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TODOS LOS PERSONAJES, ESCENARIOS Y HECHIZOS CONOCIDOS PERTENECEN A JK ROWLING, YO SÓLO LOS TOMO, LOS MEZCLO Y AGREGO COSAS
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Capitulo 20:
Draco tocaba su guitarra, sentado en el sofá del salón, luego de terminar las tareas que Hermione le había asignado ese domingo por la tarde.
La cena estaría lista en una hora, y el estofado solo debía hervir, así que tenía tiempo de relajarse antes de cenar. Podar el césped como muggle y limpiar las heces de Murzim eran un trabajo demasiado agotador, para un mago que jamás había hecho tales labores sin una varita.
Esa era una de las desventajas de tener vecinos muggles, no podía simplemente lanzar un evanesco a las heces o hechizar la podadora para que trabaje sola. La cerca que rodeaba la residencia era bastante baja y los chismosos vecinos podrían ver si una maquina de cortar césped deambulaba sola por ahí. Por otro lado también quedaban descartados los elfos domésticos, pues Hermione no tendría corazón para ordenarles permanecer encerrados, sin que nadie los viera.
La rutina de la casa era sencilla. Durante la semana ambos trabajaban y solo se veían para desayunar o en las tardes antes de la cena, así que todo permanecía relativamente limpio y en orden. Eran los fines de semana en los que el caos se desataba en aquel sitio. Los sábados eran para dormir hasta tarde y relajarse, pero los domingos tocaba el trabajo duro.
Dado que Draco disfrutaba de cocinar, Hermione se encargaba de casi toda la limpieza, salvo por el aseo de Murzim. Ya que técnicamente el perro era de Draco, también su suciedad lo era.
Otra tarea que era trabajo de Draco era podar el césped. Y aunque se quejara todo el tiempo, secretamente disfrutaba estar bajo el sol de la primavera. A demás, había descubierto que el olor del césped recién cortado era su favorito.
Malfoy estaba tan concentrado en su guitarra que no se dio cuenta que Murzim se había bajado del sofá y había salido del salón para subir las escaleras a los dormitorios, sitio que tenía prohibido visitar. Draco casi se cae de su sillón cuando oyó a Hermione gritarle a su perro. Significaba que este había hecho algo malo.
- ¡MURZIM DAME ESO!, ¡MURZIM VEN AQUÍ!, ¡SUELTALO AHORA!
Draco corrió hacia el recibidor y pudo ver como su perro bajaba corriendo las escaleras y por detrás una muy enojada Hermione lo perseguía. Tuvo que reprimir una sonrisa al ver el enojo de su novia y como el cachorro se escondía detrás de sus pies para evitarla.
-¿Qué hiciste bestia?, ¿Qué hiciste para que Hermione grite como una Banshee?, ¿sabes que ahora me gritará a mí, no?
-DRACO!, DEJASTE QUE MURZIM SUBA AL DORMITORIO, SE METIÓ EN EL CLOSET MIENTRAS ESTABA ORDENANDOLO Y SE LLEVÓ ESO.
El rubio siguió con la mirada la dirección que Hermione estaba señalando con un dedo y vio a su perro sosteniendo la causa de aquel del alboroto. Murzim tenía en su hocico un trozo de lo que parecía cuero verde esmeralda.
- ¡Suéltalo Murzim, ahora!
El perro dejó caer la prenda a los pies de su amo y, como si supiera que se había portado mal agachó, su cabeza y se quedó quieto mirando el suelo.
- ¿qué es esto Hermione?, ¿qué tenemos aquí?, es muy bonito, ¿por qué yo no lo había visto?
Hermione alcanzó el corsé verde y se lo quitó de las manos, para esconderlo detrás de su espalda. El perro había robado la prenda mientras ella buscaba un sitio seguro para esconderlo, un sitio donde Draco no lo encontrase aun.
- Es algo que compramos cuando salimos con las chicas antes de la boda de Luna, no es nada importante.
- pues yo opino que un corsé tan sexy es lo más importante del mundo. Es más, opino que es de vida o muerte que me muestres como se ve en ti. Mi vida depende de ello Hermione.
-Draco!
Ambos terminaron riendo a carcajadas por varios minutos. Eran días como ese, donde bromeaban y se reían de cosas estúpidas, los que los hacían volver a ser los adolescentes que no pudieron ser debido a la guerra. Ambos habían tenido demasiado drama en su juventud y ya no deseaban otra cosa que no fuera ser felices.
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Samanta abrió la puerta de su departamento y oyó ruidos extraños. Cosas caían, vidrios se rompían y una voz masculina murmuraba algo ininteligible. ¿Había ladrones en su hogar?
Aun era temprano para que Charlie volviese de su trabajo. Ella había salido antes del laboratorio, y decidió volver a casa para intentar preparar algo de comida que fuera casera para su futuro esposo. Ir a los almuerzos de los domingos, y ver a todas las nueras Weasley ayudando en la cocina la hacía sentir mal con respecto a su falta de habilidad culinaria.
Con el corazón en la boca y su varita en alto, Samanta caminó despacio por el pasillo que conducía al sitio donde se oían los ruidos. Si eran ladrones muggles podría desarmarlos rápidamente. Si eran magos estaría en problemas, pues ella jamás había sido buena en duelos.
La puerta del dormitorio estaba abierta, sigilosamente se asomó para ver a los ocupantes, y lo que vio dentro la sorprendió. Charlie golpeaba repetidamente la pared con sus puños descubiertos. Y luego arrojaba, sin saber que ella estaba ahí, un adorno de la cómoda que impactó centímetros de su cabeza.
- CHARLIE, ¿QUE DEMONIOS TE SUCEDE?
- Por favor vete Samanta, dame un momento, prometo que arreglaré esto.
Charlie Weasley dio un nuevo golpe a la pared y estampó en ella un duplicado sangriento de su puño. Samanta podía ver cuán furioso estaba el pelirrojo, e internamente sintió miedo. Todo en Charlie hablaba de su naturaleza algo salvaje, pero verlo enojado era aterrador. Armándose del valor que probablemente no tenia, samanta gritó a todo pulmón.
- NO, ESTA ES MI CASA Y SON MIS COSAS LAS QUE ESTAS ROMPIENDO. ¡QUIERO QUE TE DETENGAS AHORA!
La voz de Samanta retumbó en toda la habitación, haciendo que inmediatamente se aplacara la ira que consumía a Charlie. Él sacó la varita del bolsillo de su pantalón, y comenzó a reparar el desastre que había hecho al descargar su furia.
Su futura esposa giró sobre sus talones y pisando demasiado fuerte para ser normal, caminó hasta el salón donde colapsó emocionalmente exhausta.
- Sam…
- vete Charlie.
- lo siento Samanta. No debí desquitar mi ira en tu departamento.
- quiero que te vayas Charlie. Al menos esta noche no quiero verte.
- puedo explicarlo Sam, estoy avergonzado.
- estoy segura de que tienes una muy buena explicación. Pero la violencia no es la respuesta a ningún problema, así que te lo pediré amablemente una vez más... Vete por favor.
- ¿me das un momento para que busque mis cosas?
- iré al mercado. Cuando regrese espero que te hayas ido.
Sin emitir una sola palabra más, Samanta tomó sus cosas y salió del departamento dejando a Charlie abatido en el salón.
El pelirrojo domador de dragones sabía que tenía poco tiempo, así que invocó algunas prendas y las metió a la fuerza en un bolso de viaje. Calculando que aun tenía un par de minutos más, decidió dejarle a Samanta una nota donde explicase el motivo de su actitud.
Ese día había empezado muy mal, y por lo visto terminaba aun peor. Samanta lo había corrido del departamento por haberse desquitado con sus cosas. Ella tenía razón, desquitar de aquella manera su ira no era la respuesta a su problema. Lanzar cosas a las paredes lo hacía sentir bien momentáneamente, pero una de esas cosas que lanzó había golpeado demasiado cerca de Samanta, por escasos centímetros no la había herido gravemente.
Sintiéndose mal consigo mismo Charlie abandonó el departamento dejando la nota sobre la mesita del salón. Esperaba que Samanta pudiera perdonarlo pronto. En esos meses que había vivido con ella, había descubierto que su soledad auto impuesta en Rumania no era vida. Ella lo complementaba a niveles insospechados.
A sus treinta y cuatro años, Charlie Weasley descubría por accidente que estaba enamorado por primera vez. Y que por idiota había arruinado su relación con Samanta.
Durante toda su vida, hasta ese momento, Charlie rara vez había mantenido una relación que durase más de un par de noches. Jamás había sentido la necesidad de estar más tiempo con una pareja.
Desde que terminó en Hogwarts y partió hacia Rumania para estudiar dragones, Charlie solo había buscado una mujer cuando sus necesidades eran lo suficientemente apremiantes. Con su apariencia, solo debía aparecer en algún lugar que tuviera mujeres y en minutos tenia las que quisiese para elegir.
Con Samanta las cosas habían sido similares. La misma noche que se conocieron terminaron compartiendo la cama, presos de un magnetismo inaudito. Sin embargo, al contrario que otras veces, la atracción que sentía no se había desvanecido con los días. Si no que había aumentado. Pronto el sexo ya no era lo único que compartían, también les gustaba conversar sobre sus vidas y realizar actividades juntos.
Pero esa tarde había hecho algo que realmente enojaba a su futura esposa. Ella odiaba todo tipo de violencia, y verlo furioso había sido el detonante para que todo lo que habían construido en ese tiempo se desmoronase completamente.
Con una mirada triste cerró la puerta del departamento que había sido su hogar en los últimos meses. Aquel sitio lo había hecho sentir en casa mucho más que su departamento en Rumania, y que la misma madriguera. Quizá no fuera el departamento el que lo hacía sentir así, quizás su hogar fuera Samanta.
Cuando la futura señora Weasley regresó a su departamento, Charlie ya no estaba. En al ambiente aun perduraba su perfume como única señal de que él había estado ahí alguna vez. Samanta sintió ganas de llorar, el departamento se sentía muy vacio sin la presencia de su domador de dragones. Habían convivido durante cinco meses hasta ese momento, y ya todo olía a él.
Samanta no tenia las fuerzas para leer la nota que Charlie había dejado, así que simplemente la dejó en su sitio original y se fue a dormir, o al menos eso intentó. Al darse cuenta que en la cama faltaba el peso de otra persona, y que esa noche nadie la abrazaría por la espalda mientras dormía, lloró.
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Una hermosa mujer rubia de unos cincuenta años caminaba apresurada por los pasillos de San Mungo. Había tenido que mover muchas de sus influencias para conseguir aquella cita y estaba llegando tarde.
La brillante placa dorada rezaba "Scott Calvert – Medimago mental". Con su blanco puño golpeó un par de veces la puerta y aguardó que el médico tratante de su hijo no hubiese abandonado ya su oficina. Desde el interior del consultorio una masculina voz la invitó a trasponer la entrada.
Abrió la puerta y sentado en el ornamentado escritorio un hombre de cabellos oscuros entrecanos, barba de algunos días y piel dorada por el sol la esperaba sentado.
- ¿Robert?, ¿eres tú?...
Narcissa Black estaba en shock. Sus rosados labios formaban una perfecta "O", luego de divisar a la persona que se encontraba sentada del otro lado del gran escritorio.
- Narcissa...
Scott Calvert, el medimago mental que trataba a Draco, miraba con igual asombro a la mujer que tenía en frente, mientras caminaba lentamente hacia ella.
- pensé que habías muerto…
Con su cabello entrecano, su sonrisa sincera, su mirada amable y sus ojos verdes, aun seguía siendo atractivo a pesar de su edad. Hacía muchos años que Narcissa no había vuelto a pensar en él. Había dejado morir los sentimientos que los unieran años atrás.
- Lo siento, tuve que huir. Lamento que hayas pensado eso, pero no me dejaron opción.
Calvert no era el verdadero apellido de aquel hombre alto. Él había nacido como un Dawson, un mago mestizo de Ravenclaw, que había cortejado a la menor de las hermanas Black en sus tiempos de Hogwarts.
El sonoro golpe en el rostro masculino quebró el silencio que se había instaurado en la oficina. Olvidando la compostura que una dama de su alcurnia debía mantener, Narcissa había abofeteado al eminente medimago.
- Pudiste llevarme contigo, sin embargo huiste dejándome pensar que habías muerto a manos de los mortífagos.
- Ven Cissy, toma asiento, creo que debo explicarte todo.
- Robert Dawson, no vuelvas a decirme Cissy. Hace mucho perdiste el derecho de llamarme así. Para ti soy Narcissa.
Robert solo sonrió. Cuando quería, esa mujer podía ser realmente testaruda. Ambos tomaron asiento en puntos opuestos del escritorio. El sentía el peso de los años en sus hombros y ella estaba tensa como la cuerda de un arco.
El medimago relató su historia a la mujer que tenía en frente. Le contó como Abraxas Malfoy, padre de Lucius, había enviado a sus mortífagos subalternos para que lo matasen.
También contó como tuvo que pasar a la clandestinidad, ayudado por el verdadero Scott Calvert, cuando se supo que Narcissa se negaba a contraer matrimonio con Lucius Malfoy debido a su causa. Y como había dejado su varita en el cuerpo calcinado de un amigo, alcanzado por el hechizo ígneo de un mortífago inexperto, para fingir su muerte y escapar de sus perseguidores.
Narró sobre el tiempo que vivió entre muggles como un hombre sin hogar, hasta que pudo abordar un barco mercante con destino a Estados Unidos. Allí, sabiéndose relativamente a salvo de los Mortífagos, había vuelto a involucrarse con el mundo mágico con el nombre de su amigo muerto. Poseer la varita de Scott lo ayudaba a verificar su falsa identidad.
Le contó de su tristeza al enterarse que ella finalmente se había casado con Lucius Malfoy, y como tuvo que ocultar sus sentimientos, para ver por su propio futuro. Vagamente le comentó sobre sus años de estudio de la medimagia, y como había conocido a Sarah, su esposa muggle, que hacía unos años había fallecido, a causa de un cáncer fulminante, sin haberle podido dar hijos.
Robert y Narcissa estuvieron en el mismo curso de Hogwarts, el en Ravenclaw y ella en Slytherin. Su relación había surgido cuando la profesora Sprout les había encomendado un proyecto de herbologia bastante complejo en quinto año.
Narcissa se había enamorado profundamente de aquel chico, pero desde un principio su relación estaba condenada al fracaso. Robert era mestizo y su posición económica no era la ideal. Su familia jamás hubiese permitido que ellos se casasen.
Además, Abraxas Malfoy deseaba casar a su hijo Lucius con una de las hermanas Black. El viejo quería a Bellatrix como madre de los futuros herederos, pero Cygnus Black tenía una deuda de Juego con el padre de Rodolphus Lestrange, así que Bellatrix fue la moneda de pago.
Por otro lado Lucius deseaba casarse con Andrómeda. Pero esta le había hecho más de un desplante antes de huir con un hijo de muggles.
Que Andrómeda hubiese elegido a un sangre sucia por encima de un Malfoy de su abolengo, había vuelto a Lucius mucho mas resentido con los Muggles y los magos nacidos de ellos.
Ya solo quedaba una hermana Black, Narcissa, y Abraxas no estaba dispuesto a perder su oportunidad de unir lazos con la antigua familia. Así que al enterarse de la relación que Narcissa mantenía con un mestizo, inmediatamente usó sus influencias para deshacerse de la competencia que su hijo tenía.
Lucius Malfoy jamás quiso a Narcissa, pues sabía que esta no lo amaba. De hecho había llegado al extremo de culparla de asesinar a sus hijos en su vientre. Nunca la golpeó, pero su indiferencia y sus horribles palabras hacían mas daño que un puño de acero.
Unos años después de que Voldemort hubiese sido derrotado, Robert decidió que era hora de regresar a su país de origen. Su esposa Sarah había muerto y ya nada le quedaba que lo uniese a Estados Unidos.
Al regresar, fue contratado por el ministerio para un estudio ultra secreto en el que habían analizado los perfiles de cientos de personas para encontrarles una pareja ideal. Luego de eso había tomado un puesto como jefe del departamento de medimagia mental en San Mungo.
Cuando supo que Draco Malfoy estaba internado, rápidamente se puso a disposición para tratar su caso. Robert supo que Draco era hijo de su amor de la escuela y por eso no debería involucrarse con el muchacho. Sin embargo, la necesidad de acercarse a ella aunque sea a través de los recuerdos de su hijo, fue más fuerte que su ética profesional.
- Lo siento Cissy, no te he dejado hablar. ¿A qué se debía tu visita?
- vine por mi hijo. Quiero saber cómo está Draco, de que habla en sus sesiones. ¿El peligro ya pasó?
- mira, Draco está evolucionando bien, aunque es un proceso muy lento. No puedo revelarte de que habla en las sesiones, me temo que esa información es un secreto paciente-doctor y como tal me lo llevaré a la tumba.
No puedo garantizar que Draco no volverá a atentar contra su propia vida, pero con tratamiento y la ayuda de su mujer, estoy seguro de que hay muchas chances de que no vuelva a ocurrir un episodio grave. El es fuerte Narcissa, es un Black.
- Es un Malfoy, Robert.
- oh no, no. Puede parecer un Malfoy. Puede haberse auto percibido como un Malfoy en el pasado, puede haberse comportado como uno. Pero te aseguro que Draco es un Black. Como tú, como Sirius, Regulus o Andrómeda.
- Gracias Robert.
- Es mi trabajo Cissy. El muchacho ha sufrido, pero sé que lo superará.
Narcissa limpió una lágrima que rodaba sin permiso por su mejilla, y se levantó para poder retirarse del consultorio. Necesitaba tiempo para procesar el hecho de que su único amor, al que creía muerto hace años, seguía vivo. Al menos Draco estaba mejorando y eso era una luz en todo el caos que había en su mundo.
Cuando estaba por abrir la puerta, Robert fue más rápido y la detuvo. Aun no estaba listo para que se fuera. Llevaba más de treinta años esperando verla y no podía dejarla ir como si nada. Estaba al tanto de su viudez, y sin magos oscuros en el horizonte, él era libre de volver a cortejarla.
- Narcissa, yo… esta tarde hablaré con Draco. Será nuestra última sesión. Buscaré al mejor medimago que pueda encontrar, te aseguro que estará en buenas manos.
- No, ¿por qué harás eso?
- Estoy demasiado involucrado en este caso Cissy. Es tu hijo, y ahora que te he visto, eso definitivamente afectará mi trabajo. A demás, no quiero dejar de verte. Ahora que no hay obstáculos quiero volver a frecuentarte, si lo permites.
- No lo sé Robert, ha pasado una vida. No soy la misma chiquilla que conociste.
-No. has crecido, sin embargo aun puedo ver en tus ojos la dulce adolescente que me volvía loco. Llevo una vida esperando esto Cissy, no me vuelvas a privar de tu presencia.
- pero, yo… mi hijo, ¿qué dirá Draco?
-hablaré con el querida. Le diré como son las cosas. Eres una mujer adulta y viuda. El entenderá, el te ama y si tú me permites acercarme a ti, estoy seguro que no se opondrá.
Narcissa respiró profundo y luego de meditarlo un momento le sonrió. Toda su vida había sido para servir a otros, siempre hizo lo que se esperó de ella, y lo único que deseó para sí misma no lo había logrado retener. Quizá Robert tuviese razón. Quizá era hora de procurarse su propia felicidad.
- habla con él primero, y en la noche visítame en casa de Andrómeda, ahí me contarás que te respondió.
Con el rostro completamente arrebolado se puso en puntas de pie y besó tímidamente la mejilla del medimago. Aprovechando que este se había quedado pasmado, salió por la puerta del consultorio caminando altiva como solo una dama de su alcurnia sabia hacerlo.
Aunque por dentro su corazón latía nuevamente con frenesí, su rostro permanecía impertérrito. Llevaba años controlando sus sentimientos para que su rostro se mantuviese inexpugnable, aun en las más extremas circunstancias.
Narcissa volvía a tener dieciséis años nuevamente y la adrenalina del primer amor corría por sus venas. Robert estaba vivo y ambos eran libres. Quizá, si Draco no se oponía, podrían retomar las cosas donde las habían dejado tanto tiempo atrás.
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Robert Dawson estaba bastante nervioso mientras esperaba a su último paciente de esa tarde. Draco Malfoy vendría a su última cita con él y no lo sabía. No estaba seguro de sí debería suspender la sesión o tratarlo y luego comunicarle su decisión de abandonarlo como medimago.
La puerta del consultorio sonó un par de veces y al doctor no le quedó más remedio que enfrentar al hijo de la mujer que jamás había podido olvidar.
- Buenas tardes Scott.
- Buenas tardes Draco. Toma asiento en el escritorio. Hoy no ocuparemos el diván.
- ¿qué sucede?
La cara de Draco denotó angustia por un segundo, he inmediatamente una fría pared de hielo se levantó ante él para protegerlo. Draco, al igual que Narcissa, era muy bueno para esconder sus sentimientos y estados de ánimo.
Draco tampoco confiaba fácilmente en otro hombre. Sus imágenes paternas lo habían traicionado o abandonado a su suerte. Lucius lo había arrastrado al fango cuando lo obligó a entrar a las filas de Voldemort y Severus había muerto heroicamente antes de poder indicarle el buen camino a seguir. Y es por eso que confiar en Scott Calvert había sido una tarea titánica.
- Lo siento Draco. Pero esta será nuestra última sesión. Después de hoy no podré seguir atendiéndote. Pero prometo que buscaremos un medimago más que calificado para ti.
- No entiendo, ¿Por qué lo haces?
- seré sincero Draco. Lo hago por tu madre, por Narcissa.
-¿Qué?
Robert Dawson narró su verdadera historia por segunda vez ese día. Pero en esta ocasión también tuvo que agregar la parte de su romance con Narcissa Black. Draco se había permitido mostrar en su rostro toda la gama de sentimientos y sensaciones que aquella historia despertaba en él. Y Robert sintió alivio al ver que ninguna de ellas era ira.
- ¿entonces me estás pidiendo permiso para cortejar a mi madre?
- En realidad no. Solamente estoy teniendo la gentileza de comunicarte que conquistaré nuevamente a Cissy. Ella está dispuesta a darme una oportunidad siempre y cuando eso no te disguste. Pero, sin temor a equivocarme, puedo decir que no pondrás en juego la felicidad de tu madre por simple capricho.
Draco boqueaba como pez fuera del agua. Aquel hombre, al que había llegado a apreciar, mostraba sus cartas sin ningún tipo de doble intención, y parecía sincero en su interés por Narcissa.
- tienes razón, no podría interponerme entre mi madre y la felicidad, sin embargo, tengo una condición.
- Está bien. Pon tu condición Draco.
- seguirás siendo mi loquero. No quiero tener que empezar de nuevo con otro.
- teniendo en cuenta que mis intenciones con tu madre son serias, ser tu medico tratante seria poco ético. A futuro podría convertirme en tu padrastro.
- eso ya lo sé. E insisto que no quiero empezar de cero con otro medimago. Sería poco ético que me cobrases por tus servicios siendo mi padrastro Robert. Pero… si me dieras el alta y me trataras informalmente…
- ¿y cómo pretendes que haga eso?
- bueno, dado que seriamos parientes, mantener conversaciones esporádicas contigo sería completamente normal. Nadie tendría que saber sobre la naturaleza de esas conversaciones, tú podrías estar con mi madre y yo dejaría de estar loco. Todos ganan.
- si alguien se entera podría perder mi matricula.
- pues no lo harán. Firma el alta hoy. Asiste a mi boda la próxima semana, finge conocer a mi madre allí, y luego puedes cortejarla todo lo que quieras mientras mi esposa y yo estamos de luna de miel. Tienes una identidad falsa "Scott", eso es lo más peligroso. Conversar con un loco cada cierto tiempo es el menor de tus problemas.
- está bien. Firmaré tu alta psiquiátrica. Si alguien pregunta, diré que tienes el alta condicional, y que si por alguna razón tienes una recaída serás ingresado al ala mental inmediatamente.
- es suficiente para mí. Asegúrate que Kingsley lo sepa, sería bueno que la información de mi completa y milagrosa curación se filtre en la prensa.
Draco aun conservaba su estilo Slytherin de negociación. Rápidamente había buscado la forma de salirse con la suya, y de una sola vez había conseguido más de lo que esperaba. Ser declarado sano seria un envión para su empresa, y haría que la prensa dejara de acosar a Hermione cada vez que la veían en el ministerio.
- Draco, deslizar en la prensa que estás curado tendrá otro precio. Deberás aceptar mi propia condición.
- dispara.
- en vez de una hora semanal, aumentaremos las reuniones a cuatro horas por semana.
- déjalo en dos y escribiré el puto diario que tanto querías.
- tenemos un trato.
Ambos hombres de dieron la mano cerrando el trato como los caballeros que eran. Robert Dawson podría acercarse a Narcissa, seguiría tratando a Draco, y este podría decir que había sido dado de alta.
Draco tomó el fin de la negociación como una invitación a retirarse. Y mientras se despedía, Robert lo acompañó hacia la puerta donde Draco sacó a relucir su humor irónico.
-Muy bien doctor Calvert, ha sido un placer ser tratado por usted.
- el placer es todo mío señor Malfoy, su progreso ha sido milagroso…
Las personas que circulaban por el pasillo habían oído perfectamente como el doctor Calvert felicitaba a Draco por su aparente curación. Los rumores comenzarían a desperdigarse rápidamente y eso era lo que ambos buscaban.
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Ginny Weasley intentaba inútilmente tejer como su madre lo hacía. Había emprendido el proyecto de crear el ajuar de su bebé, pero las manualidades no eran su fuerte.
- ¡basta!, me rindo, ¡esto es imposible!
-¿Qué sucede Ginny?
- hace horas que intento tejer una inútil manta y no lo logro.
Harry miró el proyecto de su esposa y tuvo que reprimir una sonrisa. Lo que debía ser un simple cuadrado de lana suave para envolver al bebé, tenía el aspecto de una de las telarañas de la difunta Aragog.
- No te angusties Ginny, ve con las chicas a una tienda. Compra lo que desees. Podemos permitirnos pagar por estas cosas.
- pero Harry, quería que mi bebé tuviera algo hecho por su madre, que cuando crezca pudiera apreciar cuanto lo esperaba. Soy una pésima madre.
- Ginny, el bebé apreciará tu amor, no cuantas hebras de lana pusiste en sus mantas. Serás una madre maravillosa, y para demostrarlo no necesitas tejer su ropa. Con cuidarlo y enseñarle cosas buenas será suficiente.
Ginny estaba atravesando el último trimestre de embarazo y eso la tenía bastante sensible. Era normal que ciertas cosas la hicieran llorar. La fuerte pelirroja que todos conocían lloraba al menos una vez por día, por cosas que a los demás les parecía sin importancia.
Harry, mostrándose comprensivo, se sentó al lado de su esposa y la abrazó a la vez que acariciaba su abultado vientre. En los últimos días el también sufría episodios de angustia por como seria cuando fuera padre.
Desde que Ginny estuvo internada en San Mungo se había vuelto algo paranoico. Temía que cualquiera de los criminales que perseguía en su trabajo intentase atacar a su familia, o que Ginny se sobre esforzara en algo y tanto ella como su hijo no nato tuvieran algún accidente. Tener su propia familia le había costado mucho sudor, sangre y lágrimas, así que temía perderla.
-Harry mira, pon tu mano aquí.
Harry puso su mano sobre el abultado vientre de su esposa y pudo sentir los movimientos de su hijo. No era la primera vez que lo sentía, sin embargo, cada vez que lo hacia se emocionaba como si fuera la primera.
- hola campeón. Soy papá, esta noche debes dejar dormir a mamá. Sabemos que estás creciendo y necesitas espacio, pero ella necesita que duermas durante la noche. ¿Podrías hacerlo?
Ginny lloraba nuevamente mientras veía a Harry platicándole a su vientre. Era tan emocionante ver aquellos momentos donde Harry dejaba de ser el héroe nacional y se convertía en el esposo y padre amoroso que siempre deseó.
-Señor Potter, lo amo. Eres un hombre maravilloso.
- yo también la amo señora Potter. Creo que nuestro hijo se ha dormido, ¿qué tal si lo hacemos también nosotros?
- vamos.
Harry se incorporó y ayudó a su muy embarazada esposa a subir las escaleras hacia el dormitorio. Esa noche el heredero Potter no perturbó el sueño de su madre, tal y como su padre lo había pedido.
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- me alegra que Narcissa tenga alguien que le haga compañía.
- si a mí también. Siempre supe que no era feliz. Y si este tipo Robert, Scott o como se llame, la hace feliz me sentiré satisfecho… prueba.
Hermione probó la salsa que Draco le ofrecía. Esa noche tenían invitados a cenar y como había sido desde que se mudaran "al remanso", nombre que le habían dado a su nueva casa, Draco estaba cocinando para todos. Por las mañanas era un maestro pocionista, y por las noches era todo un chef.
- delicioso como siempre. Es impresionante lo rápido que has aprendido a cocinar como todo un muggle.
-ya te he dicho Hermione, soy un hombre muchos y muy variados talentos. Además cocinar se parece mucho al sutil arte de preparar pociones.
- suenas como Snape.
- ¡Puedo embotellar la fama, elaborar la gloria y hasta a detener a la propia muerte!
- jajajajajaja no creo que a Snape le hiciera gracia que lo imitases.
- te sorprendería, Severus tenía un gran sentido del humor cuando quería.
La chimenea emitió el característico sonido de un viaje por red flú. Seguramente sus invitados estaban a punto de cruzarla. Hermione dejó a Draco dando los últimos toques a la cena y ella fue directa al salón para comportarse como una buena anfitriona.
- ¡Ron!, gracias por venir. Pasa, pasa siéntate, Draco está terminando con la comida.
- Hermione, me sorprendió mucho tu invitación, moría de curiosidad, así que aquí me tienes... Les ha quedado muy bonito este lugar.
-gracias, aun no hemos terminado, pero la estamos reformando a nuestro gusto.
- sabes, pensé que este lugar seria como esas residencias de millonarios con cosas lujosas e incomodas.
- este es un lugar hecho para estar cómodos Ron. Draco y yo hemos elegido cada mueble con ese fin. La opulencia no es algo que nos importe.
- tienes razón. Pero comprende que estás viviendo con señor "mi papi me compró la escoba más cara para entrar al equipo de quidditch".
- Ronald, eso pasó hace mucho tiempo, Draco ha dejado de lado ese tipo de comportamiento, te agradecería que no hicieras esos comentarios en su presencia.
- ya déjalo Hermione, es cierto, Lucius me compró la escoba más cara para que entrase al equipo. Pero el talento para llegar a capitán era solo mío.
- oh, por favor, no empiecen a medir sus egos. Ambas son lindas señoritas…
Mientras Ron y Hermione hablaban, Draco había salido de la cocina para oír la reprimenda que esta le estaba dando a su amigo. Y en medio del intercambio que él había iniciado, Pansy cruzó la chimenea y detuvo lo que podría haber sido el inicio de una discusión.
- Pansy querida, que gusto que hayas podido venir. Te ves exquisita como siempre.
- gracias Draco, a ti te sientan de maravilla los jeans… ¡Hermione!, hoy fui a la fundación y la secretaria me dijo que te habías retirado temprano.
- sí, fuimos con los guardianes a buscar una mujer con sus hijos y los llevamos directo a San Mungo. Mañana se instalaran en una de las habitaciones, está todo listo.
- me alegra que llegaran a tiempo. Buenas noches Ronald.
- Buenas noches Pansy…
La relación entre Ron y Pansy no había avanzado demasiado desde la noche que fueron a cenar. Ya no se llevaban como perro y gato, y algo parecido a amistad había surgido entre ellos, pero aun estaban muy lejos de ser una pareja.
Draco los invitó a pasar a la mesa, y fue Hermione quien se encargó de servir la comida. Los cuatro cenaron en armonía y luego del postre pasaron al salón a tomar un café.
Pansy había tomado asiento en un pequeño sillón orejero de una plaza, mientras que ron se sentó en la otomana. Draco y Hermione, tomados de la mano, se sentaron en el sofá de dos cuerpos y luego de una amplia respiración Hermione comenzó a narrar el motivo de la invitación a cenar.
- los invitamos porque, como saben, en dos semanas nos casaremos. Y queríamos pedirles que fueran nuestros padrinos de boda. Hemos decidido hacer la ceremonia completa, y nos encantaría que fueran ustedes quienes sellaran el hechizo de enlace.
- ¿nosotros?, pensé que tu madrina seria Ginny o Luna, no me malinterpretes, me fascina la idea, pero es sorprendente.
- ambas están embarazadas Pansy, no pueden ser madrinas. Además, fue Draco quien deseaba que estuvieras ahí. Eres su mejor amiga.
- dragón, eres una ternurita…
- cállate Pansy, ¿aceptas?
- por supuesto Draco… Hermione, tu vestido está casi listo. Tendré que hacerme uno que combine. ¡ay, estoy tan emocionada por ustedes!
- y tu Ron. ¿Serás mi padrino?
- me tomas por sorpresa Herms, pensé que tu padrino sería Harry.
- Ronald tú también eres mi amigo, y deseo que seas tú quien esté al lado mío en mi boda.
Ron no pudo más que sonreír. Pensó que nunca podría volver a ser amigo de Hermione, después de su estúpido comportamiento luego de la guerra, creía que la había perdido para siempre. Pero sin embargo allí estaba ella, ofreciéndole ser su padrino de bodas.
Hubo un tiempo en el que se hubiese negado a participar en algo que involucrase a Malfoy, incluso hubo un tiempo que creyó que el seria el novio en la boda de Hermione. Pero con el pasar de los años descubrió que ellos solo eran amigos. Y lo hacía feliz verla tan emocionada por casarse. Aunque debía admitir que Malfoy no era lo que él hubiese elegido para su amiga, podría vivir con eso.
- está bien. Seré tu padrino Hermione…
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N.a: fin del capítulo. Espero que les haya gustado. Gracias por todos los hermosos comentarios que dejan.
Veo que algunas personas ya se dieron cuenta que a veces dejo pequeños regalitos en los capítulos. La trama principal de la historia está fijada, pero a veces los personajes se prestan para hacer diferentes escenas que puedan gustarles, según sus comentarios.
El próximo capítulo será la boda!, CHAN!. Si las musas me acompañan usaré este fin de semana largo para escribirla (Crucemos los dedos para que así sea). ¡HASTA LA PROXIMA!
