Nada de Katekyo Himan Reborn me pertenece, solo la historia y uno que otro agregado que aparecerán más adelante en la historia.


Family of the Past

Capítulo 87

- ¿Disfrutando la fiesta? – Era una pregunta tonta.

Acostado en el césped, luego de desaparecerse para explorar los alrededores en lugar de que darse a ver que más pasaba con los juegos Vongola, con una sonrisa tonta estaba el otro cumpleañero. Lo que sea que paso antes, había pasado a un segundo plano, porque Reborn podía ver que aún no se había ido del todo.

- Si, es increíble. – No estaba con la gente festejando ni nada. Era altamente irónico considerando la pregunta. – Muchas gracias papá.

Cualquiera pensaría que solo estaba evitando a la gente luego de lo que hizo para evitarse los pleitos, pero no era así. Había decido bien, prefería el aire libre que la fiesta. Esperaba que con esto dejara de quejarse de no soñar con playas o con otro lugar que no fueran paredes blancas o la mansión.

- Deberías de ir adentro un rato. – Todo era al aire libre, no había en verdad una casa. Podían verse entre sí fácilmente.

- Mas tarde. – Era de noche, las 8, ¿a qué hora planeaba entrar? – La luna esta preciosa hoy… - Cambiando el tema, ¿uh?

En cualquier momento vendrían a arrastrarlo a la fiesta, lo quisiera o no. Más bien le habían permitido mucho, y solo era porque se perdió y cuando aparecía se veía casi dando saltitos. ¿Quién quisiera molestarlo cuando estaba tan contento?, luego de aquello…

- ¿Por qué hiciste esto por mí? - ¿Aun no se había fijado que hoy también era su cumpleaños? – No es que no aprecie el cambio de escenario, pero no eres de venir a lugares así. – Una pequeña risa antes de girarse, quedando de medio lado y estirando el brazo hacia él. – Me encantan los lugares así, son tranquilos y dormir en el pasto es agradable…

- ¿Y te dejaban? – Arqueo una ceja diciendo esto. Él no lo dejaría, no solo al menos.

- No tenían por qué saberlo. – Cualquier regaño murió ante lo que siguió: - Dino tiene praderas, fue el quien me enseñó a hacer estas cosas. – Sitio seguro, ante eso no podía decir nada. – Incluso si solo fue para hacerme callar, se lo agradezco. Los chicos pueden ser un dolor de cabeza, así que un sitio tan tranquilo en donde nada estalle es casi un paraíso, ¿no crees?

- ¿Dino te permitía esconderte en sus tierras? – Pregunto eso en lugar de indagar en lo último. Dino tenía un deseo de muerte…

- ¿Es esconderse cuando eras notificado papá? – Ah, Dino aún tenía sentido de auto-preservación. Menos mal. – Ibas a buscarme al otro día, o al segundo, dependiendo. – Arqueo una ceja otra vez ante esto. – La familia de Dino es muy amable, me trataban muy bien, y me imagino que me dejabas estar un poco más de la cuenta porque te mantenían informado a mis espaldas. – No era como si le preocupara tal información, eso era seguro.

Que lo estuvieran notificando no evitaría que lo fuera a buscar o lo llamara para hacerlo volver a casa. Debía de haber otra cosa involucrada. Tal vez era para que Tsu se desestresara, dudaba mucho que esas visitas fueran regulares. Dino nunca sugirió tal cosa, así que eran esporádicas.

- ¿Crees que me dejen beber una copa o dos? – La pregunta vino tan pronto el chico se sentó, mirando al cielo. La pregunta no era seria o importante. – El demonio en la caja es para León, si soy honesto, hay otro regalo por ahí entre los demás para ti. Y León, por favor no te los comas todos de una sentada, ¿sí? - ¿Que rayos había comprado?, ¿grillos por paquete?

Mejor no lo decía en voz alta, León ya estaba lo suficientemente emocionado con la información como era.

- ¿En serio le mandaste un demonio de Tasmania? – Prefería saber sobre eso. Gastar dinero en una cosa así…

- Si, lo metí en una caja y se lo mandé. – Casual, totalmente casual. – Dejo de molestarme con no felicitarlo en su cumpleaños o en las fiestas. El casi siempre se olvida del mío, ¿así que por que debería de acordarme del suyo? – Si bien era un buen punto… - Ya es lo suficientemente malo cuando van a visitarme, rara vez sucede. El animal no hizo nada, si eso te preocupa. – Si el animal le hizo algo fue por culpa del idiota, por nadie más. No se puede culpar al animal por lograr algo que le permitieron hacer, ¿no es así?

- No me preocupa eso. Solo me pregunto porque gástate dinero en algo así-

- Porque el condenado animal tenía su peinado. Me pareció gracioso. – Bueno, ante eso no podía decir nada. Era una extraña imagen. Pobre animal. – No costo tanto, valió la pena en mi opinión. – Era una lástima que aparentemente no vio la cara de su padre ante tal… "regalo".

- Me hubiera gustado ver su cara. – Al menos esto hizo reír a Tsu. ¿A quién no le hubiera gustado?, esa era la pregunta correcta, ¿verdad?

Por un rato hubo silencio, y luego:

- Hablare con Primo esta noche. – Tranquilo, suave, algo depresivo incluso. – Es suficiente, quieren a su Tsuna y ese no soy yo. – Cualquier intento de consuelo fue cortado con: - Ya saben que estoy aquí, no van a dejarme en paz, es mejor cortar por lo sano antes de que pase algo y tenga otra mala reacción. – Tardo un momento en entender a qué se refería con mala reacción.

El cómo llego, haciendo todo hielo, hielo y púas de todos los tamaños y ángulos con lo mismo. Tuvo que tirarle un zapato.

- No deberías de irte si aún no quieres. – Decisiones así de apresuradas no terminaban-

- Quieren ver a su Tsuna, ese no soy yo. ¿Cuánto llevo aquí papá? – Desgraciadamente esto no lo podía negar ni queriendo. Él también quería ver al Tsu de esta época, pero ya lo había visto y sabía que estaba bien.

- Tu yo de este tiempo está siendo cuidado, mi yo de tu tiempo no dejara que nada le pase. – Se conformó con decir. No podía hacer más. – Lo están tratando como un rey, no le importa esperar un poco más. – No tenía por qué tomar decisiones apresuradas. No era bueno que lo hiciera.

Nada bueno salía de decisiones apresuradas. El Tsu de este tiempo entendía y no tenía problemas con esperar un poco más, aquel Reborn lo estaba cuidando, le estaba enseñando cosas, pasaba tiempo con su "hermanita" y los demás niños que parecían adorarlo. A pesar de no haberlo dicho, sabía que iba a extrañar eso, la atención de esos niños.

- Está siendo tratado como un ave en una jaula de oro. – Fue la respuesta conocedora unida a una mirada casi vacía. – Tu Tsuna debe de haber llorado varias veces a estas alturas, debe estar frustrado, debe de sentirse encerrado y debe de estar deprimido con lo que se ha dado cuenta y no va a decirlo. – Una pausa. – Me conozco papá, lo que no sabía era que todos están allá, pensé… - Pauso, labios volviéndose una línea muy fina y bajando la vista al césped. – No pensé que estuviera allá, y si lo estaba pensé que estaría solo. No pasa nada, Natsu se encargaría de cuidarlo y podría ir a donde quisiera, es el Décimo, nadie le diría no y Natsu no le dejaría hacer nada estúpido. Por Dios, no me lo deja hacer a mi… - Una pequeña risa amarga. – Estar solo no es nuevo, se manejarme con eso, aunque admito que no lo hubiera tomado con una sonrisa, no importa en qué época.

Era una forma algo egoísta de pensar, pero no había terminado:

- Esa libertad tiene un abrupto final contigo, pero es pasable, tu siempre sabes que hacer, como hacerlo y cuando. ¿Con el resto?, un ave encerrada en una jaula de oro. – Lo que siguió no hacia las cosas mejor: - No digo que mi yo pasado tomaría bien estar en una mansión solo, pero nadie le negaría nada y podía comunicarse con quien sea. Era libre. Con el resto de la familia allí, de broma lo dejaran ir al baño solo, y lo vigilaran como un halcón y no le dirían por qué.

Lo peor del caso era que la estaba atinando con la situación que le había descrito el Tsu de este tiempo. Claro que ese Tsu no lo veía tan mal, el Reborn de aquella época se aseguraba de que tuviera su espacio y de que nadie hiciera una tontería. Aun así, con esta precisión…

- No tengo idea de que podrían estarle diciendo. Sea verdad o mentira, va a saber que algo no está bien y digan lo que digan no soy tan tonto. Hay cosas que es mejor que no sepa, ¿sabes?, pero creo que ya es tarde para eso y vas a tener problemas con él gracias a lo que acabo de decir. Gracias a mí. – Ay Santo Dios…

- Quizás. – No todo sería sencillo. – Pero se te olvida que he aprendido muchas cosas de ti, que me has dicho muchas cosas, no le pasara igual que a ti, te lo prometo. – Después de todo: - Es mi hijo, eres mi hijo. Si no quieres irte aun, está bien. Resolveremos algo, no tomes-

Demasiado tarde, pensó para si con una mueca interna. La decisión ya estaba tomada antes de esta conversación. Solo le estaban informando, advirtiendo, nada más.

Contento de que el mensaje llegara exitosamente, esos orbes naranjas volvieron a ser chocolates. Una respiración profunda fue tomada, y luego:

- Nunca voy a quererme ir, esta es la mejor época de mi vida. – Casi una confesión. Decía casi, porque hace tiempo que había sonado. – Los tenia a todos, no tenía por qué preocuparme por papeleo, disputas, que volaran todo en mil pedazos… - Se apagó, dirigiendo su mirada a la gente festejando y haciendo payasadas. – Te tenia a ti, los tenia a ellos, una vida relativamente normal. Las cosas comenzaron a cambiar al llegar a Italia, y cuando te fuiste todo cayo, como siempre temí.

León había llegado a su hombro en medio de todo eso. Solo por la forma en la que su compañero se apoyaba en él era toda la confirmación necesaria para saber que no debía interferir. Esto era prácticamente una despedida. No era el mejor día para estas cosas. Todo por un viaje exprés por una bazuca. No iba a decirles nada a los chicos, ¿no es así?

- Entre papeleo, entrenamiento y responsabilidades, no tenía tiempo para nada y empecé a tener problemas de salud. – Y aquí era en donde entraba Shamal gracias a Gokudera, ¿cierto? – Debieron de decirte sobre Shamal y los chocolates, ¿no? – Asintió, pero no hizo nada más. Que dijera todo lo que quisiera decir. – No seas tan malo con él, es un buen hombre. Que sea un pervertido no cambia eso, me trato muy bien para no ser una mujer, ¿sabes?

Su único pensamiento al respecto era: "así te verías de horrible o solo Dios sabe que le dijo Gokudera, cuidado y no lo hizo sonar como si te estuvieras muriendo". No lo dijo, claro. No iba a discutir, y menos con la buena opinión que una persona se había ganado. No ayudaba que, por todo lo dicho, no había sido amenazado por él. Al menos no que Tsu supiera.

- No podía con todas las responsabilidades, no podía con todas las expectativas, era demasiado. – Y nadie vio eso, ni el mismo, ¿no? – No podía controlar a mis guardianes, no importa cuanto lo intente y cuanto me presionaste para que lo hiciera. No se pueden controlar fuerzas de la naturaleza, y eso es lo que eres, lo que todos son, para mí. – Lo que siguió quedaría marcado en su memoria y sería un recordatorio para los años venideros: - Lo único que puedes hacer es maniobrar entre ellos para sobrevivir, y eso fue lo único que pude hacer. El que haya aprendido como redirigirlos algunas veces y que debía evitar, es otro tema.

En resumen: solo los manipulaba en lo que podía, de resto los dejaba hacer y deshacer a su antojo. No debía de haberse visto así, porque hubiera metido unos cuantos balazos y mucho entrenamiento. Aun así, no era algo que hubiera vivido o visto como para poder tener una opinión al respecto. Igual era suficiente para tener un buen dolor de cabeza solo por eso, sin contar todo lo demás.

- Eso, por supuesto, trajo muchos problemas y una mala imagen. El Décimo no puede controlar a sus guardianes, menos la familia entera. Me convertí en el centro de muchas burlas, en especial por ser amable y buscar fines pacíficos, no quería peleas. – Las palabras de Dino y Emma encajaban aquí. Eran tres voces diciendo lo mismo. – Nadie creyó que duraría, ni yo mismo honestamente. – Pero lo hiciste, eso quería decir, pero se contuvo. - Con el tiempo, no estoy seguro de que habrá pasado y nunca pregunte, los chicos dejaron de ser tan destructivos en público. Aun así, la mala imagen quedo. – Fuera como fuera, los chicos eran tontos, no ciegos y sordos. ¿Que podrían haber oído o visto?, no creía que los hubiera dejado sin algún castigo o sin hacerles saber el resultado de su comportamiento.

A partir de aquí la cosa cambiaba. Por alguna razón, Tsu tenía una opinión distinta a Emma y a Dino. Tomando en cuenta que los dos últimos tenían un punto de vista más a la comunidad en general, y Tsu era un tanto pesimista, se iría con la versión de Emma y Dino. No es que olvidaría la de Tsu.

- El jefe más blando, el más débil, el más tonto, el más estúpido, en resumidas cuentas. Ese soy yo. – Una risa amarga. – No esperaba algo diferente, pero aun así duele, ¿sabes?, por más que me dijeras que la mafia es un mundo cruel nadie podría haberme preparado para todas esas burlas. – Una larga pausa, Tsu nunca subió la vista. – No sé cómo te quedaste tanto tiempo, tu trabajo acabo tan pronto me volví el Décimo oficialmente y aun así te quedaste. No tenías razón para hacerlo, y con todo lo que decían de mi se me es una sorpresa. Era mala fama para ti, ¿no es así?

Del jefe más estúpido, más blando, más débil, al más justo, al más leal, al que siempre cumplía su palabra… Había mucha diferencia. ¿Por qué no mencionaba esa parte?, ¿o la parte en donde tenía la mejor área médica de toda la mafia?, ¿o todo el montón de aliados?

Dino y Emma había asegurado que, medio salía algo de lo que había pasado o medio salía la mínima señal de que podían cazar a los chicos, habría persecución. Habían asegurado que el Décimo había hecho muchas alianzas, había obtenido lealtad de muchos gracias a su forma de ser. Esa misma gente estaría más que dispuesta en atacar a Vongola solo por una persona.

Sonaba estúpido, nadie haría un suicidio así, pero si Dino y Emma lo creían, y ellos no eran tontos, por algo era.

- Cometí muchos errores, nunca logré ser lo que querías, lo que Nono quería, o lo que mi familia quería. – Lo peor de esto era que no era cierto, pero lo creía. Era exasperante de muchas formas, en especial porque no podía interrumpir. – No es una sorpresa para mí, ¿sabes?, nunca creí llegar a ser mucho. – Lo peor era no poder corregirlo. No valdría de nada. Era su forma de pensar, tenía años pensando así. – Siempre supe que cuando te fueras todo se desmoronaría. Siempre lo temí, incluso en esta época. Todo era simplemente demasiado bueno para ser cierto, incluso con toda la estupidez de la mafia de por medio. Supongo que todo este tiempo estuve esperando que la lona cayera…

Eso era un montón para analizar, pero fuera como fuera nada de eso servía para ayudar a la persona que tenía en frente. Era muy posible que el poco bien que tuvo aquí desapareciera en cuanto volviera a su época, incluso si era solo por sus propios demonios. No estaba solo, pero por lo visto contaba con estarlo y no iba a estarlo. No echaría a nadie, estaba casi seguro de ello.

- ¿Quieres saber algo más a lo que siempre le tuve miedo? – Algo más de vida a ese tono, a esa cara. No creía que fuera un chiste, como lo estaba haciendo parecer. – A quedar solo otra vez, pero a la final creo que siempre estuve solo. – Se abrazó de piernas, mirando a la luna, melancólico. – Nunca hice amistad como tal con ninguno. Todos veían lo que querían ver, y aunque lo intente al principio decidí dejarlo así. No quería perderlo, incluso si era solo por una imagen que no existe, no estaba solo. El tiempo paso, pero en verdad nada cambio, no con cómo me veían, no hasta que finalmente te fuiste, supongo.

Un momento de solo silencio antes de que Tsu se levantara de repente y se estirara, cambiando completamente de semblante y de ánimo. Uno falso, tenía que ser falso. Nadie podía estar alegre luego de todo lo que acababa de decir.

- No les digas nada aun, ¿sí? – No, no iba a decirles. Tsu era un tonto. – No merecen pasar una mala noche, tu tampoco, pero alguien debe de saber y no hay nadie mejor que tú. – Iban a estar furiosos, y él ya no estaría aquí para saberlo. Era un pequeño egoísta al negarles la despedida. Y un estúpido al decidir así de golpe. – La luna sí que esta preciosa hoy, ¿no lo crees?

Lo de la mujer desnuda censurada se le vino a la mente, y dio con el verdadero motivo del mismo: ¿qué mejor forma de distraer a todos que algo así de descabellado?, para cuando volvieran a pensar en lo acontecido, ya sería muy tarde. ¿Había tomado la decisión antes de eso?, era abrupto. Decisiones así usualmente no terminaban bien, pero no podía dete-¿y esto?

- Vino conmigo, por alguna razón. - ¿Era una foto? – Supongo que Primo sabía que atesoro esa foto. – Pues sí, pero estaba muy desgastada. ¿La tenía todo el tiempo encima o qué? – Es tuya ahora, el único que no aparece soy yo.

- ¿Por qué? – Se refería al porque se la estaba dando si significaba tanto, pero Tsu entendió otra cosa completamente distinta:

- Fui el único que no se presentó, estaba lleno de papeleo y se me olvido. – Un largo suspiro, no era de extrañar por qué. – Creo que hasta me quede dormido, pero no importa. El punto es que no asistí y no podían esperarme por siempre. – Y tomaron la foto sin él en lugar de posponerlo.

Debieron posponerlo, pensó frunciendo el ceño. No podía ver bien la imagen, la restauraría después lo más que se pudiera. Por lo que decía su dueño original, aparecían todos menos él. Irónicamente triste, porque estaba bastante seguro de que era Tsu quien organizo y molesto hasta decir basta para lograr la foto. Solo empezando por Hibari, quien no se molestaría en ir a algo tan tedioso como esto.

El prefecto estaba tomando la siesta sobre la rama de un árbol cercano, lejos del bullicio y la multitud. Más bien había venido y se había quedado, no fue algo momentáneo. Estaban lejos de Namimori, y eso no impediría al prefecto de irse y encontrar su camino a casa.

- Tengo una en mi oficina, son tres. – Bueno, eso explicaba porque estaba bien con dar una. – No creo que tengas muchos problemas en restaurarla, no es tan vieja. – Con eso dio por finalizado la conversación.

- Espera. – No, eso no podía ser todo, no había dicho todo. - ¿No piensas decirme que fue lo que paso? - ¿Lo más importante?

A unos pasos, Tsu se detuvo completamente. Por un momento nada mas ocurrió, y Reborn temió que Tsu fuera a ignorar la pregunta y volver a la fiesta. Cuando lo hiciera no habría nada más que hablar.

- Hay dos versiones. – Tsu nunca giro, no se movió. – Tanto del evento como de lo que siguió. Tres, si cuentas la que los externos a los acontecimientos armaron, pero esa versión la desconozco. – Esto, a pesar de sonar como una aclaratoria, era una advertencia.

La tercera era de los que no estuvieron allí, suposiciones. Emma, Dino, suministro su mente inmediatamente. Entonces solo quedaban la de los involucrados, lo que significaría…

- Una semana fue lo que basto para que comenzaran a huir, a irse a mis espaldas, sin siquiera una nota. – Que solo estaban las versiones de los chichos, y la otra era de quien le estaba hablando. No había nadie más. – En esa semana no fui tratado como usual, algunos no querían ni verme a la cama, otros me trataron fríamente, pero en general ninguno quería siquiera verme. – Una pausa, y finalmente: - Vayamos a un lugar más apartado, no es culpa de nadie excepto mía lo que aconteció, no merecen que les arruine la noche con detalles que no deberían saber de todas formas. – Comenzó a andar, solo que en otra dirección.

Dio un gesto de mano a todos los que dejaron de hablar para mirar a donde rayos iba Tsu. Detuvo a un par de llamarlo para preguntarle, y de seguro de perseguirlo. Los chicos no tenían porque oír los "detalles" para que supieran que había algo mal, dijera lo que dijera o creyera lo que creyera Tsu.

Estaba decomisando esa bazuca y le mandaría a poner seguro de huella dactilar. O un cantando. El seguro anti-niños no era suficiente, no con niños grandes que debían de saber mejor, aparentemente.

-… bien? – Estaba bastante seguro de que ver a alguien caer de golpe al piso sin razón y decir que estaba bien no era normal. No importa lo que dijera.

- El alcohol ya está haciendo de las suyas. – Desestimo el jefe de Varia, sin siquiera mirar al idiota de negro.

- Pero apenas son las 9. – De paso: - Se supone que no sirven alcohol hasta las 10. – Eso le había dicho papá. Dudaba mucho que hubiera mentido, más bien temía por las cabezas de la gente si habían desobedecido las claras instrucciones de papá.

Xanxus-nii saco una botella de vino de su chaqueta para responder su pregunta no dicha y tomar un gran sorbo del mismo desde la boquilla de dicha botella. Olviden los vasos y las copas, no eran necesarios. Papá iba a estar furioso, esto no era-¿ah?

- Tienes 24, ¿no quieres probar? – Tenia 14, no 24. No es que pudiera decirlo, por razones obvias.

- Reborn va a matarnos si le das idiota. – Squalo comento tomando asiento y soltando un suspiro cansado. Había traído aperitivos, gracias a Dios.

Tenía hambre, la cena como se había olvidado… Algo había pasado, sus guardianes y papá andaban raros. Si no le decían nada, ¿cómo iba a saber?, no era adivino. No quería molestarlos, debía ser algo importante o no estuvieran tan alterados, ¿no?

Su estómago no concordaba, pero bueno. Había bocadillos, con eso estaría bien. No es como si fuera a comer mucho, no como pretendían que hiciera. ¿Que se supone que hiciera?, si este cuerpo no podía, no podía. Ahora, ¿se iba por las croquetas o por la gelatina?

- Tsk. – Por ninguna, casi le hacen comer la botella sin querer. Cielos. – Que se ****, Tsunayoshi tiene ya 25, no es ningún ******* niño para que le estén diciendo que puede y que no puede hacer. Si quiere alcohol, que lo tome. – Okey, okey, pero que no se lo tiraran encima.

Sabía que Xanxus-nii estaba de malas con papá, pero no a tal-¿había dicho 25?

- ¿25? - ¿Que día era hoy?, el no cumplía hasta-

- ¿En serio creías que todo esto era para Reborn? – Pues sí. ¿Para quién más?

Su respuesta debió de haberse visto en su cara, porque estallaron en risas todos los que estaban con él, haciéndolo enrojecer en vergüenza. Con toda honestidad, todo esto era aún muy sencillo para alguien como Reborn. Siempre se imaginó algo como un crucero de lujo o similar para papá. Era el mejor asesino del mundo, tenía plata, ¿por qué no celebraría su cumpleaños o lo que sea con cosas así?

- ¿Acaso piensas obedecer todo lo que te diga Reborn por el resto de tu vida? – Tenia 14, no 24. ¿Cómo rayos explicaba eso?

- ¿No te da curiosidad?, igual estas entre amigos. – Pues sí, pero-

- Lo que no sepa no le hará daño, ¿cierto? – Una copa con un líquido rojo oscuro fue puesto en frente.

Mentiría si decía que no tenía curiosidad. Era lo mismo con los cigarros. ¿Que tenían de bueno estas cosas que la gente no paraba de consumirlos?

- Vamos, ¿un trago?, es tu cumple, nadie te puede decir nada. – Si papá se enteraba, no oiría el final de la misma.

Miro el líquido, contemplando sus opciones. Si negaba, lo iban a molestar por un rato y allí acabaría. Quizás lo engañarían y terminaría bebiendo alcohol más tarde todos modos. Por otro lado, ¿en qué otra situación tendría la oportunidad de saber a qué sabia esto y porque gustaba tanto sin meterse en problemas graves?

Aquí no era un menor de edad. Tendría que esperar hasta los 21, y apenas tenía 14, 15 en realidad. Tenía que esperar… ¿6 años?, eso era mucho tiempo. Nadie sabía que no era su yo de este tiempo, para la gente tenía 24 años así tuviera la mentalidad de 14. No pasaba nada, legalmente podía. Este cuerpo no era el de un menor…

Papá no estaría feliz, estaría muy molesto. Un trago no era suficiente razón para molestarse, ¿verdad?, solo quería saber…

- ¿Qué tal? – No era para reírse, no era gracioso.

- Quema… - Le ardía toda la garganta, cielos. No era divertido.

- Este es más suave, inténtalo. - ¿Otro?

Más suave o no, si iba a terminar con le ardiera la garganta y lo hiciera arrugar la cara entonces no lo volvería hacer. Dios, ¿y a la gente le gustaba esta cosa?, ¿que tenia de bueno quemarse la garganta?, no era-caray, este si sabía bien…

- Despacio, no es agua. - ¿Ah? – Si lo tomas rápido te puede dar algo, así que despacio, no se va ir…

Era más fácil decirlo que hacerlo, sabía bien. Era dulce, picaba un poco, y… supondría que era manzana. No tenía idea de que hubiera licor con sabor a manzana, incluso si era leve. Con algo así, podía ver muy bien porque la gente amaba el licor. Nunca había probado algo así…

- Vuelve a probar este, no te sabrá tan mal esta vez. – Se quejó en voz baja, no quería pasar por la mala experiencia otra vez…

Extrañamente el ardor no lo molesto tanto. Era tan extraño… ya no sabía tan mal. ¿Cómo pasaban estas cosas?

- ¿Que magia negra hicieron? – Le salió arrastrado al final, sin razón.

Eso de que el alcohol hacía sentir bien a la gente como que no era muy cierto. Sentía la cabeza ligera, eso no era precisamente bueno. No se sentía mal tampoco. ¿Eso era pastel?

- ¿No te hace recordar cuando cumplió 21 y no quería probar nada? - ¿Cuándo quien cumplió 21?

¿Que importaba eso?

- ¿Hay más? – Un solo trozo no iba a llenarlo. – No he comido desde el almuerzo, tengo hambre…

No sabía porque cejas subieron tan alto o porque se miraron entre sí, ni el porqué de las pocas risas. No entendía, solo sabía que el pastel no iba a durar tanto.

- Debiste de decir eso antes. – Lo palmearon en la cabeza y la persona volvió a reírse. – Iré a traerle algo, no dejen que se tome toda la botella o todo el pastel~

¿Cuál botella?, había un montón.

- Hay bocadillos por doquier. - ¿Por qué tenía que irse? – No tienes por qué ir a ningún lado. – En todo caso: - No quiero que te vayas. – No tenía idea de porqué, pero no quería que nadie se fuera.

Un momento de silencio y luego estaba siendo apachurrado antes de verlo venir. Y le estaban haciendo cosquillas también.

- Es más tierno que cuando cumplió 21, ¿no los podemos quedar? - ¿Perdón?, ¿quedárselo?

- Ya es de nosotros. - ¿Perdón? – Desde hace muchooooo~

- Solo que el memo no llego, shishishi. - ¿Memo?, ¿memo de qué?, ¿y que tenía que ver eso con quedárselo?

Ni que fuera un gato o una muñeca de porcelana. Aun no negaría que todo esto era divertido, así no lo entendiera y fuera tan raro. Oh, ¿eso era sushi?

- Japonés, japonés tenía que ser. – Murmuro alguien. Le valía un colmillo.

Tenía hambre, era familiar, y por fortuna sabía bien. No era algo raro de procedencia dudosa, no era nada raro que supuestamente le gustaba, no era algo que se supone que era bueno. No, era el viejo y fiel sushi. Si bien a casi nadie le gustaba esto aquí, no estaba en la cultura y todo eso, él tenía el mismo sentimiento.

Al menos no le trajeron pasta. No sabía que haría si hubiera sido pasta. Era un gusto, no lo negaría, pero eran… ¿qué?, ¿las 10?, ¿las 8?, en fin, era tarde y la pasta era una comida pesada. No es que el sushi fuera mejor a esta hora, si era sincero.

- Aun no estas borracho y mírate. - ¿Qué?, ¡solo estaba ofreciendo un poco!, ¿que tenia de malo?

- A ver, tienes suerte de que nos hayan gustado estas cosas mocoso. - ¿Tenía que quitarle los palillos también? – No tienes el mejor apetito, ¿cierto?, no te comerás todo eso ni con hambre, ¿me equivoco?

No, no lo hacía. Su yo de este tiempo no debía de comer casi nada, era una verdadera lástima. No es que lo fuera a decir en voz alta, eso era seguro. Con tantas delicias que habían, ¿por qué dejaría de comer?, desgraciadamente tenía una buena idea del porque…

- Ten, es tu favorito. - ¿Uh? – Solo no te lo vayas a tomar de golpe, ¿de acuerdo?

- ¿Por qué es rosa? – Eso fue lo primero que registro, y tenía que saber. El líquido no cambio de color por más que revolvió.

No hacía falta reírse de él. No hacía falta despelucarlo. Ni darle de comer tampoco. En fin, era su favorito, ¿no?, ¿qué sabor tendría?

-… todo esta listo Tsu, ya puedes… - El mejor asesino del mundo pauso, una mirada oscura posándose en sus características.

Soltó la copa, lamiéndose los labios, preguntándose el porqué de la mala cara. En todo caso, solo tenía una cosa que decir:

- ¿No hay más? – Que cosa tan buena, el ardor daba gusto y no molestaba. El sabor… Dios, su yo de este tiempo tenia gran gusto. Sabe exquisito… - Si ronroneo, no sabría decirlo.

Todo era perfecto tal y como estaba. No quería moverse, estaba perfectamente cómodo allí, y los mimos solo lo hacían sonreír. No podía esperar a tener 21.