Disclaimer: None of this belongs to me. Thanks to the beautiful Josie, for letting me translate it. Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer y la historia a tufano79, solo me pertenece la traducción.


Capítulo beteado por Yanina Barboza, beta de Élite Fanfiction

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Capítulo Ciento setenta y tres

POV Bella.

El sonido de Beyoncé con "Halo" llenó mis oídos y todos se levantaron mientras nos acercábamos. Pude ver a personas de mi oficina, los chicos de la estación de bomberos de Edward, la mamá de Leah y Seth, Sue, y algunos de sus compañeros de clase de la escuela de medicina. Él no estaba seguro de que vinieran, pero su grupo de estudio había hecho caravana hasta Traverse City. Junto con ellos, la doctora Popper y su esposo, además de algunas de las enfermeras de la unidad de cuidados intensivos neonatales, de la sala de partos y de la unidad de cuidados intensivos estaban allí, celebrando nuestras nupcias y apoyándonos en este momento de felicidad y no de tristeza. Mientras nos acercábamos más al grupo de personas, cerré mis ojos y dejé que mis emociones fluyeran con libertad. Cuando levanté la mirada, estábamos en el altar y era absolutamente hermoso.

Aunque no me importaba el altar. Solo me importaba el hombre que sonreía radiantemente, parado a mi lado. Estaba usando el mismo traje que mi padre, pero su chaleco y corbata eran de un blanco brillante. Lucía tan apuesto, fuerte y emocionado mientras me miraba, lágrimas brillando en sus ojos verdes.

—¿Quién le entrega esta mujer a este hombre? —preguntó el juez de paz cuando la música se detuvo.

—Yo —susurró Charlie, tomando mi mano derecha y besándola antes de colocarla en la palma de Edward. Di un paso inestable hacia mi prometido, sonriendo ampliamente mientras lo observaba—. Cuida muy bien de ella, Edward.

—Lo prometo, jefe —murmuró Edward sin quitar su mirada de mí. Edward entrelazó sus dedos con los míos mientras el celebrante iniciaba el servicio.

—Estamos aquí reunidos para celebrar el amor y la unión de Isabella Swan y Edward Cullen. Tuve el placer de conocer a esta pareja hace un par de días, y ver tanta adoración fluir entre ellos fue increíble. He visto muchas parejas en mi carrera, pero ninguna tan hermosa, amorosa y devota como Edward, Isabella y la pequeña Marie.

—¡Ppblllptha! —gorjeó Marie, levantando sus manos en los brazos de Esme.

—Sí, tú. —Él rio.

Reí hacia Marie. Lucía como un ángel en el regazo de Esme, usando un vestido color ciruela y un cintillo con flores púrpuras y cremas. Le dediqué un pequeño saludo antes de devolver la mirada a mi prometido.

—Ahora, tenemos algunas lecturas. La primera es la carta de Pablo a los Corintios y Alice la leerá. ¿Alice?

—Gracias —murmuró Alice, sacando un trozo de papel de detrás de su ramo—. El amor es paciente, el amor es amable y no es celoso; el amor no ostenta y no es arrogante, no actúa indigno; no se busca, no se provoca, no toma en cuenta algún mal sufrido, no se regocija en lo injusto, sino en la verdad; soporta todo, cree en todo, espera todo, supera todas las cosas.

—Gracias, Alice. —El celebrante sonrió—. La segunda lectura es una cita anónima que Emmett compartirá.

Emmett asintió, sacando su tarjeta desde el interior de la chaqueta de su traje.

—"Tarde o temprano comenzamos a entender que el amor es más que versos el día de San Valentín, y romance en las películas. Comenzamos a conocer que el amor está aquí y ahora, es real y verdadero, la cosa más importante en nuestras vidas. El amor es el creador de nuestros recuerdos favoritos, y la base de nuestros sueños afectuosos. El amor es una promesa que siempre se mantiene, una fortuna que nunca puede ser desperdiciada, una semilla que puede florecer en los lugares más improbables. Y este fulgor que nunca cesa, esta alegría mágica y misteriosa, es el tesoro más grande de todos, uno conocido solo por aquellos que aman". Yo los amo a ambos.

—Eso fue hermoso, Emmett —susurré—. Cuando dijiste que tenías algo… ¡vaya!

Emmett se sonrojó, besándome en la mejilla antes de darle a Edward un abrazo incómodo ya que no soltaba mis manos. Nos regresamos al frente del celebrante mientras parloteaba sobre el matrimonio, trabajando en conjunto, divirtiéndonos y amándonos cada día. Nos sonrió suavemente a ambos antes de levantar la mirada a nuestros invitados.

—Edward y Bella quisieron escribir sus propios votos, pero se les escapó de las manos. —Hubo algunas risitas. Era verdad. Yo había planeado escribir mis votos, pero tener un bebé puso algo de impedimento en mis planes. Edward estaba ocupado con la escuela—. Con todo lo que tuvieron que pasar este año, está bien. Dejaremos que pase. Esta vez.

—Gracias. —Edward rio, apretando mis manos.

—Entonces, después de reunirme con ellos, escribí votos que parecen ajustarse a ellos. Bella, por favor repite después de mí. Prometo ser tu amante, compañera y amiga…

—Edward, prometo ser tu amante, compañera y amiga…

—Tu compañera en la paternidad…

—Tu aliada en el conflicto…

—Tu mayor fan y tu adversaria más fuerte…

—Tu camarada en la aventura…

—Tu estudiante y maestra…

—Tu consuelo en la decepción…

—Tu cómplice en la maldad…

—Este es mi voto sagrado para ti, mi igual en todas las cosas. Sobre todas las cosas.

Era un terrible desastre después de que dije eso. Edward también tenía lágrimas en sus ojos, limpiando mi rostro con sus pulgares y susurrando que me amaba. Este celebrante era increíble. Capturó perfectamente nuestras personalidades. Volteándose hacia mi prometido, hizo que Edward me repitiera lo mismo y luchó para completarlo, igual que yo.

—¿Me pueden dar los anillos?

—¡Oh! Cierto. Mi otro gran trabajo. —Emmett rio. Metió la mano a su bolsillo y le dio la caja al celebrante—. Ambos deberían estar allí. Me tomé mi trabajo muy en serio.

—Gracias, Emmett —dijo el celebrante entre risas. Sacó el anillo de matrimonio de Edward. Era un anillo de platino con madera negra y piedra turquesa colocada dentro del metal—. Un anillo es un símbolo apropiado para la promesa de boda. Es un círculo sin comienzo ni fin: amor sin fin es lo que esperamos alcanzar en el matrimonio. Cuando este anillo sea colocado en tu dedo, recuerda que es el amor que se tienen el uno al otro lo que los trajo aquí, y es el amor que los guiará por el camino hacia su futuro. Bella, por favor toma este anillo y repite después de mí: Edward, te doy este anillo como símbolo de nuestro matrimonio, por hoy y por siempre, y por todos los días venideros.

Repetí luego de él, empujando el anillo a la mano de Edward y besando dulcemente su nudillo.

—Edward, por favor toma este anillo y repite después de mí: Bella, te doy este anillo como símbolo de nuestro matrimonio, por hoy y por siempre, y por todos los días venideros. —Edward hizo lo mismo, su voz cargada por la emoción. Una vez que empujó mi anillo a mi dedo, se inclinó para besarme—. Ah, ah, no aún.

—Oh, vamos. —Edward hizo un puchero, ganándose algunas risas.

—Dejen que los anuncie. —Edward hizo un gesto para que continuara, pero podía notar que estaba ansioso por besarme. Demonios, yo también lo estaba. Olía tan bien y lucía tan feliz—. Es un gran placer declararlos marido y mujer. Ahora puedes besar a tu novia.

—¡Woo hoo! —celebró Edward, dando un paso hacia adelante y acunando mi rostro entre sus manos—. Te amo, Isabella Cullen.

—Te amo más —susurré en respuesta antes de que sus labios cubrieran los míos, masajeándolos y reclamándome. Mis brazos subiendo por sus costados, entrelazando mis dedos en su grueso y suave cabello. La lengua de Edward se deslizó entre mis labios y me hundió brevemente mientras nuestros amigos y familia aplaudían abiertamente.

—¡Por primera vez, me gustaría presentar al señor y la señora Edward e Isabella Cullen!

El cuarteto de cuerdas comenzó a tocar "Marry You" de Bruno Mars, transformándose poco a poco en "Just the Way You Are". Caminamos por el pasillo y fuimos directamente a una de las glorietas que había sido decorada con nuestras flores y colores. La música seguía sonando y escuchamos a nuestra familia comenzar a acercarse. Edward y yo estábamos encerrados en una burbuja, mirando a los ojos del otro.

—Lo hicimos. —Suspiré, sonriendo ampliamente mientras mis dedos delineaban su quijada—. Nunca imaginé que sucediera, pero estamos casados.

—Ninguna palabra puede describir lo que siento, Bella —murmuró, besando mi frente, luego mi nariz y finalizando en mi boca. Sus labios apenas rozaron los míos. Era tan suave, como el beso de un ángel. Sus manos se movieron por mis brazos y las puntas de sus dedos se deslizaron por mi cuello antes de tomar mi rostro e inclinar mi cuello. Profundizó nuestro beso, su lengua reclamándome lenta y profundamente. Gemí bajo, mis manos tensándose en su cabello. Nuestras lenguas bailaban en la boca del otro, saboreando cada centímetro. Mi cuerpo vibraba por la emoción, necesitando estar más cerca de mi esposo—. Hmm, señora Cullen, debemos parar.

Hice un puchero mientras me apartaba, respirando con dificultad y triste porque nuestro beso terminase.

—No esté triste, señora Cullen. Nos besaremos más, pero si continuamos, sucederían cosas y no quiero consumar nuestro matrimonio con audiencia. —Echó un vistazo sobre su hombro, donde nuestra recepción estaba congregada—. Quiero tomarme mi tiempo contigo, adorando tu cuerpo como se merece, en la privacidad de nuestra suite de luna de miel.

—Oh, Dios, sí. —Suspiré, besándolo de nuevo. Envolvió sus brazos a mi alrededor, levantándome del suelo y sosteniéndome fuerte contra su cuerpo. Nos perdimos en el otro de nuevo hasta que Peter aclaró su garganta.

—No filmaré una porno, niños. Quieren tener fotos que puedan mostrarle a su hija, a sus nietos —bromeó Peter—. Vamos. Tenemos muy buena luz. Sus invitados tomarán el cóctel mientras yo los vuelvo supermodelos.

Regresamos al altar. Peter fue increíble mientras tomó nuestras fotos, dándoles una apariencia de revista, pero también asegurándose de que fueran cándidas y naturales. Después de una hora, más o menos, Peter dijo que la luz ya no era ideal y nos liberó para ir a tomar el cóctel. Estaba detrás de nosotros, aún tomando fotografías mientras llegábamos al patio con algunos calentadores, fogatas y luces brillantes por todas partes. Edward y yo paseamos, agradeciendo a todos por venir y hablando con las personas que habían llegado tarde anoche o temprano en la mañana. El jazz sonaba bajo y era una tarde perfecta.

Alrededor de las cinco, la fiesta migró al pequeño salón de baile para que pudiéramos ver todo. La decoración era elegante, divertida y vibrante. Las paredes estaban cubiertas por chiffon púrpura, naranja, rojo y turquesa. Las mesas estaban adornadas con varios centros de mesa, usando los mismos colores de las flores de mi ramo. Edward y yo estábamos sentados al frente, justo junto a una ventana con una tarima. Nuestra fiesta estaba justo bajo nosotros. A un lado teníamos al DJ, quien estaba terminando de prepararse.

Peter se coló y estaba tomando fotos del salón de fiesta, concentrándose en los detalles mínimos, como las flores, el arreglo de las mesas, las luces y la decoración. También tomó algunas de Edward y yo compartiendo un momento en silencio antes de que nos llamaran después de que nuestros invitados entraran.

Unos minutos después, entramos a la sala de degustación donde nos habíamos preparado. Mientras estuvimos allí, la niñera que estuvo cuidando a Marie por la tarde la trajo antes de que tuviera que ir a dormir. Edward y yo pasamos unos minutos en silencio, acurrucando y amando a nuestra hija. Peter captó cada momento especial antes de que se la llevaran.

La poderosa voz del DJ anunció que todos debían tomar sus lugares para que pudieran dar inicio a la fiesta. Mientras ellos se movían a sus asientos, sonó por los parlantes "Best Day of my Life" de American Author's. Para cuando llegó al primer coro, el coordinador de la boda nos movió a la entrada y el DJ anunció a Leah y a Jasper. Por la reacción de la multitud, hicieron algún baile y se sentaron. En el segundo coro anunciaron a Emmett y a Alice. Al principio del puente, las luces se atenuaron y el DJ pidió a todos que se levantaran por el novio y la novia.

—¡Y ahora, por primera vez, celebrando su matrimonio, aplaudan al señor y la señora Edward e Isabella Cullen!

Edward tomó mi mano y entramos al salón de baile mientras el último coro comenzaba. Edward me tomó entre sus brazos y bailamos felices mientras la canción sonaba más fuerte. Cuando llegó a su fin, Edward me dio vueltas y me hundió profundamente. Reí mientras sus labios encontraban mi cuello, besándome con dulzura. Hubo un estruendoso aplauso mientras Edward me enderezaba. Nos besamos ya que alguien comenzó a golpear su copa con un cubierto. Edward estaba sonriendo como bobo antes de presionar sus labios contra los míos. Lo mantuve casto, para desgracia de Edward. Jaló mi mano y fuimos a sentarnos a nuestra mesa.

La cena estaba deliciosa, incluso más que la degustación. Creo que la disfruté tanto porque estaba hambrienta. No había comido mucho desde los mordiscos que le di al desayuno esta mañana. Aunque luchamos para tener la comida en nuestras bocas. Emmett se estaba divirtiendo mucho en dirigir a la multitud para que nos besáramos. Después de la décima interrupción, Edward tiró un rollito a la cabeza de su mejor amigo. Emmett se detuvo y pasamos el primer platillo sin más besos. Bueno, demandados. Aún nos besábamos, pero era bajo nuestros propios términos.

Después de la cena, fuimos por el pastel de bodas. Era un pastel hermoso que lucía casi demasiado elegante como para comerlo. Edward y yo sostuvimos un gran cuchillo, empujándolo por el fondant. Cortamos un pedazo pequeño y lo dividimos a la mitad. Edward me alimentó primero, con una ternura que casi causó que mi corazón explotara en mi pecho.

—Es mi trabajo cuidar de ti y de nuestro maní. Siempre haré eso por ti primero, Bella. Lo prometo.

¡Gah!

Luego lo alimenté yo, tratándolo tan maravillosamente como él lo hizo conmigo. Sin embargo, cuando sentí su lengua en la punta de mis dedos, estuve a punto de derretirme. Mi mente se había trasladado a la Tierra de la Perversión y estaba imaginando esa lengua entre mis piernas. Mi libido había vuelto a buscar venganza. Mis bragas se llenaron de deseo. Edward rio de forma sospechosa mientras mi mano se mantenía frente a su boca.

—Te perdí, amor. ¿Estás bien? —preguntó, tomando mi mano y besando mi muñeca.

—Lengua —lloriqueé.

—Hmm, llegaremos a eso más tarde, señora Cullen. Es mi voto solemne —ronroneó, sacándome a la pista de baile para nuestro primer baile como marido y mujer. Escogimos una canción que no era necesariamente para bodas, pero se acomodaba a nuestras personalidades y las batallas que habíamos peleado este año. "Wonderwall" de Oasis era una de mis canciones favoritas y la letra tenía mucho sentido para mí. El bajo tono de la guitarra acústica comenzó y Edward me tomó entre sus brazos. Esta canción hablaba sobre nuestra lucha y sobre perder tanto, pero encontrar el amor y a esa persona que pudiese amarte, salvarte.

Today is gonna be the day
That they're gonna throw it back to you
By now you should've somehow
Realized what you gotta do
I don't believe that anybody
Feels the way I do, about you now

Back beat, the word was on the street
That the fire in your heart is out
I'm sure you've heard it all before
But you never really had a doubt
I don't believe that anybody
Feels the way I do about you now

And all the roads we have to walk are winding
And all the lights that lead us there are blinding
There are many things that I
Would like to say to you but I don't know how

Because maybe, you're gonna be the one that saves me
And after all, you're my wonderwall

Today was gonna be the day
But they'll never throw it back to you
By now you should've somehow
Realized what you're not to do
I don't believe that anybody
Feels the way I do, about you now

And all the roads that lead you there are winding
And all the lights that light the way are blinding
There are many things that I
Would like to say to you but I don't know how

I said maybe, you're gonna be the one that saves me
And after all, you're my wonderwall

I said maybe, you're gonna be the one that saves me
And after all, you're my wonderwall

I said maybe, you're gonna be the one that saves me
You're gonna be the one that saves me
You're gonna be the one that saves me

La voz baja de Edward me cantó mientras el coro se desvanecía. Me besó suavemente, sonriéndome con calidez mientras el DJ pedía que Esme y Charlie pasaran a la pista para el baile madre/hijo y padre/hija. Escogimos lo tradicional con "I'll Be" de Edwin McCain. Charlie y yo nos mecimos incómodos ya que Charlie no era bailarín para nada. Sin embargo, era agradable tener a mi padre conmigo y por la fuerza con la que me sostenía, me amaba mucho. Mientras bailábamos, el DJ llamó al cortejo. Se unieron a nosotros al baile. Sin embargo, Jasper estaba bailando con Alice mientras Emmett bailaba con Leah. La canción terminó y la pista de baile se abrió para todos. La canción de Pharrell Williams "Happy" sonó por los parlantes y todos bailamos, moviéndonos y sacudiéndonos al ritmo de la música.

Nunca me había divertido tanto. Había ido a muchas bodas como fotógrafa y a algunas como madrina, pero fueron aburridas en comparación a la nuestra. Además de la música divertida, la comida deliciosa y la increíble decoración, teníamos un bar de dulce de manzana, un bar de dulce o truco y una cabina de fotos. Edward y yo pasamos una considerable cantidad de tiempo en la cabina con varias personas y teníamos nuevos recuerdos.

A mitad de la fiesta, el DJ nos llamó para lanzar el ramo y el liguero. Para el lanzamiento del ramo escogí "We Run the World (Girls)". Levanté el ramo y lo moví de forma llamativa a cada mujer soltera en la pista. Con un guiño, me volteé y lo lancé detrás de mí. Charlotte atrapó el ramo, sonriendo malévola y mirando directamente a Peter. Él se sonrojó, tomándole una foto. La canción de Edward "Another One Bites the Dust" sonó. Tomó mi mano, dándome una vuelta y sentándome en una silla. Los chicos solteros tomaron sus puestos detrás de mi esposo. Charlotte estaba tomando fotos mientras Peter esperaba el liguero. Edward me dedicó un seductor movimiento de cejas y pasó sus dedos por la costura donde mi muslo alcanzaba mi cuerpo. Me estremecí y él sacó el liguero azul de mi pierna. Con un meneo de caderas, se volteó, lanzando el liguero detrás de él. El trozo de tela golpeó a Jacob en la cara, pero Peter la tomó mientras rebotaba.

Nos tomamos una foto con Peter y Charlotte y luego pasamos el resto de la boda en la pista de baile, pasando un maravilloso momento. Poco después de medianoche, las luces se encendieron. Edward y yo estábamos un poco mareados, lo cual hacía que nos manoseáramos un poco. Esme, Carlisle, Alice y Charlie nos empujaron hacia nuestra suite. No discutimos, ansiosos por pasar tiempo como esposo y esposa. Comencé a caminar hacia nuestra habitación, pero Edward jaló mi mano.

—Alice y Jasper se quedarán con Marie en nuestra habitación. Nosotros iremos a un lugar un poco más privado. —Me guio hacia las afueras de una pequeña cabaña en el lado sur de la propiedad. Era al otro lado de donde estaba el altar. Una vez llegamos, Edward me tomó en sus brazos.

—¡Edward! —jadeé—. Te vas a lastimar.

—Bella, estoy bien —murmuró—. Molly me dijo que estoy casi cien por ciento curado. Ha pasado mucho tiempo desde que la he tenido así en mis brazos, señora Cullen. Además, es costumbre que el esposo lleve a su novia de esta forma al pasar por el umbral. Mete la mano en mi bolsillo. —Deslicé mis dedos dentro y encontré un juego de llaves. Abrí la puerta y Edward me llevó dentro de la cabaña. No me bajó, sino que me sostuvo más fuerte mientras me llevaba desde la sala hasta la habitación.

—Oh, Dios —jadeé cuando vi la habitación. En todas las superficies planas había velas. La cama era grande, blanca y esponjosa. Alrededor de la cama estaba la mosquitera. Era increíblemente romántico, y a la vez sensual y sexy—. Esto está…

—A punto de arrugarse —gruñó, su nariz paseándose por mi cuello. Sus grandes manos se envolvieron alrededor de mi cintura mientras sus labios encontraban el punto débil detrás de mi oreja. Me había quitado el velo después de nuestro primer baile. Edward pudo besar mi cuello, libre de mi velo—. Hueles tan bien, Bella. Te he extrañado tanto. He extrañado tocarte.

—Edward —gemí, mi cabeza recostándose en su hombro. Habíamos explorado nuestros cuerpos, pero no hecho el amor. Principalmente era que yo lo complacía, pero habíamos reconstruido poco a poco la intimidad que habíamos perdido debido a sus heridas y el nacimiento de nuestra hija. Aunque esta noche estaba lista y desesperada por sentirlo—. Te necesito, cielo.

—Me tiene, señora Cullen —susurró—. Siempre me tendrás. —Sus dedos alcanzaron el tope de mi vestido, desabotonándolo y bajando el cierre del mismo. Sentí mucha comodidad. El esqueleto del vestido estaba clavándose en mis costados. Las yemas de sus dedos pasearon por mi espalda mientras abría mi vestido, pasándolo por mis hombros. Sus labios se movieron hacia mi espalda, besando cada centímetro de piel desnuda. Sacó el vestido de mi cuerpo. Sus brazos se movieron a mi alrededor, tocando mi estómago y deslizando sus dedos para acunar mis senos. Jadeé cuando sentí sus fuertes manos sobre mi piel—. Joder, Bella. Tu piel se siente como satín.

Moví mis caderas y el vestido se deslizó de mi cuerpo. Me volteé, mirando a los fieros ojos de mi esposo. Jalé su corbata, aflojándola y tirándola detrás de mí. Trabajé rápidamente en los botones de su camisa, sacando la camisa y la chaqueta del traje por sus hombros. Estaba parado en una camiseta blanca y los pantalones del traje mientras yo vestía un par de bragas de encaje color piel. Lamí mis labios, sacando su camiseta de los pantalones. Levantó sus brazos y la saqué de su cuerpo. Besé su pecho, enfocando mi atención en la piel encima de su corazón.

Se agachó, tomándome en sus brazos. Mis piernas se envolvieron alrededor de su cintura y me llevó a la cama, lanzándome al centro. Las sábanas y el cobertor se movieron.

—Hmm, arrugado. —Edward sonrió con suficiencia. Besó mis labios, forzando mis brazos por encima de mi cabeza. Se movió por mi cuerpo y alcanzó mis senos, envolviendo sus labios alrededor de mis pezones. Gruñó al probar mi piel, pero se detuvo abruptamente. Me volteó sobre mi costado, sus dedos trazando la tinta en mis costillas. La misma tinta que sus compañeros de trabajo habían grabado permanentemente sobre su piel, pero era sutilmente diferente. Tenía la fecha de nuestra boda junto con la frase "Me casé con mi héroe".

—Te dije que me había tatuado. —Reí, mis manos bajando y enredándose en su cabello.

—Mierda —gimió Edward—. Bella, ¿cuándo te hiciste esto?

—Cuando Esme se ofreció a cuidar a Marie. Kate vino conmigo ya que fue la que organizó el resto de los tatuajes. Sabía que quería lo mismo, pero con la fecha de la boda y esa frase. —Sonreí. Levantó la mirada, sus ojos llenos de deseo. Chocó sus labios contra los míos, su lengua deslizándose dentro de mi boca. Nos rodó para que yo estuviera sobre su regazo. Las yemas de sus dedos trazaron a la perfección el tatuaje en mis costillas. Me besó, moviendo su boca por mi cuerpo.

—El amor que siento por ti —susurró contra mi piel—. Nunca quiero estar sin ti. Soy tan afortunado de que seas mía. Mi esposa. La madre de mi hija. Déjame hacerte el amor.

—Por favor —susurré, tomando su rostro en mis manos. Gruñó, rodándonos a la cama y haciendo su camino sobre mi cuerpo con besos. Le prestó mucha atención a mi tatuaje, lamiéndolo y gruñendo contra él. Bajó con besos y alcanzó mis bragas. Me tensé, temiendo que le diera asco mi cicatriz. Las sacó. Levanté mis caderas y las quitó. Su mano pasó por la mitad de mi cuerpo. Arqueé mi espalda, disfrutando su suave toque. Abrió mis piernas, mirando mis ojos. Se inclinó hacia adelante y dejó dulces y suaves besos en la incisión de mi cesárea, casi con reverencia mientras prestaba respeto a la cicatriz que nos dio a nuestra hija. Con otro vistazo hacia mí, se movió y pasó su lengua por mi abertura—. Oh, ¡MIERDA! —grité.

Rio de forma traviesa, su lengua moviéndose por mi sexo. Sus dedos estaban jugando conmigo, sin entrar. Estaba tan húmeda por sus acciones, y tan cerca del orgasmo. Nuestra prolongada separación me había vuelto extra sensible. La última vez que tuve cualquier clase de contacto sexual fue esa ardiente noche donde Edward realizó su experimento. Edward besaba mi sexo como avaro, manteniendo mis labios separados con sus dedos. Su lengua jugó con mi clítoris, cada movimiento haciendo que mi cuerpo se estremeciera de anticipación.

—Sabes tan bien, señora Cullen —ronroneó Edward contra mí—. Quiero probarte mientras te corres. Quiero que tu dulce coño colapse alrededor de mi lengua.

—Edward —dije casi sin voz—. ¿Por favor? Te necesito… Dios, ¡no pares! —Gruñó, besándome con más fervor. Dobló su lengua dentro de mí mientras sus dedos se movían en círculos sobre mi clítoris. Estaba moviendo mis caderas salvajemente, torrentes de placer arrasando conmigo. Con un grito, lancé mi cabeza hacia atrás y le permití a mi orgasmo liberarse. Colapsé contra la cama, mi cuerpo temblando por las réplicas de mi orgasmo. Edward gateó sobre mi cuerpo y sentí su calidez contra mí. Estaba desnudo.

—¿Estás bien? —preguntó, sus dedos trazando mi rostro.

—Hmmm, sí —respondí, observándolo—. ¿Y tú?

—Estoy a punto de explotar por la emoción de estar dentro de ti, pero estoy perfectamente bien —dijo, apenas besando mis labios—. ¿Puedo hacerle el amor a mi esposa?

—Por favor —murmuré, jalándolo hacia mí y enredando mi pierna sobre su cuerpo. Gimió mientras se acomodaba entre mis muslos. Su dureza estaba atrapada entre nosotros y lo deseaba. Lo necesitaba. Quería que fuéramos uno solo. Nuestra relación no se enfocaba en lo físico, pero sí ayudaba a que nos reconectáramos, haciéndonos más íntimos. Rodó sus caderas, provocándome con su erección—. ¡Edward, te necesito dentro! ¡Por favor!

—Ojos sobre mí, Bella —susurró mientras colaba una mano entre nosotros y alineaba su pene con mi entrada—. Aprieta mi mano si te hago daño. No quiero hacerlo. —Nuestros ojos se conectaron e ingresó poco a poco, llenándome y abriéndome con su excitación. Era incómodo porque era tan grande y mis músculos estaban desacostumbrados a la intromisión. Sin embargo, me sentí en casa cuando estuvo dentro por completo. Mi corazón palpitaba contra mis costillas—. Te amo, mi Bella.

—Te amo tanto, Edward —susurré, una solitaria lágrima saliendo de mi ojo. Él sonrió torcido, besando mis lágrimas antes de comenzar a mover sus caderas lentamente y llenándome una y otra vez. Mierda, se siente tan bien. ¿Por qué lo alejé? ¿Por qué detuve esto? Oh, cierto. Por el miedo de que odiara tu cuerpo. Obviamente no pasaba eso. Su pene duro como roca me llenaba hasta el punto de la locura. Me besó profundamente, sus manos junto con las mías mientras embestía hacia dentro y hacia afuera de forma sinuosa. Gemí, inclinando mi pelvis y necesitando más. Edward gruñó, inclinándose hacia atrás un poco y moviendo una de mis piernas, cruzándola por mi cuerpo. Le daba otro ángulo y tensaba todo a su alrededor. Movió sus caderas más fuerte, causando que gruñera con cada movimiento—. Joder, así, Edward.

—Hmmm, mi esposa tiene una boca muy sucia —gruñó, su cuerpo brillando por el sudor y sus músculos tensándose bajo su piel sonrojada—. Yo también. Tu coño está tan apretado a mi alrededor, Bella. Se siente tan jodidamente bien cuando te lleno con mi pene.

—Dios santo —gemí, mirando a mi sexy esposo mientras embestía dentro de mí. Eventualmente me movió y estuve sobre mis rodillas. Estaba profundamente enterrado, haciendo que mi interior bailara—. Edward, voy a… ¡MIERDA! ¡Me vengo!

—Puedo sentirlo, Bella —dijo, sus labios pasando por mi espina dorsal mientras sus dedos encontraban mi clítoris, frotándolo con fuerza—. Tu lindo coño palpita a mi alrededor. ¡Joder! —Con un gruñido, sus movimientos se volvieron más torpes. También estaba cerca. Sollocé mientras mi liberación explotaba, causando que viera estrellas detrás de mis ojos. Con un grito audible y primitivo los movimientos de Edward se detuvieron abruptamente mientras lo sentía liberarse dentro de mí. Colapsó a mi lado, acurrucando su musculoso cuerpo a mi alrededor—. Vaya… —jadeó.

—Ajá —respondí, volteándome y colocando mi cabeza en su pecho—. Vaya. ¿Cuánto tiempo fue?

—¿Nosotros teniendo sexo? No lo suficiente. —Rio, besando mi frente—. ¿Desde que tuvimos sexo? ¿Real? Um, ¿febrero? Creo.

—Si tenemos que pensar, ha pasado mucho tiempo —dije, besando su quijada. Él me sonrió—. Hoy ha sido todo un sueño, Edward. No puedo creer que estemos aquí y que estemos casados.

—Créelo, Bella. Tenemos nuestro cuento de hadas. Tenemos nuestro felices para siempre —murmuró—. Te amo, esposa.

—Te amo, esposito. —Solté una risita. Me besó con suavidad, sosteniéndome contra su cuerpo—. Y no quiero pensar en ello como un felices por siempre. Eso implica un final. La felicidad apenas está comenzando.

—Amo eso, señora Cullen. —Sonrió—. Ahora, vamos a dormir. Me agotas, mujer.

—Podría decir lo mismo de usted, doctor Cullen. Pero lo mejor está por venir.