Disclaimer: None of this belongs to me. Thanks to the beautiful Josie, for letting me translate it. Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer y la historia a tufano79, solo me pertenece la traducción.


Capítulo beteado por Yanina Barboza, beta de Élite Fanfiction

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Capítulo Ciento setenta

POV Edward.

Emmett me escribió que Garrett había cambiado turnos cuando se enteró de que iría a la estación. Los grupos con los que trabajaba normalmente estarían el viernes para que yo pudiera disfrutar de la estación sin tener que preocuparme por levantarme para ir a clases. El segundo turno estuvo más que dispuesto a tener parte del fin de semana. Dije que estaría allí después de mi cita con Molly.

La estación estaba planeando una enorme comida para el retorno del hijo pródigo. Incluso Bella se puso de acuerdo con Kate, Claire y otras amas de casa para llevar comida a la canasta. Me dijo que no me preocupara y me concentrara en mis estudios.

Lo cual hice. Harold era un maldito perro con este endemoniado proyecto.

Entonces me encargué porque el hombre me volvía loco con sus constantes mensajes de texto, correos, llamadas y demás. El resto de nuestro grupo se alegró y logramos sacar adelante la primera parte de nuestro proyecto, completado luego de nuestra clase de anatomía el jueves. Solo teníamos dos partes más y la presentación para terminar y no eran tan laboriosas como la primera parte.

Después del laboratorio el viernes, Harold se acercó a mí.

—¿Edward?

—No, Harold. —Solté una risita.

—¡Vamos! Eres el único que entiende los procesos internos del riñón —lloriqueó—. Tengo que salir bien en esto. No quiero defraudar a mi familia. ¡A mi novia!

—Mira, Harold, te respeto por querer ser tan estudioso. Solo no puedo dejar todo cuando quieres estudiar. De nuevo, hoy tengo planes. Tengo fisioterapia…

—¿Para qué? —preguntó Harold—. Eres enorme y musculoso. ¿No tomas esteroides?

—No. Era bombero y tuve heridas críticas. Tuve daño pulmonar significante junto con un caso de sepsis —dije—. Estoy tratando de recobrar la fuerza que perdí. Y no soy enorme. Debiste haberme visto hace tres meses.

—¿De verdad?

—Sí. Además de eso, tengo una hija recién nacida y planeo mi boda —expliqué—. Obviamente, estoy muy ocupado. Estoy más que dispuesto a ayudarte, pero tienes que darme tiempo para mi familia. ¡Para mí!

—Lo siento, Edward. Solo pensé que eras como el resto de nosotros. —Harold frunció el ceño—. Un estudiante de medicina abrumado.

—Lo soy, pero mis agentes de estrés son ligeramente distintos a los tuyos. Comparado a la vida de bombero, esto es fácil. Y me despediré de esa vida esta noche. —Revisé mi calendario, viendo que Bella tenía su cita para la primera prueba de su vestido de novia mañana en la tarde—. Si quieres venir a mi casa en la tarde, puedo ayudarte con los riñones y darte tips y trucos. Tendré conmigo a Marie, mi hija, pero es lo que puedo hacer. ¿De acuerdo?

—Eso funciona —dijo Harold, dedicándome una sonrisa de alivio—. Mándame la dirección por mensaje de texto. —Trotó hacia su dormitorio mientras yo iba a mi auto. Conduje a la fisioterapia, donde Molly pateó mi trasero. Ahora caminaba con extremidades de goma por la gran cantidad de ejercicio que hice, sin curarme y lidiando con músculos débiles. Conduje a casa y subí directamente a la ducha ya que sabía que olía terrible. Bella me lo hizo saber cuando pasé junto a ella.

—¿Rodaste sobre lodo, Edward? —Rio.

—Ya lo voy a remediar —le dije, saltando a la ducha y lavando cada centímetro de mi cuerpo. Cuando estuve limpio, me vestí con un par de jeans y una de mis camisas polo del Departamento de Bomberos de Chicago. Fruncí el ceño, a punto de quitármela ya que ya no era miembro del Departamento de Bomberos de Chicago.

—Déjala puesta, Edward —dijo Bella, meciendo a Marie en sus brazos—. Todavía eres bombero.

—¿Sí? —pregunté, volviendo a meterla bajo mis jeans.

—Oh, sí —respondió casi sin aliento—. Cuando termines, tengo una bolsa de cosas horneadas para llevar. Si la puedes meter al auto mientras coloco a la bella durmiente en su asiento. —Pasé junto a ella, besando sus labios y pasando mi mano por la espalda de Marie de forma delicada. Encontré las bolsas que Bella me pidió llevar al auto. Una era de su famosa ensalada de pasta y otra tenía sus galletas de trozos de chocolate. La mujer trata de matarme con todas estas delicias. Las coloqué en el suelo del Volvo. Regresé a la casa y solté una carcajada cuando vi a Bella sosteniendo a mi hija. Estaba usando un adorable enterizo que decía "Mi papi es bombero" en rojo y negro, con un camión bordado en él. Alrededor de sus piernas tenía una falda de tul rojo y negro, y un gran lazo de los mismos colores alrededor de su cabeza. Mi prometida estaba usando una camiseta ajustada que decía "Algunas personas tienen que esperar toda su vida para conocer a su héroe. Yo me casé con el mío".

—Bella —susurré—. Ustedes dos son tan…

—¿Increíbles? —bromeó—. Lo sabemos. —Caminó hacia mí, envolviendo su brazo alrededor de mi cintura y sonriéndome—. Siempre serás nuestro héroe, Edward. Te amamos.

—Las amo, muchísimo —murmuré, pasando mi dedo por la mejilla de Marie. Ella rio, feliz.

—Vamos. Le envié un mensaje a Leah y dijo que estamos bien. Garrett puede o no haber puesto a la estación en descanso debido a dificultades mecánicas en uno de los camiones. —Bella sonrió, cómplice—. Vamos, bebé. Tienes que ir a una fiesta. —Sonreí torcido, besándola breve, pero profundamente. Tomé a Marie de sus brazos y la coloqué en su asiento mientras Bella se colocaba su chaqueta. Nos subimos al auto y manejamos la corta distancia a la estación.

Bella llevó a Marie mientras yo llevaba la comida. El cuartel estaba abierto y tenía una atmósfera de fiesta increíble. Las luces estaban colocadas entre las escaleras de los camiones y las mesas de picnic estaban en la entrada. Garrett y Jacob manejaban dos parrillas industriales y Tyler mezclaba algunas canciones en su laptop.

—¿No deberían estar trabajando? —Reí.

—¡Lo hacemos! —dijo Emmett—. Fiesta del vecindario. —Me abrazó después de que Jessica tomó la comida de mis manos, frotando mi espalda—. Tenemos hasta las diez, Cullen. El alto mando nos debe esto por hacer que te retiraras. —Emmett se apartó y me rodearon mis amigos y ex compañeros de trabajo. Bella sonrió mientras colocaba el portabebés en la mesa de picnic, tomando a Marie y trayéndola a nuestra reunión. Acuné a mi hija mientras mi equipo la arrullaba por lo adorable que era. Seth la cargó y noté la prueba de su ascenso.

—Teniente Clearwater. Te queda bien —dije—. ¿Cuándo recibiste las buenas noticias?

—Cuando el jefe despidió al tipo que te reemplazó. —Seth rio entre dientes, mientras Marie agarraba su dedo—. Se escabullía de los rescates, diciendo que su equipo estaba defectuoso. Lo revisaba y era pura mierda. —Jadeó, mirando tímidamente a mi hija—. Lo siento, Maní. El tío Seth no quiso decir eso.

—Bella insiste en hacer un tarro de las groserías. —Reí entre dientes—. Cree que la primera palabra de Marie será la palabra con j.

—Es muy probable que no, será pa-pa —susurró Seth mientras Marie bostezaba—. Mi hija tiene un poco más de un año y esa fue su primera palabra, seguido de un "no". Realmente le gusta decir no. Mucho.

—Cosas que ansiar. —Reí—. Entonces, ahora eres el teniente del escuadrón de rescate.

—Tengo unos zapatos grandes que llenar —murmuró Seth, mirándome—. Nadie puede reemplazarte, Edward. Lo sabes, ¿verdad? Puede que tenga tu trabajo, pero no soy tú. Nadie lo será y te extrañaremos.

—¡Edward! —llamó Emmett—. Eres el primero en la fila para comer, ya que eres el invitado de honor. ¡Tenemos muchas cosas planeadas para ti después de comer!

—Es tan ruidoso. —Reí.

—Es Emmett. —Se encogió de hombros, regresándome a Marie. Lo felicité de nuevo y fui a ponerme en la fila para la comida. Bella tomó a Marie de mis brazos y la colocó en el portabebés. Casi inmediatamente llegaron Angela, Jessica y Leah, queriendo acunar a la bebé. Me dieron un plato, lleno de toda la comida que fue preparada para mi fiesta. Bella recibió lo mismo, riendo porque no podría comérselo todo. Nos sentamos en la mesa donde las mujeres miraban a mi hija y disfrutamos la comida.

Mientras comíamos, Garrett llamó nuestra atención.

—Esta pequeña fiesta es para celebrar dos cosas. Bueno, tres cosas. Número uno: felicitaciones a nuestro nuevo teniente, ¡Seth Clearwater! —La multitud gritó, palmeando a Seth en los hombros y alborotando su cabello—. Recibí la buena noticia y estaba tan emocionado de que hubiese pasado. La tercera es la vencida, ¿cierto?

—Cállate, Garrett. —Seth rio, lanzándole un rollito primavera.

—¡Gracias! —Garrett rio—. La segunda cosa: el teniente Riley ha sido, oficialmente, cambiado de nuestra estación hacia una del sur, muy, muy, muy lejos de aquí. Honestamente, no pudo empacar sus porquerías lo suficientemente rápido. —Gritos incluso más fuertes se hicieron escuchar—. Con el teniente Riley fuera, eso abre la vacante de teniente del equipo de rescate. Se le preguntó a Seth si quería ocupar la vacante y aceptó. Así que, no más quejas por la falta de liderazgo en el escuadrón. Seth es un líder capaz.

—Y sé que no soy Edward —intervino Seth, sonriéndome—. Es irremplazable.

—Absolutamente —concordó Garrett—. Lo que nos lleva a nuestra tercera cosa. Como muchos de ustedes saben, el teniente Edward Cullen fue gravemente herido en el incendio de la tienda de su hermana. Pudimos haberlo perdido. De hecho, lo hicimos un par de veces en el quirófano. Pero, es un jodido luchador y se arrastró desde donde estuviese para sobrevivir y estar para su familia, su prometida, su hija. Este lugar no ha sido el mismo desde esa noche. Perdimos a uno de los bomberos más valientes y heroicos que he conocido. Me mató decirle que no podría regresar. Perdí al teniente de uno de los mejores equipos de todo el Departamento de Bomberos de Chicago, pero también perdí a un confidente, amigo y hermano. Edward puede ya no estar aquí como bombero, pero siempre será nuestro héroe y nuestro hermano. Edward, ¿puedes venir aquí, por favor?

Me levanté con lágrimas en los ojos. Caminé hacia Garrett, quien apenas aguantaba las ganas de llorar. Me abrazó fuerte, llorando en mi hombro. Se apartó, sonriendo ampliamente.

—Ya has recibido la medalla por valentía y honor, Edward. Tu placa será retirada y colgada en un lugar de honor en el edificio principal debido a tu gran trayectoria en el Departamento de Bomberos de Chicago. También serás bienvenido aquí siempre que quieras, porque eres uno de nuestros hermanos. ¿Chicos? —Todos se quitaron sus camisas y tenían los mismos tatuajes en las costillas. Era mi placa con llamas detrás junto con mis años de servicio—. Todos nos lo hicimos. Todos en la estación se hicieron este tatuaje porque eres uno de nosotros, así como nosotros una parte de ti. —Kate le dio dos cajas—. Bella, ¿puedes venir también?

—Claro. —Sonrió, levantándose y acercándose a mí. Entrelacé mis dedos con los suyos y me dedicó una dulce sonrisa, besando mis labios antes de voltearse hacia Garrett.

Nos guio hacia el cuartel, el cual no había cambiado desde la última vez que había puesto un pie allí. La primera parada fue el garaje. Mi atuendo había sido enmarcado, colocado junto a los de otros bomberos que se retiraron o murieron por el deber. Bajo mi chaqueta, brillaba mi foto.

—Esto siempre estará aquí mientras la estación se mantenga en pie —murmuró Garrett. Nos guio a la estación en sí y en la pared de honor, estaba colgada mi placa y foto del baile donde acepté el premio Casey Severide por Honor y Valor. Garrett me dio una caja con mi placa y el premio brillando dentro. Presionando los labios, le dio a Bella otra caja, esta con una bandera estadounidense dentro—. Era la que estaba izada el día que Edward fue a ese incendio. Queríamos que tuvieran estas cosas.

—Gracias, Garrett —dijo Bella reverentemente.

—No puedo creer todo esto —susurré, estirándome para tocar la caja en la pared de honor—. Estos galardones normalmente son para hombres que se han retirado después de largas carreras o que han fallecido.

—Edward, estás retirado —dijo Garrett—. Fuiste herido mientras cumplías tu deber y te mereces los honores más grandes que podamos darte. También recibirás todos los beneficios hasta que comiences tu nuevo trabajo, doctor Cullen.

—De acuerdo, esto es increíble. —Suspiré—. Pero, agradecería si te colocaras la camisa de nuevo.

—¿No quieres ver tu tatuaje? —Garrett rio, yéndose toda la seriedad en su voz—. Sabes que tendrás que hacerte uno igual.

—Sí, lo sé. —Sonreí mientras él se cubría de nuevo—. Pero tendría que honrar a mis hermanos.

—Y hermanas —dijo Leah desde mi espalda—. Todos nos lo hicimos, pero no podemos quitarnos las camisas para mostrarlo. —Me abrazó antes de seguir al resto del equipo hacia la entrada.

—Hay una cosa más, Edward —dijo Garrett—. Tu casillero. No lo reasignaremos, pero si quieres vaciarlo…

—Haré eso ahora. —Asentí—. No creo que haya nada allí que sea incriminatorio.

—Más te vale que no —bromeó Bella, levantando mi mano para besar mis nudillos. Negué y la guie hacia los casilleros. Bella tomó una caja del cuarto de copiado y abrí mi casillero. Dentro tenía una foto mía y de Bella de la sesión de fotos del compromiso. Quité esa, entregándosela. Ella sonreía por la foto mientras yo hurgaba entre mis cosas. Algunas las tiré a la basura, como un desodorante medio vacío y unas medias sucias. Mi uniforme de repuesto, perfume y otras cosas personales fueron colocadas en la caja. También llevé a Bella a mi oficina. Mi nombre seguía en la puerta y mi llave encajaba—. Al parecer el teniente Riley no era merecedor de tu oficina, cielo.

—Apuesto a que eso lo molestó —respondí—. He escuchado cosas de él. Era a su manera o nada. Totalmente lo opuesto a mí. —No tenía mucho en la oficina. Solo algunas fotos, archivos y uno o dos libros. Los tiré a la caja, llevándola hacia la entrada. La parrillada había sido desmantelada. Ya eran casi las diez y la excusa de que un camión no funcionaba ya no era viable para evitar que les llegaran llamadas.

Marie estaba en los brazos de Leah, sentada en la mesa del equipo. Jacob hacía caras tontas a mi hija, ganándose una dulce y adorable risa.

—Necesitaba que le cambiaran el pañal, así que me encargué —dijo Leah, pasando su dedo por la mejilla de Marie—. Pero está cansada e irritada. La única cosa que evita que llore es este tonto de acá.

—La cargaré —dijo Bella, tomando a Marie en sus brazos. Comenzó a retorcerse, obviamente hambrienta. Bella me miró. Era momento de irse.

Las sirenas sonaron y todos se pusieron alerta. Toda la estación se movilizó.

—Lavaremos tus platos y los llevaremos —explicó Leah, abrazándonos a ambos—. ¡Los quiero! —Observamos mientras los equipos se colocaban sus uniformes y los camiones salieron zumbando del garaje. Una vez fuera, nos tocaron el claxon y nos despedimos con la mano.

—¿Lo extrañas? —preguntó Bella mientras colocaba a Marie en su asiento para auto—. Dime la verdad.

—¿La adrenalina y emoción? Sí. ¿Poner mi vida en riesgo y perder esto? —pregunté, envolviendo mis brazos alrededor de mi prometida e hija—. No. Ambas significan mucho más para mí que lo que pueda significar una carrera. Mi herida fue una bendición de cierta forma. Nunca quisiera revivirlo, pero agradezco poder explorar nuevas opciones.

—Yo también. —Asintió, caminando conmigo hacia el auto—. Y… ellos no son los únicos que se tatuaron, Edward. Yo también.

¿Cómo. Dijiste?