Nada de Katekyo Himan Reborn me pertenece, solo la historia y uno que otro agregado que aparecerán más adelante en la historia.


Family of the Past

Capítulo 88

- No hay prisas, Decimo. – A pesar de decir esto, Primo sabía que la decisión había sido tomada y no iba a cambiar.

El Décimo no respondió, solo siguió vistiéndose, arreglándose. Algo innecesario, al menos para Primo. El fantasma tenía una buena idea de lo que pasaría, y por ello creía que el Décimo solo estaba haciendo tiempo para aclarar su cabeza.

- Gracias por todo abuelo. – Dicho esto, el Décimo desapareció por la puerta, capa ondeando detrás de él antes de desaparecer por completo.

Primo cerro los ojos, y no se molestó en seguir a su sucesor. Nada cambiaria lo que iba a ocurrir. Nada. Si en tres años no había podido sacarle que planeaba hacer, no lo iba a lograr ahora y mucho menos lo haría cambiar de decisión. Su nieto era un chico terco, no muy diferente a él, cuando la familia estaba involucrada.

- No hay nada más que puedas hacer por él. – Asintió a estas palabras. No valía la pena discutir o negarlas. Aun así:

- Desearía que sí. – G le negó con la cabeza, triste, pero firme.

- Lo siento Giotto. – Una mano llego a su hombro, un gesto de consuelo.

No había nada que más que pudieran hacer. Más bien habían interferido mucho como era. Con un largo suspiro dio el comando que no quería más tenía que dar:

- Vámonos G. – Si Tsunayoshi los necesitaba o los llamaba, ya sería otro tema. Por ahora no tenían nada más que hacer allí.

De esta forma, dos fantasmas se desvanecieron y la habitación quedo completamente vacía de vida.

El Décimo se tomó su tiempo, era de madrugada y casi no había nadie por allí. Cámaras se desintegraron por donde pasaba, y si alguien miraba en su dirección no verían nada. Con la gente emborrachada o aun festejando, tardarían en darse cuenta de la falla de seguridad que estaba ocurriendo. Para cuando lo hicieran, para cuando vieran lo último que captaron las cámaras antes de ser eliminadas, el Décimo ya no estaría en la mansión.

Se sabría que era él, sin lugar a dudas, por el traje, lo poco que se vería del mismo en diversos ángulos gracias a las cámaras antes de morir. Esto, por supuesto, era de poca importancia para el causante.

- Hey, ¿aún están despiertos? – Muchos ojitos aparecieron al oír la voz.

No muchos animales estaban despiertos a estas horas, otros no eran felices de ser despertados a tales horas. No se pondrían de malas, hace tiempo que no veían a su dueño y no era la primera que se aparecía en medio de la noche a visitarlos. La hora solo significaba más mimos, se quedaría más tiempo y los dejaría rondar y hacer travesuras a diestra y siniestra. ¿Cómo podían molestarse ante una visita nocturna por su dueño con esto?

- Ah, ¿tenían que mojarme? – Se quejó sin en verdad estar molesto ante los dos tiburones que habían decidido saltar y chapotear para llamar su atención en lugar de esperar.

No es como si se fuera a tardar más que un par de minutos. Además, habían estado jugando pin pong, ¿quién era él para interrumpirlos?

- Son un par de glotones ustedes dos. – Estaba bastante seguro de que ya habían comido, pero jamás rechazaban comida extra.

Fue mojado de arriba abajo por el comentario. No le dio tiempo de quejarse, alguien lo tumbo al agua y estaba bastante seguro que no fueron los mapaches o Joker. La patada no podía hacerlo cualquier animal. Al salir del agua dio con un canguro haciéndose el inocente, tenía cicatrices en la cara y en los brazos. Era un canjuro de pelea, tenía la mala costumbre de empujarlo cuando menos se lo esperaba. ¿Su nombre?

- Eso no fue gracioso Algodón. – Nadie creía que fuera un lindo y dulce canjuro una vez que lo conocieran.

Si algo no le gustaba, terminaría con un puñetazo o una patada. Sin discusión. Era un canguro con mal genio. Le había puesto ese nombre porque odiaba el que tenía antes (Puñeta) y no se llevó un puñetazo por ese nombre. Se daba a entender muy rápido. Le recordaba a alguien…

Fue jalado hacia abajo y fue allí en donde recordó que estaba en una piscina de tiburones. Era para rodar los ojos. Uno era de medio metro, el otro era un adulto. Más que tiburones, eran unos pequeños sinvergüenzas que les encantaba comer, jugar y ser acariciados en la panza.

Ahora que lo pensaba, todos sus animales eran un malcriados. Eso lo hacia su culpa, ¿no es así?

- ¿Me dejan ir? – No sabía para que preguntaba.

El tiburón que tenía encima no se movió, solo se acomodó más si eso era posible. El otro estaba derrotado, panza arriba, justo a su lado. Mientras siguiera acariciándolo, no se iba a mover.

- Debí de haberlos llamado Melaza y Gelatina. – Lo mejor del caso es que esto no iba a ser lo único que le iban a hacer.

Escapar de dos tiburones tigre no era proeza fácil. Al menos no querían jugar pin pong con él. Perdería con creces. El más pequeño, Anzuelo, era el más hábil jugando ese juego. Su madre, Arpón, no era tan buena y aun así le ganaba. ¿Por qué fue que les enseño pin pong?, no lo recordaba.

- Esto es tu culpa. – Se quejó con el canjuro que, en todo ese tiempo, se había acomodado en una silla y hasta se había cruzado de piernas mientras lo esperaba. - ¿Odias tanto el traje?

Para secarlo iba a ser un problema. O lo seria si esto no le hubiera pasado unas cuantas veces. En fin, tenía muchas paradas que hacer…

- No se pongan así, vendré pronto. – Nadie jamás le creería que tenía dos tiburones melosos que le ponían ojitos de cordero. O lo más cercano a ello.

Tenía demasiados animales. Casi todos ellos queriéndolo secuestrar por el día entero. Y sin querer compartir. No estaba muy feliz de que los guardias y cuidadores que deberían de estar aquí no estuvieran, pero de eso se encargaría después. Era mejor que no estuvieran, hubiera tenido que noquearlos, solo para no ser interrumpido.

Su última parada, justo después de Colmillos a quien tenía atrás y no lo quería soltar, era para tres gatos muy grandes. Tres gatos que estaban durmiendo a pierna suelta no sabía cómo. Era posible que estuvieran fingiendo no sería la primera vez. Con tal de que les diera un dulce despertar, eran capaces de hacerse los dormidos. Con tal de recibir croquetas, eran capaces de fingir que no habían comido.

- Buenos días chicos… - Cualquiera lo llamaría loco por acercarse tanto a animales salvajes.

Suicida lo más seguro. Para él era más suicida molestar a Hibari que nadar con Arpón y Anzuelo. Además, ¿en dónde dejaba a Natsu?, era un león. Dormía con un león desde hace años y aún tenía la cabeza pegada al cuerpo.

- ¿Dónde está mi helado con chispitas de chocolate~? – Canturreo al oído de uno de los gatitos súper desarrollados que se hacían los dormidos.

Los jalo de las orejas después de eso, obteniendo quejas colectivas. Ninguno lo mordió, no lo harían.

- ¿Tuvieron una buena siesta? – No eran más que gatos muy grandes, al igual que Natsu. – Veo que les gusto la cama que les ordene. – La tenían hecha un desastre.

En lugar de contestarle, una cabeza lo empujo, tratando de tumbarlo. Sonrió un poco. Bueno, si ya todos lo habían hecho quedar más de la cuenta, ¿por qué no?, al menos los tres leopardos no lo estaban obligando. Tenían los números y el peso necesario para impedirle irse hasta que quisieran. Colmillos no iba a ayudarlo, no quería que se fuera tampoco.

Para cuando el sol comenzaba a salir, fue cuando fue dejado libre. Si es que podía llamarse ser dejado libre cuando estaba siendo escoltado por tres gatos gigantes que no hacían caso. Cuando se cansarán volverían, de seguro solo querían más cariño. Podían ser peor que Natsu, especialmente Helado.

- Ya decía yo que no te vi en ningún lugar, Reborn. – Saludo al entrar a su oficina, dando con un par de ojos amarillos y alguien que no debería estar allí.

El verdadero Reborn lo mataría si se enteraba que había llamado un animal con su nombre. Se enfadaría aún más en cuanto se diera cuenta que el animal era como él, ¿cómo podía llamarlo por otro nombre?

La pantera negra solo bostezo perezosamente, subido en su silla como si fuera un rey. No tenía pinta de querer bajarse de allí, parecía estarle diciendo: "te tardaste demasiado, idiota".

- Lo siento, tenía compañía. – Y dicha compañía no estaba muy feliz ante un "rival".

La pantera rodo los ojos, o el equivalente animal de eso. Se bajó de la silla, y por todos los gruñidos que hizo más la forma en que comenzó a caminar y a mover la cola, sabía que estaba siendo regañado y quizás hasta insultado.

- Vayan a casa ustedes tres. – Le daba cosa, no querían irse. – Iré después, les llevare su favorito~

Mas gruñidos de parte de la pantera que, con toda honestidad, no sabía cómo termino con ella. Sonriendo, cerró la puerta con cuidado después de despedirse con más mimos de los tres leopardos. Llegarían bien, eran muy listos, y la gente debía de saber que si les pasaba algo iban a rodar cabezas.

- ¿Algún día me dirás como le haces para entrar aquí? – Probablemente nunca, como el propio Reborn.

Se rio un poco ante el resoplido que eso obtuvo, pero no giro a ver. A ver, debía de estar por aquí… Si, aquí estaba.

- Espero que sepas lo que haces, tienes bastante edad. – Si le decía vieja o anciana, lo haría caer y luego se le sentaría encima con muy mala cara. – No quiero que tengas un accidente.

Bien podría decirle eso al viento. ¿Cómo no iba a llamarla Reborn?, eran muy similares. Con eso en mente, se sentó en su silla, dejo lo que tenía en manos a un lado, e hizo espacio antes de palmear sus piernas en invitación.

En otro lugar…

-… que tenía que ser luego de la fiesta! – Cuando todos estaban durmiendo, borrachos o yéndose a casa. Por supuesto que tenía que aparecer allí.

Suspiro profundamente y se apretó el puente de la nariz. Molestarse o quejarse no tenía sentido. El Décimo tenía toda potestad de hacer lo que quisiera. Aun así, esto no lo hubiera deseado y menos después de que Reborn le hiciera ver que no era un sueño.

Debía estar hecho una fiera, y tomando en cuenta que había freído todas las cámaras al punto de no retorno… Si, debía estar muy molesto, en pánico quizás. Suspiro profundamente otra vez y comenzó a recordar que lugares se habían chequeado, cuales estaban en proceso y cuáles no.

Por todo lo que sabían el Décimo podría estar en otro país a estas alturas, podría-Dios Santísimo…

- ¿Gao? – El leopardo, un bello leopardo muy saludable, le ladeo la cabeza, curioso.

Su pánico bajo al ver el collar que tenía, incluso si no podía ver el nombre. Era de Tsunayoshi. Era una de las mascotas de Tsunayoshi, por su… ay.

- Disculpen chicos… - Si ellos estaban por aquí, entonces… - ¿Saben en dónde está su dueño por casualidad? – Era una irresponsabilidad del Decimo dejar a sus mascotas peligrosas por su cuenta, pero Tsunayoshi no era de tomar riesgos.

Estos animales debían de ser inofensivos o muy bien entrenados. Bueno, eran amigables al menos. Uno de ellos se quedó, mientras que los otros se fueron. El que se quedó comenzó a caminar en otra dirección, girándose a mirarlo. Varias veces.

Cuando el animal se detuvo, estaba en un sitio que no espero verse.

- Gracias. – Unas palmadas en la cabeza y el animal se fue, dejándolo solo frente a una puerta que no había visto en años.

La cara perezosa, complacida, y superior de un gato enorme y negro lo saludo al abrir la puerta. Los ojos amarillos le dieron atención por un par de segundos antes de cerrarse. La silla estaba casi totalmente de espaldas, mirando hacia la ventana que estaba abierta dejando pasar los rayos del sol y la brisa de la mañana. Debido a esto no podía ver quien estaba sentado allí, aparte del gato gigante. ¿Que era?, ¿un puma?

Una mano apareció, se posó sobre la cabeza del animal y bajo con lentitud. Esto se repitió muchas veces. Sobre la silla, había un búho pequeño, hecho una bolita. Aparte de eso, no se veía nada fuera de-Oh.

En medio del escritorio, en su dirección, había una pequeña caja abierta con 7 hendiduras. Cerro la puerta con cuidado, y se llevó las manos a la cara. Tenía que invocar a los guardianes. El Décimo los estaba esperando.

No entendía porque pedirá los anillos, no había forma de confundir ese mensaje, ahora de todas las veces. Los anillos y la presencia de los guardianes. ¿Acaso iba a hacer un anuncio?, ¿que planeaba hacer?

Esperaba que no fuera a hacer una locura, no sabía ni como estaría su estado mental, pero no debía ser muy bueno. Antes se había negado a quitarles los anillos, a conseguir otros guardianes, se había peleado con Reborn. Así que… esto no tenía sentido.

Más tarde…

- Estas de broma, ¿no es así? – Lamentándolo mucho, no.

- Puedes ir a verlo tú mismo. – El problema era que no tenía opción. Tenía que ir. – Lo quieras o no tienes que ir y presentar Hayato. – De hecho. – Todos ustedes.

La noticia había corrido como pólvora entre los chicos. Reborn no estaba por ningún lado. Nada de esto tenía sentido, pero posponer las cosas no iba a ser un bien.

Se preguntó si iban a volver diciendo que ya no estaban unidos a Vongola o no. Más bien estaban saliendo muy afortunados. Si Tsunayoshi hubiera seguido las normas, ninguno de ellos estuviera vivo hace mucho tiempo. Si solo les pedía los anillos y que se retiraran, era el mejor caso positivo que pudiera haber.

- ¿Oíste? – Pregunto, sin molestarse en girar, al sentir la llegada de alguien que se había desaparecido hace horas.

El silencio sepulcral fue toda su respuesta. No les quedaba de otra que esperar. Si iban o trataban de interferir, solo harían las cosas peor y no sabían que rayos estaba pensando ese chico ni cuál era su estado de ánimo.

En la oficina del Decimo, Tsuna estaba casi dormitando a estas alturas. La pantera se había adueñado de la silla, de sus piernas, y de sus brazos. Si dejaba de acariciar, lo mordería en advertencia o lo tumbaría del sitio. ¿No sonaba como cierto asesino?

Oyó la puerta abrirse, y se preguntó si esta vez serían sus guardianes. Quería salir de esto de una buena vez. Además, aun le faltaba-Ugh, pantera posesiva que no tenía por qué babearlo ni gruñirle a nadie para decir que le pertenecía. En serio, mas similar a Reborn no podía ser…

- Tsunayoshi-

No quería oírlo, ni quería oír preguntas de nada, ni siquiera sobre la pantera posesiva que tenía encima que los consideraba una amenaza porque sabía que los extrañaba. Y aun no se había cansado de los mimos y no planeaba compartir su tiempo. El tampoco, pero bueno, ¿cómo se lo explicaba?

- Los anillos. – Se limitó a decir, sin mover la silla.

Jalo una oreja levemente antes de rascar debajo de la misma. Un leve bufido oyó antes de sentir la cabeza de la pantera entre su hombro y cuello otra vez. No era tonto, no se había relajado por completo otra vez. La cola de un lado a otro y de seguro la mala cara de querer comerse a quien estaba en su mira que estaba presente eran toda la evidencia para saberlo. De todos los días para venir y meterse sin permiso y exigir toda su atención…

Natsu era peor, el si lo mordía y con ganas.

- Listo, Tsuna-sama. – Arqueo una ceja. No había oído a su pantera gruñir. Interesante.

Era difícil verificar con un animal tan grande encima que se negaba a que hiciera otra que no fuera consentirla porque era la reina, pero se podía. Con mucha baba y una mordida de advertencia en la mano para que regresara a lo que debería de estar haciendo. Rodo los ojos sin poderlo evitar.

- No me voy a tardar ni 5 minutos y lo sabes. – Su respuesta fue un bufido, una muy mala cara y que lo babearan de arriba abajo.

Estaban todos sorprendentemente. Sin discusión, sin preguntas… Quizás no era de extrañar, ellos no querían estar aquí después de todo.

- Vongola no los perseguirá. – Un "hagan lo que deseen". – Pueden retirarse. – Eso era todo lo que tenía que decir, y solo para darlo a entender: - Varia, díganle a Xanxus que quiero verlo, si es que lo ven.

Nunca fue el Décimo que querían que fuera, nunca fue digno. No tenía muchas opciones, por desgracia, nunca encontró a alguien mejor. Bueno, al menos lo había intentado. Suponía. No es que alguien se lo agradecería.

- Pero-

- Pueden irse. – En otro momento quizás se hubiera sentido mal de los ceños fruncidos, de las obvias ganas de querer decir algo, pero solo tenía una cosa que decir: - Debieron dejar los anillos cuando se fueron, así no se verían obligados a estar aquí ahora. Es su propia culpa. – Nada más, nada menos. – Váyanse, no hagan que los saque yo mismo. – No les gustara. A nadie nunca le gustaba.

Solo unos pocos sabían lo que pasaba cuando eso sucedía. Ninguno quería una repetición. Si Natsu no los perseguía, les daba la demostración de lo que pasaría si seguían insistiendo. Ser convertidos en paletas de hielo hacia el truco, y lo hacia rápido.

- No vamos a pedir los anillos, no-

Anillos o no, le valía un colmillo. No quería hablar con ellos, no ahora. Quizás otro día, en otro momento. De cualquier forma:

- Solo váyanse. – No quiso decir: no me hagan sacarlos a la fuerza.

El hielo en el piso, creciente, era toda la advertencia que iba a dar. Si no entendían con eso, entonces no le quedaba de otra. Suspiro profundamente cuando la puerta se cerró. No había ido tan bien como quería, pero ya estaba hecho. Ahora solo tenía que esperar…

- Todo está casi listo mi reina… - A pesar de que fue por poco tiempo, estaba molesta. Al menos Vidrio estaba más que cómodo en la silla, le había encantado el chocolate, y hablando de chocolate… - No sé cómo no me hicieron diabético… - Murmuro para sí ante la mirada desencantada de la pantera.

No le gustaba mucho el chocolate, prefería un buen trozo de carne. ¿Cómo no?, ese era su menú. Tal vez debería de conseguirle algo desafiante que cazar, no debía de haber tenido ninguna diversión en un buen tiempo…

- ¿Quieres una gacela? – Ni siquiera ofrecía dejarla libre.

Podía escaparse sola sin ningún problema, y si quisiera volver a la jungla, no lo hubiera seguido tercamente como un chicle en todo el camino. Era igual a Reborn, cielos.

Rascando a la reina detrás de sus orejas, su vista paso a la caja, específicamente al espacio vacío que quedaba, en el medio. Era una lástima, pensó para sí quitándose el anillo que lo marcaba como el Décimo Vongola, que no consiguiera a alguien más pudiera llevar ese anillo, de ser el verdadero Decimo. Xanxus no iba a estar feliz, pero no lo logro.

Era un chiste de jefe, un chiste de Decimo. ¿Qué más se podía esperar?, ya conseguirían a alguien más, Xanxus era mucho más listo y no estaría solo.

- Listo. – Murmuro para sí, viendo los 7 anillos en su caja.

La cerro lentamente y volvió a centrarse en su pantera. No podía convivir con sus guardianes como estaba, no iba a reemplazarlos, no quería otros. Ya con eso no podía seguir siendo el Décimo. Eso lo sabía desde hace mucho tiempo atrás. Le había dado larga, esperando conseguir a alguien mejor, pero era muy difícil en tan poco tiempo y sin querer hacer nada. Otro fracaso, otra decep-

- ¡Decimo! – Solo le faltó tirar la puerta, caray.

Sintió sangre resbalarle de la mejilla, y no necesito ver para saber que la pantera también le arruinado parte del traje. No podía culparla, él también se asustó ante tal entrada sorpresiva. Ahora, más que asustado o preocupado…

- Hey Akane, buenos días. – Era un muy bonito traje, y no era revelador. Le sentaba bien. - ¿En qué puedo-

Reborn, la pantera, se quejó con ganas, pero extrañamente se bajó. En lugar de irse, como uno pensaría, se acomodó a sus pies, moviendo la cola de un lado a otro y mirando a Akane con gran intensidad. No tenía tiempo para evaluar eso, no al ser acorralado en su propia silla.

- ¿Akane? – Estaba nervioso, ¿cómo no iba a estarlo?

La última vez que tuvo a alguien tan cerca termino besándolo y propasándose con él, muchas gracias. ¿El escritorio para que lo tenía?, ¿de adorno?, ¡debería de evitar estas cosas!, ¿y donde estaba la posesividad de la pantera que había tenido encima las últimas horas?

- Eres el adulto, ¿verdad? – No tenía por qué acercarse tanto para saber eso.

- Hmmm-hmmm. – Todo había vuelto a cómo debería-¡Por Dios!

No otra vez, pensó para algo asustado. Por suerte o mala suerte, el beso solo duro un par de segundos. Muchos dirían que era mala suerte, pero para el esto ni siquiera debió de haberle ocurrido y ni siquiera-

- Feliz cumpleaños, Tsunayoshi. - ¿Eh?

- Eso no es gracioso. - ¡Eso no se hacía! – No lo vuelvas a hacer, por favor no lo vuelvas a hacer… - Santo Dios…

Se llevó las manos a la cara y suspiro profundamente, un vano intento por calmarse. No valió de nada, seguía rojo como un tomate y con el corazón a mil.

- ¿Por qué hiciste eso? – De hecho: - ¿Alguien te mando a hacerlo? – No le sorprendería si-

Quedo como una estatua, una verdadera estatua. Estas cosas no deberían de estarle pasando a él, de verdad que no.

- Reborn no estaba equivocado, ¿sabes? – Akane no soltó su mano, no la soltó. – Nadie me envió, quería hacerlo desde hace mucho tiempo…

Su cerebro no podía procesar tales palabras. Señor, ella aun no le devolvía la mano, y le había besado la mejilla. ¿Qué diantres pasaba?, primero Kyoko y ahora Akane… Ugh, esto era un desastre…

- ¿Por qué? – No entendía nada… - Y no me vengas con eso, han pasado años, y no soy exactamente atractivo. – De paso: - El Tsunayoshi que conocías ya no existe, lo sabes, ¿verdad?

No iba a volver. Nada sería lo mismo, nada.

- Eres lindo. – Ay Dios… - Siempre has sido lindo, lo que pasa es que eres muy despistado. ¿Sabes todo lo que tuve que hacer para ser solo yo la que te atendiera cuando te escapabas?

- Eso… - Tosió en su palma, recuperando su mano a duras penas. – Eso no es algo que un chico considere bueno para su masculinidad, ¿sabes? – Lindo. Era lindo. Y no fue en burla por una vez. - ¿Que quieres decirme con eso? – Que Dios lo perdone, pero estaba perdido.

- Reborn no estaba equivocado, eres tu Tsunayoshi. – No, no podía ser. – Eras simplemente un chico lindo, pero luego de hablar un par de veces contigo, pues…

Quedo allí como un idiota. Si no fuera porque sabía que no era un sueño, hubiera pensado que sí lo era. Akane, en resumidas cuentas, le dijo lindo. En cuerpo y personalidad. Divertido, agradable, carismático…

Luego venían los golpes de que básicamente había hecho tratos y había buscado ascender solo para poder ser ella quien lo atendiera en el avión. Había sido ella quien cambio el menú, quien había agregado los chocolates, quien había dejado las rutas y destinos que más frecuentaba a mano del piloto, quien había hecho callar a los informantes para que no dijeran cuando se escapaba… Señor, y solo porque le agradaba.

-… te espere ayer, pero no viniste. – Estaba lo suficientemente saturado de información, pero no. Había mas. Por supuesto que había mas. Lo peor del caso es que no percibía mentiras y su intuición estaba contentamente callada. – Me puse este hermoso vestido, y no viniste, solo quedo tu personalidad joven. – Lo que siguió era para hacerlo sentir mal, estaba seguro: - No quiero apresurarte, no quiero presionarte, y aunque tu personalidad joven es linda y divertida, no eres tú. Pensé que un beso y decirte que te quiero aquí conmigo haría que-

- Toma asiento. – Antes de que le diera algo. – Toma asiento Akane, tengo que decirte algo. – Dios, que enredo… - No hay ninguna enfermedad, no hay múltiples personalidades, nunca las hubo. – No podía creer que estaba haciendo esto… - Ayer si vine, y te vi, estas usando el mismo traje y me dijiste lindo y adorable. Me asfixiaste con tus pechos también, pero bueno, detalles… - No era la primera persona que le hacía esto…

Ahora, ahora… ¡aja!

- ¿Recuerdas este anillo? – Si, gracias a Dios. – Estos anillos no son anillos cualquiera, me temo que son poderosos y pueden cumplir un deseo. Al menos, este anillo puede, y lo concedió. – Lo que seguía no era tan sencillo de explicar…

Akane no dijo nada, quedo callada en toda la explicación. No era de extrañar. No era algo que hubiera creído hasta que paso. Primo tuvo un buen rato explicándole, rayos. Le dio una copa de vino, uno que tenía allí por emergencias. Esto era una, a su parecer. No era como si fuera a tener otra.

-… así que, en resumen, estuviste tratando con mi yo más joven, el de 14 años específicamente. – Suspiro profundamente ante de decir: - No va a volver a pasar, es… es suficiente, en el pasado ya quieren al suyo, y pues… - Señalo a la caja con los anillos. – Tengo que arreglar unas cosas. – No iba a decir exactamente qué.

Solo había una pequeña cosita no cabía en su cabeza, y bueno…

- ¿En serio te gusto? – Nadie, nadie le había dicho eso. No debería ni de considerarlo, pero…

- ¿Todos los japoneses son así de despistados? – Igual le asintió, para su alivio y conflicto interno.

- No, no realmente. – Él era un caso aparte, por así decirlo. – No era muy popular o atractivo más joven, nadie quería estar conmigo. Luego, aquí… - Era triste, pero: - El puesto y los beneficios atraen más que ser lindo, te lo aseguro. – A veces pasaban esas cosas…

Aun así, con todo, había un problema:

- Deberías olvidarte de mí. - ¡Ni que la hubiera golpeado con tal expresión! – No, no lo estoy diciendo por lo que estas pensado. – Que no sabía que era, pero nada podía ser la verdadera razón. – Me gustaría, no lo negare, eres bonita y, bueno… - Si Reborn estuviera aquí, se estaría riendo de él o querría matarlo. – Siempre fuiste buena conmigo. Pero Akane, han pasado años, y aparte de que es mucho tiempo y las cosas han cambiado…

Se calló. No podía creer que estaba considerando esto, pero…

- ¿Tsunayoshi? – No contesto.

Debía de estar por aquí, en alguno de estos libros. Lo consiguió varios minutos después, y cerró los ojos con fuerza. Al menos Natsu no iba a estar molesto con él en esto por más tiempo.

- Una vez que salgas de aquí, puedes abrirlo, ¿me entiendes? – Era solo un papel. Nada más, nada menos. – No vayas a decirle a nadie si no te preguntan directamente. – O habría caos. Igual iba suceder, pero de esta forma no tendría que verlo. – Quiero darte otra cosa, pero tendrás que cuidarlo muy bien, ¿crees que puedas hacerlo? – Un gran peso menos, un gran alivio… - ¿Puedo pedirte una última cosa?

Cuando Xanxus llego, ceño fruncido y una muy buena idea de lo que quería Tsunayoshi, mas esperaba que no fuera eso, se consiguió con algo… bastante inesperado.

La única razón por la que no dijo nada, por la que no los interrumpió, fue porque Tsunayoshi tenía 25 años y más bien nunca se le había visto compartir afecciones de este tipo con nadie. Eran solo besos. La dama tenia más experiencia que el caballero, lo cual solo comprobaba que Tsunayoshi en verdad no había tenido pareja ni amantes. ¿Cómo iba a tenerlos si ni siquiera sabía besar bien?, y para más retruque eran besos castos.

Al menos alguien la estaba pasando bien y no solo como había esperado. Arqueo una ceja ante la pantera que se le paro enfrente y lo miraba con gran superioridad. Todo bien hasta que la criatura le señalo a la pareja y luego lo miro esperando algo. No hablaba lenguaje animal, pero…

- Gracias por cuidarlos… - Se dejó tocar, aunque era obvio que no lo quería a él.

Tsunayoshi lo sintió, o quizás lo oyó a pesar de que solo susurro, porque se apartó de la dama que… ¿esa no era la que Reborn le había puesto como ama de llaves o algo así?

- Buenos días, Xanxus-nii-chan. – Un saludable sonrojo en las mejillas, labios húmedos, y una leve sonrisa. Había algo triste en esos ojos en lugar de solo alegría.

- ¿Tu novia? – Por si las dudas: - ¿Eres el de 24?, porque si eres la personalidad de 14 estas rayando en la pedofilia. – No era exactamente para reírse, aunque confirmaba que era el adulto.

- No veras más al de 14, espero que no hayas sido muy brusco con él. – Arqueo una ceja ante esto. – Los anillos cumplen deseos, uno por jefe, son así de poderosos. No cumplen cualquier deseo, me temo.

Un minuto de silencio para poder procesar esa información, uno que el chico agarro para volver a lo que hacía. Bueno, la chica. El chico no lo volvió a iniciar por sí solo.

- ¿Hiciste una especie de intercambio con tu yo pasado? – Pero nada de eso tenía-

- Algo un poco más complicado, pero dejémoslo así. – La sonrisa cayo, y: - Lo siento, pero ya que estaban todos aquí decidí terminarlo todo ya. – Le señalo algo en su escritorio.

Sus temores se confirmaron al ver la caja con los 7 anillos. No había duda de lo que quería Tsunayoshi, y no lo dejo protestar tampoco:

- Lo siento, pase estos años buscando a alguien más, cuando no estaba… ya sabes… - Muerto en su cama como quien dice, sin querer hacer absolutamente nada. – Le di mucha larga como es. No quiero otros guardianes, no puedo seguir con o sin ellos. Espero que tengas mejor suerte consiguiendo a alguien más. Sé que no lo querías, menos así, así que lo siento mucho Xanxus.

Con eso, con eso había cortado cualquier protesta que pudiera hacerle. No podía ser el Décimo si no tenía guardianes, en eso tenía razón. Lo demás eran disculpas, disculpas en no conseguir a nadie más para el puesto. Era… era un golpe.

- ¿Que vas a hacer entonces? - ¿Vas a seguir en Vongola?, ¿vas a unirte a otra familia? – Varia no te hará a un lado. – Varia no te rechazara.

- Ya tengo planes. – Traducción: no planeo compartir, no aún. – Y Xanxus… - ¿Había otro golpe? - ¿Podrías entretener a Reborn por unas horas?

Cerro los ojos y asintió. No estaba feliz, porque si ni siquiera Reborn, a quien consideraba su padre, iba a saber…

¿Qué iba a hacer Tsunayoshi?, ¿desaparecer como hizo Primo?