DESCARGO DE RESPONSABILIDAD DE LISALU: No soy propietaria de Dragon ball z ni de ningún personaje del mismo. No recibo ningún dinero por escribir esta pieza de ficción.

La tetralogía del dragón rojo

II. Temporada de la luna

Capitulo cinco

Vínculos

—¡Deténte! —le gritó Pan al oído—. ¡Mira!

Trunks dio la vuelta y se elevó solo lo suficiente para ver por encima de las copas de los árboles. A lo lejos, en el distante horizonte, dos luciérnagas de luz que giraban, parpadearon sin previo aviso. Frunció el ceño mientras buscaba desesperado a la pequeña y muy agitada chispa del ki de su madre.

—Kassan los noqueó —dijo.

Ambos suspiraron al unísono, el alivio y el cansancio desapareció de él, entró en ella y regresó. Nuestros padres casi se matan... Por más que lo intentaba, Pan no podía decir si el pensamiento había sido suyo o de Trunks. La oleada de conmoción e inquietud que vio reflejarse en su rostro, que estremeció sus pensamientos, le dijo que él acababa de darse cuenta de lo mismo.

—¿Qué… qué está pasando? —preguntó ella—. Siento como…

—... si nuestros pensamientos y nuestros sentimientos estuvieran entretejidos. —Trunks terminó la oración y Pan vio en su mente la imagen del torpe intento de Goten de explicarle cómo había sido todo con Bra, cómo sería siempre a partir de ahora. Ella se giró en los brazos de Trunks para mirarlo, el dulce olor a cedros y arces sangrando savia en la noche caliente se elevó alrededor de los dos. Pero, por encima del embriagador aroma, estaba el olor del hombre que ahora la sostenía. Pan sintió cada punzada, cada ritmo y cada temblor del cuerpo de Trunks. Sintió que su corazón comenzaba a latir al mismo tiempo que el suyo, lo sintió que tensarse y lo sintió endurecerse contra ella. Nada de eso la imbuyó con algo parecido a la aterradora mezcla de miedo y anhelo que tenía por su padre. Vegeta-san era tan oscuro, ardiente y violento, él era…

—… demasiado mayor —dijeron juntos en voz alta y Trunks se rio suavemente en su oído—. ¿Eso significa que no lo soy?

—Tú... —La joven buscó las palabras adecuadas—. No me asustas. Nunca podrías asustarme, eres mi amigo y te amo.

Pan-chan… Pan-chan, no debemos, él no dijo las palabras en voz alta, pero se las hizo escuchar. Ella sintió la lucha interior, vio la imagen del rostro ensangrentado de su padre: «Confío en ti, Trunks-kun». Y pisándole los talones, otra imagen, clara y brillante como una instantánea, de sí misma caminando inestable por la playa en Kame House, su mano regordeta agarraba los dedos de un Trunks de catorce años para apoyarse. Las olas llegaban a la base de su pañal, que se caía hasta la mitad de su pequeño trasero.

—Ya no soy una bebé, Trunks-kun —susurró Pan casi enojada.

—Tampoco eres una mujer. —La voz de Trunks sonaba angustiada. ¿Por qué, se preguntó ella, se reprimía así? Luego pasó la mano entre los dos para tocar los duros músculos de su abdomen y dibujó círculos lentamente. Él se estremeció, su respiración se aceleró.

—La mayor parte del mundo me vería como una mujer. La mayoría de las chicas de mi edad en la aldea de Ub-kun ya están casadas.

—Pan-chan… —Ella podía sentir que la resolución de Trunks fluía como el agua en un colador y quedó colgando de unos hilos con palabras como honor y decencia, palabras que se volvían más difíciles de definir a cada segundo que pasaba. Pan lo besó de lleno en los labios y casi gritó de alegría por haber hecho lo que soñó hacer durante tanto tiempo. Dónde encontró el valor, nunca sabría, no podría haber concebido ser tan atrevida hace menos de una semana, pero con la otra mano lo acarició en la zona lumbar, agarró la cola y la apretó suavemente. ¡Bulma-san tenía razón! Él gritó con una voz ronca haciéndola saltar sorprendida, lo que rápido se desvaneció por el cálido ardor de la satisfacción, la primera sensación plena de su poder como mujer, de saber que ella, con solo su toque, le había hecho eso. Pan bajó los dientes hasta la unión de su cuello, los hundió, Trunks gritó de nuevo y la sujetó más fuerte, con tanta fuerza que ella pensó que sus costillas se romperían. Una ligera brisa hizo crujir los árboles al inclinarlos y Pan sintió esa calidez contra la desnudez de su piel empapada de sudor y la suavidad húmeda y sedosa del cuerpo desnudo de Trunks al que abrazaba. Levantó la cabeza con la boca llena de su sangre dulce y caliente, no pensó en preguntarse adónde habían ido de repente sus ropas, luego él le clavó los colmillos en el hombro y ya no pensó en lo absoluto.

Todo dentro de ella estaba en llamas mientras giraban lentamente sobre el suelo del bosque en un vals aéreo, sus senos bajo las manos de Trunks, su piel ardiendo donde él la tocaba con la boca. La desgarrada agonía de su desesperada y dolorosa necesidad por él iba de entre sus piernas, atravesaba su cuerpo y llegaba hasta su palpitante corazón. Un rayo de luz azulada de Tugol cayó sobre su rostro de Trunks y ella pensó que moriría con la belleza de esa imagen encerrada en su mente: hermoso, hermoso, hermoso…Y, aun así, él no hizo ningún movimiento para tomarla, para quemar la última puerta de su infancia intacta por la batalla, la invasión y la lucha de los últimos dos años. Trunks continuó besándola, besando todo su cuerpo, hasta que Pan sollozó por algún tipo de liberación. Él envolvió la cola alrededor de su cintura para mantenerla cerca y su mano encontró el camino para acariciarle la cola. Bajó la otra mano para acariciarla suavemente entre sus muslos, ella lo rodeó con sus piernas y gimió en voz alta cuando todo se rompió en su interior antes de que él volviera a construir otro clímax bajo la suave presión de sus dedos. Era como morir y resucitar con un hambre insatisfecho que crecía más con cada probada de lo que ansiaba. Trunks la bajó sobre la alfombra verde cubierta de helechos del suelo del bosque, todavía la exploraba con las manos y la boca, su respiración era entrecortada por el esfuerzo.

...No te... no te haré daño...

Pan penetró de lleno en su mente, lo buscó y encontró un infierno de dudas y culpa hecho gritos, de recuerdos de dolor y tortura, de asesinatos, obscenidades y una brutalidad a un nivel que jamás había imaginado que existiera, recuerdos de esa época que nunca sucedió y que, sin embargo, eran tan reales como la barbacoa de la semana pasada en la Corporación Cápsula. Ella se abrió paso a través del infierno ardiente de Tsirusei y de las dos vidas ahora fusionadas dentro de Trunks, buscó frenéticamente lo único que aún no había visto allí, lo único que necesitaba más que su próxima bocanada de aire. Y lo encontró.

La amaba.

La había amado toda su vida, como amaba a Bra, como amaba a Goten. Había llegado a admirarla cuando viajaron juntos por el espacio, envidiaba su espíritu de lucha, su optimismo, su feroz e inquebrantable amor y lealtad… cosas que pensaba que la marejada olvidada de la pesadilla de Tsirusei había lisiado en él. Nunca se le ocurrió verla como un hombre ve a una mujer hasta anoche y ahora... El amor, la amistad y el respeto se habían transformado por el deseo en el tipo de amor que Pan deseaba de su parte con tanta naturalidad y facilidad como el hielo que se derrite en agua durante la primavera.

Ahora estaba por encima suyo, moldeado contra las suaves curvas de su cuerpo, su dureza colocada contra ella. Solo haría falta un breve movimiento y estaría dentro. Y de repente Pan sintió una punzada de miedo: miedo a lo desconocido, miedo a que, mientras el reflector mantenía a raya la locura por ella, la sangre mitad saiyayín de Trunks abrumara el collar que usaba. Miedo a la absoluta irrevocabilidad de lo que estaban a punto de hacer. Trunks captó la corriente de sus pensamientos y una ola de horror lo invadió. Él gimió y controló su movimiento hacia adelante con un esfuerzo de voluntad que Pan solo pudo imaginar y luego enterró el rostro en su hombro.

—Lo siento… —suspiró ella, sus ojos se llenaron de lágrimas—. Te quiero... ¡Por favor, no pares! Lo siento...

Trunks la beso.

—Shhh... Pan-chan... Pan, si me amas... estoy hecho pedazos... no puedo, no te ataré a mí para siempre a los quince. Ambos necesitamos tiempo. Tiempo para que vivas más de tu vida, tiempo para que yo me recomponga. ¡No puedo entregarme a ti cuando ni siquiera sé quién soy! Si me amas…

—¡Te amo! —Ella sollozó.

—Y yo a ti... demasiado para no esperarte.

Atacaron en el mismo instante, en una perfecta sincronización física debido a su vínculo mental, los dos golpearon el punto de presión neuronal en la base del cráneo del otro y cayeron sin fuerzas y sin soñar en un abrazo de amantes.


Gokú no podía moverse. Una mirada al rostro asustado de Milk le dijo que lo mismo le sucedía a ella.

—Sabes que esto no lo traerá de regreso —le aseguró con los dientes apretados—. Sea lo que sea que nos hagas, Frízer seguirá muerto.

El pequeño le siseó como una serpiente.

—¡Hipócrita! ¿Quién diablos eres tú para sermonearme sobre "aceptar la muerte" como un buen mortal cuando tú y esa perra de cabello azul fueron los que lo mataron? ¿Cuándo, Son Gokú, en toda tu vida tonta has aceptado la muerte de alguien que te importa? ¡No! ¡Siempre tuviste las esferas del dragón para hacer que todo termine bien!

Gokú abrió la boca para hablar… y la cerró. El niño tenía razón, siempre había hecho que todo terminara bien al final, sin importar lo que sucediera, con las esferas del dragón. Era doblemente así ahora que llevaba las orbes de Shen Lon dentro de él. Estaba seguro de que el niño no tenía idea de la ubicación actual de las esferas del dragón de Chikyuu, no es que fueran de ayuda durante meses en cualquier caso. Estaba usando todas las técnicas de meditación que conocía para luchar contra lo que crecía dentro de él: la ardiente locura. Disminuyó la respiración a fin de detener el ritmo galopante de su corazón.

—Si quisieras, ¿podrías deshacer lo que hiciste esta noche?

—¿Por qué querría hacer eso? —El niño se burló, sus ojos los miraron de arriba abajo con repugnancia—. ¡Animales asquerosos!

—¿Podrías? —lo presionó Gokú. Cualquiera sea el control mental que el tsiruyín le había impuesto, era tenue y estaba a punto de caer. Todavía no podía mover un músculo, pero tenía la sensación de que el niño había sobrepasado el alcance de su fuerza esta noche sin darse cuenta. Si pudiera romper su concentración...

—Te soltaré —dijo Gurasia con una sonrisa—. Cuando hayas perdido la razón lo suficiente, cuando el reflector finalmente se apague en poco tiempo. Entonces te veré despedazarla. —Volvió los ojos hacia el este para buscar algo y soltó una carcajada—. Creo que el príncipe de Vegetasei pronto matará a su esposa o ella lo matará. De cualquier manera, me vengaré de los dos, pero será interesante ver de qué forma se desencadena ese pequeño duelo. —Él se encogió de hombros—. Solo limpié su mente por unas horas. Mi padre me dijo que no sería divertido si no se despertaba como él mismo mañana, después de haber violado y asesinado lo primero que amó. —Unos ojos demasiado grandes se volvieron hacia Gokú—. Me temo que no es y nunca será un tipo estable. Es obra de mi padre. Me imagino que se suicidará cuando se despierte con ella muerta en sus brazos y se llevará a este mundo rancio e infestado de alimañas con él.

Gokú apretó los dientes para reprimir la ira. ¡Piensa! Usa la mente hábil que te dio para deshacer los planes de su padre. Tenía que haber una manera, ya que era tan joven, de atravesar la malicia instintiva y el odio xenófobo de la raza tsiruyín, de atravesar el veneno de las enseñanzas de Frízer, hacia la persona, el alma que yacía dentro de ese pequeño cuerpo. Gokú no podía creer que no fuera posible.

—Dime lo que realmente quieres —logró decir.

—¿Lo que quiero? —El pequeño tsiruyín comenzó a temblar de rabia—. ¡Quiero venganza, mono estúpido! ¡Quiero ver a mi padre triunfar por fin sobre todos ustedes! —Se atragantó, su voz aguda se rompió—. Quiero, quiero…

El control sobre la mente del saiyayín se deslizó infinitesimalmente, lo suficiente para que Gokú se librara de la parálisis y saltara para sujetar el cuerpo pequeño y frágil del niño en un agarre mortal.

—¡Hazlo! —sollozó el niño—. ¡Asesino! ¡Asesino de una raza de asesinos! ¡Solo finges que eres mejor que yo!

Donde encontró la idea, nunca lo sabría, pero lenta, muy lentamente, aflojó su agarre lo suficiente para que el niño respirara y le hizo una pregunta.

—Si pudieras tener cualquier cosa en el universo, ¿qué querrías?

Gurasia temblaba de furia, miedo y odio por este, el mayor enemigo de su padre, pero las palabras salieron a la fuerza antes de que lograra detenerlas.

—¡Lo quiero de vuelta! ¡Quiero a mi padre!


Las extremidades junto con las ramas y la maleza que se rompieron debajo de ellos frenaron su caída por apenas la velocidad límite. Vegeta gruñó de dolor cuando aterrizaron en un enredo, él quedó debajo del de ella, el agarre de su tobillo se había perdido. El rayo blut polarizado le había paralizado temporalmente el ki y la capacidad para aumentar su poder.

Los tranquilizantes lo dejaron atontado, débil y desorientado, pero incluso en ese estado de deterioro, era más fuerte y más resistente que cualquier humano con toda su fuerza. Ella rodó para bajarse de él y gritó cuando las partes rotas de su fémur izquierdo se juntaron. ¡Soy una chica con suerte!, pensó, tuve una caída monumental y salí con solo una pierna rota. ¿Por qué no se sentía afortunada?

—Perra. —Vegeta jadeó débilmente. Bulma se arrastró hacia atrás, fuera de su alcance—. ¿Qué me has hecho?

—Evité que Gohan y tú se mataran —murmuró ella mientras buscaba a tientas el otro cargador de tranquilizantes. Quedaba uno. Algo le dijo que eso no sería suficiente—. Supongo que no me lo vas a agradecer, ¿no? —Miró sus ojos nublados y llenos de odio, y quiso romper a llorar como una niña por todo lo que había perdido, por todo lo que él había perdido. De alguna manera, Vegeta captó el borde de ese pensamiento y se burló.

—¡Ya no soy tu perro faldero, mujer!

—Nunca lo fuiste. —Bulma se secó la frente y empezó a retroceder—. Vegeta... sé que no te acuerdas y también sé que te es difícil pensar ahora, pero ese niño te mintió.

—¿Así? —Él se incorporó aturdido hasta apoyarse en sus rodillas y sus manos, luego empezó a avanzar hacia ella dolorosamente—. ¡Dime cómo me quito este collar del cuello, perra!

—Viniste a Chikyuu para robar las esferas del dragón… —Bulma sintió otra punzada de agonía mientras continuaba alejándose—. Terminaste destruyéndolas cuando mataste a Pícolo. En realidad, Nappa lo mató.

—Me lo compro —dijo Vegeta sonriendo—. He visto agujeros negros más brillantes que Nappa.

—Luego... fuiste a Namekusei para buscar las esferas del dragón de allá. Nosotros también fuimos. Todos terminaron peleando contra Frízer. ¡Frízer está muerto, Vegeta! Lleva treinta años muerto. No hay ningún imperio tsiruyín para que lo derribes y no hay ningún Frízer. Ya cobraste tu venganza. —Él rozó con las yemas de sus dedos la suela del zapato de Bulma y ella retrocedió con un sollozo de dolor.

—No toda mi venganza —le aseguró Vegeta con una voz ronca—. El niño dijo…

—¿El hijo de Frízer? ¡¿Crees en el hijo de Frízer?! ¡Baka! ¡Él quiere matarnos a todos por la muerte de su padre! Quiere que me mates porque sabe que eso te destruirá. —Bulma parpadeó rápidamente contra las lágrimas. Las lágrimas siempre lo habían enfurecido cuando lo conoció por primera vez.

—Entonces. —Vegeta sonrió y la comenzó a flanquear mientras ella se arrastraba hacia un lado. Se estaba acercando—. Maté a Frízer y conseguí las esferas del dragón. ¿Fue entonces cuando traicionaste nuestra pequeña "alianza"? ¿Cuando pusiste esta correa alrededor de mi cuello y torciste mis pensamientos con tu máquina de control mental para convertirme en tu puta? —Lanzó un gruñido gutural y ahogado antes de abalanzarse sobre ella. Bulma rodó, él cayó de bruces y gruñó débilmente.

—¿Eso es lo que te dijo? —Ella jadeó—. Vegeta, eres mi esposo. Has vivido conmigo todos estos años por tu propia voluntad... y me amas.

—Ah... —Él se levantó de nuevo—. Podría haber gobernado la galaxia, pero no lo hice. Podría haber deseado la inmortalidad, pero no lo hice. Podría haber dejado esta apestosa bola de barro de planeta hace tres décadas, pero me quedé, ¿Y todo por ti? —Escupió y su cola se movió de un lado al otro como la de un gran felino enojado—. Eres una mentirosa. —Una corriente de sus pensamientos rozaron los de Bulma y ella inhaló bruscamente con náuseas por lo que vio allí: asesinato y carnicería humeante de una cuna roja empapada de sangre. Placer en la muerte y en la destrucción, en el poder y la conquista. Alegría por la emoción de cada nueva batalla y por el orgullo en el rostro de su padre. Dolor, humillación, tortura, violación y una vergüenza abrumadora a manos de Frízer. Se había levantado como el ave fénix de su orgullosa y violenta infancia para conocer solo el odio, la rabia y, por encima de todo lo demás, la desesperada e imperiosa necesidad de tener el control… y, sin embargo, nunca se sintió en control de nada, nunca se sintió seguro. El respeto propio fallaba y se convertía en polvo todos los días de su vida con nada más que la suave risa burlona y la sonrisa rubí del señor de Tsirusei. Hubo asesinatos, atrocidades y un genocidio generalizado a una escala casi inimaginable... ninguno de los cuales borraría jamás el sonido de esa dulce risa burlona. Bulma lo vio reír en los rostros de los seres que lloraban y le suplicaban mientras quemaba los planetas que los rodeaban. ¡Oh, dioses, dioses, dioses! Ella retrocedió con terror y repulsión. Nunca se había permitido pensar demasiado o muy profundamente en lo que fue el hombre que amaba antes de conocerlo. Y ahora veía todo a través de sus ojos como si hubiera sido ayer…

—¿Qué pasa "esposa"? —Vegeta se rio—. ¿No quieres vincularte conmigo? ¿Viste algo en mi mente que no te gustó? ¿Por qué mejor no nos saltamos directamente al apareamiento? —Le agarró el extremo inferior del pantalón y la jalo hacia él con un tirón brutal, solo para desplomarse gritando cuando Bulma apretó un botón del control del reflector que llevaba en su cinturón. Vegeta lo golpeó a ciegas, atrapó la punta del dispositivo y lo envió a volar hacia la oscuridad que los rodeaba. Se congeló cuando ella se preparó para volver a pensar en él y esta vez le abrió su propia mente.

Mira la verdad, Vegeta... déjame mostrarte tu vida: Derrota en Chikyuu, su muerte a manos de Frízer con un dolor y una tristeza insoportables por no haber podido vengar a su raza y a su planeta. Resurrección, desorientación y las primeras semillas de su atracción por Bulma, nacidas al mismo tiempo que su creciente obsesión por derrotar a Kakaroto, por darle una paliza a ese soldado común que había alcanzado el poder del Legendario primero. Su entrenamiento hasta que sus huesos se agrietaron y rompieron durante el día antes de hacer el amor, antes de aprender a hacer el amor por la noche. Su rechazo a Bulma y al niño que crecía en su interior con palabras agresivas y crueles, y el abandono, que ella sabía, enmascaraba su terror por las emociones que estaba sintiendo. Mirai Trunks, Cell y la vida sin la existencia de Kakaroto, que quemó un agujero en su cerebro. Tiempo de paz, el primero que había conocido, su aceptación a regañadientes del amor que Bulma le ofreció y sus intentos vacilantes, forzados y torpes por devolverlo. Algo así como el primer débil amanecer de satisfacción, siempre roto por el miedo constante de que todo pudiera serle arrebatado en cualquier momento. «¡Papá, enséñame a pelear!», una carita que era una copia de la suya pintada con colores humanos. Muerte de nuevo, en el primer acto completamente desinteresado de su vida, que no salvó a sus seres queridos de los acontecimientos que había puesto en marcha. Otro renacimiento y otra oportunidad… Un centenar de imágenes, miles y miles. Su rostro contraído en agonía hace semanas cuando se dio cuenta de que iba a ver a Chikyuu destruido, como Vegetasei fue destruido, y no había nada que pudiera hacer para detenerlo. Su mirada nerviosa, con algo de miedo y asombro cuando sostuvo por primera vez a Bra de cabello azul, que gritaba enrojecida. Sus ojos ardiendo en ella, su cuerpo presionado fuertemente contra el suyo en la hora más oscura de la noche, su voz: Bulma, te amo...

—¡Detente! ¡Detente! —Vegeta soltó el enlace, se abalanzó sobre bulma y le bloqueó la garganta con una mano.


¿Puedes hacerlo o no? —preguntó Gokú rechinando los dientes.

La voz oscura y retumbante de Enma Daiosama sonaba apagada y algo nerviosa. ¿Cómo, se preguntó Gokú fugazmente, había llegado a un punto en su vida donde el guardián de los muertos casi temía hacerlo enojar?

No es una cuestión de no poder, es una cuestión de si debería y yo no debería hacerlo. Incluso si tanto Frízer como Pícolo-san están de acuerdo…

No estoy de acuerdo, la voz incorpórea de Pícolo murmuró enojada y Gokú sintió que tanto Enmasama como Gurasia se estremecían ante la repentina sensación de la presencia del namekuseiyín, si fuera por mí, arrastraría al pequeño bastardo conmigo y lo metería en la misma celda con su papá ... pero confío en los instintos de Son. Su voz pareció alejarse de ellos, ¿has escuchado todo eso, cretino? ¿Entiendes lo que te ofrecen?

La voz de Frízer sonaba intrigada.

Vida, renacimiento... la muerte de mi identidad... Olvidaría todo y sería otra persona... ¿Quién, puedo preguntar, sería?

¡Padre, padre, padre!

Gokú captó la ráfaga espectral del paso de Gurasia saltando a unos brazos que no eran físicos, pero que, sin embargo, lo envolvieron en un abrazo aplastante.

Si…, Gokú forzó el pensamiento a través del creciente estruendo en sus oídos. Si hacemos eso, Frízer, Enmasama te dejará renacer como el hijo de Gurasia cuando alcance la madurez. Dejará la... anomalía de tu amor por el niño intacta. Cuando nazcas, podrás amarlo tanto como él te ama a ti. Y él sabrá que eres tú, incluso si no lo recuerdas, pero primero tienes que ser humilde.

Una ola negra y venenosa de odio arremetió contra él.

Mooono estúpido, arrogante y apestoso…

Padre, padre, por favor... ¡escucha!, la voz llorosa y suplicante del niño tsiruyín detuvo las amargas palabras de Frízer.

No puedo y no lo haré, los interrumpió un Enma Daio enfadado, ¡mandar que el alma de este monstruo renazca como el hijo de su propio hijo! ¡Simplemente no!

¿De verdad?, dijo un Gokú tenso, sabía que no iba a poder asirse a su mente por mucho más tiempo, ¿dónde está el alma de mi padre, Bardock?

Silencio del guardián gigante.

Cuando piensan que eres un poco tonto, continuó Gokú, es increíble lo que la gente dice frente a ti... incluso los dioses. Bardock fue limpiado de sus pecados y de sus recuerdos, y regresó a la vida como mi hijo Goten, ¿no?

Ese fue un caso especial, le explicó Enmasama a la defensiva, durante su tiempo aquí, tuvimos una especie de problema técnico... una especie de colapso. Bardock hizo algunas cosas que salvaron a todo el reino de la implosión, luego pidió específicamente renacer como tu hijo.

Este es otro caso especial, Gokú envió la respuesta en privado, no solo salvará las vidas de las personas que amo, también ayudará a alejar a este niño del camino en el que está y le evitará a la galaxia el problema y el dolor de tener que derribarlo eventualmente... podría salvar su alma de la condenación. Volvió su mente hacia la oscura presencia que abrazaba amorosamente a la brillante chispa de la fuerza vital del niño, tienes que decidirlo ahora y para siempre, Frízer. ¿Qué amas más?… tu odio por mí o a tu hijo.

Hubo un silencio tan ensordecedor como el enfrentamiento de los ejércitos de los dioses en los Tiempos del Caos.

¿Qué..., vino la voz suave y sibilante desde el pozo más profundo del infierno, ¿qué debo hacer?

Tu hijo podría haber vivido mucho y haber crecido para reconstruir a tu raza y para restaurar a tu planeta, gruñó Pícolo, pero lo atrajiste a tu vieja guerra contra los saiyayíns y ahora, si Son o Vegeta, o cualquier otro de sus parientes mata a alguien que aman debido al trabajo de esta noche, no habrá ningún lugar en el universo donde pueda esconderse de ellos. ¿lo lamentas?

Bueno, ciertamente desearía haberlo planeado mejor,una pausa, luego más suave, si algo que he hecho en mi vida o en el más allá le causa dolor, lo lamentaré, honestidad absoluta.

¿Lo amas?

sí…

¡Dilo, Frízer!, dijo Pícolo con brusquedad.

¡Sí!, ¡sí!, ¡sí, maldita sea!

Entonces déjalo ir.

Un suspiro y el último hilo de una risa maliciosa mientras él pasaba por la mente de Gokú para ver el caos que su hijo había causado, todavía rodeaba al niño fuertemente con sus brazos… y con un amor tan abrumador, desinteresado y completo que dejó a Gokú sin aliento y aturdido a su paso. El señor de Tsiruyín abrazó a su único hijo un momento más... y después hubo un lavado de pensamiento, memoria y odio, como arena en una playa barrida por una tormenta, hasta que no quedó nada más que el núcleo brillante y ardiente del alma integral del ser que una vez fue Frízer.

Es hermoso, susurró Gurasia.

Te estará esperando cuando tengas la edad suficiente para dar a luz, le explico tranquilamente la voz ronca de Pícolo, ahora mantén tu parte del trato, mocoso.

Gokú tembló de alivio ni bien la fuerza junto con la abrazadora necesidad se desvanecieron y su cuerpo físico se derrumbó inconsciente, después de suspirar, en los brazos de Milk.

Dormirás hasta la mañana, dijo el espíritu del niño pálido que flotaba junto a su cuerpo astral. Ladeó la cabeza con curiosidad, podrías haberme matado muy fácilmente, Son Gokú. ¿No me odias?

Gokú consideró la pregunta por un momento.

Estoy muy, muy, muy enojado contigo en este momento, Gurasia, pero no te odio. Es terrible estar solo.

¿Cómo diablos lo sabes?

Maté a la primera persona que amé, por accidente. Después de eso, me convertí en una especie de salvaje durante unos años. No creo que me diera cuenta de lo solo que estaba hasta más tarde, él exploró la tierra y el cielo en busca de sus amigos y familiares, vio a Krilin acostado herido, aunque no mal, en los brazos de una Dieciocho de aspecto maltratado. Amigo mío, mi más querido amigo, no es justo que hayas envejecido mientras el resto de nosotros todavía seguimos siendo jóvenes. Continuaron avanzando hasta donde Gohan gemía irregularmente junto a una asustada Videl en la bodega del aerojet de Bulma que había aterrizado a salvo a un lado del albergue, incluso ahora él trataba de abrirse paso a través de las capas de drogas, heridas y el rayo blut. Un ligero toque de Gurasia y se hundió de nuevo en un profundo sueño. Gokú se acercó al hombro del niño para atisbar el lugar donde Goten y Bra se aferraban el uno al otro encerrados en la inconsciente agonía del apareamiento, luego pasaron por arriba del cálido y verde valle donde Pan y Trunks yacían inconscientes, inocentes y desnudos una en brazos del otro.

No puedo deshacer lo que les hice a ellos o a ti, dijo Gurasia lentamente, todo lo que en realidad te hice fue una profunda curación cerebral, con respecto a Trunks y a Goten... Sus viejos recuerdos y personalidades se han fusionado con sus seres actuales de una manera indisoluble. Si los retiro, será como si les hubiera arrancado la mitad de sus almas. No estoy seguro de que la mitad que les di no les haya faltado todo el tiempo.

Vegeta...

Oh, dioses, ¿dónde estaban Vegeta y Bulma? Dónde… Los vio a través del radar infalible del barrido mental del niño. La mano de Vegeta se cerraban alrededor de su garganta para exprimirle la vida. Él se dobló y perdió su agarre cuando ella le disparó de nuevo con su último cargador de tranquilizantes. Bulma trató de alejarse, pero Vegeta gruñó débilmente, la agarró por el cabello y la jaló de vuelta. Ella sacó una pistola negra de su cinturón mientras él buscaba a tientas otra sujeción en su cuello con sus manos en garras. La expresión del rostro de Bulma era una que perseguiría a Gokú por el resto de su vida. Fue una mezcla aterradora de dolor, aflicción y un terrible, terrible amor. Vegeta, mi amor, prefiero mataré yo misma antes de dejar que despiertes mañana con el recuerdo de haberme asesinado... Gurasia giró la llave de la habitación cerrada de los recuerdos del saiyayín, él gritó una vez y cayó sobre su espalda.


Vegeta se despertó temblando, era incapaz de moverse. Se las arregló para girar la cabeza lo suficiente para ver a Bulma sentada a unos metros de distancia, pasando un soldador de huesos, uno de sus pequeños juguetes de tecnología médica, sobre su pierna. ¿Dónde diablos estaban? ¿Y qué… ¡La luna!

—¡Bulma! —gritó enojado—. ¿Qué diablos estás haciendo aquí, mujer? Te dije que te quedaras... —Se detuvo ante el sonido de sus profundos y desgarradores sollozos de agotamiento y alivio. Ella se arrastró hasta donde él yacía y apoyó la cabeza en su pecho, todo su cuerpo se sacudía. Se le hizo un nudo en la garganta por las marcas de moretones en su cuello. ¿Qué tan cerca había estado de matarla?—. Bulma —dijo con una voz inestable—. ¿Te… te… lastimé…? —Le era difícil pronunciar las palabras.

—No —contestó ella débilmente—. Me rompí la pierna cuando nos caímos de mi aerojet.

—¿Qué... qué he hecho esta noche? —No estaba seguro de quererlo saber.

—No mucho.

—Eres una pésima mentirosa, mujer. —Vegeta hizo una mueca, le dolía respirar—. ¿Me hiciste esto?

—Gohan te ablandó primero.

—Mujer peligrosa —sonrió él débilmente.

Bulma alzó la mirada y negó con la cabeza.

—Kamisama, Vegeta, solo a ti te alegraría que me las arreglara para casi matarte. Eres un hijo de puta enfermo, ¿lo sabías? —Ella frunció el ceño preocupada—. ¿No recuerdas nada?

—No... sí... no. —Su sonrisa se ensanchó de repente—. Creo recordar que golpeé a Kakaroto hasta dejarlo inconsciente.

—Bueno, al menos alguien se divirtió esta noche. —Bulma se inclinó y besó sus labios sangrantes con cautela—. ¿Puedes levantarte?

Él se rio entre dientes para reprimir un siseo de dolor mientras sus costillas crujían y protestaban. La miró a través de sus párpados abiertos.

—Eso depende de lo que quieres decir.

Los ojos de Bulma recorrieron su cuerpo y estalló en risitas medio histéricas.

—Oh, Dios —exclamó después de un momento más suavemente, su mano rozó con delicadeza la longitud de la dolorosa erección. Vegeta gimió—. Estás en celo, ¿no?

—Creo —dijo él con voz ronca—, que esto es a lo que Trunks y Goten se referían con bolas azules, todavía no puedo moverme.

Ella flexionó su pierna recién curada de forma experimental y se inclinó, tan cerca suyo que su respiración pareció llenar los pulmones de Vegeta.

—Así que estás completamente desvalido e indefenso.

—Gracias a ti —admitió él en voz baja—. Ahora estoy a tu merced...

Bulma lo besó lenta y profundamente, saboreando su boca y otra nueva oleada de lágrimas tanto de felicidad como de alivio corrió por sus mejillas. Vegeta pensó que nunca había visto algo tan hermoso como el rostro de su esposa sucio, despeinado y manchado de hollín.

—Bien —dijo ella.


Gurasia hizo un delicado sonido de asco y se alejó de la escena. Gokú lo siguió en silencio hasta un pico nevado, tranquilo y frío, un lugar que existía solo en la mente del niño.

La mujer lo habría matado antes de dejarlo despertar con ella muerta en sus manos, murmuró el niño después de un momento, luego tamborileó pensativamente con la cola, mi gente no está dividida en dos géneros, nos bastamos con nosotros mismos. Por eso, me han dicho mis tutores, no amamos. El acto de... la cópula es algo agradable para nosotros, pero siempre hemos utilizado la debilidad y la sensibilidad que lo rodea para controlar y dominar a las razas menores. Quizás… quizás hemos perdido algo en la traducción.

El amor toma muchas formas, le aseguró Gokú, lo descubrirás a medida que crezcas.

Solo hay una cosa que amo, dijo con frialdad el pequeño tsiruyín, después de salir de su breve ensoñación.

No funciona así, Gokú negó con la cabeza, el cuidado tiene un carácter complicado. Se infiltra en todos los aspectos de tu vida sin que te des cuenta. Él se detuvo, al niño no le haría ningún bien oír cosas para las que aún no estaba preparado, ¿qué harás ahora?

Yo... Gurasia se abrazó a sí mismo para tratar de encontrar consuelo, intentó recordar que no siempre estaría solo. Eso ayudó al lugar vacío en su interior, solo algo. A pesar de todo, Gokú sintió una profunda lástima por esta pequeña cosa, todavía un niño en muchos sentidos, que se encontraba tan completamente solo, ajeno incluso a su propio pueblo. Debo ir a casa, mi gente me necesita.

Vuelve si quieres, le ofreció Gokú después de un largo silencio, más tarde, cuando hayamos limpiado el desastre que has hecho. Será difícil, pero de alguna manera evitaré que Vegeta te persiga. Vuelve cuando no esté tan enojado contigo y hablaremos si quieres. Quizás después de que Milk tenga al nuevo bebé.

¿Lo harías... después de lo que he hecho?

A algunos de mis amigos más cercanos les fue mucho peor la primera vez que los conocí.

El niño se quedó quieto en una actitud fría, con los brazos alrededor de su delgado pecho, mirando al saiyayín con incredulidad y un poco de asombro.

¡No necesito tu amistad!, siseó finalmente, se volvió para huir, pero se detuvo y miró hacia atrás. Indecisión, ira y algo que podría haber sido consideración jugaba en sus rasgos astrales, aunque, maldita sea, estoy en deuda contigo, comentó, así que iré si lo deseas, y se fue.

Lo vigilaré, Pícolo retumbó a la distancia, por nuestro bien... el suyo incluido.

Gokú suspiró con cansancio y dejó que su conciencia se hundiera para unirse a su cuerpo en las profundas aguas del sueño.


Pan bostezó y abrió los ojos al sol de la mañana que entraba por la ventana abierta de su dormitorio. Le dolía la cabeza, le dolía el hombro… tenía los brazos vacíos.

—¡Trunks! —Ella se sentó en la cama.

—Se fue a su casa para ver cómo estaba su familia, cariño. —De repente, su madre estuvo allí, sus gentiles manos la tranquilizaban. Pan buscó algo de él, encontró el cordón, un lazo casi tangible de su mente en la de él, y lo tocó tímidamente. Una caricia mental rápida... Pan-chan... La sensación de la sonrisa y la mano cálida de Trunks en su rostro, y se fue. Ella comenzó a temblar, cuando los ojos se le llenaron de lágrimas, los brazos de su madre la rodearon de nuevo.

—¿Qué recuerdas, bebé?

—Trunks... recuerdo a Trunks. —No pudo decir nada más y Videl no la presionó, solo la meció.

—Mamá —dijo Pan después de un momento—. ¿Alguien... todos están bien?

—Sí —le contestó su madre—. Tu papá y Vegeta-san estaban en muy mal estado, pero teníamos las dos últimas semillas del ermitaño que Krilin-san llevaba.

La voz baja de su padre se escuchó desde la sala de estar.

—... no recuerdo nada después de que mi cola volvió a crecer. —Una suave risa—. Lo último que realmente recuerdo haber pensado es que me dolió muchísimo más como adulto. Videl tampoco me dirá nada sobre anoche. —La cola de Pan se movió por la sorpresa. Miró a su madre con horror. ¿Cómo iba a ir a la escuela este otoño con eso?—. ¿Y qué hay de ti? —murmuró la gentil voz de Gohan.

La profunda voz de Vegeta-san envió un temblor de memoria sensorial a través de ella: una canción a medio recordar que tenía que ver con la luz de la luna junto con el salvaje y ardiente sabor de su sangre.

—Solo fragmentos. Luché contra Kakaroto, luché contra ti. —Su voz pareció sonreír—. Fue una buena pelea. —Su padre gruñó ante eso, tal vez estaba de acuerdo—. Nada real después de que ese pequeño bastardo me tocó. Y mi mujer no dirá más sobre lo que sucedió que la tuya. Han conspirado contra nosotros en esto. —Otra oleada de esa risa tranquila y mortal—. Bulma logró hacerme más daño que tú o tu padre, muchacho.

Una pregunta, formulada con tanto cuidado que Pan no pudo descifrarla.

—Nada más allá de lo que equivalía a caricias fuertes, dijo Trunks. —La voz de su padre sonaba tensa y aliviada—. Cumplió con su palabra, aunque no sé cómo. Pero dijo que, aun así, el vínculo telepático entre ellos existe.

—Eso no es saludable. —Vegeta-san sonaba sorprendido y un poco preocupado—. Hubiera sido mejor si hubieran consumado todo a dejarlos colgando en el limbo.

—Ella no consumará nada a los quince —espetó su padre.

—Puede que pronto tengas motivos para lamentar esas palabras —sostuvo Vegeta-san crípticamente—. El vínculo de pareja es para siempre. No se puede romper, excepto por la muerte. Solo estás postergando lo inevitable.

Su madre se levantó para cerrar la puerta del dormitorio.

—Tengo que verlo —dijo Pan.

—Lo harás —le aseguró su madre en voz baja.


Su padre voló hacia el hangar a través de la luz del cielo y se sentó junto a la pila de suministros y provisiones que había apilado cerca de la bodega de la nave espacial, lo miró sin decir una palabra.

—¿Es un viaje largo? —dijo Toussan finalmente.

—Tal vez. —Fue la corta respuesta de Trunks.

—Lo más probable es que la chica te siga si te vas.

—Gohan la detendrá. —El joven se sentó en la caja de las raciones encapsulada que puso en el piso y suspiro de cansancio—. No es solo Pan, Toussan. Bra quiere ir a Nuevo Namekusei. Goten y yo debemos hacer algunas cosas. Hay muchos planetas que están vivos y a salvo, pero Goten y yo tenemos recuerdos muy claros de acabar con ellos. No nos recuerdan, pero... quizás queremos hacer algo por todos ellos. Quizás entonces los dos podremos dormir por la noche... —Sabía que sonaba como un idiota, sin embargo, su padre asintió, lo comprendía. El rostro del hombre mayor se tornó repentinamente sombrío y reservado.

—Eres afortunado de poder expiar lo que has hecho —declaró Vegeta en voz baja. No hay nadie vivo con quien pueda redimirme...

Trunks se estremeció en la cálida habitación ante las palabras no dichas. Su rostro lucía triste y demacrado, era casi un espejo del de su padre. Vegeta se acercó para poner una mano vacilante sobre el hombro de su hijo y lo agarró firmemente.

—Vete entonces —acepto—. Tu madre y yo nos encontraremos contigo en Shikaji dentro de tres años... llevaremos a tu novia, ya sea que Son Gohan lo quiera o no. —Se volvió para irse.

—Te amo, papá —dijo Trunks en voz baja antes de perder el valor.

Su padre se detuvo y se quedó de espaldas a él durante un largo, largo momento.

Ji'sattsu, Torahnksu —contestó su padre en el idioma de su mundo muerto.


Se quedó mirando como los servorobots preparaban la nave en el bochornoso calor de la tarde. Él no la miraba, no se acercaba a ella, aunque los sentidos de los dos estaban tan sintonizados que casi podrían haber estado usando la misma piel. Goten la abrazó primero, luego abrazó a su padre y a su madre con brusquedad. La cara de Obassan lucía herida y terriblemente preocupada al ver a este extraño de rostro sombrío y ceño fruncido que había reemplazado a su hijo menor de naturaleza dulce y excéntrica.

Ojiisan le dio un abrazo aplastante y le susurró algo al oído que hizo que el rostro de Goten estallara en algo que se parecía a su vieja sonrisa fácil.

Bra y Trunks, sabía sin saber cómo, ya se habían despedido de sus padres lejos de las otras miradas. Ellos ahora intercambiaban breves despedidas con Bulma-san y Vegeta-san. Trunks se volvió hacia ella por fin, su padre que se situaba a su lado, fue alejado por el suave e inflexible tirón de la mano de su madre. Él se inclinó, su frente tocó la suya, sus brazos la rodearon.

—Soy tuyo, Pan, y tú eres mía... nada puede cambiar eso.

—Sí... —susurró ella. Se había prometido que no lloraría, pero no parecía posible.

La besó y sostuvo su pequeño cuerpo que se desgarraba por los sollozos.

—Confía en mí... confía en mí cuando te digo que te volveré a ver pronto. Te amo.

—Te amo, Trunks. —Él sonrió, luego se volvió y se fue.

Vio cómo la nave se elevaba hacia el cielo rojo del atardecer, cegada por las lágrimas, sin sentir ni oír las palabras y caricias reconfortantes de sus padres.

Se sentó en silencio, separada de todos durante la conversación apagada en la cena, sin comer. Más tarde, justo antes de que la triste reunión en la Corporación Cápsula comenzara a disolverse, Vegeta-san la encontró sentada apática y con los ojos secos en la cocina.

—Dentro de tres años, ven aquí y te llevaremos con él. Para entonces, tus padres no se opondrán. —Se volvió y se fue sin decir una palabra más.

Tres años…

Una pequeña sonrisa trémula comenzó a tirar de su boca. Tal vez... tal vez para ese momento, ella no tendría el pecho tan plano. Se levantó para ir revisar las sobras en el refrigerador.


—Nuestro nido está vacío —dijo Bulma en voz baja, con la cabeza apoyada en su hombro. Quiso que las palabras sonaran tranquilas, pero había un cierto tono en su voz.

—No.

—¿No?

—No. —Él la tomo y la hizo rodar hasta ponerla por encima suyo—. Te di otro mocoso anoche. Un niño.

—¡¿Tú, qué?! —Ella casi gritó.

—¿Qué diablos crees que significa la palabra celo, mujer? —Vegeta frunció el ceño, sus ojos la buscaron—. ¿Lo quieres?

—Yo... sí. ¡Dios mío, sí! Es solo que... era demasiado tarde para más antes del deseo de Son Gokú. Un niño... —Bulma apoyó la cabeza en su pecho, donde escuchó los constantes latidos de su corazón. Un niño—. ¿Qué piensas del nombre Vegeta?

Él sonrió en la oscuridad.


—Mi Goten-chan —dijo Milk mientras contemplaba el cielo oscuro sembrado de estrellas—. No es el mismo.

—Tiene que hacer lo que está haciendo para tener paz, Milk. —Gokú puso ambos brazos alrededor de sus hombros después de pararse por detrás de ella y siguió su mirada. Él tampoco era el mismo. Era incómodo y doloroso ver tantas cosas en las que nunca había pensado, pero… no querría regresar, más de lo que querría volver a ser un niño otra vez. Milk estaba en silencio y relajada contra su cuerpo, sus suaves curvas se moldearon contra Gokú. Él bajo una mano y la colocó suavemente sobre su abdomen—. Es una niña —comentó en voz baja.

—Gokú-saa —dijo Milk con una voz paciente y sufrida que Gokú conocía bien—. Acabas de arruinar mi sorpresa.

—Vaya, lo hice, ¿no? —Él sonrió tímidamente—. Tal vez no soy tan inteligente después de todo. —Miró su rostro pensativo—. Bulma me contó que ella y Vegeta dejaran Chikyuu para ir a visitarlos en tres años. Fue muy misteriosa al respecto.

Milk asintió.

—Ella y Videl están planeando una especie de fiesta de bodas para Trunks y Pan. Gohan no necesita saberlo todavía.

—Bueno. —Gokú no se sentía bien con ocultarle algo a Gohan, pero tal vez su hijo necesitaba un poco de tiempo para acostumbrarse a la idea de su hija con Trunks—. ¿Quieres ir? —le preguntó de repente.

—¿Al espacio con una niña de dos años colgando de mi espalda? —Milk se echó a reír, pero en realidad parecía estar pensando en ello—. Es la boda de Pan-Chan. Tal vez, tal vez lo haría. —Sintió que las cuerdas del vínculo entre ellos tiraba de su corazón mientras la riqueza de todo lo que sentía por él se oía como una canción en su alma—. ¿Tú lo harías? —le preguntó ella casi tímidamente.

Él le sonrió y la abrazó un poco más fuerte.

—Solo si lo quieres —dijo en voz baja—. No voy a ningún lado sin ti.

FIN DE LA SEGUNDA PARTE