Este capítulo y el siguiente están dedicados especialmente a Editorial El Patito Feliz!

Capítulo 16

-Sólo espero que ese panda apestoso esté lo suficientemente en lo profundo de este lugar; si no, mi alergia me mataría –estaba diciendo Herman.

Mientras él y sus hormigas discutían, Jack le sirvió una nueva copa con jugo.

-Sólo espero que este tonto plan funcione –murmuró el adolescente para sus adentros.

Al otro lado de la guarida, ambos grupos acababan de comenzar a desandar el camino hacia su celda. Para su suerte, la fiesta de los villanos sucedía varios piso por encima de ellos, por lo cual tenían mayor margen de tiempo, y el ruido que hiciesen no despertaría sospecha alguna.

-Muy bien, hay dos salidas que podemos usar –dijo el Maestro Yo, atrayendo su completa atención una vez más-. Una está al sur de donde estamos ahora, y es el museo falso que utilizaron esos tontos para envoscar a Yin y Yang.

-¿Huesos gigantes de esqueletos gigantes? ¡No, gracias! –dijo Jobeaux, y sus amigos asintieron de acuerdo; incluso el Boogeyman tuvo que admitir que aquellos esqueletos prehistóricos estaban fuera de su liga.

-Entonces, eso nos deja con la segunda opción –se apresuró a continuar el panda, intentando tranquilizarlos-: pero no será sencillo.

-¿Cómo conoce este lugar tan bien, Maestro Yo? –inquirió Vinnie, interrumpiéndolo.

-Ejem, bueno... –se rascó la cabeza, con una sonrisa culpable en su mirada-. Lina, Coop, ¿no se lo dijeron?

Ambos niños negaron con la cabeza, comprendiendo a qué se refería.

-Larga historia. Verán, fue cuando le ordené a Yin a salir con Coop para, ejem, averiguar mis sospechas sobre el Maestro de la Noche. Yin no quiso, pero aceptó de todos modos, y, uh, bueno, digamos que mis sospechas acabaron por confirmarse: Coop tenía una parte de los poderes del Maestro de la Noche en su interior; desgraciadamente, Yin acabó siendo poseída por el lado oscuro de su amigo y, bueno, ambos estuvieron a punto de instaurar el Oscuro Mañana. Rayos, incluso llegaron a reclamar el título como co-Maestros de la Noche, pero bueno, como dije antes, es una larga historia.

-Sí, coo, una larga historia –acordó el pollo, que experimentó un repentino asalto de vergüenza.

-Oh –dijeron al unísono los niños que acababan de enterarse de la historia.

-Así que, bueno, digamos que tuve en cuenta un recorrido de dos minutos por este lugar, aunque si mis sospechas son correctas, ese pajarraco invécil habrá cambiado muchas cosas. Supongo que no hay de otra... Tendré que verificar que esta otra salida siga en su sitio.

-¿Un plan? –preguntó Roger, intercambiando una mirada con sus amigos.

-Bueno... –el panda parecía algo inseguro.

-Tengo una idea, chicos –expresó la perrita del grupo, segura de su plan-: Roger, Dave, ustedes son nuestra distracción, así que iremos a buscarlos al final. Mientras tanto, Jobeaux y Vinnie, ustedes pueden adelantarnos y ocuparse de que nuestra distracción no vuelva a caer en el calabozo. Coop y yo revisaremos que la costa esté despejada, y estaremos justo detrás de usted, Maestro Yo.

-¡Un momento! ¿Qué hará el Boogeyman?

-Bueno, hay algo que definitivamente puedes hacer –dijo Yo, pensativo-. ¿Qué más puedes hacer, además de tocar rock and roll en batalla?

-¡Oh, muchas cosas! ¡Puedo desarmar mi cuerpo y convertirme en una cámaa zombi!

-¡Gran idea! Entonces, en caso de que alguien sea atrapado, serás nuestra, hmm, radio parlante. ¿Qué tal eso?

-¡Una radio y cámara zombi a la orden!

Los huesos y músculos del monstruo estallaron, volando en decenas de direcciones diferentes. El adulto del grupo, por su parte, se ocupó de cargar con el cráneo monstruoso, aprovechando su ingenio y colocándole la antorcha del calabozo en su interior. La calavera emitía un brillo fantasmal, como un antiguo tesoro maldito de alguna disparatada película de piratas.

-¡Vaya, amigo! ¡Si no te conociera, diría que, coo, me das miedo!

-¿Qué ves, Boogeyman? –dijo el panda, en voz baja.

-¡Oh, siento demasiadas cosas al mismo tiempo! ¡Las hormigas de Herman están apostando dinero en un juego en un rincón fuera de la vista! ¡Hay alguien azotando a los esclavos del tipo malo en otra parte! ¡Ah, y un escritorio de piedra lleno de pergaminos en una oficina aburrida!

-¿Una oficina? ¿Podría ser la sala del trono? –Lina se preguntó.

-¿No te estarás refiriendo, coo, al baño? ¿Qué tiene eso de, coo, interesante?

-hmm, quizás haya algo allí que pueda sernos útil. Síganme –indicó el adulto, mientras subían unas escaleras en esa dirección.

-¿Crees que la gente se de cuenta de que una decena de plantas carnívoras los está mirando?

-¿Y qué si lo hacen? ¿Por qué me preguntas eso a mí? –Roger se estaba impacientando-. ¡Yo digo que entremos ahí y les demos su merecido!

-Bueno, una distracción es una distracción, pero creo que lo mejor será pasar desapercibidos por un tiempo –dijo Dave, mientras ss refuerzos los seguían a varios metros.

Al poner un pie en el salón donde se llevaba a cabo la fiesta, sin embargo, Dave tuvo ganas de salir corriendo. Incluso Roger tuvo que serenarse, tragando una considerable cantidad de saliva.

Puede que por separado dieran risa, pero todos juntos en una misma sala, los villanos les produjeron un sentimiento compartido de intimidación, incomodidad y alarma.

Dave agradeció a quienquiera que estuviera allá arriba que la estructura de la guarida fuera, en su mayor parte, de tierra y rocas unidas con magia y tecnología de punta. Esa arquitectura fue lo que les permitió a Carni y su pequeña pandilla esconderse entre las grietas en el suelo y las paredes, aguardado la señal de Dave.

-¡Odio este trabajo! ¡Ni siquiera nos pagan! Quiero decir, ¿cuál es el punto de trabajar para un señor del mal?

-Tú dímelo, ¡incluso mi jefe anterior era más amable! Quiero decir, sí, vivía amenazándome con echarme, pero ¡al menos no me daba latigazos a cada segundo!

-¡oigan ustedes! –les gritó Roger, con una idea brillando en su mente-. ¿Qué pensarían si les dijera que el, hmm, señor del mal acaba de darles vacaciones?

-¿Sin grilletes ni latigazos? –dijo uno.

-¿Sin constantes amenazas de muerte?

-¡Sí! ¡Vámonos de aquí! –sin siquiera detenerse a agradecerles, ambos esclavos, dos jirafas, les arrojaron sus trajes del servicio, al tiempo que Roger les quitaba los grilletes, y salían corriendo sin mirar atrás.

-Uh, un gracias habría bastado –se quejó el ogro, mientras ambos se colocaban sus nuevos disfraces.

-¿Dónde están mis camarones fritos? En serio, ¡este servicio es malísimo! –se quejó Yuck, sentado en el exremo de su mesa.

Al otro lado, sus peores enemigos, Yin y Yang, conversaban animadamente con Carl y Pondscüm. ¿Qué les pasaba a estos idiotas? ¡Era como si ni siquiera hubiesen sido enemigos alguna vez! Se dijo Yuck, con su máscara cada vez más endeble.

-¡Aquí, aquí! –dijo la camarera, quien para ignorancia de los comensales no era otra que Lila, la pequeña aprendiz de los conejos-. ¡Esperamos que lo disfrute!

-¿camarones? ¿Cómo te atreves a comerte a mis primos lejanos? –chilló Pondscüm, al tiempo que la camarera le entregaba su comida, consistente en moscas y otros insectos con salsa.

-Mira quién habla, renacuajo de tercera, tú te estás comiendo a los parientes lejanos de Herman, así que no vengas con todo lo de quién puede o no puede comer qué, bla, bla –señaló el conejo verde, comenzando a devorar su comida.

-Sigo prefiriendo la comida rápida. En serio, ¿qué ve la gente en los platos exóticos? –dijo Yang, recibiendo gustosamente su plato de varias amburguesas con queso y papas fritas.

-Cada loco con su tema... quiero decir, ¡cada cual con sus gustos! –dijo Yin, materializando sus palillos para el sushi-. ¡Muchas gracias!

-¿de nada, maestra Yin!

-¿Qué dijiste? –ambos conejos detuvieron su alimentación y sus orejas, repentinamente descolocados.

-Eh, quise decir, ¡señorita villana y malvada Yin!

-Un segundo –dijo Pondscüm, tras asentir a algo que una de sus chicas de oro le dijo al oído y observando el intercambio con sospecha-. ¿A qué vino ese comentario?

-A ti te he visto en algún lado antes, ¿no? –Yuck atravesó otro camarón con su tenedor, acentuando su punto-. ¿Quién eres?

-Eh, p-p-pues... ¡oh! ¡Acabo de recordar que tengo que atender más pedidos! Una noche larga, ¿no creen? ¿Adiós!

Lila pensó que habían mordido el ancuelo, pero justo cuando intentaba alejarse, el conejo verde la agarró por un brazo, haciéndola chillar de sorpresa y miedo.

-¿En serio? Entonces, ¿por qué no llevas grilletes como el resto?

-Eh, oh, ¡eso! Bueno, este... –Lila pensó una excusa a toda velocidad-. Las chicas tenemos privilegios, ¡eso esss! ¡El paja... quiero decir el amo, nos ha dado algunos privilegios. Por eso no llevo grilletes, ¡dijo que esas cosas arruinarían la imagen de un señor del mal bueno! Quiero decir, no se supone que sean buenos los señores del mal, pero...

Para su alivio, el conejo pareció comprar su excusa, liberándola y volviendo a su comida. Pondscüm hizo lo mismo, pero sus antiguos maestros aún la miraban.

-¡Espera ahí! ¡Te olvidas de que yo también pedí algo! –dijo Carl, mientras la nerviosa niña le entregaba su hot dog-. Un segundo. Si eres una simple camarera, ¿por qué estoy viendo un traje de entrenamiento woo foo debajo de tu ropa de camarera?

Antes de que fuera capaz de reaccionar, el brujo cucaracha la ató con un hilo mágico que salió de la nada, mientras los comensales la miraban con los ojos encendidos por la rabia.

-No puedes engañar al amo de los disfraces. Ah, y gracias por la comida.

Sin embargo, antes de que su captor pudiera hacer algo más, una sombra cayó sobre él, antes de que una patada lo obligara a soltarla, arrancándole el brazo con yeso incluido al niño cucaracha, que gritó de dolor.

-¿Este idiota te está molestando?

Para sorpresa de todos, era Kraggler, aunque extrañamente joven esta vez.

-¡Gracias!

La perrita tuvo que morderse la lengua para evitar decir "abuelo", pero estaba francamente desconcertada sobre cómo su abuelo había recuperado su juventud y había conseguido llegar a la fiesta.

Todos los comentslaes se echaron a reír, burlándose de un Carl indignado, mientras Lila se escavullía por un costado.

Anes de que pudiera regresar a la cocina, el hombre gárgola la tomó de un brazo, apartándola a un lado.

-Es la última vez que salvo tu trasero, chiquilla entrometida.

-¿c-cómo recuperaste tu pócima de la juventud?

En cuestión de segundos, la gratitud había sido reemplazada por el miedo, un miedo aún mayor a aquella mesa repleta de villanos, con sus antiguos maestros coronando la torta.

-No te hagas la distraída, sé que Jack o tú me robaron mi pócima –dijo en un tono bajo pero peligroso, mientras su víctima temblaba de puro horror-. Pero no estoy aquí para vengarme, ya tendré tiempo para hacerlos picadillo a ambos por eso. Te vi hablando con Ella y Eradicus.

-¿E-Eradicus? ¿Te refieres al grifo ese? ¡No me acuerdo!

-A mí no me engañas. Sé que tú y tu heeermano están aquí por los amigos de esos dos –dijo señalando a los gemelos, que comían despreocupadamente-. Pero será mejor que te lo pienses mejor la próxima vez.

-¿Q-qué quieres ahhhora?

Lila estaba acostumbrada a tratar con su abuelo en su versión anciana, que se la pasaba la mitad del tiempo durmiendo y la otra mitad gritándoles a ella y a Jack sandeces sobre remedios caseros y cuánto odiaba al panda que vivía en la otra punta de la ciudad, siendo sus asistentes a la hora de darle sus medicamentos y atender la tienda, cada vez que él se desmayaba.

En cambio, esta versión juvenil y completamente despierta de su abuelo, una que ella no había conocido antes, le produjo ira y pavor a un tiempo.

-Ven conmigo.

Sin otra palabra, la arrastró con él hacia la mesa de Eradicus, Bob y Ella. Pero antes de que pudiera alcanzar su objetivo, alguien más se cruzó en su camino.

-¡Uh! ¿Por qué tenían que mandarme a la mesa de las mujeres solteras? ¿Qué soy, una loca? ¡Qué vergüenza! ¡terodárticus tendrá que escucharme esta vez!

-¡Saranoya! ¡Quítate de en medio!

-¿Kraggler? ¡Genial, otro hombre descerebrado! ¿Qué rayos quieres?

Mientras veía comenzar una discusión, la perrita aprovechó ese momento para zafarse del agarre de su furibundo abuelo, para acabar volviendo a la cocina en una carrera, chocando con alguien más.

-¡Lo siento!

-¡No, es mi culpa! Espera, ¿te conozco?

Era Dave. Roger y él acababan de entrar en la cocina desde la puerta trasera, justo cuando la niña apareció en un torbellino y los dejó en un montón de piernas y brazos, mientras la propia lila recogía las vandejas y los vasos que llevaban segundos antes de que cayeran al suelo, con una destreza admirable.

-¡Oye! ¡Tú eres el chico árbol! ¡Y tú el ogro grosero! ¿Son amigos de Yin y Yang?

-Uh, no me gusta cómo nos llamó, Dave.

-¡Sí! ¡Dave y Roger!

-¡Oh! Pero ¿cómo? ¡Creía que eran prisioneros! Por eso mi hermano y yo...

-Un momento, ahora te recuerdo –dijo Roger, mirándola con mayor atención-. Tú hermano nos ayudó una vez. ¡Sí, con el hechizo del queso! ¡Fue tan sensacional!

Por suerte, roger no era alguien a quien le duraran las rabietas. Sus dos acompañantes actuales agradecieron ese hecho en silencio.

-¡Oh, sí!

-Espera –la interrumpió Dave, evidentemente nervioso-. ¿Dijiste que estás aquí con tu hermano? ¿para tratar de rescatarnos?

-¡habla de suicidas totales! –acotó Roger, recibiendo un ligero puñetazo de la niña-. ¡Ay! ¡Ya, ya! Pero en serio, ¿en qué estaban pensando?

-¿Eso significa que ya son libres? ¡Genial! ¡Jack se va a poner muy contento!

-¡Oye, oye! ¡Quieta ahí! –la detuvo el ogro, sujetándola por un brazo, aunque con mucha más suavidad que sus captores-. ¿Viste a Yin y Yang? ¿Están ahí?

-¡Sí! ¡Ellos también se van a alegrar mucho!

-Dave, esta niña hiperactiva nos va a poner en evidencia –dijo Roger, aunque el nuevo puñetazo que le dieron le sacó una sonrisa, al tiempo que soltaba a la pequeña-. ¿No tengo razón?

-Uf. Odio cuando tienes razón –dijo Dave, apretándose las sienes-, ¡y eso no ocurre a menudo! Está bien, éste es el plan.

-¿Qiuén pidió el plato vegetariano? –estaba diciendo un Dave algo nervioso, mientras se fijaba en una mesa vacía-. ¿Nadie?

-¡Miren eso! ¡Un niño que es un tronco! ¡Qué gracioso!

El Manotauro lanzó una sonora carcajada, siendo seguido por la mitad de los villanos en la sala.

-disculpa, amigo, pero ese plato no te incluirá a ti, ¿verdad?

El comentario de FRED provocó un nuevo coro de risas.

Dave se encogió en su lugar, observando angustiado cómo, a pesar de estar a solo una mesa de distancia, ni Yin ni Yang parecían tener ganas de ayudarlo. Es más, acababan de unirse a las risas, junto con el resto de los comensales en su mesa.

De repente, un ruido sordo detuvo las risas, y todos pudieron ver que se trataba de, nada más y nada menos, las Gatitas Chung-Pou.

-¿Por qué las risas? –dijo Kity, echando chispas por los ojos-. ¿Qué tiene de malo un disfraz publicitario?

Para asombro de los héroes, el trío se veía ileso, cada una con su vestimenta para la noche, instrumentos y armas ninja en mano.

-Pss, ¿cómo rayos se repuceraronn tan rápido?

-¿Y cómo se supone que vaya a saber eso? –Dave estaba tan asombrado como su amigo, pero al igual que él, tampoco tenía idea.

-¡Oye! ¡Esa comida me costó mucho dinero! ¡Será mejor que ustedes, colegialas, lo paguen!

Pero el Manotauro fue silenciado por Ashley, al menos hasta que su grito hizo temblar el castillo.

-¡Mi mano! ¡Mis hermosos cinco dedos! ¿Cómo te atreves?

-¡Sigue siendo gracioso! –dijo FRED, aparentemente ajeno al intercambio, lo cual resultó ser un error fatal.

-¿Qué te parece gracioso, la comida o el disfraz del niño allí? –dijo Rosa esta vez, mirándolo crípticamente.

-Eh, bueno, ¿la comida?

Un segundo chillido de terror y dolor combinados cruzó la habitación cuando el cuerpo del knomo superdesarrollazo cruzó la habitación, siendo pateado por la propia Rosa.

-¿Alguien más tiene algún comentario discriminatorio sobre la comida vegetariana? –inquirió Ashley, sin recibir respuesta-. Bien. Naturalmente, estamos pidiendo eso, amigo.

-¡Y no lo olviden! –gritó Kity, sin perder el ritmo.

-¡Estamos animando esta fiesta! –continuó Rosa.

-¡Y a menos que quieran abandonar la fiesta, será mejor que dejen de hacerse los graciosos! –acabó Ashley, mientras su grupo se hacía con la mesa anteriormente desoupada.

-¡Aquí tienen! ¡Disfruten su comida!

-¡Espera un momento! –dijo Kity, deteniéndolo en seco-. ¡Podemos tocar tus ramas?

-¡No soy un rascador, señoritas!

-¡Oh, no es para eso! –se paresuró a aclarar Ashley, aunque la sonrisa de burla nunca abandonó sus labios-. Nuestro grupo es... hmm, somos amantes de la naturaleza.

-¡Oh! Pues...

-¡También voy a pedir el plato vegetariano! –gritó Saranoya, salvando al niño árbol de la incómoda situación en desarrollo sin saberlo.

-Uno, dos, tres, probando... Muy bien, ¡todos! ¿Tengo su atención? –dijo Terodárticus un minuto después-. ¡Es la hora del show!

El señor del mal hizo un gesto hacia un escenario, adonde apuntaron los focos. De repente, las gatitas rockeras se levantaron de sus asientos, corriendo al escenario para tocar sus canciones de la noche.

Pero los instrumentos que sacaron fueron algo... extravagantes, por decir lo menos.

Aunque Ralf las había curado mágicamente, a cambio las obligó a tocar sus raros instrumentos antiguos de todos modos. Y debido a que ya no tenían más tiempo para ir en busca de nuevos instrumentos, tuvieron que quedarse con los raros, aprovisionados por el oso, y ensayar en cinco minutos su repertorio de una hora y media.

Naturalmente, el show lo valió.

Y lo valió también para nuestros héroes, para los cuales la música funcionaba como una distracción extra que aprovecharon al máximo.

-Ojala dure –se dijo el Maestro Yo para sus adentros.

Se internaron en la oficina de Terodárticus, que quedaba justo por debajo del salón donde se desarrollaba la fiesta.

-Veamos –dijo el panda, pasándole la cabeza lumínica a Lina-. Basura, basura, recibos, facturas sin pagar... ¡Lo sabía!

-¿Qué es, Maestro Yo?

-¡Terodárticus es un deudor sin remedio!

Ambos alumnos se golpearon la cara, exasperados.

-¡Maestro Yo, se nos acaba el tiempo! –dijo Lina, cada vez más nerviosa.

-Hmm, no quiero sonar grosero, ¡pero el Boogeyman está de acuerdo! ¡Vaya, Las cosas se están poniendo interesantes allá afuera!

De repente, el panda extrajo un pergamino del montón, examinándolo a la luz del cráneo luminoso: en él, destacaba el raro dibujo de un triángulo con dos esferas en su interior. El panda se sobresaltó al mirarlo, antes de dejar caer la hoja al suelo. A su lado, sus alumnos lo observaron desconcertados.

-¿Qué es, coo, eso?

-Una puerta a la Zona del Olvido –dijo su maestro, temblando al pronunciar cada palabra-. Pero ¿cómo pudo Terodárticus encontrar esto? A menos que...

Fue como si una bombilla se encendiera en su cerebro, y repentinamente sus ojos se entrecerraron con comprensión, mientras exclamaba:

-¡A menos que un caballero woo foo se la diese! ¡pero eso es imposible! ¡Inconcebible!

Aunque los villanos disfrutaban la música inmensamente, algo era diferente. Terodárticus, junto con Eradicus, Ella y Carl, se sentía particularmente intrigado por la extraña forma de los instrumentos que tañían el aire.

Sin embargo, cuando las cantantes iban a la mitad de la quinta canción, algo extraño llamó la atención de todos, relacionado, por supuesto, con dichos instrumentos.

-¡Sabía que aquí había gato encerrado! –dijo Terodárticus, mientras el sonido de las cuerdas del arpa sin caja disparaba un rayo al techo y cortaba la luz-. ¡Dejen de tocar con esos instrumentos! ¿Son mágicos!

Las cantantes mismas habían quedado en estado de shock, maldiciendo a su representante por lo bajo.

-¡Ralf! ¿Qué rayos ocurre? –chilló Kity en su celular.

-¡Como no nos des una buena respuesta, considérate despedido! –rigió Ashley en el suyo.

-¿Alguien podría ayudarme aquí? ¡Mi cola acaba de enredarse con esta cosa! ¡maldito amplificador barato! –exclamó Rosa, pataleando en medio de la oscuridad.

-¡Lo siento! ¡Estos instrumentos llevan siglos sin ser tocados juntos! ¿Cómo iba a saber que esto sucedería? –estaba diciéndoles el oso porel videochat-. ¡Ah, y otra cosa! ¡Eso no es su amplificador, ése es el parlante místico woo foo! ¿A que es genial?

-¡Es oficial! ¡Estás despedido! –chilló Ashley, al tiempo que la extravagante batería se abría y le disparaba los cables de su interior, atándola-. ¿Eh, Ralf? ¿Sigues ahí? Antes de pedir tu indemnización, ¿podrías venir a desatarnos?

-¡Lo siento! ¡Se me acaba la batería del celular!

-¡miau! –exclamaron las tres al unísono.

Incluso Kity había sido atacada por su intstrumento mágico, siendo golpeada repetidamente por una flauta que, a pesar de parecer quebradiza, seguía intacta tras el veinteavo golpe.

-¿Quién hizo esto? –gritó Herman, levantándose de su asiento pero tropezando con sus soldados en el proceso-. ¡necesito ver qué está pasando!

-¡Lila! ¡Ahora sería un buen momento para escabullirnos y salir de aquí! –susurró Jack, que había tenido la suerte de encontrarse junto a su hermana en la mesa de los bocadillos justo antes del apagón-. Un momento, ¿qué haces?

Sin pensárselo dos veces, ella había comenzado a arrastrarlo entre la multitud de gente asustada, sin cuidado alguno por su seguridad (la de él, ya que ella era lo bastante pequeña y ágil como para esquivar cualquier obstáculo un segundo antes de chocar con cualquier persona o cosa a su alrededor), tapándole la boca a Jack cada vez que algún pisotón o golpe imprevisto lo hacía gritar.

-¡Rápido! ¡Tenemos que llegar a la cocina al menos!

Un segundo después de que pusieran un pie en la cocina, Terodárticus aplaudió, encendiendo las luces de emergencia.

-¡Te lo dije, amigo! ¡Generadores para cortes de energía imprevistos, la mejor inversión del momento! –dijo un Manotauro muy seguro de sí mismo.

Ambos hermanos se dieron la vuelta para observar el desbarajuste producto del apagón, y no pudieron evitar rodar por el suelo de la risa.

Excepto por Yin, Yang, Ella Mental, Eradicus, Terodárticus y Kraggler, el resto de los villanos yacía por todos lados, ya sea enredados entre sí en un rincón o cubiertos de pies a cabeza por la cena y las bebidas. Las cantantes de la noche, por su parte, continuaban fuera de combate, inconscientes y en diferentes posturas realmente ridículas, colgando entre los cables de la electricidad en el techo; excepto por Ashley, cuya arpa mística la había encerrado en una especie de jaula improvisada. La asustadísima gata permanecía lo más quieta posible, temerosa de que, si tocaba alguna de las cuerdas, la electrocutaría hasta la muerte. El mismo Terodárticus abrazaba su ala derecha, quemada casi por completo. La imagen del señor del mal con un ala cerrada sobre sí mismo, en un vano intento por sujetar la otra, que colgaba como una cortina desechada de su huesudo brazo, hizo que el mundo entero se echara a reír.

-¡Cállense todos! –rugió el villano, y todos se callaron.

Todos excepto, claro está, Jack, Lila, Roger y Dave. Pero los hermanos caninos se mantenían fuera de la vista, escondidos en la cocina con el resto de los esclavos (quecomenzaron a liberar en cuanto pudieron recomponerse de la risa), mientras que Dave y Roger no.

-Qué raro –dijo de pronto Pondscüm, mientras todos los ojos quedaban fijos en los aprendices-. Hay dos personas aquí que no tienen pinta de villanos.

Solo entonces Roger le dio un codazo a su amigo, pero sus risitas permanecieron.

-¡Mira eso, amigo! ¿No es una cortina muy bonita?

-Cállate –le susurró el ogro, pero no pudo evitar agregar-: ¡Oh, tienes razón! ¡Y además llena de agujeros, como la que tiene el baño de mi abuelita!

-Y aquí estaba yo pensando que los idiotas se mantendrían en su celda.

-¿Qué estás esperando? ¡Da la señal y larguémonos de aquí! –le reclamó Roger a Dave en voz baja y apresurada.

Pero el niño árbol estaba allí parado, paralizado de miedo, como si de pronto las raíces que caracterizaban a su familia acabaran de reemplazar sus pies, y lo mantuvieran pegado al suelo, matando cualquier asomo de resolución en él.

-¿A qué esperan? ¿Necesitan que los convierta en muñecos de nieve para que reaccionen? –vociferó el terodáctilo, furioso-. ¡Aplástenlos!

Todo el mundo luchó por denredarse y ponerse de pie, enfilando como mejor pudieron en dirección de sus enemigos, aunque sin demasiada prisa.

-¡Dave! ¡por el amor del foo, amigo! ¡Muévete ya! ¿Acaso quieres que nos maten?

Entonces, cuando su amigo estaba comenzando a ponerse verdaderamente nervioso, y mientras una decena de villanos se les iba acercando cada vez más, Dave consiguió salir de su aturdimiento, chillando, con más pavor que otra cosa:

-¡Ahora!

En menos de un segundo, una veintena de tallos, hojas y flores se dispararon desde el suelo y las paredes, atrapando a los atacantes desprevenidos y provocando un nuevo frenesí. Lasgatas ninja, que acababan de volver en sí y que consiguieron desatarse a duras penas, fueron rápidamente superadas, antes de quedar aplastadas por la avalancha de villanos aturdidos, los cuales formaron una montaña. Las plantas asesinas, por su parte, les habían arrebatado los raros instrumentos de entre sus garras, antes de replegarse alrededor de los niños, protectoramente.

-¡Ah, en serio creen que pueden venir a mi fiesta y arruinarla sin más? ¡Pues se van a enterar! ¡esto no es nada!

Terodárticus se arrancó su ala maltrecha, saltando de su asiento en el proceso, antes de que una niebla lo rodeara, difuminándose para mostrar las dos alas desplegadas en toda su gloria, como si nunca lo hubiesen dañado. Elevando sus garras hacia el techo, el villano se concentró, y el suelo a su alrededor se congeló. Llovieron carámbanos gigantes, de modo que todo el mundo corrió para refugiarse del repentino bombardeo debajo de las mesas.

Una de las plantas de Dave, que se había quedado rezagada (siendo lo que era, correr no era, naturalmente, una de sus virtudes) fue alcanzada por el ataque, marchitándose bajo el hielo.

-¿Y siguen ustedes!

Roger aumentó el tamaño de sus puños y cuerno, protegiéndolos del ataque entrante, pero siendo herido en el proceso. Sin embargo, no flaqueó.

-¡Serán dos estatuas de hielo magníficas para decorar mi sala del trono!

Roger pulverizó la siguiente andanada de proyectiles, respirando con dificultad por el esfuerzo. Alarmado, Dave descubrió quepodía ver sus respiraciones. Pero, para su sorpresa, él no se estaba cansando. Aunque su cuerpo se iba adormeciendo conforme pasaban los segundos, sintió que no le costaba seguir la pelea.

Roger, por otro lado, no lo tenía nada fácil. Nunca había llevado sus poderes tan cerca del límite, y ahora mismo lamentaba no haber traído al resto de sus amigos consigo. Le estaba comenzando a costar respirar, y mantenerse despierto le costó casi tanto como contener el dolor por el entumecimiento ininterrumpido de su cuerpo, que gritaba que se detuviera. Pero claro, él no se dentendría.

-¡Nadie será tu estatua de hielo, idiota emplumado!

Por suerte para ambos aprendices en apuros, no estaban solos. Roger sonrió para sus adentros, agradeciendo la muy necesaria ayuda de Jobeaux y Vinnie.

-¿Es en serio? –se mofó el villano-, ¿un oso y un duende?

-¿Por centésima vez, soy un goblin!

Jobeaux intercambió rayos con el villano, pero éste apenas prestaba atención, congelándolos o desviándolos. Vinnie intentó abrir la brecha entre ambbos grupos, pero incluso él tenía dificultades para moverse. Fue entonces cuando se fijó en un detalle que le llamó la atención.

-Oye, Dave, ¿cómo se siente el hielo?

-¡F-f-f-frío!

-¿Y no crees que, hmm, puedas calentar un poco las cosas?

-¡Oh, te entiendo!

Vinnie partió uno de los cascotes bajo su amigo, quien comenzó a flotar cual hplanta acuática. De repente, el agua comenzó a burbujear, mientras el oso los rodeaba con un campo foo, derritiendo más hielo y aumentando más aún la temperatura.

-¡Listo! ¡Eso fue realmente refrescante! ¡Gracias!

-¿Qué? ¡No! ¡Tomen esto! ¡Y esto!

-¿Qué está haciendo ese descerebrado? –dijo Eradicus, despejando la escarcha de su lado de la mesa-. Uh, como siga así, voy a empezar a creer que es una cabeza de chorlito.

-¡Es una guerra de nieve! ¿Bob puede jugar con la nieve?

-No, bobo –dijo su amo, golpeándose el rostro-. ¡Y no es nieve, es hielo!

Pero en lugar de ser atormentados por el hielo, Dave mantenía la boca abierta, atrapando los carámbanos entrantes y tragándoselos como si fueran cubitos de hielo. A su lado, Vinnie y Roger desviaban o pulverizaban los que su amigo no conseguía atrapar a tiempo. A sus pies, jobeaux había convocado cinco copias de sí mismo, que se deslizaron por el hielo cual patinadores profesionales, llegando al villano en un parpadeo y haciéndolo tropezar, dejándolo balanceándose por todo el lugar cual una patinadora en ciernes, aunque sin el estilo adecuado. Al final, Terodárticus acabó girándose sobre sí mismo, y su cabeza se estrelló contra la mesa de los conejos, partiéndola en dos.

-¡ya, dejen de reírse!

En cuanto consiguió ponerse nuevamente en pie, sujetándose de una silla, miró a su alrededor con fuego (o hielo) en los ojos, hasta que su mirada se cruzó con las de los conejos, y les gritó:

-¿ustedes dos! ¡Levanten sus inútiles traseros y vayan tras ellos!

-¡Lo sentimos! –dijo Yin, aún con un deje de sonrisa en su boca.

-¡En serio, señor, lo sentimos! –agregó Yang, aún entre risitas.

-¡pero es que esamos demasiado llenos para luchar!

-¡Me las pagarán, cuarteto de payasos!

-¡Habla por ti mismo! ¡Porque, que yo vea, aquí el único payaso eres tú! –exclamó Roger, mientras atravesaba el último trozo de hielo con su puño.

-¡Estúpidas plantas! –bramó, destrozando con cada paso el hielo que acababa de formarse-. ¡La única naturaleza que respetaré es la de las tundras y su vegetación marchita! ¡No permitiré que cuatro niñitos y sus plantines se burlen de mí! ¡Excusa de invernadero!

-¡No! –dijo de repente Dave, captando al resto de sus amigos-. ¿Por qué tuviste que decir eso?

Pero era demasiado tarde. El ahora revitalizado y furivundo ejército de plantas avanzó como uno hacia el terodáctilo, que no se había percatado siquiera del movimiento, más preocupado por quejarse. En cuanto hubo acabado, una hoja le tocó el hombro, obligándolo a darse la vuelta.

-¿Qué quieres?

Antes de que fuese capaz de parpadear, las plantas se envolvieron sobre él, mientras una enredadera imposiblemente grande surgía del suelo y recibía al desafortunado pájaro, al tiempo que éste era expulsado de la maraña vegetal aturdido. La enredadera lo agarró por los pies, golpeándolo una veintena de veces contra el suelo, que se agrietó por la fuerza de cada impacto, hasta producir un agujero, por el que cayó su víctima, atravesando al menos dos pisos en su caída al vacío.

-¡Odio la comida vegetariana!

-¡Vámonos de aquí! –exclamó Vinnie, arrastrándolos de regreso al pasillo, mientras el séquito de plantas asesinas volvían a encogerse, siguiendo al grupo a través de las aberturas en las paredes.

-¡Esperen!

Todos pararon en seco, deteniéndose para ver a los hermanos caninos corriendo en su dirección.

-¡Vamos con ustedes! –dijo Jack, agitado por la carrera.

-¡No tan rápido! –gritó una voz a sus espaldas.

Los caballeros en entrenamiento se prepararon para una nueva arremetida, cuando tres gatas ninjas, completamente magulladas y despeinadas aparecían por la vuelta de la esquina en un torbellino.

-¡Eh tú, chico árbol! –gritó Kity, arrojándole un objeto pequeño.

-¡Eh? ¿Qué es esto?

-¡Nuestra página Web! ¡para que nos contactes si quieres ser nuestro representante alguna vez! –dijo Rosa, todo de una sola vez.

-¿Qué?

-ya sabes, nuestro manager –dijo Ashley, en un vano intento por recolocarse su cabello en su posición original-. La naturaleza es un tema cool, ¿sabes?

Kity le lanzó un veso, a lo que Dave respondió con un tartamudeo, al tiempo que se sonrojaba más que un tomate.

-¡Sí, genial! Oye, amigo, estamos tratando de escapar de la guarida de los malos, ¿recuerdas? –lo apuró Jobeaux, sacándolo de su trance y sacándolo de ahí a rastras.

-¡Llámanos si te interesa! –dijo Rosa, mientras los héroes reemprendían su marcha, aunque ahora sin correr.

-Qué raro, no recuerdo que ese pajarraco siguiera en contacto con Ti y Chay. Esto me huele a podrido.

-Bueno, a mí me huele, coo, a papel en buen estado. Mucho mejor que, coo, esos pergaminos, coo, amarillos.

-Me lo guardaré, como lo demás. Podría sernos útil en el futuro.

-¿Ya podemos irnos? –los apuró Lina, impaciente.

-¡Chicos! ¡hay algo que deben saber! –exclamó Boogeyman, pero sus amigos optaron por ignorarlo y salir de allí al trote.

Pero justo cuando estaban a punto de llegar a la salida señalada por el panda, oyeron un estruendo, doblando la esquina para toparse de frente, nada más y nada menos, que con Terodárticus.

-¿Pensando en escapar, acaso?

-¡Boo! ¿Por qué no dijiste nada? –lo incriminó Lina.

-¡Claro que lo hice! ¡Bueno, lo intenté!

La cabeza luminosa voló de manos de la perrita con un poderoso rayo de su enemigo, quien les bloqueó la salida, extendiendo ambas alas para mayor intimidación.

-Vaya vaya, miren a quiénes tenemos aquí. Yo, no me digas que ahora andas contratando guardaespaldas. ¿Tanto miedo te doy?

-Oh, no necesito guardaespaldas. Pero tú vas a necesitarlos cuando te haga pedacitos.

-¡Maestro Yo, no! –sus alumnos lo agarraron por ambas piernas, y el panda les dirigió una mirada molesta.

-Niños, este pajarraco es mío.

-maestro Yo, todavía faltan los demás.

-¡coo, cuidado!

Coop los empujó al suelo, esquivando un rayo mortal, que creó una columna de hielo donde acababan de estar parados.

-¿Qué ocurre, amigo? ¿Ansioso por formar parte de mi colección de estatuas de hielo? ¡Porque esos tontos que enviaste ya están sobre mi repisa!

El panda se enfadó, pero vaciló, imaginando la posibilidad.

-¡Eso es mentira! –gritó alguien detrás suyo.

Era Vinnie, que traía a sus amigos consigo. Jack y Lila se escondían tras Roger y Dave, expectantes.

-Tengo una mejor idea –dijo el villano, replegando sus alas y mirando al grupo casualmente-. Esto es entre tú y yo, panda. No necesito avergonzar a tus alumnos, ni mucho menos permitir que mi castillo se arruine aún más.

-Solo escúpelo, ¿quieres?

-Bien. Aquí está el trato: vamos afuera y resolvemos nuestras diferencias uno a uno. Sabrás que no he olvidado la afrente de nuestra última pelea en el pasado.

-me parece bien. Solo espero que esta vez, cuando te mande al olvido, te quedes en el olvido.

-Palabras fuertes para alguien tan dévil. Veamos si eres capaz de seguirme el ritmo.

Ambos se dirigieron al exterior, mientras tanto villanos como héroes se preparaban para ver una batalla alucinante.

-Pero si vuelves a luchar como la otra vez, me arrepentiré de ofrecerte esta oportunidad, que te enteres.

-Oh, no te preocupes, no será como entonces.

El Maestro Yo brilló intensamente, cubriéndose con su antigua vestimenta, como durante su batalla con Zarnot y Saukorn. Por su parte, Terodárticus brilló con luz propia, revelando un traje de batalla en bronce y plata.

En el traje del villano, dos garras rojas estaban pintadas en señal de ataque, como sangre fresca sobre madera.

-¿Sin cinturón?

-Oh, ¿para qué quiero semejante tontería? No, tengo algo mejor.

De pronto, una cadena de hierro y oro rodeó su cintura, con la cabeza de un terodáctilo dorada en el frente.

-Cuando te mande a la otra vida, quiero que sea con estilo. Tendrás el honor de ser derrotado no solo por el guerrero más fuerte, sino por aquel con la mejor ropa.

-Nah, prefiero mi traje woo foo. Las cadenas son para el baño.

-Uf, ¿no sabe el Maestro Yo que ya nadie usa cadenas para el baño? –inquirió Jobeaux.

-créeme, sí que lo sabe, de hecho he usado el baño de la academia varias veces, y es un baño moderno –aseguró Lina, centrándose en la batalla que estaba a punto de desatarse-. Es obvio que está rememorando viejos recuerdos.

-Uf, hacer memoria mientras estás por luchar a muerte, vaya manera que tiene el Maestro Yo de concebir el estilo –dijo Roger, resoplando.

Terodárticus materializó su espada de hielo, mientras que su adversario levitó la guitarra eléctrica que había utilizado contra el triceratops.

Terodárticus atacó de forma implacable, pero el panda consiguió bloquear cada asalto, siendo sacudido en el proceso.

-Vamos, viejo inútil, ¡haz que tu muerte sea interesante al menos!

-¿Quieres algo interesante?

Yo levitó en el aire, y su contrincante abrió sus alas, siguiéndolo al cielo. Allí, el panda comenzó a tocar una melodía rápida, alguna canción tipo heavy metal, y a su alrededor, una nueva tormenta eléctrica sacudió la noche. Las tres lunas, hasta entonces ausentes del firmamento, reaparecieron, tres medias lunas reflejando los rayos en medio de la contienda.

-Si alguien dice que eres demasiado viejo...

El panda tocaba su guitarra, cantaba y evadía los rayos de energía de la mano libre de su enemigo, todo en una sincronía perfecta.

-...Demuéstrale que puedes ser su espejo...

Mientras tocaba, una pequeña explosión sacudió la guarida a espaldas de los aprendices, que se voltearon justo a tiempo de ver cómo el parlante místico woo foo se elevaba en el aire, emitiendo la música de fondo de la canción del panda, flotando debajo del guitarrista.

-Si todo lo que tenías te lo han quitado, sigue adelanta y habbrás ganado. Escucha esta canción, esto es rock and roll...

-¡ya deja de cantar esa canción! ¡Es horrible!

Terodárticus arrojó un rayo congelante al amplificador, pero las ondas musicales desviaron el ataque, y congelaron un grupo de bancos arruinados por la anterior batalla en su lugar.

-¡Escucha mi canción; escúchame tú, puede que te pateemos el trasero. ¡Entérate, es el woo foo!

De pronto, alguien arrojó tres raros instrumentos a los niños, que vitoreaban a su maestro. Las gatas ninja, algo contrariadas, pero animadas por la música, se los señalaron.

-¿Saben tocar? –dijo Rosa, cruzada de brazos.

-¡Eh? ¡Claro! –dijo Roger, atrapando el arpa-. ¿Qué rayos es esta cosa?

-¡No lo sé, pero es genial! –dijo Dave, quien acomodó la batería junto con Lina y Coop.

-¡No es justo! ¡No hay instrumento para Boogeyman! –se quejó el monstruo, ya rearmado.

-¿Por qué no ayudas al Maestro Yo con el parlante? –dijo Jobeaux, atrapando la flauta.

-¡Buena idea!

-¿Para qué son, coo, los instrumentos raros?

-¡Si saben tocar, háganlo ahora! –exclamó Ashley, mientras su grupo se acomodaba a un lado de la pared exterior de la guarida, listas para ver la batalla.

Lina intercambió su palito de la batería con Roger, recogiendo el arpa, mientras Coop se sentaba para tocar los pedales.

Mientras, Boogeyman saltó hacia el parlante woo foo, separándose para envolverlo y así darle aún más energía.

-¡Entérate, esto es woo foo! ¡Esto es woo foo!

Los diferentes instrumentos arrojaron diversas ráfagas de energía hacia el parlante místico, que a su vez entregó una nueva onda supersónica al pájaro, carga ahora con electricidad. El Maestro Yo voló en su dirección, arrancándole su espada de una patada, y rompiéndole el pico con otra, desequilibrándolo.

Terodárticus se aferró a su brazo, saltando sobre el mástil de la guitarra, corriendo para arañar al panda, pero éste saltó a su vez, parándose en la caja. La guitarra siguió tocándose sola.

-¡Detesto esa canción! ¡Música horrorosa!

-¡Woo foo! ¡Woo foo!

En equilibrio sobre las cuerdas, el panda rodeó la guitarra con energía, haciéndola aumentar de tamaño hasta ser tan grande como una montaña. Yo saltó sobre las cuerdas, evadiendo los rayos y esquivando las patadas, devolviendo cada arremetida con golpes y patadas que dejaron estela de energía a su paso.

Terodárticus despegó nuevamente, pero se topó con la caja del instrumento, que lo estampó contra el suelo, creando un cráter gigante, antes de reducirse a su tamaño original, siendo recuperada por un panda triunfante.

-¡Woo foo, yeeeee, ye!

Tocó la última nota y aplastó a su enemigo por segunda vez, en un acto final.

-¡Maestro Yo! ¡Maestro Yo!

Incluso los villanos habían salido de su estupor y, habiendo conseguido librarse de los restos de enredaderas mortales, habían salido fuera, ovacionando al ganador.

-¡Wow, me siento cincuenta años más joven!

-¡Ya basta!

Indignado, Terodárticus emergió del cráter, escupiendo tierra y sangre. Sus alas estaban echas jirones, mientras que la mayor parte de su cuerpo estaba tatuado con moretones.

-¡Aún no me has vencido!

Convocando su poder nuevamente, el señor del mal disparó una andanada de rayos de hielo, congelando todo a su paso. Una vez estuvo satisfecho, se volteó para observar su obra, con una sonrisa en todo su rostro.

-¿Qué decías, amigo mío?

-¡Grrrrr! –dijo el panda, gruñendo con la lengua pegada al paladar.

-¿Qué, son ésas acaso tus últimas palabras? Porque sigo sin entendr nada de lo que intentas decir.

El ser maligno se pavoneó, caminando para estar junto a su rival, pateándolo en la cara y tirándolo al suelo. Los instrumentos, ya sin su poder, yacían por el suelo, descartados. Incluso Dave se encontraba sepultado bajo unos buenos diez quilos de hielo.

-Ah, casi lo olvido. Parece que tienes algo que me pertenece.

Agarrándolo por el cuello, el ave volvió a poner de pie a su enemigo, que tenía un reguero de sangre en la nariz. Con un gesto brusco, arrancó un trozo del traje marcial, extrayendo el pergamino con el dibujo de un iceberg y los signos del yin y el yang en su interior. Una cascada de papeles lo siguió, aunque su dueño no hizo el menor amago de levantarlos.

-Pero soy piadoso. Encontrarás mi misericordia oportuna para tus últimos momentos en este mundo.

Con un movimiento de sus garras, la cabeza del panda se descongeló, y éste escupió una flema de saliva y sangre a los pies del villano, que simplemente sonrió, burlándose.

-Así que, déjame que te lo pregunte una vez más, ¿cuáles son tus últimas palabras?

-¡maestro Yo!

De repente, dos conocidos conejos saltaron fuera de la guarida, trotando para colcoarse detrás del panda a medio congelar. Yin y Yang observaron el desastre con los ojos entrecerrados.

-¡Ah, niños! –Terodárticus les sonrió a sabiendas, materializando su espada helada una vez más, y clavándola en el suelo-. ¡llegan justo a tiempo de ver el final de este tonto!

Sin embargo, tanto el villano como su rival notaron que algo era diferente. Los conejos ya no parecían hostiles hacia su antiguo maestro, y miraban a sus amigos convertidos en esculturas de hielo con sorprendido horror.

-¿Qué pasa? ¡acaso no es lo que querían? ¡Juntos, nosotros dominaremos este mundo!

-¡maestra Yin, maestro Yang!

Los cuatro se voltearon (excepto Yo, que solo pudo voltear la cabeza) para ver a Lila y Jack corriendo hacia ellos.

-¡No, ustedes, pequeñas sabandijas no arruinarán mis planes otra vez!

Terodárticus disparó un nuevo rayo congelante, pero Jack empujó a su hermana al suelo, recibiendo el ataque en su lugar, y convirtiéndose de inmediato en una estatua de hielo.

-¡jack, no!

Lila se echó a llorar, mientras trataba de abrazar a su congelado hermano, resbalando en el proceso. Entonces, la perrita extrajo algo de su ropa.

-¡Yin, Yang, tomen esto!

Yin atrapó el Libro Prohibido del woo foo, desconcertada. Sin embargo, antes de que pudiera agradecerle el gesto a la niña, Terodárticus le lanzó un nuevo rayo, y se convirtió en otra escultura helada, acompañando a su hermano.

-¿En qué nos quedamos? Ah, ya me acordé. Nos quedamos en tus últimas palabras, mi viejo amigo.

-Oh, tengo mis últimas palabras pensadas desde hace tiempo. ¿Quieres oírlas?

-¡estoy ansioso!

-Bien. Aquí van: ¡Púdrete en el infierno, pajarraco de cuarta!

Terodárticus avanzó hacia él en un segundo, soltando su espada y el pergamino en sus manos en el proceso. Agarró ambos brazos del panda, retorciéndolos horriblemente hacia atrás, resquebrajando el hielo al tiempo que su víctima chillaba de agonía.

-¡El único que se pudrirá en el infierno serás tú, panda estúpido! Pero no te preocupes, pronto estarás allí. Ah, y diles a Ti y Chay que dije hola.

Mientras presionaba sus brazos al punto de romperlos, y a pesar de estar casi completamente congelado, el Maestro Yo consiguió golpearlo con un cabezazo, al tiempo que juntaba sus palmas.

-¡No lo creo! ¡Incendio foo!

Una llamarada estalló a su alrededor, arrojando a su enemigo lejos de sí y derritiendo el hielo a su paso. Una vez las llamas se hubieron dispersado, el panda cayó de rodillas, volviéndose a mirar a sus hijos.

-¡Tomen esto!

Se sacó dos objetos de su bolsillo bueno, arrojándoselos a los conejos.

-¡Tú! –Terodárticus salió del agujero humeante en la pared de su castillo, con ambos brazos cubiertos de quemaduras y echando fuego por los ojos-. ¿Realmente pensaste que eso me detendría? ¡Qué iluso! ¡Controlo la magia de laaa naturaleza! ¡Y eso implica cada elemento! ¿Y adivina qué? ¡El fuego se me da tan bien como el hielo!

Sin embargo, mientras pequeñas llamas surgían de cada uno de las garras del villano, Yo tuvo el tiempo suficiente para pronunciar un hechizo:

-¡corbata y tirantes woo foo que curan! –pronunció, y los ojos de su enemigo se abrieron como platos, demasiado sorprendido como para detenerse-. ¡purifica a mis hijos en su interior, me encanta el pie de limón!

-¡Ése es el conjuro más ridículo que jamás haya oído! ¿Qué pretendes?

-¡Qué bueno que lo preguntes!

-¡da igual! ¿Adiós!

Sin otra palabra, Terodárticus disparó su ataque de fuego al panda, carbonizándolo un segundo después de que el hechizo hubiese comenzado a producir sus efectos. Pero, como pronto pudo percatarse el villano, cuya carcajada de triunfo se detuvo en seco, el hechizo no iba dirigido a él, sino a los conejos.

Ambos objetos mágicos se ataron alrededor de los conejos, mientras la energía que desprendían arrojaban sobre ellos un fuerte resplandor. Mientras gritaban por la sorpresa, se formó un portal frente a sus rostros, absorbiendo la maldad antes de cerrarse, al tiempo que la corbata y los tirantes se esfumaban, para ocultarse en algún lugar remoto del mundo una vez más.

Una vez el hehcizo hubo acabado, se pudo ver al par de conejos de siempre: sus trajes volvían a ser blancos, y sus ojos volvían a tener sus colores genuinos.

Tras el evento, el panda cayó inconsciente, herido gravemente.

-¡Maestro Yo!

Los conejos corrieron para auxiliarlo, siendo bloqueados un segundo antes de llegar a su objetivo por sus antiguos amigos.

-Chicos, ¿son ustedes? ¿ustedes de verdad? –inquirió Lina, observándolos con expectación.

De repente, todo el mundo se dio la vuelta tras un "pap", que resonó en el lugar. Dos conejos prácticamente idénticos a Yin y Yang, excepto por sus vestimentas, de color negro. Acababan de caer del cielo, y yacían inconscientes a los pies de su creador.

-Uh. Qué patéticos.

Sin el menor rastro de piedad, el villano los pateó a un lado, siendo observado por los demás con sospecha.

-¿Qué les pasa? ¡Ahí tienen a esos dos, vayan y acábenlos! ¡es su oportunidad! ¿No es lo que siempre han querido?

Pero los villanos se veían indecisos. Los amigos de los conejos rodearon a sus amigos, aplastándolos en un abrazo, antes de soltarlos para atender a su maestro.

-Oh. Así que de eso se trataba ese conjuro –dijo el ave, meditabundo-. ¿Qué están mirando todos?

-¿sabes qué, Yang? Acabo de recordar el verdadero plan de este malvado –dijo Yin, cruzada de brazos.

-¿en serio? ¡Oh! ¡Te refieres a mandar a todos los villanos a Alaska y convertir el planeta en una bola de nieve gigante!

De inmediato, todas las miradas de los antagonistas de los conejos fijaron en su supuesto benefactor, quien retrocedió un paso, haciéndose el ignorante.

-¡Oye, amigo! ¡Alaska no es rentable para mi empresa! –exclamó Manotauro.

-Mi ejército y yo no podemos invernar el año enetro, ¿te enteras? –Herman se cruzó de brazos, ceñudo.

-Hmm, puede que mi cuerpo aguante bien las bombas, pero ¡Alaska es un lugar terrible para un genio del mal! –se estaba quejando Carl, ya sin sus yesos-. ¿Dónde pondría mi guarida, en un iglú?

-¡No es un lugar para mujeres! –farfulló Saranoya.

-Aunque soy un gnomo de jardín, no estoy listo para pasarme la vida en un lugar así... Aunque claro, siempre podría transformarme en un pingüino.

-¡No conozco ninguna estrella de cine o musical que haya salido de Alaska! –exclamó Ashley, recibiendo un asentimiento mutuo de sus amigas-. ¿conoces a alguien que haya puesto una discográfica allí y que haya dejado el hielo? ¡Uh, no lo creo!

-¡Pondscüm sabe que no hay prácticamente oro allí!

-¡Amigos, amigos! –Terodárticus levantó sus garras en alto, pero los gritos y murmullos continuaron-. Si se callan, puedo explicarles... ¡Está bien, ya cállense!

Aunque obedecieron, la tensión reemplazó sus quejas, de modo que ahora su alianza pendía de un hilo.

-Todos sabemos una cosa: el woo foo es ridículo y sus practicantes son unos debiluchos. Sólo mírenlos –dijo, señalando al grupo de niños que rodeaba al panda inconsciente, quienes lo miraban con furia-. ¡Son solo un montón de niños débiles que no podrían vencerme nunca! Y, evidentemente, ustedes menos podrían hacerlo. Así que, si valoran en algo sus vidas y nuestra alianza, pueden obedecerme, y destruiremos juntos a nuestros enemigos comunes. O pueden ponerse en mi contra, y terminar igual que ese panda estúpido.

-¿No ves que ya no creen en tus excusas? –dijo Yang, extrayendo sus navajas.

-Y puede que sí, que tengas razón en una cosa –dijo su hermana a su lado, materializando dos esferas de energía-. Puede que seamos un montón de niños. Puede que no tengamos el poder suficiente para vencerte. Sin embargo, ¡tenemos el deber de detenerte, y lo haremos!

-Bien, si ustedes no van a mover sus traseros, yo mismo tendré que hacerme cargo –dijo su enemigo, crujiéndose los nudillos y sonriendo en preparación, aún con su cuerpo magullado.

-¡Esperen! –los detuvo Vinnie, agarrándolos por la parte trasera de sus trajes-. ¡No pueden enfrentarlo ustedes solos!

-¡Vinnie tiene razón, es demasiado fuerte! –dijo Lina, colocando una última venda en la cabeza del panda.

-¿Pueden hacer algo por nosotros, chicos? –dijo la coneja rosa, dedicándoles una sonrisa-. Entréguennos sus fuerzas.

-¡hecho! –dijeron al unísono, juntando sus manos en un círculo, sobre las que las de los gemelos estaban en la cima.

-¡Nah, no existe magia que pueda detenerme ahora!

-¡Pero hay algo que lo hará! –dijeron los conejos a coro-. ¡Aura woo foo!

Ambos conejos fueron rodeados por sus auras, ante un Terodárticus ligeramente sorprendido.

-¡Vamos! –Lina abrió el Libro Prohibido en una págna al azar en medio del grupo-. ¡Tiene que haber algo aquí que pueda ayudar!

-¡ja! –rió Eradicus a resguardo en el interior, acompañado por sus fieles secuaces-. Bueno, debo admitir que por un momento, ese pajarraco me hizo dudar. Pero ¡ahora lo veo claro! Sin ese panda despierto para darles su energía, ¡están perdidos!

Yang dio golpes a diestra y siniestra, y su aura lo siguió. Yin, por su parte, disparó decenas de bolas de energía. Sin embargo, su enemigo desvió o bloqueó cada ataque con facilidad.

-¿Qué, creyeron que porque estoy algo golpeado, estoy debilitado?

Atrapó uno de los puños del conejo azul en el aire, mientras disolvía la esfera entrante con su mano libre.

-Pero hay algo que no tuvieron en cuenta. Que yo no soy Eradicus.

La espada de hielo surgió en una de sus manos, cortando la mano del aura azul, que retroedió, comenzando a congelarse. Alarmada, Yin le disparó, pero el ave desvió su ataque, disparando fuego propio, que quemó su brazo.

-Aunque pensaba tenerlos a mi lado cuando conquistara el mundo, supongo que al final no podrá ser. Qué lástima, tendré que pedirle al alcornoque de Manotauro que suba el techo para mis nuevas esculturas gigantes. Dos esculturas de conejos, congelados con sus auras.

-¿Qué hacemos ahora, Yin?

-¡No lo sé! ¡Puede luchar con nuestras auras como si no fueran nada!

-¿Qué hay de tu energía oscura?

-¡No sé si podré usarla ahora! ¡Necesito tiempo!

-¡Yo te lo compro! ¡Muy bien, pajarraco anciano! ¡Eres un montón de huesos andante!

-¿Qué dijiste, niño insolente? ¡Repítelo!

-¡Eres un montón de huesos andante! ¡Un fósil caminando! ¡Mírame! ¡Tengo chorrocientos millones de años y tengo alitas para volar! ¡Ay, miren mis garras! ¡Tiemblen de miedo! ¡Soy taaaaaan genial, pero me desarmo al caminar!

-¡Oye! ¡Yo estoy hecho de huesos y no me desarmo cuando camino! –dijo el Boogeyman, ofendido, pero nadie le prestaba atención.

Terodárticus arremetió salvajemente contra el conejo con el aura azul, congelando y cortando trozo tras trozo de energía, hasta que la misma quedó completamente congelada, estallando en mil pedazos por un golpe lateral. Un Yang magullado salió volando de la explosión, siendo empalado por su enemigo en un brazo, lo que lo hizo gritar de dolor.

-¿Con que soy un vejestorio caminando?

-¡No lo decía en serio!

-¡Voy a disfrutar destruyéndote frente a tu hermana, y luego haré que te acompañe a la otra vida! ¡ustedes dos aocmpañarán a su estúpido padre y maestro al infierno!

-¡Yang! ¡Sal de ahí!

El conejo lo hizo, pateando al villano en su ya amoratado rostro, obligándolo a soltarlo. EL conejo salió corriendo, justo cuando dos patas gigantes de oscuridad envolvían el cuerpo del ave, aplastándolo.

-¡Bien hecho, hermana!

Pero entonces, la espada del terodáctilo cortó a través de su trampa, antes de aparecer de la nada en el interior del aura, junto a la coneja que la controlaba, quien quedó paralizada por el asombro.

-Vaya vaya, niña, y aquí estaba yo pensando que tu diminuto cerebro había comprendido una cosa simple: mientras llevas algunos meses aprendiendo a controlar la oscuridad, llevo décadas siendo un maestro. Así que, déjame que te pregunte una cosa: ¿crees que yo, el Maestro de la Noche más poderoso que ha existido, quien ha desarrollado estos poderes hasta su límite, puede ser alcanzado por alguien como tú?

-No eres el Maestro de la Noche más poderoso que haya existido, ¿me oyes?

La voz de la coneja era temblorosa. Su aura titilaba, alternando el rosa con un rojo intenso, luego de nuevo a rosa.

Terodárticus la agarró por el cuello, generando un agujero en el costado de su aura, y Yin gritó de agonía, agarrándose el vientre en el lugar donde su aura acababa de ser herida.

-¡déjala en paz!

Yang, nuevamente con su aura encendida, introdujo un dedo en la abertura, arrancó al malvado de su hermana, quien pudo volver a estabilizarse, y lo golpeó repetidamente en el suelo.

-Oh, claro que no conocía la magia del aura cuando era aprendiz de Ti y Chay. Sin embargo, he llegado a conocer su manifestación hace no mucho tiempo. Como les dije antes, los observaba. Los observé durante mucho tiempo.

-¿Cómo puedes saber tanto del woo foo, si te echaron?

Sorprendentemente, Yang lo tenía en un firme agarre entre sus patas gigantes, pero su víctima parecía inmutable.

-Sé cosas que sus mentes inferiores ni siquiera alcanzan a imaginar. Secretos. Cosas que han ignorado durante tanto tiempo...

Terodárticus apuñaló las patas de energía con su espada, pateando al conejo en la cara.

-¡Yang! ¡Nuestra magia y fuerza combinadas no serán suficiente!

Aunque Yin recuperó parte de sus fuerzas, le costaba mantener su aura, al punto que comenzó a respirar superficialmente. Pateó al ave en su pecho, lanzándolo contra el castillo y creando un agujero más en la estructura, ya bastante destrozada.

Al segundo siguiente, ambos conejos se derrumbaron, y sus auras desaparecieron.

-¿No! –gritaron a coro.

-¡Sí! –exclamó un Eradicus exaltado-. ¡Nunca creí que esto fuera posible! ¡Pero lo estoy viendo ahora mismo frente a mis ojos! ¡Qué maravilla!

-¡Yin! ¡Toma esto! –Lina le arrojó el Libro Prohibido, marcado en una página.

La conejita lo atrapó al vuelo, observando el hechizo con curiosidad. Sonrió, devolviendo su atención una vez más a la batalla.

-¡Oye, Terodárticus! ¡Toma esto! ¡Yinutilizar!

Yin lanzó un rayo que alcanzó su brazo izquierdo. De pronto, la extremidad quedó paralizada, y el efecto empezó a extenderse al resto de su cuerpo cual una enfermedad.

-¿Qué es esto?

Terodárticus gritó de dolor, mientras su cuerpo iba convirtiéndose en un gigantesco montón de cartón reciclado.

-¡Tontos! –Terodárticus se reincorporó, recuperando su estructura molecular original con una velocidad aterradora-. ¡Yo escribí ese libro! ¿Creen que no conozco cada uno de los hechizos que hay en él? Claro, también cada contra hechizo. ¡No pueden vencerme usando mis propios trucos en mi contra!

-Yang, se me acaba de ocurrir una idea –susurró Yin a su hermano.

-¿En serio? Te escucho.

Terodárticus se equilibró apoyándose en su espada, respirando con dificultad. A pesar de sus fuerzas renovadas tras salir de sus ataduras mágicas, su edad y las heridas de ambas batallas le estaban comenzando a pasar factura.

-¡maldita sea! ¡Acabaré con esto ahora!

-¡Oye, Terodárticus! –gritó Yin, con una sonrisa burlona pintada en toda su cara-. ¡Eres solo un vejestorio engreído!

-¡Un pajarraco de tercera! –Yang la secundó, provocando cada vez más al enemigo.

-¡La abuelita de Dave pelea mejor que tú, y eso es decir algo! –siguió su hermana.

Dave se rió, pensando que tenían algo de razón, ya que su abuela podía ser aterradora cuando se enojaba, incluso aunque se tratase de un árbol.

-¡Un charlatán con alas! Espera, ¡ya no las tienes!

-¡Un viejo fuera de moda!

-¡Un espanto huesudo!

-¡Ya basta! ¡Cállense!

Los insultos provocaron su ira, y empezó a desesperarse en serio cuando su falta de concentración le impidió convocar sus poderes y terminar esta batalla. Intentó calmarse, pero sus insultos lo desesperaban.

-¡Un mentiroso gigantesco! –se animó Carl, sumándose a la refriega verbal.

-¡Un pajarraco apestoso! –Herman lo imitó.

-Aunque nunca me ha gustado que nadie se burle de nadie, debo admitir que esto es, hmm, interesante –dijo Dave, rodeando el brazo izquierdo del Maestro Yo con una hoja curativa-. ¡hey, incluso diría que es algo divertido!

-¡Hueles peor que una cabra muerta hace un millón de años! –gritó Yuck, riéndose a carcajadas.

-¡Un machista! –Saranoya aprovechó el momento para descargar su propia frustración.

-¡No respetas a los gnomos!

-¡Ni sabes lo que es la buena música! –dijo Kity, y ella y sus amigas se echaron a reír.

-¡Odias la familia porque nunca tuviste ninguna! –animó Smoke.

-Oye, eso fue cruel. Bien hecho –aprobó Mirrors.

-¡Ya cállense, todos! ¡Están haciendo que me duelan los oídos!

-Ja, la debilidad de ese tonto –dijo de repente Yo, desperándose por el griterío.

-Yang, el tipo dijo que controla la magia de la naturaleza –estaba diciendo Yin, contando con sus dedos-: hielo, fuego, incluso quizás el resto de elementos naturales.

-Bueno, no parecía poder controlar los rayos –objetó su hermano, pensativo-. Pero entonces, ¿con qué podemos pararlo? A estas alturas, dudo seriamente que nuestro fuegonado le haga un daño real.

-Bueno, ¿recuerdas esa vez cuando Carl creó una bota gigante y nos pisoteó? ¿Aprovechando que nos la pasábamos peleando entre nosotros? ¿Qué fue lo que usamos para vencerlo?

Los ojos del conejo azul se iluminaron.

-¡Oh, gran idea!

-¡Tu armadura es de oro solo en un treinta por ciento! –gritó Pondscüm, ante la mirada desconcertada de los demás-. ¿Qué? No se me ocurre un peor insulto que ese.

-¿Cómo se atreven? ¡Idiotas desagradecidos! Primero me desharé de los tres tontos, y luego, ¿los mandaré con ellos al olvido!

A pesar de intentar ocultarlo, el miedo en los supuestos aliados del villano mayor era palpable.

-¡Los volví mejores! ¡Los entrené! ¿Y así es como me pagan? ¡Muy bien! ¡Pero hay un lugar al que pueden ir ustedes! ¿De vacaciones para siempre!

Olvidando su batalla, el terodáctilo sacó su gasada hoja de pergamino, pero al inentar activar el conjuro, no pasó nada.

-¡Oh, rayos! –gritó, frustrado-. ¡No importa! ¡Los convertiré en esculturas de hielo para mi colección!

-¡Oye, Terodárticus! –gritó Yang-. ¿Ya olvidaste de estás luchando con nosotros?

-Claro que no. Simplemente no tengo ganas de gastar mi tiempo haciéndolos pedacitos, par de tontos. Primero, haré que estos idiotas paguen por sus insultos.

-¡Hay algo que queremos darte! –Yin gritó, llamando su atención.

-¿Qué cosa?

-¡Queso! –dijo Yang, transformando su vieja y querida espada de bambú en una pistola.

-¡Titanio! –dijo Yin, cubriendo sus manos con energía.

-¡Queso y titanio!

-Oh, no querrás que te ataquen con eso –dijo Carl, negando con la cabeza-. Créeme, es tan humillante.

Pero Terodárticus disparó su propio ataque de hielo, igualando los de sus oponentes. Sin embargo, ellos fueron apoyados por su maestro y amigos, que les dieron sus últimas fuerzas para continuar sosteniendo el rayo doble de queso y titanio. Y Terodárticus, en cambio, no tenía a nadie para apoyarlo.

-¡Chi-foo-wa!

Terodárticus cayó al suelo derrotado, cubierto por varias capas de queso y titanio.

-¡Lo hicimos! ¡Vencimos al pajarraco! –dijeron los conejos, siendo alzados en el aire por sus amigos.

-¡Miren esto! –dijo Roger, levantando el pergamino que su enemigo había dejado tirado.

-Buena idea –dijo Yin, una vez ella y su hermano estuvieron de vuelta en tierra firme-. Encerremos a ese idiota en la cárcel una vez más.

-¡Estoy de acuerdo! –su maestro, más o menos recuperado, se reincorporó, siendo ayudado por Lina y Boogeyman-. Preparemos el hechizo ahora, mientras el idiota está indefenso.

El grupo asintió de acuerdo.

Yin repitió el hechizo de la última vez, aunque sin pronunciar los versos finales, de modo que ninguna criatura fuese liberada.

-¡Apertura foo: ábrete, Zona del Olvido woo foo!

Apoyándose en su hermano y en su padre, la coneja invocó el portal gigante, al tiempo que Terodárticus hacía estallar el montón de queso y titanio sobre él, emergiendo de la explosión furioso. Al ver lo que estaban haciendo, se encogió, rugiendo de ira y pavor.

-¡No! ¡No de nuevo!

-Oh, sí. Me temo que volverás a la cárcel –dijo el Maestro Yo, con una sonrisa de triunfo en su cara-. Pero esta vez, será para siempre.

-¿Qué hay de Eradicus? –la pregunta de su hijo era legítima.

-Eh, otro día. Primero, mandemos al olvido a éste, es lo mejor.

-¡No lo permitiré!

El ave corrió hacia la coneja, pero comenzó a elevarse en el aire contra su voluntad, comenzando a ser absorbido por el vórtice.

Cuando parecía que finalmente sería arrastrado hasta el olvido, Terodárticus alargó su brazo izquierdo, que sangraba en varias partes, y disparó un rayo, que desintegró el pergamino en manos de Yin, arrojando al ave al suelo, al tiempo que el vórtice se cerraba de improviso.

El tornado se detuvo, para desazón de los héroes. A pesar de sus múltiples heridas, Terodárticus sonrió, casi triunfante.

-¿Qué estabas diciendo sobre mandarme al olvido para siempre, amigo mío?

-¿Eso no es posible! –chilló la coneja, anonadada al igual que el resto-. ¡No tiene ningún sentido!

-¿AH, no? Pues resulta que, aunque abriste el portal utilizando tu magia, el resto del poder para mantenerlo abierto y localizar el destino de su víctima se hallaba en ese pedazo de papel. Que ya no existe, claro.

-¡Tiene que haber otra manera de abrir el portal, Maestro Yo! –Yang pateó el suelo, totalmente frustrado-. ¡Esto es tan injusto! ¡estuvimos tan cerca!

-Ahora, es mi turno de devolverles el favor.

Terodárticus levantó el brazo izquierdo, listo para disparar un nuevo rayo, pero se le desprendió del cuerpo, dejando un rastro de sangre congelada a su paso.

-Ay, no me digas.

Levantó su brazo restante, pero su garra se desprendió también, convirtiéndose en polvo al tocar el suelo.

-¡No! ¡Esto no puede estar pasándome!

-¿Qué le pasa? –Yin le preguntó a su padre y maestro, mientras todos observaban el raro espectáculo.

-Eso pasa cuando tu cuerpo ya no soporta el desgaste. Vaya vaya, amigo, parece que finalmente aceptas tu condición de fósil. ¿Y sabes qué pasa con los fósiles cuando ya no pueden conservarse? Se desintegran. Bueno, en tu caso deberías convertirte en petróleo, pero supongo que el polvo es más justo.

-¡Cállate! ¡Soy invencible!

AL materializar sus alas de nuevo, sin embargo, éstas acabaron por deshilacharse, hasta unirse al resto de sus partes ruinosas.

-¡Los destruiré a todos!

Todos se prepararon para sentir alguna clase de explosión, pero cuando parecía que el ave iba a hacer algo, una voz ronca gritó:

-¡no tan rápido, Terodárticus!

Todos se voltearon, y sus ojos se abrieron como platos.

-¡kraggler? –dijeron todos.

-¿Y Grizzleflavin? –dijo Carl-. Me venía preguntando adónde estaba esa cabeza de chorlito.

-¡Lo encontré congelado en el sótano! –dijo un Kraggler anciano, obviamente ya sin su pócima de la juventud-. ¡Y hay algo que mi amigo tiene que decirles a todos!

-Ups, ¿tengo que hacerlo? –la cabeza de gárgola malvada parecía haber salido de una tina helada, incluso le castañeteaban los dientes-. Oh, está bien.

-¡Por qué Terodárticus te congeló? –dijo un panda extrañado.

-No tuvo nada que ver con mi criterio de maldad. Bueno, en parte sí con el hecho de que hiciera entrar en la guarida del Maestro de la Noche a un montón de tontos y poco malvados villanos –resopló-. Fue porque no quería ver a estos dos –dijo refiriéndose a los conejos-. ¡Terodárticus es demasiado peligroso! ¡Deben detenerlo antes de que sea demasiado tarde!

-¿A qué te refieres? –dijo Yuck, interesado.

-¡Está diciendo sandeces!

Terodárticus disparó un rayo de su ojo bueno, cortándolo en dos y dejando su mentón en el suelo. Sin embargo, eso no le impidió hablar a la gárgola.

-¡Si encuentra las reliquias antiguas, todos estaremos perdidos!

N/A: finalmente de vuelta! Esperen el próximo episodio en breve!

Falta muy poco para que termine la primera parte y comience la segunda!