A/N: Permitid que me ponga seria un momento.

Por favor, tened bien claro que si alguien os dice qué poneros, qué ver, qué decir, qué amigos tener, qué pensar, eso NO es amor. Eso es POSESIÓN. Eso es teneros bajo su poder y su control. Eso es trataros igual que una muñeca.

Y no sois ni un jarrón, ni niños pequeños, ni una muñeca. Sois vuestras propias personas. Nadie tiene que, ni DEBE, poseeros.

Gracias por venir a mi Ted Talk.

Podéis proceder a leer el capítulo.


Capítulo 12 A: No desenredas un hilo enmarañado revolviéndolo más

Museo de Historia Natural, Nueva York

3 de agosto del 2026, 17:07h

Chloe no se había dado cuenta de cuánto echaba de menos las excursiones de fin de semana por Nueva York hasta ahora.

En sus años viviendo en la ciudad que nunca duerme, Beca y ella siempre planeaban algo que hacer todos los fines de semana para ir conociendo Nueva York: desde subir a la Estatua de la Libertad o el Empire State, hasta recorrer Central Park o el MoMA de esquina a esquina.

Pero al final del segundo año, el trabajo de Beca en BFD Artists atrajo la atención de DJ Khaled, lo que llevó a que firmase un contrato con él y se mudara al otro lado del país como siempre dijo que acabaría haciendo, y Chloe dejó de explorar Nueva York.

Hacerlo sola le dejaba un sabor amargo en la boca que le duraba semanas; y las pocas veces que se llevó a Amy con ella, la australiana siempre las acababa metiendo en líos y tenían que huir a la carrera de alguien muy enfadado.

Y luego vino Brad que, como abogado en cierne tratado de labrarse una carrera de éxito, siempre tenía trabajo los fines de semana; y las raras veces que estaba libre quedaban con sus amigos o iban a pasar el día con su familia a los Hamptons.

Chloe todavía recuerda con claridad la primera vez que le propuso ir a hacer algo por la ciudad, ellos solos.

- Podemos coger el coche e ir a pasar el día en Coney Island – dijo Chloe con emoción, arrodillándose en el sillón para poder mirar por encima del respaldo hacia la cocina, donde Brad estaba leyendo el periódico mientras se bebía el café.

- No hay nada que hacer en Coney Island – argumentó Brad sin siquiera alzar la mirada del artículo que estaba leyendo.

- ¿Cómo que no? – rebatió Chloe, asombrada –. Podemos montar en un par de atracciones, comer manzanas caramelizadas y algodón de azúcar, pasear por la playa durante el atardecer…

- ¿Y soportar durante todo el día los gritos histéricos de niños hiperactivos y los gruñidos de sus padres? No, gracias – respondió Brad secamente.

Dobló el periódico y, con la taza de café en la mano, se acercó al sillón para darle un beso a Chloe en la frente antes de ir a la habitación para vestirse.

- Además, ¿te has olvidado de que acordamos ir a la barbacoa de Amber y Tyler?

Chloe hizo un puchero.

- Amber y Tyler hacen barbacoas literalmente todos los fines de semana.

Brad emergió de nuevo al salón con el ceño fruncido y esa postura defensiva que siempre precedía a una pelea.

- Creía que te gustaban.

- Sí, claro que me gustan – No, las odio con toda mi alma, en realidad. Si fuera por Chloe no volvería a pisar una de esas barbacoas en su vida.

Los hombres siempre estaban fuera en el jardín, con la carne, y como te intentaras unir a sus conversaciones sobre deportes, dinero, trabajo y coches, te miraban como si fueras un alien.

Y las mujeres nunca salían de la cocina y solo sabían hablar de manicuras, y sus hijos, y las mejores guarderías privadas, y ¿cómo era que Chloe todavía no estaba prometida, comprando una casa con Brad, quedándose embarazada, dejando su trabajo como profesora para ser ama de casa?

Pero no tenía ganas de discutir con Brad y sabía que decir la verdad solo llevaría a eso, de modo que mintió y, con cautela, añadió:

- Solo digo que podríamos hacer algo diferente por una vez, ¿no?

Cualquiera habría dicho, por la forma visceral en la que Brad reaccionó, que Chloe se lo había gritado con toda la fuerza de la que eran capaces sus pulmones de cantante de a cappella —la cual, aunque irrelevante en ese momento, era bastante—.

Brad dio un respingo y pareció retraerse en sí mismo: hombros cuadrados, mandíbula apretada, las aletas de la nariz dilatadas.

- ¿Algo como qué? ¿Salir con los amigos que no tienes? – espetó, malicioso.

Chloe se tragó la rabia y el escozor de ese golpe bajo.

que tenía amigos en Nueva York. El problema no era que Chloe no tuviera amigos, sino que a Brad no le gustaban.

De modo que, igual que una larga lista de cosas que Chloe había dejado de hacer, o ver, o leer, o pensar, porque a Brad no le gustaba o no consideraba que fuera correcto para ella, Chloe hizo sacrificios y marcó un claro límite entre sus amigos y su pareja.

Haciendo un gran esfuerzo para mantener su voz neutra y estable, Chloe respondió:

- No. Algo como explorar la ciudad…

Pero no había terminado de hablar todavía cuando el resoplido desdeñoso de Brad la interrumpió.

- Chloe, soy de aquí. Y tú llevas ya seis años viviendo aquí – le recordó en tono condescendiente –. Créeme cuando te digo que no hay tanto que conocer en Nueva York.

- Pero no se trata de…

Una vez más, Brad pisoteó sus palabras con las suyas haciendo un gesto tajante con su mano en el aire.

- Y perdona si después de matarme a trabajar durante toda la semana lo último que me apetece…

Ahí, Chloe desconectó un poco porque ese era un discurso que había escuchado cientos de veces. Habían pasado del Brad Enfadado, al Brad Victimista.

Oh, pobre Brad, que trabajaba ocho horas en un bufete de abogados donde se pasaba el día entero sin mover el culo, de una a silla a otra, sin mayor esfuerzo.

Oh, pobre Brad, que luego llegaba a casa de su novia y se encontraba todo limpio y recogido, la cena hecha y caliente esperando en la mesa para que ni siquiera tuviera que mover un solo dedo.

Oh, pobre Brad, que después de zamparse la cena, se ponía a trabajar durante una hora más en la que estaba más atento a la televisión que a sus papeles.

Oh, pobre Brad, que se iba a dormir siempre a las nueve en punto mientras Chloe recogía la cocina, salía a pasear a Billie, corregía los trabajos o exámenes pertinentes, planeaba su clase del día siguiente, dejaba los cojines del sillón bien colocados y, por fin, se metía en la cama.

- …de lado a lado de la ciudad en vez de pasar el fin de semana tomándome una cerveza fría en compañía de mis amigos.

- Vale, Brad – suspiró Chloe, sin ganas de amargarse el sábado por una pelea tan sacada de proporción –. Solo era una sugerencia. Beca y yo solíamos hacerlo…

- Ya, pero yo no soy Beca, Chloe – respondió Brad en el mismo tono cansado. Sacudió la cabeza y suspiró –. A veces es como si… – pero nunca llegó a terminar la frase, quizá inseguro de lo que estaba pensando o replanteándoselo en el último minuto.

Chloe no presionó, porque cuando Brad estaba dolido era capaz de atacar contra lo que fuera con tal de que Chloe se acabase sintiendo igual de mal y culpable que él.

Se levantó el sillón, el cuerpo rígido por la tensión del momento y lo cerca que habían estado de acabar envueltos en una de sus explosivas discusiones, y emprendió el corto camino hacia su habitación. Al pasar al lado de Brad, este la detuvo con una mano suave en el brazo.

- ¿A dónde vas? – inquirió, preocupado.

- A vestirme – contestó Chloe sin mirarle –. Vamos a llegar tarde a la barbacoa.

Brad la dejó marchar, y no volvieron a dirigirse la palabra hasta la noche.

A la Chloe de ahora le resulta extraño recordar los inicios de su relación con Brad porque a veces tiene la sensación de que no fueron solo hace tres años, de que tuvieron que pasar en otra vida, a una Chloe que era parecida a ella, pero no del todo ella.

Es curiosa la sabiduría que viene con el tiempo, con la retrospección.

En febrero, cuando Brad rompió con ella, le pareció que se le empezaban a derrumbar encima las paredes. A cámara lenta. Como cuando tropiezas y te ves a ti misma caer al suelo, y tratas de extender las manos para frenar la caída pero, a veces, no llegas a tiempo.

En febrero, Chloe se cayó de morros contra un suelo cubierto por los miles de diminutos fragmentos comprendidos por los cimientos de la vida que había construido durante tres años al lado, alrededor, de ese hombre.

Ahora, apenas cinco meses más tarde, se da cuenta de que en realidad fue una bendición. No quiere saber qué habría sido de ella si Brad le hubiera pedido matrimonio esa noche como Chloe creía que iba a hacer.

Ha descubierto que no le gusta la Chloe que era con Brad, la Chloe que había sido moldeada a base de cincel y martillo, que había ido perdiendo piezas de sí misma poco a poco hasta depender por completo de su pareja.

Un escalofrío de puro terror trepa por su espalda, con uñas y dientes, solo de pensar en qué se habría terminado convirtiendo si al final se hubiera casado con Brad.

- ¿Tienes frío? – una mano cálida se posa en la zona baja de su espalda y frota en pequeños círculos por encima de su fina camiseta de tirantes, el toque suave y cariñoso.

Chloe gira la cabeza hacia su izquierda, de donde vino la voz, al mismo tiempo que Aubrey se pone a su altura en la parte de arriba de las escaleras de piedra. La rubia le tiende un pretzel cubierto en azúcar avainillado y la sonrisa de Chloe se ensancha.

- No, estoy bien. Ha sido solo un escalofrío involuntario – le asegura Chloe mientras se seca en la rugosa tela de sus vaqueros los restos de agua que no le ha quitado el secador de manos antes de coger su pretzel por la servilleta que cubre la base.

Pincha un trozo del esponjoso postre entre sus dedos y se lo lleva a la boca. Un suspiro de satisfacción escapa de entre sus labios cuando el azúcar avainillado se derrite lentamente en su lengua y cruje bajo sus dientes.

Están tan buenos como los recordaba.

Los probó por primera vez gracias a, o por culpa de, Beca. Tropezaron con el puesto ambulante de pretzels dulces y salados en una de sus excursiones, y la morena se empeñó en comprar uno para compartir a pesar de que Chloe le aseguró que ella no iba a comer porque siempre llevaban canela.

Y, en general, Chloe es una persona fácil de acertar cuando se trata de comida porque come absolutamente todo. No es exquisita, ni tiene una interminable lista de cosas que no le gusten, y es bastante atrevida a la hora de probar platos nuevos.

Pero cualquiera que la conozca lo más mínimo sabe que no soporta la canela: solo el olor es capaz de producirle arcadas.

Sin embargo, el señor del puesto escuchó sus protestas mientras Beca tiraba de ella calle abajo y le dijo que él no usaba canela porque tampoco le gustaba y, en su lugar, los endulzaba con azúcar avainillado.

Chloe se enamoró ahí mismo y no ha vuelto a probar pretzels que no sean de ese sitio.

- ¿Estás segura? – continúa Aubrey, esquivando a un grupo de turistas franceses apelotonados alrededor de su guía –. Porque para eso traje la chaqueta – da un par de golpecitos sobre el nudo que la mantiene sujeta en sus caderas.

Chloe sacude la cabeza, resoplando una risa, y le lanza una mirada burlona por el rabillo del ojo.

- Di lo que quieras, pero este tipo de edificios son muy fríos – argumenta Aubrey y agita el panfleto que les dieron en la entrada en un gesto vago que abarca el interior del museo, sus altos techos y las paredes de piedra cubiertas por expositores –. Seguro que alguna la acaba utilizando.

- Hablando de eso… ¿Dónde se han metido Stacie y Bella? – inquiere Chloe mientras escanea con la mirada todas las cabezas esparcidas por la amplia galería en la que desembocan las escaleras.

- Oh, Bella se estaba impacientando por tener que esperar a ver los dinosaurios, así que Stace…

La explicación de Aubrey se ve interrumpida cuando un grito de advertencia rompe la calma del museo, reverberando en ecos cada vez más amplios por las paredes de piedra:

- ¡Bella, no! ¡No puedes tocar los dinosaurios!

Chloe y Aubrey dan un pequeño brinco, pero luego intercambian una mirada que hace que las dos rompan a reír por los cientos de recuerdos de las trastadas de las Bellas que acaban de aparecer en sus cabezas.

Tratando de mantener sus risas en un volumen bajo para no molestar a los demás visitantes, se encaminan en la dirección de la que ha venido el grito y pronto localizan a Stacie y Bella semi ocultas tras los enormes huesos colgantes del dinosaurio suspendido del techo.

Chloe se muerde el labio inferior, porque cada vez que se ve cómo se vistió Bella esa mañana le entra la risa: lleva el tutú rosa de sus clases de ballet por encima de leggins con estampado de calabazas y una camiseta verde con el dibujo infantil de un T-Rex.

Su estilo es ecléctico, cuanto menos, apropiado para una niña de siete años recién cumplidos.

- …quería ver si se iba a mover – está explicando Bella con calma, sin apartar la mirada ni un segundo del dinosaurio.

- Cielo, ya te lo he dicho cientos de veces – le repite Stacie en tono solo ligeramente cansino –. Lo que ocurre en Noche en el Museo no es real.

Bella sigue observando el dinosaurio con ojo crítico, nada convencida, cuando Chloe y Aubrey se unen a ellas. De espaldas a su hija, Stacie pone los ojos en blanco y estira sus labios en una mueca exasperada.

- Maldito el día en que la dejé ver esa peli – musita.

Chloe ahoga una risita bajo su mano y le da una serie de palmaditas de consuelo a Stacie en el brazo.

Aubrey, sin embargo, centra su atención en Bella y se acerca a ella para empezar a contarle curiosidad tras curiosidad sobre los dinosaurios que Chloe sabe que Aubrey ha sacado del panfleto informativo que les dieron en la entrada.

Bella coge la mano que Aubrey le tiende y juntas desaparecen en la siguiente galería, charlando animadamente sobre triceraptops, estogasurios, branquisaurios, etc., con tanta familiaridad y facilidad que cualquiera diría que son nombres de amigos del colegio.

Quedándose rezagadas a propósito, Chloe y Stacie las ven marchar con sonrisas divertidas en los labios.

- Quién iba a decir que a Aubrey se le iban a dar bien los niños – observa Stacie, sus cejas arqueadas.

- Creo que eso tiene nada que ver con los niños en general, y todo que ver con que Bella es tu hija – responde Chloe, lanzándole una mirada punzante.

Stacie frunce el ceño, confusa.

- ¿Qué quieres decir con eso?

Chloe ríe y sacude la cabeza. ¿Cómo es que las personas pueden estar tan ciegas que no ven lo que está ocurriendo delante de sus narices hasta que, a veces, es demasiado tarde?

(¿Y no es de lo más irónico que Chloe piense esto, pero nunca se pare a plantearse que quizá a ella le está pasando lo mismo?)

- Tú piénsalo. Estoy segura de que tu cerebrito de científica en la NASA será capaz de resolverlo – dice con cierta burla, dejando que sus palabras floten por encima de su hombro mientras echa a andar para no perder a Aubrey y Bella de vista.

Escucha el resoplido de Stacie tras ella, el rechinar de las suelas de sus Converse en los pulidos suelos de granito del museo, y siente su brazo engancharse con el suyo para evitar que vuelva a poder escaparse.

- ¡Cuidado! – protesta cuando la brusquedad del movimiento causa que su pretzel se balancee peligrosamente, amenazando con romperse y caer al suelo.

Stacie se disculpa instantes antes de robarle un trozo y llevárselo a la boca.

Chloe está totalmente preparada para que Stacie siga indagando en su comentario, pero lo que no se espera es que la morena haga un cambio radical de tema:

- ¿Qué tal con Beca?

- Bi…en – contesta, partiendo la palabra a la mitad alrededor del pulgar que se lleva a la boca para lamer unos restos pegajosos de azúcar derretido –. ¿Por qué preguntas?

- Ah, nada – Stacie se encoge de hombros con tanta despreocupación que Chloe sabe en ese preciso instante que se trae algo entre manos –. Me preguntaba si volvió a pasar algo entre vosotras cuando estuvo en Nueva York.

Chloe se atraganta con su propia saliva y algún grano de azúcar, porque lo nota desviarse por el conducto equivocado. Tose una única vez, fuerte y ruidosa, con los ojos llenos de lágrimas, y se lleva una mano a la garganta.

Casi morir le gana una mirada furibunda por parte de una señora cincuentona que estaba en las inmediaciones y que procede a alejarse a ella misma y a su marido de ellas igual que si tuvieran la peste.

- ¿Cómo…? – intenta preguntar, pero su voz suena estrangulada y se parte a la mitad con una nueva tos.

Stacie agita una mano en el aire, dejando claro que no piensa darle una respuesta porque no lo considera relevante, y clava sus ojos verdes en el perfil de la cara de Chloe con tanta intensidad que Chloe siente su piel calentarse.

O quizá es que se está ruborizando, pero le parece extraño porque no tiene motivo alguno por el que sentir vergüenza o pudor.

Y, lo peor de todo, puede interpretarse como la admisión sin palabras de una culpabilidad que Chloe tiene, al cien por cien.

Pero Stacie no tiene por qué saberlo.

Chloe sabe que ya es demasiado tarde cuando Stacie deja escapar una dramática exclamación ahogada, y sus ojos relucen con tanta satisfacción, con ese brillo petulante del gato que tiene al canario entre sus zarpas, que a Chloe le entran ganas repentinas de darle una bofetada.

- Habéis vuelto a follar – celebra en un tono demasiado alto para estar rodeadas de gente, muchos de ellos menores.

Los ojos de Chloe casi se salen de sus órbitas y le da un tirón del brazo.

- ¡Sshh! ¿Estás loca? – le chista, mirando a su alrededor para asegurarse de que no han mancillado las orejas inocentes de ningún pequeño –. ¡Hay niños por todas partes!

Stacie se lo toma como un "sí" y emite un gritito agudo que sale de lo más profundo de su garganta.

Aubrey les lanza una mirada curiosa desde la otra punta de la galería y ríe para sí misma cuando Chloe le devuelve la mirada con algo de pánico, pero pronto se distrae cuando Bella reclama su atención con una pregunta.

Viendo que nadie va a venir en su rescate, Chloe se llena la boca con un trozo de pretzel con la esperanza de que eso disuada a Stacie de tratar de hacerla hablar, y aprieta el paso hacia el expositor más alejado.

Sorprendentemente, no funciona.

- Eres una jodida mentirosa – acusa Stacie, afortunadamente en un siseo, por encima de su hombro; aunque la sonrisa a través de la cual pronuncia las palabras es tan amplia que casi le hace parecer orgullosa –. Vaya sarta de mentiras me soltaste en toda la cara, ¡y tan tranquila que te quedaste!

Chloe se vuelve hacia ella, veloz como un relámpago, y frunce el ceño.

- ¡Ey! – exclama, porque le podrán llegar a llamar muchas cosas a lo largo de su vida, pero espera que nunca sea mentirosa.

- ¿Ah, no? – le corta Stacie en tono petulante. Sus cejas se arquean, sus labios se fruncen con la sombra de una sonrisa de superioridad apenas reprimida –. Pues entonces debo de estar confundiéndome con otra persona, pero juraría que fuiste tú la que me dijo…

Aquí, Stacie hace una pausa llena de dramatismo. Alza una mano, convertida en un puño a excepción del pulgar y el meñique, los cuales tiene extendidos en el gesto que simboliza a un teléfono, y la deja suspendida al lado de su oído derecho.

- Beca y yo no estamos juntas – cuando habla, lo hace con una voz dulce y aguda en lo que Chloe supone que es una imitación burlona de la suya –. No estamos aplicando el pacto de los diez años.

Chloe frunce el ceño y le lanza una mirada que demuestra lo poco impresionada que está por el espectáculo.

- Y no lo estamos – insiste con cierta frustración.

Stacie simplemente bufa para dejarle claro que no se lo cree.

- Ya, claro, por eso acabáis follando cada vez que os veis.

- ¡Ssshhhh! – vuelve a chistarle Chloe, esta vez con mayor insistencia y urgencia –. ¿Puedes bajar la voz? No quiero que me prohíban entrar en el museo.

Mira por encima de ambos hombros, asegurándose de que siguen sin haber traumatizado a ningún niño pequeño de por vida. Agarra a Stacie de la muñeca y la arrastra con ella a una esquina vacía del pabellón mientras gruñe por su falta de discreción.

- Y no fue nada de eso – puntualiza entre el latigazo de sus mechones cuando gira bruscamente sobre sus talones, fijando a Stacie con una mirada firme y directa que no deja lugar a dudas –. No fue por ningún pacto absurdo que hicimos hace diez años y del que, sinceramente, ni siquiera nos acordábamos ya.

Se pasa una mano por el pelo, retirándoselo de la cara allá donde se ha quedado pegado al sudor de su piel y al cacao de sus labios.

- Si pasó fue porque ambas queríamos y punto.

- Chloe, cielo, yo seré siempre la última persona que te juzgue por tener ganas de un polvo – le tranquiliza Stacie, posando ambas manos en sus hombros en un toque delicado –. Pero… ¿Por qué con Beca?

Chloe abre la boca para responder de inmediato, sin embargo, vuelve a cerrarla cuando Stacie le hace un gesto para que le deje continuar.

- Si lo que buscabas era simplemente sexo, ¿por qué no arreglarte un poco e ir a beber un par de copas a un bar? ¿Por qué no abrir Tinder y explorar un poco? – Stacie agita una mano en el aire en un amplio abanico –. Literalmente cualquier opción habría sido mejor que recurrir a Beca.

- ¿Y por qué no Beca? – rebate Chloe con el ceño fruncido en sincera confusión.

Stacie bufa una risa, creyendo que Chloe le está tomando el pelo y está haciendo esa pregunta solo por hacerla rabiar. Sin embargo, algo le hace pausarse y devolver su mirada a la pelirroja tras analizar la galería en busca de Aubrey y Bella.

- ¿Vas en serio? – exclama, sorprendida, cuando se da cuenta de que solo hay sinceridad e incomprensión en el azul bebé de Chloe –. Porque es Beca – sentencia, como si esa fuera explicación suficiente.

Pero, al ver que Chloe sigue sin entenderlo y solo arquea las cejas, esperando por una continuación que tenga lógica para ella, Stacie suelta un resoplido frustrado.

- Vuestra relación nunca ha funcionado en blancos y negros. Ni es esto – alza una mano, lisa, paralela al suelo –, ni es lo otro – alza la mano opuesta a modo de contrapeso –. Es demasiado complicada y difusa como para meterla dentro de límites claros o etiquetarla de alguna forma.

Se inclina un poco hacia Chloe, expectante, a la espera de ver la chispa de la comprensión encenderse en el fondo de sus ojos.

- Os habéis movido siempre entre las tonalidades del gris: Beca es tu mejor amiga, pero no es solo tu mejor amiga; es como una hermana, pero para nada como una hermana; es alguien por quien llegaste a sentir algo… – le recuerda con suavidad –. Pero con vosotras nada es así de simple, todo siempre va más allá.

Stacie se encoge de hombros, decretando con ese simple gesto que tampoco presume de saberlo todo ni de ser una experta en la relación entre Beca y Chloe.

- No sé, me parece que lo último que necesita vuestra amistad es que las líneas se vuelvan incluso más borrosas – suspira –. No desenredas un hilo enmarañado revolviéndolo más.

Y Chloe…

Chloe se ríe.

Se le escapa una risa completamente involuntaria y abre mucho los ojos, alzando una mano a la boca para sofocarla mientras agita la cabeza con algo parecido al arrepentimiento o la vergüenza.

- Perdón, perdón – se disculpa, azorada –. No quiero menospreciar tu preocupación, ni mucho menos – asegura con un carraspeo que pretende librarse de los restos de diversión que puede notar cosquilleando en su garganta.

Por suerte, Stacie no parece molesta, sino solo sorprendida por su reacción.

- Es solo que… – Chloe hace una pausa para humedecerse los labios y sonríe –. Han pasado diez años desde Barden, y ambas hemos crecido y madurado. Y parece que se os ha olvidado eso.

Señala con una mano por encima del hombro hacia Aubrey, en la galería contigua, porque la rubia le hizo un comentario muy parecido a lo que le acaba de decir Stacie cuando le contó lo ocurrido tras la reunión.

- Sé que os parece difícil de entender, pero lo que pasó no ha cambiado nada entre nosotras – vuelve a sonreír ante la mirada ligeramente escéptica que recibe de parte de Stacie –. Lo hemos hablado y ambas tenemos muy claro lo que significó y lo que no.

Y luego, porque todavía puede ver ciertas dudas en el verde de los ojos de Stacie, le mira fijamente y, con toda la calma que aporta la certeza, le promete:

- Beca y yo estamos bien.

Stacie suspira y se encoge de hombros, como lavándose las manos de este asunto.

- Vosotras sabréis lo que hacéis – sentencia –. Solo espero que no os explote en la cara.

Chloe esboza una sonrisa torcida.

- ¿Por qué? ¿Tienes mucho dinero en juego? – al ver la forma delatora en que Stacie desvía su mirada hacia un punto en blanco del techo, Chloe da un paso hacia delante y baja el tono para preguntar dulcemente –: ¿A cuánto están las apuestas, por cierto?

Era un hecho recurrente en la universidad que las Bellas siempre tuvieran algún tipo de apuesta en marcha en relación con Beca y ella, de modo que sabe que les habrá sido imposible resistirse a mantener la tradición con vida.

Especialmente después de esas fotos que publicó TMZ: por fin tenían material con el que trabajar que no fueran sus propios instintos y la naturaleza ligona de Chloe y la vergonzosa de Beca.

- No sé de qué me hablas – niega Stacie con demasiada despreocupación como para resultar convincente.

- Uh-huh – ríe Chloe, asintiendo despacio –. Tampoco te creas que no he dado cuenta de lo que has hecho antes.

- ¿El qué?

- Cómo has sacado el tema de Beca para que no siguiera haciendo preguntas sobre tú y Aubrey.

Chloe se muerde la lengua al instante en que sabe que sus palabras han golpeado en el centro de la diana: el rostro de Stacie se crispa de forma casi imperceptible y sus hombros se ponen rectos bajo la tela de su vestido floreado.

Stacie no ha prestado atención ni una sola vez a los expositores del museo desde que entraron, pero ahora se acerca a uno que contiene los restos de un huevo de dinosauro y lo analiza con excesivo interés.

Chloe se pasea con la calma que te aporta tener todas las cartas ganadoras en tu poder hasta chocar hombro con hombro con Stacie, y mastica un nuevo pellizco de su pretzel mientras observa el cascarón amarillento a través del cristal.

- Entonces… – empieza a decir con una sonrisa petulante en los labios –. ¿Fue irte a vivir con Aubrey parte de vuestro plan de los diez años?

Stacie se gira hacia ella, el ceño fruncido y expresión de falsa preocupación.

- Chloe, de verdad, creo que tantos efluvios de los químicos de embalsamar te han sentado mal – alza una mano para posar el dorso contra la frente de Chloe, como si le quisiera tomar la temperatura –. Aubrey y yo no estamos viviendo juntas, solo le estoy alquilando un piso.

Chloe aparta su mano de un manotazo juguetón.

- Sí, sí, un piso en la casa de su padre en la que tenéis que compartir todos los espacios comunes, menos la cama – fija su mirada en Stacie y arquea las cejas, dudosa –. Y quién sabe, a lo mejor hasta eso también lo compartís.

Stacie suelta una carcajada, pero sigue negándose a darle respuesta alguna.

- Decidido, necesitas un poco de aire fresco ahora mismo – diagnostica con un asentimiento lleno de seguridad –. Voy a avisar a Bree…

Stacie gira rápidamente sobre los talones de sus Converse, haciendo que el suelo de mármol chirríe con un desagradable sonido plástico, y se aleja a paso tranquilo hacia el arco que desemboca en la siguiente galería.

- Os comportáis como un matrimonio, lo sabes, ¿verdad? – le dice Chloe a su espalda en tono alzado, pero sin llegar a gritar.

Stacie le hace un corte de manga por encima del hombro, para alboroto de un par de madres que les tapan los ojos a sus hijos pequeños y sueltan exclamaciones indignadas sobre lo maleducados que son los jóvenes hoy en día.

Chloe ríe quedamente y sacude la cabeza para sí misma. Se lleva un largo pellizco de su pretzel a la boca mientras observa la pantalla en negro de su iPhone, pensativa; y para cuando traga ya ha tomado una decisión.

Nunca está de más ser precavida, ¿no?, o eso dicen: más vale prevenir que curar.

Chloe (17.19)

Estamos bien, verdad?

Becs (17.20)

?

Sí (?)

A qué viene esto ahora?

Has vuelto a soñar que teníamos una pelea?

Chloe (17.20)

JAJAJAJAJA

UNA VEZ, MITCHELL

Solo UNA vez

Y nunca me dejarás olvidarlo 😒

Becs (17.21)

Pero en serio

A qué viene esa pregunta?

Chloe (17.22)

Nada :)

Solo quería asegurarme

Becs (17.23)

A veces eres de lo más rara, Chlo

Chloe (17.24)

Te encanta 💜💜💜

Becs (17.26)

Mmmm

Puede 😉


Calle 82, Nueva York

19 de agosto del 2026, 20:48h

El tic tic tic de las patitas de Billie sobre la acera, caliente tras absorber el sol del día, y el distante rumor del tráfico unas calles más allá son los únicos sonidos que acompañan a Chloe en su paseo nocturno.

- No, ahí no – regaña quedamente con un suave tirón de la correa cuando Billie se acerca a olfatear la base de unas cajas de fruta colocadas a modo de exposición en la puerta de una frutería de barrio.

Billie rápidamente decide que el árbol plantado un poco más allá tiene más interés que la fruta, pero Chloe se queda quieta en la entrada de la tienda mientras observa las fresas de un rojo intenso del escaparate.

Un señor con un delantal verde oscuro atado en la cintura sale y comienza a coger las cajas en pilas de dos para llevárselas al interior y poder cerrar por el día.

- Perdone, ¿a cuánto están las fresas? – le pregunta Chloe, dando un paso atrás para apartarse de su camino cuando el hombre carga una nueva pila de cajas de naranjas de vuelta a la tienda.

- 3'99$ el kilo – le responde el señor en un gruñido que lanza de pasada por encima del hombro, sus pasos cortos pero rápidos para contrarrestar el peso que lleva en los brazos.

Las cejas de Chloe se alzan solas en su frente y sus ojos se amplían un poco.

Espantada por lo que considera un precio exagerado, se borra de la cabeza la idea de cenar un bol de fresas con yogurt griego y pasa a contentarse con comerse solo el yogurt griego.

- Gracias – dice de todos modos.

El señor le hace un gesto con la mandíbula, ya que lleva los brazos llenos, antes de desaparecer en el interior de lo que probablemente sea una cámara frigorífica; y Chloe retoma su paseo con Billie trotando alegremente a su lado.

Juntas cruzan el paso de cebra y giran en la esquina para entrar en una de las avenidas principales de Jackson Heights, porque un poco más adelante hay un pequeño parque para perros que a Billie le encanta.

Hay mucha más vida en estas aceras, con las tiendas todavía abiertas y la gente de compras y las terrazas de los bares llenos para aprovechar los últimos días de vacaciones.

Chloe va distraída, observando los escaparates y dejando que Billie, que se conoce de sobra el camino después de hacerlo tres veces al día todos los días, vague libremente y haga todas las paradas necesarias hasta completar sus rondas de pises y olfateos de todos los árboles disponibles.

Por eso tarda un poco en fijarse en que Billie pasa del siguiente árbol para irse directa a olisquear los zapatos de vestir de un hombre parado en la acera. Se alza sobre las patas traseras y rasca de manera juguetona los pantalones de traje del hombre, reclamando su atención.

Sus saltos agitan la correa de manera extraña y Chloe gira la cabeza hacia ella desde donde está inclinada bloqueando el reflejo de la luz de la farola en el cristal del escaparate de una librería/papelería.

- ¡Billie, no! – exclama, avergonzada, y rápidamente enrosca la correa en su mano para alejar a Billie del hombre.

Hay gente a la que no le importa que se le acerque un perro extraño en la calle, pero hay otros que se apartan igual que si le fuera a transmitir la peste, y nunca sabes cuál es cuál, nunca tienes asegurado que vayan a reaccionar bien o vayan a intentar darle una patada al animal.

Chloe continúa dando vueltas a la correa alrededor de su mano a medida que se acerca a donde Billie se resiste contra el arnés, tratando de volver a acercarse al hombre.

- Lo siento mucho – se disculpa Chloe, algo azorada –. No sé por qué ha hecho eso, normalmente no suele acercarse a extr… – Chloe por fin alza los ojos para mirar al hombre a la cara y las palabras mueren en su garganta al reconocerlo –. ¿Percy? – inquiere con sorpresa.

Percival Hunter, a pesar de su nombre pomposo, era uno de los pocos hombres que componían el círculo de amistades de Brad que a Chloe le caía verdaderamente bien e incluso se alegraba de tener que pasar tiempo con él.

El abogado le regala una amplia sonrisa y exhala una bocanada del humo del cigarrillo que se está fumando en la dirección opuesta a la que está Chloe.

- Había jurado que erais tú y Billie – esconde el cigarro tras su espalda cuando se acerca a darle un breve abrazo a Chloe y se dobla en la cintura para saludar a Billie –. Tú sí que me has reconocido a la primera, ¿verdad? – le pregunta con una risa, abarcando su cabecita entera con su manaza y rascándole tras las orejas.

Chloe libera la correa de Billie ahora que sabe que puede y responde a la sonrisa de Percy cuando se incorpora.

- ¿Qué haces por aquí?

- Hemos venido a celebrar que hemos ganado un juicio importante – responde Percy, y la tela de su ajustada camisa se estira cuando hace un gesto para señalar el restaurante que tiene a su espalda –. Los chicos siguen dentro, pero yo me he salido a alimentar el vicio – esboza una sonrisa alrededor del culo del cigarro que se lleva a la boca.

- Enhorabuena, entonces – le felicita Chloe.

- Gracias – Percy sacude la ceniza de la punta del cigarro sobre el suelo –. Está Brad, por si quieres entrar a… – su tono va sonando cada vez más incierto a medida que habla hasta que termina por rascarse la barba y apartar la mirada.

Parece que la oferta le hubiera salido por instinto, y solo a mitad del camino se hubiera dado cuenta de que Chloe y Brad ya no están juntos.

Y, en vez de hacerle sentir mal por ese desliz de la lengua, Chloe decide demostrar que, en esa liosa ruptura con Brad, ella siempre fue la adulta de los dos.

- No quiero cortaros el rollo – rechaza la invitación con una sacudida de cabeza y una sonrisa amable –. Pero dale un saludo de mi parte, ¿vale? – posa una mano en el antebrazo de Percy y le da un suave apretón.

Percy asiente y se retira el flequillo cuando el movimiento hace que le caiga sobre los ojos.

- Bueno…

Chloe hace el amago de ir a despedirse, señalando a Billie y su impaciencia por llegar al parque para perros, pero Percy la detiene con tan solo posar las puntas de sus dedos en su brazo antes de que pueda alejarse para continuar con su paseo nocturno.

- Oye, Chloe… – empieza a decir con seriedad –. Quiero pedirte perdón por nunca haberte contado lo de Brad y Elaine.

Chloe siente que la sangre se le congela en las venas y, con todo el disimulo del que es capaz, retrocede un paso para no estar en contacto con Percy.

Se da cuenta de que las palabras de Percy no le duelen porque reavivan el escozor de la traición que supuso enterarse de que Brad había estado tonteando con otra mujer a sus espaldas, sino porque son más bien como una presión sobre su ego magullado.

Le horroriza recordar el ridículo que estuvo a punto de hacer, las ilusiones tan delusivas que se había formado en su cabeza, la compasión con la que la miraba la gente después de enterarse de lo ocurrido.

- Eres su mejor amigo, Percy – le tranquiliza encogiéndose de hombros –. Tu lealtad estaba con él, no conmigo.

Sin embargo, el abogado no acepta ese alegato de inocencia y comienza a sacudir la cabeza en un gesto pesaroso antes incluso de que Chloe termine de hablar.

- Sí, pero no.

Percy aplasta el extremo encendido de su cigarrillo contra la pared de ladrillo del exterior del restaurante y lo tira a la basura. Ahora que ya no hay distracciones de ningún tipo, da un paso hacia Chloe y agacha la cabeza en busca de su mirada.

- Solo quiero que sepas que yo no estaba de acuerdo con lo que estaba haciendo – clarifica con esa intensidad que provoca la desesperación –. Y tendría que haberle insistido más con que tú te merecías la verdad.

Sus ojos verdes tienen un brillo torturado que Chloe supone que es precisamente lo que le hace tan bueno en los juicios: ves a semejante armario de hombre metafóricamente de rodillas frente a ti y te empuja a compadecerte de él.

Te lleva a creer que eres tú la que tiene el poder y la que decide proporcionarle misericordia cuando desde un principio eres solo una marioneta en sus manos y los hilos están enredados en sus dedos.

- Espero que algún día seas capaz de perdonarme – dice Percy para finalizar, como si acabase de terminar el discurso de cierre de uno de sus casos.

Chloe no puede evitar preguntarse si esto también lo habrá ensayado delante del espejo.

Un poco aturdida por lo inesperado y lo ligeramente confuso de todo esto, Chloe traga saliva y asiente. Percy le regala una sonrisa aliviada y sus hombros se relajan de manera notable bajo la tensa tela de su camisa.

Alza una mano hacia su nuca y se peina el pelo en la zona con actitud avergonzada.

- ¿Crees que sería posible que quedásemos algún día para tomar un café o algo así?

Y esto ya es lo último que Chloe se esperaba que pasase hoy.

Le entran unas ganas repentinas de echarse a reír, pero se muerde con tanta fuerza la lengua que le llega el sabor oxido de su sangre diluido entre su saliva y consigue reprimir a duras penas el impulso. Lo expulsa de su cuerpo con un carraspeo y frunce el ceño.

- Um… No creo que sea una buena idea – responde con voz algo temblorosa por el esfuerzo de contener su reacción inicial.

Percy acepta el rechazo con un asentimiento de su cabeza agachada, metiendo las manos en los bolsillos de los pantalones de su traje.

- Lo entiendo – murmura –, pero tenía que intentarlo de todos modos.

Chloe tensa la garganta y se ruega a sí misma: por favor aguanta un poco más, solo un poco más.

- Ha estado bien volver a verte, Percy – anuncia en tono de despedida, y le da un apretón cariñoso en el brazo –. Cuídate, ¿vale?

Percy asiente, arrastrando la punta de sus zapatos de vestir sobre la acera y produciendo un chirrido cuando accidentalmente engancha una piedrecilla bajo la suela.

- Tú también – dice en voz queda con una sonrisa que se debate entre la tristeza y la vergüenza.

Chloe le regala una última sonrisa antes de hacerle un gesto con cabeza a Billie, quien se ha resignado a esperar sentada sobre sus cuartos traseros; y permite que Billie tire de ella de manera ansiosa para continuar con su paseo nocturno hacia el parque de perros.

No mira por encima del hombro ni una sola vez mientras se aleja.

Y se da hasta la siguiente esquina antes de estallar en carcajadas incrédulas.


Chloe (20.56)

Creo que el mejor amigo de Brad acaba de intentar meterme ficha?

Amy la Gorda (20.57)

Uuuuhh 😏

El abogado buenorro?

Si le has dicho que no, pásale mi número

Flo (20.57)

O pásale el mío 😉

Stace (20.58)

QUEEEEEEE?!

JAJAJAAJAJAJA

NO ME LO CREOOOOOO

Emily Heredera (20.59)

Pero qué ha pasado exactamente?

Danos detalles!

Bree (20.59)

Ha sido Percy, verdad?

Te dije que ese tío veneraba el suelo por el que pasabas y me tachaste de loca!

Becs (21.00)

Wow

No hay honor entre ladrones

CR (21.00)

NINGUNA ESTÁIS PREGUNTANDO LO MÁS IMPORTANTE

!

Qué le has contestado?


A/N: Un día eres joven, y al siguiente sacudes la cabeza con horror al fijarte en el precio carísimo de la fruta (y de la comida (y de la vida) en general).

PD. El odio de Chloe hacia la canela es enteramente mío. Me da tanto as-co que me pone en-fer-ma*

*Por favor leedlo correctamente: con palmadas indignadas entre sílaba y silaba.

Que, ojo, no tengo nada en su contra. Solo desearía que no existiera como condimento. Si su casa estuviera en llamas y yo tuviera un cubo de agua, me lo bebería. Pero sin más.