Nada de Katekyo Himan Reborn me pertenece, solo la historia y uno que otro agregado que aparecerán más adelante en la historia.
Family of the Past
Capítulo 84
- ¿Oh? – Que interesante. - ¿A qué te refieres? – Sabía muy bien a que se refería. Eso no quería decir que se lo iba a dejar en bandeja de plata. - ¿Quizás encontraste algo que no te agrado? – Se enfocó en solo parecer curioso. La verdad era muy diferente, pero no se lo haría saber… aun. - ¿No será que por fin dejaste de verme como Juudaime?, ¿el perfecto Juudaime?, una década
En ningún momento respondió la verdadera pregunta, y no dio tiempo de que el grandísimo infeliz que tenía en frente procesara ese pequeño detalle:
- ¿Sigo siendo Juudaime?, ¿o en algún punto finalmente decidiste escuchar y llamarme por mi nombre? – Nunca. No lo admitirá a nadie, pero esa era una de las razones por la que siempre hubo distancia entre ellos. – Creo que ya me cansé de recordarle a tu yo de este tiempo que mi nombre es Tsuna, a la final no pasa nada. – Solo por molestar: - ¿Acaso hice algo que no te gusto Gokudera-kun? – No necesito fingir aquí.
Esa pregunta tenia años en espera. Si quitaba toda la amargura y resentimiento, lo cual estaba haciendo, no había mas que inseguridad. Honesta y sincera inseguridad. De seguro solo lucia como Lambo cuando preguntaba si había hecho algo que no debía y si estaban molestos con él cuando ocurría un accidente. La respuesta era casi siempre sí, pero rara vez se le decía la verdad.
Inadvertidamente para él, la quijada de Takeshi había llegado al piso a este punto porque sabía que estaba ocurriendo. Era una suerte que nadie le estuviera prestando atención.
- Tsuna-sama… - Había quedado como un pez. Y tomado fuera de base. Bien. – Que haya hecho algo que me guste o no lo haga no tiene que importar y no es-
- ¿No es qué? – Ladeo la cabeza un poco, acercándose levemente, simulando que estaba interesado en la respuesta y no podía esperar por ella. - ¿Importante? – Tonto, tonto Gokudera… - Somos amigos, ¿no? – Nunca lo fueron, por más que quiso que fuera cierto. – No quiero hacer nada con lo que no estén bien, ninguno de ustedes. – A veces no había opción, ¿pero que importaba eso?, ¿cierto? – No soy perfecto ni adivino Gokudera-kun, si algo te molesta solo debes decirlo… - Ahora o nunca: - Después de todo, somos familia. – La sonrisa más derrite corazones que podía crear con un detalle… extra.
El sonido de su puño encajar con la quijada ajena era extremadamente satisfactorio. Lo mejor es que nadie lo vio venir y no acabo con eso. Dos simples golpes bastarían. Esperaba. Si seguía no terminaría bien. Era lo malo de tener que aguantar a un hipócrita que no quería ni ver. En realidad, si quería verlo, pero al mismo tiempo no quería… Eh, su estado emocional nunca había estado muy… cuerdo. Ya se le pasaría. Al igual que sus ganas de quererle partir la cara al desgraciado que venía a hablar de cosas que ni sabía.
- ¿Qué? – Pregunto tratando de ignorar como sus mejillas enrojecían de la vergüenza que justo ahora le estaba dando.
Culpaba a Takeshi. ¡Ni que hubiera matado a alguien para que lo mirara así!
- ¡Él lo pidió! – Señalo al desgraciado que, para mala suerte, ya se había recuperado y lo miraba de forma extraña mientras se sobaba los golpes. Tendrían un lindo color morado más tarde si no se curaba. Lastima. - ¡Takeshi! – Se quejó, tratando de no reír el también.
Fallo, por desgracia fallo. Era imposible no reírse cuando había alguien con risas contagiosas. ¡Como arruinar un asunto perfectamente serio!
- En fin…- Rayos, de todo lo posible no pensó que terminaran en risas. – Por algo siempre te pregunte si de verdad estabas bien con esto, que no estabas sujeto a nada, así que… - Pauso, solo para tomar aire. – considera esto como un recordatorio. – Era más que eso, pero no era necesario que nadie lo supiera.
El bufido bajo que oyó por parte de Takeshi le dijo que no creía tal cosa. Era una suerte que Gokudera no lo notara. No es que fuera mejor, esa mirada tan extraña que le tenía encima no era muy… apreciada. Más le valía a Hayato darle una buena razón por la cual hizo esto sin siquiera una advertencia.
- ¿Estás diciéndome que crees que solo veo lo que quiero ver de ti? – Fue deliberado, casi curioso.
Era una pregunta trampa. Quería otra cosa. Tristemente para él no planeaba caer en el juego.
- Ne, Gokudera-kun. – Iba a tomarse una gran taza de café después de esto. Le daba un poco de cosa con Takeshi, sin querer lo corto de decir algo no muy lindo. Lo dejaría en la próxima. - ¿A la final que hiciste con el bromista de tus cigarrillos? – Nada, porque nunca lo hallo.
Por supuesto que no iba a decir la verdad. No admitiría tal cosa. En todo caso, el problema acabo de la noche a la mañana sin razón aparente. Tal vez era mejor así, sus intentos nunca en verdad fueron apreciados y algún día todos morirían. Si querían morir de cáncer por estar fumando, adelante. Ya le valía un colmillo.
Primero le daba cáncer a él antes que a Gokudera, estaba casi seguro. Su suerte era así de pésima. Tal vez-¿uh?
- Ma ma, de seguro lo encontró y le metió dinamita por donde el sol no brilla. – Menos mal que aún no había tomado un trago de lo que Takeshi acababa de ofrecerle. Se hubiera ahogado ante la imagen. - ¿Realmente quieres oír esos detalles cuando antas irritado?, el bebé no va a desistir Tsuna.
" Muy bien, ¿de que esta…?", eso fue lo que paso por su cabeza ante la mención de Reborn. Luego cayó en cuenta que Takeshi lo estaba salvando de querer meterle otro puñetazo a alguien. No estaba irritado, estaba molesto. Había una diferencia, así fuera leve.
- Es mejor que oírlo quejarse de que soy muy blando. – No podía evitar fruncir el ceño y mirar su reflejo en el agua. Era la verdad. – Y no es buena idea que lo provoques, eso no se hace. – Así lo dijera, sabía que valía de nada. Siempre valía de nada. – Golpear a nadie tampoco, y me disculparía y todo eso si no fuera porque sé que mi yo futuro no va a decirle nada. – Por múltiples razones. En especial porque estaba aquí. – No estuviera haciendo esto aquí si lo hiciera, ¿no?
En otra ocasión se sentiría muy mal por copiarse de Takeshi al decir:
- La verdad duele. – Y para hacerlo peor: - Hasta a mí me dolió, auch. – Miro al techo para no mirar a Takeshi y volar su actuación. Reírse no era parte del acto.
Su siempre fiel mano derecha había quedado mudo, algo blanco. Debido a esto fue que lo lanzo. Definitivamente estaba tomando café después de esto. ¿Cuánto tiempo iba a estar de todos modos?, ¿cuál opción tomo Hayato?, ¿30 minutos o una hora?
- No deberíamos de haber dicho todo… - Un brazo lo rodeo por los hombros y fue atraído a un abrazo en un dos por tres. – Tsuna no ha tomado muy bien de por si las escenas que han estado haciendo, ¿sabes? – Wow. ¡Nada de esto fue hablado al menos!, y aquí estaban…
Takeshi no debería tener que cubrirlo o seguirle el juego. Ni echarle más fuego a la leña:
- Hablar de corazón a corazón hace mucho. – Una cara seria, sin piscas de juego. – También algo de agresión, no te lo esperarías de alguien tan buena gente como Tsuna, ¿cierto? – Una mano a la mejilla, recordándole a Gokudera el par de golpes que le habían dado hace tan solo unos momentos atrás. – Deberías tener un poco más de tacto. Hasta a mí me cayó mal, y se me es una sorpresa Gokudera, ¿tu Juudaime no era perfecto?
Frunció el ceño y no por actuación. Conocía a Takeshi lo suficientemente bien para saber que la pregunta era real. No era una broma, un juego, o simplemente para molestar. Era una pregunta honesta, disfrazada como un hecho. Santo Dios…
- No lo sé. - ¿Eh?, ¿eh? – Quien creí que era Juudaime no es el verdadero. - ¿Ah?, ¿disculpen?
- ¿Me cambiaron? – Dios lo perdonara, pero: - ¿pusieron a alguien más o me abdujeron los aliens? – Ninguna era cierta. Pero lo que acababa de oír tampoco tenía sentido. - ¿Gokudera-kun…? - ¿Cómo se supone que debía de tomar esa sonrisa triste y los brazos extendidos?
Si quería un abrazo le iba a dar algo. Ya todo estaba lo suficientemente incomodo sin uno. No hacía falta un abrazo, no hacía falta más contacto del necesario. Solo haría todo más-
- No eres el único que se oculta detrás de una sonrisa Takeshi. – Gokudera lo estaba mirando a él directamente al decir esto, no a Takeshi.
Era muy difícil molestarse porque lo tomaran del rostro cuando lo miraban de una forma que no había visto en muchísimo tiempo. Además, el tacto era casi superficial. No era cristal, no iba a romperse, pero así lo estaban tratando. Lo que hace mucho lo hubiera puesto colorado y en pánico por vergüenza y por confusión ahora lo hacía pausar. No sabía qué hacer con eso, no sabía cómo tomarlo. No era la primera vez, pero quizás era la única cuya razón era porque no se esperaba algo así.
Ser admirado de esta forma, ser visto como algo precioso y único, sin siquiera palabras no era común. Nunca supo cómo tomarlo, hacia la vista gorda porque no le quedaba de otra. Nadie apreciaría si cuestionaba, y no tenía el valor para hacerlo tampoco. Quien siempre se lo hizo fue Hayato, pero no fue el único.
No era una deidad. No era un ser perfecto. No era el perfecto Decimo. ¿Cómo decirle tal cosa a quien estaba empecinado con tal idea?, ¿cómo negar esta atención sin despreciar?, Reborn lo mataría si lo intentaba. El mejor asesino a sueldo del mundo solo le dijo que lo averiguara por su cuenta, pero hasta entonces que no tomara decisiones, la única vez que se atrevió a preguntarle. O habría consecuencias. Por tanto, se hacia la vista gorda, ¿qué de otra?
No ayudaba que el saber que esto era para su yo de este tiempo, Tsunayoshi-sama, no él. No ayudaba en nada.
- Ma ma, Tsuna no va a desaparecer Gokudera. – Había un leve pánico detrás del tono casual. De broma lo oyó.
Hasta Reborn le hizo esto un par de veces. Todas cortas. Solo la mirada. Quizás un comentario o dos. Fuera como fuera, siempre lo hacía sentir avergonzado y también algo que usualmente no sentía.
- Todo el tiempo debí de ver a Tsuna-sama y no a Juudaime. – Una mano jugueteo con su cabello, y fue en este punto que recordó que Hayato siempre hacia esto cuando encontraba algo fuera de lugar. Ya sea su cabello o su traje. Era el único que lo hacía de esta forma, sin decir nada, y haciéndolo parecer como un simple gesto amistoso. – Tsuna-sama desapareció para mí, para nosotros Takeshi. – En cualquier otra ocasión hubiera bufado ante esto, tono triste o no.
Después de todo, era difícil no sentirse apreciado, grande, cuando lo miraban así. Era difícil no sonreír a solas luego de eso. Era difícil no estar feliz por un rato luego de eso. Era difícil recordar que no era del todo cierto. Por eso el buen humor no duraba tanto, era Dame-Tsuna, y eso no iba a cambiar solo porque un par de personas lo trataran bien por un rato. No cambiaba que, en cierto modo, solo Reborn los mantuvo juntos. Por sí mismo no valía nada. Menos ahora.
- No deberías mirarme así. – Por más lindo que fuera, esto no era para él y era el doble de doloroso. – No soy un alíen. – Para que lo entendiera. Hayato nunca fue… muy religioso, por decirlo de alguna manera.
Hayato solo lo había visto a él y a sus amados aliens así. Probablemente a Haru, si termino casándose con ella. Esperaba que sí. Había estado preparando todo para cuando al fin arreglaran la boda, pero… ya no importaba. No era como si lo quisieran ver, eso era seguro.
Ya no sería un vaso de café. Dos o tres. Tal vez un helado. Esto era depri-
- Lo sé. – Internamente se preguntó porque le pasaban estas cosas, no ayudo sentir círculos en una mejilla por parte de un pulgar. No era un niño. – No puedo hacerlo con mi Tsuna-sama por más que quiera, pero puedo hacerlo contigo. – Mentiroso. - ¿A menos que le moleste?
Para bien o para mal, fue en ese momento que hubo humo rosa. Quizás era lo mejor, porque no tenía idea de cómo responder a eso. Lo quería y al mismo tiempo no. Si lo negaba se vería muy raro. Ese recordatorio no ayudaba, y conociendo a Hayato, quien era capaz de tomarlo de la mano para besar su anillo y jurar lealtad cuando menos se lo esperaba, no hubiera quedado solo en eso. Claro que, ahora que lo pensaba, ¿a quién juraba lealtad?, eran solo promesas vacías, ¿no es así?, menos mal que nunca las tomo en serio y más bien le daba mala cara cuando pasaban estas cosas.
- Fue una perdida completa de-¡Tsuna-sama!
No se molestó en contestar, ni siquiera en moverse. El pánico creciente del recién llegado se apagó gracias a esto. No es que lo que apareció en su lugar fuera mejor:
- ¿Qué haces aquí Tsuna-sama? – Empujarlo con el dedo a ver si reaccionaba no estaba ayudando. A nada.
- Tu yo futuro vino, inmediatamente. – Takeshi se dejó caer cansadamente sobre sus brazos en la mesa, dando un vistazo a Tsuna de reojo. – Lo siento Tsuna, solo queríamos ver a tu yo de este tiempo y asegurarnos de que estuviera bien, no queríamos… - Takeshi se apagó, comenzando a preocuparse él también. - ¿Tsuna?, hey, no fue nuestra intención…
Ambos adolescentes tragaron profundamente y se miraron. Solo con esa mirada comunicaron todo lo que hacía falta decir. Uno de ellos salió corriendo a buscar a Reborn, mientras que el otro busco distraer a Tsuna… sin mucho éxito. Lo contrario mas bien.
Reborn, por su parte, estaba felizmente comiendo helado y galletas, oyendo a los niños jugar y a las chicas hablar. Por dentro estaba planeando que hacer. Tenía varias ideas. No podía ser brusco, no quería delatarse de inmediato. No quería que su hijo se diera cuenta antes de tiempo de sus planes. Eso cortaría la diversión por al menos la mitad. ¿No sería eso una decepción?
- ¡Reborn! – Su buen humor, el lindo día incluso, se evaporo al oír eso.
Yamamoto nunca lo había llamado así. No se refería por nombre, sino al hecho de que lo estuviera llamando y buscando con prisas. Yamamoto no era sí. ¿Qué diantres había pasado?, ¿es que acaso no podía quitarles la vista de encima sin que algo pasara?
-… avisarme? – Termino con exasperación, sentándose y tomando el tenedor.
Xanxus ni siquiera se dignó a responder. Por toda la reacción que tuvo, ni siquiera llego. Squalo solo rodo los ojos y dijo algo entre las líneas de que más bien tenía algo, muy a diferencia de otros. Bel solo se rio, amenazando con el tenedor a Squalo para que no le robara. Tsuna… Tsuna no hizo más que darle una mirada cansada.
Internamente frunció el ceño ante esto. No era un buen signo cuando Tsuna ya tenía esa mirada, la actitud también. Iba a tener que pasar el resto del día con él. Algo más que solo los comentarios lo habían molestado, tenía que hacer que lo soltara o que al menos se desahogara. Deprimirse no era bueno, y menos ahora que estaba mejorando.
En fin, por ahora no iba a preocuparse por eso. No sería comida cinco estrellas (muy lejos de eso de hecho), pero era de Tsu. Algo que no tenía idea hasta recientemente. El Tsu de este tiempo sabia cocinar (lo había preparado muy bien, muchas gracias), pero por todo lo que sabía no lo hacía. Esto era un pequeño manjar que, tanto por cortesía como por oportunidad, no iba a-¡puff!
Quedo con la boca abierta, sin nada en ella. Adiós su tenedor, adiós su primer bocado. Cerro la boca y apretó la mandíbula. Más le valía a su yo pasado tener una muy buena razón para quitarle el gusto de una comida como tal por parte de su hijo. Si había sido un accidente iba a-Un papel le cayó en la cara.
Su malhumor fue reemplazado por un nudo en el estómago al leer la simple nota: "Lo conoces mejor que yo, y conoces mejor la situación. Está en la habitación de al lado. Si lo haces peor no te daré otra oportunidad."
La firma, su firma, abajo solo sellaba que algo malo había ocurrido. Iba a matar a Gokudera. ¿Qué habría hecho el grandísimo imbécil ahora?, por los leves golpes (dijeran lo que dijeran sabía muy bien que la fuerza fue controlada) no pensó en nada mas allá de que hubiera molestado a Tsu lo suficiente para darle un parado. No esto.
No tardó en llegar al sitio indicado. No tanto porque era el cuarto de Tsu, sino por el camino de huellas de hielo que venían desde el piso de abajo. Era grave. Sea lo que sea que paso fue grave. No sabía cómo le habían hecho, o como Tsu se las había arreglado para subir estando lo suficientemente alterado como para comenzar a robarle el puesto a Jack Frost.
No tenía tiempo para preguntarse o sacar conclusiones. Igual no tenía todas las piezas. No quería tentar a la suerte, si Tsu congelaba todo no iba a poder entrar y francamente no sabía si Primo iba a aparecer otra vez para darle una mano. Dejar a Tsu por su cuenta así no era una buena idea.
Maldijo por lo bajo ante la puerta que se trabo a menos de medio camino. Al mirar tuvo que hacer una pausa y luego volvió a maldecir. Picos, muchos picos. Muchos picos crecientes. Bien podría ser el inicio de una trampa de espinas. O estacas. Las más grandes tenían el tamaño de media pierna y- Oh. Bueno… *.
- ¿Tsu? – El llanto bajo, haciéndose casi imperceptible. Bien. - ¿Puedo pasar? – No quería llegar así, pero no tenía muchas opciones.
Silencio fue su respuesta. Luego, de forma casi anormal, el hielo retrocedió. En general. No solo la puerta. Picos desaparecieron, aplanándose, dejando muchas áreas como esculturas. Definitivamente tenía que indagar con esas llamas, eso no era común. Nono no podía hacer tal cosa. No en tal magnitud, no en un área tan amplia. Seria para después.
Cerro la puerta con suavidad y se acercó de la misma forma mientras que por dentro se prometió darle una muy mala pasada a cierto guardián. No llego bien a la cama cuando alguien se le abalanzo encima, abrazándolo y escondiendo su rostro en su pecho, negándose a que lo mirara a la cara.
No debió de tomarlo por sorpresa, pero lo hizo. No se esperó esto de parte de este Tsu. Apretó los labios y se contuvo de hablar. No iba a arruinarlo, no ahora. Quedaría como paleta si lo hacía. Estaba seguro. La habilidad de congelar llamas era un peligro ahora. Jamás se imaginó algo así en su vida. ¿Cómo podía congelar todo a su alrededor sin siquiera tocarlo y así de rápido?
- ¿Mejor? – Las lágrimas aun no habían parado, le hubiera encantado esperar más, pero su tiempo estaba contado.
La figura en sus brazos no contesto inmediatamente, pero eso no lo desanimo. Se limitó a esperar, a seguir haciendo círculos en la espalda ajena. Eso era lo mejor que podía hacer, solo estar allí. Por más que quisiera respuestas, no quería ser una paleta de hielo ni empeorar la situación.
- L-Lo siento… - Esa fue la respuesta, unida a que lo soltaran y a finalmente ver una cara húmeda y roja. Avergonzada y un tanto deprimida. Genial.
- No te disculpes, no pasa nada. – Era inútil limpiarle las lágrimas, seguía llorando, solo en menor escala. Eso no quería decir que no quisiera hacerlo.
No lo admitiría nunca, pero su corazón dio un vuelco ante el chico que se apoyó en su mano.
- Ven aquí mocoso. – Tampoco admitiría que el hecho de que Tsu no se le apartara o se quejara lo hacía feliz. - ¿Quieres contarme que paso?, ¿o quieres dejarlo así? – No iba arruinar esto. Esto era lo más cerca que había podido estar con Tsu sin que creyera que estaba soñando.
Era una lástima que no fuera tan… natural como quisiera. Quería confort, no era ciego. Tsu no estaba-
- Es estúpido. – Antes de que pudiera decirle que nada era estúpido si te hacia llorar, Tsu continuo: - Creo que estoy celoso…
Ante esto tuvo que hacer una pausa. Repitió las palabras varias veces en su cabeza, apoyándose más contra la pared y simplemente jugueteando con ese cabello chocolate. Era, extrañamente, algo relajante para Rukia y el Tsu más joven. Debía ser igual para el chico que tenía en brazos justo ahora.
- ¿Estas celoso de ti mismo? – De su yo de este tiempo específicamente. Ay Dios… - ¿Podrías contarme por qué?
En lugar de eso, Tsu le conto lo que había pasado. En medio de la historia no podía evitar palmearse la frente mentalmente. Gokudera no había hecho nada del otro mundo. Nada que ninguno de los otros o incluso el mismo hubiera hecho si hubiera tenido la oportunidad. Al menos con la parte de gozar y atesorar un poco el tiempo con Tsu, que fue lo que Gokudera hizo al final. Y era precisamente eso el problema.
-… no quiero verlo, no quería verlo, pero también quiero… - Estaba hecho un revoltijo. No era de extrañar. – Sé que es mentira y ni siquiera era para mí… - Cerro los ojos en derrota. Esto iba a tomar tiempo, era muy posible que Tsu jamás los perdonara, no completamente. También era muy posible que jamás volviera a confiar plenamente en ellos. En nadie. – pero lo quiero, lo quiero para mí y al mismo tiempo no lo quiero porque sé que es mentira… - No fue sorprendido de que las lágrimas volvieran con fuerza a este punto.
El Tsu de este tiempo entraba en pánico, vergüenza y en negación. Le estaba tomando trabajo, era un asunto de tiempo. Después de todo, la incapacidad de verse como Tsunayoshi en lugar de Dame-Tsuna no iba a irse de la noche a la mañana. Cuando lograban hacerle olvidar eso, comenzaría a preguntar. También a pedir más, incluso si no se daba cuenta de ello. Le hacía preguntarse como Nana lo logro, pero luego recordaba que era su madre y no Tsu siempre estuvo con ella. Por tanto, los gestos afectuosos de parte de ella no eran cuestionados. La admiración, el orgullo, por otro lado… eran un tema totalmente diferente, incluso con su madre.
Este Tsu, por otro lado, había tenido 10 años para acostumbrarse y básicamente adiestrarse en ignorar estas cosas. O eso creyó. Obviamente no era tan unilateral si estaba teniendo este problema justo ahora. Siempre creyó que solo era cosa de su educación. Los japoneses eran más retraídos, más serios por así decirlo, con esto del afecto en público y más respetuosos. Por lo general. Se había equivocado, seriamente.
Suavemente, de forma lenta, lo tomo de una de las manos y comenzó a trazar círculos en ella. Lento, suave, su intención era no ser notado aún. Luego, gradualmente, comenzó a hacerlo más deliberado.
Para cuando Tsu se dio cuenta de lo que pasaba, dejando de hablar, lo había tomado del mentón con esa misma mano. Haciendo el mismo gesto. Esas esferas chocolate, ahora mezclados con tintes naranjas, fueron a parar a su rostro. Por una vez no dijo nada, se tragó cualquier comentario sarcástico que pudiera hacer. No había visto una expresión tan vulnerable y esperanzada desde que Tsu tenía 17. No era una buena cosa mostrar esto, no importa la situación, eso era lo que le había enseñado. No iba a recordárselo.
- No puedo darte lo que quieres, lo lamento mucho Tsu. – Se disculpó, mayormente porque Tsu necesitaba oírlo. – Pero estoy aquí, ¿eso está bien? – La respuesta era si, si desde que Tsu le permitió la entrada.
No era Gokudera. No era el chico que prácticamente veía el sol cada vez que veía a Tsu. No era el chico que juro su lealtad y fueron amigos un buen tramo de la vida. No era la mano derecha que estaba pendiente de él, que se aseguraba que no saltara comidas o de que durmiera. No era el chico que siempre buscaba complacerlo. No era el chico que le decía lo bueno o genial que era casi todos los días. No era ese chico, y era a ese chico al cual Tsu quería justo ahora.
No chico, hombre. Tsu quería al joven que lo había dejado, quería al joven que estuvo con él antes del incidente. No solo a él, a todos. Y aun con eso no iba a estar complacido. Era de esperarse de un cielo que no se conectó totalmente con sus elementos. Era de esperarse de un cielo que había estado solo o aislado de sus elementos por mucho tiempo. Era de esperarse cuando había recordado, había recibido, una muestra de lo que solía ser o lo que perdió. No era necesario ser un cielo para que pasara, pero un cielo lo tomaba peor.
Esto no era más que una forma de consolarse, el estar aquí, ¿no es así?
- Sssshhhh… - No era ninguno de sus guardianes. – No voy a ir a ningún lado, te lo prometo Tsu. – No fue sorprendido de que su hijo quedara como una estatua. – No voy a volverme a ir de viaje, no a menos que tu vengas conmigo. – Nunca, nunca más.
El único guardián que había besado el anillo del Decimo para prometer algo o recordar su lealtad al Decimo era Gokudera. Había sido Gokudera. Los demás eran sirvientes o miembros de otras familias, rebajándose de todo antes de que Tsu lo viera venir, pidiendo ayuda del Decimo. Jamás alguien más. Jamás él. De hecho, jamás él.
Un anillo no era a lo que se lo estaba prometiendo. Tsu no valoraba el anillo en ese sentido. Lo consideraba extraño, no importa cuántas veces trato de explicárselo. Quizás esa fue una pista que debió indagar: el Tsu más joven le había dicho que, fuera como fuera, el anillo era solo un accesorio, un indicador del actual jefe Vongola. Vongola. El énfasis en esa palabra aun lo perseguía.
Por ello, su objetivo fue el dorso. Con esto no debería de haber ninguna malinterpretación. Simple, conciso. Esperaba. Con-¡Uff!
- Sé que soy hermoso y todo, pero por favor no me congeles para la eternidad Tsu. – Medio cuerpo. No podía mover medio cuerpo. Fue en segundos. ¡Era buen momento para entrar en pánico!, ¡era…!
Oh.
- Conozco una forma mejor, sin que me congeles. – Definitivamente Nono falto a su palabra. Iba a matarlo. Ya sería en otro momento.
El hielo era solo una excusa. Una terrible y obvia excusa. No podía molestarse por más que quisiera, no con esas leves risas, ni con las llamas acariciando el aire y deshaciendo el hielo de una forma deliberada. Había lágrimas, las manos le temblaban, y estaba bastante seguro de que Tsu estaba aterrado también. De cualquier forma, este gesto era solo una excusa para envolverlo en sus llamas por un rato.
Si no mal recordaba, Tsu había hecho esto solo un par de veces. Todas ellas con los mocosos que rondaban la mansión ahora. Los hacia dormir y parecía gustarles, eso era lo que había dicho Tsu cuando le pregunto qué estaba haciendo. Técnicamente hablando, eso era cierto. Las propiedades calmantes de las llamas de Tsu podían hacer dormir a quien quisiera hacerlo o a quien estuviera cansado. Era sutil, suave. Cuando Tsu estaba tranquilo al menos.
- Sigues siendo un mocoso. – No lo dijo de mala manera, y era la verdad. – A ver, no quiero presionarte, pero a menos que uses la bazuca otra vez no sé cuánto me queda. – De otra forma lo hubiera dejado continuar. Por más tonto que fuera, era entendible y la experiencia no era mala. – No me hagas paleta otra vez, ¿me oyes? – Lo más seguro era que lo hiciera. Era aterrador lo rápido que fue. Le daría pesadillas a Xanxus en cuanto lo viera.
No hizo falta que le explicara, hubo reconocimiento al ver sus llamas en su palma. Tsu lo imito sin problemas. No esperaba nada grande, nada complejo. Solo algo leve, era lo mejor dadas las circunstancias. El Reborn de este tiempo podía darle la experiencia completa en otra ocasión. O cuando volviera.
Nada lo podría haber preparado para lo que vio. O lo que sintió.
- ¿Papá? – Se le era inconcebible que Tsu ni siquiera luciera sorprendido. – Aparentemente soy incapaz de tener la experiencia completa, y pues… - Hubo una mueca y Tsu le señalo las llamas. Se había dado cuenta sin que se lo dijera. Lo de las llamas al menos.
Era imposible no ver como prácticamente no habían llamas de sol en donde debía de haber llamas de dos colores entrelazándose entre sí. En su lugar, había una llama más grande y ligeramente dorada.
Y no hablemos de lo demás. Las emociones eran un revoltijo, daba dolor de cabeza. Al menos eran opacados por otras tres emociones conflictivas. Alegría, nervios y rabia. Tomo una respiración profunda y se tomó un momento para procesar todo.
- Esta bien. – Le dolía, pero no era una sorpresa: - Es normal que desconfíes, es sano. – Era lo único que iba a tocar de ese revoltijo de emociones. Por ahora. – Te deje solo por mucho tiempo, es normal que no quieras creerme, no pasa nada. – Tristemente eso le daba un nuevo entendimiento al porque había sido hecho casi una paleta hace un rato.
Alguien había reaccionado mal primero, luego había tomado eso como excusa para hacer tiempo y también para expresar que no quería soltarlo. No ahora. No pronto.
- Ahora, quiero que hagas algo por mí. – Matando cualquier cosa que pudiera salir y hacer las cosas más complicadas: - Cierra los ojos, relájate, y piensa en…
Tomo algo de trabajo, pero dio en el clavo. Esperaba que su yo de este tiempo no lo tomara mal. Era algo… sugestivo. Había tenido tiempo para pensar en las cosas que Tsu, este Tsu al menos, había estado haciendo cuando se aparecía en su verdadera época.
- ¿Qué te parece? – No sabía para que preguntaba.
Los ojos naranjas que lo miraban con mucho más detenimiento de lo que se esperaría tenían una calidez que no solía ser vista. Eran los ojos de alguien que había encontrado algo que no comprendía, pero que tampoco quería soltar. El férreo agarre de la otra mano en su camisa era una prueba de ello. Otra prueba era el hecho de que podía molestarlo como quisiera y no habría queja alguna.
Nadie podría decir que algo había cambiado. Las llamas de Tsu devoraban las suyas. Eso no había cambiado.
La cuestión estaba en un aspecto más psicológico que en otra cosa. El Tsu más joven le había dado muchas pistas, y el comportamiento y el extraño uso de las llamas de este Tsu le habían dado mucho que pensar.
Había muchas cosas que Tsu, ambos Tsu, querían expresar mas no lo hacían por una razón u otra. Por mas curiosidad que tuviera, lo cual no debía de ser mucho, Tsu no podía corresponder porque no quería hacerlo. Tenía miedo de hacerlo. Tenía miedo de saber lo que la otra persona podía expresar de él. Era algo inconsciente. Algo tonto, ¿pero que se podía esperar de alguien que había pasado años con una mala imagen de sí mismo y luego había pasado años solo para que sus propios demonios se lo comieran vivo?
Con esta experiencia podía más o menos entender porque el Tsu más joven no podía controlar algunas respuestas o actitudes negativas que le daban. Y porque no le gustaba o sabia cuando le decían algo que no era cierto o estaba fuera de cierta percepción. No eran suyas, eran de su yo futuro, quien se había tragado muchísimas cosas. Ahora medio podía entender porque rayos insultaba de arriba abajo a todo el que se le atravesara. Era solo una parte de lo que sentía y como no creía que había consecuencias se permitía decir lo que en verdad sentía.
Esta iba a ser una larga noche…
- ¿Papá? – No se molestó en contestar. No hacía falta. En lugar de eso solo le dejo otro beso en la frente.
- Llámame cuando quieras. – No importaba. Esperaría lo que hiciera falta para que su hijo decidiera regresar a donde pertenecía. – Esperare.
Había hecho esperar a Tsu mucho tiempo, ahora le tocaba a él esperar.
