un mal momento? - ¿Esto fue planeado?, interesante.

- ¡Hey! – Arqueo una ceja ante el hombre que atajo todo inmediatamente y se llevó aparte al recién llegado. Hmm…

Se le iba a acabar el vino, que lastima. ¿Cuánto tiempo se tardaría el mocoso haya en la cocina?, no había venido hasta aquí solo para mantener un ojo encima al personal. Eso se lo dejaba a Squalo. Al menos el no querría meterle un balazo en medio de los ojos a cualquier inepto que no entendiera a la primera.

- Mira que ponerse hablar de que a Tsuna le gustan los pechos grandes o de que es muy lindo para ser un hombre y debe de gustarle-

- ¿Con esa mujer cerca? – Interrumpió a Leviatán, quien acababa de sentarse. Tenían a un niño con ellos, no quería darle razones al Decimo para que quisiera lanzarle algo en la cara a él también. – No sé en qué piensa Reborn, Tsunayoshi no se lleva bien con guardaespaldas o niñeras 24/7, ¿cuántas veces no se escapó tuyo y Squalo? - No es que hubiera pasado muy seguido. Esos estúpidos guardianes suyos eran celosos en ese sentido. O solían serlo.

El silencio le dijo todo. Hubieran hecho eso sin que esa mujer estuviera allí y no habría pasado nada. Excepto quizás que el Décimo dejara todo y se fuera a algún otro lado y estuviera molesto porque no lo dejaban solo.

No era indefenso, con la personalidad de 14 o 24. Ya lo habían visto, ¿no es así?, ¿o es que la gente se había olvidado de ese baño de sangre?, no fue nada del otro mundo, pero jamás hubiera pensado en Tsunayoshi haciendo algo así… Alguien había tomado la intimidación por medio del horror como un arma.

- Bel se coló con Tsuna. – Dijo una voz femenina, finalmente haciendo aparición. – Squalo fue a buscar a Lussuria. Van a comenzar la operación jefe. – Asintió a esto, satisfecho.

- Bien, confió en que mantendrás un ojo en ya sabes qué. – Un leve asentimiento y la ilusionista desapareció ante sus ojos.

Un ojo en Vongola. Un ojo en que no hubiera un peligro a la espera. Quizás no pudieran obtener mucha información en lo que sea que Reborn o los guardianes estaban haciendo, pero eso no quería decir que no podían intentarlo, que no podían hacer algo para ayudar. Ayudaría mas si Tsunayoshi decidiera tomar las riendas, pero eso solo lo haría el de 24 años y ese no aparecía mucho.

Extrañaba al Tsunayoshi que estaba cómodo con él y no temía abrazarlo o hacer bromas. O ser un dolor de muelas. Este que era más joven… no era del todo malo, solo era más recatado, más nervioso, más inseguro. No era lo mismo, mas no lo admitiría en voz alta.

- ¿Qué diablos te paso? – Oyó decir, haciéndolo abrir los ojos y ubicar el motivo.

Tardo más de lo debido en darse cuenta que no era el único en preguntarse la misma cosa. Había tardado más de lo normal, pero aquí estaba el idiota del guardián de la tormenta del Decimo Vongola. Solo… solo tenía un gran moretón en la cara. En la forma de un puño. Y sangre escurriendo de la nariz.

- Se me ocurrió sentarme con el león y preguntarle porque era tan buen chico. – Simple, serio y extrañamente melancólico.

Tardo unos segundos en traducir eso. El suficiente tiempo para ver a unos cuantos preguntarle si acaso estaba loco, y luego preguntándole si el león había dicho algo.

El idiota había aprovechado la oportunidad de ir al pasado para hacer eso. Hay Señor, eran unos idiotas…

- ¿Eso te lo hizo el Tsunayoshi del pasado? – Ese era un buen punto.

¿No era que ese mocoso era incapaz de matar a una mosca antes de todo este desastre?, esto era… hmmm… Esto merecía una investigación. El Tsunayoshi de 14 debería de ser capaz de responderle esto. Eran básicamente lo mismo, ¿no es así?

En la cocina…

- Sabes, esto luce hermoso. – Quería decir otra cosa, pero no quería despreciar al Decimo.

Cuando había dicho lo dijo fue pensando en un poco para todos. No un plato para cada uno de lo que parecía ser un almuerzo japonés. Recordar que el Décimo era japonés era imposible de no hacer ante lo que veía.

- Deberías de ver lo que hace mamá. – A diferencia de lo que se esperaría, no había sonrisa o alegría al decir esto. En realidad, fue bajo, probablemente para no ser oído. – Anda, este es el tuyo, no te va a morder.

No creía que lo fuera a morder. Temía preguntar si alguien sabía que el Décimo sabia cocinar, si sabían que podía hacer esto en tan poco tiempo. Había como 4 cosas en su plato, y no estaba contando con las bolas de arroz fritas que estaban más como un extra. O el postre.

- Son galletas rellenas de caramelo, no querrás que se enfríen. – Vino la no tan sutil indirecta de que se apurara.

Quito la vista del postre y la paso al Decimo. Se conformó con un par de segundos para estudiar ese rostro antes de sonreír y:

- Llevare los platos, así nadie sabrá nada, ¿sí? – No espero una respuesta.

No estaba seguro si quería una mentira. Era más que obvio que esto fue hecho por él. Estaba solo aquí después de todo. No estaba seguro si el jefe desearía saber que todo, en forma muy resumida, el problema con este Tsunayoshi era una auto-estima baja, combinado con la auto-defensa de esperar cosas no buenas y no creer cuando no recibía lo que esperaba.

Tsunayoshi no esperaba una buena recepción, ni siquiera creía que de verdad quería un poco para sí. Lo complació, puso buena cara y lo complació. Nada más. Era un gato arisco debajo de la fachada de un gatito lindo. Ese era el problema, muy resumido, de este Tsunayoshi.

¿Siempre había estado allí?, debió de observarlo más. Si le hubiera interesado lo habría hecho, pero en ese entonces era solo… una molestia, por así decirlo. El Décimo tenía un don, lo tenía y no lo veía. Era ciego por elección propia.

- Jeeeeffffffeeeeeee~ - Ignoro la mirada asesina de dicho jefe con mucha práctica. – Mire lo que el príncipe consiguió~ - Xanxus no era tonto, se daría cuenta solo con verlo. - ¿No luce fantástico? – La parte buena es que no muchos prestaban atención.

Si, tan pronto lo vio como tal los ojos de su jefe se agrandaron mucho. No fue sorprendido de que se lo arrebatara de las manos.

- Esto es para usted madan. – Listo. Había cumplido con su deber. – Saldrá mas tarde. – Por lo visto, Akane solo fue dejada en espera. Reborn, aparentemente, no quería a nadie con el Décimo. Ooopppssss~

El Décimo no planeaba salir. Se había sentado en el suelo a comer y había iniciado. No llevaba más que unos bocados, al menos. Si lo veían allí le dirían un poco de todo. Aun así…

- Hey, ¿quieres que te lleve a tu habitación? – No pasaba nada. – Akane-chan está esperando afuera, los chicos también, pero si quieres un rato a solas está bien. – Solo: - No sé cuánto tiempo podamos darte, Reborn no es fácil de engañar, en especial con uno de sus niños. – Eso no quería decir que no podían intentarlo.

Después todo, Reborn podría ser su padre y todo eso, pero ellos eran Varia y Varia respondía era al Decimo, no a su padre. Además, todo lo de padre era reciente, así que menos valor tenía en su mente. Lo que el Décimo ordenara, eso era lo que iba, le gustase a quien le-

- Gracias Bel-san. – Aquí viene el "pero no es necesario", ¿no es así? – Quizás en un rato, ¿a menos que quieras ayudarme a levantar?

Quedo un poco loco y debió de haber puesto alguna cara rara, porque se rieron de él. No mucho, pero al menos alguien lo encontró divertido.

- Lo que no sepan no es su problema. – Se encogió de hombros, quitándole el plato sin permiso. Ahora era su turno de reírse. – Arriba, ¿a dónde capitán?

Hayato era un idiota, eso fue lo único que podía pensar minutos después, sentado con los otros y masticando lentamente algo que no era de un chef mientras su vista estaba en alguien más. Alguien que estaba contento ahora, culpa de un niño que lo estaba molestando y le estaba robando descaradamente. No es que el Décimo se molestara, más bien lo encontraba divertido y quizás nostálgico.

Reborn aparecería en cualquier momento, pero por ahora eran solo ellos, y eso estaba bien así. El plato estaba aparte, así no le daría celos al mejor asesino del mundo.

Se preguntó distraídamente porque no Reborn no molesto al Decimo con aprender más de cocina. Por lo que había podido observar, no es que supiera mucho del tema, el Décimo encontraba la actividad relajante. No cocinaba mal, era aceptable. Es decir, para el nivel civil era delicioso.

Eso no cambiaba que Hayato era un idiota. Quien debió de estar allí para el Décimo era su guardián y no él. El que el Décimo no estuviera tan a gusto con él no cambiaba nada, debió de estar allí.

Daba que pensar que en ningún momento Tsunayoshi pensó en hacerles algo a sus guardianes. Probablemente, si le preguntaba, era porque no le pidieron. Después de todo, originalmente iba a hacer algo pequeño, solo para él.

- Exijo otra. – Suspiro profundamente. Vaya tacto jefe.

No había dejado nada. Hmm. Lo sabía.

- ¿Eh? – El Décimo pestañeo varias veces ante la muestra que se le estaba presentando para que supiera de que se le estaba hablando. – No sabía que te gustaban las cosas dulces… - No, no era eso, ¿pero por qué arruinar el secreto? – Habría que hacer más… - Y el Décimo necesitaba un descanso, lo quisiera o no. - ¿Por qué no le dices a los chefs?, pueden hacerte cuantos quieras.

No, no era eso. Ay Tsunayoshi.

- Hoy no hará nada más jefe. – No podía. El mensaje llego de inmediato. - ¿Qué tal mañana?, si es que se te antoja hacer algo. Ese pequeño glotón que tienes allí tampoco dirá que no.

Hubo una queja de alguien que tomo ofensa al ser llamado glotón, pero ni por el carajo iba a decir que no quería más.

- Veremos. – Se limitó a decir, mirando a una figura vestida negra que se acercaba a paso veloz.

Ah, por supuesto. ¿Había algo que el Décimo no hiciera sin la aprobación de Reborn ahora?

Espera, si había. Lo que la otra personalidad hiciera. Y esa personalidad básicamente respiraba fuego dependiendo de quién hablara y no tenía reparo de nada. ¡Mira que coquetear con el haciéndose pasar por una bella dama!

Todo porque solo quería libertad, porque no quería niñeras, porque no quería ver a nadie. Esa personalidad no callaba casi nada, para bien o para mal. Era muy divertida~