Shiho-Akemi, no te preocupes, 2020 no fue exactamente fácil. Me alegra que te hayan gustado los capis :3

Nada de Katekyo Himan Reborn me pertenece, solo la historia y uno que otro agregado que aparecerán más adelante en la historia.


Family of the Past

Capítulo 85

- ¿Cuándo crees que se dé cuenta que Tsuna solo le está contestando para que lo deje en paz? – Y dormir. O fingir dormir. Como funcionara.

- A este punto no sé cómo Tsuna-sama sigue respondiendo todo bien. – Y terminado de traumatizar a todo el salón, de combo.

Bien la clase podría ser de un solo alumno y un solo profesor. O dos colegas debatiendo un tema en público. Con toda honestidad, este era el único profesor de los nuevos que parecía encontrar las respuestas al punto y correctas de Tsuna como algo maravilloso. Los demás lo encontraban molesto. El primer par de veces fue bien, y luego cayeron en el punto de creer que era un cerebrito y con ello dejar de preguntarle cosas y más bien usándolo de ejemplo ante los demás estudiantes.

Nadie hubiera creído que esto hubiera sido posible hace unos meses. Y todo era porque Tsuna solo quería que lo dejaran en paz. Y aquí estaba, cerca de tener un debate con el profesor gracias a tanta participación que estaba teniendo. ¿Lo peor?, era el profesor de arte. Repito: Arte.

- Lo siento Tsuna, tengo algo que hacer en casa hoy-

- Y yo tengo que ir a arreglar unos asuntos del apartamento. – Ambas cosas eran mentira. Esperaban que Tsuna no fuera a sacárselos en cara. – Oí que el idiota de Hibari te estaba buscando, creo que no quiere hacer el papeleo…

- ¿Quién diantres quiere hacer papeleo? – Nadie, aparentemente, por ese tono. – Al menos tiene una cafetera-

- Tsunayoshi, ¿un momento por favor? – ¿Le iba a hacer más preguntas?

Ya se enterarían después. Al menos los salvo de inventar más excusas. No tenían mucho tiempo como era, y menos con alguien de seguro noto que le habían mentido. Esa intuición podía ser aterradora. Tsuna también, pero no iban a mencionar eso.

- Deberías de haber visto el golpazo que le metió a tu yo futuro Gokudera. – ¿Cuántas veces lo había dicho ya?

De todas las cosas nunca pensó que Tsuna jugaría con Gokudera de tal forma y menos que terminaría metiéndole un puñetazo. Dos en realidad, pero era el principio no la cantidad. No era que estuviera diciendo que se mereciera el puñetazo o no, si alguien sabia eso era la persona que había metido el golpazo. Se vio venir algo no muy lindo, pero jamás algo así. Aun no podía evitar reírse cuando se acordaba.

- Apuesto a te hubiera gustado ser tú. – Vino la respuesta un tanto irritada de alguien que ya había escuchado lo mismo varias veces.

- Solo si hubiera seguido molestando a Tsuna. – Dejo de sonreír, ya no era divertido. – No tienen idea de que están tratando con el suyo, e incluso si no fuera así lo que le dicen y lo que le preguntan dan mucho y poco a la imaginación. – No quería ni pensar en cómo el Tsuna de esta época podría tomarlo. – No podemos confiar en que sigan simples instrucciones Gokudera. – No podían volverlo a hacer, no por su cuenta.

No habían recibido más que un ceño fruncido y una mirada de muerte. Solo eso. La breve admisión de que hubiera sido un buen plan si el Gokudera del futuro no hubiera ignorado las instrucciones (y su lógica) no ayudaba mucho. Había ido mal, y no habían logrado nada. A la final el otro Reborn no le dejo ver a Tsuna así que todo fallo. No valió la pena ni aunque hubieran visto al Tsuna de este tiempo, no con las consecuencias.

- ¿Tsunayoshi? – Por supuesto, por supuesto.

- Hola a ti también Hibari. – Tuvo que hacer una doble toma. Estaba seguro de que Gokudera también. – El profesor de arte lo atajo, debería de venir en cualquier momento. – De cualquier forma: - Nos vamos adelantando. – Un leve asentimiento y el prefecto no les dio más atención.

Ocupado con su té y unos papeles. El problema estaba que el lugar había sido… remodelado. Era un gusto saber en dónde estaba parando el dinero "incautado" por el Comité de Disciplina. Había hasta un televisor, apagado, que no había estado allí antes. Más le valía incorporar parte de ese dinero a otros lugares de la escuela, porque esto era injusto. Con razón a Tsuna no tenía problemas en venir acá, ya no era solo por la cafetera.

En fin, con eso hecho, había un par de paradas que hacer antes de llegar al destino final. Miro a Gokudera y Gokudera lo miro a él.

- Tú vas por los globos, iré por los aperitivos. – Excelente. – Nos vemos ya sabes dónde.

Sería un día muy ocupado. Esperaban que Hibari tuviera a Tsuna entretenido por más de una hora. Quizás tenía el trabajo más fácil, aunque otros dirían lo contrario.

En otro lugar…

-… antes. – Termino Asuna sin quiera levantar la vista de lo que hacía. – Bianchi-chan, ¿podrías ayudarme aquí?, es solo terminar de presentar, no sé si… - Brevemente Asuna miro al intento de torta de antes.

La "torta" le devolvió la mirada y pareció sonreír, moviéndose sutilmente hacia delante. Espera, ese era solo el aura morada que sonreía maléficamente. Y la torta solo se hundía mas, quemando la madera como si fuera acido. ¿Cuándo iban a llegar los de servicios de peligro toxico?, ¿cómo sea que se llamara?

- Seguro. – Si se convertía en algo diabólico, la sacaría a solo hacer adornos. – Como te decía Reborn-chan, debiste decirnos antes, ¡nos hubiera encantado buscarle un buen regalo a Tsu-Tsu! – De hecho: - Lo hubiéramos llevado a la playa o le hubiéramos llevado a otro lado por una semana o dos… - Podían darse el pequeño gusto de viajar a otro lado por unas semanas. Le debían varios cumpleaños como era…

El que tuvieran que hacer todo a paso rápido, Reborn había aparecido hace solo una hora a darles la noticia y eran las 2 de la tarde, no le sentaba muy bien. Dejarle la parte del regalo a su padre y a su esposo no le gustaba. Capaz y le daban un bate de regalo. Tsuna no jugaba ningún deporte por todo lo que sabía. Si le daban algo más… delicado, sería un milagro.

- Apreciara más algo menos detallado o pensado Asuna. – El bebé tenía el descaro de decirle esto sin mirarla. Lo que sea que estuviera leyendo debía de ser bueno. – Recuerda que estamos hablando del Decimo Vongola, quien debe estar más que acostumbrado a cosas de lujo, viajes, galas, fiestas enormes, cosas muy detalladas y formales. – Lo que siguió la hizo pausar: - Algo más familiar, pequeño y hecho a mano va a gustarle Asuna, no va a traerle malas memorias.

Eventos formales, bailes largos, mesas repletas de comida. Muchísima gente, mayormente allí por educación, por política y muy probablemente solo conocían al Decimo de cara, nada más. Y, lo quisiera o no, el Décimo tendría que estar allí, poner una cara bonita mientras lo hacía y tener cuidado con lo que decía, hacia y oía. Tenía una imagen que mantener. Más que un cumpleaños, era un evento social. Tsu-Tsu no se portaría grosero, estaría allí, porque tenía que hacerlo. No lo veía ignorando esto, en especial siendo la cabeza de Vongola. Los eventos sociales serian casi, sino una, obligación. Su cumpleaños pasaría a hacer eso, lo quisiera o no.

- Cuando regrese el de esta época, podrás llevarlo a donde quieras. - De la nada, podía entender porque Reborn había hecho esto así, a última hora. – A donde quieran, hare los arreglos así que no tendrán que preocuparse de nada. – En otras palabras: el Tsuna de esta época le encantaría y estaría más que feliz de pasar tiempo con ustedes.

- ¿Realmente crees que su futuro es tan malo? – La comida podía esperar. Los adornos podían esperar. Los juegos podían esperar.

- Tomando en cuenta que cree fervientemente que nadie lo está esperando en su época… - El bebé finalmente levanto la vista de ese libro negro. – Diría que sí, porque el mismo no se ayudó y los de su alrededor son unos ciegos. – Para no decir perfectos idiotas. – La realidad es otra, pero es mejor no discutir con él.

Traducción: no va a creerte, por más razón que tengas. Tiene buenas razones para no hacerlo.

- Hay muchas cosas que me dice, muchas que no. – Esto fue más bajo, más cuidadoso. Era un intento de consuelo, se dio cuenta con amargura. – No es difícil imaginarme el resto.

Tsu-Tsu no le había mencionado nada malo con todo lo que habían hablado entre ellos mientras jugaban y más. Si no supiera mejor, pensaría que todo estaba bien en el futuro de Tsu-Tsu. Aunque tomando en cuenta que el Tsu-Tsu de ese tiempo estaba en este… algo no debía de estar bien.

- ¡Llegamos!, ¡y trajimos…! – Hubo una extraña pausa junto con el sonido de que alguien se ahogó.

Dos chicos se asomaron, luciendo igualmente extrañados, y lo que dijo el primero dejo a todos igual de locos:

- ¿Desde cuándo Tsuna-sama ha estado durmiendo en el sofá?

Lo peor del caso era que, efectivamente, dicho chico estaba durmiendo a pierna suelta en el sofá como si no hubiera ningún mal en el mundo. Solo por la pinta, llevaba tiempo allí.

La fiesta sorpresa no iba a ser tan sorpresa como esperaban.

- ¿Qué es esto…? – No hubo resistencia alguna, pudo quitarle el papel de la mano.

Arqueo una ceja, alguien tosió en su palma para no reír y alguien más salto a su hombro para ver mejor.

- ¿Esto es una invitación a un museo de arte? – Una invitación escolar, aparentemente.

Sonrió sin poderlo evitar. Alguien le había hecho caso con lo que la gente lloraba más por el bolsillo que otra cosa. Aun así… ¿Tsu-Tsu invitado a un museo de arte?

- Son para los mejores de cada clase. – Leyó Reborn, arqueando una ceja. – Estoy bastante seguro de que Tsu dijo que no, ¿ese profesor es terco por casualidad? – La risa de dos chicos dijeron todo lo que hacía falta saber.

Lo que no tenía respuesta era a cuando había llegado uno de los cumpleañeros a casa y porque rayos decidió quedarse a dormir en el sofá en donde muy posiblemente fuera molestado por accidente más tarde. No era un lugar muy seguro para estar el día de hoy. ¿Qué paso con el que lo entretendría?

Con Hibari…

- Fue rápido. – Una mirada de muerte basto para el que hablo volviera a callar.

En su silla, el prefecto demonio de Namimori estaba complacido. No tenía nada de papeleo, y había tenido una buena pelea. Si con todo ese tiempo no estaban satisfechos, lastima. El si lo estaba, aunque no tenía heridas que mostrar. Esas llamas curativas eran bastante útiles. Eso y la cafetera. Se había hecho una buena inversión con esa cafetera. Había conseguido más de una hora. Suficiente tiempo.

Nadie quería decirle al prefecto sobre los daños causados en las últimas horas. Debía de saberlo, pero era mejor no recordarle y arreglar todo lo más rápido posible. No iba a estar muy feliz cuando viera las facturas y el papeleo que eso traería, pero eso sería después. El tonto que hiciera enfadar a Hibari iba a terminar directo al hospital por tiempo indefinido. No iban a ser ellos.

En la casa de Tsuna…

- ¿Pasamos todo a la casa de Yamamoto entonces? – La figura roncando suavemente en el sofá podía y no podía saber lo que estaba pasando a estas alturas.

- A menos que vaya a aparecer mucha gente… - Ya como estaban podía ser considerado apretado. – Pues-

- Ya arreglé el sitio. – Anuncio cierto asesino a sueldo a quienes todo le tenían un poco de ira a estas alturas. – No es muy lejos, el transporte llegara en unos minutos.

Lo que Reborn no quería anunciar, para que la sorpresa durara por más tiempo, era que iban fuera de la ciudad. Tsu se había quejado sobre que no estaría mal soñar algo distinto a la mansión y paredes blancas, así que eso le daría. Un sitio al aire libre caería bien, y Tsu no tendría de que quejarse. Desgraciadamente no creía que Tsu fuera a salir a ningún lado por un buen tiempo en cuanto a volviera a su tiempo, así que le daría esta sorpresa.

Dino y su gente se iban a molestar en cuanto se enterarán. Simón ni se hable. Varia… no sabía. No importaba. Más bien ya había suficiente gente como era y dudaba mucho que Tsu estuviera pensando en invitar a tanta gente. No. Algo sencillo, eso no se lo esperaría. Los juegos, por otro lado, eso no cambiaría. De algo tenía que sacar su dosis diaria de diversión.

- Sabes, esto no pasaría si ahora no te acostaras tarde. – Por supuesto que no recibió respuesta. No esperaba una.

El mocoso se había puesto un tanto meloso, por decirlo de alguna forma. Había elegido el sofá para que lo vieran y supieran que ya había llegado. De seguro no había visto nada, pero no era tonto así fingiera serlo algunas veces. Diría que tenía insomnio si no fuera porque lo buscaba para pasar un rato a solas con él, para celos de cierto cachorro de león que había amenazado con morderlo un par de veces.

- ¿Papá?, ¿qué hora es? – León se rio para sí, saltando para hacer los honores el mismo. – Jajaja, eso da cosquillas… - Esa era la pura intención, Tsu.

Un camaleón fue descubierto y apartado en poco tiempo, cumpliendo el objetivo de terminar de despertar al bello durmiente. A pesar de haber cumplido su objetivo, León no volvió con él, disfrutando de mimos y caricias en la barriguita por parte de un chico que no veía ningún problema en seguir durmiendo o siquiera levantarse. ¿Tenía que hacerlo todo él solo?

- Por más lindo que sea que respetes el deseo de los chicos de no te enteres de nada – Una leve sonrisa avergonzada fue toda la confirmación necesaria. – no puedo llevarte al auto y no quieres que te lleven cargado, ¿cierto?

Ya casi todos habían partido a estas alturas. Solo quedaban ellos. Para cuando llegaran, todo debía de estar en su lugar.

- Puedes seguir durmiendo en el auto, aunque no te lo recomiendo. – Después de todo: - El paseo no va a repetirse, y no lo voy a grabar. – Había límites para todo. – No preguntes.

Tsu cerro la boca, casi haciendo un puchero, ante esto. No hubo quejas, solo el comentario de que quería darse un baño y si debía ponerse algo en especial. No fue una pregunta como tal, no era necesario y Reborn sabía que Tsu se iba a tardar más de lo debido a propósito. Aun así:

- Te quedaras sin café si tardas mucho. – Era mentira, pero Tsu no necesitaba saber eso.

Había comenzado a movilizar todo desde hace rato. No hacía falta que le diera más tiempo. Luego se haría tarde, y ya quería que empezaran con los juegos. Ver a la gente avergonzarse así misma nunca dejaría de ser divertido.

Una hora más tarde, no sabía si suspirar o reírse para sus adentros. Ya iban a llegar, y Tsu estaba roncando y lo tenía como un osito de peluche. Su intención nunca fue quedarse dormido, había caído sin querer hace poco. Había estado cabeceando más o menos desde la mitad del camino, cuando se perdió la ciudad y comenzaba a verse mayormente naturaleza.

Había pasado mucho más tiempo del que creyó despierto anoche entonces. Eso, o algo se perdió. Igual se le era divertido verlo luchar, aunque solo fuera para admirar algo que era nuevo y que no sabía que habían planeado o a donde lo llevaban. No hubo preguntas, no hubo charla, lo cual no ayudo y ahora se encontraba en esta situación.

- El chico ya no te tiene nada de miedo, ¿eh Reborn-san? – Confiaba en él, había una diferencia. Tsu le tenía miedo, quien no le tuviera, aunque sea una pizca de miedo no estaban bien de la cabeza.

- Hmmm. – No hacía falta corregir o explicar. – No pensé que terminaría en esta posición, si soy honesto. – Mas no lo molestaba. Mucho al menos.

Algún día, cuando volviera tener su cuerpo real, esto no sería molesto. Para entonces Tsu no tendría este tamaño. Lastima. No en todo se ganaba. De por si no sabía cuánto tiempo tomaría en el que el Tsu de este tiempo tuviera la suficiente confianza como para hacer lo que estaba haciendo su yo futuro justo ahora.

- Creo que nadie, sin ánimo de ofender. – Seria el hazme reír del año, o hasta que le metiera un balazo a alguien en la frente. Allí todos dejaban de reír. – Me sorprende que lo dejes hacer esto, pensé que aprovecharías la oportunidad para enseñarle los peligros que puede tener dentro de un sitio tan angosto y las posibilidades de un secuestro. – Y aquí estaban, uno durmiendo y usando al otro de osito de peluche.

- En otra ocasión. – Y porque sabía que, indirectamente, la otra persona estaba esperando ser incluida en una práctica otra vez. Curiosidad sobre el futuro jefe, ¿no es así? – Eres el mejor que hay para enseñarle que hacer en caso de fatalidades y casualidades. – Una pequeña promesa de que si, si va a tener varias oportunidades de conocerlo ahora. - Hoy es su cumpleaños, un día diferente no hace daño.

La última vez de broma se habían conocido. La habilidad de parar su propio corazón y hacerse el muerto, aparte de su sigilo, haría las cosas más realistas sin perjudicar a nadie. El Tsu más joven lo amaría y lo odiaría, pero tenía que aprender.

No iba a decirle a este sujeto que, si algo medio llegara a pasar, era muy posible que Tsu despertara y tomara acciones. Drásticas. El hecho de que estuviera dormido y relajado no significaba que estaba totalmente indefenso. Malas sorpresas obtenían quienes se confiaban de algo así.

- Puedes quedarte si quieres. – Aparte de eso: - ¿Me ayudas?, si no se despierta en el camino, estoy seguro de que alguien hará los honores. – Y se reiría del salto que pegaría. O de lo que le harían.

- S-Seguro. – Rechazar una invitación así era algo tonto. Al menos si el que hubiera ofrecido hubiera sido Tsu.

Este tipo tenia suerte de que Tsu lo recordara con buena luz, incluso si estaba unido a un montón de sustos y maldades que su yo futuro le había hecho con eso. Había cosas que-

-… te digo que debería ser yo!

- ¡Y yo te digo que debería ser Asuna!, ¡lo pondría feliz si la ve!

- No deberían de pelearse con esa cosa, podrían… uh…

Como ciervos con los faros de un carro en frente, a segundos de ser atropellados, la gente peleando y discutiendo quedo inmóvil con los ojos muy grandes. No sabía exactamente de que estaban peleando hasta que oyó algo contundente caer, el chillido no muy varonil del conductor, y finalmente el: ¡puff!

Para cuando el humo rosa llego y la bazuca rodo a su vista, se preguntó a quién debería de darle a Golosina como aperitivo. Más le valía… oh oh.

Se unió al silencio sepulcral. No había nada que decir. No hacía falta decir nada. Incluso si pudiera hablar, ¿qué diantres podía decir para explicar esto?

-… no creen que están exagerando un poco? – Y hablaba el que aún no se había dado cuenta de que esto era para él. - ¿Verdad papá?, no se necesita toda esta área cuando no hay tantos, ¿cierto?

Era tierno. Muy tierno. Tsu recordaba que era su cumpleaños e incluso había hecho un regalo, y lo había complacido con creces toda la mañana. Parecía un niño buscado la aprobación de papá, y eso era adorable. No es que nadie se lo fuera a decir, al menos no hoy.

- Más bien es algo pequeño, Tsuna-san. – La ilusionista lo tomo del hombro, lo jalo, y con la otra mano señalo todo el espacio con un movimiento. – No va a ver mucho espacio para baile, ¿y no se te olvidan los sirvientes Tsuna-san?, son un montón y hoy es un día especial.

Y aquí venia lo que sabía que iba a caer muy mal para todo el que lo escuchara y no por lo que se pensaría:

- Viper-san, sin ánimo de ofender, ¿pero qué diantres pintan los sirvientes aquí? – Lo peor es: ¿cómo le explicabas?, tenía solo 14 y tenía razón. Más bien era solo algo interno y no un evento completo. – Tendría mas sentido, y no mucho déjame aclararte, si fuera yo quien estuviera cumpliendo año. – Squalo se ahogó con su vino. Los demás suspiraron o rodaron los ojos ante el despiste de su jefe. – Y todavía así no los invitaría. Solo celebraría con amigos y familia, con nadie más, así que por favor alguien me-¡puff!

El sonido de leves ronquidos fue la única señal que tuvo para salvar a alguien de estrellarse contra el piso a duras penas. El pantalón nuevo ya estaba sucio y ni siquiera había llegado la noche, pero no importaba.

Fue saludado con la cara de alguien teniendo un lindo sueño. Era un cambio abrupto, inesperado. Fue aquí en donde se fijó que todo había quedado en silencio y muchos ojos estaban queriendo ver a Tsu. Al adorable joven Tsu, solo en apariencia. Arrodillado, aun pasando el leve susto de que alguien hubiera caído al suelo y se hubiera despertado de una mala forma, se dio cuenta de que estaba en un predicamento.

- No. – Trono tan pronto el primer idiota se acercó demasiado.

Si lo despertaban, no iban a encontrar algo lindo. El problema estaba en que no creía poder evitar que lo despertaran. No sabía que opción habían seleccionado, era muy posible que fuera un accidente y solo fueran 5 minutos, pero si no era así…

Estaba en el predicamento de que, tan pronto viera alguno de ellos, su hijo iba a creer que era un sueño e iba a hacer desastre tras desastre. Iba actuar igual que la "personalidad de 24 años" y allí se iría el secreto. Si esto no era un accidente de 5 minutos, sería un caos.

No podía llevarlo a otro lado, no podía encerrarlo en su habitación. Primero no lo dejarían, y segundo: el mismo Tsu saldría de allí, tirando todo por la ventana. Tsu no quería estar en la mansión, no quería ver a nadie… espera, ¿a nadie?

Luego de contar 5 minutos, dejando en claro que nadie podía despertar a Tsu, cayó en cuenta de que esto de verdad sería un problema. No ayudaba que su hijo ya estaba dando las señales de que estaba despertando. Era mucho pedir, incluso con el silencio…

Tentando su suerte, trayendo sus llamas a su palma y simplemente dejando que corrieran por donde desearan en el cuerpo que, muy pronto, estaría arriba haciendo desastres, ignorando que no era ningún sueño y revelaría que pasaba, porque no aparecía casi y porque cuando lo hacía juraba que estaba soñando.

- ¿Papá…? – Vino luego de un bostezo, y eso lo relajo tanto como lo alarmo. - ¿Ya llegamos? – Finalmente esos ojos chocolate dieron con él, para bien o para mal.

Hubo una pausa, Tsu incluso le ladeo la cabeza, aun sin mirar a otro lado. Nunca lo admitiría a nadie, pero ante un repentino abrazo que recibió, sabía que estaba perdonado. Eso era toda la seguridad que necesitaba para saber que al menos Tsu no iba a ir en su contra, que estaba feliz de verlo, incluso si había tropezones por aquí y por allá.

Luego recordó con rudeza que todo el secreto se iba al infierno:

- ¿No puedo soñar con una playa por una vez? – Era una queja muy infantil. Era imposible oírla de otra forma. – Allí al menos hay chicas en bikini… - Estaba bastante seguro de que el que escupió su bebida fue Xanxus.

Tsu nunca trato esto como un secreto, no era posible que lo hiciera si creía que estaba soñando y por tanto no había consecuencias. Aun así, el que no dijera nada y más bien lo ocultara de ellos y de los del pasado todo lo que pudo…

- ¿No quieres saludar a Xanxus?, ¿o a Squalo? – Ignoro a los guardianes de Tsu. Si Tsu los veía ahora, cosa que no iba a tardar, saldrían cosas feas.

- ¿Qué tal a mí? – Mejor aún. – Tengo chocolate y podemos hablar de chicas en bikini, y… - Santo Dios, ¿no podías haber elegido otro momento para hablar con Akane, Shamal? – No me estoy propasando con ella, te lo juro. – Era difícil de creer, apostaba, para alguien que no sabía.

El repentino cambio de actitud venia porque su hijo había quedado cuidadosamente neutral ante lo que veía. Un logro. O el aviso de un problema. Era difícil saber, porque Tsu no admitiría que Akane era su amiga y le gustaba. No lo haría a menos que lo presionaran.

- ¡Tsunayoshi! – Al menos no iba a estallar por esto. Lo único.

Se apartó justo a tiempo, y mato con la vista a la mayoría. Esperaba que no fuera la opción de una hora. En una hora la mansión entera entraría en llamas y no había un extinguidor lo suficientemente grande a mano.

- ¡Eres adorable! – No iba a reírse, no de frente. Tsu podría decirle algo no muy lindo. – Soy Akane, un placer. – Finalmente lo soltó, dejando a la vista a alguien muy, muy rojo. - ¿Por qué nunca me dijiste que eras más lindo a esta edad? - ¿Había dicho más lindo?

No era la primera vez que Tsu terminaba siendo asfixiado por accidente, la altura no ayudaba. Era la primera vez con Akane, estaba casi seguro. El rojo no se iba, y esos ojos eran muy amplios. Aun no había reaccionado. Por una vez no iba a auxiliarlo. No sabía ni que haría, y quería saber. Una acción rara de su parte, por las miradas que le estaban-

- No. - ¿Es que las miradas de muerte no hacían el trabajo completo?, esto sería un problema. – Déjalo a ver qué hace. – Y así no intentara sacarte un ojo con un tenedor, agrego en su mente.

Por los momentos solo se estaba dejando ser mimado y que le dijeran lindo y adorable. No en burla. Muy pocas veces se utilizaban esas palabras en un buen sentido.

- La linda eres tú. – Akane no había escogido ese traje para nada, lo supiera o no. El Tsu que quería ver lo tenía en frente, solo que no lo sabía. - ¿Ocasión especial? – Directamente a él: - ¿Papá?, me voy a escapar lo quieras o no. - ¿Ah?

- Eres un caso. – Al menos aviso, suponía. - ¿Seguro que no quieres saludar a nadie al menos? – Porque no lo dejarían en paz, por desgracia. – No es por ti Akane, es por la atención que le están dando. – Cosa que nunca le gusto.

Los sirvientes que habían ahora no habían visto al Decimo tan joven, la gran mayoría al menos. Los guardianes… eso era obvio. ¿Varia?, ellos también…

- Me robare unos chocolates. – Por supuesto. - ¡Shamal!

El Doctor se relajó al ver que no pasó nada, y más bien fue tomado por la guardia baja ante el chico que llego abrazándolo. Lo mismo fue con Varia, honestamente. La mitad de ellos no se lo espero. El Tsu de 14 años no llegaba así de alegre, menos dando abrazos, y el de 24 solo lo hacía cuando andaba muy feliz. Así terminara con un golpe o dos.

No hace falta decir que, por supuesto, a este punto ya era obvio que algo raro pasaba aquí. Si, este secreto no iba a durar nada…

- ¿Decimo?, ¿quiere? – Había dicho que quería chocolates, así que iban a lloverle chocolates.

Era su cumpleaños también, por supuesto que iban a querer complacerlo. Tsu no ayudaba:

- ¿Seguro? – Si no estaba en el mismo barco de no recordar que hoy era su cumpleaños era de broma. Era muy capaz. – Gracias~ - Con una sonrisa derrite corazones, por su puesto.

Todo por pastel de chocolate. Al menos andaba de buen humor por una vez. Bueno…

- Anda pues. – Que de otra. – No lo molestes. – Misión imposible con esta gente y no estaba hablando de los niños.

Aun podía soñar que nada ardería al final de este dia. Si no les daba permiso, igual lo harían y seria-¿Que rayos estaba viendo?

- Te dije que tenía buen ojo. – Le recordó alguien que aprovecho la oportunidad para acercarse. De seguro buscando una mejor vista y refugio para lo que venía. – Lo dejara en paz en un momento, no es más que un niño para ella ahora. – Luego no habría mucha salvación, ¿no es así?

Eso no cambiaba que Tsu pasaría un buen tiempo pensando en ese beso en la mejilla o en lo que sea que se le dijo al oído. El sonrojo que volvió a aparecer decía mucho, aunque pasaría por vergüenza por muchas cabezas. Para ellos no, quienes sabían la verdad.

Los niños finalmente escaparon de sus padres, y quizás solo los que conocían a Tsu de joven fueron los sorprendidos por la facilidad en la que los niños lo envolvieron. Era la excusa perfecta para escapar de allí, y era algo que iba a disfrutar así que no hubo resistencia alguna. Fue arrastrado, no había otra forma de decirlo.

Al menos ya no estaba frente a todos. Era lo único bueno. Lo único. Quizás no pasaría nada grave… quizás.

- Sera mejor que los sigamos, de seguro fueron al cuarto de juegos. – Por más que quisiera no podía dejarlo solo y menos en esta situación.

Los niños no harían nada, pero no sus padres. Tsu ni siquiera los había saludado, y eso no era normal a los ojos de muchos. Era perfectamente normal que lo hiciera el Tsu de esta época, no el de hace 10 años, quien no sabía nada. Debería de haber pedido por ellos de primero, preguntado al menos, pero no lo hizo y sabía muy bien que no lo haría.

Este era el Tsu de esta época en el cuerpo de su yo joven. Este era el Tsu que paso años solo en estas paredes y estaba resentido de muchas formas. Quería y no quería verlos, le dolía y con todo y todo…

- Les va a contestar mal, mínimo. – Le recordó Shamal con un suspiro cansado. – Al menos estuvo feliz de verme, aunque por un momento pensé que me atacaría…

- No te hubiera hecho nada. – Por desgracia. – No me lo hizo a mí, y yo le corte toda relación con ella.

- Eso, mi amigo, no estuvo bien de tu parte. ¿Cómo esperas que aprenda si no lo dejas volar?