Notas de la autora: ¡Hola a todos y todas! Sí, tenemos actualización. Debería esperar una semana más… pero ¿Qué quieren que les diga? Soy una impaciente. Jajajaja. Mañana lo tengo muy difícil para publicar, así que les dejo el capítulo hoy. Es uno de mis preferidos, espero que lo disfruten. Creo que algunas de ustedes esperaban por un poco de acción… jajajaja. ¡Dos tazas! En fin, nos leemos al final.
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¡Sakurita136, publica WABI SABI que me encanta! ¡Gracias por todo y te dedico el capítulo enterito! Un beso y un abrazo de oso.
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Capitulo decimosexto
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El silencio del carruaje era abrumador. Sakura miraba por la ventana con el rostro perdido en el cielo. Las nubes seguían siendo blancas como el algodón y el calor del día empezaba a amainar lo justo para que el paseo fuera un poco más agradable. Xiao Lang contempló el rostro de la joven con sentimientos confusos. Le había gustado besar su mejilla. Sabía que no había sido correcto, no tenía su permiso y le prometió ser considerado con ella. No quería presionarla, pero de algún modo la situación lo había conducido a ello y no se arrepentía. Aun así, el día no estaba saliendo como él hubiera querido y no parecía mejorar con el paso de las horas. Carraspeó para llamar la atención de Sakura y sintió la boca seca al ver fijamente esos hermosos ojos jade. Sería tan solo una niña, pero sabía mirarte con intensidad.
- Lamento que quedaras en segunda posición, pero aún así, ha sido impresionante. Jamás creí que pudieras ser tan buena con el arco.
- Gracias, supongo…
- Era imposible que alcanzaras el centro de la diana en ese último tiro. Yue es un hombre y tiene ventaja por su fuerza física. La diana estaba demasiado lejos para ti. No tiene nada que ver con tu agilidad o tu puntería. Es una cuestión de fuerza.
- Lo sé – Sakura se giró para clavar su vista nuevamente en el paisaje. Pero Xiao Lang no se dejó intimidar por su aparente desinterés.
- Y tu ropa no ayudó… era un traje de caballero, ciertamente, pero uno para uso ceremonial. La chaqueta era muy ajustada y… - Sakura soltó un suspiro agotado y le miró de nuevo. Esta vez, con condescendencia.
- Lo sé. No tiene porque consolarme, alteza. Yue ha ganado esta competición todos los años. Yukito y yo siempre nos peleamos por el segundo lugar. Nadie esperaba que ganara. Y de ser así, todos habrían pensado que el resultado estaba amañado.
- Entiendo… aun así… ha sido un espectáculo muy hermoso de ver…
La castaña apretó la tela de su chaqueta entre sus dedos y se mordió el labio para acallar su carácter contestatario. Un gesto que atraía y molestaba al príncipe a partes iguales. Xiao Lang la observó en silencio y finalmente se atrevió a acercarse. Levantó su mano derecha con la intención de acariciar su mejilla, pero el resultado no fue el qué él había esperado. Sakura se sorprendió tanto por el gesto, que dio un salto sobre sí misma. El resultado fue un golpe seco contra el cabezal del carruaje. Soltó un quejido y le miró con ira.
- Oh, por dios. ¿Te has hecho daño? Yo sólo quería…
- ¡No haga eso! No puede actuar así de repente… – Sakura se llevó las manos a la cabeza y se frotó sin cuidado alguno, despeinando su pulcro recogido - Maldita sea… no entiendo su actitud, su majestad…
- Ya te dije que en privado puedes llamarme por mi nombre.
- Lo sé, pero no quiero hacerlo.
Esos ojos ámbar la miraron de forma confusa y se sintió aún más molesta con él. ¿Acaso no se daba cuenta de lo volátil que era? La trataba amablemente, luego con frialdad y finalmente pretendía ser amable otra vez. ¿En público era su esclava y en privado pretendía fingir que se interesaba por ella? "Gana por tu futuro emperador, por tu futuro marido" ¡Sería imbécil! Se cruzó de brazos y le dedicó una de sus miradas más indiferentes. No le daría el gusto de mostrarse dolida. Si tenía que ser su "concubina" por orden del maldito emperador, vale, eran las cartas que le habían tocado y ya no se sentía con fuerzas para seguir luchando contra un muro. Pero no bailaría mas a su son. Haría su "papel" de caras a la estúpida galería y lucharía por un buen lugar en el consejo. Pero eso sería todo. No intentaría ganarse su favor, nunca más.
- Si me lo permite, prefiero dar un paso atrás y referirme a usted por su título también en privado.
- ¿Qué? – Xiao Lang levantó una ceja, desconcertado.
- Sí, su majestad. Tenía usted razón desde el principio. No es correcto este trato ni tampoco lo es pretender que usted no es el futuro emperador cuando estamos a solas. No puedo soportar estas… subidas y bajadas emocionales. Y desde luego he renunciado a la idea de que algún día podremos llegar a tener algo parecido a una amistad.
- ¿Disculpa?
- No, discúlpeme usted, su majestad. No he sabido organizar esta estancia y puede penalizarme por ello. Debería haber preparado una recepción real, cenas con los nobles y conciertos privados. Actividades dignas de su posición. Era lo que se esperaba de una dama consorte y no he sabido adaptarme a ello. Pero ya no cometeré más errores. A partir de ahora, usted es el futuro emperador, y yo una simple concubina. Ya va siendo hora de que asuma mi rol y deje de pretender ser algo más que su subordinada. Si esa es la forma en la que usted desea que me vean los demás cuando estamos en público, ese será mi rol también en la intimidad. No más juegos.
- Esta siendo descortés, otra vez.
- No, por primera vez estoy siendo correcta. Así que, su majestad, por favor no finja que le importo y vuelva a tratarme como antes. Será lo mejor para ambos. Así ninguno se creará esperanzas banas ni se llevará decepciones por los actos del otro – Xiao Lang apretó los dientes con fuerza y volvió a sentarse debidamente en su asiento.
- ¿Quieres dar un paso atrás? – su voz era contenida, pero Sakura vio el fuego en sus ojos. Lo había enfurecido, pero ya no le importaba. Ya nada le importaba.
- Eso he dicho.
- ¿Aun a expensas de perder la puntuación de esta prueba y alejarte del resultado que querías?
- Creo, su majestad, que la competición nunca fue justa y que mis esfuerzos jamás hallarán recompensa alguna. ¿Para qué molestarse entonces? Estoy cansada de ir contra corriente. En la primera prueba me concedieron el peor día y el salón más pequeño. En la segunda competencia me sabotean y…
- ¿Sabotearte?
- No soy una niña obtusa. Sé que alguien filtró la información de su llegada. No creo que fuera uno de mis hombres. Lo habrían comunicado antes y de otra forma.
- Eso no lo sabe.
- Oh, sí que lo sé. Conozco a mi gente.
- ¿La conoce hasta ese punto? ¿Cree que nadie la traicionaría? No sabía que fuera usted tan ingenua. ¿O es arrogancia? – Sakura se encogió de hombros, demasiado ofuscada como para darse cuenta de que ambos habían empezado a perder los papeles.
- Puede. Pero si tuviera que apostar, lo haría a favor de vuestra prima. Ya ha seguido las ordenes de la emperatriz antes. Una más no haría la diferencia… – Xiao Lang levantó un dedo acusador en su contra y la miró con advertencia.
- Contenga su lengua señorita Kinomoto, no tiene pruebas. – Xiao Lang también tenía sus dudas sobre ese tema, pero no iba a permitir que nadie difamara a su familia a la ligera. Ni siquiera ella.
- No, es cierto. Pero las tendré.
- Las tendrá… ¿Y luego qué? ¿Se lo dirá a la emperatriz? ¿Cree que, de ser cierto, no sería ella la primera en negar los hechos?
- Luego nada. No pretendo sancionar a nadie. No tengo la potestad para hacerlo. Sólo quiero saber la verdad. Mucha gente parece haber olvidado su importancia en estos días…
- ¿Usted me habla de verdad? ¿Usted que ha estado fingiendo amabilidad y dulzura sólo para ganar unos puntos? En el fondo, mi señora, no es más que una joven con aires de grandeza, que se cree superior a los demás.
- ¿Yo?
- Sí, usted. ¿O no repulsa a Naoko y a Meiling por sentirse hornadas de ser mis damas? Se cree mejor que ellas y las desprecia sin poder ver más allá de su arrogancia. Cuando es usted, señorita Kinomoto, la que va errada.
- Sus palabras son tan absurdas que ni siquiera merecen una contestación – el futuro sol del imperio frunció el ceño y se adelantó hasta que sus rostros quedaron muy cerca. Sakura no pudo evitar recordar la primera noche que pasaron juntos, en los jardines del duque Akoto. Ella lo había insultado y él la reprendió con frialdad y rudeza. Sin duda habían dado un enorme paso atrás.
- Usted es la única que está siendo absurda, señorita Kinomoto. Y algún día, cuando descubra todo lo que Naoko será y usted nunca llegará a ser, se arrepentirá de sus palabras y de esta estúpida actitud. ¿Quiere ser mi subordinada? Bien, que así sea. Pero le advierto que todo trato de favor acaba aquí. Así que vigile sus palabras y su tono, porqué no voy a tolerar más ofensas. Ya no.
El carro se paró entonces y le dio la oportunidad a Xiao Lang para salir de allí sin perder aún más la compostura. La dejó atrás y le ordenó a su hermano que la escoltara en su lugar. Eriol le miró con los ojos bien abiertos. Obviamente habían discutido. Pero no se atrevió a sonsacarle nada. En vez de eso, se subió al carruaje y cerró la puerta ignorando los ojos que le observaban con desaprobación. No le importaban las apariencias ni los rumores que su "desvergonzado" acto pudiera causar. Ya se había cansado de toda esa parodia absurda. Miró a la joven frente a él y suspiró. No había lágrimas en sus mejillas, pero podía ver como se empezaban a acumular en sus ojos.
- ¿Y ahora que ha pasado?
- Nada nuevo… – Eriol la vio temblar de pura frustración y se sintió agotado. ¡Se comportaban como dos críos! Fue divertido al principio, pero empezaba a sospechar que jamás lo solucionarían. Creía que Sakura sería un soplo de aire fresco para su hermano y que, con el tiempo, serían buenos amigos. Al ver cómo la miraba Xiao Lang, incluso pensó que se enamoraría perdidamente de ella. Pero obviamente, el orgullo podía más que el sentido común y todo lo que le refrenaba empezaba a ser insignificante.
- Maldita sea Sak… ¿No pueden simplemente llevarse bien? Yo sólo quiero que ambos sean felices… pero me lo ponen muy difícil. Me van a obligar a actuar y no quería meterme.
- ¿Actuar? ¿A qué te refieres con actuar? – Eriol negó con la cabeza y tomó su mano.
- Vamos. Es tarde y tu padre debe estar nervioso por toda esta situación. Salgamos antes de que ordene que me corten la cabeza – Sakura tiró de su mano con fuerza y le miró de frente. Sus rostros estaban tan cerca que podían sentir el aliento del otro.
- Dime cómo puedo salir de esta… por favor, Eriol. Si sabes algún modo yo… yo… - El muchacho moreno soltó un sonoro suspiro, pero abrió la portezuela y la obligó a bajar, protegiéndola con su cuerpo de todos los ojos curiosos.
- Dejemos que pase algo más de tiempo antes de plantearnos nada. ¿Vale, Sakura? Si mi hermano no logra hacerte cambiar de idea, yo… lo intentaré.
- ¿Qué intentarás?
- Eso, es cosa mía. Ahora vamos dentro. Creo que la cena nos aguarda – la castaña asintió y dejó que la escoltara bajo la atenta mirada de su familia. El príncipe había entrado ya, pero la señorita Yanaguisawa les esperaba en la puerta con una sonrisa suave.
- Su majestad, ¿me permite hablar un segundo con la señorita Kinomoto? – el moreno analizó la expresión de ambas, no muy convencido con las verdaderas intenciones de la mejor amiga de su hermano. Pero finalmente cedió y las dejó con una pequeña inclinación de cabeza.
- No tarden, no quiero tener que lidiar con el mal humor del lobo yo solo.
- Meiling le hará compañía, su majestad. – Eriol dibujó una mueca en sus labios.
- No te tenía por una mujer chistosa, Naoko.
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Pasearon en silencio por los jardines de la zona oeste. El viento soplaba lo justo para refrescar el ambiente y los calurosos rayos del sol habían desaparecido para dar paso a las primeras estrellas. Era una de las épocas preferidas de Sakura. El aroma de las flores, las noches cálidas y la brisa dulce. Su madre solía pedir que les prepararan la cena en una de las terrazas y se quedaba hablando con su familia hasta pasada la media noche. Pero todos esos momentos se veían ahora lejanos e inalcanzables.
Miró a su acompañante con disimulo. Naoko disfrutaba del paisaje mientras estudiaba la botánica del jardín. Notó que reconocía algunas flores y que le causaban interés. No era una cabeza hueca cómo Meiling Li. Pero tampoco le tenía tomada la medida. No era seguro permanecer a solas con ella mucho tiempo, por lo que decidió que era el momento de acelerar esa "charla".
- Creo, señorita Yanaguisawa, que se nos está haciendo tarde. Debo organizar una cena – esos ojos castaños brillaron detrás de las gafas y una sonrisa afable nació en sus labios.
- Le he pedido a tu madre que se ocupe de los últimos detalles. Así que no te preocupes.
- ¿Puede usted hacer eso?
- Nadie lo sabrá, tranquila. Puedes confiar en mí – Sakura tenía sus dudas, pero la curiosidad venció al sentido común.
- Entiendo… ¿Y de qué quería hablar usted conmigo?
- No seas tan formal. Dijimos que nos tutearíamos a partir de ahora.
- Por supuesto, disculpa – la castaña le sonrío de nuevo y tomó asiento en uno de los bancos del jardín. Sakura la imitó con recelo y pronto ambas estuvieron cómodamente sentadas, viendo salir las primeras estrellas.
- Quiero felicitarte por tu espléndida actuación, Sakura. De haber nacido como un hombre, habrías quedado en primer lugar. No me cabe duda.
- Gracias, Naoko.
- Eres una joven sorprendente, si se me permite decirlo. Inteligente, ágil y bella. Una combinación muy peculiar que sin duda deja a los hombres indefensos. Incluido a su majestad, el emperador – la menor de los Kinomoto la miró con desconfianza. No le gustaba el tono de la conversación, ni los ademanes de la muchacha. Eran forzados y poco sinceros. Aun así, decidió permanecer atenta y seguir su juego.
- No merezco esos halagos…
- Sí, tengo entendido que dices eso a menudo. Pero deja que te diga, Sakura… que inteligencia y astucia no van siempre de la mano.
- ¿Disculpa?
- Comprendo que a diferencia de mí o de Meiling, tú no aspirabas a ser una dama consorte de su majestad.
- Nunca lo he ocultado.
- No, eso está muy claro – Sakura levantó una ceja, sintiendo como su paciencia empezaba a flaquear – Pero dejas que tu rencor te ciegue y olvidas los sentimientos de aquellos que te rodean. Creo, Sakura, que te excusas en tu indignación para huir de tus responsabilidades.
- ¿Quién eres tú para decirme algo así? Ni siquiera me conoces… - Naoko cruzó las piernas y se subió el puente de las gafas sin perder la calma en ningún momento.
- No me hace falta conocerte. Me basta con observarte.
- ¿Me observas?
- ¿No lo haces tú? – Sakura no pudo negarlo, por lo que la muchacha prosiguió – Observo y analizo a la competencia. Es cierto. Sería una tonta si no lo hiciera. Conozco a Meiling muy bien, pero no sabía nada de ti antes de esta competición. Pero lo cierto es que despertaste mi curiosidad por otras razones más… personales.
- Tus motivos personales no me importan, Naoko.
- Deberían… Al igual que debería importarte el daño que haces a los demás – Sakura apretó los puños por debajo de su chaqueta.
- ¿Yo hago daño a los demás?
- Sí, Sakura. Tú. No intencionadamente, claro… pero tu presencia en palacio solo está perjudicando a las personas que aprecio. A Xiao Lang, para ser más concretos. Ha sido mi mejor amigo desde que tengo memoria y siento un profundo cariño hacia él.
- Soy consciente…
- Sé que te niegas a verlo, pero es un hombre honesto, noble y bueno. Capaz de culparse por situaciones que él no ha provocado. Situaciones, como la tuya. – Sakura frunció el ceño y tensó la mandíbula - Le veo sacrificar sus principios, su título y su orgullo para intentar compensarte por algo de lo que ni siquiera ha sido responsable. Y no me importaría, si lo valorarás y eso hiciera que se llevaran bien. Pero en vez de sentirte agradecida por su consideración, sólo te lamentas y le pides más sacrificios. Eres una egoísta.
- Con todos mis respetos, Naoko, no entiendo nada de lo que me estás diciendo… el príncipe no está sacrificando nada por mí.
- ¿A no?
- Por supuesto que no.
- ¿Sabes cuál es el deber de una dama consorte, Sakura?
- ¿Ser una esclava? - Naoko suspiró cansinamente, pero tomó paciencia.
- Tu deber es estar pendiente de sus necesidades. Ir un paso por delante y ocuparte de que siempre esté a gusto. Tu responsabilidad como su esposa, Sakura, es intentar que la carga que lleva sobre los hombros le pese menos cuando está contigo.
- Eso es humillante.
- Es el deber de una esposa de su majestad. Te guste o no. Es lo que se espera de todas y cada una de nosotras. Pero Xiao Lang no te ha exigido nada de eso hoy. Más bien todo lo contrario. Él ha cuidado de ti.
- ¿Qué él ha cuidado de mí?
- Sí. Pero sólo te has fijado en lo que querías tener y no tenías, Sakura. Y te entiendo, sé que has perdido la vida que anhelabas. Pero Xiao Lang se esfuerza para que lleves tu pérdida lo mejor posible y tú ni siquiera te has mostrado agradecida. Te ha permitido llevar el uniforme de tu casa y ha parado la competición para que pudieras participar. Una dama consorte, compitiendo en una exhibición militar. ¡Es inaudito! ¿Le has dado las gracias al menos? – Sakura la miró, muda de la impresión y de repente, empezó a sentirse algo incómoda.
- Yo…
- No, claro que no lo has hecho. Xiao Lang no se ha preocupado ni de Meiling ni de mí. No somos su pareja en esta prueba, por lo que es natural que seas tú su acompañante. Pero aún así, sólo te ha mirado a ti, Sakura. A ti.
- Eso no…
- ¿Y que has hecho tu por él? ¿Por tu futuro esposo? ¿Por el futuro emperador? ¿Te has ocupado de su bienestar? ¿De que estuviera a gusto? ¿Le has preguntado siquiera como se sentía o si necesitaba algo?
- Eso no…
- Es tu invitado. En esta prueba, debías satisfacerle a él por encima de todos nosotros. ¿Lo has olvidado? Te habías esforzado tanto en mantener el anonimato para complacerle y que disfrutara de estos días… Pensé que al fin lo habías comprendido. Pero obviamente, estaba equivocada.
- Yo no tengo por qué complacer a alguien que usa su autoridad para someterme. – Naoko pareció consternada con su contestación, pero lejos de rodar los ojos o mostrarse molesta, sólo soltó un soplido de decepción.
- Creo que te he sobrestimado, Sakura. Si realmente piensas eso, no eres la chica inteligente que yo pensaba.
- Está claro que ambas nos hemos llevado una decepción.
- Sí, es posible – Naoko se levantó entonces e iba a marcharse, pero por alguna razón, se dio la vuelta y la miró con intensidad.
- Escúchame bien, Sakura. Porqué lo diré sólo una vez. Si Xiao Lang quisiera usar su autoridad contra ti, no tendría más que chasquear los dedos. Podría enviar un par de cartas desfavorables a los socios de tu padre y los ingresos de tu gente se verían totalmente socavados en un par de meses. La autoridad del futuro heredero al trono no se limita a un par de regañinas y una prohibición de asistencia a una insignificante reunión con el duque Akoto. ¿No te das cuenta? – Sakura se sintió pequeña por segunda vez en ese día, pero esta vez, no tenía palabras con la qué defenderse. Su lengua se había pegado al paladar – Me caes bien, no te lo niego. Pero estás aquí para ganarte el derecho a ser el mayor punto de apoyo del príncipe. Y si no eres digna de ello, te pisotearé y no miraré atrás. Xiao Lang es mi prioridad, no te quepa la menor duda. Y por eso, por ahora, soy la mejor candidata a emperatriz.
Naoko ni siquiera le dio oportunidad de una réplica. Se volteó y se fue por donde había venido. La castaña vio su figura alejarse por el paseo de cipreses y se sintió más confundida que nunca. Intentaba analizar la conversación para encontrar un fallo en su estúpido argumento, pero debía estar muy cansada, porqué no lograba hallarlo. ¿Era cierto? ¿Se había vuelto una niña egoísta? ¿Se había cegado tanto en su desdicha que había olvidado el contexto y aquellos a los que más afectaba? Siempre se había considerado una joven dulce, buena y generosa. ¿Ya no lo era? Jamás imaginó recibir semejante reprimenda por parte de una chica tan apacible. Se lo esperaba de Meiling… pero hasta la fecha, Naoko había sido tierra neutral. Al parecer, ni en eso había acertado. Pero de algo sí podía estar segura, Yanaguisawa estaba muy bien informada. Al parecer, Xiao Lang le había contado mucho más de lo que ella se esperaba. ¿Cómo podía saber sino lo que había sucedido en casa del duque Akoto?
Sakura se llevó ambas manos a la melena y dejó que el cabello cayera en una hermosa cascada de miel liquida. Tiró las horquillas que tanto le habían molestado y dejó su chaqueta encima del banco de piedra. El aroma del don diego de noche llenó sus sentidos y por primera vez en todo el día, sintió algo parecido a la paz. Pero los remordimientos la perseguían. ¿En verdad era tan injusta con el príncipe? No… él la trataba como a una mujer inferior… no quería protegerla de nada. Naoko se equivocaba…
- ¿No deberías estar organizando una cena? Creo que tu madre ha invitado a media ciudad – Sakura levantó la cabeza y forzó una sonrisa. Hacía mil años que no estaba a solas con él. En parte, era porqué lo había estado evitando. Pero lo cierto es que necesitaba un momento a solas con alguien que la quisiera de verdad. Alguien como él.
- ¿Crees que estoy siendo egoísta? – el chico se sorprendió por la pregunta, pero negó con rapidez.
- Nunca has sido una persona egoísta. Sólo te estás adaptando a tu nueva realidad. Y esa "come libros" no puede pretender que te adaptes a sus estúpidas costumbres en un par de meses – Sakura abrió la boca de par en par, totalmente consternada – Sí… he oído parte de la conversación… perdona.
- No te tenía por un cotilla…
- Sorpresa – la castaña soltó una carcajada suave. Esta vez, nacida del corazón. Pero luego agachó la cabeza y se frotó las manos, con culpa.
- Estoy haciendo daño a mi familia… - Yukito tomó asiento a su lado y levantó su mentón con cariño. Sus ojos se encontraron y su mente al fin se apaciguó.
- No, sólo les tienes preocupados. Te quieren y les duele ver tu infelicidad.
- Pero mis actos pueden causar problemas al ducado. Sé que debería ser consciente de mi situación y aceptarla. Todos me dicen que mire la parte positiva de todo esto, pero yo… yo sólo sé causar problemas a ese maldito príncipe arrogante. Mi madre no para de regañarme a todas horas… es agotador – Yukito puso los ojos en blanco, pero le dedicó una sonrisa traviesa.
- No serías tú, si no causarás dolores de cabeza a tu madre – Sakura levantó una ceja, pero tuvo que darle la razón en eso.
- Te he añorado tanto… - el mayor de los Tsukishiro suavizó la expresión de su rostro y se atrevió a acariciar su cabello con cariño.
- Yo también a ti… - Sakura cerró los ojos, aguantando las lágrimas que luchaban por salir. Pero su corazón brincó de determinación. Necesitaba soltar toda su frustración. Era imperativo, si quería dejar todo atrás y enfrentarse con dignidad a su nuevo futuro.
- Te quiero mucho…– Yukito abrió los ojos, presa de la sorpresa – Sé que mi vida hubiera sido maravillosa a tu lado. Me habrías concedido todos mis caprichos y me habrías amado. Me dejarías llevar los negocios de tu familia, porque odias el papeleo casi tanto como la berenjena.
- Maldita berenjena… - la castaña sonrío, pero no cedió en su empeño.
- Me habrías amado… y yo también a ti. Y hubiéramos sido felices.
- Si ¿verdad? – Yukito se recostó en el banco y contempló las estrellas dejando volar su imaginación sólo por un momento – Tendríamos muchos perros sólo para fastidiar a Kero. Los días de permiso, desayunaría contigo y te llevaría a pasear por la ciudad. Tú me contarías todos los problemas de los arrendatarios y te enorgullecerías de las soluciones que tu brillante cerebro había planteado.
- ¡Oye! ¡No soy tan engreída!
- Y pasaríamos las tardes leyendo junto al fuego, planeando la siguiente visita a tu hermano y el nombre de nuestros hijos. No me preguntes el motivo, pero siempre pensé que tendríamos una hermosa niña pequeña de melena plateada y ojos verdes…
- Yukito… no sabía que…
- Pero eso ya no pasará. Y ambos debemos dejarlo atrás. Debemos intentar creer que todo en este mundo ocurre por una razón. Puede que tu destino sea mucho más extraordinario de lo que imaginamos.
- No confío mucho en el destino, ya lo sabes. – Sakura recostó su cabeza en su hombro y cerró los ojos mientras dejaba que el cansancio la venciera. Era bonito soñar cómo hubiera sido su vida, pero absolutamente inútil. Sólo le quedaba despedirse y dar un paso al frente. Superar su pérdida y buscar algo que la impulsara hacia delante. Algo a lo que aferrarse. Lo que fuera.
- Sé que no quieres oír esto, Sak. A mí tampoco me gusta admitirlo. Pero creo, que el príncipe es un buen hombre. He compartido con él suficientes momentos en el pasado cómo para entenderle. Es fuerte, leal y con un gran sentido del deber. Confío en que será un digno heredero al trono. Y no podría tener una mejor emperatriz a su lado… lo sé.
Las lágrimas empezaron a descender sin control y el manso gimoteó alteró a Yukito. Se incorporó lo justo para mirarla a los ojos y no se resistió. Tomó el rostro de la muchacha que lo enamoró y depositó un suave beso en su frente.
- Todo va a salir bien, Sakura…
- ¿Cómo los sabes?
- Tengo fe en ti. Tú también deberías… mi pequeño monstruo. – una sonrisa llorosa iluminó su rostro.
- ¿Sabes Yuki? Pasas demasiado tiempo con mi hermano…
- ¿Qué quieres que te diga? Es el único Kinomoto que me queda…
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Sakura observó a su alrededor con un mal presentimiento en su corazón. Se había levantado de mal humor. Todo lo acontecido el día anterior la mantenía descentrada y ni siquiera había podido comer algo sólido. Así que tenía que lidiar con un profundo dolor de cabeza y un rugido constante en la barriga. Pero a pesar de su mala sensación, el bosque lucía tranquilo y sosegado. El clima era agradable bajo el follaje de los árboles y podía oler el aroma a hierva y madreselva. El canto de los pájaros relajaba sus músculos y podía sentir la energía contenida de su yegua cómo la suya propia. Era un espléndido día de caza. Él último que tendría en mucho tiempo. Debía aprovechar cada segundo regalado. Pero algo en su corazón se lo impedía y no la dejaba respirar.
- ¿Vas a quedarte ahí parada toda la tarde? Ya estamos cerca del río. ¿No?
Puede que Meiling Li fuera la verdadera causa de todos sus males. Jamás pensó que acabaría de compañera de la princesa de la noche. Ni siquiera la había incluido entre los participantes. Pero esa mañana, cuando las damas tomaron asiento en las carpas, entre el aroma del té y las flores, Meiling se había levantado dispuesta a unirse a la cacería. Y de entre todos los presentes, la había elegido a ella para ser su pareja. Su mente buscó una excusa para declinar, pero el príncipe aplaudió la idea y reclamó a su padre a cambio. Y así habían acabado. El duque Kinomoto y el futuro emperador formaban el primer equipo. Touya y Eriol el segundo. Los hermanos Tsukishiro el tercero y ella y… la princesita… el cuarto. Y luego había como diez equipos más, formados por nobles que ni conocía, ni apreciaba.
- Creí que cazar se te daba bien… pero solo llevamos un par de gansos y un zorro. A este paso, perderemos.
- Sería más fácil si dejaras de hablar y no asustaras a las presas, Meiling. No sé para que has insistido en dejar atrás a los escoltas. Tú haces más ruido que ellos - la morena alzó una ceja y se irguió sobre su montura.
- Siempre culpas a los demás de tus problemas. ¿No es así? Al emperador, a mi primo… a mi…
Sakura no se dignó a contestar, en vez de eso, aumentó el paso y se perdió en el follaje. Meiling la siguió con desgana y pronto divisaron un precioso arrollo de aguas cristalinas. La castaña se bajó del caballo y tomó un sorbo de agua helada, bajo la atenta mirada de esos ojos rubí.
- Eso es repugnante. ¿No tienes cantimplora? No quiero ni pensar cuantos animales asquerosos se bañan ahí… - Sakura siguió bebiendo por un rato, antes de dignarse a contestar.
- Este es el río de los susurros. Nace en las montañas de Zeriel y es bendecido por los dioses.
- ¿Y qué? ¿Vas a decirme que cura a los moribundos?
- Oh, no… Zeriel es la diosa de los espíritus. Les da voz y los guía por caminos seguros. Aunque muchos creen que también es la diosa del amor.
- ¿Del amor? – Sakura asintió, divertida con la reacción infantil de la princesa. Sus ojos se habían iluminado como los de una niña en cuanto mencionó la palabra "amor". Era tan cabeza hueca…
- Hay quién cree que, si bebes lo suficiente, tendrás dulces sueños con la persona amada. Bobadas, a mi entender. Pero no soy quién para negar la magia de estos bosques.
- Pero tú has bebido de ese río…
- Claro, a menudo – Sakura observó esos ojos rojos llenos de curiosidad y no pudo evitar sonreír. No conocía esa faceta infantil en la engreída princesa de la noche. – No, princesa Li. No he tenido sueños amorosos con nadie. Aunque nunca he bebido tanto como para causar esos efectos.
- Y cuanto… ¿Cuánto hay que beber? – la castaña tomó su cantimplora entre risas y la llenó entera. Luego se la extendió con una mirada de burla.
- Esto será suficiente, princesa Li. Pero no te tenía por una creyente de estas cosas… - los dedos blancos de Meiling agarraron la cantimplora con fuerza y la miraron con desprecio. Pero Sakura pudo divisar la vergüenza en sus acaloradas mejillas.
- Y no creo, pero tengo sed.
- Ya… - la morena miró el objeto con fascinación y Sakura siguió el movimiento de su garganta al tragar. Un hilo de agua bajó por su mentón y pronto dibujó una mueca de asco.
- Sabe raro…
- Es por el hierro. Es común en estas aguas. Proviene del subsuelo. Pero no es dañino en pocas cantidades. No temas, princesa. No es mi intención envenenarte.
- Me gustaría poder decir lo mismo… - Los ojos jade de Sakura parpadearon ante el comentario, pero el sonido de las hojas las puso en alerta – Eso es un…
- Shhh
La castaña tiró de ella con urgencia y se alejó lo suficiente para quedar oculta entre la maleza. Un hermoso ciervo se había parado a beber en el arrollo. Tenía las cuernas a medio formar y un precioso pelaje rojizo alrededor del cuello. Sakura miró en dirección a su caballo y soltó un suspiro resignado. Había dejado allí el arma.
- Es un macho joven. A penas sí tiene cuernos.
- Es un error común pensar que los cuernos crecen con la edad. Pero no es así. En realidad, los ciervos rojos cambian los cuernos una vez al año. A finales de verano, le habrán crecido del todo y serán ideales para atraer a las hembras – Meiling la miró con asombro, pero asintió.
- ¿Es época de celo?
- Aún no… no será agresivo. Calculo que ya es un ciervo adulto, por su peso y su tamaño.
- ¿Qué eres? ¿Una maldita experta? – Sakura rodó los ojos. Esa mujer era agotadora.
- Me he dejado el rifle en la montura de Dark. Te tocará a ti hacer los honores – Meiling comprobó que su arma estaba más cerca y miró de nuevo al majestuoso animal.
- ¿Es necesario?
- Eras tú la que se quejaba de que no ganaríamos. Es una buena pieza. Su carne será tierna y su piel hermosa. Podríamos cenar ciervo hoy…
- Me causa lástima… - la menor de los Kinomoto se cruzó de brazos con indignación.
- Creí que tenías experiencia cazando. Eres tú la que ha querido venir conmigo, te lo recuerdo.
- Y la tengo, pero nunca he disparado a un animal tan… tan…
- ¿Hermoso?
- Inocente…
- ¿Los gansos a los que has disparado no eran inocentes?
- Se cagan por todas partes… - Sakura no pudo evitar reír ante el comentario y ambas se sorprendieron por ello. Pero se negaron a aceptar que podían llevarse bien y miraron de nuevo al animal – Vale… lo… lo haré.
- Bien.
Meiling estiró su brazo y notó el frío hierro del rifle entre los dedos. Tiró de él y se acomodó en la hierba. Ambas vieron al animal beber con tranquilidad. El agua resbalaba por su pelaje y pronto se aventuró a limpiar sus patas en el río. Estaba relajado y no sospechaba en lo más mínimo de un posible ataque. Todo dependía de la puntería de la princesa.
- No apuntes al cuello. Se desangraría lentamente y podría correr muchos metros. Lo perderíamos y sufriría.
- No soy una novata… estoy apuntando al pecho…
- Mejor en el ojo. Caerá sin saber lo que le ha pasado.
- ¿Te crees que veo su maldito ojo desde aquí? – El animal levantó la cabeza y puso las orejas en alerta.
- Shhhh… maldita sea Meiling… ¿siempre tienes que gritar?
- Menuda fue a hablar… - ambas esperaron a qué el animal volviera a relajarse. Mei acomodó el rifle entre sus brazos, cerró el ojo izquierdo y sopló la mecha hasta que se volvió de un color naranja muy intenso. Estaba lista para disparar.
De repente, el aire se arremolinó a su alrededor y el ciervo salió corriendo, perdiéndose entre los arboles. Mei tiró el arma con rabia y se levantó del escondite que habían improvisado. Dark estaba a un lado, gruñendo y resoplando. Sakura supo en ese instante que algo no iba bien.
- ¡Maldita sea! ¡Lo tenía! ¿Qué demonios ha pasado?
- Mei, calla…
- ¡No! No es justo. Lo tenía a tiro. Has sido tú, has hecho algo para ahuyentarlo y…
- Shhh…
La castaña le tapó la boca con su mano derecha y miró a su alrededor con todos sus sentidos alerta. Tiró de ella y cogió entre sus manos la espada que había dejado en la montura de Dark.
- ¿Por qué coges tu espada ahora? ¿A caso vas a perseguir a ese animal y a matarlo a sablazos?
- Meiling, por lo que más quieras. Calla. Algo está mal…
- ¿Mal? Pero si no se oye una mosca…
- Exacto
La princesa agudizó entonces el oído. Los pájaros habían callado y sólo podía oír el susurrar del viento. Dark resoplaba a su izquierda y giraba su cabeza de un lado a otro en un gesto intranquilo. Meiling miró en la dirección en la que había dejado a su yegua y notó con pavor que ya no estaba.
- ¿Sakura? Ruby no está…
- Shhh… intentó oír…
- Sakura… tengo miedo…
- Oh, mi hermosa princesa… debéis tenerlo…
Sakura protegió por instinto a la morena y se puso en posición de defensa. Primero apareció una sombra, luego dos y finalmente tres. Eran corpulentos, altos y fuertes. De piel clara y melena oscura. Llevaban marcas azules en la piel y ropa raída. Pero algo no encajaba en su apariencia. El sonido de hojas pisadas la hizo girarse. Cuatro hombres más aparecieron a sus espaldas. Estaban rodeadas y completamente solas.
- Mierda…
- A ver a cuál de las dos desgarro primero… Pito, pito… gorgorito…
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*.*.*.*.*.*.*.*.*.*
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Fujitaka Kinomoto permanecía tranquilo cabalgando al lado del futuro emperador. A pesar del desastroso resultado de su jornada de caza, el duque no parecía molesto. Llevaban todo el día perdidos en el bosque, pero sin ningún animal a la vista. Lógico. El murmullo constante de los cascos de todos los caballos, alteraba hasta a las moscas. Xiao Lang miró a sus espaldas y contó el número de escoltas que les seguían. Al menos veinte hombres montados en sus respectivos caballos. Había querido ordenarles que se fueran una decena de veces, pero ahora que todo el ducado sabía que estaba allí, no podía permitírselo. No es que corriera peligro dentro de los terrenos de los Kinomoto, pero era cuestión de protocolo.
- Lamento las molestias. Ni siquiera hemos atraído a un oso con este ruido – el duque le sonrío afablemente. Habían dado la vuelta y empezaban a divisar los muros del ducado a lo lejos.
- No se preocupe, su majestad. Ha sido agradable poder pasear. Llevaba mucho tiempo perdido entre libros, cuentas y entrenamientos.
- Sé a lo que se refiere.
Ambos se sonrieron y permanecieron callados por unos minutos más. Llevaban en silencio desde su salida. Sólo hablaban para discutir la ruta o compartir opiniones de las diferentes especies que habitaban en la zona. Era lo normal. El ruido de una charla alejaba a las presas. Pero dado su fracaso, eso no importaba mucho ahora.
- Si me lo permite, majestad. Quiero agradecer el gesto que tuvo ayer con mi hija.
- ¿Gesto?
- Dejar que luciera el uniforme y permitir que participara.
- No fue nada…
- Lo fue. Y lamento que Sakura no lo comprenda. Es culpa mía, en realidad. - Xiao Lang le miró en silencio, pero entendía a qué se refería. Aún así, le dio su tiempo para que prosiguiera – No quiero que piense que quise educarla como a un chico desde pequeña. Le compré vestidos, muñecas y joyas hasta los seis años. Y le gustaban. Era como todas las pequeñas del condado. Su habitación estaba llena de peluches y objetos en tonos pastel y rosa. Era feliz… y dulce. Tan viva…
- ¿Qué la hizo cambiar? – el duque ensombreció el rostro y Xiao Lang vio con claridad como aumentaba la presión de las riendas. Sus nudillos se volvieron blancos y la quijada se le tensó.
- Es largo de contar… pero algo pasó. Y de repente, quiso una espada. Y luego un arco y finalmente un uniforme. No se lo permití, al principio. Mi esposa se negaba con fiereza y Touya temía por su bienestar. Pero cuando cumplió los ocho años… cedí.
- ¿Por qué? – una vez más le respondió con un silencio atronador.
- Eso no importa ya. La cuestión es que… cedí. Y Sakura se esforzó día tras día. Su tersa piel se llenó de ampollas y sus piernas de moratones. Se levantaba con el alba y se dormía entre los informes de nuestra contabilidad. Siempre ha sido terrible con los números, pero muy buena con las estrategias comerciales. La dejé ser… y me maravilló su ímpetu… su coraje… Pedí a los dioses que todo cambiara llegado el momento… - Xiao Lang levantó una ceja, pero el duque calló de nuevo. ¿Qué era lo que ocultaba con tan poco acierto? – Pero no pasó… Sakura disfrutaba con su educación. Con sus sacrificios y sus entrenamientos. Y creí que el único modo en qué podía devolverle parte de su feminidad era comprometiéndola con un buen hombre. Uno, que la respetara y la amara por lo que ella era. No por su dinero, su herencia y su apellido. Ni siquiera por su creciente belleza. Quería un marido que la mereciera.
- Yukito Tsukishiro – el duque asintió.
- Yue era más próximo en edad, y dios sabe que lo quiero cómo a un hijo. Pero Yukito era más adecuado para ella. Tiene un temperamento dócil y suave. Pero también es valiente y noble. Además, Sakura parecía sentir un gran aprecio por él. La habría confortado, guiado y amado. Jamás la habría herido ni le hubiera prohibido ser quién ella quisiera ser. Y Sakura hubiera estado tan cerca de casa… de mí…
- Lo entiendo – el duque le miró a los ojos y soltó un suspiro al viento.
- No está sorprendido. ¿Sabía de mis intenciones con los Tsukishiro?
- Es de dominio público, me temo. Además, les enseñó su técnica.
- Es cierto… supongo que no fui un padre muy sutil.
- No tenía que serlo. Quería lo mejor para su hija. Aún lo quiere.
- El emperador aprobó el compromiso de mi hija con Tsukishiro hace un año – Xiao Lang paró su trote y le miró sin ninguna intención de ocultar su asombro – Veo que esa información sí se le escapaba…
- ¿Mi padre lo sabía?
- Lo sabía. Me preguntó por la técnica de los hermanos Tsukishiro y le confesé mis intenciones. Pareció muy complacido. Pero eso fue antes de conocer a Sakura. Tras su fiesta de mayoría de edad, el emperador me citó a palacio y me hizo un montón de preguntas. Sus gustos, sus aficiones. Me preguntó por su educación y sus dones. Y yo, como un idiota, la elogié con orgullo. Le confesé todo lo que opino de mi hija sin imaginar lo que iba a ocurrir. Es el emperador, pero, ante todo lo consideraba un buen amigo. Por eso me negué a creer las letras escritas en su misiva unos meses más tarde. Pero no cabía posibilidad de error. El emperador reclamaba a mi hija como candidata a dama consorte. Y no podía negarme. Él sabía que el compromiso no era oficial. Y me la arrebató. A mi niña… a mi preciosa…
- Yo…
- No se moleste. No espero palabras de consuelo por su parte, su majestad. No quiero ofenderle, pero es un niño que está empezando a vivir. Sé lo que tengo que saber y comprendo los motivos del emperador más que usted. Aun así, quería que lo supiera.
- ¿Por qué?
- Porqué…
- ¡Duque!
Ambos se giraron sorprendidos por el gran grito y miraron en dirección al muro. Varios soldados se habían reunido y se miraban con inquietud. Algo estaba pasando. Apresuraron el paso y se unieron al comandante del muro sur.
- ¿Qué ocurre comandante Pierre?
- Es Kerberous, su majestad. Se ha escapado. – Xiao Lang soltó un suspiro cansado. Era obvio que ese animal era un peligro. Pero no comprendía el despliegue militar. Pero el general Kinomoto no parecía tomarlo con la misma ligereza. En vez de eso, se tensó de pies a cabeza.
- ¿Qué ocurre, duque Kinomoto? Sólo es un dientes de sable… no puede ser tan peligroso.
- No es Kero el que me preocupa ¿Han organizado un equipo de búsqueda?
- Estamos en ello, duque. Ha huido por este portón y se ha perdido entre los árboles – Xiao Lang miró la puerta de madera que permitía el paso a través del muro de piedra. Estaba llena de rasguños y arañazos. Mordidas y golpes.
- Es imposible que ese gato grande rompiera esa puerta… tiene al menos treinta centímetros de grosor.
- Oh, no, su majestad. Nosotros la abrimos y dejamos que huyera – el príncipe no comprendía nada de lo que estaba pasando.
- ¿Qué le abrieron la puerta? No comprendo.
- Basta. Estamos perdiendo un tiempo precioso. Tenemos que encontrarla, ahora.
- ¿Encontrarla? ¿A quién?
- A Sakura – Xiao Lang se sintió intranquilo de repente y desvió la mirada en dirección a los bosques de Lua – Mi hija está unida de algún modo a ese animal. Si Kero ha intentado llegar al bosque con tanta desesperación…
- ¿Qué? ¿Está diciendo que ese bicho presiente que su maestra está en peligro? Eso no tiene ni pies ni cabeza – Fujitaka le ignoró y empezó a cavilar sus opciones.
- ¡Hermano! – Eriol llegó a toda velocidad, seguido de su futuro cuñado y los hermanos Tsukishiro. - ¿Qué está pasando? Unos soldados nos han alcanzado y nos han dicho que regresáramos.
Touya Kinomoto bajó del caballo y miró el despliegue militar que se estaba formando frente a él. Su instinto le dijo la causa de tanto ajetreo.
- Papá… ¿Dónde está Sakura?
- Kero se ha escapado, Touya. – el mayor de los hermanos Kinomoto se puso tenso y miró en dirección a la oscura arboleda.
- ¿Cuántos hombres han salido ya?
- Ninguno, mi señor. Estamos organizando las tropas – los puños de Touya se cerraron con fuerza y levantó la vista para divisar a su padre.
- Papá… ¿Cuánto tiempo ha pasado?
- No lo sé hijo, acabo de llegar.
- ¿Pierre? – el comandante tragó grueso y miró a sus señores.
- Una hora… - ambos hombres se llevaron las manos a la cabeza. Era demasiado tiempo.
- Maldita sea, Pierre…
- No sabíamos como proceder ni si significaba nada… Kero había estado nervioso por la presencia de los huéspedes y…
- ¡Papá, voy a buscarla!
- Voy contigo – todos los presentes se giraron para contemplar al futuro emperador – Si la vida de mi futura esposa está en riesgo, no pueden detenerme. Además, mi prima está con ella.
- No, su majestad. Aunque me disguste horriblemente, su seguridad está por encima de la de mi hija. Somos bastantes. Se quedará aquí.
- Con todos mis respetos, duque. Usted no tiene autoridad para darme ordenes. – Eriol dio un giro a su caballo y le miró con ira.
- ¡No seas idiota Xiao Lang! Eres el heredero al trono. Iré yo… - Touya se impacientó y soltó un grito al aire. Esos estúpidos príncipes y su ego le estaban retrasando y eso podía costarle la vida a su hermana. Pero fue Yukito el que se puso en medio y habló con una serenidad envidiable.
- No tenemos tiempo para esto. Touya, Yue y yo te acompañaremos. Somos los tres mejores hombres del ejercito. Será suficiente – el silencio siguió a las palabras de Yukito Tsukishiro, pero todos parecieron comprender la urgencia en ellas – Es Sakura, sabe defenderse. Estará bien… además, llevan escolta.
- Me temo que no, señor Tsukishiro – todos los ojos se posaron en el comandante Pierre – La princesa Li les pidió que se quedaran atrás. No quería que espantaran a las posibles presas.
- ¿Y se lo permitieron? – el hombre bajó la cabeza, avergonzado.
- La señorita Kinomoto dijo que no saldrían del perímetro seguro. Dijo qué… ella la protegería. No pude negarme a la petición de mi señora – Xiao Lang se llevó las manos a la cabeza.
- Maldita sea. ¡Esto es inaudito! Son un par de estúpidas inconscientes.
- No le falte al respeto a mi hermana. Sakura está bien entrenada. Puede proteger a su prima.
- ¿A sí? ¿Entonces porqué están tan preocupados? – Touya no pudo contestar a eso – Lo que yo decía. Iré con ustedes. No se hable más.
Touya estaba por insultar a ese estúpido con corona cuando uno de los soldados dio un grito de alerta. Un cuerno de vigilancia se oyó a lo lejos y algo apareció entre las sombras. El pelaje dorado de Kero se había borrado entre el rojo de la sangre y sus dientes lucían fieros bajo la luz del atardecer. Todos los presentes se quedaron sin aliento al ver como el imponente león se paraba a unos metros y les fulminaba con sus ojos dorados. Unos pasos se oyeron tras él y Kero se giró para dar una ojeada entre los árboles. El corazón del príncipe se paró en el mismo momento en que la vio. Sakura iba colgada del brazo de su prima, cubierta de sangre y con los ojos medio cerrados. Tenía el ceño arrugado por el dolor y cojeaba de la pierna derecha. Su instinto fue correr, pero por alguna razón sus pies no le obedecieron. Pero no pasó lo mismo con los demás. Todos se apresuraron a su encuentro y Touya la cogió entre sus brazos para abrazarla con fuerza. Meiling corrió a su dirección y se lanzó a sus brazos. Estaba ilesa y le miraba con profundo alivio.
- ¿Qué?
- Digo que nos han atacado los hijos de la Luna. Sakura me ha protegido. Eran muchos y creí que nos matarían, pero esa bestia apareció cómo un rayo y nos salvó. ¿Me oyes Xiao? Estamos bien.
- Sí, sí… vale… - Meiling notó la palidez en el rostro de su primo y comprendió lo que ocurría. No la estaba escuchando. Ni siquiera notaba su presencia. Sus ojos solo la miraban a ella. A Sakura. Sintió la congoja en su corazón, pero no le quedó otra que aguantarse.
- Tiene un corte en la pierna. Es superficial. También tiene magulladuras y algunos golpes.
- ¿La han golpeado?
- Un par de veces. Pero estará bien, Xiao Lang. Así que no te preocupes… - Ni siquiera le había preguntado como estaba. Era su prima y su futura esposa. Y ni la había mirado. Pero no podía reprenderle ahora por ello, no tras ser salvada por Sakura. Esa estúpida niñata había arriesgado todo por protegerla y la habían herido al escudarla. ¿Cómo podía maldecirla ahora? ¡La odiaba con toda su alma y ni siquiera podía decirlo en voz alta! Sus infantiles planes para humillarla en la cacería quedaban ahora muy lejos.
- ¿Y tú? – Meiling abrió los ojos con esperanzas renovadas y le dedicó una sonrisa brillante.
- Estoy perfectamente.
- Bien. Luego hablaré contigo por tu estúpida idea de dejar atrás a los escoltas. Pero por ahora, ve adentro.
- Pero yo…
- He dicho… que entres.
Xiao Lang se alejó de su prima y caminó en dirección a la multitud. Sentía nauseas por la inquietud. Sus ojos seguían perdidos en ella. Sakura se había sentado en el suelo y recostaba su espalda en el lomo de Kero. El animal relamía la sangre de sus patas sin inmutarse por ello. Touya se había agachado a su lado y estaba examinando la herida de su pierna. No podía oír lo que decían, por lo decidió acelerar el paso hasta que su sombra los cubrió por entero. Sakura levantó la vista y sus ojos se encontraron. No había restos de lágrimas en sus mejillas. Todo su rostro estaba cubierto por una sangre roja y espesa. Pero por suerte, no era suya.
- Lo lamento, su majestad. Asumo toda la culpa de lo ocurrido. Aunque no comprendo cómo pasó esto… ni siquiera salimos del perímetro seguro. Pero Meiling está bien, se lo juro. Nadie la ha tocado. Me he asegurado de ello – Touya gruñó a su lado de pura frustración.
- Maldita sea Sakura, deja de pensar en los demás. No tienes que excusarte.
- Si que tengo que hacerlo, fue culpa mía. Yo acepté renunciar a la escolta.
- Ya hablaremos más tarde de eso. Tienes el ojo hinchado y una herida en la pierna. ¿Cómo demonios te han herido? Ibas armada y eres uno de los mejores soldados que tiene nuestro regimiento. ¿Cuántos tipos eran? – Sakura cerró un ojo cuando su hermano levantó su pierna, pero contestó con tranquilidad.
- Siete, no ocho… creo… perdí la cuenta en cuanto Kero apareció – Todos los presentes la miraron con terror.
- ¿Ocho…?
- Eso creo… - Touya comprendió entonces el gran riesgo que habían corrido.
- Maldita sea… ¿Iban todos armados? – Sakura asintió y de repente, algo en su corazón se quebró. Las lágrimas se acumularon en sus ojos y poco a poco la sangre de sus mejillas empezó a lavarse con su pena. Touya palideció por el repentino cambio de actitud en su adorada hermana – Eh… Sakura… ¿Qué pasa, monstruo? No es nada… ya está todo bien… tranquila… Nadie puede hacerte daño.
- No es eso… yo… - Touya acarició su cabello y la obligó a mirarle a los ojos.
- ¿Qué ocurre Sak?
- Nunca había matado a nadie… yo… los he matado, Touya… - el corazón del moreno se encogió en su pecho. Su hermana era el mayor de sus tesoros y no podía soportar verla así de frágil. La abrazó contra su pecho y cerró los ojos. Todos a su alrededor les observaban en silencio.
- Monstruo, fue en defensa propia. Nadie te culpa por…
- No… no fue sólo eso, Touya… Tú no lo entiendes. Les ataqué sin pensarlo. A sangre fría y sin dudar. Busqué sus puntos vitales y los maté. Podía herirles, atacar sus piernas o inmovilizarlos… pero el miedo me ganó y no quise controlarme… los maté… - el cuerpo de Sakura empezó a temblar con fuerza y Touya la apretó contra sí con más fuerza.
- Sakura, tu cuerpo es más débil y frágil que el de cualquier hombre entrenado. No puedes permitirte el lujo de ceder. Un fallo puede significar tu vida o la de aquellos a los que proteges. Yo te enseñé los puntos vitales con ese objetivo. Ser eficaz y letal. Por tu protección, por la de aquellos que dependen de ti. Ese es el deber de un caballero ¿Crees que Mei estaría viva sino hubieras actuado así? Le has salvado la vida. Debes quedarte sólo con eso – la castaña asintió entre sollozos y levantó la vista. Su hermano le dedicó una sonrisa y cambió rápido de tema - ¿Cómo te hicieron ese corte?
- Me hirieron cuando escudé a Mei. Ella no iba armada ni sabía defenderse. No teníamos ningún muro cerca, por lo que estábamos a su merced y totalmente rodeadas. Golpearon a Dark para que huyera. Pude acabar con tres de ellos, pero luego me quitaron el arma y… pensé que era el fin. Si Kero no hubiera aparecido entonces… yo… nosotras… - Touya miró al león dorado con agradecimiento creciente y soltó el aire que había retenido hasta ahora.
- ¿La espada estaba en buen estado?
- ¿Eh?
- Digo que si había oxido en la hoja que te hirió – Sakura pareció pensar en ello, pero negó.
- No. No creo correr riesgo de infección.
- Bien, pero te vigilaré de cerca. Al menor atisbo de fiebre te llevaré a la capital.
- Vale…
- Vamos adentro. Curaremos esa herida y descansarás. Luego hablaremos de lo sucedido.
- Pero no tenemos tiempo para eso. Debemos encontrar los cuerpos y… - Touya calló al comandante Pierre con una sola mirada. Cogió a Sakura entre sus brazos y miró a su padre.
- Me la llevo. No parece una herida grave, aunque puede estar cerca de la vena femoral – Sakura rodó los ojos, pero soltó una pequeña sonrisa. El sonido dulce de su voz los relajó a todos.
- No seas dramático, hermano. Si ese fuera el caso, ya me habría desangrado.
- No voy a correr riesgos. Que nuestros hombres vayan al lugar del incidente. Tú te vienes a casa. Conmigo. – Sakura se abrazó a su pecho como respuesta y miró a los hermanos Tsukishiro. Ambos la veían con preocupación.
- Estábamos en el arroyo de Zeriel. Cerca de la cueva del oso negro.
- Dime que no querías cazar a esa bestia inmunda sólo para ganar esta estúpida competición… - Yukito se acercó y acarició su mejilla sin importarle aquellos que los miraban. A Xiao Lang no le gustó, pero obviamente no era el momento adecuado para reprenderle. Además, podía ver en sus ojos cuanto amaba a la muchacha.
- Puede – Sakura le dedicó una sonrisa brillante, pero luego se puso seria – Yukito, es importante que recuperes los cadáveres. Iban vestidos con pieles de lobos y pintados de azul, pero su piel era pálida y su altura dentro del promedio.
- ¿Qué quieres decir, Sak? – Fujitaka se acercó entonces y miró a su hija con determinación.
- Iban vestidos como hijos de la Luna. Pero su técnica era norteña y su físico no encajaba. Tampoco su acento – Sakura dejó de hablar por un momento y miró al que ahora era su prometido. Esos ojos dorados parecían más humanos que nunca. Estaba preocupado. ¿Era por ella? ¿Por su prima? ¿O por las consecuencias que ese ataque podía traer al reino? – Majestad, creo que no querían matarnos a las dos. Esperaban que una de nosotras huyera… querían un superviviente capaz de atestiguar que había sido atacada por los hijos de la Luna… creo que era una trampa.
- ¿Por qué iban a…? – Fujitaka levantó la mano y calló a su hijo.
- No hablemos de esto aquí. Yukito, recupera esos cuerpos. Los necesitaremos – Touya soltó un bufido y miró al animal que había salvado a su hermana. Tenía la boca tan roja como el vino.
- No sé si esa bestia habrá dejado mucho de ellos…
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Xiao Lang necesitó varios minutos para calmar su corazón. El impacto había sido demasiado abrupto. En menos de cinco minutos había pasado del desconcierto al miedo, y del miedo al alivio. Y luego sólo sintió ansiedad y pérdida. Entró a la gran mansión cómo un autómata y siguió a los Kinomoto como una sombra. Meiling y Eriol iban tras él y pronto la duquesa, Tomoyo, Khao y Naoko se unían a la improvisada comitiva. Vio entre una bruma como todos rodeaban a la castaña y la avasallaban a preguntas. Pero Touya los alejó entre gritos y cerró la puerta. Y ahora estaban ahí de pie. En el corredor que daba a los aposentos de su prometida. Meiling contaba a un lado los sucesos, pero ni siquiera la oía. Estaba muy agradecido por su buen estado de salud, pero no quería oír su versión. Era una muchacha asustada que no había visto una lucha en su vida. No. Él quería oír la verdad de los labios de Sakura. Miró la maldita puerta que le separaba de ella y de repente comprendió que estaba siendo un idiota. ¡Era el futuro emperador! ¡Ninguna puerta podía detenerle!
Abrió el picaporte sin miramientos y oyó la voz de Eriol a sus espaldas. Pero no le importó. Cerró de nuevo tras de sí y miró al frente. Un hermoso salón en tonos blancos, tostados y verdes le recibió. Todo en ese cuarto olía a ella. Aspiró el aroma para calmar sus nervios y cerró los ojos por un momento. Las voces de algunas mucamas se oían tras la puerta de la derecha y decidió caminar en esa dirección.
El sol empezaba a descender a través de las cristaleras y pensó en lo hermoso que era el paisaje a pesar de la absurda situación. El día de cacería había quedado en el olvido y ya ni siquiera se lamentaba por su mala fortuna. Asomó su cabeza por la puerta del dormitorio y divisó su figura en la cama. Estaba desnuda. Las mucamas estaban acomodando un camisón limpio para ella, pero su piel lucía al descubierto, rojiza y mojada. El cuarto estaba un poco oscuro, pero había la suficiente luz para que sus ojos se deleitaran con su belleza.
Se habría ruborizado como un colegial en cualquier otra situación, pero por el momento sus ojos sólo podían estar pendientes de una herida. No era sangrante, ni afilada. Era una cicatriz en su muslo izquierdo. Tan grande, que ocupaba toda la parte superior de la pierna. Era el inequívoco resultado de un mordisco. Uno gigantesco y sin duda, peligroso. Pero había cicatrizado y ella estaba perfectamente. ¿Había sido el dientes de sable? ¿A eso se refería el duque cuando hablaba de que el primer año la mordía y la arañaba a todas horas? Ese no era un mordisco de aviso… iba a desgarrar la carne.
Notó que la joven se alteraba de repente y sus ojos se encontraron. Sakura corrió a cubrirse con el camisón y gritó su nombre totalmente avergonzada.
- Maldita sea… ¿qué haces ahí?
- Yo… estaba preocupado. Quería ver si estabas bien…
Se quedaron mirando, en silencio. Touya había salido minutos atrás a por un médico y las mucamas les habían dejado a solas en cuanto notaron la presencia de su majestad. Sakura agachó la cabeza y rehuyó su mirada. Pero su incomodidad no pudo importarle menos. Caminó lentamente hasta que estuvo frente a ella y se dio la vuelta para que pudiera vestirse. Para cuando ella le dijo que podía voltear, su corazón a penas latía. Sakura sólo llevaba un camisón de algodón y su melena aún seguía salpicada de sangre. La frente tenía manchas oscuras y opacas y algo de barro sobrevivía en su mejilla. Pero esos ojos… brillaban más que nunca bajo la luz del atardecer.
Xiao Lang tomo un trapo húmedo de un cubo que habían dejado las sirvientas y se tomó la libertad de agacharse a su lado y limpiar su rostro. Y para su sorpresa, Sakura no dijo nada. Poco a poco fue retirando la sangre y la suciedad con la tela. Y ella seguía callada y serena. Mirando sus ojos sin pestañear siquiera. Cuando creyó que su rostro estaba suficientemente limpio, dejó el trapo en el cubo y se sentó a su lado. La cama se hundió bajo su peso y notó el temblor en esos hermosos ojos jade. Pero seguía preso de una magia desconocida que le impedía alejarse. Por lo que dejó que sus dedos peinaran su cabello de la raíz a las puntas. El tacto se sentía reconfortante y apacible. A pesar de los restos de sangre, la suciedad y el olor a sudor, su piel le atraía como un imán. Sakura no vestía un camisón de seda ni olía a perfume de lavanda. Pero para él, era la mujer más hermosa y sensual que jamás había visto. El deseo le corroía y a penas podía luchar contra sus instintos.
- No deberías estar aquí… a solas… conmigo…
- No me importa.
- Pero… - sus dedos acallaron con suavidad esos hermosos labios y de nuevo la miró con intensidad. Vio como ella tragaba nerviosamente y siguió el recorrido de su garganta con deseo.
- Gracias, Sakura.
- Oh, de nada. No podía permitir que la hirieran. Además, Meiling fue muy valiente y…
- No, Sakura. Te agradezco de corazón que velaras por mi prima. Quiero a Mei como a una hermana. Pero no me refería a eso…
- Ah… ¿no?
- No. Gracias por seguir viva… gracias por no rendirte y… gracias por… por…
Ambos se miraron con ojos temblorosos. El aire era sofocante y la herida de la pierna le escocía horrores. Pero Sakura no podía apartar sus ojos de esa mirada dorada. Xiao Lang parecía otro bajo la luz de su habitación. Tenía unas leves ojeras y la miraba con algo parecido a la culpa. ¿O era preocupación? No lo comprendía muy bien, pero le gustaba el cambio. Jamás había visto esa versión humana en él. Parecía confundido, perdido… y por alguna razón, verle así… la desarmó.
- Creo que este incidente va a costarme muchos puntos… - Xiao Lang abrió los ojos por el comentario salido de tono y a penas pudo pensar una respuesta lógica. Sólo soltó una carcajada de alivio y acarició su mejilla.
- Maldita sea Sak… no es momento para bromas… - la castaña pareció sorprendida por la confianza y el mote cariñoso. Él jamás la había llamado así. Ni esperaba que lo hiciera. Durante la cena apenas hablaron y ella le dejó claro que quería dar un paso atrás. Pero él en verdad parecía otro en ese instante. Y las sabanas la habían ayudado a reflexionar. Eso y las palabras de Naoko llamándola egoísta e ingrata.
- Gracias a ti… Xiao Lang. Por dejarme competir… por… por intentar entenderme. Tenías algo de razón. No he sido digna de mi apellido y me he ofuscado en mi dolor. Te he culpado una vez y otra y otra… y tú sólo querías aligerar mi carga.
- No importa. No quiero que te disculpes…
- No, yo… Naoko me hizo reflexionar y tiene razón. He sido egoísta y testaruda. Pero no quiero serlo más. Ya me he despedido de mi infancia… de mis sueños. Estoy lista para asumir quién debo ser ahora.
- No quiero que renuncies a tus sueños – Sakura sintió el aliento en su rostro y tragó saliva. Las manos le sudaban y a penas podía pensar con algo de coherencia. Lo tenía tan cerca y era… tan hermoso. – No tienes que renunciar a nada, Sakura. Ya me he cansado de repetírtelo. Puedes ser quién tu quieras, hacer lo que quieras… a mi lado. Al frente de nuestro imperio. Cómo mi dama, mi emperatriz, mi reina o mi concubina. No importa el cargo qué ocupes. Yo te protegeré, si tú me dejas - la castaña se quedó sin aliento y ni siquiera se sintió exasperada por el machismo implícito en sus palabras. Porqué ahora comprendía su verdadero significado. Él no quería reprimirla, ni ahogarla. Tampoco humillarla o someterla. A su modo, Xiao Lang la estaba protegiendo. Y no se había dado cuenta hasta ahora. ¿Podía confiar en él? ¿Era verdadera preocupación lo que oscurecía su rostro?
- Esta bien… te dejaré…
- ¿Cómo?
- Puedes protegerme, Xiao Lang – esos ojos dorados como el sol la miraron presa del asombro y algo muy extraño le calentó el corazón – Aunque no creo que lo necesite… ya ves… he salido ilesa de un combate con ocho hombres armados.
- Ilesa, lo que se dice ilesa…
Ambos se sonrieron con genuino aprecio y entendieron que algo muy especial había sucedido en ese instante. El fin de sus absurdas peleas. El inicio de un mutuo entendimiento. Esta vez, de verdad. Y Xiao Lang supo, que algo aún mayor había comenzado a florecer en su corazón. Pero no cedería, aún no. Ella no estaba preparada y él… joder, él tampoco. Era abrumador, era… aterrador. No podía mirar esos ojos jade sin sentir autentico pánico a la pérdida. Jamás había sentido ese desasosiego en su pecho. Esa ansia por acercarse y ese terror por no poder hacerlo.
- Prometo esforzarme a partir de ahora.
- Ya te esforzabas… a tu manera.
- Me esforzaré mucho más. Dejaré que la pesada marquesa de Rue me instruya en canto y danza. Y no me quejaré por tener que llevar esos odiosos vestidos acorazados… - el príncipe soltó una sonrisa suave que los acaloró a ambos. – Pero también estudiaré sus movimientos políticos. La economía de la capital y el comercio. Viajaré contigo a tierras lejanas y asistiré a las conferencias. Y seré leal al reino. No quiero quedarme sentada en mis aposentos esperando a que vuelvas para… para tener principitos. Yo… quiero ser alguien importante para este imperio.
- Hecho, Sakura – quiso sellar esa promesa con un beso. En verdad se moría por cumplir con su deber de futuro emperador ahí mismo. Pero se obligó a recordar quién era y la posición que ambos ocupaban. No deberían estar ahí, solos y con ella en camisón. La deshonraba. No podía ir más lejos que eso. Así que se levantó y tomó asiento en un sillón alejado e intentó luchar contra sus instintos. - No he podido evitar ver la herida de tu muslo…
Sakura palideció. Su madre le había dicho lo horrible que era esa herida y lo importante que era ocultarla. "Ningún hombre querrá casarse contigo si descubre esa horrible monstruosidad de ti. Espera a estar casada para hablar de ella. Entonces, ya no podrán echarse atrás." Siempre se burló de sus palabras, aunque ahora no parecían graciosas. Pero Xiao Lang no era de esos hombres frívolos y superficiales. Ahora lo sabía. Aún así… su vanidad de mujer la tenía atemorizada. ¿Sería su herida tan horrible y monstruosa como Nadesiko quería que pareciera?
- ¿Debería habértelo contado? ¿Cambia eso algo?
- ¿A qué te refieres? - Sakura se abrazó a si misma en un intento de protegerse de su intensa mirada.
- Mi madre me dijo que era espantosa. Que nunca hablara de mi herida o nadie me querría como esposa. No la creí entonces… pero… - el príncipe puso los ojos en blanco y se llevó la mano derecha a la cabeza.
- Con todos mis respetos, tu madre es idiota – Sakura soltó una sonrisa aguda que le devolvió el ánimo – Eres la mujer más hermosa que he visto y ninguna herida puede borrar eso – la muchacha enrojeció tanto, que pensó que podría desmayarse. Pero Xiao Lang no se lamentó por su arrebato de sinceridad – Quería decirte que la había visto para que me contarás como ocurrió. No entiendo cómo tu padre permitió que esa bestia permaneciera a tu lado tras causarte esa herida… - La castaña levantó una ceja, aún sin comprender. Pero pronto llegó al punto de la cuestión y le miró asombrada.
- ¿Crees que Kero me hizo esto? – Xiao Lang asintió – No, claro que no. Kero es mi guardián. Ya has visto cómo me defiende y la unión que existe entre nosotros. Es un ser extraordinario. Inteligente y muy fiel. Nunca me haría daño. Nunca.
- Tu padre me dijo que fue difícil que te aceptara. Que te mordía y te arañaba.
- Oh, sí. Al principio. Pero nada cómo esto. Eran golpecitos cariñosos para rebelarse contra mí. Esto no… no fue Kero.
- ¿Y qué animal te…? – Xiao Lang pareció comprender de golpe algo que se le había escapado y algunas ideas empezaron a asomar por su cabeza – El lobo huargo…
Sakura no dijo nada. En vez de eso, se recostó en la cama con una mueca de molestia a causa del dolor. Xiao Lang se levantó para ayudarla a tumbarse y la tapó con las cobijas mientras acomodaba su cabello en la almohada. Iba a decirle algo sobre sus pensamientos, pero la puerta se abrió y un furioso Touya apareció en el umbral.
- ¿Qué demonios hace aquí? ¡Fuera!
- Le recuerdo, Kinomoto, que está hablando con su futuro emperador.
- No me importa. Mi hermana es una dama y no puede estar a solas con ella en su habitación.
- Lo entiendo. No volverá a ocurrir. Pero ya no estamos solos. Así que no veo la necesidad de mi marcha. – Un hombre alto y flacucho apareció tras ellos. Llevaba un maletín negro, por lo que Xiao Lang dedujo que era el médico de la familia – Dejemos que la atiendan. Esperaré en la salita contigua.
- Puede esperar fuera, como los demás.
- Podría, pero no quiero. Tu hermana es mi futura esposa. No la dejaré ni me iré. ¿Ha quedado claro?
Sakura contempló el duelo de miradas con una gota en la frente, pero por suerte su padre apareció para salvar la situación. Y Nadesiko le acompañaba con el rostro pálido y un abanico enorme para calmar sus nervios.
- Por favor, cálmense… dejemos que el doctor Dukette cure esa herida.
- ¡Otra herida! Oh… ¿Por qué los dioses me han castigado con una hija así? Yo pedí una niña dulce y femenina…
- Esposa mía… de ser esa la situación actual, tu hija habría muerto.
- ¡Eso es absurdo! No habría salido a cazar para empezar. Siempre empeñada en hacer todas esas locuras varoniles. Si me hubieras escuchado…
Xiao Lang desconectó de la discusión tan absurda que había empezado en el cuarto contiguo y miró una vez más a su prometida. El médico había dejado al descubierto su pierna herida y examinaba el corte con ojos críticos. Era un corte limpio. Superficial. Suspiró mucho más relajado y se permitió mirarla otra vez.
- ¿Puedo saber porqué mira a mi hermana de ese modo?
- Cómo hombre, Touya, deberías saberlo.
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Fujitaka caminaba nervioso por su despacho. Sakura les había contado con lujo de detalle todo lo sucedido. Esos… hombres… habían aparecido en sus territorios, armados con espadas de la tribu de los hijos y vestidos con sus ropajes. Se habían pintado el rostro y las habían atacado sin piedad. Pero al parecer desconocían que su hija estuviera tan bien instruida, ni tampoco predijeron su astucia. Ella había notado algo extraño en su forma de combatir y en su acento. Y por eso ahora sabían que no eran hijos de la Luna.
Yukito había vuelto sin nada. Había restos de lucha y sangre, pero alguien se había llevado los cadáveres. Intentaron seguirles el rastro. Pero fue en vano. Seguramente habían cabalgado por el arroyo para borrar sus huellas. La noche había caído y no les quedaba otra. Debían esperar. Pero algo sí sabía. Alguien había querido acusar a los hijos de la Luna de un crimen horrible. Asesinar a una dama consorte… en su casa… bajo la tutela de los Kinomoto… No sabía si era Meiling el objetivo, o su hija. Pero alguien había ido muy lejos para culpar a la tribu de los bosques de Lua. Alguien… quería iniciar una guerra.
Dos golpes en la puerta le recordaron que esperaba visita esa noche. Ya no habría una cena pomposa, llena de nobles distinguidos. Su hija estaba herida y él tenía mucho en lo que pensar. Pero el príncipe seguía siendo su invitado. Y al parecer, estaba ávido de información.
- ¿Le interrumpo, duque?
- No, por favor. Pase, alteza. – Xiao Lang tomó asiento frente a su futuro suegro y se negó a tomar una taza de té. Era su última noche en casa de los Kinomoto y se sentía triste por ello. Quería permanecer allí. A pesar de lo que había pasado, a pesar del ataque y de las disputas con Sakura. No quería volver a su abrumadora rutina. Una rutina que lo alejaba de ella. - ¿Cómo está mi hija?
- Duerme. Su mujer le ha dado unas hierbas con un nombre algo extraño…
- Aroquídeas. Son calmantes. Mi madre las cultivaba.
- Oh… - Se miraron en silencio uno segundos, pero finalmente Xiao Lang cruzó las piernas y soltó un suspiro cansado - Tengo muchas preguntas…
- Lo imagino. Pero no tengo respuestas.
- Oh, algunas sí las tiene. Pero se niega a compartirlas conmigo. Ya que pronto seremos familia, le pido que sea sincero – Fujitaka le miró a los ojos para analizar su expresión seria, pero se dio cuenta de que era el momento de explicar algunas cosas. Tomó asiento en su escritorio y dejó que su mente se apaciguara.
- Esta bien. Pregunte lo que quiera – Xiao Lang pensó en abordar el tema que más le urgía a la primera, pero se arrepintió casi al instante. Así que bordeó el asunto con algo que también le carcomía por dentro.
- ¿Cómo sobrevivió su hija al ataque de un lobo huargo?
Fujitaka se levantó de nuevo y caminó hasta la ventana. La luna aún no aparecía en el firmamento y por la hora que era, imaginó que seguía en su interlunio. Los bosques daban verdadero miedo cuando la oscuridad los engullía. Él lo sabía mejor que nadie. Un escalofrío involuntario viajó por su espalda y memorias de tiempos pasados le atormentaron.
- Ha visto su cicatriz. ¿Verdad? – Xiao Lang solo se limitó a asentir - ¿Ha oído algún sonido en la noche?
- ¿Disculpe?
- Cuando pasea por nuestros jardines… ¿Escucha algún ruido?
- Los caballos, el búho, el viento… ¿Por qué?
- Hubo una época en que… cada noche… oía el sonido de la muerte. Una muerte real y fiera que venía en busca de sangre. La sangre de mi hija – Xiao Lang casi se cae de su asiento ante sus palabras.
- ¿Sangre? – Fujitaka se giró para mirarle y dejó atrás su reticencia. No había contado la verdad tras la educación de su hija a nadie que no fuera de la familia. Excepto los hermanos Tsukishiro, que lo vivieron en carne propia. Pero ni siquiera el emperador lo sabía.
- Sé que se pregunta porqué eduqué a Sakura como a un hombre. Ese condenado lobo es la respuesta.
- Deje de ser tan críptico y hable con claridad. Se lo pido – Fujitaka rodeó la mesa y le miró con el rostro abatido por el cansancio.
- Cada noche de cada maldito día, cuando nos íbamos a dormir en nuestras cómodas y calientes camas… oíamos un aullido desgarrador. Era espeluznante, digno de tu peor pesadilla. Te erizaba los bellos de la nuca y no te dejaba dormir sin soñar con dientes desgarrándote la piel.
- Un aullido…
- No un aullido cualquiera, su majestad. Era el aullido de un ser sobrenatural. El monstruo que atacó a mi hija cuando sólo tenía seis años. Era la sombra de la muerte que volvía para terminar lo que empezó - Xiao Lang sintió que su corazón se aceleraba. ¿Seis años? ¿Ese lobo la había atacado a tan tierna edad y ella había sobrevivido? No tenía ningún sentido.
- ¿Qué demonios está diciendo? Los lobos no vuelven a por sus víctimas. Es un mito. Estúpidas leyendas.
- Si, yo también había oído historias en el pasado y nunca me las creí. Pero ahora puedo dar fe de ello, su majestad. Nada se interpone entre un lobo huargo y su presa. Ni muros, ni hombres ni nada. Y ese monstruo quería a mi hija. Y esperaría con paciencia su oportunidad.
- ¿No envió una partida de caza?
- Muchas veces. Pero se escondía. Nunca asomaba el hocico o se dejaba ver. Sólo le oíamos acechar en la oscura noche. Aguardando, esperando que mi hija cometiera un error y se alejara de mi protección para acabar con su tierna vida.
- Eso no parece posible. No parece…
- Real. Lo sé, su majestad. Cómo le he dicho, yo tampoco me lo creí. Tuve que vivirlo en mis carnes para comprender hasta que punto esa bestia era… aterradora – Xiao Lang no sabía cómo tomarse esa locura. Pero el duque hablaba en serio y no había ni un solo atisbo de mentira en su voz - Deje que le cuente, la historia que hay detrás de esa cacería. La verdad que convirtió a mi hija en quién es ahora. ¿No quería eso? ¿La verdad? – Xiao Lang asintió en silencio, más tenso de lo que se podía permitir aceptar.
- Sí, duque. Quiero saber la verdad.
- Bien. Deje que pida un poco más de té, la noche promete ser muy larga.
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Continuará…
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Notas de la autora (segunda parte): Creo que ha sido el más largo… jajajajaja. ¿Qué tal? ¿Les ha gustado? Por favor, que sea un "siiii" porqué lo he editado mil veces… jajajaja. No, ahora en serio. Espero que lo hayan disfrutado y nos vemos pronto. Tranquilas, que explicaré la historia del lobo en el siguiente capitulo y todo cobrará sentido. Aunque puede que me tarde un poco más esta vez, ya que quiero publicar pronto Mi Fan… ¡No me maten! Les mando un beso super super grande y como siempre, gracias por su gran apoyo. Me hacen muy feliz. ¡Mucho, mucho! Arigatoooooooooooooooooo
