Máscaras
Todos tenemos máscaras para mostrarnos ante los demás. Por más que deseemos ser sinceros, nuestras actitudes cambian dependiendo de con quién estemos y nos adaptamos al entorno o las personas, llevando máscaras para ocultar nuestros sentimientos o encajar mejor.
Yo no soy la excepción. Desde pequeña procuré ser una buena hija con mis padres y, cuando mi madre falleció, la careta de hija se endureció para no causarle molestias o preocupaciones a mi papá. Ambos nos llevamos muy bien desde que era pequeña, pero cuando nos quedamos los dos solos, nuestra relación se volvió más cercana y yo procuré ayudarle haciéndome cargo de algunas tareas domésticas, pero años después, supe que mi lugar estaba en otro lado y comencé a considerar unirme al ejército.
Las historias y leyendas sobre lo que había afuera de las grandes murallas siempre me parecieron fantásticas, y mi deseo por proteger a mi padre y a la gente que me rodeó durante mi infancia fueron suficientes para unirme a la legión de reconocimiento. Fue entonces que, desde la academia militar comencé a portar la máscara de soldado; una que no sólo era rígida, sino adaptable a cualquier situación de peligro y donde tuviera que probar mis fortalezas, pero al terminar con mi preparación, y portar formalmente las alas de la libertad en mi espalda, la máscara de soldado no fue suficiente.
Me di cuenta de que mi máscara no sólo debía ser fuerte y tener habilidad, sino que necesitaba coraje, inteligencia y compasión; algo que nunca pensé que sería necesario en el ejército. Es una lástima que haya comprendido eso hasta que terminó mi primera expedición, pero sin duda esa experiencia me marcaría para siempre y esa máscara se volvería parte de mi identidad, no sólo por la necesidad de sobrevivir, sino porque nunca sabremos cuándo será la última vez que podamos pasar tiempo con alguno de nuestros colegas y las palabras de aliento y amabilidad siempre son bienvenidas.
Algunas expediciones después fui, escogida para formar parte del escuadrón de operaciones especiales liderado por el Capitán Levi, con quien en pocas ocasiones había entablado conversación, pero más allá de su fama de ser "soldado más fuerte de la humanidad", siempre me pareció un hombre valiente y con una capacidad casi sobrehumana para eliminar titanes, por lo que despertó mi admiración casi de inmediato.
Desde la primera vez que lo vi utilizar el equipo de maniobras 3d, supe que era extraordinario, pero lo que más me llamó la atención de él, fue todo el misterio alrededor de su persona. El semblante serio y en ocasiones rudo del capitán Levi son parte de la máscara que usa para protegerse de las pérdidas constantes de soldados y camaradas; algo muy frecuente dentro de la legión y este mundo acechado por titanes, además de la ardua vida que ha tenido.
Desde el principio, el capitán ha sabido ver a través de mi máscara, siendo esa una de las razones por las cuales me escogió para formar parte de su escuadrón, junto con mis habilidades con el equipo de maniobras, y entre más pasaba tiempo con él, aprendí a leerlo con más facilidad, sin darme cuenta de que él hacía lo mismo conmigo, llegando formar cierta complicidad difícil de explicar, pero que poco a poco se convirtió en algo más.
Fue difícil ocultar mis sentimientos hacia él, incluso tratando de construir una máscara que ocultara lo rápido que latía mi corazón cada vez que hablábamos, o la felicidad que sentía cuando pasábamos tiempo a solas trabajando en su oficina. Pasé tanto tiempo intentando esconderme detrás de esa máscara, que no me di cuenta de que él podía ver perfectamente a través de ella, y poco a poco él se quitaba la suya para mostrarse tal como es.
Nunca olvidaré la primera vez que nos quitamos las máscaras el uno frente al otro, aquella noche de otoño cuando él parecía sentirse relajado y cómodo mientras terminábamos de alistar los caballos para el entrenamiento del siguiente día. Nuestros ojos se encontraron, notando algo diferente dentro de ellos y como si fuera algo inevitable, nos besamos.
Ese fue el primero de muchos besos, y para ambos la primera oportunidad de mirarnos sin remordimientos o máscaras. Sin duda, algo que nunca pensé encontrar en la legión de reconocimiento, pero que agradeceré toda mi vida.
Notas de la autora.
Esta es mi segunda aportación para el Rivetra trick. Espero les haya gustado. Es algo mucho más alegre que el primer escrito del evento y creo que es bueno quedarse con un bonito sabor de boca.
