MEDIEVAL LOVERS
PARTE 2
Las puertas del enorme salón se abrieron para dar paso a su eminencia, Lord Flowers.
Aquel ser caminó con pasos lentos, mientras dos sirvientes lo seguían a corta distancia, atentos a su andar, por si necesitaba apoyarse en ellos, debido a su muy notoria avanzada edad.
Lo recibieron en el trono, su preciada hija y yerno.
― Padre, no debiste molestarte en venir a nuestro encuentro ―expresa ella, mientras extendía sus brazos, para sentarlo en el trono del rey, con ayuda de su esposo―. Nosotros podíamos ir a tus aposentos.
― Sé que sí, hija mía, pero lo cierto es que ya estoy harto de estar encerrado en mi dormitorio ―soltó con cierta gracia el anciano, mientras se secaba delicadamente con un paño, el sudor que le había generado su corta caminata, denotando cuan débil se encontraba realmente―. No te preocupes por mi… mas ahora, que el reino se encuentra próximo al peligro…
La rubia asintió, para pasar a contarle todo lo sucedido en la reunión con la alianza de los países vecinos.
Lo cierto, es que el mundo de fictional estaba amenazado por el inicio de tiempos difíciles. Los países del imperio oscuro mostraban cada vez más, su deseo de expandir su poderío por tierras del imperio de luces.
Las hadas, centauros, humanos y magos habían llegado a la conclusión que la única forma de solucionar ese problema que habían arrastrado por ya centenar de años, provocando muerte y sufrimiento por parte de ambos bandos, era la aniquilación inminente y completa de todas las razas del imperio oscuro.
Pero aun no contaban con el apoyo necesario para llevar su plan a cabo.
Las sirenas, elfos, enanos y ninfas a pesar de ser los más atacados, habían rechazado la propuesta en la gran asamblea, objetando que las razas del imperio oscuro eran igual de merecedores a la vida, y que solo tenían malos líderes.
Por su parte, seguían buscando un diálogo con los embajadores del reino de los hechiceros, orcos, ogros, duendes, cíclopes.
― Comprendo… era obvio que nuestros hermanos países, optarían por la paz. Siendo sincero, también es un camino que prefiero tomar ―dijo el rey, mientras abría con un poco de esfuerzo sus ojos cansados para ver el techo de la catedral donde se encontraban, y observar en este, el dibujo tallado en colores hermosos de cristal, de toda la familia real que había pasado por el trono―. Mi abuelo y mi padre eran optimistas, y creían que nuestros conflictos serian acabados en sus reinados… pero… incluso yo, he fallado… ―su mirada se detuvo fijamente en el retrato de su hermano menor, que había muerto en la gran batalla de los diamantes, contra los hechiceros oscuros, junto con su esposa e hija mayor, hace ya casi diez años― …ni siquiera fui capaz de cuidar bien de mi sobrino ―su rostro se quebró, mientras las lágrimas inundaban sus viejos ojos, al notar la nueva figura recientemente añadida―. Hermano, perdóname…
― Padre, no te culpes, fue algo que sucedió, lejos de tu alcance… ―lo consoló su hija, mientras apoyaba la mano en su espalda.
― No, es algo con lo que cargaré por siempre ―dijo el rey tratando de recuperar la compostura―. Pero, Rika, es cierto que ahora debo de pensar más en el imperio, y por ello, he decidido que… ya no soy más, apto para gobernar el país de las hadas, y dado que tu primo Yoosung ha dejado de existir, quien debe heredar el trono, eres tú…
― ¿Yo? Padre… ―respondió Rika en una mezcla de asombro e intranquilidad― ¿No estás tomando una decisión apresurada por el duelo que te produce el fallecimiento de mi dulce hermano? Yo no sé si soy digna de gobernar el reino, no creo que ser apta para tanta responsabilidad…
― Rika, hija mía, adoro tu humildad, pero es mi decisión y estoy seguro de ello ―soltó el rey, mientras se levantaba solo, como muestra de la poca fuerza y coraje que aun guardaba en si―. Sé que te será algo complicado al principio, pero estoy seguro que con el tiempo, serás digna de la corona, como lo estaba destinado a ser Yoosung. Ordenaré a los jueces, que empiecen a planificar tu coronación.
― Si esa es tu voluntad, padre, que así sea ―respondió Rika, reverenciándolo a modo de despedida mientras este empezaba a alejarse―. Haré todo para honrar tu confianza.
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Entraron a sus aposentos de forma tranquila.
Tras cerciorarse de que se encontraban en completa privacidad, hablaron con total confianza.
― Ahora que mi padre por fin se dignó a entregarme la corona, nuestros planes podrán avanzar ―expresó con satisfacción Rika, desvistiéndose.
― Supongo que si ―le respondió V, quien le ayudaba a quitarse su vestido, para cambiar al de cama―. Aun así… no pensé que la perdida de Yoosung lograría afectarlo tanto.
― Bueno, supongo que fue algo inevitable ―objetó la rubia al notar la tristeza de su esposo―. Pero no es culpa nuestra. Yoosung marcó su destino en el momento en que rechazó unírsenos.
― Tal vez tenía razón. Su estudio de las antiguas escrituras… siento que debimos escucharlo. Parecía que estaba a punto de encontrar el secreto de la paz sin tener que enfrentar en guerra a los del imperio oscuro…
― ¡Yoosung era un ingenuo! ―le interrumpió Rika, con notoria molesta hacia su duda―. Su blando corazón no era apto para liderar. Solo hubiese terminado en poner a nuestro pueblo al borde de la extinción ―objetó―. Era tan noble y puro, como todos los anteriores reyes, incluyendo a mi padre… carentes de ambición… y siempre dispuestos a perdonar… ―se detuvo por un momento al notar odio en el reflejo del espejo que había frente suyo, haciendo que el color de sus alas se tornase de un color oscuro―. Por favor, no me mires así V, sabes que no tuve mas opción que mandarlo a asesinar por los elfos… estaba convirtiéndose en una enorme piedra en nuestro zapato.
― Rika… lo que le hiciste a Yoosung para obtener el trono fue muy bajo, pero… ―el turquesa bajó la mirada, mientras observaba su mano izquierda con el sello que obtuvo en su casamiento―. Hice la promesa de que te apoyaría por siempre, el día de nuestra boda… y cumpliré con ello…
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Los golpes insistentes, lo sacaron del sueño tranquilo que estaba teniendo.
¿De dónde provenía ese ruido tan molesto?
Abrió los ojos con molestia, para luego recordar el lugar donde había amanecido de nuevo.
Se encontraba recostado a lado de su rara protectora que lo abrazaba de costado, apretando unos de sus glúteos.
Dormía tan profundamente, que el ruido de la puerta siendo golpeada, no la despertaba.
Con el ceño fruncido, se separó de ella y su mano atrevida, para levantarse y fijarse el origen de tal ruido.
Para su fortuna, ya no le dolía mucho el pie y podía andar sin ayuda, aunque cojeando de forma ligera.
― ¿Quién llama a la puerta? ―habló mientras espiaba por las rendijas de esta, para ver de quien se trataba.
― ¿Cómo que quien? Abre de una vez, maldita, no me hagas perder el tiempo ―escuchó la voz grave de alguien, responderle con enojo―, ¡abre o derrumbaré tu puerta a patadas!
Asustado por la amenaza, el rubio abrió la puerta, dejando al fin poderle ver de quien se tratase tal persona molesta.
― ¿Por qué tardaste tanto? ¿Crees que soy tu sirvienta? Maldi…
La persona de armadura se detuvo al notar que hablaba con alguien desconocido a su vista.
― Oh… yo… creo que me he equivocado de casa, lady, disculpe las molestias… ―volvió a hablar el caballero, mientras se quitaba su armadura de hierro a modo de disculpa.
― Ah, no es nada, aunque debo aclarar que no soy una… chica… ―el rubio se detuvo también en su hablar al ver que aquel caballero resultaba ser una mujer, al igual que su protectora, aunque llevaba el cabello corto, de un rubio más claro que el suyo y poseía unos ojos tan celestes como el cielo.
― ¿Eh? ¿Acabo de oír bien? ¿No eres una chica? ―expresó la soldado con asombro, mientras se le acercaba y extendía su mano, para poder tocar su rostro.
Pero su acción fue detenida, al recibir el golpe de un pedazo de madera en la frente.
― Hey, mantén tus manos lejos de mi esclavo, o te las arrancaré ―dijo a lo lejos, MC, casi desnuda, ya que era así como solía dormirse, con una expresión molesta en su rostro.
La rubia desconocida le devolvió la mirada de odio, mas se limitó a mantener silencio hasta que esta se acercase a ellos.
― Perra maldita, te traigo tu caballo y me agradeces lanzándome un leño ―expresó la invitada mientras se sentaba en una de las sillas de su pequeña sala en la cocina―. Oye tú, esclavo ―se dirigió a Yoosung quien se mantuvo parado en su lugar en silencio, tratando de comprender que estaba sucediendo―, lamento la suerte que tienes, al ser propiedad de esta maldita. Todas sus mascotas se mueren por falta de cuidado, yo que tú escapaba apenas tenga la oportunidad…
― Deja de darle consejos a mi esclavo ―la interrumpió MC mientras se sentaba frente de ella, en otra silla―. ¿Por qué has venido tan pronto? Se supone que tengo una semana libre… ―hizo una pausa, al notar que el rubio seguía mirándolas con cierta intriga―. Estrellita, noto que amaneciste algo mejor, ve a la habitación y trae mi ropa, luego de eso prepara algo de comer para ofrecer a nuestra visita.
¡¿Estrellita?!
Aquel apodo le parecía tan ofensivo que sentía como internamente le empezaba a hervir la sangre.
Ganas no le faltaban de responderle la ofensa, pero algo le decía que, si se oponía en obedecerle en ese momento, tal vez le iría peor.
Con molestia contenida, pero notoria en su rostro, asintió, para volver a la habitación, mientras ambas mujeres hablaban de algo que no entendía.
En el dormitorio, agarró sus ropas que tenia en la mesa de noche.
¿Estrellita?
Soltó con enojo las prendas en el suelo, para saltar encima de ellas a modo de venganza.
Haber si deduces que tu "estrellita" hizo esto ―refunfuñó, para luego levantar las prendas y salir de la habitación.
Se las entregó en silencio, para luego ir a la cocina.
Maldita mandona ¿Qué le había hecho pensar que sabía cocinar?
Bueno, si sabia cocinar, de hecho, era un magnifico cocinero, pero nunca había sido obligado a cocinar.
Además… ¿Qué cocinaría? Hasta donde recordaba, solo había un par de panes y… se detuvo en sus deseos de quejarse, al descubrir que la cocina ahora estaba bastante bien abastecida de cosas para cocinar, no solo había fruta, sino cereales, carne, aceites, verduras y muchas cosas más.
Todo indicaba que, al parecer, mientras él dormía, MC había cocinado por su cuenta.
Incluso el fogón aún mantenía fuego del día anterior.
Preparó algo rápido.
― Oye, tu esclavo no cocina nada mal ―soltó la rubia, luego de dar un par de bocados al omelette con hierbas que le había servido―. Esto sabe mejor que lo que sirven en las barracas.
Oír eso le provocó una sonrisa, ya que todo chef apreciaba los halagos a su comida, mas su expresión se desdibujó al notar que la rubia lo tocaba de repente, levantándole su remera suelta, para ver su dorso.
― De verdad es un hombre, a pesar de su rostro dulce, que suerte tuviste al comprarlo… ¿me lo prestas para divertirme, cuando te aburras de él? ―agregó la rubia, con una mirada lasciva igual a la que solía poner su ama.
― Ni hablar, soy muy posesiva con mis cosas ―respondió MC luego de tragar lo ultimo que le quedaba en el plato, para atraer al rubio hacia su lado―. Aunque si quieres, puedo vendértelo…
Yoosung se enfureció ante sus palabras, ya que estaba hasta ese momento tranquilo, pensando que lo protegería.
― ¿En serio? Solo dime el precio.
― Veinte monedas de oro. Es lo que me costó, fue una compra impulsiva, es lindo y parece saber hacer tareas de casa, pero es bastante respondón, sensible, te insulta por lo bajo y refriega tu ropa en el suelo, creyendo que así puede vengarte de ti sin que lo notes… ―terminó diciendo mientras miraba al mencionado, algo pálido al escucharla decir que sabia todo lo que había hecho a sus espaldas.
― Ah… suena como que es un mal esclavo, pero no importa, así no sentiría nada de remordimientos en castigarlo ―expresó la rubia con gracia, terminando también su comida―, pero veinte monedas son mucho, ni loca pagaría esa cantidad por un esclavo, ninguno vale tanto…
― Jaja supuse que dirías eso.
Luego de un par de minutos más, la rubia se despidió, dejándolos de vuelta solos.
― Oye estrellita, de que acabes de limpiar en la cocina, toma ese balde que hay a un lado de la puerta trasera y alimenta a mi caballo ―dijo MC, caminando hacia una de las habitaciones― yo voy a preparar la tina para bañarnos…
― Mi nombre no es "estrellita".
― ¿Qué?
― Que mi nombre no es ese, Yoosung, Yoo… sung… ese es mi nombre ―reclamó el rubio, para luego seguir con lo suyo.
Ya afuera, aun molesto, tomó el balde de verduras y se acercó al caballo que se encontraba amarrado en un poste en el jardín trasero.
Este le bufó en un principio al no reconocerlo, mas dejó de hacerlo al notar que venía con su comida.
Aquel corcel era de un blanco puro, musculoso pero elegante.
Sin duda era el compañero de batalla de un comandante.
El animal comió hasta la ultima de las verduras que le ofreció, para luego acercarse a su rostro y darle un par de lengüetazos a modo agradecimiento.
― Jaja me haces cosquillas, ya... está bien, también eres un buen caballo ―soltó con gracia el rubio ante la reacción del caballo, mientras lo apartaba, para acariciarle la cabeza―. Lástima que tu y yo seamos propiedad de alguien tan grosera como MC.
El caballo bufó para luego mover su cabeza hacia arriba y abajo, como si le diese la razón.
― ¿Me entiendes? Woah, eres un caballo muy inteligente.
Tomó el cepillo que había en el fondo del balde y empezó a acicalarlo.
― Nada mal enano, pero te advierto que ese caballo es igual de berrinchudo que tu ―apareció MC en escena.
― ¿Tan difícil es que me llame por mi nombre?
― No veo por que deba obligadamente llamarte por tu nombre…
― Tal vez así no me costaría tanto hacerle caso ―gruñó este al notar que su relación con ella, nada había cambiado.
― ¿En serio? Haberlo dicho antes ―MC le quitó el cepillo, para atraerlo hacia ella―. Yoosung… a bañarse.
― ¿Bañarme? ¿De nuevo? Aun sigo limpio, preferiría no hacerlo, si me lo permite.
― Respuesta equivocada ―fue lo único que respondió la castaña, para arrastrarlo consigo dentro, hasta la habitación del aseo, donde volvió a desvestirlo a la fuerza, para arrojarla a la tina redonda de madera grande.
― ¿Por qué me está obligando a bañarme? ―protestó este, mientras trataba de no intimidarse al estar desnudo frente de ella, mientras esta le estrujaba el cabello con espuma, sentada al borde de la tina―. ¿Quiere que este muy limpio para intentar abusar de mi otra vez?
― Iremos a la ciudad, en un par de horas ―siguió refregándole el cabello, mientras le seguía echando una loción que antes no había usado en él―. Ahora que esa rubia metiche vino, es cuestión de tiempo para que todos sepan que tengo un esclavo. Hablaría muy mal de mí, el que te viesen todo sucio y andrajoso. Tengo cierto estatus en el ejercito que debo mantener…
― Comprendo, pero… ya le he dicho, que no soy un esclavo en realidad… ay… no me estruja tan fuerte, me va arrancar el cabello…
―Aguántate, trato de desenredarlo. Y sobre lo otro… Aunque no me has contado con detalles el por que no debo considerarte un esclavo, si ese fuese el caso, creo que deberías mantener un perfil bajo y pasar como uno…
― ¿Y por qué tendría que hacer eso?
MC se detuvo, para adentrarse en silencio a la tina y acorralarlo al borde de esta, con una mirada sombría.
― Piénsalo un poco. ¿Por qué alguien haría que un noble de su raza fuese vendido a un traficante de esclavos? Sea quien sea que hizo esto, sin duda quería deshacerse de ti… Seguramente ya te han dado por muerto… y de enterarse que no lo estas, tu vida puede seguir estando en peligro, con lo frágil que demuestras ser… ―terminó diciendo esta, mientras posaba una de sus manos en su rostro, ahora con un aire de preocupación―. No seria muy inteligente de tu parte, andar frente a cualquiera, revelando tu nombre…
Yoosung la empujó, para que dejase de tocarlo.
Odiaba lo que acababa de decirle, aunque pudiese tener razón.
No quería creerlo.
No, mejor dicho, no quería aceptarlo.
No quería aceptar que nadie de su familia lo estaba buscando.
Que un asesino contratado posiblemente por sus familiares cercanos, lo había emboscado en una de sus cruzadas a las tierras fronterizas con el imperio oscuro, hiriéndole gravemente, para luego arrojarlo al rio, donde sobrevivió apenas, perdiendo toda su magia e incluso la voz por semanas, con tal de auto curarse. Y que luego de eso, fue capturado por los recolectores de esclavos al estar débil, terminando siendo vendido varias veces, hasta terminar en manos de esos orcos asquerosos del cual fue salvado por su ahora ama.
― ¿Qué se supone que deba hacer entonces? ―le preguntó a esta, quien seguía mirándolo a su corta distancia―. ¿Resignarme a vivir como su esclavo y mantener un perfil bajo por siempre?
― No seas extremista ―se acercó esta a él, mientras le respondía―. Mantén el perfil bajo, por lo menos hasta saber exactamente al peligro que te enfrentarías si te muestras públicamente.
― ¿Y como se supone que descubriré eso manteniendo un perfil bajo? ¿Me ayudará?
― He meditado en ello ayer todo el día, y… ―suspiró algo fastidiada― he decidido que lo haré.
― ¿Lo hará? ―la expresión de enojo y frustración en el rubio se cambió por una de ligera esperanza―. ¿Lo dice en serio? ¿Me ayudará? ―se acercó a ella al extremo de que solo unos centímetros lo separasen.
― Si. Aunque voy a insistir en poseerte, como pago.
El rubio la miró detenidamente por unos segundos, antes de responderle con la misma seriedad con la que esta le estaba hablando.
― Hum, acepto tu pedido de pago… aunque… ―titubeó ante la pena que le causaba decirlo― …me gustaría pedir que me exigieras de a poco. Mi raza no es tan liberal y apegada al afecto físico, como los humanos, enanos y elfos.
― Entendido, seré gentil ―terminó rodeándolo con sus brazos, para matar la poca distancia que aún se tenían―, pero también tengo otra petición, para aceptar esta.
― ¿Cuál?
― Tutéame. Nunca se lo he dicho a alguien, pero odio el que se dirijan a mí con tanto recato.
― Esta bien, te llamaré por tu nombre a secas… MC.
― Jaja ¿por qué te sonrojas al decirlo? Con esa actitud, voy a llegar a creer que te estas enamorando de mí.
Yoosung sintió las ganas de gritar enojado al escucharla burlarse de su reacción, mas se contuvo, al sentir como ella acercaba su rostro al suyo.
Lo besó levemente.
Sus labios se sentían un poco ásperos, pero con el pasar de los segundos, esto dejaba de importar. Se sentía bien, de una forma extraña, mas cuando cerraba los ojos.
― Abre la boca.
Obedeció en silencio.
Si bien sus labios al principio le produjeron cierta satisfacción, el hecho de sentir su lengua dentro suyo, lo estremeció al grado de asustarse.
¿Qué era esta nueva sensación?
Un calor intenso empezaba a inundarlo y su respiración le fallaba.
No había pasado mas que un par de minutos, hasta que decidió empujarla y darle la espalda, para evitar perder la cordura, que sentía que lo abandonaba.
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Entre jadeo y cansancio levantó la mirada al notar que MC había dejado de estimularlo y se recostaba a su lado, mientras sacaba una especie de pergamino de un cajón que se encontraba a lado de su cama.
La miró confundido, ya que se había dado a la idea de que perdería todo rastro de castidad en esa ocasión, como parte de su destino.
― ¿Por qué me miras así? ¿Acaso quieres que siga? ―soltó la semi elfo al notar como la observaba, con una sonrisa de lado y los ojos entrecerrados de forma pícara.
― Hum… no… yo… solo… ―titubeó el rubio ante sus palabras, para dejar de mirarla y taparse hasta el pecho con la sábana―, no es… nada…
Sus palabras entrecortadas y con timidez provocó que MC soltara una leve carcajada.
Cosa que no le hizo gracia, haciendo que inconscientemente arquease sus cejas de enojo.
― Tranquilízate estrellita, solo bromeaba ―agregó la castaña, dejando el pergamino de vuelta al cajón para centrar su atención de nuevo en él―. Parezco alguien egoísta por mi actuar impulsivo y espontaneo, pero también soy comprensible... ―se acercó más para poder rodearlo con sus brazos, y así obligarle a mirarla fijamente―. Si con solo estimular tu genital con mis manos, te provoqué que te vinieras varias veces hasta casi desmayarte, no creo que puedas soportar emociones mas fuertes… como… ―se acercó a su oreja, para susurrarle algo que provocó que su rostro se tornase mas rojo de lo que ya estaba―. Así que optaré por tomarte de a poco. No es mi estilo, pero lo aceptaré, ya que por alguna extraña razón es divertido verte tratando de negar lo que sientes…
― Yo no niego mi sentir ―reaccionó el rubio, doblando sus manos con la intensión de apartarla― es solo que usted no me gust… ―su queja fue interrumpida al ser aprisionado de sus labios.
Su forma de besar era tan intensa que ciertamente hacia que su mente se perdiese y un deseo reprochable se apoderase de todo su ser.
Sus lenguas se separaron apenas, luego de varios minutos.
Pensó que volvería a apoderarse de sus labios al acercársele de nuevo, mas esta se dirigió a su cuello, donde procedió a morderlo en varios lugares, provocando que soltase una mezcla de gemidos y gritos.
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El caballo se detuvo a su orden, luego de una cabalgata agitada, al haber salido con prisa.
― No te alejes de mi lado y solo alza la mirada cuando te dirijan el habla ―le ordenó MC, mientras dejaba en manos del encargado las riendas del blanco corcel que los había traído―. Y veas lo que veas, actúa con recato.
Yoosung asintió a modo de respuesta, para luego empezar a seguirla, mientras se acomodaba el velo de su saco que ocultaba casi por completo su rostro y cuerpo.
El edificio que se encontraba casi en el centro de la ciudad, pululaba de humanos con vestidos refinados y de encaje.
Todo parecía indicar que en ese lugar se reunían lo que seria la sociedad noble de esa raza, aunque también se podía ver a uno que otro elfo, centauro y mago en el camino.
La mayoría tomaba asiento en lo que según sus libros de estudio le habían enseñado, era un teatro humano.
Pero ellos no tomaron el mismo camino al igual que los demás invitados.
Uno de los acomodadores al notar la presencia de su protectora, los guio por una puerta misteriosa, lejos del escenario.
― Sir Hyun, vuestra comandante, Lady Maximium-Corneliusse acaba de llegar ―la presentó el hombre ante una puerta cerrada, de la cual recibió una respuesta, para luego dejarlos solos.
Camino siguiendo a MC a la privacidad de esta.
― Tardaste demasiado, llegué a pensar que no vendrías ―le regañó la voz de un hombre, recostado en una hermosa bañera de porcelana.
― Deja de quejarte, estoy aquí, es lo que cuenta…
Yoosung quedó observando al desconocido, mientras este discutía con su ama.
Aquel hombre era de tez casi tan clara como las palomas mas blancas. Y su pelo largo y cenizo a pesar de estar recogido en una simple coleta, le otorgaba un aire distintivo a su rostro, inundado por sus ojos brillantes, rojos como la sangre.
Era tan hermoso, incluso para sus ojos de hada, que estaban acostumbrados a la belleza, al grado de que esta normalmente ya no les interesase.
No pudo evitar compararse y agachar la mirada al sentir que su aspecto, a pesar de siempre sentirse hermoso, era común y simple comparado a lado de este hombre… ¿Cómo podía existir un humano tan apuesto?
Su pensamiento se detuvo al notar que esto último no era correcto.
― Hey, ¿qué le pasa a tu amigo?, ha estado viéndome cabizbajo desde que llegaron ―objetó el cenizo, mientras lo miraba con curiosidad, agitando la cola que sobresalía de la tina con agua.
― ¿Eh? Ah… te refieres a Estrellita, no le pasa nada, solo es bastante tímido ―respondió MC, mientras atraía a este a su lado y le hacia una seña para que se quitase la capucha y saludase a su anfitrión―. Y no es mi amigo, es mi esclavo, lo compré de oferta cuando volví de mi última cruzada.
― ¡¿Tu esclavo?! ―exclamó el cenizo con notorio asombro―. Recuerdo que habías dicho antes, que la sola idea de tener un esclavo te producía flojera, ya que tendrías que cuidarlo para que no se te muriese por descuido… me cuesta creer que hayas terminado comprando uno…
― Como ya te dije, lo compré por que estaba de oferta, fue una compra impulsiva. Si te gusta, puede vendértelo.
Yoosung entrecerró los ojos al ver como hablaba de él como si fuese un producto defectuoso en oferta que tratase de vender.
― Cierto que eres impulsiva… mmm… sabes que yo ya tengo muchos esclavos ―el cenizo volvió a mirar al rubio, en busca de algo que le llamase la atención―. Oh… esas orejas levemente puntiagudas a un lado… no me digas que te compraste un hada cautiva…
― Si, es un hada. Carece de fuerza, pero es bueno cuidando la casa.
― Ya veo… debo admitir que me asombra el hecho, pero no puedo comprártelo. Ya tengo esclavos que se encargan de la limpieza de mi teatro. No necesito uno más por el momento…
Su charla luego de eso se volcó hacia otra dirección, por varios minutos, hasta que este extendió sus manos.
MC lo sacó de la tina, aprovechando la fuerza de sus brazos, para recostarlo en el diván elegante que había a un lado del lugar.
― Si no te molesta, esta vez tomaré un poco mas de lo normal, ya que tendré una temporada agitada ―dijo Hyun, mientras la abrazaba para evitar resbalar de su lado, al carecer de extremidades inferiores.
― Bien, pero controla tus uñas o te golpearé ―aceptó MC, para luego ver a su compañero rubio, quien los miraba preocupados al notar su acercamiento―. Estrellita, tal vez esto te traume, así que eres libre de darnos la espalda si lo deseas.
Yoosung se quedo quieto ante su aclaración.
¿Qué pensaban hacer frente a él, que lo obligase voltear la vista?
¿Acaso era algo sucio?
O tal vez…
Entreabrió los ojos al recordar los escritos que estudió sobre la raza del cenizo.
Las sirenas eran seres hermosos que residían normalmente en el mar, pero tenían la facultad de salir a tierra firma siempre y cuando bebiesen la sangre de un elfo…
Cierto miedo lo invadió al ver como el tal Hyun abría su boca y mostraba unos colmillos largos y afilados, para luego perforar el hombro y brazo de MC, quien entrecerraba los ojos por ratos, aguantando el dolor que esto le provocaba.
Lo cierto es que las sirenas, o ente caso específico, tritón al ser un hombre de su raza, eran los vampiros de los seres del imperio en que vivían. Siglos atrás, se alimentaban y devoraban humanos, pero luego de la alianza, se limitaban a comer solo animales terrestres y negociar áreas de pescas para poder obtener la sangre preciada de los elfos, que le otorgaban por la energía de estos, la transformación de su cola de pez, en piernas.
MC lo empujó con fuerza para apartarlo, al notar que este empezaba a convertirse y mostrar el lado salvaje de su especie por la sangre, que en su caso era mestiza.
El cenizo se revolcó en el suelo, para de a poco calmarse y empezar con la transformación de cola en dos piernas.
Fueron los dos minutos más incomodos que había presenciado desde que llegaron a ese lugar.
De su bolso, extrajo un paño para limpiar la piel de su ama, de aquellos hilos de sangre que surgían aun levemente de las mordidas.
― Tranquilo, es solo unas mordidas, estaré bien ―le dijo MC, al notar que sus manos temblaban ligeramente.
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Ya reincorporados, el cenizo le agradeció su ayuda.
Lo cierto es que este tritón había huido de su destino en el mar, rechazando ser uno de los príncipes de su raza, para vivir en la tierra de los humanos, donde disfrutaba ganarse la vida cantando y actuando con sus dotes de sirena.
Y el hecho de que tuviese su propio teatro, era muestra de que no le iba nada mal. Y seria así, mientras consiguiese beber la sangre de un elfo.
― Por cierto, antes de que me olvidé ―Hyun le hablo mientras se acomodaba la corbata de encajes de su traje―. El loco herrero desea verte, parece que ya sabia de tu esclavo adquirido. Me pidió que te expresase que pases apenas puedas por su taller, si no quieres perder tus beneficios con él…
― Ahg… ese loco… ―MC sonó fastidiada―, pensé que tendría un buen tiempo antes de que se enterase de que había vuelto de la cruzada…
― Jajaja deberías dejar de frecuentarlo, si tanto te molesta.
― Me gustaría, pero necesito de sus contactos para obtener cierto armamento y mejorar mi rendimiento en batalla.
― Me imagino. Yo debo irme al escenario. Si gustas, puedes dejar a tu esclavo aquí y volver por él luego.
― ¿Puedo?
― Por supuesto, te debo eso, aunque sea, ya que te niegas a aceptar que te pague el dinero por tu sangre.
El cenizo salió luego de eso, para dejarlos solos.
Yoosung se negó en un principio a la idea, pero no tuvo opción más que obedecer.
.-.-.-.-.
Los minutos se convirtieron en mas de una hora, y la espera en esa habitación lo impacientaron.
Si MC tardaba en volver, supuso que no le molestaría ir a deambular por el lugar, mientras no llamase la atención.
La habitación estaba cerca de un salón que daba vista de todo el teatro, donde el cenizo actualmente interpretaba una obra.
Se apoyó en la pared de auel lugar privilegiado a modo de espectar como sirviente, cuando a los minutos, una presencia lo agarró bruscamente de un brazo, para que voltease a mirarlo.
Su corazón se aceleró al notar que no era su ama, pero si alguien que conocía desde mucho más antes.
― ¿Vander…wood?
Fue lo único que logro articular en una mezcla de alegría y conmoción, mientras observaba la misma reacción en el mencionado.
FIN DE LA PARTE 2.
