La Saga "Harry Potter", pertenece a J.K. Rowling

La Saga "Las Crónicas del Campamento Mestizo", pertenece Rick Riordan.

Tres Semidiosas Impares.

Penny Jackson y El Ladrón del Rayo.

20: La misión es revelada.

Muchos comenzaron a señalarme, a causa de mis habilidades únicas. Y bien que tenían razón.

Yo no era como los otros. Mi Geoquinesis era muy fácil de invocar, cuando para los hijos de Deméter esto era difícil. Y en cambio mi Cloroquinesis, necesitaba mucha concentración, y para los de la cabaña 4, esto era como coser y cantar.

Aun así, me las arreglé para entrenarme a mí misma, y comencé a ayudar a los demás, con ciertas tareas un tanto tontas, o más bien: con las tareas, que ellos no querían realizar.

Así, fui lentamente, ganándome nuevamente la confianza de los demás, aunque no había mucha confianza, que recolectar, tras cuatro días, ¿verdad?

―Penny, existe una misión, que ha surgido muy recientemente. ¿La aceptarías? ―me preguntó Quirón.

―No sé de qué se trata. No podría simplemente, ir a aceptar así, ¿verdad? ―le enseñé una sonrisa. Quirón estuvo a punto de hablar, pero yo fui más rápida. ―Tuve un sueño, el día en el que llegué. ―Me crucé de brazos, mirándolos. ―El caballo fue creado por Poseidón, y el Águila es el símbolo de Zeus. Y ambos, luchaban por algo en medio, una luz que brillaba en medio ―señalé el cielo, justo cuando un rayo se escuchaba. ―Perdió un arma, ¿y cree que Poseidón lo ha robado? ―Quirón, el señor D y Grover se miraron. Estaba en lo cierto.

―Siendo hija de su abuela, y siendo que los titanes quisieron destruirlos, quizás él sienta que tú eres la ladrona, o que trabajas para Gaia ―dijo Quirón.

― ¿Deseas que vaya a buscar el rayo, y limpie tanto mi nombre, como el de mi madre? ―pregunté.

―Me interesa que vivas, eres una campista y todos ustedes, están bajo el cuidado del señor D y el mío ―dijo Quirón. ―Pelean por un cilindro de dos pies de largo de Bronce Celestial. El Rayo Maestro, fue la primera arma creada por los gigantes, en contra de los Titanes. Y Zeus cree, que Poseidón lo ha robado, debido a que la forja de los ciclopes está bajo las aguas, y que quiere que crear copias ilegales de él, y así tomar el control de todo.

Suspiré, y decidí lanzar una pregunta, aunque ya conocía cual sería la respuesta. ― ¿Y quieres que encontremos el rayo, antes de que un dios, que está haciendo un berrinche, lo destruya todo?

―Entiendes rápido. ―Dijo Quirón, emocionado por cuan bien y rápido, lograba yo armarlo todo. ―Además: Siendo que Poseidón es tan orgulloso, como yo sé que lo es, entonces es imposible que él robara el rayo. No es su estilo. Pero es muy orgulloso, como para dar su brazo a torcer.

― ¿Qué debo de hacer de forma inmediata? ―pregunté.

―La Casa Grande, el ático. ―Dijo Quirón. ―Y elige a dos personas que te acompañen.

―Tres ―pedí. ―Mi hermana Reyna, Annabeth y mi amigo Grover.

―Está bien ―dijo Quirón sonriéndome, mientras yo marchaba hacía la Casa Grande, abría la puerta, caminaba por el pasillo, y ascendía hacía el segundo piso, jalaba el cordón, que abriría la trampilla a las escaleras, y las escaleras al ático, donde encontré una momia. Suspiré, recuerdos extraños vinieron a mi mente. ― ¿Cuál es mi destino?

Irás hacía el oeste, y verás al dios quien ha incurrido. Dijo el desgraciado noviecito de mi madre, Gabe.

Uno de sus amiguitos, jugadores de Póker me miró. Encontrarás lo que ha sido robado, y lo devolverás de forma segura.

El otro amigo, me miró. Serás traicionado por aquel que dice ser tu amigo.

Su otro amigo, el sujeto llamado Eddie, me miró. Y al final, no salvarás, lo que más importa.

Yo no estaría tan segura ―dijo una voz detrás de mí, una mujer vestida con ropas de Hippie me sonrió, y estiró su mano hacía mí, tatuado en la palma de su mano, hacía un ojo, cuya pupila estaba en un espiral. ―Vas a lograrlo.

― "Gracias" ―susurré, antes de volver a la realidad. Esa visión, me llenó de positivismo y valor. Volví con el señor D, Quirón y Grover. Les conté lo dicho por el Oráculo, ellos dijeron, que el Oráculo, no siempre hablaba de forma literal. Sino que gran parte de sus palabras, a veces tomaban sentido, única y exclusivamente, cuando un acto o escenario se presentaba ante nosotros. Sonreí al ver a Reyna llegar hasta nosotros, y a la hija de Atenea, llamada Annabeth. ―Bueno Quirón, creo que ya tengo a mi equipo.

―Eso parece, Penny, tengan cuidado ―dijo Quirón. ―Irán a Nueva York, gracias a Argos, quien será su chofer. Si te preguntas Penny, por qué no podrían Zeus y Poseidón ir ellos mismos al Inframundo y recuperar el rayo, en caso de que realmente sea Hades quien lo tenga en su poder, es porque los dioses decidieron que sus dominios, no pueda entrar nadie, excepto los semidioses y héroes.

―Entiendo ―dije, antes de sonreírle a la rubia de ojos grises, quien se sonrojó. ― ¿Lista para otra aventura allá afuera, Chica Sabia?

―Lo estoy, Sesos de Planta ―dijo ella sonriente. Rápidamente, Reyna se tensó, casi lista para arrancarle la cabeza a Annabeth, pero yo lo impedí, solo con mirarla.

Argos, el vigilante del Campamento, tenía un traje de chofer y nos llevaría hasta Nueva York.

Entonces, apareció Luke sonriéndonos. ― ¡Me alegra alcanzarlos, antes de que se vayan! ―nos dijo, mientras nos entregaba unos zapatos Converse. ―Un obsequio de Hermes, pero actualmente no los utilizo. Maya ―entendí, que esa era una palabra clave, y vi surgir dos alas de la parte trasera de los zapatos. ―Tengan cuidado. Penny, hay muchas esperanzas puestas en ti.

―Espero poder cumplir con las expectativas, colocadas sobre mí y.… demostrar que mamá, no es tan malvada. ―dije, le di la mano a Luke y nos retiramos, al automóvil, donde nos esperaba Argos, yéndonos inmediatamente, saliendo del campo de fresas, íbamos a buena velocidad, entrando al oeste de Long Island, donde pronto fuimos abandonados a nuestra suerte.

Vi un cartel de ¿Has visto a esta chica?, y en él aparecía yo, así que lo rasgué.

―Cuando tu madre se acercó a Gabe, fue porque él es un mortal al 100%, no tiene conexión alguna con una deidad ―dijo Grover, mirándome. ―Ese... olor y esencia de un hombre ignorante de nuestro mundo, le permitió ocultarte. Por eso, ella se quedó a su lado, para protegerte.

―Entiendo ―dije, aunque la respuesta no me agradaba, en lo más mínimo. Entendí sus palabras, entendí el porqué estaba mi madre con él, aunque me desagradaba totalmente Gabe.

Estuvimos allí de pie, esperando, hasta que llegó el autobús, cuando detuvimos un juego, con una manzana. Tomamos el autobús, y luego de algunos instantes, ascendieron tres ancianas, entre ellas, la propia Señora Dods, ella era una Furia.

―No se quedó tan muerta, como yo quería. ―Gruñí enfadada.

―Todos los monstruos vuelven a la vida. ―Me recordó Annabeth.

―Sí, pero esperaba... no lo sé: un descanso de un mes ―dije nerviosa, preparé mi vara, lista para encajársela en la frente, cuando me pasara por el lado. Entonces, algo sucedió, vi una sucesión veloz de imágenes, pasar por mi mente:

El rayo maestro siendo agarrado, en la mismísima sala del trono. Bajo las narices de los Olímpicos.

El rayo siendo entregado a un motociclista, por alguien desconocido.

El rayo siendo dejado, en una mochila.

El mismo motociclista, teniendo en su poder un casco.

Un parque acuático y un escudo.

―Debo ir al baño ―dijo la señora Dods. Mi mente susurró un nombre: Alecto.

―Yo también. ―Dijo su compañera. Ella era Tisífone.

―Yo igual. ―Dijo la tercera anciana. Megara.

Las tres ancianas se acercaron a nosotros, cuando ingresamos en el Túnel Lincoln.

― "¡Annabeth, hay vienen!" ―chilló en un susurro un muy nervioso Grover.

―Juro por el Estigio ―dije lenta, pero claramente, mis amigas, mi amigo Sátiro y las tres Furias, me miraron. Yo tenía mi bastón, descansando contra mi hombro. ―Que ninguno de nosotros cuatro, ha robado nada. Absolutamente nada, a ningún dios olímpico. Por favor, otórguennos... una semana, para dar con los objetos robados.

―Estamos bajo el designio de lord Hades, hija de Gaia ―gruñó Tisífone. ―Si encuentras el rayo, será cosa tuya entregarlo.

―Por otro lado, querida ―dijo Alecto. ―Si encuentras el casco de lord Hades, quizás, y solo quizás: puedas ganarte su favor. Una semana Penny Jackson, ni un día más.

―Desciendan del bus, Lord Zeus está por atacar ―dijo Megara sonriente.

Los cuatro nos miramos.

― ¡Mochilas! ―dijo rápidamente Reyna, nosotros descendimos, y vimos el bus explotar. Rápidamente, los cuatro corrimos por un camino, alejándonos al menos un poco, de los edificios y la zona urbana. Pronto, llegaríamos a una zona más bien semi-campo y semi-boscosa, a lo largo de la rivera de Nueva Jersey.

El olor de unas hamburguesas nos llamó la atención, cuatro estómagos rugieron, nos sonreímos tímidamente nosotras tres, Grover no nos prestó atención. Lo normal, era que los hombres tuvieran hambre, que sus estómagos rugieran y ellos tan calmados. A nosotras, nos dio algo de pena, en fin, cruzamos el camino, hasta un negocio de venta de gnomos de jardín. «Tía M, emporio de los gnomos de jardín»

― ¿Qué es esto? ―preguntó Annabeth. Así que ella, también tuvo un mal presentimiento. La puerta fue abierta por una alta mujer, con rasgos de oriente medio, quien nos atendió y nos sirvió unas hamburguesas. ― ¡Qué bien, justo lo que había olido!

Conversamos algunos instantes con la mujer de rasgos medio orientales, quien fue muy amistosa con nosotros, sirviéndonos hamburguesas, papas fritas extra largas y batidos de fresa y vainilla.

Fue muy tarde, cuando mi cabeza hizo "Click", cuando ella se lanzó a atacarnos, cuando su piel se volvió verde, le crecieron garras, sus dientes fueron reemplazados, por una hilera de colmillos y sus ojos se volvieron escarlata, pero todos desviamos la mirada. Hice girar mi bastón rápidamente, dándole a la mujer en la cabeza, antes de pisar el suelo, ella gritó de dolor, cuando la tierra cobró vida, le agarró y aplastó la mano derecha, parte de su pierna derecha, fue afectada por más tierra, hiriéndole.

Annabeth activó su escudo y gracias al reflejo, y a que estaba indefensa, la decapitó. ―Medusa ―gruñó. ―Me reconoció. La muy perra, reconoció los ojos de mi madre.

―Poseidón y Medusa, tuvieron relaciones sexuales en el templo de Atenea. Una tontería por parte de ese par ―dije. Reyna asintió.

―Vengan, veamos si hay algo útil ―dijo Reyna, mientras que yo, de forma despreocupada, pasaba a devorar mi hamburguesa, y guardaba la cabeza de Medusa, en mi saco.

― ¿En serio? ―me preguntó Annabeth, incrédula, mientras yo guardaba la cabeza vendada de los ojos, en mi mochila.

―En serio ―aseguré.

― ¡Oigan! ―nos llamó Reyna, trayendo unos papeles. ―Hades y Perséfone, han estado pidiéndole una dotación de gnomos de jardín.

― ¡Excepto que aquí no hay gnomos! ―dijo Grover chillando y sufriendo de escalofríos.

― ¿Alcanzó a enviarlos? ―pregunté.

―No.

―En ese caso: vamos a auxiliar, a que el jardín de Perséfone se vea más bello ―fui y saqué una caja del almacén de Medusa y coloqué, en su interior, varios gnomos/niños.

Nos llevamos un papel.

Estudios de Grabación: «El Otro Barrio»

Hollywood Oeste, California.

Tras eso, vagamos, habiéndome llevado, unas cuantas cosas de Medusa (principalmente comida), y acabamos acampando en una cueva, dormíamos por turnos.

Y en medio de eso, descubrí la historia de Annabeth, Luke, Thalía y Grover, hace cinco años, cuando Thalía se sacrificó, cuando fue transformada en un árbol, cuando Luke se salvó por poco, al recuperar el fruto de las Hespérides y casi fue asesinado por Ladón.

Annabeth, cayó en la cuenta de que buscaban algo. Quizás el rayo, aunque las Furias eran sirvientes de Hades.

Miré a Annabeth, y lancé un tiro a la oscuridad, ¿y si Hades también perdió algo?

Cuando fui a dormir, descubrí que no soñaba, sino que recordaba.

Recordaba una vida pasada.

Recordaba haber sido un Hijo de Poseidón, en mi otra vida.

Un chico llamado Perseo "Percy" Jackson.

Por algún motivo, fui devuelto a la vida, pero ahora como una chica y mi otra madre era Gaia.

¿Por qué?

¿Algo salió mal en la ocasión anterior?

Ante mí, apareció el vació, pero ahora sabía lo que era: El Tártaro y, en su interior, la voz de Cronos.

Haz un trato conmigo, tráeme el rayo. Los dioses te están manipulando, chiquilla. ―Me dijo.

― "¿Estás tratando de despertar?" ―susurré, él me escuchó y aunque no hubo voz, entendí aquel nuevo silencio, como una respuesta afirmativa. ― "¿Y por cuanto tiempo reinarás, antes de que la Madre despierte?" ―Sonreí, y liberé mi poder divino, y desperté. Grover había encontrado un amigo, un perro Poodle de color rosa.

Reyna me entregó un plato de comida. ―Hay que seguir.

―De acuerdo ―dije, mientras comía.

Al terminar, mi hermana y Annabeth, señalaron un letrero. ―Hay una estación de Amtrak, a una milla, vamos.

―Vamos ―dije yo, mientras las veía reñirse, y creí entender el porqué: Annabeth era hija de Atenea, quien era la diosa de la guerra con una estrategia.

Reyna era la hija de la esposa de Marte, y él era el dios de la guerra cruel y pura.

Suspiré, y seguimos nuestro camino, para tomar un tren, que nos llevara hasta Los Ángeles, a Hollywood, y a encontrarnos con Hades y Perséfone.

Fueron dos días en tren, a través de colinas, ríos y campos.