—Sage. Sage, por favor, espera.

Era la primera vez que la veía tan afectada. Llorando, evitándome... Era extraño y algo en la oficina de Lena lo había desencadenado. No me había atrevido a escuchar, estaba intentando dejar de lado ese tonto poder para cuando fuese necesario. Pero resulta que ahora me estaba arrepintiendo un poco. ¿Acaso Lena la había despedido? ¿Qué le había hecho para dejarla así?

Sage entró al cuarto de impresión y se dejó caer en un banco, manteniendo en todo momento una carpeta que había llevado a la oficina de la jefa pegada al pecho. Atenta a su posible reacción me acerqué lentamente y me arrodillé frente a ella.

—¿Quieres contarme qué pasó?

Su mirada enrojecida y cristalizada vaciló un segundo en el suelo hasta que me miró a los ojos.

—Solo fue una equivocación en la impresión. No revisé bien y... Fui muy torpe.
—¿Estás bien? —Sage asintió. Las comisuras de sus labios se elevaron un poco, forzando una débil sonrisa. Acaricié su mejilla y limpié las lágrimas—. Solo fue un error, todos cometemos errores. Pero no implica que te traten así.
—Kara, no te preocupes. Estoy bien ¿de acuerdo? Solo me afectaron un poco las palabras de Lena, debí saberlo antes de darle los artículos equivocados.

Iba a preguntar una tontería, algo que fugazmente apareció en mi mente, pero no quería hacerla sentir peor. En cambio me puse de pie y le extendí la mano.

Una vez se puso de pie evité interesarme por el contenido de la carpeta. Algo allí había hecho que Lena dijera cosas no muy amables, cosas que la hicieron sentir tan mal que apenas podía mirarme. Aún así, me pareció una estupidez. No tenía derecho a tratarla de ese modo.

—¿Te encuentras mejor?
—Solo porque estás aquí —su tono era tímido y las ganas de besarla me nublaron la mente. Pero no aún. No cuando estaba tan frágil y mal. Fue así que la abracé con toda la fuerza que podía permitirme y sus propios brazos me apretaron más contra su cuerpo. Odiaba verla así y más me enfurecía que la razón fuera mi ex—. Deberías volver a tu escritorio, Kara.
—No voy a dejarte sola.

Me sonrió, esta vez en grande y real, se secó las mejillas húmedas y despacio podía percibir como se recuperaba a sí misma.

—No quiero que te echen la bronca a ti también —murmuró medio riendo, pero no llegó a hacerme gracia y supongo que lo notó porque apoyó una mano en mi barbilla y miró directo a mis ojos—. Estoy bien ¿si? Por favor solo ve, no me lo perdonaría si tienes problemas por mi culpa.

Suspiré pesadamente y a regañadientes asentí, no muy contenta con la idea de dejarla sola pero tal vez era lo mejor.

—Me escribes si necesitas algo, ¿si? ¿Quieres ir a algún lugar después de salir de aquí?
—¿Acaso me estás invitando a una cita? —dijo levantando una ceja. Sentí que cierto calor me subía a las mejillas y me apresuré a caminar hasta la puerta.
—Solo si la aceptas tal vez lo sea.

Me quedé con la sonrisa de Sage en la cabeza después de salir del cuarto y una sensación cálida en el pecho. Lena no podía tratarla así por un tonto error. La adrenalina me subió de pronto porque quise ir hasta la oficina y confrontarla. Pero ella ya no estaba y en cambio era Sam la que ocupaba su lugar.

Decidí que lo mejor sería quedarme a terminar mi trabajo, quizás hasta podría salir antes y planear algo para Sage. Pero cuando fue la hora de salir mi mente quedó en blanco. ¿Qué podía ser de su agrado? Ya habíamos salido demasiado al cine las últimas semanas, cenado comida rápida en su auto frente a la bahía y hecho otras cuántas tonterías como bailar en su bar o verla emborracharse en plena madrugada de fin de semana. Todo dentro de lo... Amistoso.

Nada entre nosotras había pasado pero ya no me cabía ninguna duda, me gustaba. Me gustaba estar con ella, pensar en las posibilidades y lo que podría significar si dejaba avanzar un poco más mis sentimientos. Se me ocurrió entonces una estúpida idea.

Kara: ¿Sigues en la oficina?

La respuesta no tardó en llegar.

Sage: Estoy a cinco minutos de llegar a casa, gracias a dios. ¿Tú dónde estás?
Kara: Por suerte llegué a mi bello hogar hace un rato. Me preguntaba si querías venir luego, vendrán personas que quiero que conozcas.
Sage: Esto se va poniendo serio, me gusta, me gusta.
Kara: Eres una idiota.
Sage: No preguntaré de quienes se trata pero tú dime a qué hora es y allí estaré.
Kara: ¿A las nueve está bien para ti?
Sage: Por supuesto, dulzura. No mueras mucho por mi ausencia hasta entonces.

Cuatro horas y media después faltaban treinta minutos para que Sage llegara y la verdad era que hace tiempo no estaba tan nerviosa. ¿Acaso había sido una idea muy apresurada? ¿Se espantaría por cenar en mi casa?

—Kara, ¿en dónde metiste las botellas de vino? —preguntó Alex desde la cocina.
—Oh, el vino —inhalé hondo recordando que había olvidado comprar el estúpido alcohol. ¿Y si mejor tomábamos una soda? No me sería nada diferente.
—Está bien, yo voy.
—No, no —le corté a mi hermana antes de que fuera a por su chaqueta. Soy yo la de la super velocidad y bla, bla—. ¿Puedes cuidar que Maggie no se coma nada antes de que Sage llegue?
—Te escuché, rubia.

Maggie se hundió más en el sofá, más impaciente que de costumbre y con una expresión un poco fastidiada. No sé si por la falta de comida, alcohol o ambas cosas.

—Volveré en un momento.
—¿Y si llega antes? —repuso Alex, sacando una fuente del horno. Puse los ojos en blanco y me hice con algo de dinero.
—En ese caso la entretienen un rato, pero no será necesario.
—Alcohol, rubia, alcohol —gruñó mi amiga sin despegar la vista del televisor.

Volé fuera de mi apartamento antes de escuchar más quejas y me elevé en el cielo. Aunque era un poco imprudente de mi parte no volar como Supergirl, la noche ayudaba a ocultarme de alguna manera. Fui lo suficientemente rápida para atravesar el cielo unas cuantas calles hasta la tienda más cercana, aterrizar por el callejón y dar la vuelta hasta el frente. Pan comido y solo había pasado medio minuto.

Mientras intentaba ubicar el sector de los vinos mis nervios se mezclaron un poco con la emoción. Quería hacer las cosas bien con ella porque sabía que valía la pena. Me hacía feliz pasar tiempo juntas y me alegraba más de lo que podía expresar saber que tal vez Sage era la indicada.

Al doblar por uno de los pasillos al fin encontré los gloriosos vinos. Perdida como estaba en mis asuntos no me di cuenta de la presencia de cierta mujer a unos tres metros de mí.

Lena estaba vestida bastante más informal que en la oficina y llevaba lentes de sol. Para cualquier otro habría sido difícil reconocerla, cualquiera menos yo. Primero creí que lo mejor sería tomar lo mío, darme la vuelta y desaparecer antes de que se diera cuenta de que la estaba observando. Pero luego observé las dos botellas que sujetaba en un brazo y como agarraba otra más con la mano libre. Mi tonta naturaleza no me dejó ignorar eso y estuve a su lado en cuestión de segundos. No sé de dónde salieron esas agallas pero le quité de la mano la última botella de vodka que había elegido y la devolví a su lugar.

—¿Qué estás haciendo? —dije controlando mi propio tono. Lena giró la cabeza muy despacio y no estuve segura de que me hubiera reconocido hasta que exhaló muy pesadamente.
—De nuevo tú.

Me dio la espalda y comenzó a caminar en dirección opuesta a mí, de a momentos tropezando. No me fue difícil darme cuenta de lo que pasaba.

—Lena, ¿estás borracha? —levantó una mano en el aire y vagamente la sacudió. No sé si restándole importancia al asunto o diciéndome adiós. De golpe exasperada la seguí y me puse frente a ella para detenerla, le quité las dos botellas y las puse en un sitio cualquiera—. Ya tomaste demasiado.

Me ignoró por completo e hizo ademán de volver a alcanzarlas pero no la dejé. Lo que significó tener que tomarla por el abdomen y volver a sentir su cuerpo muy pegado al mío. Dejó de luchar en aquel momento y casi creí que se caería por el poco esfuerzo que le ponía a seguir de pie pero la atraje más a mí. Su piel olía a alcohol puro. Miré mi reloj y solo faltaban quince minutos para que Sage estuviera en casa, imaginé que era suficiente para llevar a Lena hasta la suya y volver así de rápido.

—Bien, te llevaré a casa.
—Puedo volver sola —musitó poniendo las manos en mi pecho y separándose de mí. La dejé caminar sola desde una corta distancia y un momento después acabé con ella en el estacionamiento. Cuando rebuscó en sus bolsillos y sacó la llave del auto tuve que controlar mi enojo.
—¿Conduciste hasta aquí?

Lena levantó la cabeza como si ya hubiera olvidado que yo seguía ahí. Fingió una expresión de lo más inocente cuando respondió;

—¿... No?
—Dame las llaves —dio un paso atrás, rehusándose, y acabó chocando contra su propio auto—. Lena Luthor, dame las llaves.
—Eres. Un. Verdadero. Fastidio.

Me las entregó y el contacto frío de sus dedos en mi palma me afectó sin razón.
Cinco minutos después y tras haber luchado para que se pusiera el cinturón estaba manejando en dirección a su casa. Al quitarse los lentes noté al instante que estaban rojos.

—¿Qué estabas pensando? —dije ya sin aguantar. Lena apoyó la frente en la ventana y me sentí más impotente—. No puedes conducir así. Todavía no sé cómo llegaste ilesa a la tienda. Si hubieras chocado...
—Seguro te habrías preocupado tanto —murmuró. Su voz ya no sonaba como la suya.
—Lena, hablo en serio. No puedes permitirte este tipo de cosas. Tienes que ser más responsable.
—Está bien, mamá.

No me miró en todo el camino de regreso y yo no dije más. No sé qué hacía aún con ella, bien podía haber llamado a alguien, a Sam tal vez. Faltaban cinco minutos para las nueve y yo estaba con Lena. Sería un buen motivo para darme una bofetada a mí misma.

Cuando detuve el auto en frente de su casa me volví hacia ella.

—Ya estamos aquí, ¿hay alguien dentro? —no hubo respuesta alguna, Lena estaba profundamente dormida—. No inventes ¿en serio? Bien, vas a deberme una muy grande después de esto, te lo aseguro.

Sacarla del auto no fue difícil. Difícil fue tener que meter la mano en cada uno de sus bolsillos para encontrar la llave de su casa y cuando lo hice por poco la dejo caer al suelo. A Lena, no a la llave.

—Creo que estoy teniendo un déjà vu —señalé, abriendo de una vez por todas. Volví a cargarla en brazos y su falta de conciencia no me hizo sentir mucho mejor. Cerré con el pie y varias luces se encendieron a nuestro alrededor—. ¿Por qué tiene que ser tan grande?

La respiración irregular de Lena rebotaba en mi cuello mientras caminaba en dirección recta. Tendría que encontrar alguna habitación en algún momento, el problema era que en una casa así era difícil distinguir qué era qué.

—Oficialmente estoy llegando tarde a una cita, eso sí que no...

Me detuve al entrar a una sala en especial y lo único que pude mirar fue el sofá en el medio. Había un maletín al costado, creo que era el mismo que le habían llevado hace unos días a CatCo y que tanto la había alterado. Su corazón había latido demás al ver lo que contenía. Pero el sofá...

No estaba familiarizada con esas cosas. Pero unas dos o tres veces Alex me había explicado lo que eran y para qué servían. Por supuesto nunca me había detenido a pensar si en mí harían efecto. Pero mientras más veía las pequeñas bolsitas blancas, varias pastillas y demás tipos de drogas el pecho se me cerraba dolorosamente.

Lo único que pude lograr en ese momento fue sujetarla más en mis brazos y buscar de una vez su habitación. No sé si era la suya cuando pude después de varios minutos encontrar un cuarto y acostarla en la cama.

Lena se removió y frotó sus ojos. Yo, por mi parte, necesité sentarme.

—Voy a ponerte una orden de restricción —dijo frunciendo el ceño al abrir los ojos y encontrarme a su lado.
—Sí, tal vez funcionaría —respondí regresando la vista al suelo. No lograba entender porqué me habían dado unas tontas ganas de llorar. Pero sí sabía que lo que Lena había estado haciendo me angustiaba en extremo.
—¿Qué haces aquí?
—No lo sé.

Se relamió los labios e imaginé que le costaba encontrar las palabras después de haber estado tomando tanto y... Bueno, aquello otro.

—No le digas a Sam.
—¿Decirle qué?
—Nada de... esto.
—No es como que tengamos la mejor relación de todos modos.
—No le menciones lo que viste —replicó cerrando los ojos.
—Lena...
—Nadie tiene que saber, ahora ven aquí, necesito calor —me la quedé viendo perpleja y Lena volvió a mirarme cuando no hice ningún atisbo para moverme. ¿Había escuchado mal o... ?—. Sé que tu cuerpo es caliente, acuéstate conmigo.
—No es lo correcto, Lena. Tengo que irme.
—No te vayas.

Podría ser producto del alcohol, o algún resto valiente de alguna droga que la hacía actuar así. Pero de todos modos no sabía cómo tomar aquello. La Lena de siempre apenas podía mirarme sin hacerme notar su disgusto y ahora quería que me quedara. No era mi lugar, no podía dejar a Sage plantada, y aún así... Lena estaba vulnerable y no tenía alma para dejarla sola otra vez.

—Me quedaré hasta que te duermas —dije cuando estuve a su lado en la cama, me quité las gafas sin vacilar y Lena me miró fijamente.
—Nunca he olvidado tus ojos.

Y eso fue todo lo que dijo antes de cerrar los suyos y caer en un sueño profundo. Hace mucho tiempo que no me sentía tan vacía y llena al mismo tiempo. Y todo era por ella.


Lena se había dormido hace una hora y media y yo seguía preguntándome internamente qué era lo que me retenía allí. Ni siquiera había traído mi celular y eso empeoraba todo. No sabía lo que había pasado en mi casa pero era un hecho que Sage seguramente me estaría odiando. Pensar en que la había dejado plantada a causa de mi ex era cien veces peor.

Lena estaba hecha una bola a mi lado. Sus manos tocaban ligeramente mi costado derecho, su rostro estaba relajado al fin y su respiración había vuelto a la normalidad. Podía irme y era lo único que debía hacer pero no aún, me dije, no quería dejarla sola todavía.

Así que esperé. Por muy idiota que me sentía por dejar a Sage sola y a Maggie y Alex sin noticias, ya era muy tarde. Encendí el enorme televisor y lo dejé en silencio. Me entretuve con un programa sobre ciencia hasta que acabó cerca de las tres de la mañana. Ni siquiera había notado el paso de las horas, no había pensado en nada más ni tenido otra cosa en cuenta más que el latido tranquilo del corazón de Lena. Y era una estúpida por eso.

Recuperé la sensatez, apagué el televisor y me levanté de la cama. Sabía que no podía irme solo así, dejarla sin nadie que la vigilara no era la mejor de las ideas. ¿Pero a quién iba a llamar a esta hora?

Opté por la opción más obvia, Sam. Por unos buenos diez minutos estuve buscando por todas partes el celular de Lena. Justo cuando pensaba en rendirme y buscar otra manera lo hallé bajo una pila de hojas con cálculos y números. Regresé a la habitación y Lena, por suerte, seguía durmiendo de la misma manera. Inalterable a lo que sucedía a su alrededor.

Escribí un 'Ven' tonto y seco. No era yo quien sabía cómo se escribían entre ellas así que no iba a exagerar, solo esperé que la no-jefa estuviera mágicamente despierta y viniera al rescate. Ya iba a salir por la ventana cuando algo me detuvo.

Lena me había pedido que no dijera nada, algo ebria y medio drogada, pero era un pedido al fin. Sabía que Sam no se tomaría nada bien ver el salón repleto con drogas de todo tipo. Pero tal vez era algo bueno, tal vez ella sabría cómo ayudarla y evitaría que volviera a suceder.

Y aún así me vi regresando hasta la sala. Junté en una bolsa todo el desastre de pastillas, la cocaína y el resto de cosas que no quería detenerme a identificar. Limpié la mesa y el sofá lo mejor que pude, supuse que para el ojo común aquí no había pasado nada.

Casi volé hasta el cuarto de Lena. Vaya, hace muchos años que no pensaba en la posibilidad de volver a pisar siquiera el mismo suelo que ella. Y era una rara sensación. Regresé a la ventana que daba al balcón y la miré una última vez. Deseé que estuviera bien, todo este tiempo había pensado que lo tenía todo y era completamente feliz, que no tendría este tipos de problemas. Y así la encontraba. Con un aspecto terrible y de todos modos siendo más que hermosa. Ese siempre había uno de sus mejores dones.

Volé lejos de su casa con la bolsa en una mano y la tiré en un incinerador a tres ciudades de National City. Un problema menos que esperaba no se convirtiera en algo de lo que me arrepentiría.

Cuando llegué de una vez por todas a mi departamento Maggie estaba, todavía, en el sofá mirando la televisión. Levantó una botella de lo que pareció cerveza en mi dirección en señal de saludo y caminé con desgano hacia ella.

—¿Qué haces despierta? Faltan como veinte minutos para las cuatro de la mañana.
—Supuse que te gustaría hablar —indicó, llevándose la botella a los labios—. ¿Y bien?
—¿Qué pasó con Sage? Rao, me siento pésimo.

Me alcanzó una botella de una pequeña hielera a su lado y sin otra cosa que hacer la acepté y la abrí.

—Tu noviecita nunca apareció.
—No es mi... Espera, ¿cómo dices? —Maggie asintió a mitad de un bostezo.
—Sage no vino, habrá tenido un inconveniente o algo por el estilo. Créeme que la maldije unos treinta y cuatro minutos porque estaba muriendo de hambre y ella ni que llegara.
—No lo entiendo...
—Es obvio que no estaba contigo pero lo que me interesa saber es dónde estabas tú.

Dada la expresión que utilizaba para intentar averiguar todos mis secretos aparté la vista. A Maggie le resultaba muy fácil adivinar lo que me pasaba sin tener que decir nada.

—Es complicado y es tarde —le advertí—. ¿Alex se fue temprano?
—Tu hermana está durmiendo en tu cuarto. Tienes que saber que odio desaprovechar la oportunidad de acostarme con ella y dejar nuestros dulces restos de pasión en tu cama solo para escucharte.
—Oh, cállate, todavía tengo pesadillas de cuando las encontré en el baño.

Sí, ese detalle tan minúsculo... Maggie y Alex salían desde hace un año y medio. No sé cómo ocurrió, no tengo idea cómo lo acepté tan a la ligera pero aquí estábamos.

—¿Vas a hablar o no?
—¿Sobre qué?
—Tú sabrás, Kara.
—Pues no, no lo sé —murmuré. No se me daba bien mentir y menos con Maggie. Mi mejor amiga tenía un perfecto y certero radar para encontrar la más pequeña grieta de duda en mí.
—Está bien.

Su repentino cambio de ánimo me sorprendió. Era parte habitual de su personalidad ignorar de lo que hablaba hace medio segundo pero en este caso supongo que me favoreció. Me sonrió con todos los dientes y sin yo verlo venir, me abrazó. De hecho se quedó más tiempo del necesario.

—Hueles a tequila, ron y... Más tequila —sentenció con la voz muy seria, sin soltarme. Unos cinco segundos después se alejó y me escudriñó con la mirada de pies a cabeza hasta regresar a mis ojos—. Cocaína de la buena y...
—¿De qué demonios estás hablando? —se acercó a mi rostro, olió mi cabello y mi ropa. Ya me estaba asustado su conducta cuando todo su ser volvió a la normalidad y se separó del todo.
—Marihuana.
—Ahora sí que perdiste la cabeza.
—¿En dónde estabas, Kara?
—No soy ninguna admiradora de tus interrogatorios tontos.

Maggie se rascó la barbilla y me estudió detenidamente, pensaba para sí misma y yo estaba casi a punto de decirle la verdad para que solo dejara de verme así.

—No muchos se pueden permitir drogas de esa calidad en National City, obviamente tú no te drogaste porque eres Kara Danvers y el chiste se cuenta solo.
—¡Oye!
—También hueles a alcohol importado. Lo que significa que te bañaste en una piscina con carísima y elevada graduación alcohólica o... Estabas realmente cerca de alguien que sí se dio la fiesta de su vida con toda una serie de...
—Maggie, ya basta —interrumpí. Mi amiga solamente me sonrió y volvió a beber de su cerveza sin dejar de tener en los ojos ese brillo particular cuando estaba por descubrir algo.
—Estabas muy emocionada por presentarnos a Sage, realmente entusiasmada, era lo único que tenías en mente hasta que te fuiste y no regresaste. Si tengo en cuenta todo lo anterior solo me queda pensar que con quién estuviste es indudablemente mucho más importante que cualquier cena o cita con Sage. Multimillonaria, drogas y alcohol de la mejor calidad y la marca irremediable de melancolía que solamente Lena Luthor te puede dejar en la cara. Estuviste con ella.

Me había quedado sin palabras apenas había mencionado el alcohol. Pero esta vez no tenía los ánimos para preguntar cómo lo hacía, solamente dejé caer las barreras y suspiré. Bebí gran parte de la cerveza aunque no lograse ahogar ninguna de mis penas.

Le conté lo que había pasado desde que encontré a Lena en la tienda, incluso la vergonzosa parte de quedarme en su cama mientras dormía. Maggie se limitó a escucharme y cuando terminé, no se mostró demasiado sorprendida.

—Ustedes nunca aprenderán —suspiró negando con la cabeza.
—No es lo que piensas. Además, tú harías lo mismo si ves a tu ex borracha. Sería una estupidez dejarla conducir en ese estado.
—Intenta explicarle eso a Sage, ah espera, tampoco llegó —le di un suave golpe en el hombro y Maggie se rió todavía más. Era todo un alivio no cargar con la culpa de dejarla plantada por nada menos que mi ex, pero me preocupaba. Me estiré hasta alcanzar mi celular en la mesilla y rápidamente verifiqué mis mensajes. Nada de nada. Siendo ya las cuatro de la mañana no ví correcto escribirle recién ahora.

—¿Crees que fue un error quedarme con Lena?

Maggie bajó más la voz en tono confidente pese a que solo éramos nosotras dos en la sala.

—Estoy segura de que le ahorraste más de un problema esta noche, claro que no podías dejarla volver sola, ni permitirle andar por ahí así. Pero a lo que voy es que tú decidiste quedarte, no sé si por error, pero en algún momento llegaste a la conclusión de que era mucho mejor la compañía de una inconsciente Lena a estar con Sage a pesar de que tú misma la invitaste.

Nos quedamos calladas un rato y Maggie cambió de canal sin darle realmente mucho atención a lo que veía. Poniéndolo de esa manera claro que mi amiga tenía un punto. Había elegido quedarme con una persona que me toleraba poco y nada y, literalmente, prefería pensar que estaba muerta. Era muy patético de mi parte y ya comenzaba a lamentarme.

—Soy una estúpida.
—Es lo que te vengo diciendo desde... ¡Ya, ya! No me veas así —se defendió, levantando las manos en el aire. Se frotó los ojos y suspiró—. Rubia, rubia... ¿Qué haré contigo?
—Solo me queda esperar que Lena no recuerde nada.
—No está bien que seas tú la única que cargue con lo que pasó.
—Pero nada realmente pasó...
—Exacto.
—Mejor ya ve a dormir -dije quitándole la cerveza y apagando el televisor—. Tienes suerte de que mañana sea domingo, anda.

Maggie apoyó la mano en mi hombro con gesto comprensivo y se levantó del sofá. Un minuto después me había vuelto a quedar sola con mis pensamientos, replanteando cada una de mis equivocaciones y los errores que evidentemente me seguían a todas partes sin yo poder evitarlos. Tenía un imán para hacer todo de la manera incorrecta y ya estaba cansada de seguir lo que mi instinto dictaba. Tenía que obligarme a pensar con la cabeza.

Por el resto de la noche no hice más que escribir cosas sin sentido en mi portátil. Eran casi las seis, no me había molestado en dormir y el aburrimiento me hizo reparar en el libro de Lena que no había terminado aún. Desde la conversación en el elevador que no quería acabarlo. Me preocupaba su final, más todavía lo que podría referenciar a nuestra relación y mi posible y explosiva manera de tomarlo.

Y lo ignoré, no tenía ganas de pensar más en Lena ni en lo que quería decir en un libro. En cambio tomé mi celular y me pregunté si sería muy imprudente escribirle a Sage a estas horas. Lo mejor será no despertarla, pensé para mí misma, al fin y al cabo era su único día para descansar.

Por las siguientes cuatro horas lo mejor que pude hacer fue salir a la ciudad como Supergirl. No había demasiado trabajo, casi nada, uno que otro crimen simple o alguna persecución. Por lo que no sirvió en mucho para distraerme pero sí para pasar el tiempo.

Cuando regresé mi hermana estaba sentada en la cocina con el aspecto de haber despertado hace poco.

—Buen día —no me molesté en quitarme el traje, solo me quedé vestida como mi alter ego y me senté frente a ella. Alex me saludó con un movimiento de cabeza.
—Solo tú puedes trabajar un domingo.
—Es muy terapéutico. —Le aseguré revisando mi teléfono rápidamente, seguía sin tener novedades de Sage. Resolví que le enviaría un mensaje en un rato.
—Supongo que Maggie te comentó que Sage no vino anoche.
—Me lo ha dicho. Um, de causalidad... ¿Hablaron de algo más? —sus ojos somnolientos parpadearon con curiosidad.
—No, ¿por qué?
—Solo preguntaba.
—¿En dónde estabas tú a todo esto? —ahí aparecía la Alex que no perdía oportunidad para intentar averiguar lo que ocultaba, incluso aunque no hubiera nada que ocultar.
—No tendré esta conversación ahora, Alex.
—Pero...
—Es muy temprano y apenas te mantienes con los ojos abiertos. ¿En dónde está tu novia?
—Le dije que tenía ganas de chocolates —dijo bostezando—, y se fue hace cinco minutos.

El resto del domingo consistió en enviarle a Sage una cantidad de mensajes que hasta cierto punto me resultaron molestos en exceso. No quería ser pesada pero era extraño que no me respondiera, todo era peor sabiendo que ayer no había aparecido.

Cuando quise ir a su casa, Maggie, que seguía aún con mi hermana en mi departamento me detuvo.

—¿No crees que le surgió algún problema y por eso no quiere verte?
—Me lo diría —repuse casi a la defensiva. Mi amiga levantó una ceja—. Confío en ella, Maggie, algo debe haberle ocurrido.
—¿Por qué no esperas hasta mañana? Si no está en la oficina...
—Habré perdido el tiempo.
—Por esta vez quizás es mejor que no sigas tus impulsos ¿me oyes? Hablo en serio, Kara, no quiero verte confundida por dos mujeres en un solo fin de semana. Sage debe de estar bien, ahora tú ve a darte una ducha, le diré a Alex que me ayude a cocinar.

Me extrañaba que las dos se quedaran todavía y sospechaba en parte que tenía algo que ver con no dejarme sola. Pero por primera vez le hice caso y asentí desanimada.

No tengo idea cómo sobreviví la incertidumbre hasta el día siguiente.

Quería ver a Sage, pero una muy pequeña parte también necesitaba ver a Lena para asegurarme de que estuviera bien. Con el estado de embriaguez y vaya a saber qué drogas en su sistema podría haberle sucedido cualquier cosa después de haberme ido. Tal vez recuperar la conciencia y quién sabe... Algo peor.

Lo primero que advertí cuando entré fue que el escritorio de Sage estaba vacío. No en el sentido de pleno abandonado, muchas de sus cosas seguían ahí, pero ella no. Sage no había llegado y se lo debí a que los lunes por lo general le tocaba llegar una hora más tarde.

Para peor mis nervios no demoraron en aparecer al ver a Lena cruzar la oficina sin mirar ni saludar a nadie hasta que llegó a la suya. Era usual verla bastante animada para con los demás empleados, pero hoy simplemente estaba apagada. Tenía el rostro cansado y unas ojeras que el maquillaje ocultaba muy poco. Aparté la vista antes de que se diera cuenta de mi intromisión y trabajé por un largo rato sin muchos ánimos.

Hasta que todo se fue al demonio y cuarenta y cinco minutos más tarde dos policías aparecieron a mitad de la oficina. Lena ya los había visto y caminaba con prisa hacia ellos, los demás empleados, incluyéndome, solo éramos capaces de mirar.

—¿Les puedo ayudar en algo? —dijo mecánicamente. Uno de ellos leyó una planilla con rapidez y la volvió a mirar.
—¿Usted es Lena Luthor?
—Pues sí, ¿qué pasa? —era obvio su repentino cambio. Sabía que estaba alterada por el latido irregular que se resistía a dejar mis oídos. Apreté los puños a los costados solo para no levantarme. Cuando uno sacó unas esposas Lena dio un paso atrás.
—Tenemos orden de arrestarla. Usted es la principal sospechosa en el intento de homicidio de Sage Thomas efectuado el pasado sábado alrededor de las diez de la noche. Por favor colabore y no se resista.

Lena tragó saliva y se quedó sin habla mientras la esposaban. Por otra parte, yo estaba conmocionada. No era posible, Lena... ¿Qué rayos le había ocurrido a Sage? Los últimos días yo había tenido razón, le había pasado algo y había sido una imbécil por no investigar.

Entre el desastre de pensamientos en mi cabeza Lena puso sus ojos en mí cuando se la llevaban. Por primera vez en seis años me miraron suplicantes.


Era cerca del mediodía cuando Alex me tendió un diminuto frasco de color azul claro y se sentó a mi lado en el sofá. Apuré el líquido denso y sequé mis labios con movimientos torpes. Eliza le entregaba a mi hermana y a Maggie una gran cantidad de brebajes y medicinas cada mes. Al no poder mi madre ayudarme desde tan lejos, ellas siempre tenían lo necesario si algo malo ocurría conmigo.

Aunque yo pensé siempre que era innecesario y una perdida de tiempo y dinero, por una vez me alegré de contar con esa ayuda. El líquido que había tomado tenía una sencilla y simple función: calmarme. El sabor agridulce en mi boca casi podía sentirlo por todas partes, avanzando en mi organismo y de alguna manera también haciendo efecto instantáneo. Ya no temblaba, ni sudaba frío ni sentía que estaba hirviendo de calor. Todas esas estúpidas sensaciones me dejaron en paz y mi cabeza dio un respiro. Ser Supergirl era una cosa, pero tener que ser Kara Danvers y tolerar muchas veces el descontrol de mis poderes debido al más pequeño desencadenante... Era otra historia.

Viendo el cristal vacío entre mis manos me sentí de la misma forma. Sin nada dentro, capaz de quebrarme con la más ligera presión.
Alex dejó caer su mano en mi brazo con una delicadeza impropia de ella y la escuché a hablar.

—Maggie no tardará en volver —esperó unos instantes y al no oír respuesta alguna, prosiguió—. Imagino como debes sentirte, pero no te ayudará, ni a Sage. Sabemos que está bien ¿de acuerdo? Los policías dijeron que...
—Fue un intento de homicidio —completé por ella, por segunda vez desde que le había explicado lo que había ocurrido en la oficina después de regresar a mi casa sin importarme ni una pizca el trabajo. Mi voz sonó tan amarga que algo más se rompió en ese momento.
—Puedo preguntarle a mamá si hay algo más que pueda darte.
—No necesito más drogas.

Alex iba a decir algo cuando me puse de pie y la puerta de entrada se abrió de par en par. Maggie llevaba puesta la chaqueta de policía, lo cual quería decir que acababa de regresar de la comisaría a pedido de mi hermana. No mío. Yo apenas había podido explicar la escena con los oficiales y Lena en CatCo, luego había acabado en un estado de completo vacío sin saber cómo volver a la realidad.
La llegada de mi amiga despertó todos mis sentidos.

—Rubia, quizás debas sentarte.

El corazón me comenzaba a latir nervioso cuando cinco minutos después Alex ponía unas tres cervezas sobre la mesa del comedor y al fin, después de tanta espera y el suspenso, Maggie empezó.

—Al principio tuve que presionar a unos cuantos policías, ya sabes, no es mi caso y no puedo entrometerme. Pero cedieron al fin y al cabo y me encontré con el expediente de Sage —mi amiga miró a Alex, algo más nerviosa ahora y ésta asintió despacio para que siguiera. Maggie respiró muy hondo y regresó a mí—. Tuvo un accidente automovilístico a unas seis calles de aquí, a las nueve treinta y seis según la cámara de un edificio a pocos metros que captó todo. Uh... La cámara reconoció un auto, también su matrícula. Un auto que iba a toda velocidad, en una calle desierta, y embistió con todo en el lateral derecho del automóvil.

Mi estómago se revolvió y la cabeza comenzó a dolerme de tanto pensar.

—El auto era de Lena, Kara —sé lo mucho que le costó sacar esas palabras de adentro y mantenerme la mirada. No sabía que estaba apretando los puños debajo de la mesa hasta que Alex apretó mi hombro y preguntó.
—¿Es algo seguro? —Maggie solo asintió, su mirada estaba llena de lástima. ¿Hacia mí, Sage, Lena tal vez?—. ¿Pero cómo... ? No lo comprendo, no es que conozca demasiado a Lena, pero...
—Está grabado. No hay una imagen clara de quién iba conduciendo, todavía, pero fue su auto y... Pues me sorprende que haya podido sobrevivir a semejante choque. ¿Kara, estás bien?

Mis ojos estaban clavados en un punto de la mesa cuando comencé a negar.

—¿Qué pasa? —y negué otra vez, mis ojos ardían pero no iba a llorar. Las miré a las dos.
—No fue ella. No fue Lena.
—¿Qué? —murmuró mi hermana, más confundida que otra cosa. Maggie bajó la vista, ya de por sí entendiendo lo que quería explicar pero que Alex aun no sabía.
—Yo... Cuando salí a comprar las bebidas me encontré a Lena en la tienda. Estaba borracha y drogada, no pude dejarla sola. No habría dejado a nadie de esa forma —musité, evitando los ojos extrañados de Alex—. Ni siquiera eran las nueve cuando la llevé a su casa, en su auto y...
—Oh, no —exclamó mi hermana llevándose una mano a la cara, captándolo todo.
—Me quedé con ella hasta las tres o cuatro de la mañana. Yo estaba con ella, decidí quedarme con ella cuando debí haber estado aquí. Estuve con Lena cuando Sage...
—Para, Kara —dijo Maggie inclinándose y tomando mi mano con fuerza. Sus ojos marrones me miraron con determinación—. Detente. No quiero verte mal por esto, no quiero que sufras por algo que no fue tu culpa.
—Sabes que lo fue —repuse frunciendo el ceño. Mi hermana permanecía en silencio—. Si hubiera estado aquí habría escuchado el accidente incluso antes de que ocurriera. ¡Tenía que estar aquí!

Maggie suspiró y me soltó lentamente, volviendo a dejarse caer en su silla. Asintió, reflexiva, hasta que dijo;

—Si hubieras estado aquí entonces sería Lena en el lugar de Sage.
—No puedes saber eso.
—Tal vez podrías haber salvado a Sage a tiempo —dijo sencillamente—, tal vez escuchabas cierto acelerado irregular y en segundos lo habrías detenido. Pero sabes que a Lena le faltaba solo una botella más de alcohol para estrellarse en el primer edificio, ni hablar de todo lo que fumó e inhaló ¿verdad?
—Maggie —le advirtió Alex. Por mi parte tuve que alejarme de la mesa, de golpe estaba sofocándome.

Respiraba con mucha dificultad, como si alguien estuviera colocando ladrillos con el peso del mundo en mi pecho, uno sobre otro y otro hasta que el poco aire que me quedaba se extinguía. Al tratar de inhalar por la nariz no hacía más que ahogarme y si buscaba algo de dónde sostenerme todo se ponía negro. Era como verme a mí misma desde algún otro lugar, ver a mi cuerpo luchar por encontrar de nuevo el balance sin la posibilidad de tranquilizarse. Era como estar atrapada.

Escuché voces detrás de mí. Tonos alarmados y sonidos fuertes. Percibí un latido familiar, luego la risa inconfundible de Sage y el mundo desapareció.

—Creo que está despertando.
—¿Kara?

La voz de mi hermana la acompañó la sensación de algo medianamente frío en mi frente. Cuando al fin abrí los ojos, lo primero que intenté fue sentarme, sin éxito ya que Alex me regresaba al sofá.

—Estoy bien —me quejé.
—¿Cuánta luz solar has absorbido los últimos tres días?
—Odio que me pregunten eso —susurré. Sentí que mi cabeza todavía daba vueltas.
—Estabas teniendo un ataque de ansiedad —explicó con calma Alex—, después algo distinto desencadenó que te desmayaras. Kara, necesitas energía solar y lo sabes. No puedes pasar mucho tiempo sin ella sin que tu cuerpo comience literalmente a fallar. Esto... El accidente, Sage, Lena... No te hubiera hecho perder la conciencia si no...
—Oh, ya detente —pedí frotando mi sien—. No quiero este sermón ahora.

El silencio se instaló entre nosotras a la vez que me sentaba. Estaba mejor, eso era todo lo que tenía que importar.

—¿Cuánto tiempo estuve inconsciente?
—Casi una hora, preferí no avisarle a mamá, no quiero preocuparla.
—Gracias.
—Kara —era Maggie esta vez, me miraba implorante—, siento haber dicho lo que dije... De la forma en que lo dije. No era mi intención hacerte sentir mal.
—No te preocupes. Mejor dime si sabes más sobre la situación de Sage. Creo que nuestra conversación anterior se fue un poco por las ramas.
—Está en el hospital general. Según el archivo está fuera de peligro, solo se quebró el brazo pero aún está en observación, por si acaso.
—¿Qué harás? —preguntó entonces Alex. Yo me hundí de hombros incapaz de pensar en el siguiente paso sin sentir que era una estúpida.
—Lo correcto. Voy a ver a Sage pero antes tengo que sacar a Lena de la cárcel.

Ninguna de ellas dijo nada pero podía notar que al menos Alex tenía sus dudas. Maggie sabía la verdad pero mi hermana tenía sus reservas para con todo el mundo y era más de necesitar evidencia que creer a ciegas.

Para el momento en qué le pedí a mi amiga que me averiguara dónde estaba Lena presa ya eran pasadas las cinco de la tarde. Había sido un día exhaustivo y no era fácil pensar en lo que le diría una vez que la viera. Pero era lo que tenía que hacer. No podía quedarme callada y ver como todos creían que ella era la culpable, como tantos aseguraban que era algo obvio al ser una Luthor, que era de esperar que algo estuviera mal con ella. Yo sabía que era inocente y haría todo lo posible por ayudarla.

Al llegar a la comisaría acompañada de Maggie, le pedí al oficial de turno unos minutos con Lena antes de darle la información que le prometía. A regañadientes aceptó y lo seguí por un pasillo iluminado por una única y débil luz en el techo.

Tragué con dificultad cuando el policía se detuvo en una celda y la abrió para dejarme entrar. La oscuridad de ese pequeño lugar me engulló y me costó divisar dónde Lena estaba. Al usar las gafas mis poderes visuales quedaban inutilizados.
El hombre volvió a cerrar y se alejó hasta la puerta por la que habíamos entrado, dándome algo de privacidad que no creí que tendría.

Al principio creí que Lena dormía. Sentada como estaba en la cama, inmóvil y con la espalda recta pegada contra la pared daba esa impresión. Pero al acercarme un poco más y sentarme en una silla que arrastré frente a ella noté que me estaba mirando. La oscuridad no bastó para hacerme desaparecer y evadir esa expresión.

—Eres la última persona que esperaba ver.
—¿Cómo te sientes? —las palabras salieron de mi boca antes de pensarlas y ella hizo una mueca. Pero me preocupaba. Era la segunda vez que terminaba en la cárcel por algo que no había hecho. La primera antes en la universidad.
—¿Te importa? ¿Acaso no deberías estar con tu novia en este momento?
—No es mi novia, y sí, por supuesto que me importa.

Lena rompió el contacto y miró sus manos.

—¿Qué quieres, Kara?
—Sacarte de aquí. —Que dijera eso era lo que menos se esperaba. Sus ojos claros me encontraron de nuevo y parpadeó confundida. —Sé que no has sido tú, por eso vine.
—¿Cómo lo sabes?
—Eh... Pues digamos que sé de buena fuente que tú no causaste el accidente.
—De buena fuente —repitió, como si le costara trabajo entender. Inhalé y acomodé mis gafas en un gesto nervioso ante la forma en la que me veía.
—Salí de mi casa antes de las nueve y te encontré en la misma tienda a la que fui. Estabas borracha... Drogada, y pretendías comprar más alcohol y volver en tu auto. Por supuesto que no iba a permitirte volver así por lo que yo misma te llevé y, um... Yo estaba contigo, Lena. Yo me quedé contigo a la hora del accidente.

Lena se inclinó un poco, su cara quedó un poco más iluminada y más cerca de la mía. Pero su estado de pura confusión no hizo más que multiplicarse. Abrió la boca y aunque no pudo decir nada al principio, yo entendía bien que estaba costándole procesar todo.

—¿Estabas conmigo?
—Me quedé hasta las tres de la mañana por si despertabas. Le escribí a Sam antes de irme —me sentía una idiota. Sonaba como si tuviera seis años y le estuviera confesando a mi madre alguna maldad—. Lo que quiero decir es que vine para sacarte de aquí. No has sido tú, Lena, pero sé que alguien está tratando de arruinarte.

Lentamente se dejó caer de nuevo, conmocionada.

—Sabes que no es necesario que hagas esto —susurró.
—¿Lo harías tú si fuera yo quien estuviera en tu lugar? —ante su silencio mi estómago se revolvió desagradablemente; Lena apenas podía tolerar tenerme cerca. No sé por cuál razón recordar que ella me odiaba me hizo querer llorar, querer gritar, golpear lo primero que encontrase. A medida que en el pecho se me formaba un pesado nudo me levanté de la silla y la dejé en su sitio. El policía ya se acercaba cuando me volví hacia ella—. Voy a ayudarte porque eres inocente y nadie tiene que pasar por algo así.

Cuando la puerta ya se abría y yo ya pensaba en alejarme lo más pronto posible, Lena me sorprendió.

—Lo haría —dijo con claridad—. Si fueras tú en mi lugar, claro que lo haría.