Disclaimer: Esta historia no me pertenece, los personajes son de Stephenie Meyer y la autora es CaraNo, yo sólo traduzco sus maravillosas palabras.

Disclaimer: This story doesn't belong to me, the characters are property of Stephenie Meyer and the author is CaraNo, I'm just translating her amazing words.


Pueden encontrar todas sus historias en su blog, favor de quitar primero los espacios. También compartiré el link directo a su blog en mi perfil de FF.

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Thank you CaraNo for giving me the chance to share your story in another language!


Gracias Yani por betear esta historia, ¡también por apoyar mis locuras!


Capítulo 9: Amor de familia

POV Bella Querida

2 años después…

Sonreí al regresar al mostrador después de voltear el cartel de abierto en la puerta. Era un día nuevo, lo cual no era tan divertido cuando Rose estaba comiendo con la tía Lisa, porque eso nos dejaba a Angela, Ben y a mí para encargarnos de la cafetería. Lo que sí era divertido era el adorable puchero que mi pequeñita intentaba hacer mientras veía soñadoramente las magdalenas que había traído conmigo hoy. Con betún rosa y todo lo demás.

Se vendían muy bien, y siempre era un poco de dinero extra que podía llevar a casa.

—Monita, mamá —murmuró, dedicándome su sonrisa Minibelle. Era letal. Torcida como la de su papi, con hoyuelos como la de su tío Em, e inocente y angelical por mí. Como dije, letal. Pero yo no caía. Solo Edward y Em. Siempre.

A los dos años, Minibelle ya era dueña del mundo. O al menos, del mundo de Edward, porque era la niña de papá y sí, él eligió su nombre. Y con mi cabello oscuro y rizado, y ojos cafés, la sonrisa torcida de su papi y los hoyuelos de Emmett, tenía a la mayoría de las personas agarradas de las pelotas. Solo Rose y yo éramos un poco inmunes. Tal vez porque la niña de tres años, Emma, de Rose y Emmett era igual. Tenía el cabello rubio de Rose, pero con los rizos de Emmett. También tenía los hoyuelos de su papi y sus ojos azul oscuro, así que sí, había dos niñitas corriendo por ahí con la masculinidad de algunos hombres envuelta en sus deditos.

Emmett les decía asesinas de bolas.

—Buen intento, cariño —dije, acariciándole el cabello antes de atarme el delantal—. Pero no. Tal vez después de la cena, ¿de acuerdo?

Le guiñé cuando hizo un puchero y luego pasé a su lado para comenzar mi lucha diaria con la caja registradora. Juraba que esa cosa me odiaba.

A Emma y Minibelle les encantaba venir a trabajar con Rose y conmigo, y eso nos quedaba bien, porque la guardería era cara y la verdad, no la necesitábamos. Nuestras vidas estaban justo aquí, así que yo cuidaba a Minibelle durante el día, y Edward tenía a Texas. Igual para Emmett y Rose, ella cuidaba a Emma aquí en la cafetería, y Em se quedaba con Ethan y Jeb. Luego todos venían a comer, y por un bocadillo en la tarde antes de irnos a casa al final del día. Era jodidamente perfecto y nos encantaba. Jasper y Alice no estaban tan diferentes con su pequeño Austin. El niño era un mini Jasper y ya que Alice no trabajaba cerca de aquí, Jasper lo cuidaba durante el día. Ja, tan solo de pensar en Austin corriendo alrededor de la pequeña tienda de Jasper en la gasolinera me hacía reír porque no sabía cuántas veces los clientes se habían tropezado con los juguetes de Austin. Así que suponía que por eso a veces Jasper lo dejaba con nosotras durante algunas horas. Quería decir, la gasolinera estaba aquí al lado, así que funcionaban bien.

Hablando de…

—¡Tía Beeeewaaa!

Sonreí al ver a Jasper arrastrando a un Austin dentro de la cafetería, y reconocí la cara de frustración de papá. Maldición, Minibelle prácticamente había hecho que esa cara fuera permanente en Edward. Pero eso era lo que recibían por estar dominados.

—¡Hola, pequeño! —dije con emoción, acercándome a ellos—. Te quedarás a comer, ¿eh?

—¡Sí!

—Lamento llegar de repente, querida. —Jasper suspiró—. Pero tenemos una cita hoy y se me fue de la mente. —Puso los ojos en blanco, al parecer a sí mismo, el pobre hombre—. ¿Te importaría cuidarlo por unas cuantas horas?

Ah, sí.

Alice estaba embarazada de nuevo. Su segundo hijo, también niño. Solo le quedaban unos cuantos meses.

—Por supuesto —dije, sonriéndole al mini Jazz—. Em y Edward vendrán a comer pronto con los niños.

—Gracias, Bella, eres una salvavidas —se rio entre dientes, y ambos nos apartamos de la puerta cuando llegó el primer cliente—. De acuerdo, tengo que irme. Dejé a Mike encargado de la estación y ya me estoy arrepintiendo. Maldito idiota, siempre se queda dormido en el trabajo —murmuró, sacudiendo la cabeza. Me resultaba gracioso—. Oh, por cierto, ¿puedes decirle a mi hermana que llame a nuestros padres? Quieren ver más seguido a los trillizos.

—Bien —me reí—. Vete ya, Jazz. Te veré más tarde.

—Sí, señora. —Sonrió—. Austin, ¿puedes darle un beso a papi?

Minibelle eligió ese momento para salir del corralito que habíamos puesto detrás del mostrador, y me agaché cuando la sentí tirar de mi delantal.

—Hola, mi pequeñita —dije, cargándola—. ¿Ya no es divertido estar jugando?

Negó con la cabeza antes de apoyarla en mi hombro, una señal que indicaba que se sentía cansada o tímida, y aunque nuestros hijos en realidad no tenían ni un hueso de timidez en ellos, sabía que ella sentía un enamoramiento por Austin. Era mutuo, así que no podía esperar a que Edward se enterara.

Era sarcasmo, por cierto.

Después de que Jasper se fue, Minibelle y Austin se dirigieron detrás del mostrador otra vez, les di dos jugos y unas galletas de animalitos antes de comenzar a atender a los clientes que habían empezado a llegar. Afortunadamente Angela y Ben llegaron, y él se fue directo a la cocina.

Rara vez llegaban tarde, pero a juzgar por el cabello de Angela, diría que sabía la razón.

—Déjame adivinar —le susurré—, ¿estás ovulando?

Se sonrojó de diez tonalidades diferentes.

Y asintió.

Sí, bebés en proceso por todas partes.

Edward y yo estábamos felices de haber terminado. Dos pequeños eran perfectos para nosotros, y no podríamos sentirnos más felices.

—De acuerdo —suspiré para mí, escaneando la cafetería. Angela andaba revoloteando por ahí, entregando bebidas y tomando más órdenes, y yo llenaba las bebidas. Sabía que este verano sería otro verano caliente. Cristo, apenas era mayo y la gente ya estaba ansiosa por escapar del calor.

Veinte minutos después, estaba ocupada corriendo por ahí con platos de comida, así que cuando mi esposo, mi primo y los tres niños entraron, solo asentí hacia nuestra cabina, diciéndoles en silencio que estaría ahí con ellos en cuanto pudiera. Y, maldición, todos se veían como si hubieran estado revolcándose en el lodo o algo así.

Yo permanecí callada, por cierto. Ellos no.

—Hola, primita —dijo Em.

—Apura tu dulce culo, muñeca. —Edward arrastró las palabras, guiñándome—. Estoy jodidamente hambriento. —Y su mirada me dijo que estaba hambriento por más que solo comida.

—¡Hola, mamá! —gritó Texas, agitando los brazos salvajemente mientras Edward lo apuraba hacia un asiento—. ¡Tío Em se cayó de la escalera hoy!

—¡Y el tío Eddie se golpeó la cabeza con un ladrillo! —se rio Ethan.

Dulce Jesús.

Sacudí la cabeza, ignorando por un momento a mi loca familia, mientras atendía a los clientes.

—Perdón por eso, caballeros —dije, sonriéndoles a los dos camioneros a los que acababa de entregarles unas hamburguesas—. ¿Hay algo más que pueda traerles?

—No, señora —respondieron al mismo tiempo.

Con una última sonrisa, los dejé y me dirigí a la cabina de la esquina donde estaba sentada mi ruidosa familia.

—¿Ladrillos y escaleras? —suspiré, alzándoles una ceja mientras sacaba mi libreta—. Y Tex, bebé, ¿qué te he dicho sobre gritar en la cafetería? Igual para ti, Ethan.

—Lo siento, mamá.

—Lo siento, tía Bella.

Sí, claro que lo sentían.

No ayudaba mucho el que fueran demasiado lindos para expresarlo. Estar enojados con nuestros hijos era toda una batalla. O sea, nunca podría enojarme con Edward y, carajo, Texas se veía igual a él. De verdad que sí. Así que… estaba jodida, lo sabía. Y luego también estaba el que Texas fuera un niño de mamá. Edward era su héroe, por completo, pero yo era su favorita para los arrumacos. Ah, sí. Texas era de verdad igualito a su padre. Todos éramos un gran montón de cariñosos.

—Podemos hablar sobre el ladrillo que cayó en mi frente más tarde —dijo Edward, buscando algo en la cafetería—. Y créeme, Pequeña, vas a curarlo con un beso. —Agitó las cejas—. Pero justo ahora necesito azúcar, comida y a mi Mini muñeca.

No pude evitar sonreír. Jesús, era casi un afrodisiaco ver a Edward con nuestros pequeños, y cuando se trataba de Minibelle, se volvía loco. Pero era mutuo.

—Está detrás de la registradora con Austin —dije—. Ahora, ¿puedo tomar sus órdenes? Niños, ¿supongo que quieren el Especial Grandulón?

Era el platillo de niños que habíamos ideado Rose y yo. Siempre querían lo que sus papás comían, pero no podían comer tanto, y era un desperdicio de dinero y comida darles un platillo tan grande que no se terminarían. Así que, con ayuda de Ben, copiamos el Especial de Hamburguesa Doble de Queso, pero lo hicimos más pequeño.

—Sí, señora —dijo Texas… y me guiñó.

—Sí, señora —dijo Ethan… y me guiñó.

—Sí, señora —dijo Jeb… y me guiñó.

Encanto sureño acompañado de sus genes, letal.

Edward y Emmett sonrieron como los papás orgullosos que eran.

—Sí, esto está tardando demasiado —anunció Edward, poniéndose de pie—. Dame un poco de azúcar antes de ir por Mini. La necesito aquí, maldita sea.

Idiota.

No es que tuviera oportunidad de responder, porque tenía dos manos en el culo acercándome a él, luego sus labios cubrieron los míos en un beso apasionado que hizo reír a los niños.

—Te extrañé —murmuró sobre mis labios.

Me derretí.

Me besó con fuerza, bien y bonito. Como siempre.

—Mmm, te extrañé también, cielo —exhalé.

Todavía podía dejarme tonta con un beso. Lo que hacía, todos los días.

Mierda, estaba mareada.

—Trae a Austin también, ¿de acuerdo? —dije, agarrando la mesa para recuperar el equilibrio.

—Claro, querida —se rio roncamente, me chupó el cuello por un segundo antes de apartarse—. Y ya sabes lo que quiero comer, ¿sí?

Asentí, porque sí. Siempre pedía lo mismo.

Tardé un poco en regresar a la realidad, pero eventualmente logré tomar su orden de bebidas y también la comida de Em. Y cuando Austin y Minibelle se unieron, también anoté sus pedidos. No es que los pequeños tuvieran opción. Pronto tendrían la oportunidad de pedir comida grasosa, pero hasta ahora Alice y yo controlábamos su comida. Demonios, uno pensaría que las verduras eran veneno.

—Papá, sucio —dijo Minibelle cuando regresé con sus bebidas. Aunque sonó más a "sutio". Ella siempre se sentaba en su regazo, y juraba que su cosa favorita en el mundo era frotar sus narices juntas—. Tene sutio aquí, aquí, todos lados.

Aquí era donde me sentía mareada con tan solo mirarlos.

—Entonces tal vez debamos echarnos un chapuzón en la piscina más tarde. —Edward se rio entre dientes, besándole la frente—. ¿O qué opinas, Mini?

—¿Solo tú, yo, papá? —Y ahí estaba la sonrisa Minibelle—. No Walker, él salpica todo, todo, todo.

—Es una cita, bebé. —Edward se rio entre dientes—. Tú y yo después de la cena.

A veces todavía no podía creer que esta fuera mi vida.

Estaba muy bendecida.

~~O ~~O

—De acuerdo, te veremos mañana, cariño. —Angela suspiró cuando cerré la puerta. El día finalmente había terminado y mis pies me estaban matando—. Y adiós, Minibelle —añadió con una dulce sonrisa.

—¡Adiós! —respondió Minibelle, agitando furiosamente una mano ya que la otra me estaba rodeando el cuello.

—Nos vemos mañana —me reí, y con un último gesto de despedida, se fueron.

—¡Casa, mamá! —Estaba impaciente y saltaba en mi cadera. Sin mencionar que estaba ansiosa por comenzar con la cena para poder jugar con papá en la piscina más tarde, y yo estaba ansiosa por llegar a casa porque Texas y yo teníamos unas cuantas bromas que hacerle a Mini y Edward. Sí, claro que sí.

A veces todos íbamos a la piscina grande que estaba abierta para todos en el parque, pero usualmente nos quedábamos en casa donde teníamos nuestra piscina inflable. Era mucho más fácil cuando tenías dos niños inquietos que no le temían a nada.

—Bien, vayamos a casa, bebita —murmuré, besándole la mejilla.

—¡Sí! —Y podría jurar que lanzó un puño al aire.

Pero antes de poder dar otro paso, escuché una voz detrás de mí.

—Disculpe, señora.

Era extrañamente aterciopelada.

Dándome la vuelta, quedé de frente a un hombre de cuarenta y muchos, tal vez, y lo reconocí de inmediato. No necesitaba fotos. Después de todo, conocía al abuelo, y este era definitivamente su engendro. En otras palabras; el papá de Edward.

No sabía mucho sobre Carlisle Earl Cullen, pero eso era porque Edward no tenía mucho que contar. Simplemente porque Carlisle no fue el mejor padre. Rara vez estaba presente, así que… sí, decidí que no me agradaba para nada. Nadie lastimaba a mi Edward sin pagar por ello.

—¿Sí? —respondí, manteniendo la voz tranquila. Por ahora.

Sonrió. Cabrón.

—Me preguntaba si conocía a Edward Cullen —dijo—. Mi hermana se acaba de mudar al vecindario y me dijo que lo había visto por estos rumbos.

¿Qué dijo?

¿No debería saber yo si el abuelo tenía otra hija?

Uh, sí, debería.

Así que debía asumir que el imbécil estaba mintiendo.

Sí.

Lo que significaba que estaba enojada.

Sabía que él no había dicho nada, pero…

—¿Cuál dijiste que era tu nombre? —pregunté, luchando contra la urgencia de arrancarle las pelotas.

¿Cómo se atrevía a venir aquí?

—Me llamo Carlisle, querida. —Me guiñó, ladeándose su sombrero vaquero—. Carlisle Cullen.

Uh-huh.

Alcé la ceja de perra y el mentón.

—Pues yo soy Bella Cullen y no conozco a ningún Edward Cullen. Lo siento.

Me di la vuelta y me fui con Mini a salvo en mi cadera.

No sabía cómo iba a mencionarle esto a Edward, pero sabía que no quería arruinar nuestra tarde en familia, así que decidí hablar con él mañana. Porque esto era una locura.

—¡Regresaré, sabes! —gritó Carlisle.

No volteé. En lugar de eso, aceleré el paso.

POV Edward Sinvergüenza

Despertar junto a Pequeña siempre era un paraíso, pero despertar mientras Pequeña bajaba besando por mi pecho era jodidamente divino, lo declaraba. Me hizo sentir curiosidad por saber qué tan lejos llegaría. ¿Me… follaría? En serio, si no me despertaba, ¿ella seguiría sola? ¿Me usaría de esa forma? Mierda, qué manera tan jodidamente encantadora de ser usado.

Para contener el gemido mientras ella rodeaba a Gran Papi con los dedos, me puse de forma somnolienta el brazo sobre la cara.

Carajo.

Dormir desnudos era una regla y sí que estaba contento de que ambos obedeciéramos la jodida ley.

—¿Edward? —cantó en voz baja.

No tenía la voz llena de sueño, así que inmediatamente me pregunté qué hora sería y, mierda, tampoco podía escuchar a los enanos. Eso no podía ser bueno, porque mis niños eran mis niños. En otras palabras; endemoniadamente ruidosos a menos de que tramaran algo.

Luché contra otro gemido cuando salió su lengua, justo ahí, para lamer el líquido pre-seminal.

—Cielo —ronroneó, haciendo mi polla retorcerse en su mano—. Necesito a Gran Papi.

Ah, carajo. Pequeña Sucia salió a jugar.

No tenía ni una oportunidad contra ella cuando comenzaba a decir obscenidades.

Luego se acercó más a mi oreja, un gemido entrecortado se le escapó mientras masturbaba lentamente mi polla.

—¿No quieres despertarte y darme un poco de amor con Gran Papi?

Sí. Sí, claro que sí. Pero también quiero ver qué tan lejos llevarás esto.

—Mmm, mi coño está tan mojado para ti, Edward —gimió, chupándome el lóbulo.

¡Carajo, carajo, carajo!

Luché contra un estremecimiento, un gemido, y la urgencia de darle la vuelta y follarla.

Me merecía una medalla por eso.

Cristo, juraba que tenía a la esposa más pervertida del planeta.

Murmuré en mi sueño, dándole la impresión de que podría despertarme pronto, y Bella respondió al bajar besando por mi pecho otra vez, siempre se detenía a besar los tres tatuajes que tenía por ella, Ranger y Mini.

—Carajo, Edward —gimoteó, lamiéndome de la base a la punta—. Tu polla está tan dura… y grande… y gruesa.

Santa madre de… carajo.

Me chupó. O me absorbió. Su caliente y húmeda boca, bajaba, la metía, más profundo, mierda, su garganta.

—Mmm, Gran Papi sabe tan jodidamente delicioso —exhaló. Tragué con fuerza, estaba contento de tener el brazo tapándome la cara.

Sigue chupando, nena. Chupa mi polla.

Y eso hizo.

Realísticamente, supuse que era mejor soltar algunos sonidos, y créanme, tenía muchos sonidos que entregar, sí, señora. Tal vez ella pensaría que estaba teniendo un sueño muy caliente, lo cual era verdad, solo que era mi realidad. Todos los días, casi. En serio, el deseo sexual de Pequeña era tan loco como el mío. Como sea… gemí en voz baja, y en cuanto el sonido salió de mí, me di cuenta de que no había forma en que pudiera seguir callado por mucho tiempo más, porque oh Dios, estaba chupando muy bien al Gran Papi. ¡Santa succión!

—Oh, Dios, Edward —gimió—. Necesito a Gran Papi dentro de mí.

¡Dios!

Me mordí el labio. Fue todo lo que pude hacer para detener el jodido gimoteo.

La sentí entonces, santa mierda, la sentí cuando se sentó a horcajadas en mí. Santo Dios, ¡de verdad estaba haciéndolo!

Y luego lo hizo. Se bajó sobre mi polla, y en un suave movimiento, me encontré engullido por su apretado y resbaladizo coño.

—Cristo —gimoteó—. Amo montar al Gran Papi.

Dios, sí que me montaba. Como una jodida vaquera.

Fue demasiado.

No podía seguir conteniéndome.

—Carajo, Bella —gruñí, girándonos rápidamente antes de embestir contra ella, lo que la hizo gritar de sorpresa y placer. No me detuve, no podía. Así que la follé. La follé bien y con fuerza. Entraba y salía, sentía su empapado coño envolver mi polla de acero. Más fuerte y más. Se lo di con fuertes y profundas embestidas y ambos nos estábamos volviendo jodidamente locos al follar.

Con la mano izquierda, sostuve sus dos manos sobre su cabeza.

Una vez más embestí contra ella.

—¿Te gusta eso, muñeca? —exhalé, chupándole el cuello—. ¿Te gusta cuando Gran Papi te folla?

—¡Sí, Edward! —gimió en voz alta—. ¡Carajo, me encanta!

Más profundo y con más fuerza.

Luego la besé con fuerza, metiendo mi lengua en su boca mientras seguía embistiéndola.

Ella se encontraba con cada embestida, sus talones se enterraban en mi culo, animándome a ir más allá.

—Dios, te amo, Pequeña —gemí—. Tu mojado, apretado y jodidamente adictivo coño.

El sudor me empapaba la frente.

Mi orgasmo se acercaba.

—Te… amo también… oh, ¡carajo, Edward!

Su coño me apretó.

Le froté el clítoris, lo moví, lo presioné, hice círculos.

Santa mierda, qué me hacía esta mujer.

—Estoy cerca, cielo —prácticamente sollozó—. Dios, me encanta cuando me follas así.

Dulce niño Jesús, ¡serás mi muerte!

—Otra palabra y me correré antes de que tú obtengas lo tuyo —advertí sin aliento.

Carajo, estaba demasiado cerca.

Y cometí el error de mirar hacia donde estábamos unidos. Jodido y enorme error. Santa mierda, miré. Cada vez más cerca, estaba a punto de correrme, pero no podía dejar de mirar mientras la embestía. Mi polla brillaba con sus jugos, carajo… carajo.

—Me voy a correr, Bella —gemí, cerrando los ojos con fuerza—. Jodido infierno, nena…

Mis embestidas se hicieron duras y erráticas, pero seguí al escucharla y sentirla. Eso solo prolongó mi propio placer. Carajo, prácticamente me absorbió cuando gritó mi nombre. Siempre mi nombre.

¡Santo cielo!

Sí, colapsé. Justo sobre ella.

Pero luego me salí de ella y me moví, porque quería que mi esposa… ya saben… siguiera con vida.

¿Ya saben?

Pequeña se movió entonces, como si fuera a levantarse de la cama.

—Oye, oye, ¿a dónde carajos crees que vas? —pregunté con incredulidad mientras recuperaba el aliento—. Trae ese dulce culo de regreso aquí. Necesito mis malditos arrumacos, mujer.

Se rio sin aliento, porque sí, se lo había hecho muy bien esta mañana, y carajo, se veía malditamente deliciosa con su cabello despeinado que simplemente gritaba "me acaban de follar a profundidad".

—También quiero acurrucarme, cielo. —Me guiñó al levantarse de la cama. Luego la maldita mujer se puso unos shorts cortos de algodón y una camiseta ajustada—. Pero supuse que tendrías hambre. ¿O tal vez no quieras desayunar? —Luego dijo con voz cantarina—: Hice magdalenas de arándanos.

Uh… pues, mierda.

Me senté, recargándome en la pared, y me froté el pecho al pensar en esa mierda, porque estaba hambriento, claro, pero siempre ansiaba tener cerca de mí el delicioso cuerpo de Pequeña. Maldición, nunca sería capaz de tomar esta decisión. Quería decir… oh, esperen.

—¿Puedo tener ambos? —pregunté, ladeando la cabeza.

Ahora esa era una buena imagen. Magdalenas de arándanos y Pequeña. Juntos. Podía usarla como plato. Un plato que lamería y besaría.

—Buen intento, cariño. —Sonrió—. Tal vez otro día… sí, definitivamente… pero le dije a Rose que seríamos rápidos. Ella está cuidando a Texas y Minibelle justo ahora.

Y entonces lo comprendí.

Era una mujer astuta.

—Déjame aclarar esto, señora Cullen —dije, también levantándome de la cama—. ¿Sacaste a nuestros amados hijos por la puerta solo para poder venir aquí y aprovecharte de mi lindo culo? —Encontré un par de jeans en el piso y me los puse—. Eso es perverso, Pequeña. Muy, muy perverso. —Y, por favor, siéntete libre de hacerlo una y otra y otra vez.

Eso me hizo ganarme la pose de Bella. Manos en las caderas, ceja de perra alzada y mentón alzado.

—Primero que nada, señor Cullen; es mediodía, y los niños ya estaban afuera jugando. Solo le pedí a Rose que los vigilara. —Luego estaba en mi cara… o pecho. Bueno, su dedo estaba en mi pecho, picándome—. Y segundo; no habíamos tenido sexo en tres días. Carajo, lo necesitaba —bufó. Intenté no sonreír. Maldición, era sexy—. Y tercero; no te escuché quejarte cuando comencé.

—¡Estaba dormido! —argumenté, intentando mantener la cara seria.

—¡Mierdas! —se rio—. Sabía que estabas despierto cuando te lamí la polla la primera vez.

Y mis ojos ya no se estaban concentrando mucho en nada… porque estaba hablando de lamer mi polla. Ya saben.

Porque, maldición, sí que podía lamer muy bien mi polla.

Y chuparla. Y follarla.

Maldición.

—Cristo, te ves lindo cuando te pierdes —escuché a Bella reírse, lo que me trajo a la realidad, y no pude detener la sonrisa estúpida en mi jodida cara—. Ven aquí, tú. Dame un beso.

—Sí, señora —dije, agachándome para capturar esos exquisitos labios suyos—. Y tienes razón, querida —murmuré sobre sus labios—. No me estaba quejando.

—Sé que no. —Sonrió, dándome unos cuantos besos más antes de apartarse—. Ahora, déjame darle algo de desayunar a mi hombre. ¿Quieres comer afuera o en la cocina?

Sabía que no podía ser más perfecta. Quería decir, en serio, ¿follada y magdalenas de arándanos? Maldita sea.

—¿Los niños están afuera? —pregunté, porque los necesitaba. Como si fueran aire. En serio, nunca podía pasar mucho tiempo sin abrazar a mis niños, y le agradecía al Señor todos los días por hacer que fuera posible llevar conmigo a Ranger a trabajar todas las mañanas.

—Sí.

—Entonces afuera. Solo que primero debo orinar.

Tenía muchísimas ganas

—Bien. —Sonrió, pero… luego su expresión cambió—. Y uh… tenemos que hablar sobre algo que pasó afuera de la cafetería ayer.

¿Eh?


Y colorín colorado, esta traducción casi ha terminado. Nos queda un último capítulo, que subiré este fin de semana, y 3 outtakes más, que ya iré subiendo más adelante.

Espero que les haya gustado la historia, mil gracias por todo su apoyo en esta traducción. Y si me leen en alguna otra de mis traducciones, por allá nos vemos más adelante ;)