Yo sostendré la puerta
Por favor, entra y siéntate aquí un rato
Esta es mi forma de decirte que te necesito en mi vida
No hay otro, no hay otro amor
Que prefiero tener, no
No hay nadie, no hay nadie más
Te quiero para mí
Porque he estado pensando en ti últimamente
Tal vez podrías salvarme de este mundo loco en el que vivimos
[We could happen.- AJ Rafael]
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Guarda sus útiles escolares lo más rápido que sus torpes movimientos le permiten, el timbre sonó apenas un minuto pero debe apresusarse antes de perder todo el valor que reunió a lo largo del día.
Se cuelga la mochila antes de apretar los cordones de esta, creé haber escuchado su nombre pero no puede regresar a comprobarlo, quizá solo fue su imaginación, así que ni lento ni perezoso se dirige a la entrada del instituto.
El flujo de los adolescentes saliendo es continuo, y se permite respirar a la par que sacude su cabeza con fuerza, golpea ambas mejillas para animarse, si se arrepentía, toda la tortura mental a la que se sometió sería inútil, una vez fuera del edificio comienza a mirar a sus alrededores, dando con la razón de su ataque de nervios.
Nunca entendería como algunas personas lucían apuestas simplemente por existir, y Dabi Todoroki pertenecía a esta lista sin duda, era algo que sabía incluso antes de que le gustara.
Como ahora, que estaba recargado al costado de su camioneta con una pierna semiflexionada, vistiendo en tonalidades oscuras a excepción de una simple camisa blanca, parecía estar buscando algo.
Y sus mejillas se calentaron al pensar que podría ser el a quien esperaba, cuando ese mismo hombre sonreía en su dirección, retomando su camino y que al igual que él, acortó la distancia que les separaba.
-¿Cómo fue tu día Izuku?- la profunda voz del mayor siempre lograba sobresaltarlo.
-Eh... Bien, Dabi-san, ¿Puedo preguntarte algo?- con mucho esfuerzo le sostuvo la mirada antes de desviarla.
¿Porqué tenían que estar viendo hacia ellos?
-Aquí no- tomó el antebrazo del adulto para enredarlo con el propio.
Frunció las cejas por las miradas nada disimuladas de varias de sus compañeras hacía Dabi, ¿No podían al menos fingir un poco? No es que el adulto estuviera solo en primer lugar.
-Nunca había visto un conejo celoso- soltó en medio de una risa cuando llegaron a la camioneta, que siempre estacionaba en un lugar apartado del resto.
-¡No es eso! Solo no quería interrupciones- se atoró con la primera frase, bajando el volumen en la segunda.
Dabi le observaba con una sonrisa complacida, su expresión era la misma que cuando hacía pucheros, y no le pasó desapercibido que Izuku no había soltado su brazo y sabía que el se aferraba a algo para sentirse más seguro, así que limitando sus comentarios al respecto, se dedicó a retirar los mechones de las mejillas pecosas antes de morder una suavemente.
-Yo estoy enamorado de ti, no deberías preocuparte- con su mejilla estaba tocando la opuesta, sintiendo la piel caliente del otro.
El pecoso sentía su corazón latir a un ritmo acelerado, jaló la manga para poder llamar su atención, moviendo su brazo restante para tomar distancia, se sentía apenado por lo que haría, aunque apenas sus ojos se conectaron con los azules contrarios se llenó de una determinación que tenía que aprovechar.
-¡Da-Dabi-san, tengamos una cita! ¿Por favor?-
Al inicio de su exclamación cerró los ojos fuertemente, su agarre se había vuelto más fuerte, esperaba una respuesta.
El pelinegro mientras tanto luchaba contra el sonrojo en sus mejillas y orejas, avergonzado por la propuesta así como enternecido por la forma en que el peliverde se veía, cubrió su boca con una de sus manos.
-Me gustaría salir contigo Izuku- cargó lo mejor que pudo al adolescente para poder juntar sus labios sin la molestia de la estatura.
Midoriya era más ligero de lo que esperaba, así que cada vez que querían besarse, el veinteañero lo cargaba sin demasiado esfuerzo, abrazando su cintura, mientras la mano del menor era llevada a un costado del rostro contrario.
La diferencia radicaba, en que no podían dejarse llevar hasta cierto extremo, seguían frente a la preparatoria de Izuku, y él era un adulto besando a un menor de edad.
-¿Puedes mañana a las seis?- susurró el pecoso sobre sus labios.
Le dió otro beso aún más corto que el anterior antes de dejarlo en el suelo, asintiendo sonriente.
-¡Bien! Te recogeré mañana ¿Sí?, Sí, te quiero, adiós- jaló de su manga al ritmo que hablaba en velocidades apenas entendibles, dándole un beso en la mejilla y corriendo antes de implotar en el lugar.
Tenía una sonrisa en su rostro, brillante y enamorada, ¡El chico que le gustaba aceptó salir con él! Era la primera vez que sus sentimientos eran correspondidos, su emoción era tan palpable que podría brincar en su mismo sitio.
Dabi le siguió con la mirada hasta que la pequeña silueta dejó de estar en su rango de visión, sonriendo plenamente y con una mano en su mejilla, los labios de Izuku siempre dejaban huella en él no importa donde fuese.
-¿Y Midoriya?- se tensó al escuchar la cortante voz de su hermano menor, se sentía descubierto de alguna forma extraña.
Shoto le miraba receloso, desde aquella plática que sostuvieron alrededor del pecoso siempre que estaban solos había cierta frialdad en el ambiente, la cantidad de veces que se dirigían la palabra también era escasa.
Sabía que en algún momento ambos deberían retomar el tema de su culpabilidad para aclarar y disculparse correctamente, pero ambos hermanos se encontraban inseguros de como iniciar el tema sin pelear.
-Tuvo que irse- encogió los hombros, aparentando desinterés en el asunto.
-¿Sabes si está bien? El solo salió del salón, aún cuando le llamé... No se detuvo-
Resopló sin saber muy bien que hacer, al tiempo que despeinaba su nuca, aunque pelearan Shoto siempre sería su hermano menor, le amaba de esa forma, y verle triste o pérdido le era desagradable, más considerando que él no tenía idea de los sentimientos que guardaban por el otro.
-Lo está, no le des muchas vueltas al asunto, llámale más tarde- le hizo señas para que subiera a la camioneta.
Shoto tomó el asiento delantero y evitó hacer evidente su sorpresa, a su vez omitió preguntar sobre la falta de Inasa. Al pasar de los segundos, comenzaron a bromear entre ellos, aligerando un poco el ambiente hasta llegar a su hogar, y se sintió con un peso menos después de que la molestia en el ambiente parecía haber desaparecido.
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Estrujó sus cabellos con fuerza de la desesperación, medio clóset estaba fuera de este, no encontraba nada que le convenciera.
-¿Porque no pruebas con esa camisa que mamá te había comprado hace poco?- la voz de su hermana le sobresaltó, para su propia suerte alcanzó a guardarse el chillido nada varonil que estaba por soltar.
-¿Cómo entraste a mi habitación?- ignoró el hecho de que estaba desnudo de la cintura para arriba, no sería la primera vez que la mayor le viera así
-Estaba abierta y no eres tan silencioso como crees- obvió con una paleta en la boca.
Fue hasta el armario tomando una camiseta verde oscuro de manga tres cuartos, luego buscó entre la pila de ropa que formó tomando un pantalón negro entallado con algunos huecos en el muslo superior, un cinturón plateado y una chamarra negra que daba alusión a estar hecha "en partes"
-Ahora, apresurate para deslumbrar a tu chico- le hizo un gesto juguetón con las cejas, riendo entre dientes por su sonrojo apenas perceptible.
-Gracias Fuyumi- la chica le quitó importancia con un ademán de mano, cerrando la puerta tras su salida.
Faltaba muy poco para la hora a la que el pecoso llegaría por él, debía apresusarse para estar listo a tiempo, se irían en su camioneta siempre que pudiera convencer al menor.
No tenía realmente una idea concreta de a donde irían, pero mentiría si no dijera que estaba impaciente por saberlo.
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Rascó su mejilla antes de decidirse a tocar el timbre.
Procuró que su mano no apretara demasiado fuerte la pequeña caja en sus manos cuando la puerta estaba siendo abierta, respirando aliviado porque se trataba de su amigo Shoto-kun.
-¿Midoriya? ¿Qué haces aquí?- el bicolor le escaneó con la mirada, frunciendo el ceño por su notable arreglo.
-Ah, ¿Puedo pasar?- dudó con una sonrisa nerviosa, Shoto se disculpó por su descortesía y le dejó entrar.
Fuyumi y Natsuo estaban frente al televisor con la boca llena de helado, de hecho, se fijó mejor en el rostro del mayor, limpiando del mentón un poco de vainilla, a lo que el implicado se sonrojó muy apenas.
-Izuku-
La voz del adulto le llevó al inicio de las escaleras, y sin palabras se dirigió a ellas, Dabi descendía con firmeza y una sonrisa bonita en sus labios, la ropa le hacía lucir apuesto.
-Estúpido y sensual Dabi-san- murmuró sin pensar.
Por suerte nadie le escuchó, aunque eso no disminuyó su enrojecimiento, aún así, no despegaba su mirada de su cita.
-Te ves precioso Izuku- apenas lo tuvo de frente, el adulto sostuvo sus manos.
Ignorando el hecho de que sus hermanos estaban ahí, observando sus interacciones con diferentes expresiones, y sin poder escuchar.
-Toma- incapaz de responder al cumplido, le acercó la cajita al pecho.
El pelinegro miró la combinación de colores entre azul y verde, sonriendo al recibirla. Justo cuando levantaba la mirada para agradecer se topó con los ojos de su hermano menor, de esta forma se percató de sus presencias.
-Vamonos, tengo que regresarte a casa temprano o tu papá me romperá el brazo- el peliverde rió bajito, tomando la mano que el otro le ofrecía.
Ambos se despidieron de los hijos Todoroki, antes de salir, a consciencia Dabi apresuró a Izuku para que Shoto no pudiese interrumpir, debido a que vió sus intenciones por cuestionarle, cosa que seguramente tendría que aclarar más tarde.
-Dabi-san, ¿Estás bien?- el ojiazul había sostenido con más fuerza su mano, y parecía afligido.
-Contigo siempre lo estoy, cierra los ojos- Midoriya obedeció sin chistar.
Sacó de su bolsillo una cajita pequeña, con esa expresión avergonzada le tentaba besar al menor. Izuku utilizaba una camiseta de cuello largo en azul sin mangas, con un pantalón blanco ajustado, así como una sudadera azul oscuro atada a su cintura.
-Tu invitaste, yo nos muevo- jaló de su mano para llevarle a la camioneta
El menor de los dos, sentía su lado izquierdo más despejado, y una vez que subieron, se fijó en el espejo que un broche con un adorno de llama azul retiraba parte de sus cabellos, lo tocó con una sonrisa, sin saber que Dabi le observaba satisfecho con su pequeño regalo.
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-¿Hablas en serio?- miró el par de entradas en la mano del menor.
Se debatía entre chillar emocionado o dar brincos alrededor del peliverde, y considerando que ambas acciones lo dejarían en ridículo, optó por abrazar con fuerza al pecoso.
-Había visto un anuncio en internet, y recordé que era tu director favorito, creí que te gustaría- no había necesidad de que hablaran muy alto por la cercanía aún presente.
-Me encanta, eres asombroso- las mejillas de Izuku se calentaron por el cumplido, orgulloso de poder sorprender al adulto así como complacerlo.
-Me alegro que te gustara... De-deberiamos entrar- le separó por poco hasta que sus pies tocaron el suelo, aferrándose con rapidez a la manga del adulto.
En medio de insistencias, Dabi terminó comprando las palomitas como unos dulces que Izuku quería, y este último las bebidas. Llegados a la sala del cine donde se proyectaría el maratón tomaron los asientos a su gusto, puesto que el lugar no estaba lo suficientemente abarrotado.
El adulto daba algunos sorbos al refresco, expectante a la película de inicio, Izuku se recargó en su hombro, le sentía tenso pero asumió que era parte de que fuera su primera cita.
¿Sería su primera cita? Eso solo le haría más adorable, y él podría apropiarse de cada primer pequeño detalle romántico.
Los géneros variaron entre drama y suspenso, con pequeños comentarios de parte de ambos, eso hasta la quinta película, que comenzó una de terror.
-Esta es una de mis preferidas, aunque es muy difícil de obtener, ¿Cómo...- a mediados de la cinta se giró hacía el ojiverde, entendiendo por fin la razón de que estuviese tan callado.
Izuku seguía recargado en él, y aunque sostenía su manga, su fuerza estaba enfocada en el brazo que sostenía sus piernas, con las rodillas retraídas a su cuerpo, y los ojos cerrados. Se sintió muy estúpido, mientras él estaba emocionado, Izuku que sabía sobre lo que le esperaba, lloraba en silencio con algunos escalofríos.
-Conejo tonto- maniobró hasta poder tener a Izuku entre sus brazos encima de su regazo ahora agazapado a él.
-No se suponía que debía pasar esto- susurró a medias el peliverde, resguardando su rostro en medio del cuello del otro al escuchar un grito de la película.
-Claro que no- le separó un poco de su cuerpo, el ojiverde sorbía su nariz con las manos hechas puño en la camisa verde.
Era algo muy extraño, a pesar de que el menor tenía a su espalda una de las escenas más sangrientas de la película, no pudo evitar pensar que tenía entre sus brazos a la persona más adorable que existía. Le limpió las lágrimas, acariciando sus mejillas hasta que por sus caricias soltó pequeñas risas.
Le acercó por el cuello como la cintura para poder compartir un beso lento, al escucharse otro grito de la película, el menor dió un leve brinco, aunque prontamente se relajó al Dabi seguir moviendo sus labios.
-Debiamos disfrutar ambos, te agradezco que hicieras esto por mí... Pero no me gusta que sea a costa de tus temores- hizo ademanes para ponerse de pie, parando al ver las continúas negaciones del menor.
-¡Quiero que termines de verla!- exclamó lo más alto que se podía considerando que estaban en una sala de cine.
-Me siento seguro en tus brazos, así que estaré bien- la mano del menor temblaba mientras acariciaba su rostro, pero se veía decidido a quedarse.
-... Bien, si creo que vuelves a llorar, nos iremos- Izuku afirmó antes de recostarse en su pecho, abrazándolo.
El resto de la película, el pecoso se quedó recostado en él comiendo palomitas, Dabi agradecía la poca atención del menor en él, sus mejillas estaban calientes, y no pudo evitar reír por lo bizarro que era sentirse avergonzado por un adolescente en su regazo, teniendo en cuenta el contexto de la cinta proyectada.
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Era media noche cuando terminó el maratón, tomados de la mano, el peliverde levemente adormilado y tranquilo, aunque dijeron que saldrían apenas terminara la película, la calidez de Dabi indujo calma en Izuku haciéndole dormir.
Aunque este último consideró que pudo haberse molestado el adulto, lo cierto es que no lo hizo, había sido satisfactorio sostener el cuerpo inconsciente del menor contra el suyo.
-Izuku, fuiste muy valiente por querer complacerme- estaban volviendo al auto.
-No lo creo... Terminé llorando y casi no ves la película- mordió sus labios con algo de frustración.
-Yo no tenía idea de a donde iríamos o que haríamos, acepté porque quería estar contigo a solas, eso es todo lo que necesitas para complacerme, quedarte a mi lado- antes de sacar las llaves del auto tomó entre sus brazos al menor.
Este enredó sus piernas en la cadera del otro, y sus manos estrujaban el cabello negro a la par del beso.
-Te quiero Izuku- por la altura, el podía recargarse en el cuello del menor, este mismo sobre los cabellos negros.
-Dabichan... Yo también te quiero, y tienes razón...- con las manos en los hombros del otro, le empujó un poco a la duda del ojiazul
-Eres guapo en todas tus presentaciones- sonrió entre risas al decírselo, haciendo hincapié en el broche azul.
Izuku era definitivamente su perdición en muchos sentidos, justo como ahora, donde el nuevo beso se intensificaba, nunca antes habían tenido un contacto así de desesperado, y muchas de sus acciones fueron por instinto. Le tomo apenas minutos que entre bocanadas de aire Dabi accediera a su boca, compartiendo un beso húmedo a la par que las manos del adulto se paseaban por su cintura.
-Gracias Izuku- jadeante, le sonríe a la par que abre la camioneta y sienta al menor dentro de esta.
El adolescente recibe los mimos con una sonrisa y mirada obediente.
Para su pesar, debía regresar al menor a su hogar antes de que realmente estuviera en peligro su brazo, así que entre risas encendió el estéreo, dejando que Izuku decidiera la canción.
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Cuando llegaron al hogar de los Midoriya, Inko esperaba por ellos para en cuanto los vió abrazarlos entre lágrimas, resumiendo básicamente que estaba preocupada por la hora, para luego disculparse ante lo impetuoso de su sobreprotección hacía con Izuku, y en cierto medida hacia el propio Dabi.
Si le preguntaran, no sabría decir exactamente como acabó dentro de la residencia de Izuku, sentado junto al padre rubio y aguantando como solo los hombres podrían hacerlo.
-Toshi, por favor, deberíamos confiar en ellos. Todoroki-san se ha comportado como un caballero con Izuku- la peliverde le sonreía, con las mejillas rojas por sus recientes lágrimas.
-Inko, sigue siendo mayor de edad, e Izuku es mi pequeño, no lo sé- el rubio rascaba su mejilla, intentando desviar la mirada.
-¿No confías en Izuku y en mí?- la ojiverde comenzó a juntar lágrimas debajo de sus ojos.
-¡No es nada de eso! Puede quedarse en la misma habitación que Izuku, pero no llores- abrazó a su esposa en espera de calmarla.
Por otro lado...
-Por favor Dabichan, quédate, es tarde, me preocupa que te vayas a esta hora- Izuku le miraba con las manos tras su espalda balanceandose a la par.
La imagen era tan tierna que le provocaba querer abrazarlo, aunque no sabía si era lo correcto, considerando que tiene al progenitor del peliverde al lado.
-Izuku, no sería la primera vez que conduzca de noche, y no quiero causar molestias- intenta explicarse sin mucho éxito.
Tendrían que comprender que era un adulto, y que si bien, sus intenciones no son malas, tampoco puede decir que sean buenas, dormir con Izuku podría representar ciertos riesgos para el menor de ambos.
-Pe-pero no quiero que nada te pase Dabichan, y si te sucede algo por irte yo...- comenzó a restregar sus ojos para cubrirlos del mayor.
-No espera, cálmate. Me quedaré- se puso de pie a la par que sacaba su celular para llamar a sus padres y avisarles.
Mientras sostenía la llamada, empezó a revolver los cabellos del menor, colgó pasados unos minutos al cumplir su cometido, su madre sabía dónde estaba y la razón de que no llegaría a casa esa noche.
-Iré a buscar el tatami de repuesto y cobijas-
-Yo buscaré ropa de papá que ya no le quede para Dabichan-
Con un ánimo más renovado, Inko e Izuku fueron a cumplir con lo dicho, no sin antes darles un beso en la mejilla a los varones.
-Caímos en su trampa, ¿Cierto joven Todoroki?- el rubio soltó una carcajada que el pelinegro correspondió en menor medida.
Revolviendo el frente de sus cabellos, no podía creerse que el menor le hubiese convencido así, necesitaría mucho autocontrol por el resto de la noche.
La ternura innata de Inko e Izuku eran armas de temer.
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Una hora y media después, ambos estaban acomodados en sus respectivas camas, sin embargo, en ese rango de tiempo Izuku despertó exhaltado por una pesadilla.
Dabi entonces se sentaría junto a él, acariciando sus mejillas para calmarlo, hasta que el propio adolescente le pidiera dormir a su lado.
-Buenas noches Dabichan- Izuku se acomodó lo mejor que pudo entre los brazos del mayor, ambos en la cama del adolescente.
-Descansa Izuku- le besó la frente, acomodando un brazo debajo de su cabeza, y el otro en la cintura del ojiverde.
-Te quiero- susurró sobre su pecho, escondiendo el rostro en él.
-Tambien te quiero- cubrió hasta los hombros al menor antes de darle un beso esta vez en los labios.
