Disclaimer: None of this belongs to me. Thanks to the beautiful Josie, for letting me translate it. Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer y la historia a tufano79, solo me pertenece la traducción.
Capítulo beteado por Yanina Barboza, beta de Élite Fanfiction
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Capítulo Ciento setenta y dos
POV Bella.
Los días anteriores a la boda fueron una locura, pero muy divertidos. La noche antes de la boda tuvimos nuestro ensayo. El lugar que Alice y Leah habían escogido era perfecto. Era al aire libre y tenía como paisaje Traverse City. Los árboles en el apogeo del otoño, dándonos el fondo perfecto que deseábamos. Y Peter estuvo tomando fotos a diestra y siniestra todo el tiempo que estuvo en la ciudad, quien llegó en la tarde del jueves con su novia, Charlotte. Peter dijo que me haría un álbum de bodas que dejaría a los demás álbumes en el olvido.
No dudaba que Peter haría su magia con sus fotos. Era mucho mejor que yo en eso.
Estaba parada frente al altar, acurrucada contra mi prometido, mi casi esposo, escuchando a la planificadora cómo se darían las cosas. El juez de paz no se encontraba allí, pero lo vimos el jueves en la tarde. La empleada había dejado un mensaje con él. Habíamos pedido verlo el día que obtuvimos nuestra licencia de matrimonio, pero estaba fuera del edificio por otro evento. Era un caballero mayor, muy ágil y ocurrente. También era dulce. Adoraba realizar matrimonios y ansiaba hacer el nuestro ya que estábamos muy enamorados.
Después de repasar un par de veces los planes para la boda, entramos. El clima estaba frío, pero soleado. Igual al clima de mañana. Estaba usando un vestido de suéter púrpura y un par de leggins grises con botas negras. Edward combinaba conmigo, vistiendo un par de pantalones de pana negra y una camisa púrpura. Marie no estaba fuera por el momento, pero hice que combinara con nosotros. Estaba dentro con el tío Seth y la tía Claire ya que esta seguía recuperándose de su resfriado.
Estábamos dentro de la habitación de degustaciones del chateau, el cual había sido convertido en una pequeña área de banquete para nuestra cena de ensayo. Era muy elegante y al mismo tiempo divertido. Después de comer la cena, Edward y yo dimos nuestros regalos a nuestros amigos y familia. Le dimos a todos los que estuvieron involucrados en la boda una botella de vino con especias que nos gustaba mucho junto con un par de copas de vino con sus iniciales y la fecha de nuestra boda en ellas. Para nuestro cortejo, Alice, Leah, Emmett y Jasper, les compramos algo más. A mis madrinas les di joyas, un par de zarcillos granate y un brazalete inspirado en el vino con adornos de piedras granate para que los usaran mañana. Los padrinos de Edward obtuvieron un set de bar personalizado junto con un termo, un sacacorchos y otras cosas con temática de alcohol. Para los padres, hasta ahora teníamos un libro de bebé hecho de los "primeros" de Marie.
Después de la cena, Edward fue secuestrado por los chicos de la estación para ir a Traverse City para una ronda de cervezas, celebrando su última noche de libertad. Yo subí a mi habitación con las chicas. Querían acompañarme mientras Edward estaba fuera, tonteando con sus chicos.
—Bella, sabes que Edward no dormirá aquí, ¿cierto? —preguntó Alice, sentándose en el sofá de su habitación—. Es la tradición. No puedes dormir con tu novio en la noche antes de la boda.
—Lo sé, Alice. Se quedará con Emmett. —Solté una risita. Las miré, notando las bolsas de regalo a sus pies—. ¿Qué hay con las bolsas?
—Una despedida de lencería —dijo Leah, moviendo sus cejas sugestivamente—. Una cosita para hacer que tu hombre babee. Porque sé que no usarás tus pantalones para yoga y una camiseta enorme en tu noche de bodas. Eso no irá en la maleta.
—No molestes, Leah. Bella puede usar lo que desee en su noche de bodas —dijo Esme, sonriéndome dulcemente, dándole a Marie su biberón.
—Aunque Leah tiene razón. Me he estado escondiendo detrás de ropa enorme y muchas capas desde que di a luz. —Encogí mis hombros.
—¿Por qué? Luces increíble —dijo Jessica.
—En parte fue perder el peso de la bebé —expliqué—. No gané mucho, pero mi cuerpo ha cambiado. Mi estómago definitivamente no está tan plano como antes. La otra parte es que no me siento muy femenina. Saben lo que sucedió después de que Marie nació, ¿verdad? —Angela y Jessica estaban confundidas, pero el resto sabía. Les resumí la historia de los inconvenientes con mi parto y la histerectomía que resultó de eso—. No me siento una mujer completa. Temo que a Edward no le guste lo que vea o que me resentirá porque no puedo…
Basta de lamentarte. Edward prometió estar contigo para siempre. Pasaría por todo para tener más hijos.
—Bella, entiendo —susurró Esme—. En esencia, perdiste lo que te hacía mujer. Pero Edward nunca te lo recriminaría. El amor que tiene por ti es universal.
—Lo sé, lo sé. En teoría, mi cabeza entiende. He estado tratado de superar mis inseguridades, pero son fuertes. —Reí, tocando mi estómago. Arrugué la nariz—. Creo que solo necesito experimentarlo antes de poder hacer cualquier suposición.
—Bueno, usa alguno de estos y rogará por ti, Bella. —Angela rio, arrojándome una bolsa. Reí, abriendo su regalo, revelando un negligé color ciruela con bragas a tono. Era seductor y sexy, cubriendo todas las partes con las cuales seguía luchando. Le agradecí y pronto me bombardearon con más. Algunos seguían las especificaciones del que Angela me había dado, más satinado y sensual. Leah y Alice solo me regalaron hilos y látex. Sin mencionar otras cosas que no eran lencería, como lubricante, dildos y un set de esposas.
Hablamos hasta medianoche. Charlotte, Angela y Jessica se fueron primero, exhaustas por su largo viaje al chateau, viniendo directamente de sus turnos en el trabajo. Esme se quedó un poco más, pero no estaba acostumbrada a quedarse hasta tan tarde. Me abrazó y nos besó, regresando a su suite.
—De acuerdo, pijamada —susurró Alice—. Sé que no quieres estar sola y la cama es lo suficientemente grande para nosotras.
—Pero Marie —dije, mirando a mi hija, dormida en su corral.
—Nos encargaremos de ella —dijo Leah, abrazándome—. Tienes que lucir radiante en tu gran día.
—Bueno, los tratamientos de spa que hemos planeado también ayudarán. —Alice rio—. La habitación en la que estábamos será transformada en un improvisado salón de belleza para ti, Leah, Esme y yo. Nos arreglaremos el cabello, maquillaje, manicuras y pedicuras. Ve a prepararte para dormir. Iré corriendo a mi habitación para buscar mi pijama. Leah, tú puedes ir cuando yo regrese. —Leah levantó sus pulgares y Alice salió de la habitación con mis llaves.
Después de estar todas en la cama, Leah y Alice trataron de calmar mi mente sobre hacerle el amor a mi esposo. Ambas tenían increíbles consejos y trataban de apaciguarme sobre que Edward me amaba sin importar qué, lo cual ayudó a calmar mis miedos. Eventualmente nos dormimos un poco después de las dos, después de que cambié y alimenté a Marie.
A la mañana siguiente, desperté sola en mi cama. Alice me dejó una nota diciendo que tenía que despertar y estar lista para salir a las once. Eran justamente las diez con treinta. Fui a revisar a Marie y encontré otra nota. Estaba siendo consentida por mi padre y su padre. Me levanté y tomé una ducha, sin lavar mi cabello. Recordé las pocas veces que estuve en bodas y los estilistas preferían el cabello ligeramente grasoso. Permitía que el peinado mantuviera la forma. Además, mi cabello era muy largo y tomaría una eternidad en secarse.
Encima de la cama, noté un traje deportivo blanco que lucía muy cómodo. En la parte de atrás, tenía mi nuevo nombre con cristales. Señora Cullen. Añadido al frente del traje estaba otra nota con un par de bragas de encaje y color piel. "Úsame". Me coloqué mi atuendo y metí mis pies en un par de sandalias que estaban bajo la cama. Bajé las escaleras hacia la sala de degustación y me impresioné por lo que había cambiado desde anoche. Había varias mesas de maquillaje, un par de sillas de asiento suave, un montón de implementos para el cabello y música ruidosa y feliz. Estaba tan enfocada en la habitación que no presté atención cuando Pedro, el amigo de Alice y co-diseñador de mi vestido, casi me derribó al suelo por su exuberante abrazo.
—Chica, ¡luces jodidamente increíble para alguien que acaba de tener un niño! —chilló, observándome—. Serás una visión en tu vestido. Una verdadera diosa.
—¡Pensé que yo era la diosa! —rio Alice desde su puesto mientras le ondulaban el cabello.
—Lo eres, pero hoy, Bella es la diosa. Se casará hoy. ¡Duh! —arguyó Pedro, guiándome hacia la manicurista—. Serás la novia más hermosa. —Se inclinó hacia mí, susurrando de forma conspiradora—: Más hermosa que Alice, pero sshhh, no le digas.
—Tu secreto está a salvo conmigo —susurré de vuelta.
Pedro sonrió, besando mi mejilla.
—¿Quieres algo? ¡Tenemos una enorme mesa con desayunos!
—Un poco de café por ahora. —Sonreí mientras la manicurista trabajaba en mis pies. Pedro, por supuesto, no escuchó. Me llevó café junto con un plato bastante lleno. Le agradecí, mordisqueando la comida y escuchando a mis amigos y familia charlar a mi alrededor. Me encontraba en silencio, contemplando. Nunca esperé llegar a este lugar. Con todo lo que sucedió con James, nuestra salud y ahora la bebé, la boda parecía un sueño lejano. Fue un obstáculo tras otro para que llegásemos hasta acá. Estaba emocionada por casarme, por proclamarle mi amor y devoción frente a nuestra familia.
—Luces perdida en tus pensamientos —dijo Esme, sentándose a mi lado. Su cabello estaba sujeto con rulos. Lucía un poco tonta ya que siempre la había visto bien arreglada y vestida. Reí en voz baja—. Está bien reírse. Soy anticuada cuando se trata de arreglar mi cabello. Nada de rizadoras para mí. Normalmente terminan por freír mi cabello. Pero ¿por qué estás tan callada? Deberías estar vibrando por la anticipación. ¡Te vas a casar hoy!
—Estoy tan emocionada, pero no parece real. Sigo esperando a que algo más suceda, otro evento traumático. —Me encogí de hombros—. La boda estaba en el horizonte y nunca pensé que llegaría hasta aquí.
—Bueno, estamos aquí ahora, Bella. Y estamos muy, muy felices —me tranquilizó Esme, apretando mi mano—. Sé que este año ha sido desafiante, lleno de altas y bajas. Enfócate en las cosas buenas que han sucedido: la propuesta de Edward, la concepción de Marie, el final de tu ex novio y finalmente, esta boda. Hoy es el primer día de muchos mañanas llenos de alegría, felicidad y amor. No dejes que lo que te sucedió sea una nube negra sobre este día o sobre el resto de sus vidas.
—Estoy tratando de no hacerlo. Creo que es por eso que estoy viendo a un terapeuta —bufé—. Estoy increíblemente feliz por este día, por casarme con Edward y al fin convertirnos en una familia completa. Lo amo más de lo que las palabras pueden explicar, Esme.
—Marie y tú son su mundo ahora. —Esme suspiró—. Nunca he visto a mi hijo así. Incluso con Voldemort, estaba contento o tontamente enamorado. —La nariz de Esme estaba arrugada por el descontento—. ¡Ugh! Nunca entendí lo que Edward vio en esa mujer.
—No lo estaba. Todo era por sexo —dijo Alice desde su lugar en la silla de maquillaje—. Estaba cegado por el sexo.
—¡Alice! —reprendió Esme.
—¿Qué? No es como si Irina fuera un poder controlador. —Alice rio.
—No creo que Bella quiera escuchar eso —soltó Esme, arqueando una ceja hacia su hija.
—No, Bella no quiere escuchar eso. Sé que Edward tuvo relaciones antes de la nuestra, pero no necesito recordatorios de sus pasadas proezas sexuales o ex prometidas —gruñí.
—Alice, ve a revisar a tu sobrina —ordenó Esme.
—Pero me acaban de pintar las uñas. —Hizo un puchero.
—No me importa. ¡Ve! —gruñó Esme. Los ojos de Alice se abrieron como platos y corrió fuera de la sala de degustación. Esme me abrazó y se disculpó por el comentario de Alice. Disfruté la comodidad de los brazos de una madre y las lágrimas comenzaron a bajar por mis mejillas—. Bella, ¿qué sucede? —preguntó Esme, limpiando las lágrimas de mi rostro.
—Por muy tonto que suene, extraño a mi mamá y a mi abuela. —Sorbí mi nariz—. Mi mamá fue una perra venenosa, pero en realidad era lo único que tenía. La abuela estuvo allí para mí, constante, pero a la distancia. Desearía que mi mamá hubiese sido más como tú, Esme, y desearía que mi abuela estuviera aquí.
—Tu abuela está aquí. Está en tu corazón, tu mente y en tu bebé —me calmó Esme, colocando un cabello tras mi oreja—. Te amaba tanto y por supuesto que estaría aquí el día de tu boda. ¿Tu mamá? Es entendible que la extrañes. Puede que no haya sido una gran madre, pero era tu mamá. —Unas lágrimas más se deslizaron por mis mejillas—. Ahora, no más lágrimas, a menos que sean de felicidad. Te amo, Bella, como si fueras mi propia hija. Estoy tan bendecida de tenerte en mi familia. No puedo esperar a que sea oficial.
Alice regresó con Marie y pasé tanto tiempo como pude abrazándola mientras me arreglaban. Marie era una bebé tan tranquila, sin llorar a menos que tuviese el pañal sucio o tuviera hambre. Lo cual sucedió cuando la cargué. La alimenté antes de que comenzaran mi maquillaje. Un par de horas más tarde, una sesión con el sacaleches y un momento más de lágrimas inexplicables, mi cabello y maquillaje estuvo completo, mis uñas pulidas y ya estaba lista para colocarme mi vestido. Esme y Pedro me llevaron detrás del área con la cortina mientras Alice corría a darle a Marie a Edward y a buscar a Peter.
Con la ayuda de mi suegra y el diseñador del vestido, me lo coloqué. Era todo lo que quería y más. Era sexy, pero elegante. La voluminosa falda cumplía con mi expectativa de sueños de princesa. Era sin tirantes bajo el corpiño con encaje y cristales, con mangas que iban justo hasta mis codos. Pedro colocó la peineta en mi cabello mientras el estilista añadió el velo bajo mi peinado. Me puse mi anillo de compromiso en la mano derecha y la joyería que mi padre me había regalado junto con un par de tacones de color ciruela. No quería usar zapatos blancos, así que decidí coordinar con los vestidos de mis madrinas.
Cuando salí de detrás de la cortina, Peter estaba allí, tomando fotografías. Noté a mis madrinas y lucían elegantes en sus vestidos. Eran de un color ciruela profundo, casi como una berenjena, con encaje por encima que pasaba por un hombro. Sus zapatos eran del mismo color que mi joyería, granate oscuro, y también combinaba con la joyería color vino que les compré.
Peter nos tomó varias fotos, fingiendo prepararnos en la sala de degustaciones. Luego, dijo que quería unas tomas bonitas en algún lugar cercano. Tomamos nuestros bouquets, caminando la corta distancia a un lugar hermoso entre las vides con los árboles de otoño a la distancia. Las fotografías que tomó eran artísticas, hermosas y reales. La felicidad se notaba en nuestra mirada. El amor que sentía por mi hermana y mi mejor amiga se demostró con nuestra risa, abrazos y tonterías. Charlie llegó pronto y nos tomamos algunas fotografías. Lucía increíblemente apuesto en el traje que usaba. Podía notar que estaba incómodo, pero sonreía feliz a pesar de todo. Después de una hora, el coordinador de la boda nos encontró y nos dijo que era hora.
Era hora.
Charlie y yo caminamos lentamente hacia donde me casaría con el amor de mi vida. Los románticos sonidos de un cuarteto de cuerdas llenaban el aire frío de otoño. Me estremecí, acercándome más a mi papá.
—¿Tienes frío, Bells?
—Un poco, pero no importa —dije, sonriéndole—. No puedo esperar a…
—Él tampoco, Bella. Te ama tanto. —Charlie suspiró, besando mi frente. Metió la mano a su bolsillo y me dio un pañuelo. Lo tomé, mirándolo. En bordado masculino, vi las iniciales de mi papá con hilo azul—. Tu cosa azul o vieja.
—Lo azul es mi liguero, pero no tengo nada viejo. Gracias, papi —susurré, abrazándolo suavemente—. Te amo.
—Bella, te amo tanto. Estoy tan orgulloso de ti —susurró Charlie, su voz quebrándose. Me jaló hacia sus brazos, llorando en silencio. Unas lágrimas se escaparon de mis pestañas y agradecí tener maquillaje a prueba de agua.
—¿Señor y señorita Swan? Estamos listos —susurró el coordinador de la boda.
Nos apartamos.
—¿Lista, Bella? —preguntó Charlie, limpiando mi rostro con sus pulgares.
—Nunca he estado más lista. —Sonreí, mirando hacia donde estaba el altar. Charlie entrelazó mi brazo por el suyo, guiándonos hacia el altar y cada vez más cerca de mi felices por siempre.
