Disclaimer: None of this belongs to me. Thanks to the beautiful Josie, for letting me translate it. Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer y la historia a tufano79, solo me pertenece la traducción.


Capítulo beteado por Yanina Barboza, beta de Élite Fanfiction

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Capítulo Ciento sesenta y nueve

POV Edward.

Le entrecerré los ojos a Emmett.

—Ahora no es el momento, Em. Bella está alimentando a Marie y tengo que bañarla y acostarla a dormir. También tengo que estudiar un poco antes de ir a dormir. Tengo práctica mañana en clase de anatomía.

—¡Edward, por favor! —rogó—. Sé que la cagué.

—Sí, pero no puedo con esto ahora. Mis sentimientos siguen muy lastimados para tener una conversación racional sobre tu cruel comentario —gruñí—. Si quieres hablar, tendrá que ser bajo mis condiciones.

—Bien, bien. Lo que necesites, Edward —dijo Emmett, su postura demostrando derrota—. Llámame cuando estés listo. —Se volteó y bajó las escaleras.

—Normalmente almuerzo en el centro estudiantil como a la una, Em. Si quieres, veme allí —dije—. ¿Mañana?

—Tengo turno mañana —dijo—. ¿Pasado mañana?

—Te veré entonces —respondí, despidiéndome al cerrar la puerta. Pasé el seguro, subiendo las escaleras para revisar a mi prometida y bebé. Bella le estaba sacando los gases cuando llegué a nuestra habitación. Le dije que era Emmett quien había tocado. Me regañó cuando le dije que lo había dejado ir, pero entendió cuando le expliqué mis sentimientos. Me dio a mi hija medio dormida. La acurruqué mientras la llevaba al baño para lavarla. La arrulló y jugó con los dedos de sus pies mientras yo lavaba con suavidad su piel pálida. Marie era una mezcla perfecta de Bella y yo. Su cabello suave era café con destellos rojizos. Sus ojos se volvían verdes poco a poco, pero con un poco de dorado. Su nariz, boca y forma de ojos eran de Bella y sabía que Marie sería diminuta como su madre, ya que era muy pequeña. Sí, era prematura, pero incluso ahora, seguía pequeña aunque tuviese menos de dos meses.

Terminé la rutina nocturna de Marie y la coloqué en su cuna. Tomando el monitor de bebé, bajé las escaleras para encontrar a mi Bella en el porche con algunas velas de hierba luisa. La moví de la silla, solo abrazándola en mi regazo mientras disfrutábamos del silencio de nuestro patio.

—Gracias por un maravilloso cumpleaños —susurró, volteándose en mis brazos—. Fue ideal.

—Me alegra que lo hayas disfrutado. —Sonreí, besando su adorable nariz—. ¿Qué hay en la agenda para mañana?

—Última decisión para las flores y prueba de pastel de boda —dijo.

—Quería ir a la prueba del pastel. —Hice un puchero—. Amo el pastel.

—Yo también, pero era el único día que tenía disponible la pastelería. ¿Algo que definitivamente no quieres para el pastel?

—Nada de maní. Emmett es alérgico —respondí—. Solo eso.

Asintió, acurrucándose más en mis brazos. Pasé mis dedos de forma vaga por la suave piel de sus antebrazos. Suspiró contenta, sus párpados cayendo y cerrándose eventualmente. Nos quedamos afuera. Observé mientras dormitaba en mis brazos. No fue hasta que escuché un fuerte trueno que levanté a Bella. Estaba malhumorada, pero otro trueno fuerte la despertó inmediatamente, enviándola corriendo dentro de la casa. Después de pasar los seguros, vi a Bella colocar a Marie en la practicuna de nuestra habitación. Me dedicó una mirada avergonzada, señalando a la enorme tormenta. Besé su frente, comprendiendo.

Ninguno de nosotros durmió mucho. Marie estaba inquiera por la tormenta. Cuando desperté por mi alarma, fui al baño y luego directamente a la cafetera, sirviéndome una gran taza. Joder, adoro el café. Luego de mi ducha, repasé las partes del sistema digestivo mientras tomaba el desayuno. Estaba colocando las cosas en mi bolso cuando Bella bajó con una Marie muy gruñona. Las besé a ambas antes de salir de la casa hacia el laboratorio para mi examen. Si terminaba lo suficientemente rápido, posiblemente podría tomar una siesta en mi auto antes de mi clase de Disparidades en la Asistencia Médica.

Mi día pasó rápidamente, e igual mi noche. Harold fue insistente en reunirnos para repasar en el receso de nuestras clases. Entonces, después de tener una cena apresurada con mi familia en el centro de estudiantes, pasé casi seis horas estudiando las partes del cuerpo y problemas en el sistema de cuidado de salud con cinco personas de veintidós años. Cuando mis ojos se cruzaban, dije que tenía que irme. Mi grupo quería que me quedara, pero quería dormir en mi propia cama.

Al día siguiente, recibimos nuestras notas del examen práctico y yo había obtenido la mejor nota. Había fallado dos preguntas, confundiendo dos venas principales. Después, nuestro profesor comenzó su exuberante explicación del sistema renal y las maravillas de nuestros riñones. Tomé notas en detalle en un cuaderno. El resto de mi clase tenía laptops, tablets e iPads. Amaba la tecnología, pero tenerla tan al alcance era una distracción. Tenía mi MacBook en mi bolso, pero prefería tomar notas en un cuaderno. Me ayudaba a retener mejor la información.

La clase terminó con la promesa de un emocionante día en el laboratorio, disecando un riñón. Guardé mis cosas, caminando a mi próxima clase antes del almuerzo. Mi almuerzo con Emmett.

Apenas presté atención a la clase, lo que estaba bien para mí. Estábamos trabajando en grupos, discutiendo nuestros proyectos finales. Harold estaba tomando el liderazgo. Haría lo que sea que él quisiera. Simplemente no me podía concentrar. Cuando la clase terminó, Harold trató de convencernos de encontrarnos en el centro de estudiantes para continuar discutiendo nuestros roles para el proyecto. Abby tenía turno en la biblioteca de la escuela de medicina y Julian se vería con su novio para almorzar. Harold me miró, expectante.

—Lo siento, Harold. También tengo planes. —Me encogí de hombros—. Tienes que relajarte, hombre. Tendrás canas prematuras por todo lo que te preocupas.

—No quiero ser el que haga todo el trabajo —gruñó Harold.

—No lo harás. Apóyate en tu equipo —dije, apretando su hombro—. Tienes que confiar en nosotros para hacer nuestra parte del proyecto. Igual, estoy retrasado. Me encontraré con un amigo en el centro de estudiantes. Te veré en la tarde en el laboratorio.

—Hasta luego, Edward —dijo Harold, despidiéndose con tristeza.

Me colgué el bolso en el hombro y caminé hacia el centro estudiantil mientras Harold iba a la biblioteca. Cuando llegué, de inmediato vi a Emmett. Rebasaba a la mayoría de estudiantes y era, fácilmente, dos veces más ancho.

—Emmett —llamé. Miró alrededor y sonrió nervioso—. ¿Acabas de salir? —pregunté, mirando su vestimenta.

—Sí. Tuvimos una emergencia tipo seis en una fábrica como a la una de la mañana —dijo, sus ojos cansados—. Tuve tiempo suficiente para bañarme y cambiarme a mi uniforme de respaldo antes de venir para encontrarme contigo. Todavía no he comido nada.

—Vamos. Busquemos algo de comer para ti y podremos hablar —dije, guiándolo a una fila. Ordenó dos hamburguesas de queso y tocino, papas sazonadas y ensalada de pasta. Me compré una hamburguesa de queso y una ensalada. Bella había colocado algunos dulces en mi bolso antes de irme. Pagué la comida, usando mi tarjeta. Nada de impuestos cuando eres estudiante. Nos llevé a una de las cabinas, sentándonos dentro. Emmett me dio un billete de veinte dólares cuando estuvimos sentados con nuestra comida frente a nosotros—. No. Yo invito.

—Toma el dinero, Edward —dijo, sus ojos suplicándome. Asentí, colocándolo dentro de mi billetera. Mordió sus papas, sus hombros caídos—. Mira, soy un imbécil. —Arqueé una ceja—. Sé que estás luchando con todo esto. Perder tu trabajo, tus heridas y toda la porquería. Y además, el parto de Bella y los problemas con ella. Soy un enorme insensible. No dudo que me odies.

—Emmett, no te odio. Solo trato de aceptar que mi cuerpo nunca volverá a ser el mismo. Sí, estoy trabajando con Molly y estoy más fuerte cada día, pero no puedo ser bombero. Lo detesto —dije, tomando un poco de mi té helado—. Tuve una reacción similar cuando mi mamá bromeó sobre no poder ejercitar las galletas que hizo. Me desquité con ella, pero nos arreglamos bastante rápido.

—Sí, fue tu mamá la que me contó sobre tu sensibilidad a los comentarios como el que yo había hecho. —Suspiró—. Sé que tienes dificultades para acostumbrarte. También nosotros. Definitivamente no es lo mismo sin ti. Te extrañamos. Tu equipo te extraña. El nuevo teniente es un tarado. Garrett le dará hasta el final del mes antes de tomar una decisión apresurada, pero no creo que dure tanto. El tipo es un tonto de primera categoría. Me recuerda a Laurent y su comentario sobre bomberos mujeres.

—Me sorprende que Leah no lo haya puesto en su lugar —bufé.

—Porque ahora está en el equipo de rescate —dijo Emmett—. Sin embargo, nos enteramos que Seth tomó el examen para ser teniente. Lo pasó y probablemente tome tu posición cuando Garrett se deshaga del teniente Tarado. —Levantó la mirada hacia mí, dedicándome una mirada tímida—. Podrías venir a la estación, lo sabes.

—No pertenezco allí —susurré, apartando mi comida—. Ya no.

—Allí es donde te equivocas, Edward. Perteneces allí más que cualquiera de los otros chicos. Puede que ya no puedas entrar a un incendio, pero aún eres un bombero. Te extrañamos. Y cuando tengas que hacer tus rondas durante tu residencia, más te vale que nos uses como compañía —dijo Emmett, lanzándome una papa—. Pasa la próxima vez que tenga turno. ¿Por favor?

—¿Cuándo es eso? —pregunté, la ansiedad causando que mi estómago se revolviera. ¿Podría ir allí sin enloquecer?

—El jueves —respondió Emmett—. Trae a Bella y a Marie. Estoy seguro de que Ang y Jessica están muy ansiosas de ver a la bebé. —Emmett tomó mi muñeca, obligándome a levantar la mirada—. De verdad te extrañamos y no quiero que pienses que no eres bienvenido en la estación. En realidad, es todo lo opuesto. Por favor, di que pasarás.

—Lo intentaré, pero mi horario es muy alocado —murmuré.

—Y, ¿estamos bien? —preguntó Emmett, su voz baja e insegura—. Lo siento. Nunca quise lastimarte, Edward. Eres mi mejor amigo, ¡mi familia!

—Estamos bien, pero por favor, sé consciente acerca de tus comentarios en el futuro. Mi sentido del humor, en cuanto a trabajar como bombero, puede regresar, pero aún estoy en mi duelo por el fin de la carrera. Había planeado hacerlo hasta que muriera —dije—. Te amo, Em. —Él sonrió ampliamente, saliendo de la cabina—. ¿Emmett? No me vas a abrazar, ¿o sí?

—Un abrazo con patente Emmett —dijo, sacándome de mi asiento y levantándome en sus brazos, abrazándome fuertemente. Gruñí al sentir mi espalda sonar por el poder de su abrazo. Con una sonrisa tonta, me regresó al suelo, acunando mi rostro. Besó mi frente, alborotando mi cabello—. Te amo, Edward, pero tengo que ir a dormir. Gracias por la comida y te veré el jueves. Envíame un mensaje cuando estés en camino. Si no respondo, asume que estamos fuera y espera a que te responda. —Se volteó sobre sus talones y prácticamente salió corriendo del centro de estudiantes. Me sentía infinitamente mejor después de hablar con él. La distancia entre ambos pesaba en mi mente aunque no estaba allí normalmente.

Y la invitación para volver a la estación hizo que mi corazón se hinchara. Necesitaba un cierre de esa parte de mi vida. Estaba comenzando un nuevo capítulo. El capítulo anterior necesitaba su final antes de que el nuevo pudiera comenzar realmente. Mi vida comenzaba nuevamente el jueves, con Bella y Marie a mi lado.