Disclaimer: ©Shingeki no Kyojin/進撃の巨人, sus personajes y trama son propiedad de su autor, Hajime Isayama. Yo tan solo realizo este FanFic por diversión, sin ánimos de lucro.
Advertencia: Omegaverse| Uso descarado delOoC| JeagerxLevi | Ereri| Omega Levi | Jeager alfa |De desconocidos a enemigos a amantes| Basado en Orgullo&Prejuicio de Jane Austen| Drama
Advertencia: ¡Por Dios! No puedo creer que ha pasado más de un mes desde que ha actualice. Pero fueron tantas cosas, que hubo muy pocas veces en que pude ponerme a escribir, y realmente me costó este capítulo, mucho más porque abarca bastantes cosas. So well, ya está aquí esta coso de casi 7,500 palabras. Les pido encarecidamente que me digan su opinión. Es muy importante para mí.
Quiero agradecer también la gran recepción que ha tenido esta historia, me ha emocionado mucho ver que ha gustado. Deben saber que esta historia ha estado en mis proyectos durante mucho tiempo. Pero el temor me superó y no fue hasta el año pasado que unos bebés hermosos me animaron y ahora lo tienen aquí.
Con especial cariño a Kai Ackerman, ChibiGoreItaly, Guest, Noahackerman16, Nejiko Ka, valeskithalejandra, roussygm, GatitadeLuna, samamthamc, FrozenMarsdess, DGenesisX, Moon Gasper, Efzecat, Otabek, dawkookie.
Espero este capítulo les guste.
Por favor lean las notas finales.
De orgullo, prejuicio y amor
—
.XV.
(Part 1)
«El amor no mira con los ojos, sino con la mente y por ello, al alado Cupido lo pintan ciego»
.
Iban casi a mitad de camino y el traqueteo del coche apenas le dejó escuchar cuando la señorita Isabel empezó a hablar.
—Mi madre —dijo, y tenía las manos extendidas ofreciéndole una pieza a Levi.
Era un relicario de plata ennegrecido por el tiempo, tenía una llavecita, que él reconoció como parte del escudo de la librea Jeager, grabada en relieve, medía el largo de un pulgar y era igual de ancho. Levi vio la imagen de una mujer sosteniendo a un bebé en su interior. Ese debía ser Jeager, con sus mismos impresionantes ojos. Madre e hijo era muy parecidos.
—Carla Magnolia. Esta es la única pintura de Pemberley que se conserva de ella. Mi tío Hannes me lo dio hace unas semanas.
—Era muy bonita. Se parecen mucho a ella—Dijo Levi. Levantó la mirada hacía señorita Isabel que, ligeramente sonrojada, asintió.
—Mi tío la encontró en la casa de la colina, en Södermanland. Era un regalo de mi madre a mi padre. Nunca fue recibido— explicó la señorita Isabel, sus ojos fijos en Levi —. Madre lo tenía puesto cuando murió. El tío Hannes se lo ofreció a mi hermano, pero él lo rechazó. No quería recuerdos de ella, le dijo.
Levi no conocía la historia de Carla, solo el breve comentario que la señora Fergson había hecho de ella en Pemberley. Que era tan buena como un ángel. En la pintura, su rostro gentil era el de uno.
Y como si la señorita Isabel leyera el pensamiento, añadió–. Ella era la bondad y el amor en persona, incluso sin haberla conocido yo siento eso. Intentó vivir por mí, y eso es todo lo que necesito para asegurarlo. Es por esto que creo que Eren rechaza su recuerdo. Es el remordimiento. ¿Quiere saber por qué?
Levi notó que la señorita Isabel hizo una pausa, para medir si él estaba interesado en saber la respuesta. Y aunque no entendía porque le estaba contando tal historia, decidió que lo haría. Le cabeceó un sí, y la señorita Isabel reanudó su conversación.
—Mi hermano era año mayor que yo cuando ella murió. Pero para él, también fue culpable al no poder defenderla o protegerla. La historia que todos conocen es que madre se suicidó, atormentada por una enfermedad en su mente. Eren me dijo que no fue así, que fue asesinada. Con premeditación.
–¿Por qué dice eso?— preguntó él desconcertado por las palabras y el tono de voz de la señorita Isabel.
—Madre estuvo postrada por meses en cama, abatida por una terrible enfermedad que se empeoró por la presión del embarazo que me dio la vida. La noche que dijeron se colgó en el ático, fue dos meses después de mi nacimiento. Un día más tarde que él llegará.
—¿Quién? —quiso saber, y estaba casi inclinado hacia la señorita Isabel, que a pesar de todo había mantenido sus palabras a un nivel bajo, casi murmullos. Solo hasta que había soltado la pregunta recordó que no iban solos, que el señor Church iba a su lado, silencioso como una estatua. Temió haber cometido una indiscreción al tratar de indagar en una historia de la que quizás solo se contaba lo necesario. Retrocedió avergonzado con la cabeza gacha, pero la mano de la señorita Isabel sobre la suya, la que sostenida el relicario, le hizo levantarla.
—El señor Curch es el amigo más antiguo y cercano de mi hermano. Él conoce sobre esto, y es porque me la recordó que fui a buscarlo.
Levi frunció el ceño, desconcertado por lo que ella decía. Desde que empezó no había entendido el porqué de exponer tal pasado y ahora, menos entendía, pues él nada tenía que ver con esto. Había sucedido hace años, prácticamente él estaba en pañales en aquel entonces.
—Bueno, pero le he estoy contando el final sin haber empezado. Aunque —y aquí hizo otra pausa, a la vez que le dedicaba una mirada profunda —. ¿Cree usted en los destinados?
Los labios de Levi se apretaron en una línea fina. Antes Levi no había creído en eso, pues el supuesto de cómo sucedían y su desarrollo, él jamás lo había presenciado o tenido conocimiento de ello. Pero después de ver lo de su hermana, y los sentimientos dentro de él mismo, no estaba tan seguro de su negativa.
—Sí —fue su respuesta y vio como la señorita Isabel asentía.
—Padre y madre lo eran. Pero desde el principio su enlace estuvo condenado. Porque para empezar, entre la familia de ambos no hubo un buen término. Los Magnolia no estaban muy de acuerdo con dicha unión, padre no era noble ni de la familia como era la tradición. Muy contrario, los Jeager promovieron y apoyaron la unión, ofreciéndole todo su amparo a madre. Querían cercenar las habladurías que rondaban a padre, que aunque eran ciertas, ellos negaban a capa y espada; de que se había emparejado con una beta campesina: Dina Lenz, la mujer a la que padre le había entregado su corazón. Hermano mayor, se preguntará usted: si la amaba tanto ¿Por qué no luchó y se casó con ella? ¿Acaso el instinto borró sus sentimientos previos? La respuesta es obvia: Lo hizo por desquite–Para Levi esa no era una respuesta obvia, más guardó silencio y no cuestionó–. Vera, Dina supo de la existencia de madre, que era la destinada de padre, así que fue y se entregó a otro hombre, y quedó embarazada. Padre se enteró de esto, y por despecho cedió a casarse con madre. Los Jeager estuvieron satisfechos, la amante se había echado al lado solo, y resultó que una vez casados, el par de esposos son "felices". –la señorita Isabel hizo gestecito de comillas y rodó los ojos—. Por casi seis años todo es así, pero entonces Padre se vuelve a encontrar con Dina, no una causalidad, él la busca porque nunca la ha podido olvidar. Y descubre que el muchacho que parió no es del amante, sino suyo, y sucumbe nuevamente. Va y viene a los brazos de Dina durante años. Padre siempre fue frío con madre. Ese rostro serio y plano de sentimientos fue el rostro que él le dio a ella, y por eso ella jamás sospechó que sus "viajes de negocios" no lo eran tal.
Levi notó que la forma de hablar de la señorita Isabel cambiaba entre oración y oración. Era a veces ligeramente infantil como si le costará conjugar correctamente, y hacerlo de esa manera casi campechana le resultará más fácil hacerlo. Debe ser porque no es una historia que pinta de grata, se dijo. No le dio otro pensamiento, además le gustaba más esta forma, no había redundamientos y se sentía más íntima. Permaneció en silencio y más atento que antes.
—Como le dije, los Magnolia nunca están de acuerdo, y aunque su mala leche contra padre mengua posterior a que naciera hermano, y descubrieran que el tío Hannes era estéril, mantenían su rechazo velado. Un día los Magnolia lo descubren, y hay una gran discusión. Ellos lo confrontan frente a madre, él acepta lo del hijo, pero niega el adulterio. Súplica el perdón de madre, es un error de juventud dice. Madre se lo da, es joven, y lo ha amado desde que ella tenía catorce. Porque ella si lo amó más allá de lo de ser su destinado. Así que él la encandila, y madre se hace oídos sordos de sus padres, que terminan por irse molestos y asegurando su repudio de la familia. Aunque esto no sucede, es invierno en ese momento, el mar es traicionero, el barco en el que viajan naufraga y nunca se sabe de ellos. No se encuentran cuerpos, ni nada, y madre llora mucho. Se siente culpable. No vuelve a ser la misma. Está triste. Mucho. Y papá la lleva a un lugar para personas tristes. La aleja de todos, es para sanar, te tienes que perdonar, le convence, así que la aleja y le niega cualquier contacto. Madre empeora. Alucina y padre dice que el tratamiento no está funcionando, que quizás un ambiente familiar lo logré, la envía de regreso a Södermanland, su tierra natal, con solo una dama de compañía. Él la visita cada dos meses. Pero nadie más. Le dije, padre no era más que frío con ella, pero cuando ella tuvo un celo mientras él estuvo presente, él le cumplió. Necesidad primitiva nada más, incluso podría ser. Solo que no fue así. Él lo planeó. La idea siempre estuvo allí, ella era el yugo que sus padres le habían montado y que lo alejaba de su felicidad. Los eventos que estaban sucediendo le fueron convenientes. Madre estaba enferma de tristeza, un embarazo la despedazaría, y él no podría ser culpado de nada. Sería libre. Está harto de esperar. Sin embargo, madre sobrevive. Y es que a mitad del embarazo, hermano se enteró, y se escapó de casa para ir con ella. Él la cuidó. Le daba besos, le decía que la quería, que estaba contento y ansioso por conocer al hermanito que madre cargaba. Era eso lo que ella necesitaba. Que la quisieran y le sobaran el corazón. En varias ocasiones padre intenta alejar a hermano de madre, arrastrarlo de regreso a Pemberley, pero él siempre se esconde o huye de él. No se deja llevar, había visto que su presencia le hacía bien a madre y que su padre generaba que sus síntomas se volvieran virulentos. Cada que padre iba, la fiebre volvía y no cedía sino muchos días después de que se fuera, vomitaba hasta el agua y se quedaba ida en su mente. Él tenía que ser su escudo, eso es lo que seguro pensaba.
Levi sintió que se acongojaba. Se podía imaginar a Eren, nada más que un muchacho, fingiendo ser un adulto (como a Levi le había gustado presumir desde los trece), velando la salud de su madre enferma, mientras a su alrededor su mundo colapsaba. Y Carla ¿se merecía tal miseria? Atrapada en su propio cuerpo, aborrecida por el hombre que debía cuidarla y amarla. Sufriendo en la ignorancia de la traición y el desprecio que era vertida en ella.
—¿Pero qué puede hacer uno cuando aún desconoce la verdad de la vida, la crueldad del mundo?—la voz de la señorita se apagó al final, y Levi estaba seguro que esto también lo estaba diciendo por su experiencia con Smith —. Unas semanas antes del parto, padre llega, había adelantado su visita y permanece más días que los acostumbrados, ronda a madre como un sombra, aunque no pudo hacer cualquier movimiento que estuviera planeado, pues hermano se mantiene firme al lado de madre. Sin embargo, la extensión de su permanencia le permite a padre descubrir que no necesita hacer más de lo que hace para dañarla. Desdén y rechazo era todo lo que necesitaba. Los destinados se necesitan pero pueden no sentir apego alguno. En ese caso, ese vínculo instintivo puede rechazarse, y si se ha tenido algún contacto, dolerá un tiempo, pero una vez se vincule a alguien más, no pasará de una molestia que se puede obviar. Pero, si uno de los dos establece un vínculo también emocional, el que no lo tiene, puede sostener de él como una cuerda, de un lado seguro, y del vinculado, es el que estará de cara al abismo. Es solo cuestión de soltarlo, rechazarlo, para que el otro se hunda. Y esto es peor entre alfas, pues para unirse, uno de ellos ya se ha rindiendo. Esta es la razón por la que las relaciones entre destinados son evitadas, y la sociedad las ha etiquetado como fantasías de cuentos de hadas. Cosas que no suceden en la vida real. Les temen.
Hubo un silencio de varios minutos, la señorita Isabel tenía el rostro vuelto a la ventana. Levi notó que ella estaba tratando de no llorar.
—Madre debió escuchar a los abuelos, pero tenía metido en la cabeza que la única persona que podía darle su felicidad, era su destinado. Creo que solo se dio cuenta de su error, en el momento que padre volvió en busca de encontrarse la noticia de que había enviudado, y lo que halló fue lo contrario. Madre se estaba poniendo mejor, sabe, había ganado peso y daba pasos fuera de la cama, aunque se cansaba rápido. Entonces le grita en la cara cuanto la odia, que desde siempre lo ha hecho, porque ella no servía para nada más que ser un estorbo, que es tan inútil, hasta para ser madre, pues era su propio hijo quien cuida de ella, y no al revés como tenía que ser. Hermano los encuentra cuando madre derrumbada en el suelo, lloraba y se sacudía entre espasmos de arcadas a los pies de padre, quien la veía con asco. Hermano lo corrió de la casa, le dio golpes y le prohibió acercárseles. Pero el daño ya estaba hecho. Y al amanecer el cuerpo de madre colgaba de una viga en el ático —hay lagrimas corriendo por las mejillas de la señorita Isabel cuando dice lo siguiente —. ¿Sabe cuál es la parte más escabrosa de todo esto?
Levi negó, él también en algún momento había empezado a llorar —No. Ya basta –le dijo Levi. Había oído demasiado. No podía soportar más tan horrible relato. Uno que le recordaba sus propios crueles actos.
La señorita Isabel ignoró su pedido y continúo.
—Mi hermano fue quien encontró a madre. Ella aún estaba viva, pera ya no había nada que hacer. Murió en sus brazos, susurrando entre lágrimas amargas el nombre de su asesino. Porque fue él quien la colgó allí. Le dije, estaba harto de esperar. Madre estaba tan lastimada en su cuerpo y en su alfa interno, que no tenía las fuerzas para subir todas las escaleras que llevaban al ático. Él se escabulló en la madrugada y la arrastró hasta allá. Madre tenía desgarrada la garganta, no pudo gritar. Sus últimas palabras fueron que, se lo merecía, que padre tenía razón.
—Pudo haberse divorciado, dejado ir sin tener que hacerle todo eso —soltó entre sollozos Levi, horrorizado por todo lo que había escuchado.
—Un viudo es mejor que un divorciado. Los divorcios generan escándalos y habladurías. Era malo para sus negocios.
—Maldito cerdo—dijo Levi, y solo un segundo después se dio cuenta que lo había hecho en voz, iba a disculparse, pues a pesar de todo el hombre era su padre.
—Lo era, sí. Le llamó padre, pero jamás considero como uno. Después de todo, él ni siquiera me reconoció. Tío lo hizo. Todo el mundo me dice 'señorita Jeager', pero mi nombre es Isabel Magnolia. Y por eso mi hogar es Ramsgate y el de hermano Eriwele House. Ese hombre nunca nos quería, me...—la señorita Isabel se lío con sus palabras y se llevó las manos a la boca, sus ojos llenos de vergüenza y sorpresa.
—¿Quiso? —completó Levi, al verla como ella estaba tan aturdida.
—Discúlpeme —dijo ella después de varios minutos y respiraciones. Con su voz medida —. ¿He estado hablando así todo este tiempo? ¿Señor Church porque no me lo hizo ver?
—Porque no es como si no se le entendiera —le respondió, y hasta ese momento Levi escuchó por primera vez su voz. Profunda y tranquilizadora.
—A mí no me ha molestado—Levi apoyó las palabras del señor Church—. No se disculpe. En realidad, me gusta
La señorita lucía acongojada, pero le dio una sonrisita chiquita y húmeda por las lágrimas que aún se adherían a sus pestañas.
—Hermano siempre me dice eso. Que le gusta y no hay nada malo en ello. Pero tía Alma siempre se molesta cuando lo hago, y padre solía reprenderme, diciéndome que era una cosa rota, igual que madre.
—Pero él ya no está.
—Sí, él ya no está. Está muerto —y aquí volvió a sonreír, una sonrisa extraña —. Se ahogó, en el lago. Le gustaba pescar. Se le enredó los pies en la cuerda de ancla, cayó hacia atrás, se golpeó, y el bote se dio vuelta por el impactó, dejándolo bajo él. Se fue al fondo. Recibió su merecido.
Se quedó callada después de eso, sumida en sus propios pensamientos. Fue el señor Church quien habló la próxima vez.
—¿Se da cuenta joven Levi porque la señorita Isabel le ha contado todo esto?
—Lo que me dijo en la posada, que el señor Jeager se estaba muriendo y que me necesita para salvarlo...es eso ¿verdad? Jeager está enfermo como su madre —el señor Church asintió —. Oh Dios mío, no era mi intención lastimarlo, yo solo, solo estaba confundido, tan ciego por mi vanidad y los prejuicios...
—Deténgase, joven Levi —le calló el señor Church con una mano sobre el hombro—. Esto no es su culpa.
— ¡Sí, lo es! ¿Somos destinados, no es así? Es lo que han estado tratando de decirme. Y yo lo rechacé con crueldad, fui egoísta e insensible.
—Creemos que sí son destinados. Pues solo entre los destinados es que el rechazo genera tal colapso. Pero, joven Levi, si usted está hablando de eso de "prefería casarme con un cerdo que con usted" —Levi abrió los ojos con sorpresa. ¿Cómo es que sabe eso? Le quiso preguntar, pero no hubo necesidad pues el señor Church prosiguió —. Jeager me contó eso, y yo me gané un buen golpe y su vómito en mis zapatos, además de pasar la vergüenza de quedar en evidencia ante la señorita Isabel, de ser el culpable de la borrachera más grande de su hermano. Pero es que Jeager es más cerrado que la bóveda del Vaticano, y solo medio intoxicado le logré sacar el motivo de su extraño comportamiento. Aunque debí haber visto más allá de mi curiosidad. Pero eso ya no se puede reparar—el señor Church resopló y negó —. Lo que quiero decirle es que, usted lo insultó, joven Levi. No lo rechazó. El rechazó de vinculo es distinto, es más químico, y las feromonas juegan un papel principal. Y si ese hubiera sido el caso, la reacción de ambos posterior a esa discusión no hubiera sido la que fue. Las mordidas de suavidad solo funcionan si el omega acepta al alfa como el suyo, y eso solo quiere decir una cosa (1)
Levi se sonrojó de un carmín brillante.
—Lo que sucede con Jeager es culpa de sus fantasmas.
—¿Fantasmas? —preguntó descolocado Levi, el sonrojo nada más que un par de motas en sus pómulos.
—Sí, los fantasmas de sus padres —el señor Church vio como el ceño de Levi se fruncía en confusión —. Jeager se está viendo así mismo como su padre, se piensa que es el mal que le ha desgraciado la vida. Y este pensamiento ha corrompido su alfa interno, volviéndolo contra sí.
—¿Se lo hace a sí mismo? —preguntó Levi, y sus ojos habían vuelto al pequeño retrato del relicario.
—A los dos —dijo el señor Church, había algo en sus ojos, que le hacían pensar a Levi que quería meterse en su cabeza.
—Él no me hace daño —saltó Levi sobre las palabras del señor Church —. El señor Jeager solo ha sido bueno y gentil conmigo.
—Jeager lo rechazó a usted.
—¿Eh?
—En Hertfordshire. Cuando le ofreció ese separador, usted no se dio cuenta, no de manera consciente, pero su omega si lo habrá detectado, y entonces de alguna manera en su mente usted también.
—Entonces si se estaba despidiendo de mí —las lágrimas volvieron a agolparse en sus pestañas.
—Sí. Quería contar el vínculo primitivo, pues Jeager tiene la creencia, que eso es lo único que los ataba, porque según me dijo estaba consciente de que ya había en su corazón alguien más.
—¿Qué? No, eso no es cierto. No hay nadie más en mi corazón.
—¿Entonces nuestras esperanzas están en buena tierra? —preguntó la señorita Isabel, inclinándose hacia a Levi —. Hermano mayor, por favor dígame que sí. Que al menos cualquier semilla de aprecio que siente por mi hermano, puede germinar y traérnoslo de vuelta. Dígame que la va a intentar.
Levi extendió sus manos hacia a ella, el relicario entre ellas. La señorita Isabel respondió a su gesto y sus manos se encontraron, y se apretaron.
—Lo prometo —dijo Levi, y la señorita Isabel sonrió ancho y luminosa, a la vez completaba la intención de Levi y le abrazaba como una enredadera.
En lo que resto del trayecto, sus manos jamás se soltaron.
(…)
Al bajar del coche, la visión que Levi tuvo de la mansión de Pemberley fue muy distinta a la que había tenido horas antes. En el día le pareció hermosa aunque melancólica; ahora, oscura y silenciosa como estaba, lo único que pudo denotar fue el vacío, tan sazonada por los malos recuerdos que, sus dueños la habían dejado vuelta sobre sí misma, atendida por los sirvientes en una rutina que mantenía a raya las esporas del desuso, pero que la desproveía de ser llamada un hogar.
Encontraron a la señora Fergson en vestíbulo, el candelabro que sostenía iluminaba su rostro marcado por la preocupación y que al percatarse de la presencia de Levi pasó a la sorpresa; a su lado, el señor Floch lucía exactamente igual, aunque a él se le sumaba la vergüenza. El señor Floch bajó la cabeza y apretó los labios a modo de disculpa silenciosa, y si Levi no hubiese estado tan lleno de preocupación le hubiera dado un reproche, pero también le habría expresado que entendía sus acciones; en cambio no le dedicó más que una mirada de reojo y pasó de él con la señorita Isabel de su brazo, siguiendo al señor Church quien había tomado el candelabro de la mano de la señora Fergson para guiar el camino.
Los pasillos que recorrieron estaban en sentido contrario al que Levi había conocido horas antes junto a sus tíos, esta era el ala donde las habitaciones de los señores se encontraban.
La habitación donde detuvieron sus pasos estaba en el fondo de un extenso pasillo donde los grandes ventanales eran cubiertos por pesadas cortinas de terciopelo oscuro. Ni un rayo de luna se atrevía a pasar entre ellas. El señor Church abrió la puerta para la señorita Isabel y él. El interior de la alcoba era muy grande. Con una chimenea y paredes blancas, muebles pequeños y austeros. Una habitación totalmente impersonal, y Levi se dio cuenta desde ese mismo instante que esta no era la habitación propia de Jeager, sino que era donde lo tenían confinado. Alejado y escondido como su madre lo estuvo. A Levi le dolió el corazón por él.
Hacía frío adentro, a pesar de que en la chimenea ardían ramas de manzano a brasa viva. Levi se arrebujó en su abrigo y dio un par de pasos hacia el centro de la habitación. Una voz proveniente de la esquina opuesta a él detuvo sus pasos.
—Así que tú eres el joven Levi, el esposo de Jeager—dijo el dueño de la voz. Era un hombre rubio, de ojos azules y barba bien recortada. Sus rasgos eran muy parecidos a los de Lady Alma, por lo que no podía ser otro que el señor Hannes, hermano de su Señoría y la señora Carla, el tío de Jeager —. Eres tal como me dijo mi hermana. Casi un niño —continuó, a la vez que se guardaba en el saco una botellita plateada (que Levi reconoció como licor) y se levantaba del asiento en el que había estado —. Pero bueno, habiendo quemado ya toda esperanza, la desesperación es buena —añadió con un tinte de amargura —. Lo único que pido es que sea sincero con tus acciones. Si usted está aquí por obligación es mejor que se dé la vuelta, solo hará su final más cruel. Lo digo por experiencia.
Levi apretó los labios y negó.
—Estoy aquí por voluntad propia. Porque quiero...lo quiero —dijo, y era la primera vez que lo aceptaba frente a un extraño. Ni siquiera a la señorita Isabel se lo había dicho de esa manera tan abierta.
El señor Hannes le dedicó una larga mirada, como si estuviera buscando la mentira en él. No la encontró, y al final soltó un sencillo "bien", paso de él y se dirigió a la puerta, donde se detuvo y exclamó:
—Vamos señor Church, Isabel. Nuestra presencia aquí de ahora en adelante es de segundo plano —luego se dirigió a Levi —. Joven Levi, bienvenido a la familia. Tenga por seguro que desde el inicio era yo su partidario. Pues desde supe de su matrimonio con usted, a pesar de la diatriba de mí hermana y lo que nuestras amistades y parentela pueda decir de ello, jamás me dejé llevar por ello. Tampoco lo hago ahora —guardó silenció un minuto, luego continuó —. Las decisiones de mi sobrino aunque a veces parezcan ser descabelladas, acaban siendo las correctas. Por las que confió plenamente en ellas. Aunque esta última es...—sus ojos viajaron a la cama, donde la figura de Jeager permanecía, luego negó —. No, no lo puedo culpar —añadió —. Fue así como se le educó. Como yo lo eduqué. Debí enseñarle también que algunas veces es mejor no hacerle caso a lo visible, sino a lo que es importante, lo que no se ve. El orgullo y el prejuicio pueden ser venenos muy corrosivos.
Levi no supo cómo responderle, así que calló.
La señorita Isabel se le acercó para darle un abrazo y le susurró un gracias antes de unirse a su tío y al señor Church, y salir de la habitación.
Una vez que quedó a solas, Levi se sintió más a la deriva y desolado que nunca. Pero tomando una honda inhalación tragó el nudo que le atenazaba la garganta. Haría lo que fuera necesario para traer de vuelta a Jeager. Después de todo, aunque la señorita Isabel y el señor Church lo negaran, él era el motivo de su estado, así que se usaría a sí mismo para reparar el daño. Jeager y él tenían un vínculo reciproco (aunque el alfa no lo hubiese creído). Solo tenía que sincronizarlos y hacerlos responder.
Básicamente, era dejarle el paso libre a sus sentires más allá de los obstáculos que la razón les había separado.
Sí, su Señoría Hannes tenía razón.
Acercándose a la cama, finalmente tuvo una visión completa de Jeager. Estaba perdido entre las sábanas, tenía el cabello pegado a las sienes por el sudor de la fiebre que se adhería a él como una película. Tenía la piel cetrina y ojeras bajo los ojos. Respiraba suavecito casi como si fuera a dejar de hacerlo en cualquier momento. Olía a antiséptico, amoníaco y rancio. A enfermedad.
Levi se arrodilló a su lado y tomó su mano derecha para acunarla.
—Saldremos de esto señor Jeager. —le susurró, sintiendo como las lágrimas calientes le humedecían las mejillas —. Después de todo me lo prometió. Que volvería por mí, que hablaríamos para arreglar todo. Tiene que cumplir con su promesa. Debe, porque entonces y quizás la oportunidad que tanto hemos estado dejando pasar se dé. Señor Jeager ¿cuán diferente hubiera sido todo si usted no me hubiera evadido como una bandada de pájaros salvajes en estación? —por supuesto no hubo respuesta, y Levi se quedó con su silencio. El rasguño ulcerando sus entrañas, más lento pero constante. Estaba con su alfa, y a la misma vez no.
En algún momento después de varias horas de velar la fiebre de Jeager, se quedó dormido. Se despertó en la madrugada, entumecido de las piernas y tiritando de pies a cabezas. El fuego en la chimenea se había apagado, y el frío se había apoderado de cada rincón. Era invierno, pero por alguna razón Levi sintió que el frio que sentía no venía de la estación, era antinatural y estaba metido bajo su piel. Levantándose y dando de trompicones llegó a la chimenea y avivó los brasas. El resplandor rojizo de las llamas aun cuando alcanzaron sus manos y mejillas, no logró calentarlas. No volvió a dormir.
Debía ser ya de mañana cuando el señor Hannes regresó, con él venía un sequito de hombres de rostros adustos. Uno de ellos, el señor Hannes lo presentó como el Señor Lucas, el médico que había estado atendido a Jeager desde que regresaran de Södermanland. El resto eran sus ayudantes y aprendices. Posterior a las presentaciones correspondientes los hombres se pusieron a atender a Jeager, y Levi haciéndose a un lado se dirigió al señor Hannes.
—Su señoría, me gustaría que se me permitiera enviar a un criado con una nota para mis tíos. Vine con ellos a Lambton, y me fui ayer sin dejarles razón. Quiero anunciarles que me quedare aquí, y que envíen mis pertenecías.
El señor Hannes le dio una sonrisa pequeña y gentil.
—Esta es ahora su casa también, joven Levi. No necesita solicitar mi permiso. Disponga de la servidumbre cuando usted guste. Ya han sido informados de su presencia y de su estado.
Levi se sonrojó y soltó un casi susurrado gracias. No hubo más palabras entre ellos, en cambio se dedicaron a observar lo que sucedía frente a ellos. El señor Lucas con un par de sus ayudantes le estaba sacando la ropa a Jeager y tenían listas varias palanganas de agua y esponjas. Desde su lugar, Levi cada dos minutos apretaba los labios y abría y cerraba las manos en puños en su abrigo.
—Sé que Jeager es su esposo, pero es más que obvió por su aroma que están sin consumar. Así que si es incómodo para usted, no se preocupe yo vigilo.
—No me incomoda la generalidad, somos del mismo sexo después de todo. Es...—sentía que estaba cometiendo una imprudencia pero no lo dejaría pasar —...su trato, sé que es su trabajo, pero lo mueven y llevan como un muñeco, ni siquiera le piden permiso para tocarlo.
—¿Permiso? —Le cuestionó el señor Hannes —. Jeager está inconsciente...
—Pero no está muerto. Siente, y sé que nos escucha y percibe a su alrededor. Lo sé, lo siento aquí —y se señaló el centro del pecho —. No quiero que lo traten así.
Su señoría le dio una mirada de reojo y luego asintió.
—Bien. Hablaré con ellos.
—Se lo agradezco, su señoría.
Después de que el señor Lucas y sus ayudantes acabaron, se retiraron con el señor Hannes, y Levi volvió a quedar a solas con Jeager. Más tarde un criado junto a uno de los hombres de la mañana entró a la habitación. El criado llevaba papel y tinta para Levi, y el ayudante una bandeja con el desayuno para los dos. Le preguntó a Levi que si quería dárselo él o le permitía hacerlo. Levi optó por lo primero, le dijo que quería aprender para luego hacerse cargo él. El ayudante así lo hizo, y una vez hecho, se retiró. El criado lo hizo media hora después, llevándose consigo su nota y las bandejas.
Levi recibió respuesta esa misma tarde. Sus tíos mismos se presentaron llevándole sus pertenencias. Él les contó todo y ellos aprobaron su decisión. Lucían acongojados mientras él les explicaba la situación y dijeron que se quedarían en Lambton para estar al pendiente. Levi les agradeció, y después se puso de acuerdo con ellos para mantener esto tal y como estaba. En secreto. Sus tíos aceptaron y prometieron que no lo comentarían ni con Mikasa, quien era la única a la que le habían enviado carta para contarle de su viaje y el lugar donde estarían. Levi los despidió cuando el sol ya casi se ocultaba, no sin antes presentarles a la señorita Isabel y al señor Hannes.
Al regresar al lado de Jeager un criado ya estaba esperándolo con la bandeja de la cena, unas compresas nuevas y una infusión de manzanilla para la fiebre de Jeager. Levi lo liberó uno vez que acabó con su propia cena, luego se dispuso a sus cuidados con Jeager. Cambiando una y otra vez las compresas y liberando un suave influjo de feromonas conciliadoras.
Igual que la noche anterior, no durmió más que una par de horas. Solo que esta vez, antes de hacerlo, le dio un beso en los labios a Jeager.
Al día siguiente los sanadores volvieron, y el señor Hannes con ellos, aunque esta vez el señor Church también lo acompañaba. Fueron ellos quienes se encargaron del baño de Jeager. Le hablaban al oído mientras lo hacían y lo movían con suavidad. A Levi le dejaron el final; cepillarle el cabello.
Así se estableció el rito.
Todas las mañanas el señor Lucas lo revisaba y auscultaba para asegurarse de que estuviera bien. Sus aprendices se ocupaban de ejercitarle las extremidades y masajearlas para evitar la atrofia muscular y para la circulación. Con el paso de los días Jeager adelgazó en su físico, eso era inevitable en su estado, sin embargo no lo hizo drásticamente, por lo que a simple vista no pareció tan afectado en ese aspecto. Después el señor Hannes y Church era quienes se encargaban de bañarlo y vestirlo, Levi le cepillaba el cabello, y luego le daba el desayuno, papilla aguada de frutas y tés herbales, a cucharadas como si fuera un bebé. Por las tardes, con ayuda del señor Church, Levi le sacaba al balcón para que recibiera un poco de sol mientras él le contaba los chismecillos de los lugareños de Lambton o sobre cómo iban los preparativos de la boda de Mikasa y el señor Kirschtein, la cual en tres meses se realizaría, según le escribía su hermana en sus cartas, las cuales su tío Uri, le llevó durante el primer mes en sus visitas matutinas diarias. Luego eso cambió, pues era Kenny quien llegaba, y con él, Annie, su bebé recién nacida.
Era en esos momentos, cuando estaban solos y con las palabras de su monologo flotando entre ambos, que la espina de la desesperación picaba más dentro de Levi, y el rasguño perpetuo en su estómago cobraba fuerza y le atenazaba la garganta en un nudo. Porque el tiempo pasaba y el único avance que se tenía es que las fiebres y el dolor inconsciente de Jeager no estaban más. Pero de despertar no había indicios. Cada día esa espina crecía más junto con la expectativa de que este sería el destino de Jeager, y que una mañana Levi se despertaría con la noticia de que el corazón del alfa se había rendido. Levi reprimía las ganas de llorar y sujetaba la mano de Jeager contra las suyas, y seguía hablando y hablando sin parar hasta que el sol se ponía y la señorita Isabel llegaba con la cena de ambos, y se ponía a hacer conversación con los dos como si estuvieran en su pequeña tertulia familiar. Una vez que Levi terminaba de darle su comida a Jeager, y había hecho lo mismo con la suya propia, la señorita Isabel se despedía, con un beso en la frente para su hermano y un abrazo para él. Levi reacomodaba las almohadas para Jeager, cuidando que su cuello y espalda quedaran cómodas para el resto de la noche, le daba su beso, y finalmente se acomodaba en el sillón junta a la cama, velaba un rato el sueño de Jeager y luego se sumergía en un sueño ligero e intranquilo.
Una noche, dos meses después, Levi se siente más agotado que nunca. Ese día ha sido distinto. Le ha dolido la cabeza y bajo la piel todo el día, y el frío que se ha adherido a él, parece querer congelarle las venas, y tiene calambres en las piernas y en el vientre. Es el estrés de malas noches y días de desilusión, se dice, pero a diferencia de otras noches él toma un baño antes de dormir, no toma su lugar en el sillón, sino que se acuesta en la cama con Jeager, su cabeza sobre el pecho del alfa, hecho una bolita que le roba un poquito de su calor a través de las mantas. El rasguño que ha sido un mordisco todo el día, desaparece lentamente.
Levi necesita a Jeager. Necesita a su alfa. Porque si lo pierde, él sabe que se perderá con él.
El consuelo platónico que le brinda él permanecer recostado sobre Jeager, le hace dormir de una manera como no lo ha hecho en meses.
Suave y arrullador.
(…)
Eren sueña.
Otro día más en aquel lugar.
El sol se estaba levantando. Sus rayos revientan la aurora, y él puede verse, nuevamente de pie al final de aquel jardín repleto de flores amarillas: caléndulas, girasoles, crisantemos y margaritas; todas florecientes.
Él espera.
Escucha los ruidos dentro de la casa como cada mañana. Pasitos que van de un lado a otro, seguidos de cerca por otros más pesados. Eren achica los ojos con resentimiento hacia la sombra tras las cortinas que se desliza siguiendo a la otra más pequeña, el dueño de las pisadas pesadas. Su padre.
Es quizás esto lo que le disgusta de este lugar. La presencia de su padre. Con el tiempo ha llegado a entender por qué él está aquí. Porqué se ha filtrado en este lugar en el que no debería estar.
Su padre es el recordatorio de sus pecados. Los cometidos y que aunque aceptados, no serán perdonados.
Él espera.
Sentado entre las flores, mientras el sol hace su lento viaje en aquel cielo de verano.
Ya no está fresco, sino tibio cuando por lo que ha estado esperando (como todos los días, sucede). Su Levi sale por la puerta. Pasos suaves y sin pretensión que lo llevan al jardín.
Jeager se levanta de su lugar. Sonríe. Le sonríe a su Levi, aún si este no le puede ver. Sonríe porque siente como esa sensación, esa que antes solo fue pasajera en su vida, en el mundo real, nada más que ilusión: la felicidad, le va llenando cada poro.
Su Levi también está sonriendo, canta una suave tonadita a la vez que se pone a cuidar de las flores, acariciarlas con una de sus bonitas y blancas manos. La otra está en su estómago. Redondo e hinchado de vida. La vida de avecilla. Una que Jeager sabe (a pesar de no entender el cuándo) es suya también. Su dulce avecilla, que pronto estará con él y con su Levi.
Los tres juntos para siempre en este lugar.
La felicidad que inunda a Jeager por estar junto a sus dos seres amados, lo desintegra y transforma en muchas chispas de luz que flotan arrastradas por el viento. Viaja sobre las flores y entre ellas hasta alcanzar la figura de su Levi y lo envuelve, regalándole su tibieza y sus caricias. Pues esta es la única manera en que puede tocarlo.
A su Levi de piel blanquita, de estructura similar a la de un gorrioncito. Frágil y ligera, casi irreal, que da la impresión de que una fuerte ráfaga podía llevárselo muy lejos, dejando detrás de si únicamente el recuerdo de su huella indeleble enredada en una telaraña esquelética de hilos de seda. Joven e inocente. Este Levi que cayó entre sus manos (no puede recordarlo, pero lo sabe) y al que le ha causado dolor, pero sin embargo le ha dado su corazón. Su Levi. El que ha llorado en reproche porque él se ha marchado, el que cada mañana lo espera en el jardín y dice que lo extraña, el que en las noches susurra su nombre como una plegaria y le pide regresar.
Su Levi.
El que lo ama.
El que jamás lo ha despreciado. El que lo ha aceptado con todo y su mal.
Jeager quisiera abrazarlo. Esta mañana más que nunca.
Hoy su Levi se ve tan cansado, sus ojos están rojos, de llorar entre sus sueños malos, él sabe. Hoy solo tararea, muy bajito, casi un suspiro de sus pulmones. Hoy su Levi llora también entre las flores durante todo el día. Él intenta arrullarlo. No lo logra. Y el sol avanza, el cielo se torna naranja y con ello su tiempo llega su final. Pues cuando la noche llega, Jeager solo puede ver a su Levi convertido en una sombra.
Su Levi les teme a las sombras. A ellas y a las polillas que acechan encima de estas.
Los colores rojizos ya no son más que un borrón cuando su Levi abre los labios.
—Por favor, regresa. Me lo prometiste —susurra su Levi, la mantra de todos los días, y a Jeager se le rompe el corazón un poquito más. Antes no las comprendía, ahora sí. Él sabe. Ha entendido. Él está muerto. Un alma que pena a otra—. Nos lo prometiste. Por favor regresa.
Jeager quisiera tener voz, pero solo puede pulular a su alrededor.
Desde la casa, los ojos de su padre observan la escena. Amargura, culpabilidad y sombras en su mirada hay.
—Por favor, regresa. Tienes que ir —dice su Levi y se aprieta la panza, y se encorva, llora con más fuerza.
"Si me voy los voy perder", quiere decirle Jeager. Y en su forma de chispas de luz llora también. "No quiero perderlos, perderte otra vez" intenta emitir, y tal vez lo hace, porque los ojos de su Levi se elevan y se quedan fijas en la briza que lo rodea.
—Sino lo haces yo te perderé—le dice y hay tantos sentimientos y promesas en sus ojos de las que Jeager desearía confiar estarán más allá de este lugar —. Por favor regresa, no me dejes perderte. De todos modos, si algo sale mal, aquí te estaré esperando.
"No me obligues" suplica él, pero su Levi, por primera vez le está negando.
—Si vas a volver a mí, hazlo sin arrepentimientos. Con tu decisión.
El cielo se ha oscurecido. Jeager no es más que una sombra, una que ve a su Levi marcharse al interior de la casa.
Él lo sigue.
Pero hoy no lo llega más allá del pórtico. Hoy se detiene, y deja que sus ojos sigan la figura de su Levi, que escaleras arriba se pierde. En un rincón su padre contempla un retrato.
Sin arrepentimientos, le había dicho su Levi. El Levi que lo ama.
Y si él solo le ha causado lágrimas en el pasado, ahora lo arreglará. Volverá, y cuando haya rechazado el más allá, regresará por su Levi. Para estar junto a él y su avecilla.
Cuando regrese, no habrá más polillas ni su padre.
Él vuelve tras sus pasos al jardín y lo atraviesa, llega a la cerca blanca y la pasa. Se pierde en la oscuridad del oscuro camino de grava.(x)
Se despertó.
(…)
Una inhalación dificultosa, dedos entumecidos y el pecho apretado. Un hormigueo se extendió hasta lo alto de sus pómulos, deslizándose por sus mejillas, recorriendo sus brazos, bajando por todos su cuerpo, llevando consigo la sensación de despertar. Intentó levantar la cabeza, pero fracasó, estaba pesado, así que lo único que logró hacer fue enrollarse con las mantas con fuerza. Los rayos que se filtraban en la ventana eran solo una neblina lúgubre, volviendo su visión gris y borrosa. Muerta hacía mucho tiempo, la chimenea era un agujero oscuro en la pared, las cenizas se retorcían en pequeños zarcillos mientras atrapaban las corrientes de aire que llegaban de algún lugar escondido. Debe ser muy temprano en la mañana, fue el fugaz pensamiento en su cabeza.
Estaba entre la conciencia y la inconsciencia. Pero en el rincón de su mente percibió el clic de la puerta al abrirse. Alguien había entrado. Isabel, quizás, fue el murmullo que resonó en su cerebro. Hecho un capullo entre las sábanas quedó en el centro del colchón, donde revoloteaban motas de polvo, agitadas por su aliento. Fue entonces cuando lo saboreó, como la brizna de un beso, el aroma que había en la tela que lo envolvía y que se intensificaba con la presencia que rondaba a unos pasos de él; se pegó en su nariz y se deslizó en su paladar. Invierno dulce. Sus pestañas se despegaron apenas entre ellas y distinguió una figura.
Rayo de luna floreciendo por sobre las copas de un espeso bosque de pinos, en una noche sin estrellas.
"Levi" fue el susurro que emergió de sus labios. Intentó mover su cuerpo en busca de la presencia, pero volvió a fracasar. El entumecimiento aún lo tenía atrapado y se le cerraron los ojos involuntariamente; y durante los breves segundos en que se quedó en la oscuridad de su interior, reflexionó que lo que había percibido era seguramente producto de su imaginación. Esto es otro sueño, se dijo, y se dejó llevar por la somnolencia que permanecía pegado detrás de su cerebro.
Se deja ir.
El tacto suave y fresco que se posó en su mejilla en el siguiente minuto, se sintió real, no como parte de un sueño.
—Buenos días—dijo la melodiosa voz de la presencia; y Jeager ya no pudo seguir cuestionándose la realidad o la falsedad de la situación. Porque la sensación y el dulce y espeso aroma que cayó sobre él después, no se podía tomar como irreal.
Labios suaves y dulces sobre los suyos que le dan a probar el sabor de su rayo de luna. Su omega.
Levi.
Estaba aquí, con él. No en un sueño.
Jeager abrió los ojos.
Y sus ojos e encontraron con unos de tormenta que prometían con su lluvia lavar sus culpas.
...
Notas finales:
Lo que le quiso decir Farlan a Levi es que, él lo estaba llamando con sus feromonas. Así es como funciona la mordida de gentileza.
When creían que la vieja de Levi era la villana de la historia, llega Grisha. Grande el campeón.
Es probable que se hayan aclarado algunas cosas, como el comportamiento de Eren en los capítulos anteriores. Pero sé que también se han generado otras dudas. No desesperen, en el próximo cap veremos un poquito más.
PD: Also Levi y yo: Mi bebé está traumado. Ta chikito, hay que cuidarlo.
Nos leemos en el próximo capítulo.
