XI

Harry abrió sus ojos y sintió un profundo dolor de cabeza; le costó trabajo ignorar un poco la punzada doliente antes de poder siquiera enderezarse. Gracias a la experiencia, sabía que eso se debía a que se desmayó después de una fuerte caída; parpadeó muchas veces antes de recobrar ligeramente el sentido y ubicación. Reconocía la cama mullida del cuarto de enfermería de la escuela, la luz solar se disipaba lentamente por la ventana, dando paso a los primeros mantos de azul marino que cubrían el cielo; por lo que dedujo que ya era de noche, lo más probable es que pocos momentos antes de la cena. Inspeccionó a su alrededor y no había otro alumno o persona ahí, estaba solo.

El olor a incienso de lavanda le relajó, y fue cuando recordó que estaba jugando un partido de Quidditch, se revisó así mismo e incluso aún llevaba puesto parte de su uniforme deportivo, excepto los protectores de los brazos y piernas.

¿Qué había pasado?

—Al fin despierta, señor Potter —dijo Madam Pomfrey entrando por la puerta y sostenía con sus manos una pequeña taza de barro—. Nos tenía a todos preocupados. Tome, beba esto.

—¿Qué sucedió? —Preguntó aún con dolor de cabeza y bebió todo el contenido del recipiente antes de recibir una segunda orden. Sabía asqueroso.

—Un caos, eso sucedió —contestó ella, dejando nuevamente su sitio junto a él para dirigirse nuevamente a la salida—. Dejaré pasar a sus amigos, creo que se sentirá más cómodo que ellos le platiquen.

Harry se acomodó sobre la cama para quedar sentado. Pronto, vio a Ron y Hermione entrar con prisa y corrieron directamente hacia su cama; Hermione fue quien se abalanzó sobre él y le abrazó; él correspondió el gesto y Ron sólo se quedó junto a ellos del otro lado de la cama.

—Harry, nos diste un buen susto. —Hermione se separó un poco de él y sonrió con alivio en su voz.

—Y vaya golpe, ¿te encuentras bien? —Ahora Ron, quien aún vestía su uniforme de Quidditch, fue quien habló y puso su mano sobre su hombro.

—No sé, me duele mucho la cabeza —respondió él tallando sus ojos—. ¿Qué pasó? Recuerdo estar jugando Quidditch… y de ahí todo está en blanco.

Ron y Hermione se vieron entre ellos a los ojos un instante, evadiendo su mirada llena de preguntas. Eso sólo sucedía cuando le querían ocultar algo, y no podía evitar pensar en otra cosa más grave que Gryffindor haya perdido.

Y todo por culpa suya.

—Verás, estabas muy cerca de la snitch, pero por alguna razón, no la veías, y Malfoy aprovechó eso y comenzó a perseguirla…

—Slytherin comenzó a liderar el partido —continuó explicando Hermione—. El otro Harry era demasiado bueno, los golpeadores no podían hacer algo para derribarlo o siquiera asustarlo. Anotó 70 puntos él solo y apenas llevaban menos de 20 minutos.

—Aun así, llevábamos casi los mismos puntos, Ginny hizo todo lo que pudo para no dejarnos atrás. —Ron tomó asiento sobre la cama, intentando modular su voz.

—Tu estabas buscando la snitch, pero mientras más anotaban puntos Slytherin, parecías… más distraído.

—No estabas concentrado —dijo Ron bastante seguro con tono de reproche.

Harry no pudo sostener la mirada inquisidora de sus amigos y recargó su cabeza en la cabecera de la cama. Poco a poco, venía a su mente los recuerdos difusos de la mirada del otro Harry, con ese orgullo tan Slytherin y la sonrisa que tuvo al anotar el punto 190 para su casa ya que, con ello, indicaba que anotó 15 veces él solo a Gryffindor.

Había ganado la apuesta en cuestión de momentos.

Poco a poco se relajó y volvió a verlos.

—Pero no fue tu culpa, casi enseguida Draco encontró la snitch y la atrapó. —Hermione puso su voz conciliadora, y miró con el ceño fruncido a Ron, quien sólo alzó sus hombros.

—Ron tiene razón, Hermione —dijo Harry resignado—. Tenía que estar enfocado en atrapar la snitch, y en su lugar, estuve vigilando un puesto que no me corresponde.

—Bueno, no te puedo culpar de todo, yo tampoco pude hacer mucho —dijo Ron ya con una pequeña sonrisa y mucho rubor en el rostro—. Ese Harry está desquiciado, ¿cómo alguien puede anotar tantos puntos solo? Pudo evitar a Jimmy, viejo, ¡A Jimmy! Sabes que él es de los mejores golpeadores y no logró siquiera acertarle un tiro.

—No es de sorprenderse en realidad —dijo Hermione casualmente, aunque pronto se arrepintió de haberlo dicho, pues las miradas de Ron y Harry se posaron sobre ella insistentemente. Apretó sus labios y Harry estuvo a punto de sacarle a punta de varita la verdad, hasta que decidió continuar—. Es decir, me contó que, en la otra dimensión, fue el mejor cazador de Hogwarts, e incluso muchos equipos profesionales lo querían reclutar desde que tenía catorce años.

—¡Eso es imposible! —Ron se veía bastante atónito—. ¿Cómo es posible que quisieran ofrecerle contratos siendo tan joven?

—Su mejor marca fueron 320 puntos en un partido escolar contra Ravenclaw. Al parecer el encuentro sólo duró 3 horas.

Ron y Harry vieron a Hermione con los ojos bastante abiertos.

—Es una broma, ¿cierto? —preguntó Ron con voz temblorosa.

—No vi un recuerdo para saber si fue verdad lo que nos contaba a Draco y a mí —contestó Hermione—. Pero, como fueron las cosas hoy, no creo que sea del todo una mentira.

Harry sintió náuseas en su garganta y apretó las sábanas que lo cobijaban con mucha fuerza. Se sintió realmente estúpido por haber caído en la trampa de aceptar una apuesta hecha por el otro, después de todo, ¿por qué el otro lanzaría una apuesta en la que no estaría seguro de ganar? Era claro que su contraparte Slytherin sabía que ganaría.

Y ahora le había dejado el camino libre con Draco.

—Pero hay algo que aun no entiendo, ¿por qué me caí de la escoba?

—Bueno, aún no sabemos qué ocurrió realmente —respondió Ron sobando su cabeza—. Cuando Madam Hooch marcó el final del partido en el momento en que Draco atrapó la snitch, el otro Harry y el resto de Slytherin volaron hacia Draco para comenzar a celebrar, y después de eso, tú te acercaste a ellos e ibas con un rostro muy enojado, muy similar a cuando tenías el guardapelo. Tenías tomado de las solapas al otro Harry, hubo una explosión de magia y caíste de tu escoba contra el pasto.

—Cuando bajé de las gradas, estabas inconsciente —dijo Hermione acariciando la muñeca de Harry—. Tenías una pierna rota y dos costillas fracturadas. Corrimos a traerte a la enfermería para que te restauraran, al parecer ya estás fuera de peligro.

—Fuimos con McGonagall para ver qué haría contra el otro Harry, porque claro que hizo algo para aventarte lejos y que te lastimaras. —Harry reparó que Ron seguía con su uniforme de Quidditch, y que lo más probable es que aun no haya comido… de ahí la molestia que parecía expresar en sus palabras.

—Pero cuando llegamos a la dirección, ella sólo nos dijo que el otro Harry no hizo nada y no podía castigarlo por ello.

Los tres guardaron silencio cuando terminaron de contar lo ocurrido ese día. Harry tomó su cabello y lo jaló; siguió reprendiéndose por todas sus faltas, e intentando recordar qué pasó cuando intentó pelear contra el otro Harry. Pocas veces recurría a un enfrentamiento a puño limpio, no al menos desde que ya no acudía a clases en el mundo muggle, e incluso, hacía lo posible por evitar encontrarse con su primo y sus amigos —sabía que, de hacerlo, estaría tentado en usar su varita—.

Escenas borrosas y confusas venían a su mente, el recuerdo agrío de ver cómo Slytherin anotaba punto tras punto gracias al Harry de su equipo, la preocupación de no poder encontrar la snitch, la impotencia cuando se distraía cada vez que escuchaba como los del otro equipo festejaban.

Pronto, el silbato de Madam Hooch finalizando el partido; la mirada de gloria y complicidad que se dirigieron entre el otro Harry y Draco, ambos se abrazaron y como en el rostro pálido de Draco se hacía evidente un sonrojo.

Perdió el control.

Voló hacia ellos y sólo alcanzó a ver la sonrisa victoriosa del otro Harry diciendo tres palabras con voz seria y posesiva.

«Draco es mío.»

La furia inherente, pero reprimida en su ser, se liberó al escucharle hablar. Y, como cuando se encontró con el Harry Slytherin hace días en el baño, explotó la magia sin forma; estaba seguro de que intentó conjurar un repelus, pero al tener sus instintos desatados, chocó con la barrera que formó el otro Harry y eso fue lo que le hizo perder el equilibrio y caer al vacío.

Sabía que, de continuar así, terminaría por descender en picada hacia un destino incierto y oscuro para él. Los sentimientos que tiene hacia Draco, lo estaban llevando a una espiral de emociones que descendía y ascendía con locura.

—Harry, ¿qué ocurre?

Escuchó la voz de Hermione a lo lejos en un susurro, como un faro que intentaba traerlo a tierra firme. Quería ir hacia ese lugar seguro, decir lo que tanto ha reprimido y su corazón ha guardado; intentó regular su respiración dos o tres veces antes de hablar.

—Ayúdenme. —Su voz era suave, pero la desesperación que sentía la reflejaba en su rostro.

—Lo que necesites, compañero —dijo Ron bastante seguro. Tomó su mano y la apretó fuerte—. Somos mejores amigos, siempre estaremos ahí para ti.

Harry respiró hondo muchas veces más antes de volver a hablar.

—Estoy enamorado de Draco Malfoy, y no sé qué hacer.

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¡Y bueno! Harry Gryffindor (al fin) va a poner las cosas interesantes : )

No lo odien por favor, es que está chiquito y apenas le cae el veinte de muchas cosas. Mil gracias a todos por sus comentarios, favoritos, kudos, pensamientos... soy muy feliz que gente de otros países lee lo que escribo, y cuando lo leen personas que su lengua madre no es el español, bueno, es una bomba de azúcar directa a mi corazón.

Nos leemos en el siguiente capítulo. *corazón*

Besos de pan con miel.