Disclaimer:
Todos los personajes que aparecen en este fanfiction, son propiedad de Masashi Kishimoto o están basados en su obra.
(Antes de leer, quiero hacer una recomendación. Tengan siempre en la mente una palabra: genjutzu.)
Los caminos a la luna, el bosque de los perdidos.
Investigación.
Pasó el tiempo, Hotaka no estaba recuperado del todo pero se negó a quedarse atrás en el entrenamiento. Puesto que solo iban a tener un avance teórico Hana consideró que no había problema y le permitió asistir. Durante el camino solamente Ryoshi iba hablando entusiasmado por lo que venía, Koko andaba callada y Hotaka hacía de su segunda voz
—¿A dónde vamos? —Preguntó Ryoshi con entusiasmo.
Hana sonrió ella también estaba emocionada.
—Vamos a la biblioteca.
Ryoshi se quedó parado en su sitio, aturdido.
—¿A la biblioteca? ¿por qué?
Hana soltó otra risita.
—No es lo que piensas. En la biblioteca hay una sección apartada del resto a la que solo se puede acceder desde rango chunin en adelante.
Siguió caminando sin decir más pero al poco rato se dio cuenta de que sus alumnos no la seguían. Hana se dio la vuelta consternada, los tres la miraban con curiosidad y desconcierto.
—¿Qué pasa? —Cuestionó. Ryoshi contestó con su propia pregunta.
—¿Esta diciendo que seremos promovidos?
Hotaka tomó la palabra antes de que ella pudiera decir nada.
—Eso es una tontería... Lo es, ¿verdad? —Miraba a Hana confundido. Como siempre era el más perspicaz de los tres pero aún así, lo raro de la situación lo hacía dudar.
La verdad era que Hana debería enseñarles ésto de otra manera pero ella no tenía mucha experiencia. Por eso tenían que ir directo a la fuente.
—Solo vamos a ese lugar por información. —Explicó mostrando una llave que sacó de su chaleco.
Ryoshi suspiró ligeramente decepcionado a diferencia de Hotaka que lo hizo por alivio. Koko solo se relajó como si una trampa que había pisado no llegara a activarse.
—¿Qué información es ésa? —Preguntó Hotaka más tranquilo, no se notaba que hacía unos dias recibió una herida que casi lo mata. Hana volvió a caminar mientras respondía.
—Han oído hablar de los sapos del Hokague, o los perros de Kakashi, o la babosa de... Bueno, de todas esas cosas.
Koko y Hotaka asintieron pero Ryoshi exclamó tan emocionado como antes.
—¡Invocaciones! ¿Nos va a enseñar a hacer invocaciones, Hana sensei?
Hana asintió desvelando el misterio.
—¡Sugoi! —Exclamó Ryoshi, luego se dirigió a sus amigos—. Que van a elegir ustedes.
—¿Se puede elegir? —Preguntó Hotaka al aire. Hana miro a Koko significativamente, más que nada para que se integrara al grupo, últimamente volvía a ser la Koko callada de cuándo formaron el equipo. Ella encogió los hombros y Hana no tuvo más remedio que responder ella misma.
—Normalmente los alumnos toman el tipo de invocación de quien les enseña pero yo no tengo una invocación. Nunca terminé ese entrenamiento, no lo necesitaba pues tengo a los hermanos. Por eso vamos a la biblioteca, así que ustedes podrán elegir la que les agrade más.
—¿Entonces? —Insistió Ryoshi. Koko simplemente se encogió de hombros pero Hotaka dijo: "Ni siquiera lo había pensado" como si se lo restregara en la cara. Estaba claro que quería pelear y Ryoshi le siguió el juego.
—Pero si es de los mejores jutzu que existen. Todos los grandes shinobis tienen algún tipo de invocación.
—Tener una invocación no te hace un gran shinobi.
—Ya lo sé. —La alegría de Ryoshi se convertía en enfado rápidamente—. Pero es de mucha ayuda, y da nuevas opciones para mejorar nuestras estrategias.
—Oh claro, ¿por que no aumentar tus posibilidades para poder ser mediocre en todas?
El ambiente se ponía tenso, así que Hana intervino antes de que se volviera peor.
—Por que no nos dices que elegirás tú Ryoshi.
La sonrisa volvió rápidamente y Senju recordó lo entusiasmado que estaba por el jutzu.
—¡Perros! —Declaró como si hubiera encontrado el significado de la vida. Hotaka soltó un bufido desdeñoso pero Hana se adelantó antes de que dijera cualquier cosa que solo complicaría la situación.
—¿Perros? Una elección interesante. ¿Por qué?
—Creo que serían un gran apoyo para mi técnica de sensor, además son leales y siempre se puede confiar en ellos.
—Suena bien, y tú Koko, ¿pensaste en alguna invocación que quieras?
Hana seguía intentando meterla en la conversación pero la Uchiha volvió a encoger los hombros. Después de dejarle un tiempo para que respondiera Ryoshi volvió a tomar la palabra.
—He oído que los Uchiha usan halcones o gatos...
—¡Pues yo no! —Lo Interrumpió Koko bruscamente. Después de eso no volvieron a hablar hasta que llegaron a la biblioteca.
Mientras Hana buscaba dentro de la sala exclusiva, sus alumnos esperaban en la biblioteca. Koko tenía un libro que había encontrado en una estantería cercana y lo leía distraída. Hotaka solo estaba sentado en una mesa y paseaba su mirada por el lugar. Ryoshi por su parte andaba paseando por los anaqueles leyendo los títulos, aparentemente buscando algo interesante que leer.
Poco después de haber entrado, Hana salió de la sala cargada con tres cajas llenas de pergaminos. Ryoshi se apresuró a ayudarle y entre los dos llevaron las cajas hasta la mesa donde esperaban Koko y Hotaka.
—¿Qué es todo ésto? —Preguntó Shimura, con verdadera curiosidad. Mientras tanto Koko había agarrado uno de los pergaminos que se cayó de una caja y rodó hasta ella.
—¡Son pergaminos de contrato! —Exclamó ella apenas abrió el que tenía en su mano. Hana asintió con su sonrrisa de siempre. Ryoshi hizo una exclamación inteligible y tomó un rollo para leerlo.
—Pueden escojer cualquiera, todos estos son de ninjas que murieron sin poder pasar el contrato a un descendiente.
Ryoshi se puso a buscar como un loco levantando pergaminos y desechando los al instante. Hotaka solo miraba sin mucho interés, pero Koko ya tenía en su mano lo que necesitaba. Era lo que buscaba a pesar de que no sabía siquiera que lo estaba buscando...
La profecía.
Para completar su contrato Koko tenía que hacer algo más que solo firmar el pergamino, lo que ya había hecho cuando Hana les enseñó lo que debían saber para hacer invocaciones. Tenía que viajar a dónde vivían los compañeros que la ayudarían con sus peleas.
El bosque de los perdidos estaba en algún lugar al este del país del fuego. Para llegar ahí había tenido que seguir un camino que no aparecía en ningún mapa y que ella no conocía a pesar de que la geografía del país había sido una materia obligatoria en la academia.
Llevaba tres días caminando cuando se dio cuenta de que el bosque no estaba cambiando. Pasó tres veces frente a un arbusto con hojas como de pino y las raíces redondas sobresaliendo del suelo. En otra ocasión se tropezó con una raíz que no vio hasta que estuvo en el suelo. Cuando pasó por segunda vez frente a un árbol que agitaba sus ramas al contrario que el resto, ya estaba intentando deshacer el genjutzu.
Probó de todas las maneras posibles, detuvo su flujo de chacra, se hizo un corte en el brazo con su kunai, incluso intentó contrarrestarlo con otro genjutzu pero nada funcionó. El bosque se llenaba de niebla por ratos, y los únicos sonidos que escuchaba eran tétricos y resonaban por el lugar como si estuviera metida en una cueva. De repente tuvo mucho miedo, un miedo irracional y profundo. Se dio media vuelta segura de que algo la perseguía pero no vió nada. Antes de darse cuenta estaba corriendo en dirección contraría. No avanzó mucho antes de tropezar con alguna rama en el suelo, cayó de plano y se raspó la cara y las manos.
Se levantó rápidamente y se dio cuenta de que el miedo ya no estaba, se había ido tan rápido como había aparecido. Entonces una carcajada rompió el silencio, Koko buscó a su alrededor y encontró que quién se burlaba de ella, era un tanuki. Un animalillo pequeño y regordete que se retorcía en el suelo y se agarraba la barriga. Molesta, echó a andar para alejarse, las carcajadas se detuvieron rápidamente.
—Hey, alto no puedo dejar que sigas.
Pero Koko siguió andando sin prestarle atención.
—Perdona, pero es mi deber no dejar pasar a nadie. —El tanuki se levantó sobre sus cuatro patas y echó a andar mientras hablaba. No tardó mucho en alcanzar la y se quedó caminando a su lado como un perro en pleno paseo.
—¿De donde vienes? —Preguntó la criatura después de un momento de silencio andando a la par. No parecía muy interesado en cumplir con su tarea. Koko aún estaba enojada por haber caído en el genjutzu y no contestó.
—Por la bandana diría que eres de Konoha. ¿Cómo están las cosas por aya? Escuché que se unieron a suna hace poco. —El tanuki tampoco parecía interesado en escuchar las respuestas de Koko pues hablaba sin darle tiempo de responder. Puede que hubiera entendido la indirecta la primera vez, aunque Koko sospechaba que más bien le encantaba escuchar su propia voz.
—¿Sabias que hay una profecía sobre eso? pero no creo que te interesen esas cosas, las profecías no son de fiar. Una vez tuvimos un visitante que venía de la misma aldea que tú, pero eso fue hace años...
A Koko le empezó a parecer que el tanuki se había relajado mucho, demasiado. Dejó de escuchar sus divagaciones y miró a su alrededor buscando alguna otra trampa. No vió nada, pero teniendo en cuenta el genjutzu de antes, eso no le sirvió de mucho. Por un momento pensó en usar sus ojos pero lo descartó de inmediato.
—Estaba intentando aprender de nosotros pero no tenía talento...
Entonces Koko se detuvo tan de repente que el tanuki siguió adelante un par de sancadas más. Se detuvo al notar la ausencia a su lado y miro hacia atrás. Tenía una sonrisa canina en el hocico.
—Ya veo que no es tú caso.
Eso le confirmó a la ninja lo que ya sospechaba.
—Nos estamos alejando ¿verdad? —Preguntó la genin, aunque ya sabía la respuesta. El animal asintió y se paro sobre sus patas traseras, se sobo la panza de manera graciosa; luego se sentó como lo haría un gato y de algún lugar sacó una calabaza que apenas le cabía en la mano. Quitó el corcho de la calabaza y le pegó un trago largo, muy largo, al terminar soltó un sonoro eructo y se limpió el hocico con un amplió ademan. Para cuando el tanuki tapó la calabaza y volvió a guardarla Koko ya caminaba de vuelta y le llevaba varios metros de ventaja.
—¿Tu también quieres aprender de nosotros? —Preguntó el tanuki. Para sorpresa de Koko estaba a su lado a pesar de que lo había dejado atrás.
—No. —Respondió ella tajante, esperando, en vano, que eso lo callaría.
—Que lastima. Sería interesante ver de que eres capaz. Bueno tampoco es que nadie querría enseñarte, no después de lo que paso la última vez. Eso por no hablar de la profecía...
Koko volvió a detenerse y se llevó las manos a la cabeza.
—Impresionante. —Exclamó el tanuki que se detuvo a la par que Koko—. Ésta vez tardaste menos en darte cuenta. Lo que hace más raro que no veas la verdad que eso implica y sigas intentando llegar a mi aldea.
Koko se puso a mirar alrededor irritada mientras el tanuki volvía a sacar su calabaza. Se preguntó como demonios funcionaba el genjutzu y como podían atraparla tan rápido. También le pasó por la cabeza la verdad de la que había hablado el animal. Distraída pensó que se trataba de que no la querían en su aldea pero no, eso era demasiado evidente. ¿Cómo no iba a darse cuenta de eso? El por qué seguía intentando llegar, eso no lo tenía muy claro. Quizá era que ya estaba ahí y no podía aceptar irse así nada más. Aunque puede que fuera por orgullo; ella los había elegido como compañeros, no podían despreciar la sin siquiera verla una vez y comprobar su valía.
El tanuki tomó otro trago y suspiró de placer, sus mofletes se tornaron de un color rosado muy vivo y Koko se preguntó cómo podía hacerlo si estaba cubierto de peló. Entonces lo comprendió, fue tan obvio que se sintió ridícula por no haberlo visto antes. Volvió a mirar a su alrededor. Los árboles se agitaban ligeramente y de cuando en cuando algún animal pequeño corría de un lado a otro.
Luego hizo una prueba más, miró al frente, pero no en la lejanía sino directamente enfrente como si estuviera intentando ver un cristal muy pulido. Alargó la mano y cuando agarró algo que no podía ver se desconcentró y su mano cayó como si se hubiera resbalado.
Comprobó que el tanuki seguía sumergido en la bebida y volvió a intentarlo. Ésta vez se aferró a la cosa que había encontrado aunque no podía verla. Enseguida levantó un pié y la otra mano y encontró asideros para cada uno. Comenzó a subir, primero lentamente comprobando que podía seguir y enseguida con más decisión. En cuanto llegó al cuarto escalón el tanuki llamó su atención y ella volvió a caer aunque muy ligeramente, como si estuviera sumergida en agua.
—No hagas eso. —La reprendió el tanuki, aunque no parecía enojado sino divertido, como si le hubieran contado un buen chiste mientras ella rompía las normas.
Koko no dijo nada, en su lugar hizo un recuento mental de lo que sabía.
«Es un genjutzu de área. —Pensó—. Como el del examen, aunque mucho más complejo. Cualquiera que este dentro puede manipularlo pero el tanuki tiene la última palabra, por así decirlo. Por eso no se aparta de mí. No es posible dispersarlo, al menos no con mi nivel. La única opción es alejarme, pero para eso debo alejarme también de la aldea... A menos...»
Koko no se lo pensó más. Comenzó a hacer una serie de sellos y el tanuki la miró mientras los hacía. Koko rogó a lo que sea que hubiera aya arriba para que el tanuki no pudiera controlarla a ella. Entonces el animal se dio cuenta de lo que pretendía y soltó una exclamación.
—No. Ni lo pienses. No hagas eso, créeme, no quieres hacerlo.
Koko sonrió con suficiencia y realizó el jutzu, un jutzu de invocación.
No debería haber funcionado. Ella ya tenía un contrato y ni siquiera había hecho el sacrificio de sangre, pero funcionó. Puede que fuera por el genjutzu o puede que fuera el destino, quién podría asegurarlo. El tanuki se llevó una mano a la cara y Koko desapareció con un puff y una nube de humo blanco.
Reapareció medio confundida en medio de un montón de tanuki que se le quedaron viendo estupefactos. Entré los árboles había montones de ramas entrelazadas que hacian de viviendas. Sintió frío en sus pies y como si no tuviera problemas peores miró hacia abajo. Estaba parada sobre un riachuelo que atravesaba la aldea. Era bajo, apenas le cubría poco más arriba de los tobillos pero medía al menos tres metros de ancho.
De repente escuchó gritos y aullidos, levantó la mirada y vio a varios tanuki alejándose, algunos se metían en sus casas pero otros estaban acercándose a ella. Ni siquiera le dio tiempo de ponerse en guardia, simplemente respiró una vez rápida y superficial y en seguida una negrura lo cubrió todo. Lo siguiente que supo era que estaba en un cuarto de piedra si ventanas ni puertas.
No supo cuanto tiempo estuvo ahí dentro. No más de una hora después de que despertó apareció el tanuki que había visto el primero. No entró por ninguna puerta, simplemente apareció como una ilusión, no había nada parecido a una puerta así que no se le hizo raro; seguramente estaba en un genjutzu.
Koko lo miró con su cara inexpresiva aunque después de escucharlo hablar no pudo mantenerla.
—Un día. —Empezó el tanuki con voz de narrador—. Cuando las dos grandes aldeas se junten, aparecerá un ninja de ojos sangrantes; su dominio del arte sagrado sera extraordinario y con él engañará al mundo entero. Su nombre y su sombra portan muerte y su sangre podredumbre...
»En realidad los registros dicen "Su nombre es muerte y su sombra es muerte, y su sangre está podrida." pero eso no suena a profecía. Es un vestigio de los primeros días, algunas cosas aún no tenían nombre y la lengua era arcaica, no digamos ya la escritura.
Koko miraba al tanuki incrédula y se quedó en silencio por un buen rato, incapaz de pronunciar palabra alguna. Su interlocutor esperó pacientemente. Koko esperaba verlo sacar la calabaza y pegarle un trago, al menos eso le quitaría un poco lo ominoso a la situación. Al final lo único que pudo decir fue:
—Mi nombre es Koko...
El tanuki se echó a reír a carcajadas Koko estaba tan tensa que lo imitó aunque no tenía ganas. Después de un tiempo que se le antojó interminable el tanuki se calmó y volvió a hablar.
—Por supuesto, y tus ojos no sangran. La profecía no habla de ti. El problema es que hay muchos que lo creen y para colmo tú... apareciste. Apareciste en medio de la aldea después de que suna y Konoha se aliaron. Algunos quieren matarte antes de que la profecía se cumpla.
De pronto Koko se quedó sin aire. A caso había llegado hasta aquí para morir. El tanuki notó su estado y se apresuró a tranquilizarla.
—Calma, calma, te aseguro que hare todo lo posible por evitar eso.
Hizo una pausa mientras sacaba la calabaza y la destapaba, iba a darle un trago pero miró a Koko que seguía alterada y se la ofreció. Ella no reaccionó así que la acercó más y se la volvió a ofrecer. Ésta vez Koko la recibió y le dio un trago corto. Sintió que le quemaba la garganta y tosió aunque ya había tragado. El tanuki volvió a hablar.
—El problema es que haremos contigo cuando los convenza de no matarte.
Esas palabras no lograron convencerla pero aún así contestó con voz bastante serena teniendo en cuenta que había una posibilidad muy alta de terminar muerta.
—No creo que mi opinión influya mucho en la decisión.
El animalillo sonrrio y se encogió de hombros.
—Como sea eso podemos dejarlo para después, solo vine a decirte como esta la situación. Ahora debo ir al consejo que decidirá que hacer.
Antes de irse extendió la pata, Koko comprendió pero antes de devolver la calabaza, lo dio otro trago que paso más fácilmente aunque no mucho.
—Por cierto mi nombre es Kohoku. —Se presentó mientras desaparecía de a poco.
Ojos sangrantes.
A Koko se le hizo eterno el tiempo que la dejaron sola en medio de esas cuatro paredes. Penso en una docena de formas de escapar pero cada una tenía algun punto flaco, la mayoría eran imposibles debido al genjutzu en el que estaba atrapada. Luego pensó en sus compañeros de equipo. Había salido de la aldea sin decirle a nadie, con las finales del examen tan cerca no se notaría su ausencia.
Se preguntó que pensarían de ella. ¿A quién le pediría disculpas Hana sensei? A los Uchiha no les importaría. ¿Y a Hotaka? ¿Él se había dado cuenta de que ella no estaba? y si lo hacía, ¿le importaría? La imagen de Shimura corriendo hacía el bosque para rescatarla le pasó por la cabeza pero la deshechó rápidamente. En primer lugar incluso ella misma no estaba segura de donde se encontraba. Además Hotaka no era del tipo heroico, tal vez lamentaría su muerte pero seguiría adelante. Eso le provocó un dolor en el pecho, ella misma le habría aconsejado hacer eso pero aún así...
Ryoshi en cambio haría todo lo posible por buscarla, de eso si estaba segura, pero eso no significaba que serviría de mucho. Para cuando notaran su ausencia ella ya estaría bien muerta.
Mientras dejaba que sus pensamientos volaran pasó el tiempo y por fin el tanuki volvió a aparecer. Koko lo miró intentando ignorar su ansiedad.
—Bien. —Exclamó el tanuki—. Ya está, no te mataremos. Honestamente eso hubiera sido un acto en extremo impropio de nosotros...
El animal le dio un tiempo para decir algo pero ella se quedó callada.
—Solo hay una condición. Te quedarás aquí durante siete días. Solo para asegurarnos de que vienes sóla. Además tendrás que jurar, con un contrato de sangre, que no volverás ni le dirás a nadie como llegar.
Lo único que Koko preguntó fue:
—¿Siete días? ¿por qué?
—¿En serio eso es lo que te preocupa? —Comento Kohoku risueño—. Bueno supongo que es comprensible.
»El siete es un número sagrado para nosotros. Son el número de lecciones que se necesitan para aprender el arte sagrado. El genjutzu del sabio. La verdad es que es muy conveniente por que así puedo enseñarte.
Koko creyó no escuchar bien y miraba al tanuki escéptica.
—¿Crees en el destino? —Siguió hablando él sin prestar atención a la reacción de ella—. Siempre digo que no creo en eso pero la verdad es que si que creo. Una vez alguien, no recuerdo quién, me dijo que cuando tomamos el camino para alejarnos del destino en realidad nos estamos acercando. He basado mi vida entera en eso, te imaginas que estúpido sería que cuando llega el momento de aplicarlo literalmente lo hiciera a un lado. Es por eso que te enseñaré el arte sagrado, se que no lo preguntaste pero...
»Por cierto, nadie más estuvo de acuerdo así que será nuestro secreto vale. volveré mañana y empezaremos con las lecciones, por ahora duerme y descansa.
El tanuki se fue después de eso. Koko se dijo que no dormiría, que estaría alerta por si intentaban algo pero al cabo de un rato la invadió una sensación de sopor que no pudo resistir y se durmió.
Cuando volvió abrir los ojos estaba rodeada de árboles tan grandes y frondosos que cubrían el cielo. Tardó un momento en darse cuenta de que estaba de vuelta en la realidad, pero en cuanto lo hizo el cansancio se hizo precente. Sintió que la aplastaban y que estallaba al mismo tiempo y se derrumbó.
Cayó de rodillas al suelo sin fuerza suficiente para hacer nada más que respirar agitada mente. Entonces comenzó a oír las voces, al principio creyó que era un nuevo genjutzu pero pronto se dio cuenta de que estaba rodeada.
—¡Es una Uchiha!
—¿Cómo llegó aquí?
—No debería estar aquí.
—No pertenece aquí
—Deberíamos matarla.
Levantó la vista y vio montones de ojos acusadores. Se levantó sobre una rodilla esperando poder reaccionar a algún ataque, aunque no tenía chacra siquiera para moverse. Al frente se encontraba un tanuki, su pelaje era marrón obscuro con manchas más claras alrededor de los ojos.
—Eres una Uchiha. —Afirmó el tanuki frente a ella de manera acusadora, como si llevar ese nombre fuera un delito terrible.
—¿Cómo lo sabes? —Preguntó Koko entre jadeos.
—El rojo de tus ojos lo grita.
Koko se exaltó. ¿En que momento había usado el sharingan? ¿A caso durante su sueño lo había empleado para salir del genjutzu? Cerró los ojos y se relajó pero el dojutzu no desapareció. Se tapó los ojos cansada y avatida.
—No estoy orgullosa de eso. —Dijo sin pensarlo, no sabía por que pero sentía que debía una disculpa al animal al frente, o a todos los que la rodeaban, quizá era más bien al lugar en el que estaba. Sentía que de algúna manera había profanado un lugar sagrado llevando sus ojos ahí.
—Los Uchiha han corrompido el noble arte ninja de la ilusión con sus ojos sangrientos. —Las palabras del tanuki eran como una bofetada—. Sí aún tienes algo de respeto por este arte, usarás tu kunai para limpiarte, de otra forma nos obligarás a hacer algo que nadie aquí quiere hacer.
En seguida todos los tanuki se perdieron entre la maleza. Koko se quedó como estaba recuperando el aliento, pero aún cuando lo logró se mantuvo así. En su mano tenía un kunai que no sabía de dónde salió. Le costó un gran esfuerzo pero al final logro poner su mente en marcha.
«Yo no lo saqué» Pensó para si misma. Ni siquiera llevaba un porta shuriken, le habían quitado todo al capturarla. Lo único que tenía sentido era que seguía en el genjutzu. La estaban poniendo a prueba.
—No soy una Uchiha. —Dijo al aire, estaba segura de que la vigilaban.
—Claro que lo eres. —Escuchó una voz en su cabeza, nunca le había pasado algo así por lo que asumió que era parte del genjutzu.
—Soy huérfana. —Siguió hablando, nunca le había dicho ésto a nadie pero sentía que no tenía otra opción—. Crecí en un orfanato hasta los ocho años. No conocí a mis padres y nunca me interesó, ni siquiera se como murieron...
Mientras hablaba todo a su alrededor se iba desvaneciendo, como si una niebla espesa la envolviera. De repente estaba nuevamente en el orfanato y volvía a ser una niña. La encargada del lugar la miraba preocupada, intentaba darle algo de comer pero ella no lo recibía. Su mirada estaba pérdida en la lejanía.
Entonces el paisaje volvió a cambiar, miraba el bosque extendiéndose hasta donde alcansaba la vista. El techo del orfanato bajo sus pies no era un buen punto de agarre, así que tenía que sostenerse de la chimenea. La piedra roja estaba tan caliente que casi ardía pero era preferible a caer, así que lo soportaba sin rechistar.
Sus manos siempre estaban quemadas debido a las tardes interminables que se pasaba ahí arriba. Con curiosidad miro sus palmas que estaban rojas y descarnadas en algunos puntos, se preguntó como había soportado ese dolor. Entonces algo cayó con delicadeza detras de ella. Giró rápidamente y de la impresión se soltó de la chimenea. El hombre que había subido se lanzó al frente y la atrapó antes de que cayera. La levantó con unos brazos firmes y protectores y le sonrió.
—No descuides lo que haces, pudiste caer y hacerte daño.
Ella no respondió. El hombre no lo tomó en cuenta y revisó sus manos.
—¿Te duele? —Preguntó, parecía que el sentía lo mismo que ella, parecía que la comprendía.
La Pequeña niña sin nombre asintió. El hombre de cabello largo y rubio la abrazo fuerte, un momento después la bajó al techo y ella se dio cuenta de que el solo se sostenía con los pies. El hombre notó lo que ella pensaba sin necesidad de nada, más que ver su mirada.
—Uso chacra. Si tu lo usaras el dolor no sería tan grande.
La niña miro sus pies después volvió a mirar al hombre confundida.
—Recuerdas como subiste aquí.
Ella asintió.
—Es lo mismo, solo que en lugar de usar las piernas usa los pies.
La niña miro sus pies nuevamente, el hombre la soltó y ella se mantuvo firme sobre el techo, el hombre sonrió.
—Soy Mitsuki, ¿Como te llamas?
La Pequeña no dijo nada. Mitsuki lo pensó por un momento.
—Koko. ¿Te gusta?
Koko sonrió y Mitsuki le devolvió la sonrisa...
El panorama volvió a cambiar, ahora estaba en un cuarto vacío, por una ventana entraba la luz del sol pero en lugar de iluminar la habitación solo hacía que las sombras fueran más pronunciadas. La puerta se abrió y un hombre rubio entró, no era Mitsuki. Llevaba una capa blanca con flamas rojas y sobre su cabeza un sombrero de ala ancha con los canji de "cuarto" escrito.
—¿Qué sabes de Mitsuki?
Preguntó con una voz que pretendía ser tranquilizadora pero sus ojos eran duros y en ellos Koko leyó lo que ocurria en realidad. El cuarto espero un tiempo y luego volvió a hablar.
—Tendrás que volver al orfanato... pero antes tienen que revisar te, ese hombre pudo haber puesto algo en ti...
El panorama volvió a cambiar, ahora ella descansaba en una cama con las manos y los pies amarrados. Tres paredes blancas la rodeaban, la cuarta frente a ella era de cristal. No podía ver el otro lado pero sabía que la observaban. Un hombre con guantes y una capucha que solo dejaba ver sus ojos la revisaba de pies a cabeza. De repente un ruido se escuchó, en un momento el barullo de fuera fue tal que el médico se alarmó. Ambos miraron el cristal y éste saltó en pedazos. Los cristales se esparcieron por la habitación y de entré ellos salió Mitsuki. Estaba desnudo y tenía heridas por todo el cuerpo que sangraban abundantemente. Se agachó tomo un cristal y lo clavó en el cuello del otro hombre. Con la misma arma improvisada cortó las cuerdas que retenían a Koko.
Estaba por cotar la última cuando un ruido como el chasquido de un látigo se escuchó. Era el cuarto salido de quién sabe dónde, ni siquiera esperó una explicación. Usó un kunai, Mitsuki cayó abatido y la sangre la salpicó, era caliente y espesa y corría por sus mejillas como lágrimas. El cuarto la miró y en sus ojos vió miedo.
—Eres una Uchiha...
Los ojos azules del Hokague fueron dejando paso a los grandes y negros de Kohoku. En ellos había dudas. Koko lloraba pero sus lágrimas no eran rojas. Hacía mucho que no pensaba en eso y no recordaba cuánto dolía. Apartó la mirada porque odiaba que la vieran en ese estado.
—Ojos sangrantes. —Comentó el tanuki como si acabara de comprender un acertijo especialmente complicado—. Y tienes motivos para convertirte en lo que predijo la profecía... El nombre Uchiha sin duda se puede relacionar con muerte. Nunca creí que ésto podía ser tán difícil...
—¿Vas a matarme?
El tanuki suspiró cansado y agitó la cabeza.
—Ya es demasiado tarde para eso. Ya sabía que el riesgo estaba ahí, en realidad nada ha cambiado. Piensa en la primera lección. Volveré mañana.
En cuanto terminó de hablar comenzó a desaparecer. Koko lo llamó alarmada y aún con las lágrimas secándose en su cara.
—¡Kohoku!
Él se detuvo y la miró extrañado.
—Aún no me das ninguna lección.
—Claro que sí.
Desapareció sin decir más. Koko se limpió las lágrimas del rostro y para alejar el sufrimiento se concentró en comprender la lección...
Las siete lecciones.
Le dio vueltas y más vueltas a todo lo que habían dicho los tanuki ese dia, pero por más que pensó en ello no encontró nada parecido a una lección. Al final se rindió después de varías horas de meditación.
Se quitó la mochila que siempre llevaba a la espalda cuando salía a alguna misión y busco en ella. Ni siquiera reparó en que un momento antes no la tenía. Sacó un paquete con píldoras de alimento que había preparado para éste viaje y tuvo una comida deprimente y fugaz.
Al terminar se puso a pasear por el bosque y encontró muchos tipos de animales y plantas, la mayoría eran desconocidos. Revisó algunas plantas usando clones de sombras y encontró dos hongos comestibles aunque con un sabor amargo, tres que eran venenosos y dos hiervas que tenían efectos sedantes. El resto hicieron que su clon desapareciera sin más, así que no obtuvo nada de ellas. Así paso el día y cayó la noche. Buscó un buen lugar para dormir, tendió un lecho de hojas secas y se acostó. No tardó mucho en darse cuenta de que no podía dormir, el sueño la eludia.
Dejó que su mente viajara por sus recuerdos y encontró que Ryoshi y Hotaka aparecían en la mayoría. Siguió buscando, hurgando en rincones que apenas conocía de si misma. Ya amanecía cuando llegó por fin al recuerdo de la muerte de Mitsuki, lo analizó de pies a cabeza y encontró detalles que nunca había visto antes. Como el hecho de que Mitsuki sonreía cuando murió. Cayó en la cuenta de que después de eso la habían llevado al distrito Uchiha y no volvieron a revisarla por alguna cosa que pudiera haber dejado en ella. Solo entonces dejó que su corazón ahondara en el recuerdo y lloró hasta que el sol llegó a su cenit. Kohoku la encontró limpiando las lágrimas de su rostro.
—Veo que usaste tu tiempo para la curiosidad. —Apuntó kohoku al llegar, sonaba risueño. Koko seguía en el lugar donde había intentado dormir y tenía las plantas que había estudiado clasificadas en montonsitos alrededor de ella. Se sonrojo un poco pero no dijo nada. El tanuki saco un palito de algún lugar y se lo entregó, luego se marchó sin más.
Koko se quedó perpleja por un momento, tomando en cuenta la última vez supuso que la lección ya estaba en marcha. Miró el palito que le había entregado. Era de bambú, muy delgado en un lado, casi hasta formar una punta afilada y del doble de ancho en el otro extremo. Tenía tres círculos tallados al rededor que lo dividían en cuatro partes de la misma longitud.
«Extraña lección» Pensó. Lo siguió mirando y estudiando por un buen rato pero por más que pensaba no entendía que diablos quería el tanuki... ¿Debería llamarlo sensei? No tenía idea. Quizá solo estaba jugando, dándole enigmas indescifrables para deshacerse de ella. Después de muchas vueltas dejó el palito sobre el lugar donde había dormido y se puso a buscar un arroyo o alguna otra fuente de agua, más que nada para pasar el rato porque había descubierto que no tenía sed. Ni siquiera se había acordado de comer las píldoras y aún así no tenía hambre, en ese lugar no necesitaba ningún tipo de sustentó. Anduvo vagando por el bosque y conforme avanzaba se dio cuenta de que no cambiaba. Cada pocos metros la vegetación se repetía como un bucle. Siguió caminando preguntándose si en algún momento llegaría de vuelta a su improvisada cama. Al caer la noche y sin nada en que entretenerse dio la vuelta y regresó.
Cuando estuvo de vuelta ya amanecía y aunque no tenía sueño bostezó, estaba aburrida. No encontró a ningúno de los animales del dia anterior, ni siquiera a las plantas y hongos que había estudiado. Estaba en un pequeño cuadrado que se repetía hasta el infinito y donde no había nada más que unos cuantos árboles.
Tomó el palito que se suponía que era la lección y se sentó sobre las hojas que usaba para dormir, o mejor dicho para intentar dormir. Se quedó mirándolo, intentando descifrar que significaba, así se quedó hasta que llegó el medio día.
—¿Ahora conoces los secretos del bosque? —Preguntó kohoku de improvisto, Koko no lo había visto llegar. Le dirigió una mirada confusa luego, asimilando lo que estaba pasando, negó con la cabeza.
—Bien. Esta vez no quiero que te muevas. —Dijo y de nuevo desapareció sin más.
Por la cabeza de Koko pasaron un montón de cosas en un momento.
Qué demonios estaba pasando, ya era el tercer día y aún no le enseñaba nada. Solo estaba disminuyendo su área de movimiento. ¿Acaso ésto valía la pena? Solo se burlaba de ella. Se acababan los días. ¿Por qué iba a hacerle caso a ese tanuki loco? Quizá sería mejor largarse de una vez, pero ¿Cómo? La respuesta era simple, rompiendo el genjutzu; porque estaba en un genjutzu de eso no tenía duda. Aún así, ¿Cómo romper un genjutzu que ni siquiera sabes de donde viene? No podía gastar demasiado chacra, necesitaría guardar algo para poder escapar. Los tanuki no la dejarían ir sin más. ¿Realmente valía la pena? No. El riesgo era demasiado alto. De cualquier manera lo mejor era esperar, y seguir sus reglas mientras tanto.
Todo esto lo pensó en apenas unos segundos. Miró a su alrededor, el bosque seguía impasible y, a simple vista, inmutable; pero algunos árboles tenían más ramas que antes, la hierba estaba más crecida en algunos puntos. Parecía que cada dia el bosque crecía lo de un año.
«No parecía molesto por lo que hice el primer día. —Medito con más calma—. Significa eso que estaba bien, ¿No? Ahora me dicen que no me mueva. ¿Será una prueba?»
Intentó comprobarlo, se levantó para ver que pasaba, pero no hubo ninguna reacción. No se movió el piso, ni llegó Kohoku enfadado a obligarla a sentarse o nada parecido. Dio un paso con cautela, pensando que de pronto el piso se abriría o algo pero no pasó nada. Siguió caminando y en poco tiempo olvidó la precaución.
Ésta vez el bosque volvía a ser un hervidero de vida. Creó un clon de sombras y se puso a seguir a un animalito que parecía algo entre conejo y ratón. Lo vio comer varias semillas caidas de algunos árboles, roer algunas raíces; en una ocasión una serpiente casi lo devora pero el animalito saltó cerca de dos metros y se subió a una rama escapando del peligro inminente. La serpiente prefirió buscar una presa menos complicada.
Así pasó el día y para cuando el sol volvió a lo más alto ella ya estaba sentada sobre las hojas marchitas con el palito en la mano. El tanuki apareció como de entre la bruma y la miraba fijamente.
—Bueno, sabía que en algún momento te quedarías resagada. —Dijo tras dejar de mirarla, luego suspiró y siguió hablando—. La siguiente lección es está.
Levantó una garra afilada y puso sobre ella otro palito igual al que le había entregado antes. Lo mantuvo en equilibrio sobre la punta mas delgada un momento y luego volvió a desaparecer.
Koko estaba anonadada, todo ésto la estaba frustrando demasiado. ¿Qué significaba? ¿Tenía a caso algún significado? Además, ¿como estaba eso de que se había quedado resagada? Eso implicaba que tuvo algún avance pero ella no sentía que hubiera avanzado. Se agarró la cabeza frustrada y gritó, se dejó caer al suelo y se quedó mirando el techo de hojas sobre ella. Algunos rayos de sol atravesaban las tupidas ramas y llegaban hasta el suelo, era la única iluminación que había en ese bosque. Estuvo pensando por un rato y al caer la tarde se dio cuenta de que la lección de éste dia era bastante clara aunque no pudiera descubrir una aplicación útil en la batalla. Suspiró y se dijo que de todas maneras no tenía nada mejor que hacer.
Volvió a sentarse y tomo en sus manos el palito. Empezó a hacer equilibrio con él de mala gana, sin mucho interés. Para cuando el sol caía ya podía sostenerlo varios minutos. Cuando la luna llegó y la obscuridad fue más densa, se dio cuenta de que sin luz la cosa se complicaba. Se esforzó, realmente se metió en la tarea concentrando el cien por ciento de su atención. Al amanecer puso el palito en su dedo índice y lo mantuvo así hasta que Kohoku volvió.
—¡Mira! —Le dijo mientras mostraba lo que había logrado muy orgullosa.
—Impresionante. —Exclamó Kohoku, aunque en realidad no parecía impresionado—. Si tuviste tiempo de aprender a hacer algo tan inútil significa que dominaste la lección rápidamente.
Koko se desánimo, de verdad creyó que ésta vez había comprendido al menos algo.
—Dime, ¿cuál era la lección? —Cuestionó Kohoku.
—No... No lo sé.
—¿No? —Kohoku suspiró—. Bueno, no importa. La lección de hoy puedes intentar aprenderla sin comprender las anteriores, pero para la de mañana necesitarás todas. Significa que hasta aquí podías llegar, y yo qué empezaba a creer que tenías potencial.
—Espera. Ni siquiera se de que hablas.
—Hablo de que las lecciones serán más difíciles.
—¿Qué lecciones? —Se quejó Koko—. No me has dado ninguna, solo frases raras y acertijos incomprensibles.
El tanuki la miró extrañado.
—¿Me estas diciendo que... No has entendido ninguna lección...? No es posible. Pusiste en práctica cada una... Excepto las dos últimas... que eran las más obvias. —Kohoku hablaba con la mirada perdida, se respondía a si mismo—. No me lo explico.
Le dio una mirada de confusión aunque también había interés, enseguida volvió a desaparecer.
Koko se quedo perpleja.
Pasó un buen rato, más de un par de horas en las que Koko se entretuvo pensando en las posibles lecciones. El ta... Kohoku le había dicho que quería que se quedara quieta. ¿Cómo eso era una lección? Había estado quieta muchas veces en su vida, no tenía ningún sentido. Lo del equilibrio lo comprendió mejor, kohoku había hecho un eufemismo, Hana sensei ya le había hablado del equilibrio antes, aunque había dicho que ella ya lo conocía. Cada vez se convencía más de que estaba perdiendo el tiempo, entonces volvió kohoku.
Ella lo miró y estuvo esperando frente a el durante varios minutos pero él no dijo nada simplemente la miraba fijamente y callaba. Koko se empezó a sentir incómoda, intentó ver hacia otro lado pero no pudo. Su cuello estaba rígido y no la obedecía.
«¿Qué demo...?» Empezó a pensar pero de pronto todo le daba vueltas. El mundo entero giraba alrededor sin control, aún así los ojos de kohoku seguían fijos sobre ella. Intentó controlar su chacra para salir del genjutzu pero le era imposible, tenía demasiado ruido en la cabeza. Todo era un mar tormentoso excepto por los ojos impasibles de kohoku. Sin más que hacer se concentró en ellos.
Eran un par de orbes negros, tan negros como un poso sin fondo aunque en los rabillos de sus ojos había partes blancas. En su centro la luz del día se reflejaba y encontró que si se concentraba en eso, el resto del mundo se calmaba. Así estuvieron sentados los dos, uno frente al otro, mirándose hasta que la luna iluminó el bosque y pasó y luego el sol se levantó y no dejaron de mirarse hasta que llegó a su punto más alto.
Entonces kohoku apartó la mirada y Koko estuvo libre para hacer lo mismo.
—Ya estamos en el sexto día, así que la siguiente lección tendrá que ser doble.
Koko asintió, ya no tenía dudas de que incluso si las lecciones eran o no reales, lo mejor que podía hacer era seguir la corriente.
Kohoku se echó sobre cuatro patas y se puso a buscar algo por los alrededores bajo la atenta mirada de la kunoichi. Encontró lo que buscaba rápidamente, volvió sobre sus pasos y se lo mostró. Era una hoja larga y angosta, Koko la identificó como una de las que habían hecho desaparecer a sus clones el primer dia de lecciones.
Kohoku la agitó impaciente y ella la tomo pero no tenía idea de que quería que hiciera. Sus clones habían desaparecido en cuanto dieron un mordisco a la hoja así que eso no era, pero no tenía más ideas. Miró a kohoku con duda, preguntando con la mirada lo que quería que hiciera. Kohoku agitó la cabeza en una negación y volvió a desaparecer.
Koko se sentía frustrada, estaba pensando que avanzaban y ahora volvían al principio. De mala gana se puso a analizar lo que había pasado desde el medio día. Kohoku dijo que la lección sería doble, lo que no aportaba mucho. Le dio vueltas a la hoja analizando la, por un momento pensó en comerla pero se dijo que esa sería su última opción.
Siguió por un buen rato pero nada nuevo llegaba a su cabeza. El sol ya estaba cayendo cuando recordo algo que había dicho kohoku el tercer día. "Para la siguiente lección necesitarás todas las anteriores" El problema era que incluso si el decía que las había comprendido ella no tenía idea de que se trataban. Repasó todo lo que había pasado en ese bosque. Primero fue rápidamente, recordando en su mente a saltos; solo pasando por donde creía que estaba lo más importante. No sacó nada de eso pues solo eran cinco o seis retazos de recuerdos que apenas se conectaban entre sí.
Volvió a retroceder pero ésta vez fue más lento, buscando en los rincones, en las expresiones de kohoku y los tanuki del genjutzu. Fue difícil pues ella no estaba familiarizada con las muecas de sus caras inhumanas.
Al principio kohoku parecía molesto, seguramente no quería enseñarle a una Uchiha los secretos de su bosque. Pero hacia el final incluso repitió una lección para dejarle asimilarla, aunque no estaba segura de que hubiera funcionado. Algo había cambiado, pero, ¿qué?
Estaba repasando todo por tercera vez cuando se dio cuenta de algo, la manera en la que había aprendido su primera lección; no con los tanuki o con Hana sensei, ni siquiera en la academia. La había aprendido con Mitsuki, solo imitando, el le había mostrado como usar chacra para sostenerse en el tejado. Cierto que fue de manera muy básica, algunos dirían que solo estaba usando la fuerza de sus músculos, pero la verdad es que fue su primera vez usando chacra de manera conciente. Es cierto que no solo había usado la vista, también le había dado un ejemplo que ella ya conocía. Eso le dió una idea.
Se sentó en el suelo con las piernas cruzadas y se concentró. Hizo cuatro clones de sombras, aunque le costó mucho, las cinco Koko resollaban por la división de chacra. Solo un momento después el cuarto clon desapareció en una nube de humo y eso las ayudó un poco. Chasqueo la lengua molesta pero no podía más que aceptar la situación. Envío a los tres clones a explorar el bosque mientras ella se concentraba en la lección del día anterior: equilibrio.
Cerró los ojos y se concentró en su propio chacra. Podía sentir el flujo, como recorría su cuerpo, como fortalecía sus músculos.
Era un ejercicio de calentamiento, todo ninja podía transformar su chacra para adaptarlo a cada parte de su cuerpo, era casi inconciente, sin embargo hacerlo como una rutina y prestando atención a cada cambio ayudaba al control. Después de un tiempo, cuando se sintió mas ligera, como si su chacra pasara de ser espeso a fluido y ligero, llevó su atención a sus clones. El chacra recorría su cuerpo uniformemente y se moldeaba con facilidad. Entonces lo detuvo por completo, formó un sello con sus manos e intentó un cuarto clon. Crearlo fue sensillo, mantenerlo era totalmente diferente. El chacra se movía de uno a otro clon desestabilizando los a todos. Era como intentar mantener en vertical varios palitos que no puedes ver solo usando una cuerda.
Pudo sentir claramente como el mas lejano estallaba en humo y el chacra volvía a ella con el conocimiento y desgaste del clon. Se enteró de que varios animales usaban hojas como la que le había dado el tanuki, ¿para que? pues no estaba claro. El clon había desaparecido justo a media investigación.
Envío al que había creado antes con la consigna de seguir donde se había interrumpido la búsqueda. Mientras tanto ella siguió con el ejercicio. Volvió a concentrarse, manipuló el chacra y cuando estuvo contenta con la sensación volvió a crear otro clon. Esta vez parecía más estable. Repitió el proceso y en poco tiempo había ya cinco clones. El control se le fue de las manos pero puso un gran esfuerzo en regularlo con los extremos de la cuerda; lo mantuvo unos segundos y en seguida los cinco clones desaparecieron.
Así se enteró de que los animales usaban muchos tipos de hojas, generalmente cerca de la cabeza y siempre en contacto con la piel. Se preguntó que significaba y llegó a la conclusión de que solo había una manera de averiguarlo. Sintiéndose muy estúpida levantó la hoja y la miró indecisa. Al final se dijo que no había de otra y cerrando los ojos la pegó a su frente.
El efecto fue inmediato, la energía entró en ella como un río, fue tan abrumador que se sintió mareada y desorientada. Estuvo a punto de caer pero se sostuvo abriendo las piernas para ampliar su centro de gravedad. Quitó la hoja porque era demasiado, aún así sentía por todo su cuerpo un chacra extraño. Se miró las manos y con miedo vió que se le estaban poniendo peludas. Todo su cuerpo se llenó de pelo negro y grueso, sentía que se asaba y luego que se ponía rígida. Soltó un grito de terror y entonces un golpe fuerte en la cabeza la tiró al suelo.
De repente el pelo había desaparecido. Tenía tierra en la cara y le dolía la cabeza pero el pelo había desaparecido y con el todos los demás efectos. Se levantó y miró a su alrededor. Kohoku estaba ahí, parado sobre dos patas con un palo redondo en las garras.
—¿Qué pasó? —Preguntó Koko.
—Acabas de descubrir uno de los secretos de éste bosque. —Contestó kohoku. La chica estaba confundida, el le hizo una seña para que se sentara.
—Lo que acabas de experimentar es conocido como senjutzu. Es la energía de la naturaleza.
—Era muy poderosa. —Apuntó Koko, su interlocutor asintió.
—Lo es sí. Por eso necesitabas aprender antes todo lo demás.
Koko esperó un momento pero kohoku no volvió a hablar.
—Me queda solo un día. No podré dominarla en ese tiempo.
El tanuki negó.
—¿Entonces para qué me la mostraste?
—Normalmente los jóvenes tanuki estudian ésto durante años. Tienen toda la vida para comprenderlo, pero tu solo tenías siete días. Ahora lo sabes y tendrás toda la vida para pensar en eso. Tal vez lo comprendas en algún momento. Ya te di lo que pude, el resto quedará en manos del destino.
—Al final... —Siguió cuestionando Koko—. Pasó Algo, me sentía rígida y la energía... No se explicarlo, era como si... Se hiciera espesa. ¿Como lidio con eso?
—No lo se. —Respondió kohoku agitando la cabeza.
—Pero... Tu me sacaste de ahí con eso. —Señaló el palo en la mano de kohoku.
—Me refiero a que no se como lo harás tú, nosotros tenemos ésto pero no saldrá de éste bosque. Ni siquiera las plantas, se pudren en instantes si lo intentas. —Koko hizo una mueca de molestia—. Pero ahora conoces el sentimiento, con suerte algún día logras reproducirlo en tu hogar.
La kunoichi se resignó, sabía que nada que dijera cambiaría la situación; en lugar de eso preguntó por su último día.
—¿Ahora que sigue?
—Ahora sigue la lección más importante.
Anunció Kohoku levantándose muy animado. Sacó la calabaza de antes y le dio un trago lago, muy largo. Enseguida se la lanzó a Koko y se tiro en un árbol cercano. La kunoichi atrapó la calabaza al vuelo y la miró un momento.
—Creo que ésta lección la entiendo, pero apenas tengo trece años. No debería beber.
Le devolvió la bebida, el animalito la recibió se encogió de hombros y volvió a beber...
Al día siguiente encontró frente a su lecho de hojas una especie de ensalada con ingredientes que no conocía. La devoró en un momento y le pareció lo mejor que había comido en mucho tiempo.
Al medio día llegó kohoku acompañado de un tanuki con el pelaje marrón y manchas claras alrededor de los ojos. Koko lo identificó como el que había visto en el genjutzu con el que Kohoku habia descubierto sus ojos.
—Ya han pasado los siete días. Como lo prometimos hoy te dejaremos ir pero antes tienes que firmar ésto.
Sacó un pergamino de algún lugar en su espalda, a su lado Kohoku hizo una mueca de asco que le arrancó una sonrisa a Koko. El tanuki de ojos claros la miró molesto, luego dirigió una mirada reprobatoria a su acompañante quién fingía no saber lo que ocurría.
—Estoy muy contenta por poder volver a mi aldea. —Se apresuró a decir Koko para desviar al atención del enfadado tanuki.
—Pues firma ésto para que nos libremos de ti, y recuerda que no debes volver jamás.
Koko asintió y tomó el pergamino, tuvo que esforzarse para no hacerlo con las puntas de los dedos como si estuviera lleno de porquería.
—De la misma manera que un contrato de invocación.
Ella volvió a asentir, extendió el pergamino, se mordió el pulgar y firmó como ya lo había hecho antes. El tanuki del que no conocía el nombre le arrebató el pergamino como si creyera que intentaría quedarselo y se desvaneció en el aire. Kohoku agitó una mano a modo de despedida y también desapareció. Koko hizo una respetuosa reverencia pero no supo si Kohoku la había visto.
Se preguntó que haría ahora para volver a Konoha pero pronto se dio cuenta de que estaba en una de las areas de entrenamiento. Hechó a andar hacia su casa en el distrito Uchiha, necesitaba un baño urgentemente.
Fin del capitulo.
Notas:
Hace tiempo que debería haber publicado este capítulo. Lo tenía casi hecho, solo faltaba la última parte y corregir errores cuando me dí cuenta de que no era lo que buscaba. Creo que el capítulo no era malo en sí pero el estilo no pegaba con lo que necesitaba para este capítulo. Los tanuki no eran como esperaba que fueran, Koko no era Koko y sobre todo Kohoku no era Kohoku. Tenía que rehacer muchas partes, modificar algunas para que todo cuadrara y solo tenía tres o cuatro días para subir el capítulo. Me desanime. No encontraba como podía hacer todo eso en tan poco tiempo y me atasque.
Se me pasó por la cabeza publicarlo tal cual estaba para avisar que dejaría de escribir por un tiempo pero... No, no podía.
Sentía que solo iba a soltar cualquier cosa, dar una escusa y luego no tenía la certeza de que seguiría escribiendo.
Decidí que si iba a hacerlo lo haría bien, por lo menos todo lo bien que soy capaz. Así que puse en práctica todos los consejos que he dado alguna vez sobre este tipo de situaciones.
Ésta historia no es realmente mía puesto que ésta basada en el mundo de alguien más. Con todo y eso es muy importante para mi porque es la primera que me tomo en serio. Quiero terminarla y sería muy fácil decir: venga, la historia como viene y meter capítulos solo por meter capítulos hasta llegar al final. Eso no cumpliría con el objetivo que me puse a mi mismo.
Tampoco es plan de aventarme un monólogo, solo digo que éste capítulo tiene todo de mí, no porque sea lo mejor que he escrito, sinó que tuve que hacer uso de todo lo que he aprendido en el tiempo que llevo escribiendo. Fue todo un reto y como prueba están los meses que me llevó terminarlo.
Nos leemos.
Suerte, bye.
