Disclaimer: None of this belongs to me. Thanks to the beautiful Josie, for letting me translate it. Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer y la historia a tufano79, solo me pertenece la traducción.


Capítulo beteado por Yanina Barboza, beta de Élite Fanfiction

(www facebook com/ groups/ elite . fanfiction)


Capítulo Ciento setenta y uno

POV Bella.

—Bella, tenemos que salir ya —dijo Edward—. Con Marie y la caravana de personas que nos seguirán, tomará más tiempo llegar al chateau. El viaje de cinco horas tomará cerca de ocho o nueve horas.

—Lo siento —dije mientras cerraba mi maleta—. Solo estoy un poco dispersa. Siento que estamos olvidando algo.

—Hemos empacado tantas cosas; siento que nos estamos mudando al jodido chateau —bufó Edward—. Lo que necesitemos, podemos comprarlo allí. —Besó mis labios, tomando la maleta que acababa de terminar de la cama. Marie estaba en su balancín, mirando a sus padres correr como pollos con sus cabezas cortadas. Mi Range Rover estaba llena hasta el tope con nuestro equipaje y las cosas para Marie. Alice ya había llevado mi vestido al chateau. Ella ya estaba allí, tomando las decisiones de último minuto.

Tomé a mi hija, cambiándola y vistiéndola con varias capas de ropa. Estaba fresco afuera, pero estaría cálido en el auto. Tampoco ayudaba que Marie se estuviera recuperando de un resfriado y fuera un desastre. Llevándola escaleras abajo, la coloqué en el coche. Estaba cómodamente vestida con un par de pantalones para yoga y uno de los suéteres de Edward. Quería estar cómoda para este gran viaje.

Era el miércoles antes del día de nuestra boda. Nos casaríamos el sábado, pero teníamos mucho trabajo que hacer, principalmente, conseguir la licencia de matrimonio. El horario de clases de Edward nos había retenido de irnos antes. Tenía que terminar un trabajo de laboratorio con su compañero y terminar el último examen a principios de esta semana. Al terminar, estaba libre hasta el comienzo del semestre de otoño, el cual estaba planificado para comenzar a una semana a partir de hoy. Iríamos a tramitar la licencia mañana. El ensayo era el viernes y luego nos casaríamos el sábado. Del domingo al martes tendríamos un breve interludio. Esme y Carlisle se llevarían a Marie de vuelta a Chicago con ellos mientras Edward y yo celebrábamos nuestro matrimonio antes de volver a la vida real. Para mí, ser una empresaria y mamá, y para Edward, ser estudiante y papá.

—Creo que estamos listos —dijo Edward, frotando sus manos—. Emmett, Jasper y mis padres nos verán allí antes de dirigirnos a Traverse City. Enviaron un mensaje y están en camino. —Caminó hacia mí, envolviéndome en sus brazos. Sus manos se deslizaron por mi espalda y grité por lo frías que estaban—. ¿Es muy tarde para casarnos en el juzgado?

—Creo que sí. —Solté una risita, besando su mentón—. Tus manos están demasiado frías, cielo.

—Manos frías, corazón cálido —gruñó, hundiéndome y presionando sus suaves labios contra los míos. Gemí mientras me aferraba a sus brazos, tratando de sostenerme. Deslizó su lengua entre mis labios, enredándose con la mía. Enderezándonos, quitó sus manos de mi espalda y su mano acunó mi rostro. Detuvo nuestro beso, jadeando fuerte y sonriendo de forma torcida—. Te amo, señora Cullen.

—Te amo más, doctor Cullen. —Reí, besando su nariz—. Aunque nos tenemos que ir.

—¡Brrrrrrrrrupthhht! —chilló Marie, lanzándonos un animal de felpa.

—Nuestra bebé concuerda. —Reí, saliendo de sus brazos y colocando mi cartera sobre mi cabeza. Enlacé mi brazo por la silla, caminando hacia la entrada trasera—. Coloca la alarma antes de irnos, cariño.

Edward tomó la pañalera y su bolso, el cual contenía el papeleo para nuestra licencia de matrimonio y libros para sus nuevas clases que comenzaban la próxima semana. Tenía algunas lecturas que completar y entregar algo vía online durante su receso. Colocamos a Marie en el asiento trasero y mientras él ajustaba los cinturones de seguridad, nuestra caravana llegó. Apenas tuvimos tráfico ya que salimos justo después de las nueve. Llegamos a la frontera con Michigan en nada de tiempo. Hicimos nuestra primera parada allí. Alimenté a Marie mientras los chicos llenaban los tanques de gasolina y compraban algunas botanas en la tienda de la estación de servicio.

Un par de horas más tarde, estábamos en un pequeño comedor fuera de la ruta para poder cambiarle el pañal a Marie y comer algo más sustancial que donas y café. Luego de un delicioso desayuno-almuerzo, volvimos a la carretera y logramos recorrer la mayoría del camino antes de tener que volver a alimentar a Marie. El viaje, normalmente de cinco horas y media, tomó poco menos de siete horas. Nunca estuve más emocionada de ver el chateau. Alice y Leah ya estaban allí, saludando emocionadas en la plaza principal.

Tan pronto como el auto se detuvo, Leah sacó a Marie del asiento trasero y Alice me arrastró fuera del asiento delantero. Estaba parloteando sobre algo, pero no le estaba prestando mucha atención. Mi cerebro estaba inactivo y no quería hacer nada más que tomar una siesta.

—Mary Alice Cullen, apártate de mi nuera —regañó Esme—. Hemos estado en el auto por siete horas. La única cosa que haremos será tomar una siesta.

—Puede que tú descanses, pero nosotros debemos recoger a Charlie del aeropuerto. —Carlisle sonrió.

—Pero queríamos que vieras dónde se va a hacer la ceremonia. —Leah hizo un puchero—. Y tendremos una degustación…

—¿Cuándo es la degustación? —preguntó Edward, tomando a Marie de los brazos de Leah.

—Hoy a las siete —dijo Alice, revisando en su teléfono.

—Son poco más de las cinco. Podemos tomar una siesta —dijo Edward, caminando hacia el interior del chateau para registrarnos y tomar las llaves de nuestra suite. Edward se aseguró de que tuviésemos la misma habitación de cuando estuvimos aquí para mi cumpleaños. Yo pensaba que era increíblemente romántico y dulce. Regresó a nosotras, dándome las llaves—. Tenemos la cita mañana para nuestra licencia de matrimonio y después de eso, podemos hacer lo que haga falta.

—De acuerdo. Tienes razón. —Alice asintió—. Dejaremos que se acomoden y los veremos en el comedor a las siete. Mamá, ¿te sientes bien con cuidar a Marie mientras terminamos de coordinar el menú?

—Seguro, Ali. —Esme sonrió.

Edward y yo fuimos a nuestra habitación. Revisé a Marie, cambiando su pañal y atuendo ya que se había ensuciado un poco. Edward había regresado al auto, descargando el corral de Marie. La coloqué dentro cuando estuvo armado y gateé hasta la cama, mi cuerpo dolorido por el largo viaje. Edward dejó nuestro equipaje en el suelo y se unió a mí. Tomamos una siesta familiar.

Nos sentimos frescos después de nuestra siesta, listos para hacer la degustación para nuestra boda. Me cambié a algo un poco más estilizado ya que Alice había observado mi atuendo para el viaje con algo de desdén. Edward terminó por tomar una ducha. Mientras él terminaba, Esme llegó y se llevó a Marie. Acababa de alimentarla y estaba lista para pasar un poco de tiempo con la abuela.

La degustación salió perfecta, mejor de lo que había anticipado. Fue delicioso y satisfactorio, con muchos de nuestros favoritos del chateau. Uno de los mejores fue el postre especial hecho solo para nosotros con vino y especias. Era un extra a nuestro pastel de bodas. Estaba un poco emocionada por los efectos del alcohol para cuando terminamos con la degustación, tropezando contra mi prometido. Él estaba sobrio, queriendo cuidar de mí ya que era la primera vez que tomaba alcohol desde que tenía a Marie. Mientras caminábamos, o tropezábamos, de vuelta a nuestra habitación, nos encontramos a Carlisle y a mi padre, quien había llegado del aeropuerto.

—¡Bells! Todavía faltan un par de días para tu boda —bromeó Charlie.

—El vino me golpeó un poco más fuerte de lo que había anticipado. —Solté una risita. Lo abracé, besando su mejilla—. ¿Cómo estuvo tu vuelo, papá?

—Bien. Largo. La escala en Mineápolis se retrasó por unos inconvenientes mecánicos con el avión —dijo Charlie—. Edward, ¿te importa si me llevo a mi hija por un rato?

—Claro, Charlie. Iré a recoger a Marie, le daré un baño y la acostaré a dormir, amor —murmuró Edward, besando mi frente—. ¿Podrás encontrar nuestra habitación?

—¡Calla! ¡No estoy tan ebria! —siseé, golpeando el brazo de Edward, fallando por completo—. De acuerdo, un poco.

—Lo encontraremos, Edward. —Charlie rio. Nos llevó a su habitación, al otro lado del chateau. Dentro de su habitación, Charlie recostó su maleta contra la pared y me buscó algo de agua—. Bebe esto, Bells. Estás un poco inestable.

—Gracias, papá —dije, sentándome y bebiendo el agua—. ¿Qué sucede?

—Sé que el próximo par de días serán una locura. Quería hablar contigo hoy y darte algo para que uses el día de tu boda —dijo Charlie, ansioso—. No tengo mucho, Bella, pero quería… —Se levantó, metiendo la mano en su bolso y sacando una elegante caja de cuero negro—. Estaba hablando con Alice y dijo que no tienes joyas para tu vestido. Me dijo los colores por teléfono. Fui de compras y encontré este conjunto. Esperaba que lo usaras el día de tu boda.

—¡Papá! Sería un honor. —Suspiré, abrazándolo.

—Ni siquiera lo has visto. —Soltó una risita, dándome la caja negra—. Me sobrepasé, pero es porque me he perdido de tanto. No quiero que pienses que trato de comprar tu amor o algo, pero es el privilegio de un padre consentir a su hija, especialmente el día de su boda.

Mordí mi labio, abriendo la caja, jadeando por lo que vi. Había un par de zarcillos y un brazalete en conjunto, acunados en el satín negro. Las gemas eran de un profundo color rojo sangre con algunas piedras blancas rodeándolos. Los zarcillos tenían forma de gota.

—Son granate con zafiro blanco en los brazaletes y diamantes alrededor de las piedras en los zarcillos —explicó Charlie—. ¿Los usarás?

—Sería un honor. —Suspiré.

—Y puedes conservarlos como reliquia para mi pequeña Marie —murmuró, su bigote moviéndose ansiosamente.

—Lo adorará. —Reí—. Pero, no por un tiempo. Los zarcillos son casi tan grandes como su cabeza.

—Solo quería hacer esto por ti. ¿Sabes lo que le darás a Edward para la boda? —preguntó.

—Hablamos y decidimos que no nos regalaremos nada. Nuestra hija y nuestras vidas son suficiente regalo ya que todo ha sido una locura recientemente —dije, cerrando la caja—. Ser felices es todo lo que queremos. ¿Y ahora? Somos felices. Increíblemente felices.

—¿Y tú estás bien? ¿Ambos? ¿Físicamente? —preguntó Charlie, su rostro sonrojándose de un brillante color rosa.

—¿Te refieres al sexo? —dije, prácticamente gritando.

—¿Qué? ¡No! No quiero saber de eso. Sigues siendo virgen. —Charlie se estremeció.

—Tengo una hija, papá. Es un poco difícil que sea virgen y tenga una hija —dije sin emoción en mi voz.

—Lo sé —dijo Charlie, haciendo un gesto con la mano para desestimarlo—. Hablo de tus heridas. Las de Edward por haber sido apuñalado y la cosa… la cosa de cuando tuviste a Marie.

—Oh. Sí. Ambos estamos bien físicamente. No hemos hecho nada desde… —Dejé de hablar, haciendo un gesto hacia mi estómago—. Necesitaba sanar emocionalmente. Ambos, en realidad.

—Entendido —dijo Charlie, nervioso y visiblemente incómodo por la dirección de esta conversación. No lo culpaba. Hablábamos de sexo. Estas discusiones solo deberían suceder una vez en el momento de la pubertad—. Mira, estoy cansado por el día de viaje, Bells. Regresemos a tu habitación.

—Yo también estoy cansada —dije, escondiendo un bostezo con mi brazo—. La emoción por el vino ya pasó y ahora estoy adormilada. Y tenemos que levantarnos temprano mañana para buscar nuestra licencia de matrimonio.

Charlie me ayudó a levantarme y regresamos a mi suite. Usando mis llaves, entré en silencio, besando a mi papá en la mejilla. Edward le leía a Marie, quien estaba dormida sobre su pecho. Le mostré a Edward las joyas que mi padre me había dado. Edward me dijo que sabía que Charlie me daría algo para usar el día de nuestra boda. Colocamos a Marie en su cuna y nos cambiamos a las pijamas. Tan pronto como mi cabeza tocó la almohada, me quedé dormida y me quedé así hasta que sonó la alarma la mañana siguiente.

Desayunamos con nuestras familias antes de ir al centro de Traverse City para buscar nuestra licencia de matrimonio. Fue un proceso indoloro, excepto por la fila. Solo había una empleada trabajando y era más vieja que el polvo. Creo que todo mi cabello se volvió blanco para cuando llegamos al frente. La mujer era muy dulce, y me recordaba a mi abuela. Consintió a mi hija, quien estaba absorta en el brillante suéter de la mujer. Luego de terminar de rellenar el papeleo, la mujer nos dio la licencia de matrimonio. Allí estaba, en blanco y negro. Edward y yo estaríamos casados el 23 de octubre de 2015.

Y no podía esperar.