Doble D tuvo muchas inseguridades al dejar a Marie sola en la casa. En otras circunstancias —léase una en la que no hay asesinos detrás de su cabeza y la madre de Marie le haya dado permiso para quedarse con él— habría adorado quedarse con ella, a su lado, simplemente a contemplar sus ojos cerrados bajo sus pestañas delineadas y sus sombras, pensando en todo lo que esa chica podría estar soñando. En una de sus tardes, Marie le había contado que ella no solía soñar mucho, pero que cuando lo hacia, sus sueños eran demasiado largos y complejos. Podía soñar incluso en tercera persona, y aun mas, sin que ella estuviera presente en la historia. Como si fuera la narradora omnisciente, y todo sin consciencia de estar soñando. Doble D se sintió feliz de que sus sueños no fueran como los de el; reminiscencias de la noche mas trágica de su vida.
Todos los días habían sacrificios, y en días como este llegaban a ser terribles. Sin embargo, la vida de las personas que le importaban, Ed y Eddy, casi siempre habían estado bajo seguridad. Hasta hoy. Ed había conseguido huir junto a Nazz, Rolf, y las hermanas de Marie. Su novia estaba protegida bajo los hechizos de su casa, además de por el collar de zafiro, y Doble D guardaba la mínima esperanza de que no se hubiera despertado. Si lo hizo, tenía una esperanza aun mas pequeña de que no se haya ido de casa. Pero no le sorprendería en absoluto si se salió de ahí. Para eso le dio el collar, y aunque en cuyo caso resulte difícil de creer, era un alivio que Marie fuese mujer.
Y luego estaba Eddy.
Levantó la vista al cielo y suspiro. Tres de la mañana. La noche en su punto mas oscuro.
Se encontraba frente a la entrada de la feria. Desde allí se podía ver todo. La feria estaba intacta, salvo algunas tiendas que ellos atacaron e incendiaron y ya se habían apagado luego de calcinarse por completo, o aquella maquina inmensa que tiraron abajo. Cinco de ellos rodeaban a Eddy en silencio. Su amigo estaba sentado en el medio, atado, cabizbajo y quizás pensando en que si no se hubiese regresado a la feria ahora mismo estaría con Ed, Rolf, Nazz y las hermanas de Marie a salvo en el pueblo mas cercano. Junto a el estaban cinco de esos Hombres Verdes. ¿Dónde estaba el sexto?
Apenas puso un pie en la feria, el líder de los hombres, a mas de cien metros de distancia, levantó la vista hacia él. En la noche se veían como manchas negras inmensas, absorbiendo la luz lunar. Sus túnicas no aparentaban el negro de una cobija o de un neumático bañado por la luz de algún farol que le daba un tono mas gris. Eran túnicas negras, totalmente negras.
Doble D se imaginó del lado de aquella secta que era mas que una secta, trabajando en sus filas. No usaría esa túnica ni aunque le obligaran, por lo que tal vez le darían algún otro atuendo negro. Tal vez una camisa negra, y una corbata blanca para contrastar.
—Eddward Marion Vincent. El único mago vivo del siglo XXI... viene a ser nuestro.
Eddy se puso de pie con dificultad. Estaba atado.
—Primero liberen a Eddy. Es el trato.
El líder rio.
—Primero, debes acercarte a mi, a dos metros de distancia. Luego te arrodillaras e inclinaras tu cabeza.
Doble D tragó saliva. Le recordó a la película 300, la parte en donde Jerjes exigía a Leonidas que se humillara frente a él. Lo hizo dos veces en la película. En la primera, Leonidas se burló de él.
Se acercó lentamente, como el le había dicho. Agachó la cabeza frente a él. Sin verlo, sintió las palmas de unas manos apuntar a su nuca. Pero no eran del líder, sino de los dos que lo flanqueaban.
—¡No le hagan nada! —gritó Eddy. Otro de los hombres le dio un puñetazo en el estomago. Doble D lo supo porque escucho el sonido sordo del golpe, seguido del quejido de Eddy y su caída.
Hasta ese momento, los Hombres Verdes le habían parecido a Doble D una cofradía de la mas oscura y alta casta mundial. Seres deshumanizados, incapaces de procesar sentimientos. Esta fue la primera vez que pensó en ellos mas como bravucones disfrazados.
—Si eres digno de vivir, bastardo con magia, tu misión es derrotar a estos dos hombres. Como sabrás, su lealtad al nuevo orden es tan inmenso que están dispuestos a dar su vida para llevar a cabo nuestro objetivo, que es poseerte. Si te matan, es porque no eras el indicado para este trabajo. Tienes una hora.
—¿Qué hay de Eddy?
—Si no los eliminas en una hora o mueres, él también morirá.
Era lo que esperaba. Doble D levantó la cabeza. Dos de los hombres, uno a cada lado del líder, lo apuntaban con ambas manos. Cuatro sobre él. Y el líder no había dicho ni una sola palabra de Marie. Es casi seguro que ninguno de ellos sabía que ella aun seguía en la feria. Y por otra parte tampoco mencionaron la espada. Sus antecesores la vieron quemarse un rato en el fuego blanco del ex líder, y ahora los actuales creen que fue destruida. Esa era una enorme ventaja para él.
Rápidamente llevó a cabo su plan. Se puso de pie y echó a correr hacia la salida de la feria. Ambos lo siguieron.
—¿Corres tan pronto? Muy bien —dijo el líder—. Confiaremos en que sea una estrategia para ganar y mantener a salvo a este fracasado.
Doble D se llevó a ambos afuera de la feria. Los dos hombres comenzaron a atacar a distancia. Utilizó los arboles para ponerse a cubierto. Era como estar en medio de un tiroteo en algún barrio carenciado de Los Angeles. Pandilleros cargados de polvo de ángel en el organismo, con armas que ni ellos saben donde consiguieron.
La fuente de magia de los hombres verdes era desconocida para todos. Lo único que se le ocurría a Doble D eran dos alternativas. La primera, pacto con el diablo, vendidas de almas y contratos firmados. La segunda, de alguna extraña y surrealista manera habían usado a su familia para obtener su energía, absorbiéndola mediante métodos misteriosos y arcaicos que en este momento no deseaba imaginar, y conservándola en recipientes para disponer de ellas por cierto tiempo limitado y para ciertos fines oscuros. Stephen King había escrito por lo menos dos novelas adoptando esta trama.
Doble D se puso a cubierto detrás de un árbol. Preparó su poder en la punta de su dedo, salió y disparó. Años de huidas y problemas con criminales que provocaba Eddy con estafas le habían conferido a Doble D cierta habilidad para defenderse. No mucha, era el menos hábil de los tres en física, pero sabía a dónde ir y qué hacer en cada situación.
Volvió a ponerse a cubierto. Esperó otros segundos. Vio otro árbol y se lanzó a correr hacia allá mientras disparaba una ráfaga de su magia y se protegía con el escudo repelente que le había enseñado su madre.
«Cuando encuentre a los Hombres Verdes, voy a quemarlos y a verlos morir lentamente. Como lo hicieron con mi familia» le dijo una vez a Ed y a Eddy.
El tiempo pasó, pero nada cambió en él. La determinación se hizo aun mayor.
La batalla en el bosque se cargó a tres arboles, los cuales comenzaron a incendiarse, y el humo escaló rápidamente hasta el cielo. Doble D los retuvo en esa zona el tiempo suficiente para hacerles creer que estaba retrocediendo, en dirección hacia los muelles. No quería que descubrieran que en realidad los estaba llevando hasta allí intencionalmente.
Varios metros antes de llegar a ver el montículo, supo que algo andaba muy mal. Cuando llegó a verlo, sintió escalofríos y una presión en el pecho.
Había un agujero grande.
Doble D palideció. Recibió uno de los ataques de los hombres y reaccionó. Se puso a cubierto detrás de un árbol, y desde allí vio el agujero. Una parte de él trataba de convencerlo de que Marie había obtenido la espada y había hecho ese agujero, y que ahora ella estaba por allí escondida, esperando el momento preciso para manifestarse y atacar, pero lo importante, que estaba bien y con vida. Otra parte lo convencía de lo peor. Y también guardaba la esperanza de una última alternativa. Quizás ella seguía en casa, y este agujero lo hizo...
Cuando pensó en la idea, casi se descompuso. Hasta donde recordaba, habían llegado siete hombres verdes. Uno de ellos murió a manos de alguno de los muchachos (Ed, Eddy, Rolf), lo que dejaba a seis en pie. Dos de ellos lo están persiguiendo ahora mismo y tres, incluyendo el líder, se quedaron en la feria con Eddy. ¿Dónde estaba el sexto?
«El sexto encontró a Marie.»
—No…
Los dos hombres tiraron abajo el árbol, y Doble D corrió a toda prisa hacia el agujero. Ellos nunca podrían sacar la espada de su lugar. Era obvio que la espada ya no estaba allí. Pero si la plataforma estaba intacta, alguien en peligro tomó la espada. Si no lo estaba, los Hombres Verdes la encontraron y la tomaron a la fuerza. Pero en la feria solo había tres personas que saben de su ubicación. El, Eddy… y Marie.
«El sexto amenazó a Marie para que le revelara la ubicación de la espada y luego la… la...»
Casi alterado, Doble D se lanzó al agujero, esquivando por milímetros uno de los chorros blancos. Aterrizó en una superficie rocosa y dura. Levantó la vista.
La plataforma estaba intacta. La espada ya no estaba allí.
Los dos hombres verdes llegaron al agujero. Desde allí apuntaron hacia él.
—Hasta nunca, elegido.
Doble D eludió los ataques poniéndose a cubierto tras las paredes del acuífero, ahora convertido en un agujero. Los ataques de los dos hombres salpicaron el agua. El mago escuchaba chapoteos fuertes si caían al agua, e impactos blancos si lo hacían sobre la roca o las paredes del agujero.
Tuvo otra idea. Sacó de su manga un bolígrafo, esperó a que uno de ellos se descubriera y rápidamente se lo disparó. El enemigo trató de esquivarlo, pero el bolígrafo se incrustó en su hombro derecho.
—¡Ahhh! ¡Te mataré, niñato de mierda! ¡Voy a acabar contigo y luego voy a divertirme con la zorra de tu novia!
Calma. La concentración era el punto equidistante entre la ira y la serenidad, y Doble D corrió a dicho punto casi arrojándose a él. Incluso respiró profundo. Nadie hablaba así de su Marie, pero ahora lo importante era mantener la cabeza fría. Hizo oídos sordos a los insultos proferidos por el hombre al que atacó con el bolígrafo, y se concentró en el otro, que permanecía callado y al parecer apuntaba mejor.
En un momento, asomó su cabeza para ver a sus objetivos. El segundo disparó una ráfaga de ataques. Doble D se ocultó. Uno de esos ataques rozó su gorro. El mago se giró a ver donde habían impactado, y fue allí cuando notó algo que no había visto la primera vez, y que le congeló la sangre.
El sexto hombre verde, o lo que quedaba de él, yacía flotando en las aguas de la cueva. Sin entrar en detalles, su cuerpo había sido desgarrado casi por completo. Doble D hizo un esfuerzo por no vomitar cuando vio los órganos contaminar el agua que alguna vez fue cristalina.
Los hombres verdes pararon el fuego al notar que el hechicero no respondía.
—¿Qué mierda? ¡Es Greta! ¡Le he dado a Greta! —exclamó la basura a la que había atacado con el bolígrafo— ¡La he asesinado! ¿Qué hacia allí esa gorda inútil?
—No fuiste tú, ella ya estaba allí. Pero no fue él, alguien mas se lo ha cargado.
De nuevo sumergido en su mente fría, Doble D reaccionó sin ser consciente. Mientras sus dos atacantes discutían, se infiltró en el pequeño pasillo que conectaba el acuífero con la escalera invisible. Subió por ella y llegó a la superficie. Los tenía de espaldas. Mamá siempre le había dicho que disparar a sus espaldas era una manera cobarde de combatir y que no había nada de honor en ello.
Pero también le dijo que no debía tener ningún tipo de piedad con asesinos como ellos.
—Lo único que pudo haber acabado con ella de esa forma es… No, imposible. Si ya la han destruido. O eso dijo…
—¡¿Dónde esta?! ¡El bastardo se ha ido!
Doble D disparó una bala de un fluido caliente hacia el sujeto del bolígrafo. Le dio en la nuca y lo derribó. Este cayó al agujero. El otro se giró, y rápidamente activó un escudo protector. Doble D corrió de nuevo hacia el bosque. sabía que ese disparo en la nuca no había acabado con el otro.
Se puso a cubierto tras un árbol. El otro hombre aun tenía el escudo. Doble D disparó desde allí. Fue ahí cuando pasó algo inesperado.
Un rayo enorme y blanco se llevó por delante a su enemigo. Cuando acabó, Doble D volvió a ver.
Marie apareció en escena, seguía empuñando la espada, todavía en guardia alta. Observó de lejos al hombre y luego se volvió a Doble D. Corrió hacia él.
—Oh, Doble D. Dime que estas bien.
Doble D permaneció mudo. No tenía palabras para lo que había visto.
—¡Bastardos! ¡Los mataremos! —escucharon del agujero. Marie rápidamente empuñó la espada hacia alli.
—Marie…
—¿Que?
—¡Cuidado!
Doble D la tomó del abdomen y saltó hacia atrás con ella. Delante de ambos, un chorro blanco pasó a toda potencia. Marie solo tuvo que ver su velocidad y la presión que se había llevado para saber que ese ataque los habría decapitado.
En el suelo, Doble D se giró hacia el hombre que Marie había derribado con la espada. Se estaba poniendo de pie.
—¿Q…qué? ¿Pero cómo? —murmuró ella.
—La luz lunar.
—¿Qué?
Doble D la tomó de la mano y se la llevó corriendo, de nuevo al bosque. Los dos hombres verdes los siguieron al trote. Pese a haber recibido ciertos daños, todavía podían seguir de pie.
Doble D y Marie se ocultaron tras los matorrales de una zona muy oscura donde los pinos eran inmensos y la luz lunar casi llegaba a ellos. Desde allí vieron a ambos buscando por cada rincón a la pareja.
—Doble D. ¿Por qué la espada no asesinó a ese tipo? —siseó Marie.
Doble D se giró a verla, pensando en que lo único que debía importar era ella. Su novia estaba allí. Aparentemente intacta. Empapada y un poco sucia, lo que llenó aun mas de preguntas al mago. La besó en los labios y luego le respondió.
—¿Recuerdas que te dije que los Hombres Verdes se hacían más poderosos en la noche?
—Pues… ahora que lo recuerdo, sí. Lo mencionaste.
—Esto no fue siempre así. Desde aquel encuentro donde perdí a Mamá, sus seguidores de alguna manera consiguieron experimentar con fenómenos que escapan a mi magia, como lo es la luz lunar. Los Hombres Verdes que conocí cuando tenía trece no eran tan grandes como estos. No contaban con la resistencia que tienen los de ahora, y por la noche también eran vulnerables, por eso la espada celeste acabó con ellos muy fácilmente.
—Pero… Ah, claro —dijo Marie—. El del acuífero no tenía luz lunar, por eso…
—¿Dónde estás, bastardillo? —dijo el hombre verde malhablado—. Puedes salir, cobarde, que te tengo buenas noticias. Lo hemos pensado mejor y no vamos a matar a tu novia. No la queremos fría.
Marie palideció ante lo que había escuchado. Doble D lo observó bien. Con una mano el sujeto se cubria de la herida que le había ocasionado el bolígrafo. Se volteo a ver a Marie y la encontró muy asustada. Como sea, era evidente que no la había pasado bien.
—Tranquila. Tienes a tres elementos protegiéndote ahora mismo. La espada, el collar, y yo —dijo Doble D. Marie pareció calmarse. Doble D trató de ocultar en su semblante la preocupación. Incluso aunque estuviera protegida, el collar no reaccionaba de forma inmediata. Si él se descuidaba, ella podía correr mucho peligro, como recién lo había hecho.
—Sal de una vez, Vincent. El momento para demostrar que eres un hombre, es este —dijo el otro.
Doble D sacó de la manga un lápiz. Y salió.
—¡Allí est…!
Antes de que pudiera terminar la frase, Doble D le disparó el lápiz. Esta vez le dio en el ojo. El hombre verde se desplomó en el suelo como un trapo. El otro corrió hacia donde este había caído.
Doble D y Marie se tomaron de la mano y volvieron a correr. El mago protegió a ambos con el escudo, rechazando los ataques del otro.
—Me hiciste un favor, Vincent —dijo este—. Ya no soportaba sus lloriqueos. Aunque ahora lo que te corresponde es morir.
Cerca de una roca Marie tropezó con el suelo y dio un pequeño grito. Doble D alcanzó a sostenerla y ambos se dejaron caer tras la roca. Él revisó su tobillo.
—¿Qué te ocurrió ahí?
—El otro me agarró de ahí muy fuerte. Pero solo fue eso.
Los disparos del hombre verde no cesaron. Doble D emitió un muro protector bastante alto.
—Lo siento, Marie.
—¿Qu…? —Antes de que pudiera responder, Doble D la tomó en brazos, la levantó y echó a correr tras la muralla. Marie miró detrás de su espalda; los ataques impactaban contra el muro invisible y explotaban en destellos blancos que impedían ver lo que ocurría detrás.
Doble D la llevó tras unos arbustos y la dejó allí.
—Diablos, Doble D, yo puedo correr sola.
—Lo siento... lo hice... sin pensar —respondió entre jadeos—. Quédate aquí.
Desde allí vio a su novio salir al encuentro contra el ultimo de ellos. Ambos se miraron. El enemigo disparó un último chorro, el mas potente hasta ahora, y Doble D hizo lo mismo con una bola de energía, igual a las que hacia en sus funciones. Fue una colisión de ataques que iluminó todo el claro del bosque.
El hombre comenzó a ganar terreno, haciendo a Doble D retroceder. Su ataque pareció mas poderoso. La bola de energía estaba regresando hacia él.
—Es… tu fin… Bastardo con magia...
Marie salió corriendo hacia él con un grito, empuñando a un lado suyo la espada. El hombre verde alcanzó a notar su presencia a tiempo. Giró su ataque hacia ella. Ella elevó la espada. Esta dio un destello potente ante el contacto directo.
Lo último que Doble D alcanzó a ver fue la colisión del ataque del enemigo con Marie y la espada.
—¡Marie!
Se acerca el final
