Los personajes no me pertenecen exclusivamente a sus creadores. Nagita e Igarashi. Mundo Alterno época actual contenido adulto queda advertido.
Decisiones y consecuencias.
Albert, observaba a esta mujer detenidamente. Y comprendió que con las palabras correctas ambos podrían lograr algo.
– Señorita Marlowe, ¿me dejará darle una explicación al respecto?. También me opongo a este terrible hecho – Albert, educado expresó. Susana y sus acompañantes miraron con asombro y gran desconcierto lo dicho. Y comenzaron a bajar la guardia. En este momento Susana fue consciente del gran atractivo y porte que tenía este espectacular hombre. Susana, quedó cautivaba por esos bellos ojos azules que le miraban sinceros. En su pensar, imaginó que el líder de este emporio, era un hombre anciano y carácter maligno. Pero, al escuchar esa voz firme y educada no podría más que comportarse a la altura y escuchar se manera civilizada lo dicho.
Además, aunque no quisiera reconocer... este hombre es el único que no les ha caído con la policía, si no todo lo contrario quiso tener un acercamiento y quizá quiera ¿negociar?.
– ¿Señorita Marlowe? – Albert le sacó de sus deducciones y miró a Albert que le indicaba a todos que tomarán asiento. Susana, aunque era una mujer libre, liberal y feminista. No fue inmune a los encantos de su oponente. Susana, jamás se dejaba llevar por un rostro bello. Se liaba con hombres inteligentes.
– Muy bien señor Ardley, hablemos – contestó con su carácter más relajado. Albert, sonrió aliviado. Pero, esa sonrisa no pasó desapercibida para Susana y se sintió arrastrada hacía él, el era un gran imán y ella era un pequeño alfiler que era absorbido por esa fuerza de poder.
Jonas y Mikael disfrutaban la escena y del problema que habían dejado a Albert. Se encontraban en América . Emprenderían nuevos "negocios" o fraudes para mejor explicación.
– Mira Mikael, no tienes nada de que preocuparte. El idiota se William, está absorbiendo todas las culpas y nosotros salimos ilesos – Jonas reía mientras veía el televisor. Ambos habían huido al otro lado del océano con una buena fortuna. Celebraban su fechoría.
– Realmente hemos tenido un golpe de suerte...
– ¿Tú crees, qué esto es un golpe de suerte? ¿qué es, cómo sacarnos la lotería?– No seas... ¡idiota! esto es un "trabajo" bien planeado. Dónde, solo el mas inteligente gana y el más estúpido pierde – explicó Jonas triunfador. Mikael, tenía sus dudas al respecto y temía que tarde o temprano podrían alcanzar la justicia.
– Ya quita esa cara...– y salgamos a disfrutar de nuestro dinero – dijo Jonas mientras se anudaba su corbata. Se encontraban en las Vegas y pasarían buenos días. Mikael, asintió y se dejó llevar por la corriente.
El Duque, había viajado a Londres – tendría una reunión de parlamento, en la casa real – Además de varías reuniones sociales como cierre de año. Padre e hijo desayunaban serios, mientras eran atendidos por la servidumbre.
El Duque, leía el periódico pero, de vez en vez miraba a su hijo. Muy temprano habían entrenado ambos, defensa personal y le había dado una buena zurra. Terry, se encontraba cansado y mayugado. Pero, lo que más sentía era humillación.
– Terius... – espero que ya se te haya bajado esos humos idiotas, que solo te hacen débil y estúpido. Siempre, que te dejes llevar por tus emociones... – perderás. Se que no puedo llamarte la atención respecto a que tengas tus "aventuras" con varias mujeres. Pero, por favor no seas tan abierto. ¿Cómo fue posible que te involucraras con alguien cercano a todos nosotros?. ¿Sabes? que tenemos negocios con los Britter y los White. No solo destruiste tu relación, si no que ahora negocios y amistades de años se perderán y pese a todo en lugar de solucionar todo, con tu mal comportamiento lo... ¡empeoras! – Terry escuchaba sin mirarle.
Pero, con esas ganas de mandar a su padre al diablo. Pero calló, era inútil discutir con él, siempre ganaba.
– Sí realmente, deseas recuperar a Candy. Debes ser más inteligente y audaz. Me pregunto: ¿en qué estabas pensando al cambiar un gran trozo de carne, por frijoles?. Bueno, no es mi mejor analogía. Pero, si querías saciar tus "necesidades" solo debiste pagar mujerzuelas y listo.
Hasta ese momento Terry, le miró y supo que se le parecía demasiado a su padre y eso no le gustó. Pero, evitó expresar su sentir.
– Te pregunto: ¿deseas recuperarla? – Terry, se sorprendió por la pregunta y asintió aprisa.
– Bueno, lo primero que harás es buscar a Candy y te vas a disculpar con ella como nunca te has disculpado en toda tu vida. Después lo harás con los White. Y dejaras de ver a esa muchachita insípida. Tendré que sacar a los Britter de nuestro círculo social y además debes leer esto – el Duque le extendió un par de periódicos. Terry leyó sorprendido. William Albert Ardley, era noticia mundial. Padre e hijo, sonrieron con la seguridad de que estaban en el juego.
Candy, se encontraba en el refugio de "lomitos". Ajena a todo lo acontecido con su bello rubio. Habían, quedado de verse en año nuevo y tenían planes para pasarlo juntos. Albert, le había dicho que estos días serían pesados para él en su trabajo y aunque le extrañaba horrores entendía sus ocupaciones.
Aunque eso no impedía que constantemente se mantuvieran en contacto por mensajes o vídeo llamadas y eso aminoraba un poco esos deseos locos por él.
A Candy, le habían reportado que bajo un puente se encontraba una perrita herida y que tenía poco tiempo de haber dado a luz a sus cachorros. Al salir la perrita a buscar alimento fue atropellada y está mal herida y todos sus cachorros pegaditos a ella. Cuando llegó al lugar su corazon se le partió al verla en tan mal estado y aún así, protegía a sus pequeños.
Cuando la cachorra fue conciente de que sería rescatada unas lágrimas brotaron de esos bellos ojitos cansados. Ahora mismo, le estaban atendiendo y para alivio solo tenía fracturada una patita. Los seis cachorritos estaban dentro de todo saludables. Candy personalmente los había ya bañado y les daba de comer uno a uno con una pequeña mamila con leche. Todos eran unos golositos y se daban el gran atracón. En eso entraba Tag uno de sus veterinarios.
– ¿Cómo está la choco? – Candy preguntó por la mamá de estos seis. Le había puesto chocolata. Porque su pelaje era color de un delicioso chocolate amargo.
– Salió muy bien de la cirugía. Es una perrita muy fuerte. A soportado hambre, frío un embarazo y ahora esto... – es una guerrera – explicó Tag asombrado, de lo que pueden aguantar estos seres bellos e inocentes.
No podía comprender como el ser humano es inhumano con estás criaturas. Candy, sintió alivio al saber que habían llegado a tiempo.
Mansión White
Pese pese a todo lo acontecido en navidad. Rosemary, preparaba y organizaba todo para la fiesta de año nuevo. Le gustaba cerrar el año con una fiesta benéfica de mascarás y organizaba actividades dónde se recaudaban fondos para los más necesitados.
Organizaba subastas, donaciones y nadamás el costo por cenar era de 3,500 euros por persona.
Dentro de los invitados. Asistían, empresarios, artistas, deportistas y como siempre algunos pertenecientes a la nobleza. Todo ese dinero recaudado, se repartía a varias fundaciones. Como albergues, hospitales, refugios etc... Era el evento del año. Para Rosemary, era lo único que podría resaltar en ella el lado humano. Ya sea por capricho o simples apariencias, o quizá su ayuda era sincera. Con este magno evento lograba ayudar a demasiada gente y eso la enorgullecía demasiado.
Rosemary, se sentía triste. Su esposo e hijos le ignoraban y por primera vez, negaron su presencia en la "gala de recaudación".
Charles se había mudado a una pequeña villa que se encontraba en la propiedad White. Y sus hijos se habían ido a sus departamentos de solteros. Ya no pasarían los últimos días del año viejo en familia. Y Candy su hija, no le había tomado las llamadas. Cada año Candy, ayudaba a su madre con la organización del evento. Pero, ahora lo hacía sola y triste. Nunca imaginó que su marido, abandonaría el lecho conyugal. Y su corazón no lo podía soportar. Pero, aún así no daría su brazo a torcer. *Yo, soy la madre y esposa... todo lo que hago es por el bienestar de toda la familia, jamás estaré mal* pensaba Rosemary firme y confiaba que su marido pronto iba a recapacitar e iba apoyar su gran labor. No le creía capaz de ponerla en ridículo.
Rosemary, podría disculpar la ausencia de sus hijos, alegando que están de vacaciones en algún lugar. Pero, la presencia de su esposo no. Quedaría expuesta a las habladurías con todas sus amistades y quedaría bajo el escrutinio de la sociedad y eso la ponía a temblar.
Charles no podía creer que su esposa continuará con esa actitud. Y pretendiera que todo está bien y se mantuviera ocupada con los preparativos de su gala. Y no se preocupara por esta situación. ¿En qué momento su esposa había cambiado tanto? ¿Por qué le preocupaban más las apariencias qué su propia familia? ¿En qué momento dejó de ser la mujer de la cual se enamoró? Sí, bien sabemos todo ser humano puede evolucionar pero, jamás se debe de perder la escencia de cada uno y su esposa había perdido el piso.
Ahora era una mujer fría y arrogante. *Ros, creo que es tiempo de bajarte de esa nube. Soy el único responsable de que seas así* pensaba Charles, preocupado. Charles le había dado todo a manos llenas a su familia y se sentía satisfecho y orgulloso de sus hijos.
Todos eran trabajadores e independientes. No era posible que a estas alturas su esposa sea la inmadura y caprichosa. Así que, tendría que poner un alto a su esposa. Y plantearle un divorcio de común acuerdo. Sí, esto no la hacía recapacitar. Charles, no sabría que más hacer.
Candy, se sentía preocupada por su amado Albert. No había tenido noticias de él, en este par de días. Sabía que tenía demasiado trabajo y hoy sería la gran cita de fin de año juntos. No quería ser una novia "acosadora" por eso no había mandado mensajes en todo momento, aunque quisiera llenar su bandeja de estos.
Albert, solo había mandado un mensaje temprano, dónde le confirmaba que pasaría por ella a las siete de la tarde noche y se había despedido cariñoso. Pero, de eso ya casi dos días. Así que Candy, se encontraba en el interior de su habitación mientras trabajaba en sus nuevos diseños para el próximo año. Tenía que avanzar para la temporada de primavera. Así que, hizo a un lado esa sensación de inseguridad y se puso en marcha concentrándose en su labor mientras escuchaba música inspiradora.
Llevaba más de dos horas en esto cuando escuchó que tocaron a su puerta y dió un vuelco en su corazón pensando que quizás era su adorado. Pero, la persona que tocaba el timbre, parecía querer hacerlo explotar por las constantes timbradas que recibía. Candy, observó por la mirilla y era su querida amiga Eliza.
Candy, abrió de inmediato y le sonrió estaba por saludar. Pero, Eliza se adentró aprisa al interior. Candy, pudo observar que no se le veía buena cara, además andaba desarreglada algo poco usual en su amiga.
Eliza traía unos pants y tenis, su pelo recogido en una coleta floja sin maquillaje aún así se le veía hermosa sin el "glamour" acostumbrado.
Candy se preocupó al ver que su amiga mostraba un rostro preocupado y a punto de llorar. Eliza, estaba de pie en la sala de estar y se dejó caer en un gran sillón, mientras se frotaba el rostro con ambas manos con gran desespero. Candy le miraba hacer y se abstenía de preguntar. Puesto que su querida amiga, detestaba que la acosaran con miles de preguntas.
– Estoy embarazada... – y sí, Archie es el padre – Eliza lanzó todo, respondiendo a las preguntas mentales que Candy, estaba por hacer. Candy quedó triple muda, tratando de asimilar la información. Pero, igual no salía nada de su boca.
– Estoy de casi doce semanas, falló la inyección no sabía que al enfermarme de influenza. Se me vería comprometida la efectividad de esta. Y ahora seré madre y no quiero... – Candy se acercó a ella sentándose a su lado y le abrazó.
– ¿Qué harás ahora? – esa era la pregunta del millón.
– No tengo ni puta idea...– expresó Eliza derrotada. Candy, tenía miedo que su amiga contemplara una interrupción de embarazo.
– ¿Le dirás a Archie? – Candy, preguntó tanteando el terreno.
– Por supuesto, este hijo no se hizo solo. Pero, no creo en eso se formar una familia, además ya no estoy en tiempo de interrumpir el embarazo. Quedé atrapada en esto y ahora pues a sufrir las consecuencias de mi inmadurez. Eliza, jamás se acobardaba, pero esto no solo iba a traer problemas a ella. Sus padres iban a morir de vergüenza y se verá manchado ese título nobiliario que tanto presumían. Que su hija, esté embarazada y de a luz a un hijo "bastardo". Sería la destrucción de su apellido. Y eso de cierta manera le divertía y dibujó una sonrisa divertida.
– Eliza, y esa... ¿sonrisa? – preguntó Candy al verla cambiar de estado.
– No, nada Candy. Solo lo sabes tú y Paty. Ella no pudo venir ahorita, va a pasar año nuevo con la familia Cornwell y está ayudando a su próxima suegra con los detalles de la cena. Así que le informé por teléfono, camino a tu casa. – ¿Dónde pasarás año nuevo? – preguntó Eliza, sabía que con su familia no, porque había drama.
– Hice planes con Albert y ¿tú? – preguntó Candy.
– Bueno, pensaba pasarla en mi depa sola y comiendo como posesa, pero los Cornwell invitaron a mis padres pasar la velada y pues tendré que asistir. Y solo talvez pueda enterar a Archie... de nuestra "situación" – dijo Eliza, entre más pronto lo sepa sería mejor. Era lo justo y propio. No pensaba atarlo a ella, solo pensaba que... Archie merecía saber que sería padre.
Candy, se encontraba arreglándose y pronto llegaría la hora para ver de nuevo a su amado. No podía creer, que en tan poco tiempo de haberse reencontrado con su amado Principe. Muriera de amor por él. * Albert, todo es diferente cuando estoy contigo * pensaba Candy mientras se colocaba unos pendientes de diamantes.
Candy se miraba en su espejo de cuerpo completo. Y estaba satisfecha con el resultado.
Portaba un vestido negro, y con detalles blancos, corte recto, le quedaba a la altura de sus rodillas, sin mangas y le amoldaba el talle haciendo lucir su hermosa figura estilizada. Medias negras transparentes y zapatillas finas súper altísimas y con detalles blancos. Su cabello lo había recogido en un moño suelto y su maquillaje de noche le hacía ver hermosa y sofisticada. Su abrigo blanco extendido en su cama, la temperatura descendía cada vez mas.
En eso escuchó que tocaban a su puerta y miró de inmediato su reloj de pared, e indicaba que eran ya las siete menos cinco minutos. Y supo que por fin, que vería al culpable de sus desvelos. Y en automático dibujó una sonrisa y se sintió nerviosa y emocionada.
Caminó aprisa hacía la puerta, a punto estuvo de tropezar. Candy negaba con la cabeza. *Díos, me falta el aire por la emoción* pensaba tocándose el corazón que lo sentía latir aprisa antes de abrir miró por la mirilla y sí, era su Albert. Candy, respiró profundo para lograr controlar su respiración y abrió aprisa. Pero, volvió a perder el aire al mirar lo guapísimo que se veía.
Candy, siempre se preguntó: sí, ¿tendría una verruga con pelitos por ahí escondida, acné en la espalda o algún defecto?. Que lo hiciera humano y no un Dios griego.
– Hola preciosa – Albert, le saludó con su maravillosa sonrisa y se acercó a ella y le abrazó. Ambos sin perder tiempo en hablar, se besaron y el beso se profundizo. Después de un tiempito al sentir la falta de aire se separaron.
Albert extendió su mano que tenía atrás y le entregó una hermosa rosa blanca. Candy, la tomó y aspiró su aroma y se llenó de su perfume delicado.
– Mi amor, no sabes... ¡cómo te he extrañado! – Albert, hundiendo su rostro en ese cálido cuello de su amada y absorbió ese delicioso aroma que le embriagaba. – Mmn, hueles delicioso – Albert, dejó un beso delicado en ese delicado y femenino cuello. Y volvió a abrazarle. Candy, se llenaba de este hombre y se perdía en esos brazos, que le aportaban un calorcito reparador y su día cerraba con broche de oro.
– Albert, también te he extrañado demasiado...– Candy, le miró a esos hermosos ojos azules que le hacían soñar dormirda y despierta. Albert volvió a besarle, quería olvidarse de sus problemas y verla, sentirla... – era su cura para todo mal.
– ¿Nos vamos?– Reservé en un restaurante donde se come delicioso, muero de hambre – dijo Albert, cortando el beso y admirando a esta bella dama. * ¿Puede ser más hermosa? * Pensaba sin perder detalle de su bella dama, su único amor.
Candy, fue por su abrigo y su bolso. Ambos salieron felices. Para ambos solo existían ellos y nada ni nadie más.
Mansión White
Rosemary, se comía las uñas y debía hacer a un lado su orgullo y buscar a su marido. Debía exigirle su presencia en este magno evento. Donde no solo los invitados serían testigos de la ausencia de su esposo. Si no que la prensa sacaría mala información y eso no se le hacía justo, ni para ella ni para su causa.
Rosemary, caminó rumbo a la villa. Faltaba poco para que los invitados llegarán y como anfitriones debían ambos dar la bienvenida. Rosemary, se encontraba debidamente arreglada. Portaba un hermoso vestido azul turquesa. Pese a su edad se veía hermosa, esbelta y elegante. Su edad de cincuenta años no mermaba su belleza y se le veía jovial y activa. Rubia de ojos verdes. Por eso Charles había caído rendido a ella.
Rosemary, se adentró a la villa. Era un lugar rústico pero provisto de todo lujo. Buscó con su mirada y al no ver a su esposo se adentró y caminó hacía donde se encontraban las habitaciones. Y por fin encontró al culpable de sus preocupaciones. Pero, quedó admirada al observar que estaba empacando unas maletas.
– Pero, Charles...– ¿Qué estás haciendo?– preguntó Rosemary preocupada. Charles, le miró y sintió un gran nudo en el estómago y se sorprendió al sentirse todavía atraído por su hermosa mujer. Pero, debía ser firme para lo que había planeado.
– Me voy, salgo de viaje en un par de horas – explicó Charles, mientras continuaba guardando sus cosas.
– ¿De viaje? ¿Ahora? Pero, ¿A dónde? Tú, no puedes hacerme esto... Pronto empezará a llegar los invitados y debemos recibirles como siempre. Déjate de tonterías y por favor a debes arreglarte. Te haré llegar tu smoking y...
– ¡Basta Rose! No asistiré a "magno" circo... Como te dije, me marcho y pronto sabrás de mi abogado. He decido divorciarme de ti...– Charles fue directo. Rosemary, abrió tremendos ojos. No daba crédito a lo que su marido le decía. Había quedado muda. Mientras veía como salía su marido de la propiedad con maletas en mano y sin poder detenerle. Rosemary, logró sentarse en la cama, todo le daba vueltas, sentía a punto del desmayo. No podía creer que su marido, tomara ésta decisión así de abrupta. Y sin poder evitar más, soltó un sollozo tornadose escandaloso e histérico.
(...)
Albert y Candy, llegaban a ese elegante lugar y un mesero amable los dirigía a un reservado. Candy, admiraba el lugar y como siempre Albert la sorprendía. Era un lugar bohemio. Se tocaba música a guitarra. Y se servía comida española. Más tarde habría un show de flamenco. Ese lugar de gran cultura, era toda una novedad para los escocéses. El mesero tomaba sus órdenes. Albert, ordenó por ambos ya que hablaba perfectamente el español. Así que ordenó dos "merluza a la vasca" unas torrijas al aceite de olivo y de beber ordenó una botella de Orujo rosado. Candy, quedó envelezada al escucharle hablar español. *Podría ser más sexy* pensaba Candy, conteniendo sus impetus de brincar encima de él. Moría por hacer el amor con este perfecto hombre. Había soñado con esa entrega y había despertado sobresaltada y sudorosa. Su sueño había sido demasiado explícito. De repente se había visto desnuda en una gran cama y entraba su hermoso príncipe y le miraba con deseo. Candy, separaba sus piernas sin pudor y le dejaba ver ya la humedad saliente y producto por la excitación que este hombre le causaba. Albert, le miraba y pasaba su lengua en sus labios. Candy, le ordenaba con su mirada lo que tenía que hacer... Albert, se desnudaba frente a ella hasta quedar totalmente sin nada. Candy, se mordía sus labios y admiraba su enorme protuberancia que se levantaba firme ante ella. Candy, levantaba sus caderas deseaba ser probada... Albert, se acercaba a ella y se arrodillaba ante ella, acercaba su rostro en ese valle brillante y hundía su rostro perdiéndose en ese zumo brotante y Candy, se retorcía de placer mientras emitía un jadeo liberador al sentir ese roce cálido que la hacía subir al mismo cielo...
– ¿Candy?... – Albert la sacó de sus pensamientos húmedos. Candy se sintió avergonzada y su rostro lo sentía enrojecido y afiebrado. A saber si era por la vergüenza o por lo excitación de recordar ese bello sueño.
– ¿Qué? ¿Que pasó? – preguntó Candy y no pudo evitar que saliera su voz jadeante.
– Te preguntaba: ¿si prefieres algún postre? – preguntó Albert, con sonrisa amable. * Solo, si eres tú bañado en chocolate * pensó Candy obligandose a concentrar su atención a lo dicho por él.
Ambos degustaron esos ricos alimentos y disfrutaron de un delicioso postre., un par de natillas de vainilla para Albert y de chocolate para Candy al ser una golosa. Candy imaginaba a su príncipe lleno de natilla en ese espectacular cuerpo y ella limpiandole con su lengua todo... En eso sonó un teléfono celular y Candy salió de sus fantasías culinarias. Era su teléfono, que se encontraba sobre la mesa y fue inevitable escucharlo.
" ¿Bueno? ¿Papá? ¿Que pasó? Pero, ¿Estás bien? Ok, sin problema. No te preocupes... Sí, te veo más tarde... Estoy con Albert... Te quiero..." Candy, colgó preocupada.
– ¿Todo bien princesa? – le pregunto Albert al verla preocupada.
– Creo que mis padres tuvieron una discusión y mí padre... Está en mi casa – Candy explicó preocupada. Sus padres aunque no eran muy dados a pelear. Sabía, cómo era su madre y de vez en vez tenían sus episodios. Candy, se sentía culpable de cierta manera. Y por esto... su madre se lo echaría en cara. Le culparía de esto también. Su padre sabía dónde guardaba la llave de emergencia y sabía que no había problema en quedarse con ella unos días. tampoco deseaba invadir su propiedad.
(...)
Mansión Cornwell
La fiesta ya estaba avanzada. Y pronto vendría la propuesta por parte de Stair. En esta fiesta no solo era para celebrar la despedida de la noche vieja. Si no también era por lo de su compromiso con Paty. Frente a todos haría oficial su compromiso.
– Cálmate Paty... – no se, ¿por qué estás así de nerviosa?. Tú y Stair ya están haciendo vida de casados – Eliza, le recordó divertida.
– Ya lo sé, pero... – pues, mi futura suegra me ha tenido con los pelos de punta. No sabes, lo ¡estresante! que es... – Paty, explicó. Y en efecto, no había podido complacer con nada a la madre de su gran amor. Había estado demasiado intensa y exigente. Ayudarle organizar esta fiesta fue un suplicio. Nada de lo que ella hacía le parecía bien. Estuvo a punto de mandarla para el carajo. Y sin importar mandar al demonio el compromiso.
– Ya, tranquila... – todo se ve bien, así que disfruta tu noche – Eliza, tranquilizaba a su amiga y se guardaba su opinión, acerca de lo que opinaba de toda esta pantomima. En eso ambas vieron como, se entraba Archie y no venía solo. Colgada de su brazo venía Karen Kleiss. Eliza, sintió que se le abría la tierra y recordó su propósito del porque de su asistencia a la fiesta. Aunque, por la mañana estaba decidida en enterar a Archiebolt, de su estado de gravidez. Verlo, con su "novia" ya no le parecía buena idea. Paty, observó como se ponía palida su mejor amiga. Y sintió preocupación por ella y ahora más por lo de su embarazo.
– Eliza...
– Paty, cariño... – ya es hora – Stair se acercó, interrumpiendo. Ya era el momento para anunciar su compromiso. Eliza, les vio alejarse y se quedó sola, mientras bebía un vaso de naranjada, no podía beber alcohol y moría por una copa y así relajarse. Veía como esa tal Karen se pavoneaba con todos, presumiendo que venía del brazo de uno de los hombres más atractivos. Sus miradas de ambas se cruzaron y Karen le lanzó una mirada de triunfo. Karen, le cuzcaba y le daba a entender que le había ganado la partida. Karen, melosa, le acariciaba y le besaba. Era su manera de marcar su territorio. Eliza, se sintió molesta y sin pensar más se bebió de golpe el jugo e imaginó que era un fuerte trago de tequila. Y caminó hacía ellos. Karen, abrió enormemente sus ojos, al ver que su rival se acercaba a ellos.
– Archiebolt, ¿Podemos hablar un momento a solas? – Eliza, intentó ser cordial y discreta. Solo planeaba enterarle y marcharse a lamerse las heridas. Pese, a qué moría de celos no deseaba ocasionar algún problema con su acompañante.
– No, estoy ocupado...
– Es importante...
– Lo que tengas que decir, puedes hacerlo ahora – dijo Archie, intentando ser impersonal y arrogante.
– Realmente, ¿estás seguro?– preguntó Eliza, controlando su carácter. Estaba en cero tolerancia.
– Claro, mi gatito y yo, no tenemos secretos...– Karen, respondió mientras se le restregaba a Archie. Eliza, fue lo que más pudo soportar.
– Ok, estoy embarazada y es tuyo...– solo quería que lo supieras...– Eliza, soltó de una todo y se marchó dejando a ambos con la boca abierta.
Continuará
Chicas pues aquí el capítulo y espero sus comentarios. ¿Qué tal? Con todo lo acontecido. Agradezco su apoyo y su tiempo. Vuelvo a comentarles que se ha extendido la historia más de lo debido. Ya se que dije que su termino sería en enero y ya estamos en febrero. Pero, pues de verdad que al desarrollarla salen y salen cosas. Espero que estén pasando excelentes días y espero que también estén bien en todo sentido.
Besos a todas
Chao...
