Nada de Katekyo Himan Reborn me pertenece, solo la historia y uno que otro agregado que aparecerán más adelante en la historia.
Family of the Past
Capítulo Extra
-… necesario, ¿cierto? – El hombre de negro a su lado solo resoplo como respuesta a su pregunta.
Definitivamente este era el hombre más terco que hubiera conocido en su vida. Era exasperante de muchas formas. Era imposible molestarse con él por mucho tiempo, solo lo hacía por bien. Acaricio lentamente el anillo en su mano izquierda, sonriendo un poco. No era el único terco con el que tenía que lidiar diariamente.
- ¿Bianchi está bien con esto? – Era un vano intento de que la dejara en paz.
- No está muy lejos. – Fue la respuesta tranquila. – Es una ciudad peligrosa, no sé de dónde has sacado la idea de venir. – Por supuesto: - ¿Y por solo vino?
Entonces Rukia debía de estar con mamá. Los tres rara vez se separaban. Una de las excepciones era ella. Era una especia de habito ahora, la forma en la que chequeaban como estaba y no poder escapar de su radar cuando venía a estos pequeños viajes. Innecesario, pensó para si con una sonrisa mientras recordaba al anillo que tenía en la mano izquierda.
- No es cualquier vino. – Eso lo hubiera pedido por parte de los que traían las provisiones en la mansión.
- Vino es vino, Akane. – Quizás, pero esa no era la razón por la que estaba aquí.
No hubo más palabras hasta que llego a la bodega. La dejaron pasar, la persona detrás de ella era suficiente señal de que no hicieran preguntas ni nada estúpido. No tardo en encontrar lo que buscaba entre todas las botellas en exhibición.
Su acompañante arqueo una ceja, sin decir nada, ante la botella que tomo. Era cualquier cosa, diría el asesino. Cualquiera diría eso, porque no sabían la verdadera razón del porque venía personalmente a buscar una simple botella de vino.
- Era uno de sus favoritos. – Dio como explicación, y por cómo se tensó sabía que no hacía falta aclarar nada. – Cuando estaba de muy buen humor y solo quería hablar, pedía este. Tomaba una copa o dos e invitaba. – No era precisamente una bebida popular. En especial porque era rosa y muy suave. Ligero. - ¿Por qué no lo pruebas?
Era un dato no conocido. Rara vez soltaba algo que fuera desconocido para el asesino que la acompañaba. Cuando pasaba, siempre había silencio y un sombrero ocultando sus ojos. Fuera como fuera, esta persona se había desmoronado en cuanto se enteró. Quizás… quizás fue la persona que más se negó a aceptar la verdad. No era de extrañar la razón, ya no.
- Este era su preferido si estaba muy molesto y solo quería olvidar. – Tomo un vino de un color rojo oscuro. – No le gustaba, creo lo hacía apropósito. – Más de una vez tuvo que quitárselo y distraerlo con otra cosa. - No pasaba mucho, por fortuna.
El asesino no respondió, observando y tomando cada palabra con más atención de lo que debería. Por ello, siguió:
- Este era para ocasiones especiales, supuestamente uno que tomo de ti sin permiso. – Uno blanco. Lo irónico era: - Nunca lo termino, creo que quería tomarlo contigo. – Era una suposición, no estaba seguro. – Este era para cuando estaba triste, solo tomaba una copa a lo mucho…
Siguió un poco más, resumiéndole el repertorio de vinos que su hijo solía elegir, en que momentos, porque, y que tanto. No tomaba mucho en general, nunca lo dejaban y temía emborracharse y hacer una locura. Si alguna vez lo hizo, no lo vio. Cuando quería desaparecer, solía hacerlo bien.
- Creí que te gustaría saber. – De hecho: - Esta parada es para ti. – Ella venia por algo muy distinto, pero podía esperar.
No se equivocó. Reborn tomo cada una de esas botellas y las mando a llevar a Vongola bajo estrictas ordenes de que llegaran en perfecto estado, y que nadie tocara. Ante la mirada exigente que le dieron justo después, confeso:
- Natsu ha estado triste, sé que él le conseguía bocadillos y cosas para malcriarlo por estos lugares. – Era un intento de alegrarlo. Otro más.
Cejas llegaron al cielo y no podía culpar al asesino. Era muy difícil imaginar a su hijo caminar por estas zonas, y menos sin ser reconocido, solo para malcriar a Natsu.
- ¿Cómo sabes eso? – Vino la pregunta que no podía faltar.
- ¿Quién llevaba los listados de los lugares a donde viajaba a escondidas? – Esto, afortunadamente, silencio al mejor asesino a sueldo del mundo.
Ninguno de los dos sabia, y Natsu no iba a aparecer ahora. Deambularon, pasearon, por horas. A pesar de lo peligroso del lugar, tenía cosas bonitas.
-… vas a comprar eso? – Pues sí, si lo haría.
- Es un lindo vestido. – Había visto mejores, pero este era lindo de todas formas. Sencillo también.
Reborn suspiro profundamente, y no pudo evitar reírse de él. Esto le pasaba por-¿Eso era…?
- Reborn, ¿es eso…? – No termino la pregunta cuando fue tomada del brazo y jalada a un lado.
- No es nuestro problema. – Afirmando su punto: - Es un sitio peligroso, asesinatos es normal aquí. – Tristemente así era.
El tema dio por finalizado allí. O eso creyeron, porque había una tercera opinión que no se dejó silenciar.
- Ese león nunca va a aprender… - A pesar de quejarse, había una sonrisa dolida diciendo esto.
Natsu no hubiera sido el único que hubiera hecho esto. A veces podía ser aterrador lo parecido que podía ser el león a su antiguo dueño.
Amaba los cojines de su sofá y las almohadas de su cama. A pesar de no hablar, le daba miradas conocedoras y hasta se acostaba a su lado para oírla. Se dejaba convertir en una almohada si se sentía mal o tenía un mal día. Le daba mala, la misma mala cara, cuando se molestaba o no estaba de acuerdo con algo. A pesar de ser pacífico y muy dulce, era terco.
Y finalmente estas cosas. ¿Cuántas veces Natsu no le había traído un animalito que no podía sanar?, ¿o había asustado niños queriendo jugar con ellos sin querer y luego se ponía todo deprimido por eso?, ¿y cuantas veces había perseguido maleantes por cuadras enteras?
- Quédate detrás de mí. – Claro, por supuesto. De broma iba a ir ella primero.
El mal olor de la sangre la saludo al seguir a Reborn por el callejón. Lo que sea que había ocurrido fue del otro lado, no dentro del callejón.
- Robo. – Se limitó a decir el asesino, moviendo la cara de la víctima con el pie, cuidando de no ensuciarse los zapatos con la sangre.
Un disparo en la frente. No era el único cadáver, pero era el más reciente. Sus bolsillos habían sido vaciados sin cuidado. A unos metros, había un león haciendo a un pobre infeliz lloriquear por su vida.
Un largo suspiro fue dejado por parte de Reborn antes de que León se convirtiera en una pistola. Esto no tardaría mucho tiempo, eso era seguro. Nadie se metería, por dos tontas razones.
Nadie cuerdo interrumpiría al mejor asesino del mundo. Menos sin una muy buena razón. Y nadie que reconociera esas llamas se atrevería a ponerle una mano a Natsu. Ver a Natsu era tanto una bendición como lo contrario, dependiendo de la ocasión. Era tanto un recuerdo como un tesoro para quienes recordaban positivamente al dueño anterior.
- ¿Natsu? - ¿Ahora que tenía? – Es hora de irnos, vamos… - ¿Ahora qué pasaba?, no había-
El león se acercó a algo, olfateando. Se detuvo y extrañamente bajo las orejas. Intento acercarse a algo de todas formas, con las orejas caídas.
Estaba bastante segura que no fue la única en hacer una doble toma ante el niño que lloriqueo en silencio, abrazado de las rodillas con fuerza al pecho, asustado del león que solo quería jugar con él. Había estado escondido entre unos botes de basura hasta que Natsu lo descubrió y empujo uno de esos botes a otro lado.
El niño estaba extremadamente asustado así que lo único que salían eran lágrimas y querer desaparecer del sitio. A pesar de que Natsu obviamente solo quería jugar con él, ya que buscaba lucir lindo, amigable, y frotaba su cabeza en contra del chico. O lo intentaba. Era difícil con alguien que estaba tan asustado y era tan pequeño.
- Genial… - Pues sí, en eso tenía que concordar. – Tu forma pequeña es más ideal para jugar Natsu. – Era un medio regaño.
El león se detuvo, les dio una rara mirada, y luego se encogió en una llamarada. El terror del niño subió a mucho y luego quedo perplejo ante la pequeña criatura que hasta se le puso panza arriba, dándole la carita más linda que podía al igual que los sonidos.
Por fortuna, ninguno necesito intervenir. Eso no quiso decir que no estuvo cerca.
El niño estornudo, un cachorro de león siendo tocado casi con miedo. No tomo mucho en que el niño comenzara a sonreír y en que Natsu fuera abrazado como un oso de peluche.
- Así que… - Natsu les enseño los dientes, pero de resto no hizo nada más. Ojos subieron y el asesino tuvo un deja vu. - ¿en dónde están tus padres?, ¿acaso estas perdido?
Por más que Natsu estuviera cómodo jugando con el niño, un niño no debería estar en un lugar así. El niño pestañeo varias veces antes de negar con la cabeza. Dos veces.
- ¿Juegas a las escondidas? – No, por supuesto que no. Pero ella prefería preguntarlo así.
El niño le negó. Hubo otro estornudo y ella hizo una doble toma ante esos ojos. Era un color común, pero había algo raro en ellos.
- A ver, ¿heridas? – El asesino no espero respuesta antes de tender una mano. - ¿Te apetece un bocadillo? – Aunque con tal pinta…
Sucio de arriba abajo. Mayormente de barro y polvo. Era un asco y Natsu aun así estaba cómodo en los brazos del niño. Cosa rara, pero no anormal.
Tomo un momento o dos antes de que el chico moviera una mano y tomara la de Reborn.
- Necesita un baño. – Esto, por supuesto, trajo una mala cara por parte del asesino.
Un niño d años. Estaba hecho un desastre. Necesitaba un baño, y-
- Salud. – No había otra cosa que decir ante el estornudo que hizo volar mucho polvo.
Reborn suspiro profundamente y antes de verlo venir tenia al chico en sus brazos, haciendo que mirara a cualquier lado menos a los cuerpos en el suelo. Probablemente era un poco tarde para eso, pero igual el gesto era apreciado. Un niño no debería ver esas cosas.
No hace falta decir que, una hora y algo más tarde, Bianchi hizo una doble toma ante la persona extra. Una persona que estaba roncando, sujetando fuertemente a un cachorro de león inconfundible.
- Sus padres van a querer verlo. – A pesar de decir esto, Bianchi corrió a preparar las cosas.
- Arriba dormilón. – Reborn trato de ignorar lo mejor posible la baba. Aparte de lo sucio, también babeaba dormido. Por más tierno que fuera, baba era baba. - ¿Listo para un baño?
El niño prefería seguir durmiendo, ni siquiera parecía entender porque había sido despertado. Así que, obviamente, no estaba muy feliz al ser puesto debajo de la regadera. La cara de enfado era una tierna tomando en cuenta que solo inflo los cachetes, sin notar el agua de color oscuro cayendo a sus pies.
La ropa no fue perdonada, jamás ni nunca. De cualquier forma, nadie se molestaría por ropa nueva. Esa nunca volvería a ser la misma, por más que se lavara y se remendara.
Un cachorro de león fue ignorado por los más grandes, pero no por un niño que lo encontraba amigable ahora o lo creía un gatito. Fuera como fuera, con Natsu en sus brazos, con la alegría del animal, y con sus características siendo reveladas gracias al agua, ese niño tenía toda la atención de quien lo estaba ayudando a bañar.
Mientras más limpio estaba, más atención tenía el niño. No había hecho nada, y ya tenía la atención completa del mejor asesino a sueldo del mundo. Así que cuando dicho niño le sonrió a Reborn, ya tenía al asesino envuelto en su pequeño dedo y no lo sabía.
En la cocina…
-… y eso fue lo que paso. – Akane termino su historia, terminando su té. – Natsu suele hacer estas cosas, pero creo que es la primera vez que un niño se le derrite sin una ayuda externa. – En cualquiera de sus formas.
- Es adorable cuando quiere. – Como cierto alguien que ninguna tenía el valor de nombrar. – Sus cuidadores deben estar buscándolo. – Por supuesto, era solo un niño.
- No íbamos a dejarlo allí solo. – En medio de cadáveres y asustado y solo. – Ya lo llevaremos a casa, luego de algo de comer. – Después de todo: - Debe tener hambre, un bocadillo nunca cae mal, ¿cierto? – Mientras no fuera uno envenenado, claro está.
- Una comida completa sería mejor. – La tercera voz, masculina, fue una leve sorpresa.
Con tantas veces que el mejor asesino del mundo hacia esto, llegaba un momento en el que ya no daba tanto miedo. Aun así, ambas mujeres quedaron estáticas al buscar al asesino con la vista.
Un pequeño niño, mayormente escondido detrás de las piernas de Reborn, era la causa. Piel blanca, de un hermoso color blanco. Ojos de color marrón. Cabello del mismo color, alborotado a pesar de estar mojado. Marrón chocolate.
- Gao~ - Era lo que terminaba de completar la imagen de algo que nunca pensaron ver.
Natsu se froto en contra de las piernas del niño antes de sentarse pacientemente a su lado. El cachorro parecía sonreír.
- Mi esposa, Bianchi. – Reborn continuo como si nada pasara, tono inusualmente amable. – Una amiga, Akane. – Unas palmadas al chico para que dejara de ocultarse, pero solo hizo que se aferrara más al asesino y lo mirara con grandes ojos chocolate muy expresivos.
Ninguno de los tres lo diría, no en el momento. El niño era la viva imagen del Decimo, incluso con los raspones, la ropa que le quedaba grande, y el que no estuviera tan bien cuidado como debería de estar.
- ¿Dónde está Rukia? – Reborn no podía negarle a esa cara, desgraciadamente. – Debería de estar aquí. – El niño solo tenía miedo.
- Regresara en cualquier momento, solo fue a buscar un recado. – La respuesta fue lenta, la atención de Bianchi estaba en el niño y no en la pregunta. - ¿No vas a presentarlo cariño?
- No quiere hablar. – Reborn frunció el ceño, recordando todos los intentos de hacer que lo hiciera. – No es mudo, puede reír, ¿cierto mocoso?
Las risas de un niño siendo molestado no ayudaban. Hasta la voz era similar, al menos para Reborn y Bianchi, quienes habían conocido al Decimo de joven.
-x-x-x-
- Di aahhhh~ - Cualquiera pensaría que detestaría esto, pero no era así.
El niño obedeció esta vez, afortunadamente. Las primeras veces no entendió, pero ahora estaba más que encantado con la atención y la comida. El niño podía comer solo, pero no pasaba nada por hacer esto. Nadie se molestaba.
Oyó la puerta abrirse, unos pasos, y luego algo caer. Oh si, su hija llego. No había duda.
- Ella es Rukia, mi hija. – Su hija no recordaba muy bien al Decimo, pero las fotos que estaban en la casa la ayudaban. Justo ahora, debía de estar teniendo el mismo choque que ellos. - ¿No quieres decirle hola?
Suspiro internamente al ver que no lo hizo oralmente, solo con un gesto de mano, algo tímido. Bueno, ya hablaría en otro momento. Por ahora no pasaba nada.
- No sé su nombre, no ha querido decir. – Se limitó a decir a su hija, quien estaba a su lado, y parecía querer tocar al niño mas no sabía cómo. - ¿Quieres llevarlo a la cama luego de esto?, no tiene pinta de querer ir a casa aún. – En lo absoluto.
Cada vez que sugerían la idea, el niño se le sujetaba al pantalón y le daba ojitos grandes. Ni siquiera iba a comentar en el cachorro de león que lo había matado con la mirada.
Mañana lo llevarían a donde lo encontraron. Tal vez encontrarían algo. Perder el contacto no iba a pasar, eso era seguro.
-x-x-x-
-… algo conocido? – El niño no le respondió.
Desde que habían llegado, el niño se había retraído. Conocía el lugar, era obvio. Aun así, caminaba más porque era llevado y no porque quisiera. No quería ir a casa. ¿Que podría llevar a un niño a no querer regresar a casa?, nada bueno.
La gente los miraba y arqueaba una ceja, o tenía una reacción más acorde al ver a la viva imagen de alguien que había muerto hace años: quedar en shock. Aun no le había preguntado a nadie nada, pero estaba a un paso.
- ¿Por qué estabas en ese callejón ayer? – No esperaba una respuesta. El niño no había querido hablar por más que intento que hablara.
En otras circunstancias, hubiera dejado al niño por su cuenta y observaría que haría. No podía hacerlo con este niño, no quería. Tenía un férreo agarre también.
- ¡Pero miren quien regreso! – Arqueo una ceja. ¿Ahora qué? - ¡El bebito!, awwww~
Un apretón le dijo sin mirar que pasaba aquí. No es que hiciera mucha falta, las burlas decían mucho. No sabía si estos chicos mucho mayores que el niño a su lado no sabían quién era, o simplemente no los importaba. León estaría más que feliz de convertirse en un martillo y dejarles chichotes por días o hacerlos orinar del miedo con unos disparos muy certeros. Era una difícil decisión-
Un fuerte golpe se oyó y un cuerpo cayo, aunque no completamente. No vio venir eso. El resto, por desgracia, era predecible. Hizo unos disparos con León antes de que pasara a mayores y se preguntó como había llegado a ver lo que vio.
- ¿Qué quieres viejo? – Interesante. No le tenían miedo. - ¿Que no ve que estamos ocupados?
- Claro que lo veo. – Mas no lo aprobaba. - ¿Ilumínenme? – Hizo un clic con su pistola muy sugerente.
Al menos los idiotas entendieron que no estaba de juegos o por fin lo reconocieron. Quién sabe.
- Rarito necesita aprender a alejarse. - ¿En dónde debería darle a este idiota?, ¿en el pie o en la rodilla?
- Que no regrese mas bien. - ¿Oh? – Pensé que habíamos hecho un buen trabajo la última vez al destrozar al señor Conejo. – Menos mal que Bianchi no estaba aquí. Los mataba.
- ¿Por qué? – No fue muy sorprendido de que el chiquillo por fin se escapara y se escondiera detrás de él. Tenía una buena idea de que pasaba aquí.
- ¡Porque por su culpa no nos miran tanto como deberían! – Una bala basto para callarlos luego de eso.
Huérfanos, ¿uh?
- ¿Vienes de allí? – Pregunto luego de espantar a todos, señalando el orfanato que no había visto hasta que los chicos corrieron. Hmmm…
Alguien no quería ir allí. Alguien no quería volver. Alguien no aguanto y se escapó.
Si ese alguien era un cielo como se estaba temiendo, por supuesto que lo iban a mirar más. Lo quisieran o no, los cielos atraían.
- Vamos, hay unas cosas que quiero saber. – Lo levanto, casi seguro de que se le iba a escapar ahora si no hacía algo. – No deberías golpear a nadie, en especial cuando sabes que estas en desventaja niño. – Y que iba a perder con creces. De todas formas: - Fue un buen golpe, mocoso. – Debió doler, sin lugar a dudas.
El niño no le respondió y más bien lucho para escaparse por un momento antes de resignarse. Era un niño tonto, ¿creía que lo iba a dejar allí cuando obviamente no quería?, no es que fuera capaz de dejarlo solo como era. Bueno, ya se enteraría.
No era el sitio más cuidado, eso fue lo primero que pensó al entrar. Por las risas y los ruidos, había muchos niños. Quizás mas niños que cuidadores, ya que no había nadie en la puerta para vigilar. De hecho, no había nadie en la recepción.
- Buenas tardes. – En voz alta, a ver si alguien aparecía.
No quería entrar en un sitio lleno de niños. Ya tenía uno en brazos que no estaba feliz de volver allí. Lo dejaba en el suelo, saldría corriendo, se iría. Tenía una idea bastante equivocada de lo que iba a ocurrir. Sería bastante divertido ver su cara en cuanto se enterará, claro que… necesitaba su cooperación.
- ¡Buenas!, ¡buenas! – Arqueo una ceja, pero no dijo nada ante la señera que, obviamente, se había escapado para venir a atenderlo. – Disculpe, los niños andan intranquilos hoy, ya ve… - Jadeante, había corrido hasta acá, con la ropa llena de pintura y niños quejándose en la distancia por su ida. – Es día de arte, y pues… - Se apagó, dejando de sonreír al ver a quien tenía en brazos. - ¡Sebastián!, ¿a dónde te metiste esta vez?, ¡te hemos buscado por todas partes!, no puedes seguir haciendo esto jovencito. – El chico se tensó más si era posible, apretando su agarre en su camisa y reusándose a mirar o darle atención a la señora. – Lo lamento mucho señor, discúlpate Sebastián por hacerle-
- ¿Sebastián?, ¿así se llama? – Interrumpió curioso, o fingiendo curiosidad mas bien. Ambos sabían que el niño no iba a disculparse, no hacía falta forzarlo. Además, no venía a devolverlo.
- Así lo llamamos. – Eso no era una respuesta. – A ver, vamos, des-
- ¿Entonces cómo se llama? – Para que entendiera que no estaba planeando devolverlo, agrego: - Mi esposa estará feliz de al fin tener su nombre, ¿sabe?
Hubo una pausa, y sintió los ojos de alguien perforarle la cabeza. Su atención estaba en la señora que había quedado como un pez.
- Venga por aquí… - Extrañamente la señora parecía haber visto alguna especie de fantasma.
Se encogió de hombros y la siguió en silencio. Llegaron a una habitación que reconoció de inmediato: era una oficina, la oficina del Director. No había nadie allí.
- Siéntese donde desee, la Directora vendrá en un momento. – Cerrando la puerta, agrego: - Le dirá todo lo que quiera saber, si me disculpa…
Solo había preguntado por el nombre del niño. Nada más. Y ya iba a tener una reunión con la encargada del lugar.
- Sebastián, ¿es ese tu nombre? – No podía fingir que no sentía la mirada toda la vida.
No hubo una respuesta, a pesar de que el chico entendió la pregunta a la perfección. No le quedaba, ese nombre no le quedaba de todas formas.
- Mi esposa me matara si no te llevo a casa para la cena. – Se limitó a decir como respuesta al niño que no dejaba de mirarlo. Comenzaba a ser inquietante. – Rukia creo que hará algo especial, no querrás perdértelo, ¿o sí?
Al menos eso cambio su actitud, y el férreo agarre que le tenía encima. La mirada no cambio de intensidad, solo era más… curiosa que otra cosa. Ya que no parecía que saldría corriendo si lo soltaba, lo bajo a su regazo y le revolvió el cabello. Eso estaba mejor, aunque no saco risas como quería. Sería la próxima vez.
La puerta se abrió, y pasos se sintieron. El niño fue quien de inmediato miro al recién llegado, pero él se limitó a esperar. Para cuando la directora llego a su campo de visión, parecía haber visto un fantasma. De hecho, no llego a saludar:
- Déjame adivinar… - Su vista pasaba del niño a él una y otra vez. Era como si no creyera lo que veía. - ¿Su nombre es Reborn? – Parecía pedir que dijera que no, suplicaba por un no.
Iba a ir con profesor Boren, pero ya que insistía…
- Así es, ¿por qué la pregunta? – Había perdido mucho color y eso era decir algo. - ¿No debería presentarse usted primero?, es lo indicado, ¿no cree? – No debía de saber quién era, era civil. Así que, por más divertido que fuera, ¿a qué se debía la reacción?
- A-Ana, Ana Riverwood. - ¿Extranjera?, interesante. - ¿Quiere a ese niño? - ¿No era obvio?
- No veo porque no, mi esposa me matara si no lo llevo a casa antes de la cena, y mi hija siempre quiso un hermanito. – Rukia lo secuestraria si lo dejaba aquí y mañana vería al niño como si nada en la casa. – Debo decir que uno se encariña rápido. – Se limitó a dar como una verdadera explicación, revolviéndole el pelo cariñosamente al niño que lo miraba otra vez con algo extraño. No necesitaba analizarlo para saber que era curiosidad y esperanza, algo de temor mezclado.
- Si, por supuesto que si… - Se pellizco el puente de la nariz y tomo asiento. – Ese niño es encantador, pero usted no es el primero que quiere llevárselo señor. – Esto no le sorprendía, pero había algo raro:
- Lo oí de parte de unos niños más grandes, no lo quieren mucho. – La señora sabia de esto y no lo aprobaba por como su cara cambio. – Si es así, ¿por qué sigue aquí?, ¿y podría decirme su nombre? – Tenía que tener uno, ¿no es así?
- No se ha ido porque no quiere, no importa quién o lo que se le diga. Tampoco le gusta estar aquí desde que los otros niños comenzaron a tratarlo mal por negar lo que ellos quieren. – Era comprensible, pero no lo hacía algo bueno. – Le decimos Sebastián, no sabemos su nombre.
- ¿Como que no lo saben? - ¿Era en serio?
- ¿No lo sabes tú?, no habla. – Eso no lo hacía mejor. En nada. – Desde que llego aquí no habla, se reúsa a hablar. – Luego: - Solo hubo alguien con quien lo hacía, pequeñas cosas, pero murió hace un año y no logro que dijera su nombre. – Excelente.
- ¿Y quiénes lo trajeron? – Después de todo: - No puede estar aquí desde bebé si no saben su nombre. – Le hubieran dado uno, y respondería a ese.
- Un oficial de policía lo trajo aquí hace unos años, tenía 4 para entonces. – Oh. Esto no era bueno. – O estimamos que tenía 4, no sabemos con exactitud. – No tenían nada de información de este niño. – Fue encontrado como un sobreviviente de un caso grave de homicidio. Único testigo en escena. Fue encontrado dentro de un gabinete de baño, y mordió al oficial que trato de sacarlo de allí. Fueron 5 muertes, si alguno era familiar no se sabe. – Lo siguiente no hacía falta que se lo dijeran: - No aparece en el sistema, y tres de las víctimas eran extranjeras. Paso a servicios infantiles y luego termino acá. Solo respondía bien al oficial que lo trajo, pero murió como le he dicho.
Excelente.
- Sebastián no le pega si me pregunta. – Al chico podría importarle menos. No era su nombre. - ¿Cómo sabe mi nombre?, usted y la otra señora parecían haber visto un fantasma al verme. – Al verlos juntos realmente.
- Deme un momento. – Arqueo una ceja, pero espero. – Con esto ya no tendremos que volver. Sebastián, vamos, enséñale tu cuarto al señor Reborn, vamos.
No debería reírse, pero es que era divertido. El niño no iba a moverse, no planeaba hacerlo en el corto plazo y menos si no hacía caso a ese nombre. ¿Que querría mostrarle?
- No hace falta. – El niño no necesito que se lo dijera dos veces, entendiendo el gesto de manos y ahora lo tenía en sus brazos otra vez. – Puede señalarnos el camino, ¿verdad mocoso? – Le agradaba más esa idea.
La señora lo miro de una forma rara y luego negó con la cabeza. No era tan lejos como temió, llegaron relativamente rápido.
- Disculpe el desorden, ya saben cómo son los niños… - Habitación compartida, por supuesto.
No veía nada raro en la habitación, era típica de niños pequeños. Una mejora no le caería mal de todos modos. Las camas eran viejas, los juguetes también… Hasta pintar le caería bien. Los niños no tenían reparo en pintar en las paredes, ¿uh?
- ¿Uh? – ¿Que era esto?
Le tomo un poco de acomodo, pero podía pasar las hojas sin tener que mover al niño en sus brazos. La directora no le dijo nada, pero cualquier molestia que pudiera tener hacia ella se evaporo ante las últimas imágenes.
Dibujos infantiles, muchos de animales o cosas raras que no sabría que eran. Supuso que eran del niño que tenía en sus brazos, pero al llegar a los últimos tuvo que hacer una pausa.
- Dejo de hacerlos porque no le gustan las preguntas ni que se los quiten, tampoco le gustaba ir con la orientadora. – Si no quería hablar, ¿cómo no? – No mentiré: creímos que era alguna especie de amigo imaginario, o quizás alguien que solía cuidar de él o tal vez algo que vio de la televisión. Persistieron, y no tienen explicación, y él no quiere hablar… - De paso: - No actúa como si tuviera un amigo imaginario, y es demasiado extraño para ser algo común… - Finalmente: - Llegamos a pensar que tal vez era quien cometió el crimen, pero siempre niega y escribe lo que lees abajo.
Reborn. Reborn. Tenía hasta líneas haciendo énfasis debajo de las letras mal hechas. No había error en el nombre. Una figura alta vestida de negro, con un punto verde en lo que sabía que era un sombrero, pero parecía cualquier cosa menos uno. Brazos y piernas deformes, cara también, pero había algo fijo en todos ellos aparte del nombre y el punto verde que a veces esa una línea con un caracol. Sus patillas. Eran exageradas, no bien hechas, pero estaban en todas. Inconfundibles.
León eligió ese momento para bajar por su brazo, asustándola a la señora y llenando de admiración a un niño, para ver mejor esas imágenes.
- Él es León. – La directora ya debía de saber que representaba lo verde. – Siempre estamos juntos. – Casi siempre, pero eso eran detalles.
El niño no podría haberlo visto en la televisión. Menos en uno de sus trabajos. Nunca dejaba testigos, y siempre se aseguraba de no dejar desastres así. Además, no había tomado algún trabajo con civiles en años. En general, este niño…
- Tsunayoshi. – Probo el nombre al aire.
Una señora casi se infarta ante el niño que de inmediato lo miro, respondiendo al nombre. Era inocente, esperando algo, sin ver nada malo en que un completo desconocido supiera su nombre.
- Tsunayoshi. – Repitió, solo porque podía y quería saborear el nombre. No lo había dicho desde que… desde aquello. – Voy a bajarte, no vayas a ir lejos, nos iremos pronto, ¿está bien?
No había forma ahora en que no dejaran que se lo llevara. Menos iba a dejarlo ir luego de esto.
-x-x-x-
- Ya veo. – Se limitó a decir, extrañado. – Dile que pase entonces.
- Eso esto, Xanxus-sama. – La dama se inclinó respetuosamente antes de salir de la habitación.
Aun ahora, Akane seguía trabajando aquí. Al menos ya había seguido con su vida, como todos. Bueno, casi todos.
- ¿Cuándo planeas bajarte de mí silla? – Nunca. Eso sería lo que le diría si pudiera hablar, estaba seguro.
La pantera ni siquiera se molestó en mirarlo. Perfectamente cómoda en la silla, como si fuera una reina. No era el único animal que había invadido su oficina hoy, pero ella siempre estaba aquí y casi nunca soltaba esa silla.
Había tenido que poner la silla en el rincón, cerca de la ventana, y ponerle una tasa de agua. No por respeto al animal, sino por quien fue su dueño. No sabía porque la pantera tenía tanta insistencia en estar aquí, era intratable. Tenía bien puesto el nombre, honestamente. Hacia bien su trabajo de espantar o todo el que no debería de estar aquí, al menos.
- Shishishi, no te la va a devolver. – Bel solo sonrió mas ante la mirada de muerte, encontrando el asunto divertido.
A sus pies había un leopardo que a veces venia, como buscando a alguien, y luego se quedaba un rato antes de irse. Nadie hacia nada, el leopardo no atacaba ni causaba problemas. Tocaban al animal y Squalo cortaría cabezas. Tan simple como eso. Nadie tocaba a los animales, ni siquiera a los benditos cocodrilos trepadores…
En serio, ¿en que había estado pensando aquel idiota en hacer una reserva tan grande?
- Adelante. – Bel respondió en cuanto tocaron la puerta.
Squalo y Bel eran los únicos que lo estaban acompañando en la oficina, ayudándolo con el papeleo. Era una pesadilla. Y sus guardianes no explotaban alas enteras en segundos. Ser el jefe de una organización tan grande no era lo que uno esperaría, eso era seguro.
- Si viniste a decirme que quieres un trabajo desafiante otra vez me temo que no hay ninguno… - Se apagó, su vista en un pequeño cachorro de león que entro como Pedro por su casa.
El león no era tanto el problema, sino lo que venía detrás de él, mano unida con una de las personas más temidas del mundo, la otra mano ocupada con un helado de vainilla, lamiendo el dulce como cualquier niño. Era un niño, pero por Dios…
- No, no vine a eso. – Reborn tiene el descaro de sonreír como el gato que se comió al canario. – Vine a presentarte a mi hijo. – El mensaje detrás de esas palabras era contundente.
Una pantera saltando al suelo los saco de su estupor. Era la primera vez que esa pantera se interesaba en alguien, su vista estaba fija en el niño.
- No le tengas miedo, es como Natsu. – Incentivo el asesino, algo divertido por como el niño se había aferrado a él y miraba al animal con miedo. No era de extrañar por qué. – Anda, acaríciala, dile hola.
Una pantera resoplo, aplanándose contra el suelo, olfateando al niño y tratando de no parecer tan intimidante. El problema que nadie se vio venir era el otro animal que estaba allí.
- Con razón se llama Helado. – Bel comento a duras penas, impresionado.
El pequeño no podía tener los ojos más grandes porque no podía, viendo como alguien le robaba el dulce con grandes lametones, ignorando por completo a la pantera con mal genio porque le pasaron por encima.
- ¿Helado?, ¿en serio? – Reborn aleve dos dedos al puente de la nariz ante tres asentimientos simultáneos. – Puedo ver por qué. – El animal no le iba a dejar nada al niño.
Por suerte o mala suerte, algo en ese acto había calmado al niño, y antes de verlo venir el leopardo estaba siendo tomado de una oreja con timidez. Este fue el punto de quiebre para una pantera que se reusaba a ser el segundo.
- Y ella es Reborn. – Ante la mirada molesta de cierto asesino, Squalo agrego: - No fuimos nosotros, y déjame decirte que se parece a ti. – Y mucho.
Claro que toda pelea entre felinos acabo ante los indicios de lágrimas. Ahora dos gatos gigantes no sabían que hacer para solucionar esto, excepto… babear al niño y empujarlo un poco sin querer.
- ¿De dónde salió? – La pregunta vino mucho después, una vez que el niño estaba lo suficientemente calmado como para darse cuenta que ninguno de los gatos gigantes quería nada más que jugar con él.
- Casualidad. – El asesino se limitó a decir, poniendo unos papeles en la mesa antes de matar a los tres hombres: - Ven a saludar a tus tíos Tsunayoshi, diles hola.
El hola nunca llego, pero si llegaron abrazos, sonrisas, y gestos de manos. Risas más tarde. Nunca salieron palabras por más que se intentó.
Xanxus sabía lo que quería Reborn sin que se lo dijera, por los momentos solo podía conceder una:
- A fin de mes, a más tardar, 2 de la tarde. – Eran un par de semanas. – Puede quedarse aquí, pueden quedarse aquí, si lo desean.
¿Cómo podía decirle no cuando tenía al niño en su regazo, dándole la vista a ojos demasiados parecidos al Decimo Vongola?
Los gestos también eran muy similares. Además, la condenada pantera finalmente se había bajado de esa silla por alguien y no tenía pinta de soltarlo, si la mirada homicida que el animal le tenía encima decía algo.
-x-x-x-
- ¿Te divertiste? – El niño le asintió muy animado, sonriendo muy grande, corriendo a donde estaba para abrazarlo del pantalón.
Dos cocodrilos se quejaron, pero obedientemente volvieron a su estanque. Más de una persona había tenido un pequeño infarto hoy. Lo que no sabía era si era por permitir a un niño tan pequeño jugar con animales tan peligrosos, o por dicho niño. Tsunayoshi no tenía idea de nada, muy contento. Ya había entendido que nada aquí era para tener miedo, aunque a veces se le era difícil recordarlo.
Colmillos había sido el ejemplo perfecto de ello, pero ahora el niño no tenía miedo de ser subido o movido por la trompa del animal. Colmillos le había permitido subirse a su espalda y todo. Claro que… Colmillos no quería ver a nadie más.
- Vamos a dentro, ya es tarde. – Mañana podría venir otra vez si quería. - ¿No quieres subir? – Pregunta tonta, pensó para si algo divertido.
A Tsunayoshi le encantaba ser cargado en sus hombros, le gustaba la altura, o simplemente meterse con su pelo. Vivía quitándole el sombrero para hundir su cabeza allí.
- ¿Realmente crees que es buena idea? – Bianchi le pregunto unas horas más tarde, luego de decirle lo que planeaba hacer.
En lugar de responderle, señalo al niño que estaba siendo ayudado por su hermana mayor. Rukia no tenía problemas en ayudarlo a peinar ni a vestir, ni siquiera en supervisarlo en otras cosas. No, Rukia estaba tan apegado como ellos con el niño. Quizás mas, era imposible de no ver para él. Después de todo, él sabía lo que era uno de esos vínculos especiales…
- Rukia solo tiene 14. – Negó con la cabeza.
- Tsu solo tiene 5, y si su cumpleaños es el mismo tendrá 6 en un mes. – Eran suposiciones. Nadie sabía, pero si tenían que darle un cumpleaños falso…
Quería cerciorarse, eso es todo. Por ahora todo apuntaba a que era un cielo, y por el nombre… Tsunayoshi no era un nombre exactamente común, y era por ese al que respondía el niño. Tsu, Tsuna, Tsunayoshi. Respondía a todos. Rukia estaba apegada a él, al punto de ser sobreprotectora y mirarlo demás.
Dos más dos era igual a cuatro. Era mejor salir de dudas. No creía en eso de la reencarnación, pero era la misma imagen, el mismo nombre, casi la misma personalidad… ¿y en donde dejaba los dibujos en donde aparecía con su nombre escrito?
Si había algo en lo que no creía eran en las coincidencias.
- Apreciaría mucho que me ayudaras. – Que no fuera solo su opinión. – Es mejor salir de dudas. - No es que hubiera muchas, si era honesto.
- Igual se queda. – Fuera cielo o no. Era de ellos, punto y final.
- Por supuesto. – Nada iba a cambiar eso.
Esperaron hasta que fuera la hora de dormir, llevándolo a la cama. No lo arroparon como esperaba el niño. Esto no era exactamente sencillo.
- Tsu, mamá y papá necesitamos saber algo. – Era un tema delicado. – No tienes por qué decir nada, ¿recuerdas esto? – Ante las llamas de sol, el niño asintió, tratando de tocarlas. Le agradaban, y aun le maravillaba. – Queremos ver las tuyas, pero puede ser incomodo, ¿te molestaría si tratamos de que las muestres? – Ojos de búho. – Tu también las tienes, solo que no sabes controlarlas, así que no nos mires así. – Algún día lo enseñarían. Eso no sería ahora. - ¿Te molestaría si las vemos ahora?
- Gracias cariño. – Había negado, pero estaba confundido. No sabían que iban a hacer. Era normal.
- Solo relájate. – Recordó suavemente: - Puede incomodar, así que no te asustes, ¿de acuerdo?
No hacían falta balas. No por lo que sabían. Sus llamas no habían sido selladas ni manipuladas, por todo lo que sabían. En un momento lo sabrían.
- Eso es, eso es… - El chico no entendía, pero sus ojos se estaban tornando naranjas, con una fría calma que ningún niño debería de poseer.
Con eso, la familiaridad de ese color, estaban seguros que eran llamas del cielo. Aun no había aparecido su llama, pero ya no hacía falta. No obstante, en lugar de una pequeña y controlada llama que esperaban, porque era solo eso lo que estaban tratando de sacar, salió otra cosa.
Si esto era similar a lo que Nono vio, debió de ser toda una sorpresa. Claro que sellar las llamas de un niño no era buena cosa. Sellar las llamas de nadie nunca era buena cosa. Ahora, esto…
- Si, son tuyas. – El chico mirando sus manos, sus brazos, en curiosidad pestañeo antes de subir su vista a ellos. – Son tus llamas, y son-
Se cortó, casi se atraganta en todo caso. Era mucho, algo salvaje. No una simple llama. No estaba controlado, incluso si su flujo era tranquilo. La cosa estaba era en que no esperaba sentir nada fuerte proveniente de esas llamas, no tan pronto y no cuando no estaba tratando de entrelazar sus llamas.
Los ojos, en conjunto con sus llamas, decían algo en concreto. Intenso, era más una emoción que un mensaje, pero seguía siendo uno. Este era:
Te quiero, se mío, no me hagas esperar más.
Luego, si se podía llamar así, hacia bucle en "se mío" antes de volver a repetir. El chico no hablaría, pero sus llamas sí. Alto y claro. Un cielo, era un cielo. Aun así, jamás…
- ¡Reborn! – Le negó a su esposa, debía de saber.
Entrelazar sus llamas no era exactamente una buena idea justo ahora. No es que llegara lejos, sus llamas fueron consumidas en segundos. Esto, por desgracia, le traía recuerdos.
La única diferencia era que, esta vez, Tsunayoshi quería ser oído, y quería ser oído ahora.
-x-x-x-
- Es él. – No sabía para que lo decía, pero lo hizo. – Es él Bianchi.
El niño, profundamente dormido con la expresión más complacida que hayan podido ver, no quería soltarlo aun ahora. Había sido un reto calmarlo. Aunque físicamente no lucia más que tranquilo, estaba lejos de estarlo. Sus emociones transmitían la misma cosa una y otra vez, la misma cosa…
- Creo que el sello de Nono y su crecimiento le enseñaron a callar mucho Bianchi… - Porque si le decía que no sintió ni un poco de la demanda del niño, no le creería.
- Callar a tal demandante… - Bianchi frunció el ceño. – Sus llamas absorbieron las tuyas… - Sin tregua.
- Tsunayoshi hacia lo mismo. – Eran al único que, solo unos pocos, conocían que hacia tal cosa. – No creo en las coincidencias, hay demasiadas pruebas…
Su esposa nunca le contesto con más que una sonrisa triste. ¿Cómo negar lo obvio?
-x-x-x-
- Diviértete, volveré pronto, se bueno con mamá mientras no estoy, ¿si amor? – Asintió, haciendo sonreír a papá y que lo abrazara una vez más antes de irse.
¿Ahora qué?, venir al parque no era exactamente divertido cuando no tenía a nadie con quien jugar. Mamá le diría que explorara, pero que no se fuera muy lejos, pero no iba a ponerse a jugar con él porque había más niños… Prefería estar en casa jugando videojuegos, era mucho más divertido.
- Oye, ¿estás bien? – Esa caída debió doler. – Ay, a ver, debo de tener una curita por aquí… - Uno nunca sabia. Siempre traía curitas, mamá siempre le decía que era mejor prevenir que lamentar. - ¡Ta da!
Al menos eso saco una pequeña sonrisa del niño que estaba tratando de no llorar. Se raspo la rodilla, eso no era nada. Era menor que el, quizás era solo eso…
- Listo, ahora todo está bien. – Ya no más sangrado, aunque le molestaría por un rato. – Soy Makoto, ¿tú eres? – Tendió la mano y todo. Había que ser educado, ¿no es así?
El chico solo lo miro con grandes ojos y luego sonrió mucho. No le dijo nada, pero con esa sonrisa…
- No habla, por elección. – Esta era una voz femenina que no sabía de donde rayos había salido. Trago en seco ante la muchacha. Era intimidante. – Su nombre es Tsunayoshi, soy Rukia, su hermana mayor. - ¿Hermana?, ¡pero no se parecían! – Gracias por ayudarlo, ¿quieres jugar un rato con él?, tengo algo que hacer y no creo que sea capaz de esperarme sin meterse en problemas…
- No hay problema… - No se parecían. En casi nada. ¿Tal vez uno era adoptado? - ¿Dijiste Tsunayoshi?, creo que te llamare Tsuna, es más corto. – No parecía molestar al chico.
Al menos ya tenía un nuevo amigo. Y uno que estaba más que encantado por jugar con él. Luego, se volvieron tres:
- ¡Hey! – Se quejó alguien, que había servido de trampolín para Tsuna. No lo habían visto. - ¿Ahora uno no puede dormir en paz?, ¿y tú quién demonios eres chaparrin? – No sabía que el pelo gris estaba a la moda. No podía ser natural, ¿cierto?
- Perdón, no te vimos. – Se rasco detrás de la nuca, sonriendo algo avergonzado. – Soy Makoto, y él es Tsuna, mucho gusto.
Este chico los miro mal y no tomo su mano, iba a decir algo feo, pero bajo la mira de Tsuna cambio de opinión.
Todos bajo la mira de Tsuna cambiaban de opinión. Era muy tierno para molestarse con él, y este chico se dio cuenta de ello. Eso, o Tsuna lo derritió las señas de querer jugar.
- ¿No habla? – Negó con la cabeza. Esto, por alguna razón, termino convirtiendo su grupo en tres.
Fue una gran tarde. No quería decir adiós.
-x-x-x-
- ¡MAKOTO! - ¿En dónde rayos se metió?, ¿acaso por fin había hecho algo diferente que sentarse debajo de un árbol a jugar con el celular?
Por más que lo llamo no apareció. Tuvo que irlo a buscar. No había prisas, o no tenía muchas prisas. Si había hecho un amigo por una vez, encantado. Pasar todo el día en casa no era saludable.
-… me atrapas! – Risas. Ese era Makoto.
- ¡Solo espera a que te agarre! – Justamente vio a un chico no mayor que su hijo, de pelo gris claro, o plateado, por el rabillo del ojo. Estaba persiguiendo a alguien. - ¡Chaparrin!, ¡tú corres más rápido!, ¡ayúdame!
¿Chaparrin?, se preguntó extrañado. Llego lo suficientemente cerca para ver a su hijo evadir al otro chico, riéndose con ganas, y hecho un desastre. Era bueno saber que había pasado una buena tarde, que había hecho un amigo. Un tiempo lejos de casa le ayudaría. Ni siquiera quería ir a la escuela, y no podía evitar simpatizar con él allí.
- ¡Makoto! – Un "¿ya es hora?" se oyó y no podía evitar sonreír al saber que finalmente su hijo había conseguido un amigo. Podían quedarse un poco-
- ¡Papá!
-x-x-x-
- Dime que no me lo estoy imaginando. – Su esposa, su querida y amada esposa, le negó con la cabeza, tan blanca como él.
- ¿Hola? – Hiro no estaba muy paciente que digamos. – Saluden a chaparrin, lo van a hacer sentir mal. – El chico, chaparrin, estaba dando indicios de querer llorar como era.
A duras penas se las arregló para agacharse y revolverle el pelo, porque no podía hablar. Mientras hacía esto, oyó:
-… no me hagas llamar a una ambulancia, no quiero ir al hospital y menos para que me digan que te moriste justo hoy… - Ya había recibido un infarto justo con el niño, chaparrin.
Ver a Yamamoto noqueado, de seguro por la misma razón que él, no era tan sorprendente como ver la viva imagen de su antiguo jefe. Una imagen que no tenía idea de quien era, estaba feliz de verlo, y hasta le estaba levantando los brazos en gesto de que lo cargara.
- Solo se desmayó. – Y ya le habían pintado la cara y todo. Le caía bien. – Dale un momento. – Tosiendo un poco para aclarar su garganta: - Makoto, ¿no? – El hecho de que se hubieran separado no quería decir que no siguieran en contacto de vez en cuando.
Todo había sido un simple desastre desde que entregaron sus anillos. Precisamente desde que corrió la noticia de que el Décimo estaba muerto. Los videos y la evidencia que consiguió Dino era peor que un golpe en donde mas duele. Aun así, no había nada que se pudiera hacer. De todas las cosas que espero ver en su vida…
- ¿Cómo te llamas? – El pequeño, porque era el más pequeño de los tres, parecía brillar con la atención.
Si eso quería eso obtendría. No había problema.
- Tsunayoshi me dijo su hermana, pero Tsuna es mas fácil. – Makoto siguió sonriendo, como si nada pasara. Como si no estuviera metiéndoles una puñalada. No sabía, ¿cómo podía hacerlo? – No habla, pero no necesita hacerlo, ¿verdad Tsuna?
De repente tenía una muy buena idea de a dónde estaba yendo esto, en especial con lo cómodo que estaba… Tsunayoshi.
- Chaos. – Por supuesto, pensó para sí, si alguien tenía que saber algo, era Reborn. - ¿Te divertiste Tsu?, veo que has hecho nuevos amigos…
Reborn sonreía de una forma casi depredadora. El niño no tenía problemas con eso, era el niño más feliz del mundo pidiendo que papá lo cargara y señalándole a Hiro y a Makoto como si su vida dependiera de ello. Y papá, claro, estaba más que feliz de recordarles que si medio pasaba algo que no le agradara, rodarían cabezas.
-x-x-x-
- No ha pasado un mes y ya tiene a esos tres. – Xanxus se apretó el puente de la nariz. - ¿Ni siquiera vas a esperar que llegue a 10?
- No hice nada, el mismo los encontró. – El asesino se encogió de hombros, sin preocuparse.
A su vista estaba un niño siendo perseguido por otros dos, había muchas risas. Una figura más grande les tenía el ojo encima, una chica. Una tormenta, una lluvia, y un sol.
- Daisuke va a estar de malhumor, al igual que los gemelos. – En cualquier momento Rukia les diría.
- Solo quedaría trueno. – Si, solo quedaría eso.
Daisuke era nube, y-Espera.
- Uno de los gemelos tiene una segunda llama de trueno. – Squalo se encogió de hombros. – No es su principal, pero ninguno va a querer quedarse por fuera.
- ¿Y a donde dejas a Inari?, él es trueno. – Lo cual era una ironía en toda regla.
- Entonces supongo que tendremos otro caso de dos por uno. – No pasaba nada. Suponía.
- Apenas tiene 5. – Leviatán no pudo evitar señalar.
- Casi 6. Igual necesita como una década o un poco más. – De cualquier forma: - No puedes detener lo que está sucediendo por más que quieras.
Estaba sucediendo naturalmente. ¿Ibas a ponerte en medio de guardianes rabiosos con su cielo?
Además, ¿en dónde dejabas a los animales?, la pantera sería la primera en comerse a ese alguien. Natsu, era caso especial. Se vivía escapando de Akane para estar con Tsu. En cualquier momento el león negaría volver con ella. Lo peor del caso es que Akane hacía tiempo para visitar y jugar con Tsu, llevando a sus hijos para que lo conocieran.
-x-x-x-
- ¿Alguna idea del por qué está tardando tanto todo esto? – Quería ir a casa. Estas reuniones siempre eran lo mismo.
- No seas así Emma-kun, igual todo termina rápido. – No lo suficientemente rápido rubio. – Romario, ¿alguna noticia?
- No señor, nada. – Excelente.
- Así que, ¿tu nombre es Karma pequeñín? - ¿En serio iban a seguir con eso?
- Se llama Alexander, no Karma. – El hecho de que fueran pelirrojos no quería decir que iba a ponerle ese nombre a su hijo. Lo odiaría de por vida.
- Pues-
- ¡VVVVOOOOOOIIIIIIIIIIIII! - ¡Terminen de dejarlo sordo!, ¡carajo!
El culpable solo tosió en su palma, justo cuando oídos dejaron de tintinear.
- Antes de empezar la reunión, hay algo que tengo que informar. – Como si no hubiera destruido tímpanos. – Puede que ya hayan oído rumores, si es así nos disculpamos por ello. - ¿Ah? – Ya que esta era la reunión general más cercana, a solo unas semanas, decidimos posponer el anuncio hasta esta ocasión. – Una pausa. – Bien, por favor, recuerden no hacer una locura. Les estamos confiando esto porque sabemos que es importante para todos, pero recuerden: no cometan imprudencias. – Una mueca antes de incómodamente agregar: - No, no es un hijo ilegitimo, y su padre los matara si hacen una estupidez. Pueden preguntar luego, ¿de acuerdo? – Un gesto a Lussuria, quien desapareció casi dando saltitos.
Segundos después una figura vestida de negro apareció. Todo el mundo conocía a esa figura y nadie estaba lo suficientemente loco para cuestionar que hacia allí. De cualquier forma, no fue necesario esperar.
Un niño iba agarrado de la mano del asesino, un cachorro de león siguiéndolos. Al llegar al frente de la multitud, el asesino se detuvo y se giró hasta quedar de frente. Esto, por consiguiente, causo lo mismo con el niño.
- Él es Tsunayoshi, mi hijo. – Tenia la misma cara, la misma imagen, que el difunto Decimo Vongola. – No habla por elección. - ¿Ah? – Tsunayoshi, ¿no quieres saludar?
Claro que el niño solo lo miro como si estuviera loco, escondiéndose detrás de él al ver a tanta gente.
- Saluda, son amigos. – Una mirada dudosa aquí. – Xanxus no va a darte helado si no saludas.
Que trato tan difícil, eso fue lo que le tuvo que haber pasado por la cabeza al chico. Incluso inflo los cachetes.
Lo que se espero era un saludo de mano. Eso no fue lo que ocurrió:
- Konochiwa, minna. – Luego, sonrojado y muy apenado: - ¿Feliz? – A Reborn, solo a Reborn. - ¿Papi feliz con Tsu-kun?, ¿feliz?
No hace falta decir que muchos tuvieron corto allí. El que se recuperó más rápido, por supuesto, fue Reborn.
- ¡SHAMAL! – Recordando que tenía a un niño de la mano: - Si, papá está muy feliz. - ¡SHAMAL!
- ¿Que? – Se oyó la voz del Doctor a duras penas. - ¡Solo tenías que decirle que no te molestarías si hablaba! – Eso, eso no ayudaba justo ahora. - ¡Recuerda traerlo mañana!
Una tos falsa.
- ¿Seguro de que no es un hijo…? – Alguien pregunto, levantando la mano, sin querer completar la frase.
- Anda con Bel-chan, tiene tu helado. – Un empujoncito y la palabra helado era todo lo que se necesitaba. – Solo lo diré una vez: Tsunayoshi no dejo descendencia. Ese niño lo encontramos hace poco, y solo tiene 5, va para 6.
Los números no daban. Tsunayoshi murió hace 8 años. No daban.
¿Que acababan de ver entonces?
- Todos son aliados de Vongola, por ende espero que nadie vaya a tener una idea equivocada… - Si fuera posible ocultar al chico hasta que fuera grande, se haría.
Misión imposible con tanta gente y su amor a los rumores.
