Nada de Katekyo Himan Reborn me pertenece, solo la historia y uno que otro agregado que aparecerán más adelante en la historia.


Family of the Past

Capítulo 86

- ¿Y te vas a dejar matar otra vez Dai-chan? – Esto fue lo que escucho Hibari al llegar. Justo a tiempo para ver a su hijo fruncir el ceño y la pantalla decir "You are dead". - ¿Quién es un amor?, ¿quién es?, ¿quién es?

- ¡Yo! – Salió a coro. ¿Por qué no le sorprendía esto a Hibari?

Sin decir nada, entro a la habitación y se sentó justo detrás. No había otro lugar, Tsunayoshi estaba con las manos llenas con Rukia e Inari. No era que los gemelos y su hijo no lo tuvieran ocupado, pero se turnaban. Por un rato se limitó solo a observar, recordando todas las veces en donde había encontrado a Tsunayoshi hablándole o cambiándole el pañal a su bebé. Era muy similar.

Los dejo ser por un rato antes de acercarse y posar su mano en el hombro de quien sería su jefe algún día. Ojos chocolate algo oscuros dieron con los suyos, y por ello:

- Vamos afuera. – Usualmente no diría nada, no hacía falta, pero no podía esperar tal cosa de su jefe de hace 10 años.

- Pero pa-

- No son los únicos que quieren pasar un rato con él, pero en cualquier momento se ira. – Les recordó a todos los chiquillos algo que deberían de recordar, pero era fácil de olvidar porque rara vez habían pasado por esto. – Estoy seguro de que Tsunayoshi vendrá a jugar más tarde, nuestro Tsunayoshi. – Pasaba cada vez que podían. No sabía que Tsunayoshi, cualquiera de sus personalidades, podía ser tan diferente con niños involucrados. - ¿Vamos?

Fue más sencillo de lo que espero, no más fácil. La caminata fue en silencio, extrañamente. No se quejaría, no era el mejor para una conversación, pero no era normal que Tsunayoshi fuera tan silencioso. Ni siquiera había nervios, o la pregunta de si había hecho algo mal o si acaso estaba molesto. Nada.

- ¡Tsuna-nii! – Fue el primero en verlo y el primero en "atacar".

Ninguno hizo nada. A lo mucho solo se miraron. Lambo no la había tenido fácil con la personalidad adulta de su hermano mayor. Casi nadie, honestamente. La personalidad más joven no era muy diferente, por desgracia.

- Tsuna-nii, que gusto verte. – No se hable de Fuuta, quien prácticamente recibía lo mismo de ambas personalidades.

Ninguno quería saber nada, uno porque no le importaba, para él lo que paso ya había pasado y no valía la pena darle importancia, y el otro porque de seguro le daba rabia que vinieran a justificarse ahora. No es que pudieran, nada podía justificar lo que ocurrió. Aun así, ¿no era normal de un muchacho quererle contar como le había ido en la universidad y por qué no había regresado a casa?, había adelantado todo lo posible sus estudios.

Ambas personalidades, en especial la adulta, tenían la mala cualidad de recordar cosas o acusar algo como un simple comentario, sarcástico o no. Uno lo hacía con toda intención, o eso creía, y el otro ni siquiera lo planeaba, accidentes supuestamente. Fuera como fuera, era difícil estar con su Tsunayoshi incluso sin eso.

- Ha pasado mucho tiempo, Tsuna-nii. – I-pin era a quien le había ido mejor. Y solo porque pasaba más tiempo en silencio que hablando, disfrutando la compañía de ese modo.

Estar con Tsunayoshi era como tener a un gato arisco en manos. La mitad del tiempo no pasa nada. La otra mitad saldrías con una mordida o un rasguño sin razón aparente. Era como si-

- ¿No deberían estar en la escuela? – Tsunayoshi podría haber solo anunciado que era un día caluroso. - ¿Y tú en la universidad? – De lo más natural, casual.

Fue un golpe en la quijada para los tres jóvenes. Un golpe en el estómago para los demás. Una completa sorpresa en general, porque ni siquiera busco corresponder los abrazos o las buenas caras. Tampoco era algo que diría Tsunayoshi hace una década, era muy amable para eso. Hace unos años aún era muy amable para tal cosa. Todo había cambiado cuando volvieron, y todo por culpa de un asesino que estaba más que molesto e irritado. Ni el mismo asesino se salvaba de ser rasguñado por aquel que lo consideraba un padre.

- V-Vacaciones, estamos de vacaciones. – No pasaba nada, era solo curiosidad, eso debía de ser. ¿Qué otra explicación podría haber?

- No, no lo están. – No tanto lo dicho, sino como.

Casual, como si hablara del clima. Firme, como si no tuviera ninguna duda. Casi inmediatamente, diciendo que sabía que era una mentira. Luego, como si solo eso no fue suficiente para darle histeria a algunos, Tsunayoshi giro la cabeza para mirarlo. Lo que había allí era inconfundible: "¿haces perder mi tiempo para esto?"

No era algo que era una primera vez para él, para ellos, de ver o presenciar . Tsunayoshi solo hacia eso con personas que no eran de la familia, eran nuevos, o le iban a informar algo que ya sabía. No era que lo decía en voz alta, pero la sola expresión hablaba por si sola. Era inconfundible. Muchos habían aprendido a odiar esa expresión.

- No se les busco buenas escuelas para que no asistan, ni buenas universidades. – Era, por más que quisiera negarlo, inconfundible. – Si no hay nada más… - Con eso dio por finalizado el asunto. Lo que había hecho un asunto.

No era algo que el Tsunayoshi del pasado hiciera o siquiera pensara en hacer. No tenía necesidad. ¿El Décimo Vongola?, en casi toda reunión.

- Tsu, te estaba buscando. – Atajo alguien, llegando justo a tiempo para que… el Décimo no se fuera como planeaba.

Reborn arqueo una ceja ante las caras pálidas y ojos saltones. Claro que esto fue después de saborear la gran sonrisa que obtuvo de su hijo solo por llamarlo. ¿Quién podía culparlo?, ya no lo estaba insultando a diestra y siniestra. Ni se apartaba, estaba contento de verlo y eso era visible, no se necesitaban palabras. Sería una fuente de celos por largo rato, ¿quién podía culparlo por disfrutar de esto?

- ¿Te gustaría algo de té Tsunayoshi? – No se iba ni a molestar con que Shamal no tuviera problema alguno con Tsu o que Tsu estuviera feliz de verlo.

Tsu podría decirle narcisista justo ahora y no se molestaría. Hasta ahora rara vez Tsu estuvo feliz de verlo. Así que esto era algo que apreciaba mucho, incluso si no lucia como tanto. Un simple gesto podía decir muchas cosas después de todo.

- Es té verde, ¿qué esperabas? – Tenia suerte este chico, creía tener… ¡sí! – Estas de suerte, mira. - ¿Por qué era que tenía unos paquetitos de azúcar en el bolsillo?

Ah sí, para Rukia. Su hija a veces le daba por robarle café y luego se quejaba porque era muy amargo. Tsu no era muy diferente, honestamente. Bianchi iba a estar encantada en cuanto viera a Tsu, estaba seguro. Si tan solo no estuviera en la cocina asegurándose de que todo saliera como habían planeado…

Tsu no iba a comer cualquier cosa. Ya había agarrado miedo antes y era difícil hacerle probar cosas nuevas por eso mismo. Si veía muchas cosas raras, no iba a tocar nada. Así que había que hacer controles, lo quisieran o no. Si uno de los cumpleañeros no comía lo que se preparó, no solo se iba a ver mal.

- Así que, ¿qué has estado haciendo? – Aparte de traumatizar gente, por lo visto. – Me sorprende que Rukia te haya soltado. – Técnicamente hablando, Tsu era su hermano ahora. Dudaba que su hija tuviera algún problema con eso, o Bianchi, pero no sabía si Tsu lo tendría.

Mejor no tocaba el tema, por ahora al menos.

- Meh, no estaba muy feliz de que me fuera… - El chico se encogió de hombros y dirigió su vista a Hibari. Lo fueron a buscar, ¿uh? – Ninguno de ellos, ni yo, pero Hibari-san aparentemente tenía algo importante que mostrarme. – Con el "aparentemente" sonaron alarmas en su cabeza. – El asunto ya ha sido atendido, si es que se puede considerar uno. – Oh rayos. Auch. – Ni siquiera me voy a molestar en darles la charla y todo eso, no es mi problema, me vale un colmillo, y-

Le tapó la boca, obteniendo una mirada irritada que preguntaba porque había hecho eso, porque sabía lo que venía. De cualquier forma, no creía poder salvar la situación. Auch y mas auch. Ser catalogado como un asunto de poca o ninguna importancia no era lindo. ¿Por tu propio jefe?, ¿por un familiar?, ¿y así de frente?

Tenía el mal presentimiento de que Tsu había sido… suave solo porque andaba de buen ánimo. Había esperado verlo en medio de una escapada, o que se hubiera perdido ya. Eso o estar con los niños. No que hubiera decido actuar como si… ¿Cómo lo habían ido a buscar?, eso influía mucho, lo supieran o no.

- ¿De qué asunto estamos hablando? – Tsu le rodo los ojos en esto.

Soltándolo para que hablara, solo podía decir: auch. Más bien no parecía haber insultado a nadie, aunque quizás eso hubiera sido más pasable si las caras de las victimas decían algo. Esta era la primera vez que su jefe les hacía esto, ¿no es así?

- ¿Honestamente? – Tsu se encogió de hombros, sin darle mucha importancia. – Nada de esto importa. – Auch.

- ¿Siquiera los saludaste? – La gente ni siquiera había movido un musculo. Esto no tenía salvación.

- ¿Debería?

Auch. Doble y triple auch. Eran preferible los insultos.

- No estoy de ánimo para seguir una farsa, al menos sé que tu estarás feliz de verme… - Oh. Oh. – Quisiera que pasara el tiempo rápido, quiero saber que sorpresa me espera, ¡decidiste llevarme fuera de la ciudad! - ¿Ah? – Lastima que me quede dormido en el camino, por más que lo intente los carros dan sueño… - Eso explicaba algunas cosas… hubiera sido bueno saberlo hace años.

Con que había decido llevarlo fuera de la ciudad, ¿eh?

- El que estés emocionado por algo no impide que disfrutes de lo que tienes aquí. – Gracias Shamal. Aunque dudaba que Tsu fuera a hacerle caso. - ¿Estas seguro de que no quieres al menos fantasear un poco con que estarían felices de ver-

- ¿Y despertar con las manos vacías? – Rápido, filoso, y dolido. – Ilusionarte con algo y luego recordar que es solo una fantasía hace que duela el doble. - Muy bien, no iban a conseguir nada, Tsu no quería "soñar" con ellos hoy, ¿huh? – Fueron perfectamente claros, nadie me dijo siquiera adiós. – Triple auch. Eso fue muy resentido.

Qué problema. Suspiro profundamente y oculto su sorpresa de que Tsu no lo atacara ni protestara ante su tacto. No, definitivamente no iban a lograr nada, pero…

- ¿Te haría sentir mejor si contaras como te sentiste? – No era psicólogo, y temía una muy mala reacción. Aun así, no había nada mejor que hablar. – Podrías insultar y decirles lo que quieras… - El secreto era insalvable. – Hay algo que debo decirte Tsu, y puede que no te guste…

- Eh, Reborn, no creo que sea-

- Tiene que saber. – O luego se alteraría y probablemente se enojaría con todos ellos otra vez. Se iba a dar cuenta cuando el efecto de la bazuca se acabará, y no le quedaba mucho como era. Una bendita hora. ¿A quién habrían querido cambiar?, a Tsu no, obviamente.

Sonaría increíblemente egoísta y no tenía miedo de decirlo a los cuatro vientos: a penas había recobrado la buena voluntad de su hijo, no quería perderla y menos por algo que podía controlar. Era un hombre egoísta, en eso todos estaban claros, y por ello:

- No estas soñando Tsu. – Dudaba mucho que le creyera, y menos con su reflejo en espejo de mano, pero: - ¿Hay otra cosa aparte de pellizcarte para que sepas que no estas soñando? – Porque dudaba mucho que un simple pellizco cambiara su mentalidad de que esto era un sueño. – Te dispararon con la bazuca Tsu, esto no es un sueño. – Por más que lo quisiera, esto era la realidad.

No, no le creía. La sola mirada hablaba sola. Chico terco, ¡por supuesto que tenía que serlo!

- Papá, si esto fuera real… - ¿Cómo luchar ante esta lógica? – Nadie estaría aquí, excepto uno que otro sirviente que saldría corriendo al verme, y yo. Nadie más, ha sido así durante años. – Señalo al grupo de gente que aún no había procesado del todo la situación con la cabeza, aun sin soltar el espejo. – No van a volver, menos todos juntos, mucho menos van a acercarse a mí.

Había vuelto porque los había cazado y arrastrado, había llamado y armado planes con la ayuda de su esposa. En esto, tristemente, Tsu tenía razón. Por cuenta propia… lo más seguro es que nadie hubiera vuelto. Prefiriendo esconderse como cobardes ante algo que no entendían o no tenían el valor de aclarar. Una perfecta idiotez.

- Me conoces. – Tres años ausente o no: - Tsu, me conoces. – Repitió pacientemente. – Quería verte, me prohibiste la entrada, ¿qué crees que tuve que hacer para estar aquí? – Realmente esperaba que no le fuera a salir con una estupidez el también. El coscorrón que le metería seria grande .

Tuercas comenzaron a girar, y no demoro nada en que comprensión apareciera en esos ojos. Y pánico, por supuesto que pánico. No era mucho, pero había un inicio.

- Con uno solo tenías, y ni siquiera tendría que entrar. – Arqueo una ceja y se tragó el comentario de: "¿realmente crees que lo dejaría tan fácil?"

Shamal, desafortunadamente, no tenía tal decencia: comenzó a reírse, rectificando tarde con tratar de camuflarlo con un puño y una tos falsa. Eso no engañaba a nadie, lastimosamente.

- Nos casó y arrastro a cada uno, Tsuna. – El guardián de la lluvia no levanto la vista, manos temblando ante lo que sabía que no terminaría bien. – No hubo piedad. – Por supuesto que no.

Eran los guardianes del Decimo, no podían hacer lo que hicieron. Era traición. Sus cabezas deberían de rodar por el suelo, y en eso todos estaban claros. Y aun no le decían que había ocurrido exactamente. Era para arrancarse los pelos.

- Reborn nunca es de hacer cosas a la mitad. – Shamal tosió en su palma, tratando de no reírse. El horror de su hijo era divertido de ver. No era ocasión de reírse, lastimosamente. – Especialmente cuando se trata de uno de sus niños, ¿cierto? – No tenía por qué decirlo así. No tenía porque-

- Huyeron de mí, no podían ni mirarme a la cara. – Ay Tsu, esto no era nada fácil. – Todos y cada uno de ellos. – Por supuesto que-

Bajo la mirada con algo de miedo, cosa que no admitiría, al sentir algo duro y frio. Fue saludado por picos, muchísimos picos helados, extendiéndose rápidamente por el suelo. Esto sería un problema.

- Tsu, sé que estás enojado, sé que nada de esto es fácil, pero no tienes porque-

- ¿Enojado?, ¿crees que estoy enojado? – En pánico, en negación, cualquier otra cosa en las líneas de aterrorizado. – Todo caerá una vez que te vayas, no quiero ni saber cómo lo hiciste. – Eso era como una cachetada en la mejilla. – No, no puede ser-

- Listo. – Tsu lo iba a matar, pero solo fue un mechón de pelo. - Te prometí que no iría a ningún lado sin ti, ¿lo recuerdas? – Pregunto cuidadosamente, sin saber si podía tocarlo sin hacer las cosas peor. Había hecho mucho solo arrancándole ese mechón de pelo. - ¿Que tengo que hacer para probarte que esto es real?

Pues nada, por lo visto. Le iba a dar algo como era, no-

- Deja de imitar a Jack Frost. – Medio bromeo, tratando de tomar la parte divertida (prácticamente nada) de todo el asunto.

Incluso si alguien quisiera escapar, dudaba mucho que pudieran hacerlo sin salir corriendo. Al menos no dolía, igual era una molestia y era preocupante. No podía creer que Tsu volviera a hacerle… Oh. Meterles un tiro en la frente a todo culpable de esto sería genial. Lástima que no podía.

- No seas tonto, eres el jefe, ¿no es así? – Le metió un coscorrón, y no lo soltó. Tenía que relajarlo, iba a hacer todo paleta de hielo y/o se iba a desmayar. Estaba hiperventilando. Eso no era bueno. - ¿Quieres salir de aquí?, mira, Shamal tiene chocolate, ¿te gustaría alguno?

Nunca pensó en que Tsu sería un peligro, que haría un desastre de este tipo. ¿Sabía que era capaz?, por supuesto. Claro que no esperaba nada bonito en cuanto cayera en cuenta de la verdad, y aun ahora debía de estar en negación, solo estaba entrando en pánico.

- ¿Mejor? – Shamal le arqueo una ceja y le señalo el campo de hielo con muchas púas. Si, lo sabía, no hacía falta que se lo recordara. – Eres el jefe, puedes hacer lo que quieras. – Si no quería estar allí, pues no tenía por qué estarlo, si no quería-

- ¿Por qué los obligaste? – Primo iba a matarlo, de seguro. Su yo pasado tampoco iba a estar feliz, incluso si le ahorro un dolor de cabeza. – No quieren verme, es una farsa, ¿por qué me haces esto papá?

Para bien o para mal, no tuvo tiempo de responder, y no por primera se preguntó si acaso había algo más que no le estaban diciendo. Aparte del incidente. Para que alguien estuviera tan convencido de que nadie quería verlo, debía de haber una buena razón o varias.

Que tu hijo te agarra de la camisa y prácticamente te suplicara con tal desesperación…

- ¿Que me están ocultando? – No había otra explicación.

Lo que acababa de pasar no era secreto. Eso lo habían visto todos y el sitio hecho el polo norte de tal forma que tenías que mirar por donde pasar o tendrías una fea sorpresa… Y lo extendió, por Dios. Casi toda la habitación, incluyendo el techo, era hielo.

- Creo que te lo dijo. – Un chiflido de admiración sonó. – Se fueron sin decirle nada, aunque creo que oyó cosas que no eran para que oyera. – De paso…

Tenía un gran dolor de cabeza y-

- ¿Papá? – El humo aún no se había dispersado. - ¿Que paso?, ¿y quién rayos me noqueo?, no voy a agarrar nada de nadie si van a comenzar con la estupidez de drogar lo que me llevo a la boca. - ¿Ah?, ¿noquearlo? – Es una falta de consideración y… ¿cómo terminamos en el polo norte?

Su dolor de cabeza acababa de duplicarse y no habían pasado ni 5 minutos.

- Tsuna-san, ¿qué tal el pasado? – No sabía si apreciar el intento de cambiar el tema a uno más bonito. Si estaba… "noqueado" como acababa de decir.

Tsu no necesito decir nada para darse a entender. ¿Por qué noquearían a Tsu, a sabiendas de que era el de esa época, llegando?

- ¿Podrían llevarlo a otro lugar? – No quería dejar a Tsu solo y mucho menos así, pero… - Tengo un par de cosas que resolver. – No iba a poder ignorarlo hasta mañana.

Tenía que saber que responderle a Tsu, y para ello tenía que entender el porqué de la pregunta. Tsu, sin lugar a dudas, querría una respuesta, lo dijera o no. No había arreglado la relación con su hijo mayor para que volviera a estropearse en menos de lo que canta un gallo.

- ¿Por qué Lambo está llorando? – Lo que faltaba. - ¿Alguien lo dejo sin dulces otra vez? – Tal pregunta solo hizo las cosas peor.

No era el mejor día para que pasaran estas cosas… Bueno, podría haber sido peor, y con creces.

- Reborn, no es por importunar, pero Dino y su gente está afuera. - ¿Que? – Están amenazando con tumbar la puerta.

¡UGH!

- ¿Se siente mejor Tsuna-sama? – Esto vino mucho, mucho rato después de que Tsuna apareciera de nuevo.

Gran parte del sitio se había convertido en el círculo ártico en un dos por tres. Tomo un zapato volador con puntería perfecta para que Tsuna se distrajera y luego se calmara al ver que estaba de vuelta. Incluso si había gente hecha paleta de hielo y otras se cortaron con las estacas de hielo. Fue como una bomba, una de hielo, sin previo aviso.

- Supongo… - La última persona hecha paleta fue devuelta a la normalidad. – Lo siento mucho, no fue mi intención…

Claro que no, en eso la mayoría estaba claro. Los bordes rojos de los ojos, las manos con temblores que no se terminaban de quitar, la cara pálida como si hubiera visto algo malo, y finalmente la incapacidad de controlar del todo su propia respiración apuntaban a que algo paso en el futuro. Y no algo lindo.

Cuidado y no le habían dicho algo estúpido, o había visto algo aun peor. No querían preguntarle nada aún. No querían ponerlo peor y era su día. Por Dios, era su día y pasaba esto…

Reborn, por su parte, andaba de medio de mal genio. La mitad de él quería preguntar, simplemente preguntar, que hubieran hecho si le hubieran logrado darle a alguien más y esa persona hubiera hecho todo peor, estuviera en las ultimas, herido de gravedad, enfermo, o tal vez muerto. Era por este tipo de cosas que el futuro se había ido al caño para Tsu cuando se fue de viaje, ¿no es así?

Reborn les quitaba el ojo por unos minutos y ardía Troya. Eran como niñitos. Claro que el asesino entendía perfectamente que solo querían darle una buena sorpresa a Tsu, pero tenían que pensar en los posibles resultados. La penúltima vez que la bazuca fue usada las cosas no terminaron bien. Terminaron con Tsu hecho un lio, llorando sin querer hablar con ellos. ¿Eso no decía nada?

La otra mitad de Reborn podía ser definida con la imagen de una persona en un rincón, moviéndose hacia delante y hacia atrás, posiblemente jalándose el pelo o comiéndose las uñas. ¿En resumen?, fácil: preocupación y nervios. No es que lo demostrara o lo diría, claro está.

Había pocas razones por las cuales se fuera la "victima" y no llegara un "remplazo" al usar la bazuca. El temor de que Tsu quedara atrapado en el futuro, que hubiera algún conflicto porque su cuerpo y mente fueran de épocas distintas, interferencia externa, o quizás obra de Primo o los del futuro para hacer algo estúpido (esperaba que su yo futuro no cayera en ese grupo, impaciencia o no), se esfumaron al ver que el tiempo establecido se cumplió.

Luego llego Tsu haciendo un glaciar de estacas de hielo. Para cuando León se convirtió en zapato para lanzar, el humo no se había dispersado del todo y ya había un radio de 7 metros de hielo. Ni siquiera se podía bromear con que hizo una pista de hielo porque eran puros picos. Dagas, lanzas, en general armas corto-punzantes que podían empalar a alguien. Y lo hicieron. Al menos fueron leves cortes, unos un poco más graves. En fin, nada malo paso…

- Hey Tsu, ¿te molestaría hacer unas pruebas para mí? – Reborn quería salir de dudas, y sería una buena distracción.

Por un momento no hubo más que silencio, y luego se oyó un leve "okey". Pronto Tsu termino de arreglar el asunto del hielo y se dirigió con el mejor asesino a sueldo del mundo. Reborn se adelantó antes de que alguien pudiera entrometerse:

- Presentas cualidades de las llamas del sol, y de la niebla. – Tsu no era el único que necesitaba una distracción. Este suceso había afectado a todos, la vida de la fiesta se había apagado. - ¿Te molestaría probar si presentas otras?, cosas sencillas. – Luego pasarían a los juegos, a la comida, a los regalos…

Era un cumpleaños, era un día para divertirse, podrían dejar lo demás para otro día.

- Bien. – Ya que estaba de acuerdo, y también distraería a los otros: - Gokudera, ¿haría los honores?, una leve explicación debería bastar. – Tenían cosas que podían mandar al otro mundo.

Irónicamente, Tsu no logro aplicar nada de las llamas de la tormenta. No hasta que, sin querer, minutos más tarde, una silla paso a mejor vida, haciendo caer al pobre desaforado que se sentó en ella (el boxeador). Tsu estaba ocupado en otra cosa, y no era menos divertida.

- ¿Pones a los niños a dormir así? – La explicación era casi adorable. El asentimiento no lo hacía menos tierno.

Sol. Niebla. Tormenta. Ahora Lluvia. Pequeñas cosas, y no muy bien. Tenía el mal presentimiento de que manejaba bien las dos primeras era por uso constante. ¿Por qué mal presentimiento?, simple: ¿por qué necesitaría practicar curación de forma constante?, ¿en especial estando sin sus guardianes?, lo mismo ocurría con las ilusiones.

- Eso puede ser peligroso… - Aun así, hubo un silbido.

Verde estaría más que encantado de estudiar a Tsu, sus llamas específicamente. Mientras que algunos se maravillaban, Reborn no sabía cómo tomar esto. Era una distracción al menos. Petrificación no era exactamente muy productivo cuando solo eran algunas partecitas, eso era seguro. Igual…

- *. – En esto, todos estaban de acuerdo con Gokudera.

Esto explicaba la venida del polo norte hace rato. Esto explicaba el dragón que hacía de llamas. Era impresionante. Lo único era:

- Son solo trozos de hielo. – Tsu no lo entendía, para él era perfectamente normal.

Nadie concordaba con él. De hecho:

- Hibari ni te tuvo que explicar nada. – El prefecto estaba en el techo, solo mirando. Por cómo estaba agarrando sus tonfas, quería una pelea. – Y de una daga sacaste… ¿Cuántas tienes allí? – Buena pregunta.

- 20. – La respuesta fue inmediata, las dagas derritiéndose hasta desaparecer. – No se hacen instantáneas, y es bueno tener más de una. – Lo que siguió no sorprendió a Reborn: - Son fáciles de lanzar, de producir, y caen muertos inmediatamente. Cuando no tienes armas, caen muy bien. – Podía verlo, por desgracia.

- ¿Sabes hacer algo más por casualidad? – Reborn estaba casi seguro de que la respuesta era un no.

- ¿Hacer todo una heladera cuenta? – Muchos dirían que no.

Verde definitivamente estaría más que encantado, y si no temiera destrozar lo poco que había logrado en distraer a todos, preguntaría si en el futuro alguien sabia de lo que podía hacer. No, seguramente. En especial si quien lo hacía no lo veía como algo raro. De cualquier caso, la admiración, las preguntas y el hacer que Tsu tratara de hacer otras cosas con sus llamas era una buena distracción.

Todo lo que sabía hacer venia de necesitar una solución. De resto, incluso si siempre hubiera tenido las cualidades de las 7 llamas, no pasaría nada porque no se sabría. Sol, necesitaba curarse en algún aprieto o no tenía a quien llegar. Niebla, meterse en algún lado o escapar sin ser detectado. Y Nube, incluso si no salía tan frecuente era la causante de la llegada del polo norte hace rato. Y de su ida también. Las otras llamas no las usaba. No usaba nada de forma consciente como tal.

Era más preocupante para él saber que era casi seguro que lo que sabía hacer fue porque no tenía muchas o ninguna opción, no porque quisiera específicamente. Era interesante, al menos-

- ¿Qué crees que haces? – Si bien pregunto esto como si estuviera molesto, le aliviaba que estuviera más calmado. – Al cumpleañero lo pones abajo. – Incluso si lo había agarrado sin permiso. ¿Debía de ponerle hacer otra cosa tal vez?, todo el gentío lo estaba esperando, incluso si la mayoría aun andaba mal con lo ocurrido.

- ¿No vamos a jugar los juegos Vongola o que se yo? – Fue la pregunta divertida. Bien. – Aun tenemos luz, de noche no lo recomiendo, en especial con Mukuro, la última vez si no mal recuerdo hizo que todo el alcohol supiera a jugo de uva y eso no termino bien… - Una risa nerviosa que decía que muy probablemente todo se fue al infierno y, a pesar de todo, fue divertido.

- Okey. – Que iniciara el desastre y la vergüenza ajena. - ¡Elijan a sus parejas!, el que me impresione más obtendrá un premio que no querrán perderse. – Deberían de acordarse del año pasado, pero uno nunca sabe. – Buena suerte, iniciamos en 10. – Eso le recordaba: - ¿Ya tienes a alguien en mente?

- Quien quede solo, supongo. – Excelente, le valía un colmillo esto. ¿Cómo iba a divertirse a expensas de otros si había gente que ni siquiera se iba a esforzar en avergonzarse así misma?

Quince minutos más tarde, luego de que Hibird cantara el himno de la escuela, Yamamoto y su padre hicieran suchi express, Bianchi hiciera un pastel con vida propia que desintegraba todo lo que tocara…

-… y Reborn-san está en el quinto puesto de recibir un demonio en una caja como regalo de cumpleaños. – Finalmente Fuuta termino con su sesión.

Un minuto de silencio en donde Fuuta se retiró pacíficamente y I-pin y Lambo subieron.

- ¿En serio me conseguiste un demonio en una caja? – Reborn pregunto en voz baja al chico que andaba comiendo bolitas de pulpo mientras esperaba su turno.

- Lo pedí por correo. – El chico se encogió de hombros.

- Muy bien… - Ya vería a quien se lo regalaba para que le hiciera la vida miserable. - ¿Entonces quién es el primero? – Era una pregunta retórica, pero obtuvo una respuesta:

- Sawada Iemitsu. – Fuuta tenía una sonrisa y todo.

Tsuna no se vio perturbado por las miradas que estaba obteniendo, y en su lugar solo hizo las cosas peor:

- Los Warren tuvieron una subasta, había que aprovechar los descuentos. – Perfectamente tranquilo, como si nada.

Obviamente era una broma, una cruel broma, pero con tal calma…

- Por Dios, solo metí un demonio de Tasmania en una caja y ya. Reborn tiene otra clase de demonio, pero estoy seguro que a León le encantara. – Si, fue una cruel broma.

- ¿De dónde sacaste un demonio de Tasmania? – Mala pregunta chicos, mala pregunta.

- Pase por el zoológico. – Listo, allí dio por finalizada la discusión. - ¿Seguimos?, quiero saber que más van a hacer.

La bazuca, gracias a Dios no apareció. Afortunadamente lo único que ocurrió era que I-pin le hizo hacer cosas raras a Lambo. Divertido, pero no tanto. Las chicas… fue lindo, especialmente con el disfraz de bruja. Lo próximo en verdad divertido fue Mukuro y Chrome (no les quedó más remedio) y lo que hicieron fue hacer un repentino flash del apocalipsis zombi. Lo divertido fue ver a la gente gritar, y entrar en pánico solo para que la ilusión se fuera.

El boxeador se unió con su hermana y, obviamente, salió algo con boxeo. En si no hubo nada del otro mundo. No hasta que llegó el turno de Gokudera.

- Supongo que serás mi pareja. – Porque andaba solo. Y Tsuna no eligió a nadie. - ¿Tienes fuegos artificiales?

- ¡Tsuna-sama! – Alguien como que oyó que Tsuna iba a esperar a ver quién quedaba solo. – Solo para esta ocasión.

- Excelente. – Unos segundos para comunicarse en privado y estaban listos. – Muy bien, como este el evento de quien hace más el ridículo, les tenemos una sorpresa especial damas y caballeros. – Una pausa. – Tranquilos, no involucra a Golosina.

Reborn arqueo una ceja, preguntándose qué rayos iba a ser Tsu con esa entrada que dejaba mucho a la imaginación. Reborn fue uno de los que tardo más en identificar el gesto de mano de colocar dos dedos juntos de cada mano y hacer el signo "". Para cuando esto se registró, ya era demasiado tarde:

- ¡Oreki no Jutsu! - ¡Puff!

Fuegos artificiales volaron, humo se dispersó, así que en medio de todas las explosiones y colores había una chica con pelo largo, desnuda, atractiva y con la poca censura que ofrece el anime.

- Feliz cumpleaños, papá. – Había más que una cosa mal con esto. El beso en el aire estaba demás.

Sangre corrió, quijadas llegaron al piso, hubo un par de desmayados, y algunos se preguntaron quien le dio la idea de hacer esto. El único consuelo era que al menos tenía la pinta de una mujer extraña. Lo único.

- ¿Por qué no pensé en eso? – Se lamentó un ilusionista en la distancia.

- Son los juegos de la auto-vergüenza. - ¡puff! – Si no ganamos me veré obligado a usar el arma secreta. – Aquí, por supuesto que fue aquí, fue que Tsu noto el montón de sangre, las quijadas en el piso, las ganas de agarrarlo por el cuello y exigir que diantres estaba pensando.

Alforjudamente los niños no vieron nada, fue muy corto también.

- ¿Por qué? – De todas las cosas…

- Me pareció divertido. – La verdadera razón: - ¿Tienen idea de cuantas veces he tenido que hacerme pasar por una mujer?, considérenlo preparación, y por todo lo bueno por favor no se burlen, para cuando papá me inicie en eso. Encogiéndose de hombros agrego: - Nada supera a ir en calzones por toda la ciudad, así que me voy por lo más cercano y que en verdad se puede catalogar como "avergonzarse a uno mismo".

- Estoy bastante seguro de que no muchos concuerdan contigo… - Cuidado y no había matado a un par.

- ¿Se van a quejar porque les puse a una mujer cualquiera desnuda con censura?, no se vio nada por Dios. – Se cruzó de brazos, y luego le llego una idea: - Tengo algo mejor, más decente si eso es un problema…

- Adelante. - ¿Que más?

- Hayato, puedes… - El nombrado estaba rojo, mirando al piso, sin habla. Aun así, levanto la mano en señal de que estaba oyendo. – Lanza platos lo más lejos que puedas. – Y como si nada: - Estoy algo oxidado así que no esperen perfección… - Una daga de hielo se formaba en su mano al decir esto.

Le dio a todas. A todas. ¿Oxidado?, no.