Retroalimentación.

Florencia Silva chapter 9 . Jan 29: Hola… tiempo al tiempo… pero sí, va a ser algo inmenso. ¡Gracias por tu reseña!

Sandra Matute chapter 9 . Jan 29: ¡Gracias por tu reseña!

LizSaranjeiP chapter 9 . Feb 7: Así es. Las piezas se acomodan en el tablero, y se va a poner todo muy feo… estamos en la antesala de un mundo nuevo, pero los cambios no suelen ser amables con sus protagonistas. ¡Gracias por comentar!

carmennj chapter 9 . Feb 8: Oh, descuida, estamos por dejar esa rara etapa atrás. Ahora son hombres y mujeres, y más allá de eso… son padres. Cualquiera que lo sea, sabrá que no hay de otra que plantar cara al futuro y procurar a nuestros niños. ¡Gracias por comentar!

cerezo01 chapter 9 . Feb 9: Hola, Cerecito. Las causas, si me lo preguntas, son sueños románticos, si bien hay un contexto común en ellos, cada quien va por sus propios intereses y prioridades, veamos dónde está el corazón de cada quien. Tus teorías están bien sostenidas, veremos si atinas a alguna de ellas, que pronto el tablero quedará completo y comenzará la masacre (literalmente). Satsuki no puede negar su humanidad, y eso es bueno, porque enriquece al personaje, Bestia incluso nunca fue para mí sólo una máquina… veremos que nos pueden ofrecer estos dos. ¡Comenzamos con lo más loco! ¡Gracias por comentar! Te mando un abrazo.

Reader2109otp chapter 9 . Feb 11: Mi querida ahijada. Es bueno verte, pero es raro que no sea tan a menudo, te echo de menos. Debo decir que eso de crecer con los tuyos cerca es genial, y eso forja familias y buenos sentimientos. Un poco más adelante te cuento lo de Sakurita. Aunque brevemente, pero veremos a Yuuko, así que disfrútala. Es interesante el mensaje que tuvo para ti el capítulo, y tiene que ver con las creencias de cada quien, Te confío que yo no creo en el destino, sin embargo, es un recurso muy enriquecedor cuando de historias se trata, y vale la pena explorarlo… si el destino está realmente ahí… ¿por qué no desafiarlo? ¡Lista para los próximos golpes, pequeña! ¡Te mando un beso!

Pasemos a la sustancia.


IX.

Gemini.

El ajetreo de la capital ese sábado era igual al de cualquier otro en uno de sus destinos más concurridos. Un ambiente familiar entre los negocios, oficinas y restaurantes de aquella construcción, que seguía mostrando el porte imponente que la caracterizaba a pesar de estar cumpliendo sesenta años de existencia.

Desde el observatorio del piso sesenta de aquel emblemático edificio de la capital nipona, un hombre miraba con tranquilidad por el balcón. Una mañana luminosa y de visibilidad ilimitada.

Sin dejar sus observaciones, encendió un cigarrillo.

Recién terminaba de exhalar la primera bocanada de humo, recargado en el barandal, cuando un encargado de la seguridad de las instalaciones le indicaba amablemente que no era una zona de fumadores.

Seishiro lo miró irguiéndose cuan alto era, dibujando una sonrisa juguetona detrás de las gafas obscuras que acostumbraba llevar. Su primer impulso fue tomar una segunda calada y soplar el humo directo al rostro del guardia, pero una voz interrumpió sus intenciones.

—Me haré cargo. —El guardia, al escucharlo, hizo una reverencia y se retiró.

Sin embargo, Seishiro no apagó el cigarrillo, sólo volvió a relajar la postura, mirando de vuelta al paisaje.

—¿Te molesta si me lo termino? —preguntó con voz gruesa.
—Sólo si no me invitas uno —respondió con cierto aire sardónico el recién llegado.

Ante ese diálogo, el fumador sacó su cigarrera, ofreció uno de los pitillos a su invitado y se lo encendió con su mechero de metal. Por algunos minutos se dedicaron únicamente a disfrutar del humo, en esa extraña tregua.

—No sabía que tenían una oficina en Sunshine 60 —retomó el fumador, finalmente retirándose las gafas.
—Los Sumeragi estamos en todos lados, querido —dijo Subaru, mirando finalmente los ojos de la persona que más quiso en su juventud.
—Mientras que sólo hay un Sakurazukamori —torció el gesto, mostrando una sonrisa tan falsa que daba escalofríos—. Terminemos con esto.

Una potente detonación pudo escucharse por todo el distrito, junto con una onda expansiva. Todo aquel que la percibió de inmediato buscó su origen, encontrándose únicamente con el balcón vacío, mismo donde el par de hombres estuvieron sólo unos segundos atrás.

Sin embargo, no fue una alucinación colectiva la responsable del ruido. La explosión existió, pero fue llevada a un plano diferente de la existencia, donde no pudiera dañar a nadie. Dentro de dicho espacio, Subaru abandonaba el edificio de un salto, aterrizando en la azotea de otro, cruzando la avenida.

—Una barrera impecable como siempre —susurró Seishiro para sí mismo, mirando el cielo encapotado bajo la luz de la protección. Saliendo de entre los escombros del agujero que había hecho en la pared del edificio—. ¡No te extralimites, Subaru! ¡Que sea algo amistoso!

Sólo de terminar esa frase, fue golpeado de lleno en el pecho por un enorme trozo de hormigón del edificio.


Un día bastante agradable ese tres de abril, al menos en lo que a clima se refería. El enorme autobús de transporte ejecutivo arrendado por los Li terminaba su viaje desde Shirakawa, y estaba a unos minutos de llegar al área metropolitana de la capital. Su destino era Tomoeda, la mansión Daidoji más exactamente, y sería esa la parada obligada para que los niños tuvieran un receso antes de enterarse de su destino final.

—¡Estoy muy emocionada! —exclamaba Yuzuki, dejando que entre Nadeshiko y Xing le pusieran los montones de broches para el cabello que tenían, convirtiendo su larga y lacia melena negra en un salpicado de colores.
—La verdad es que yo también —respondió Hien—. La abuela Ieran viene a menudo, pero nunca he ido a la casa de papá en Hong Kong. Mamá dice que es impresionante.
—Esta es mi primera vez en Asia, así que a mí todo me parece genial —agregó Gustav, que no apartaba los ojos de la ventanilla—. Se supone que sólo veníamos a Japón por la fiesta de la señora Sakura, pero al parecer ahora iremos a China… y eso que no saqué las mejores calificaciones este año.

Un "¡escuché eso!" de Issy desde otra parte del autobús hizo que el chiquillo se encogiera en su asiento, ante la risa de los otros niños, mismos con los que había establecido una muy buena relación.

El ánimo festivo se mantuvo en todos los pasajeros hasta que finalmente el vehículo aparcó en la entrada principal de la enorme casa. Aún Gustav, viniendo de un país célebre por sus castillos y arquitectura grandilocuente, se deleitó con las dimensiones y estilo de aquella casa.

Sonomi, desde luego, tenía todo listo para mantener distraídos a los más pequeños; un equipo de personas ya estaba ahí para tenerlos ocupados el tiempo que fuera necesario, mientras que los otros se preparaban para una incursión a la ahora muy cercana capital.

La zozobra era generalizada. Sakura debía reconocer el ejemplar trabajo hecho por todos los adultos en mantener a los más jóvenes completamente al margen de toda la situación, mismo que se refrendó en el interior de la mansión, donde padres e hijos compartieron desde abrazos hasta advertencias sobre su comportamiento, tratando de mantener esa despedida como lo más casual del mundo. Cuando los hijos de todos estuvieron separados de ellos, fue que toda la ansiedad acumulada se convirtió en plomo en su estómago. Haciendo un gesto a su anfitriona, salieron de la casa una vez más para hacer su primera escala del día: Akihabara.

La comitiva mantuvo un muy extraño silencio mientras Xiao-Lang, al volante, comenzaba a internarse entre las calles de la pulsante capital de Japón. Todos los involucrados a excepción de Sonomi acompañaban al recién rebautizado matrimonio Li a visitar a aquella enigmática bruja de la que todos hablaban.

Aparcaron en un estacionamiento público, y justo cuando todos descendieron de la SUV, un moderado vaivén los hizo sujetarse del vehículo. Se miraron un poco alertados entre ellos. Un nuevo sismo. Sakura de hecho sintió algo peculiar en ese movimiento, como en todos lo de los últimos meses en realidad, pero al estar en la capital, sus ojos instintivamente buscaron el origen en el horizonte, sin saberlo, en dirección a Sunshine 60.

Superado el movimiento y el susto, hicieron la transición al verdadero Akihabara, y la nueva matriarca Li no pudo evitar sentir que había sido apenas un día antes cuando recorrió por primera vez esas calles secretas, mismas donde obtendría la varita de cerezo que aún conservaba, y que por cierto, llevaba en su bolso.

"Antigüedades Ichihara" se mostró como un silente verdugo ante sus ojos, bajo el inclemente sol de la primavera.

—¿Cómo se llamaba el muchachito que te entregó la nota? —preguntó Eriol, tratando de aligerar la tensión del momento mientras atravesaban la antigua, pero cuidada reja del patio frontal.
—Watanuki —respondió Sakura—. Hiroyuki… es decir, Xiao-Lang y yo hemos hablado de él en alguna ocasión. No sabría explicarlo, pero es como…
—Como si lo conocieran, ¿no es así? —intervino una voz femenina desde el interior de la tienda, sobresaltándolos a todos.

La misma mujer alta de infinita cabellera negra apareció en el marco de la puerta. Desprendía esa aura de sabiduría que podría hacer pensar a cualquiera que ella era dueña de verdades absolutas y conocimientos que nadie más tenía, y probablemente eso era cierto. Con una reverencia amable, se hizo a un lado para que sus invitados pudieran entrar a la casa.

Fueron conducidos al jardín trasero, donde luego de que dos niñas sirvieron té para todos, fueron acomodados en las sillas del largo corredor.

—Yo la conocí a usted hace un tiempo, ¿no es así, Ieran? —rompió el hielo la anfitriona.
—Sí. Vine con mi esposo hace mucho.
—¿Cuánto habrá pasado?
—Más de treinta años —señaló a Xiao-Lang con la mirada— entonces no lo sabía, pero estaba embarazada de mi último hijo.
—¿Cómo está Hien?
—Tiene muchos años que partió.
—Eso no significa que no pueda estar bien o mal —dijo, dándole una sonrisa cálida, pero misteriosa.
—Nuestra familia prosperó y todos somos felices.
—Su deseo se cumplió entonces. Me alegro. —No ahondó más en esa charla, de inmediato se dirigió a Sakura—. Veo que has crecido y los años te han favorecido.
—Gracias.
—Eres por mucho una de las versiones más felices de ti que he visto…
—¿Versiones…?
—Pero también quizás la que mayores responsabilidades con su mundo tiene —reorientó de inmediato, dando un sorbo a su té—. Pero no los haré perder el tiempo con explicaciones que no significan nada para ustedes. De hecho, el tiempo apremia para todos nosotros, no tengo un rol en su historia, mi función no será necesaria en los eventos por venir… más allá de la información que me fue confiada, por supuesto.
—¿Qué es lo que debemos hacer, señora…?
—Yuuko —dijo casual, y continuó—: La persona que los convoca, la oráculo Hinoto, lleva toda su vida recluida bajo las instalaciones de la Kokkai, sirviendo a gobernantes y ministros, esperando a que el día de la promesa llegue. Yo personalmente desconozco los mecanismos que este mundo tiene para reciclarse, lo único que sé es que entes poderosos como ustedes son necesarios para esa gestión. Deben ir allá, deben hablar con ella, sólo entonces sabrán de qué se trata todo esto y cuál es su verdadera participación —miró a la maestra de cartas con intensidad—. Y valdría la pena dejarlo todo en orden… sólo por si las dudas.

En un extraño silencio, los invitados tomaron el té con aquella enigmática anfitriona, hasta que finalmente los despachó a su próximo destino, dando a Sakura una indicación específica de a dónde ir y qué decir en aquel lugar.


—Señora Ichihara… —abordó Eriol rezagándose un poco de su compañía—, perdone que la moleste con esto, pero…
—Tiene la impresión de que nos hemos visto antes, ¿no es así? —respondió ella con esa misma actitud relajada de siempre.
—Desde la primera vez que vi esta tienda a la distancia, hace trece años.
—¿Entonces no recuerda nada sobre mí, señor Hiiragizawa? —preguntó con curiosidad.
—No en realidad, pero eso no quita que tenga esta sensación de familiaridad y eso me intriga un poco.
—Fui una buena amiga de Clow, y lo más probable es que él haya retirado sus recuerdos sobre mí de usted.
—Clow tiene más de dos siglos muerto, ¿cómo sería posible que él y usted…?
—No es importante. Que él retirara esos recuerdos fue para dejarlo recobrar su vida después de que esta reencarnación cumpliera su propósito, y eso sólo significa que el resto del camino es suyo. Deseo su prosperidad y felicidad, señor Hiiragizawa, y que pueda proteger todo aquello que ama en esta nueva vida.


Entre los grupos de turistas, la comitiva de los cardcaptors pasaba completamente desapercibida entre los terrenos del Parlamento Japonés, conocido por los residentes como "la Kokkai" o en términos extranjeros, como "El edificio de la Dieta". El enorme capitolio de fantasmagórico blanco contrastaba con el azul eléctrico del cielo en ese día de primavera, en el cual, Sakura andaba como si fuera otra persona, disociada, pensando que era un sueño, y dicha sensación en realidad respondía a una protección de su propia mente contra los estímulos de la realidad, misma que se negaba a aceptar pues representaba renunciar, parcial o definitivamente, a la vida que tenía.

En ese mismo ensimismamiento llegaron a una de las entradas más alejadas y solas del parlamento, donde un par de guardias ahuyentaban a cualquier curioso, informándole que era territorio gubernamental y que no había autorización para los civiles de estar ahí.

Hecha a la idea de que tenía que terminar con la incertidumbre ese mismo día, se acercó a uno de los enormes hombres que custodiaba esa entrada.

—He venido a buscarla —dijo, con voz baja, pero segura.
—¿A quién?
—Ustedes saben a quién. Llegó el día de la promesa.

Los tipos se miraron entre ellos, y sin cruzar una palabra más, permitieron el acceso a todos los recién llegados. Unos metros adentro, una jovencita en traje ceremonial azul los esperaba e hizo una educada reverencia cuando se detuvieron ante ellos.

—Mi señora los esperaba. Es mi honor guiarlos hasta ella. Mi nombre es Sohi.

Con esas palabras, comenzó a guiarlos entre pasillos tan desiertos como lujosos, en lo que parecía un intrincado laberinto que inequívocamente iba en descenso.

—¿Lo notaste, no? —preguntó Eriol al alcanzar a Li.
—Sí… los guardias, esta jovencita que nos guía… no son personas en realidad, pero no sé qué podrían ser…
—Ya había sentido esta presencia antes… tienen la misma aura del cuervo que llevó mi arcano… Son Shikigamis…

La comitiva anduvo con precaución por donde la joven mujer los guiaba, hasta que finalmente llegaron a un búnker bastante bien iluminado. La sensación era la misma para todos los dotados, había algo poderoso en el ambiente que en algún punto se antojaba asfixiante.

«Finalmente están aquí… He estado esperándolos por años… prácticamente desde que usted nació, honorable Sakura».

Un estremecimiento recorrió el cuerpo de la interpelada, y todos se miraron entre ellos, desconcertados. La razón no era otra que esas palabras no atravesaron el aire como el sonido haría regularmente. La voz suave, casi infantil de mujer sonó directo en sus mentes, casi como un escalofriante susurro al oído.

«Por favor, no se inquieten. He perdido la facultad hace mucho de comunicarme con las personas a través de mis sentidos físicos, y sólo podré hablarles por este medio, directamente a sus mentes y sus corazones… por aquí».

Al centro del búnker, entre aroma a medicamento, muebles viejos e incienso, una menuda figura levantó una mano temblorosa y exageradamente delgada. Su dueña apuntaba su rostro demacrado hacia arriba, evidenciando cierta confusión.

«Acérquense, por favor… debemos hablar».

Atraída por una inexplicable afinidad, Sakura tomó la iniciativa y comenzó a cerrar distancia con la mujer, sentada sobre una enorme y blanca alfombra. Sólo hasta que escuchó el sutil crujido bajo sus pies cayó en cuenta de que la alfombra no era tal, sino el larguísimo cabello cano de la persona que trataba de alcanzar. Desconcertada miró a Sohi, pidiéndole orientación, y ella sólo le asintió como respuesta, dándole a entender que no había problema en que pisara aquel cabello.

—¿Señorita Hinoto? —susurró al alcanzarla e hincándose ante ella.
«Honorable Sakura… finalmente nos conocemos… No puedo describir la forma en la que me honra el finalmente estar en presencia de aquella que lleva en sus manos el poder de dios…»
—No sé siquiera qué es lo que eso significa…
«Esa será mi labor hoy… decirle a usted y a sus acompañantes sobre aquella responsabilidad que el mundo ha puesto en sus manos». Giró la cabeza a un punto indeterminado. «Honorables Subaru y Yuzuriha… por favor, acérquense también… y ustedes…» señaló con la palma huesuda a los que llegaron con Sakura, «vengan aquí… siéntense… esta explicación será prolongada…»

Por indicación de Ieran, aquellos que no se reconocían como "dragones" se mantuvieron al margen, lo que hizo que sólo Kurogane, Tomoyo, Xiao-Lang y Eriol se acercaran, y junto a ellos, un hombre apuesto de mediana edad que parecía un poco maltrecho y una adolescente se unieron, quedando siete personas sentadas en el suelo en torno a la clarividente.

«Creo que lo mejor será que lo vean a través de mis ojos, así que cierren los suyos y dejen que yo los guíe».

Cuando Hinoto dijo esas palabras, los involucrados se miraron entre ellos un poco asustados, pero fue Sakura la que los instó a hacer como decía aquella frágil mujer. Aún sin estar del todo convencidos, hicieron como se les indicó.


Al momento, la sensación de ingravidez se apoderó de ellos, sacando exclamaciones de confusión entre los menos habituados a la magia, como Tomoyo o Kurogane. Dentro de aquél espacio onírico, fueron capaces de abrir los ojos nuevamente, y ante ellos, el mundo comenzó a alejarse, permitiéndoles verlo a la distancia, desde el espacio, en perspectiva al sol.

La voz de Hinoto comenzó a narrar:

«Este diminuto mundo, situado en esta solitaria parte del cosmos, y que ha existido por miles de millones de años ya, ha visto pasar miles de civilizaciones en toda su vida. Porque es primordial que partamos de ese principio: este mundo está vivo, de otra manera, la vida sobre él no podría haber existido. Y no sólo está vivo, también es consciente… y como todo ser vivo, tiene un instinto primordial…»
—Supervivencia… —acotó Li en una reflexión.
«Así es. Tal es su nivel de consciencia que se procura la salud de forma activa, acomodándose a la mejor distancia de su estrella, protegiéndose con medidas que lo preservan de la radiación solar, la temperatura, y los objetos extraños».
—¿Lo que nos está diciendo es que su órbita, campo electromagnético y polaridades son su elección? —reviró Eriol, incrédulo.
«Algo así. Y no solamente se va a proteger de las cosas que desde fuera puedan atentar contra su bienestar… va a buscar la forma de curar las enfermedades de las que padezca si es que ponen en peligro manifiesto la vida que hay en él».
—Como… nosotros… —susurró Sakura, sabiendo el posible rumbo de la charla.

Hecho ese comentario, el escenario cambió. Ante ellos, en una sucesión vertiginosa comenzaron a desfilar los acontecimientos de los cuales la humanidad había sido artífice. Desde el descubrimiento del fuego hasta la era espacial, pasando por cada guerra, cada incendio forestal, cada derrame de petróleo en los océanos, cada extinción antropogénica… para verguënza de los espectadores como orientales, protagonizaron tres momentos cruciales: los hongos nucleares del siglo XX que hicieron a Kurogane fruncir el entrecejo, el accidente nuclear de Fukushima de inicios de siglo XXI que hizo a Tomoyo tensar las mejillas, y la infame y sangrienta tradición de la caza anual de delfines de Taiji que le provocó a Sakura un profundo asco y tristeza.

«Para este punto, estoy asumiendo que ya saben qué es lo que está pasando. Estamos en un punto crítico de la intervención humana, al grado de que su sola existencia atenta contra la vida misma del mundo… en un momento en el que nuestra tierra contempla como única medida para preservarse…»
—Nuestra extinción… —concluyó Tomoyo, aterrorizada—. ¿Esto ha pasado antes?
«Sí, honorable Tomoyo. Varias veces en realidad. Y aunque el mecanismo no cambia, lo que sí puede cambiar es el resultado».
—Considerando que esta es la única humanidad que conozco, ¿cuántas veces la especie en turno ha prevalecido a esta situación? —preguntó Eriol, suspicaz.

Hubo un breve, pero pesado silencio.

«Ninguna de la que se tenga registro. El cataclismo es tan grande, que cualquier signo de la civilización desaparecida es borrada de la existencia, quedando apenas algunos vestigios. Más allá de los que recibimos como regalo la clarividencia, no hay otra forma de anticipar este evento».
—¿Qué sentido tiene entonces que sepamos que estamos condenados? —preguntó con cierta amargura Xiao-Lang.
«Que en realidad no estamos condenados. Si bien el mundo buscará la manera de reciclarse, permitirá que sus habitantes busquen una forma de gestionarse a sí mismos antes de destruirlos, y para eso creará una entidad dual que llevará a cabo esa misión. Cuando el evento cataclísmico conocido como "el día de la promesa" está cerca de llegar, la tierra hará nacer a un ser único que representará lo mejor de su especie, y en cuyas manos depositará lo más valioso para los suyos, y que tendrá la elección de su destino».
—El poder de Dios —musitó Sakura con voz trémula.
«Así es… Usted, honorable Sakura, es la representación de todo lo mejor que nuestra especie puede ofrecer: amor, coraje, valor, abnegación, inocencia, y por supuesto, esperanza. Y no sólo usted… cada uno de ustedes, su casa y linaje eran dragones potenciales: las sacerdotisas Nekoi, de donde nace la honorable Yuzuriha, "La Fuerza". Los poderosos Sumeragi, representados por Subaru, "El Tonto". Los Hiiragizawa...»
—Pero… yo no tengo linaje mágico importante, lo tengo por parte de los Gallagher, la familia de mi madre y…
«Eso es lo que el honorable Shogo, su abuelo, le dijo, ¿no es así? Hablé con él de estos eventos hace décadas, y él, ante la idea de que su descendencia se enfrentara a esta coyuntura, se fue del país. Sin embargo, el llamado de la tierra es poderoso, y no iba a dejar indiferente a su sangre de su herencia, dándonos "El Sol". Los Li, por supuesto, debían tener una participación como protectores de Asia, y por eso está usted aquí, honorable Xiao-Lang, como "El Emperador", mismo escenario para los Ou, que desaparecieron por trescientos años sólo para darnos en el honorable Kurogane a "El Enamorado"… y por supuesto… las doncellas Amamiya».
—De… de Sakura lo entiendo perfectamente, pero yo… yo no tengo nada especial que ofrecer… —dijo Tomoyo, contrariada.
«Una consideración justificada, pero errónea. Siempre hubo más en usted de lo que creyó. ¿Recuerda la última vez que enfermó? Es posible que asumiera que su salud tenía que ver con los cuidados recibidos en casa dada la facilidad económica que siempre tuvo, pero no se debía a eso. Una niña pequeña que siempre tuvo particular facilidad con la tecnología, que siendo una adolescente manipulaba con naturalidad sistemas que tomarían a una persona normal una vida de estudios y especialización. Si bien la magia no se manifestó en usted a pesar de su linaje, y que ciertamente no la carga de forma activa en sus genes, no significa que el poder no estuviera ahí. Usted es un dragón, no es magia lo que corre en la sangre de sus venas, sino algo más primordial y poderoso. Es portadora de divinidad, la forma que sus ancestros reconocieron y pasaron de generación en generación…Y si aún no puede creer en mis palabras, déjeme preguntarle esto… ¿conoció alguna vez a su padre?»
—No… mamá y él se separaron antes de mi nacimiento…
«En realidad, se separaron antes de su concepción. Usted no vino a este mundo de la forma tradicional. Usted es luz de luna, una manifestación tautológica de su linaje. Una Tsukuyomi pura».

Ignorando el hecho de que Tomoyo se quedó pasmada ante semejante revelación, tornó el discurso hacia Sakura.

Nuevamente el escenario cambió. Lo que tenían ante ellos era el Tokio moderno, hombres y mujeres, siempre uno a uno, tenían combates titánicos que despedazaban edificios y hundían el asfalto, que rasgaban el cielo y cimbraron la tierra. Dragones se elevaban desde el suelo, en batallas atemorizantes e inclementes.

«Y es aquí donde usted, como "La Emperatriz", toma una elección, honorable Sakura. Siempre ha habido dos bandos en estos conflictos, que toman el título de la dualidad misma que lo origina: luz y obscuridad, vida y muerte, cielo y tierra… y nosotros estamos ante una dicotomía de naturaleza semejante: voluntad y destino. Una última ronda que jugar…»
—Por el alma de la humanidad —cerró Sakura, recordando el poema que recibió con su arcano.
«Si el destino es su elección, su misión será romper las siete barreras que protegen Tokio. De hacerlo, la tierra se sacudirá de una sola vez para destruir de su superficie todo lo que encuentre de la humanidad. Es increíblemente efectiva para hacerlo. Nada sobrevivirá, y con esto, el mundo, a través de eras, encontrará un nuevo equilibrio y la vida renacerá. Si por otro lado, es la voluntad su predilección, tendrá como responsabilidad el salvaguardar esas mismas barreras y protegerlas adecuadamente, podrá evitar que el ciclo se cierre, dando una nueva oportunidad a nuestra especie de seguir existiendo, y demostrar que puede coexistir con el mundo al que se debe».
—No hay mucho que decidir en realidad, señorita Hinoto… tengo una familia y montones de personas a las que quiero. Por supuesto que buscaré protegerlas, y estoy segura que quienes vienen conmigo piensan igual.
«Antes de decir las palabras debo advertirle algunas condiciones: usted es una dualidad. Hay otra parte de usted, su complemento, antítesis y yang. Su Gemini. Cuando elija un lado, esa parte de usted despertará, y heredará en igualdad de condiciones su poder y propósito, pero de forma opuesta. Cuando usted y su contraparte acepten la misión común que tendrán, deberán hacerse de las herramientas para cumplir su objetivo final».
—¿Y cuál es ese objetivo final?
«La confrontación es la única solución. Sólo con la muerte de una de las dos partes, es que la otra prevalecerá y podrá orientar a la humanidad hacia su salvación o su extinción. Sabiendo esto, si es que está firme en su decisión, llegó la hora de aceptar su lugar».
—Bien… yo… —sin poder evitarlo, y aún a sabiendas que estaba dentro de un sueño, un poderoso vértigo la hizo perder el equilibrio hasta casi caer, pero resistió—. Yo he elegido mi bando… por aquellos que amo y que quiero proteger: mi padre, mi hermano, mi esposo y mis hijos… por mis familiares y amigos, sus familias… por cada persona que viva en este mundo… seré un Dragón de la Voluntad.


La desierta carretera a Ishikawa reptaba entre cordilleras y barrancos por las decenas de kilómetros de su extensión. Un terreno peliagudo al que cualquier conductor se acostumbraba con el tiempo.

Akiho era una de esas conductoras habituadas, y con pericia y mucha precaución manejaba su compacto entre las colinas solitarias. Faltaban sólo unos minutos para el atardecer, pasaría por un restaurante antes de ir a casa y cenar sola. Tal vez vería una película o leería un buen libro… lo cierto era que necesitaba distraerse un poco, pues no podía dejar de pensar en Sakura y el secreto que descansaba en ella y que parecía algo tortuoso e importante… y se reprochaba a sí misma en su incapacidad de ayudarla de alguna manera.

Había momentos justo como el que estaba teniendo, en los cuales la ansiedad y la depresión volvían a reclamar su tranquilidad y conformismo, y se reprendía a sí misma por tener esos pensamientos. Era una mujer, aunque sola, productiva, rodeada de personas buenas que la estaban ayudando a dejar en el pasado las cosas y la gente mala que se cruzó en el camino; era profesional de la salud, y en general, una buena persona...

¿Por qué sentía entonces que estaba mal algo en ella?

—¿Pero… pero qué…? —susurró al sentir el síncope en que estaba cayendo.

Conocía los síntomas, y a pesar de ello, sabía que no podía combatirlos. Sintió como sus manos se entumecían y sus pies se hacían pesados, esa última condición era realmente la que convertiría el escenario en un problema serio, pues su pie derecho se quedó rígido en el acelerador, aumentando la velocidad del vehículo en una sección repleta de curvas y voladeros.

El miedo la recorrió entonces. Uno que nunca antes experimentó. Pensó sin quererlo en el regalo que había encargado por catálogo para el cumpleaños de Hien, y que no podría entregarle estando muerta. En el dolor de aquellos que la habían acogido todo ese tiempo al tener que hacerse cargo de sus restos, pues no tenía ninguna otra familia, y rio por la ironía, pues al final, desde su propia óptica, terminó siendo justo aquello que con tanto afán se esmeró por dejar de ser: un lastre, un estorbo en el camino de las personas que sí tenían una vida que vivir.

El impacto contra la valla de seguridad, única separación entre el asfalto y el vacío, la hizo ser consciente de la distancia que la separaba de chocar por segunda vez, unos cuarenta metros abajo, distancia que cubrió sólo en segundos.

La facia y el cofre del vehículo se comprimieron al contacto, cediendo bajo su propio peso. Las piernas de Akiho quedaron prensadas debajo del tablero, mientras que el volante se incrustaba en su pecho, y su frente partía el parabrisas.

El auto dio varios tumbos hasta finalmente detenerse varias decenas de metros más adelante, los tres neumáticos que conservaba habían quedado hacia arriba.

Akiho abrió los ojos en reflejo al dolor insoportable que estaba experimentando. La sensación lacerante en sus rodillas hacía digna competencia con el provocado por los fragmentos del volante en su pecho y garganta, y su sangre había hecho de su cabello una maraña informe que se empapaba del combustible que chorreaba desde algún punto de lo que alguna vez fue la parte delantera del chasis.

La obscuridad iba ganando terreno.

Entonces era así como terminaba.

¿Aceptar el destino?

Tal vez de eso se trataba en realidad.

IX.

Fin.


Gracias, Wonder Grinch y Cherry Lee Up.

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