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Disfraces

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"Portémonos mal"

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La puerta de la habitación se abrió dándole paso a una agotada azabache que ni bien dejó sus cosas en su silla giratoria, se tiró en su diván para descansar un poco. Había recorrido nuevamente varias tiendas de tela para sus últimas creaciones y algunos adornos que podrían serle útiles.

Con lo que ganaba haciendo prendas para sus amigos había logrado adquirir más material para futuros proyectos. Por una vez en su vida la idea de Alya sobre hacer una página para sus artículos de moda y diseño sí que le fue útil. Había tenido muchos pedidos, y francamente, no le molestaba hacer ropa, al contrario, era entretenido, pero todas esas peticiones lograron agotarla hasta tal punto en el que ya ni siquiera podía ver un carrilete de hilo y agujas sin agotarse en el proceso.

Suspiró mirando hacia el techo escuchando el sonido de Tikki sobrevolando la habitación para ir hacia su computadora y poner una de las canciones de Clara. Esa era su rutina cuando llegaban desde algún lugar fuera de casa.

—¡Oh, Marinette! Parece que Chat te ha dejado algo, mira hasta tiene una nota — despegó con cuidado el post-it y se lo entrego a su dueña, quien lo tomó con curiosidad y algo de emoción al enterarse de que era de parte de su minino.

Teniéndola en manos, comenzó a leer lo que ponía la nota.

"Úsalo y ven a buscarme en nuestro lugar de encuentro.

Trata de no llegar tarde, ma petite douce.

Att: CH"

Arqueó una ceja confusa al terminar de leer esa inesperada nota que venía adherida al paquete. Así que se levantó y lo buscó por donde estaba su computadora, tomándolo con cuidado para detallarlo mejor.

Se encogió de hombros y lo abrió, quedando sorprendida por lo que encontró dentro de este.

«¿Quiere que use esto?» — pensó mirando con los ojos abiertos de par en par el delicado atuendo que reposaba dentro de la pequeña y delgada cajita.

Reparó su visión en la nota y el contenido de la caja una y otra vez hasta que su mente le reprodujo por milésima vez qué su visión estaba en perfecto estado y no estaba alucinando en absoluto.

Bufó mientras escudriñaba el traje que le había dejado su novio. No estaba mal, la tela del disfraz era asombrosa y si era honesta con ella misma, tenía que reconocer que de todas las fantasías... esta era la que lograba hacerla temblar de curiosidad y excitación el sólo pensar en lo que pasaría al encontrarse.

Respiró profundamente soplando un pequeño mechón de cabello que cayó cerca de su ojo.

Lo que tenía que hacer para complacer a su gatito. Pensó negando con la cabeza, luego sonrió malévolamente tapando nuevamente la caja y dejándola encima de su escritorio.

Bueno, ya llegaría su turno... y estaba segura de qué su gatito tampoco iba a poder resistirse a sus juegos. Pero por ahora.

Iba a portarse mal este día.

...

El taxi la dejó exactamente en la entrada del bosque. Chat no mencionó nada acerca de su aparición o que la estaría esperando en algún lugar en específico. Simplemente dijo que lo buscara en el bosque dónde habían sucedido todos sus encuentros.

—¿Por aquí esta bien, pequeña? — preguntó el conductor inspeccionando la entrada del hermoso bosque antes de mirar a la muchacha y corroborar que estuviese en la dirección correcta que le había indicado.

—Si, aquí es — afirmó Marinette con la cabeza —¿cuánto sería?

El hombre lo pensó por un momento y luego contestó a la duda de su pequeña clienta.

—Serían, 15.

—Desde luego — dijo sacando un billete de 20 y entregándoselo al hombre.

—¿Tendrás un día de campo con tu novio, pequeña? —cuestionó el taxista con una sonrisa bribona hacia la bella muchacha al ver la enorme canasta que portaba.

La chica se puso nerviosa, pero trató de disimular su intranquilidad sonriéndole suavemente al chofer y asintiendo.

—Ehh... ¿sí?, ¡Perdón, sí! Es... E-Es un picnic para celebrar que nuestro noviazgo ha durado... más de... ¿tres meses? — rió nerviosamente plasmando una enorme sonrisa hacia el simpático hombre, quién rió al ver a la muchacha traer los nervios a flor de piel en sus acciones y sus palabras. Sin embargo no la cuestionó de nada, el amor a veces volvía a los jóvenes distraídos y atolondrados. Quién quiera que fuera ese muchacho, era un joven con suerte.

—Ya veo. Pues, si llegan a hacer algo más que una "cena romántica", no olviden usar protección — disparó sin vergüenza alguna hacia la roja muchacha. — mucha suerte en tu cita — hablo guiñándole un ojo de forma divertida riendo por el color de sus mejillas casi amoratadas.

—G-Gracias...

—Au revoir, madmoiselle. — se despidió el conductor dejando a la pobre muchacha pasmada.

—A-Au revoir... — contestó Marinette saliendo del auto amarillo inmediatamente dando un portazo mientras sentía que sus mejillas iban a explotar de vergüenza.

Se cubrió la cara con las manos sosteniendo en su brazo la canasta que venía con ella.

«Menudo embrollo»

Trató de tranquilizarse olvidando lo sucedido momentos atrás y centrándose en encontrar al travieso minino que la había citado aquí.

Maldijo mentalmente al fijarse que no había nadie en ese lugar a excepción de ella. Ni siquiera podía escuchar el canto de algún pájaro o el ruido de alguna ardilla, estaba completamente sola.

Se abrazó así misma contando mentalmente hasta cien para calmar sus miedos más profundos de estar aislada y sola en ese extenso bosque sin oportunidad de conseguir otro taxi que la llevase de vuelta a su casa.

A su cabeza llegó el recuerdo de la nota de Chat y sus palabras taladraron en su mente cómo un mantra.

Tenía que ponerse ese absurdo disfraz.

«Pero, ¿dónde se supone que debo cambiarme?»

Con algo de preocupación corriendo por sus venas, la mujer observó algún lugar discreto y seguro para deshacerse de sus ropas, cuándo tomó en cuenta de que yacía en ese bosque completamente sola, así que no dudó en tomar eso cómo una ventaja, podría cambiarse en cualquier sitio, nadie la vería puesto que se encontraba en completa soledad.

Visualizó de cerca unos troncos de árboles y más adelante un enorme arbusto del que no se podía ver más que hojas y ramitas.

«Esto es raro»

Con tranquilidad, abrió su mochila y hurgó entre sus pertenencias sacando el traje que debía usar.

Miró para todos lados asegurándose de que no hubiera nadie presente antes de hacer otra cosa, se ocultó tras unos arbustos para despojarse de su ropa y colocarse el disfraz.

No tenía pinta de que alguien se cruzase por aquí, así que cada vez más entrada en confianza, la chica había sido guarnecida por un apretado corsé blanco y negro que se acentuaba a su cintura y una falda plegable roja que le llegaba a medio muslo, haciendo ver sus piernas largas y más pálidas de lo que eran. Sus piernas también fueron cubiertas con unas medias de red y un par de botas negras que le llegaban hasta la rodilla.

Sus manos, que estaban siendo portadas por dos guantes de tela negra que dejaba al descubierto sus dedos y de la mochila sacó una gruesa y corta capucha para cubrir su cabeza y parte de su cabello negro.

Toda ella desprendía sensualidad en ese momento. Ese disfraz le quedaba perfecto, parecía que Chat se sabía de memoria sus medidas, ya qué este traje parecía echo únicamente para qué ella, y sólo ella lo portara.

«Me siento extraña usando esto»

Se abrazó así misma recogiendo la canasta del suelo dónde estaba su ropa normal y sus zapatos. Las botas de tacón dificultaban un poco su caminata, pero una vez que comenzó a caminar por unos breves minutos, su andar se acostumbró y pudo hacerlo sin necesidad de recargarse en el tronco de un árbol cada tanto.

Ni siquiera sabía si Chat estaba esperándola aquí realmente... no había rastros de él y de ninguna otra criatura viviente de todos modos.

Giró la cabeza hacia arriba viendo cómo las hojas y ramas de los árboles se mecían lentamente al compás del viento, haciendo caer algunas hojas secas y produciendo un leve sonido que la hizo estremecerse por completo al yacer en ese lugar completamente sola.

«Gatito, ¿dónde estas?»

Se mordió el labio inferior ante de parar repentinamente su caminata al escuchar una rama crujir y luego... silencio de nuevo.

Tragó saliva con lentitud y retrocedió unos pasos cerca de dónde se había producido aquel sonido.

—Vaya... ¿a quién tenemos aquí? — se escuchó decir a alguien en medio de ese agobiante silencio.

Volteó su mirada azulada y observó con sorpresa cómo el rubio se mantenía erguido en una pose relajada contra un árbol, llevando una máscara de lobo color marrón que cubría la mitad de su rostro dejando ver sus hermosos ojos verdes en el proceso y pudiendo distinguir fácilmente la sonrisa torcida que se dibujaba en sus perfectos labios. Las peludas orejas decoraban su cabeza de manera graciosa, mientras que sus ropas parecían normales, con una sencilla camisa color ocre, unos jeans rasgados azules que apresaban sus caderas con ayuda del cinturón y sus botas cafés que completaban ese look feroz y rebelde que destilaba su posición.

Sabiendo que tenía que seguirle la corriente, sonrió de manera altiva mientras fingía no estar interesada para nada en encontrarse con él.

—Se supone que no debería hablar con desconocidos — pronunció con una sonrisa pícara cruzándose de brazos — y menos si son lobos tramposos y embusteros como tú — dictó firmemente sin romper en contacto su vista con la de su depredador.

—Grr, parece que eres una chica difícil — mencionó bajando del árbol de un ágil salto cayendo en cuclillas, alzándose inmediatamente cuando se vio en el suelo — me gusta eso — sonrió de la misma forma manteniendo su distancia, aún.

—Me da igual que te guste o no — replicó rodando los ojos cómo si estuviera hastiada de seguir manteniendo esa conversación — sólo vine a esperar a alguien, así que ya te estas yendo por dónde viniste — agregó haciendo un movimiento con su cabeza.

—Wow, calma pequeña presa, qué el que tiene que tener humor de perro, soy yo — se burló haciendo énfasis en la palabra "presa".

—¿Ahora eres comediante? ¿Por qué no me sorprende? — giró los ojos con fastidio— tal vez tengas pulgas en tu pelaje — espetó la chica cambiando su carácter a uno más firme.

—Las pulgas no son algo de lo que tengas que preocuparte, cherié— dijo el muchacho soltando una risotada — mi pelaje esta completamente limpio de esas cosas, si quieres puedes comprobarlo tu misma — para ese punto, el muchacho había caminado un poco más cerca de la chica, obligándola a retroceder varios pasos para evitar estar en contacto con esa bestia peluda.

—No gracias — contestó en un tono haragán — prefiero seguir esperando a mi... gatito, si no te importa — recalcó echándose para atrás para caminar rumbo a la cabaña, si calculaba bien su posición, le quedaba a unos veinte minutos caminando a paso lento, se había aprendido el camino de memoria. No tendría ningún problema en llegar en una sola pieza a la fortaleza.

Dispuso su marcha hacia adelante cuándo una figura color marrón se detuvo frente a ella, impidiéndole el paso y obligándola a mantener su mirada hacia el frente.

—Me niego a dejar que mi presa se escape de mis garras — mencionó en un tono demandante, pero no lo suficientemente brusco cómo para asustar a la chica.

—No quiero convertirme en tu cena de esta noche, lobo roñoso — declaró con voz firme la preciosa azabache — mi gatito llegará pronto, y él es muy celoso cuándo alguien trata de reclamarme cómo su propiedad — alegó sonriente sin dejarse intimidar.

—¿Un felino sarnoso es a quién esperas? — se burló el muchacho sin dejarla marchar — Pensé que tenías mejores gustos, princesse.

Marinette alzó la barbilla con un porte altivo.

—Sólo el sabe cómo hacerme sentir una verdadera mujer — le restregó sin flaquear ni un solo momento.

—Pff, los gatos no son lo suficientemente resistentes cuándo se trata de darle amor a su gatita — bisbiseó cerca del rostro de la fémina, que enseguida fue apartado por la mano de la misma.

—Hmm... tienes razón, podría ser cierto — murmuró colocando su dedo índice bajo su barbilla en una pose pensativa — pero son mucho más ágiles y flexibles... ¿tienes algo más que decir en contra de eso, lobito?

El rubio sonrió con descaro mientras dejaba caer su cuerpo hacia adelante cada vez más divertido con el juego de la chica.

—Los lobos podemos ser mejores que los gatos en ciertas cosas, petit princesse. — siseó de manera lujuriosa acercándose aún más a la fémina hasta acorralarla en el fuerte tronco de un árbol, manteniéndola presa y sin oportunidad de escapar.

—Son sólo puras palabras vacías de un perro carroñero al que sólo le gusta presumir — se rió la chica tratando de alejar su cuerpo del fuerte y tonificado torso que la tenía atrapada.

—Si tan sólo pudieras dejarme probarte que estas realmente equivocada — se relamió el muchacho acariciando el lado derecho de la preciosa cintura cubierta con ese corsé cómo si fuera una segunda piel.

—Tendrás que quedarte con las ganas, lobito — dijo la chica escurriéndose de entre los brazos de su captor y caminando nuevamente — tengo que partir, se me hace tarde y no quiero que me suceda algo si llega la noche — mencionó en un tono demasiado inocente que se le antojó irresistible.

Los labios del muchacho se vieron apresados por los dientes del mismo, tratando de contener sus deseos y pasear su mirada lujuriosa por las piernas de la chica, y su cadera que se balanceaba deliciosamente hacia los lados, provocándolo, burlándose de él y de sus débiles intentos de autocontrol.

Deseaba a esa hembra.

Sus manos cosquilleaban por tocar esa fina piel de porcelana y hundirse entre esas preciosas piernas, aspirando el aroma de su excitación. Se sintió vigoroso y con un incontrolable deseo de acecharla, tanto así, que terminó siguiéndola por las sombras.

La chica seguía su camino sin alteraciones o distracciones, sabía que el chico la seguía, podía sentir su presencia detrás de ella, su mirada fogosa adhiriéndose a su cuerpo, haciendo que sus pezones debajo de su ardiente atuendo se endurecieran y requirieran la atención masculina. Pero era divertido provocarlo, se estaba metiendo mucho en su papel, pero eso lo hacía más excitante. Parecían dos simples desconocidos jugando un juego peligroso en el que cada uno requería de tácticas y trucos para lograr ser el ganador.

Luego de un buen rato fingiendo que huía de él, se recargó en un frondoso árbol a descansar. Una buena oportunidad para descansar sus pies, caminar con tacones un bosque no era tarea fácil, de hecho, se sorprendió de no haberse resbalado o caído sabiendo lo torpe que era.

Acarició uno de sus tobillos por encima de las medias de red y pronto la presencia de su ardiente lobo feroz la acompañó, haciéndole saber que no estaba sola y que tenía un delicioso motivo entre manos.

Se dio la vuelta justo a tiempo para ver a su chico cruzar la línea entre el espacio personal y ser él quien tomara la iniciativa de acercarse a su rostro. Estaba tan cerca que su figura se apegaba a la suya causándole estremecimiento y a la vez un agradable calor que le recorrió todo el cuerpo concentrándose en un punto.

Su ardiente aliento quemó sus labios y la hizo suspirar en cuanto se vio presa por sus brazos, el fuego en su cuerpo se avivó y comenzó a respirar agitadamente.

—Te atrapé — sonrió el rubio luciendo satisfecho de haber capturado a su presa en el mejor de sus momentos. Moría de hambre.

Sus anhelos se hicieron realidad en cuanto los labios masculinos apresaron los femeninos causando que soltara un gemido de sorpresa y acudiera a enroscar sus manos en la cabellera dorada para sujetarse de algo mientras era atacada hambrientamente por la boca del chico.

Su beso era desesperado y salvaje, pero conservaba la dulzura y el romanticismo que tenía planeado provocar desde un principio al jugar que eran otras personas.

Tardaron bastante en quedar satisfechos el uno de lo otro, hasta que por fin dieron por terminado el beso y se acariciaron de manera lenta, el chico se dedicó a besar el cuello desnudo de la joven, y pronto se vieron hecho un lío deslizándose desde el tronco hasta el suelo donde la capa de la chica servía de una muy buena manta improvisada que fue retirada con impaciencia gracias a las garras del chico, pudiendo disfrutar de la piel de su cuello con más libertad.

Los suspiros de la chica inundaron esa pequeña parte del bosque, haciendo que el rubio se esmerara más en besar cada parte de su cuello y rostro y retirara lentamente los nudos del corsé de ese atuendo tan provocativo que él mismo había escogido.

El corsé quedó flácido sobre su cuerpo y casi tan rápido cómo lo desató, lo retiró de su cuerpo dejando a la vista esos montes blanquecinos que tanto amaba morder y succionar.

Los ojos de la chica brillaron por las lágrimas contenidas, el placer la estaba sofocando y a penas podía contener los gemidos apretando sus labios. No le daría el gusto de oírla gemir aún. No cuando ese perro carroñero quería hacerle dudar de la hombría de su gatito.

—¿Qué te ocurre, princesa? — habló con dificultad al tener uno de sus pezones entre sus dientes haciendo que la chica saltara en su mismo sitio — ¿Aún tienes dudas de lo que puedo hacerte sentir? — dijo con malicia llevando sus garras hasta su otro pezón y apretarlo, las piernas de la chica se enrollaron a su cintura presas de la desesperación, provocando que sintiera la ya notoria erección del chico en su pantalón. La fricción de su dureza contra el cálido centro hicieron que el chico perdiera la cabeza.

Los labios del chico trazaron una línea de besos desde su sensual cintura hasta su cadera, dejando unos cuantos cardenales a su paso con cada mordida. A la vez que daba una embestida por encima de la ropa, haciendo que la chica soltara un gritito sin poderlo evitar.

—Tranquila pequeña — le habló succionando uno de sus pechos para verla abrir sus ojitos y contemplarlo con deseo — aún hay muchas cosas que me faltan por enseñarte.

Dicho esto, volvió a pasar su lengua por ese pequeño pezón rosado causando que la chica se estremeciera junto con un sonido gutural atorado en su garganta, esa pequeña traviesa estaba privándolo de escuchar sus hermosos gemidos.

Acarició su estómago con sus garras, la acción hizo que los vellos de la chica se pusieran de punta y miraran al chico de manera agitada y nerviosa, aún no habían pasado de las caricias intensas y de los besos apasionados y sin embargo, sentía su cuerpo flácido y a merced de ese lobo que al parecer sabía muy bien lo que hacía.

Las manos de la chica se aferraron a la túnica roja que estaba tendida en el suelo debajo de su cabeza al sentir al chico retirar la falda poco a poco y dejarla descuidadamente a un lado de ellos junto con su demás ropa.

Las manos del felino recorrieron las piernas de la chica reparando en sus medias, eran lo único que tenía puesto en ese instante además de la ropa interior, pero de eso se encargaría más tarde, por ahora, quería disfrutar del temblor de su cuerpo y el empeño que ponía al reservarse para sí misma la libertad de gemir. Eso también ya lo tenía en cuenta, así que con cuidado se dirigió al borde de su ropa interior y dio un beso a su cadera antes de retirar la prenda con los dientes. Eso provocó un incontrolable temblor en las piernas femeninas y un sollozo ante lo vulnerable que se sentía.

Cuando la delicada prenda interior dejó de obstruir su deliciosa zona intima se relamió los labios con antelación ansioso por probar el manjar de su presa.

Algunos depredadores solían ser distintos al momento de rondar a su presa. A algunos les gustaba jugar con ella, mientras que otros no podían evitar querer devorarla en ese mismo instante. Analizó unos instantes en su mente cual sería la opción más favorable en este momento y con una sonrisa perversa comenzó a acercarse por entre sus piernas para soplar su cálido aliento contra su núcleo.

El jadeo que soltó fue cómo música para sus oídos.

Continuó después con pequeños toques y besos intercalados, hasta que de un momento a otro las piernas de la chica se apretaron a los extremos de su cabeza y se arqueó soltando un gritito balbuceando algunas palabras.

—Y-Yo... n-no puedes... Ah... g-gatito...

—No sé quién será ese gato del que hablas, mi querida caperucita — se burló el chico dejando de besar por un momento su centro para sonreírle de manera malévola separando sus piernas por completo, dejando a la vista su maravilloso panorama personal — pero sin duda haré que te olvides de él en un instante — prometió tomando sus muslos y probando tocar con su lengua su pequeño clítoris, su reacción fue nuevamente un gemido alto y un sobresalto.

Las pupilas del joven rubio se dilataron y pasó de soplar y colocar besos a acariciar con la lengua cada parte de esa aterciopelada y caliente zona, la viscosidad y la estrechez de su zona apresó su lengua haciéndolo delirar. A penas y podía contenerse de devorarla con desespero, la tenía ahora mismo tan sumisa.

—Amm... Ahh...

La lengua caliente y húmeda rozada sus pliegues y los acariciaba de manera lenta y deliciosa, sus ojos se cerraron fuertemente ante la agonizante sensación de placer que su cuerpo experimentaba, estaba tentada a gemir su nombre, pero no sabía cual. En ese instante, no era Chat Noir. Era su lobo feroz, una ardiente y salvaje bestia que esperaba devorarla con la paciencia y rudeza de un verdadero lobo. Y ella no tenía queja alguna.

Sus delgadas manos, antes concentradas en apretar la tela roja debajo de su cabeza, ahora estaban acariciando con desesperación la cabeza de su salvaje depredador, tocando las orejas peludas de lobo y apretando sus mulos con la cabeza del joven entre sus piernas.

La delicadeza fue pasando de mayor tono, hasta que ya no era suficiente el solo tener que acariciarla. La chaqueta del muchacho se desprendió de manera feroz dejando su pecho al descubierto al quitarse con rapidez su camisa, y pronto se abalanzó hacia la deliciosa chica que lo recibió con los brazos abiertos.

Comenzaron una danza con sus bocas, lamiendo sus labios y entrelazando sus lenguas con ferocidad buscando el aire suficiente para continuar su fogoso acto.

Los labios del chico se desplazaron desde su cuello hasta bajar por su torso, atrapando ese pequeño pezón rosado entre sus labios que sabía, la volvía loca, los suspiros de Marinette comenzaron a escucharse cerca de su oreja y la calidez de su aliento hizo que quisiera probar nuevamente sus labios, esta vez manteniéndolos unidos mientras sus manos se perdían en su espalda y la hacía girar para que fuera ella quien quedara encima de él, con sus piernas entrelazadas y la intimidad de ella quedando en contacto con su pantalón.

Entre pequeños gemidos, los brazos de Marinette se empeñaron en abrazar el cuello de su lobo, acariciando los pocos cabellos rubios de su nuca y girando de nuevo para que su espalda quedara apoyada en el suelo. Estuvieron rodando intercaladamente de vez en cuando en un juego muy divertido de ver quién llevaba el control.

Los pantalones del chico hicieron notar el enorme bulto que se había formado en esa acalorada sesión de besos y caricias, la forma en la que encajaban era perfecta.

El muchacho tomó entre sus dientes nuevamente su pecho e hizo una camino desde su pezón hasta el valle de sus senos mirando el rostro sonrojada de su linda presa.

Sonrió lascivamente antes de colocar un beso en su mejilla, tardándose un poco más de lo necesario.

—Tiene gracia, ahora mismo veo otra de las razones por las que te llaman caperucita roja — mordisqueó su pecho tomando las muñecas de la chica para retenerlas a los lados de su cuerpo — estas tan roja cómo una frambuesa ma douce.

—I-Idiota — la voz que pretendía sonar enojada, salió jadeante y cansada.

En respuesta, el rubio mordió su labio inferior juguetonamente sin dejar de acariciar la suave piel de su cintura, era sublime.

—Qué chica tan rebelde — murmuró contra sus labios en un tono burlesco — debería castigarte por ser tan osada.

El ceño de Marinette se frunció un poco indignada, pero sus mejillas no abandonaron su color rojo en absoluto, ese maldito lobo estaba jugando con su paciencia, en este momento, se sentía igual que con su traje de Ladybug. Podía jugar a que era otra persona, dejar la timidez de lado por un momento y mostrarse audaz ante cualquier palabra, y eso le dio la valentía para hacer lo siguiente.

Se deshizo del agarre de una de sus manos mientras que el joven encima de ella estaba perplejo, sin poder reaccionar ante tal acción inesperada, luego, la chica lo sorprendió cuando su mano libre tocó su mejilla con delicadeza y lo acarició dulcemente para luego tomar entre sus dedos algunos mechones detrás de su cabeza y jalarlo hacia ella quedando sus caras muy cerca, tanto que podían sentir las respiraciones de ambos.

La sonrisa en los labios de su amada era juguetona, casi igual a la que Chat Noir dejaba ver todo el tiempo, confiada y provocativa, demasiado.

Con sus labios, la chica tendida en el suelo tocó de manera lenta los del rubio y su mano que antes yacía en su mejilla, se movió al mentón del chico para acariciarlo como quién acaricia alguien a un felino, o en este caso, a un canino.

El beso era lento y sumado a las caricias, aquello resultaba devastador para el chico, quien usó todo su acoplo para no delirar en un momento cómo este, ya era mucho pensar que estaba soñando despierto al ver a su princesa tomar por una vez la iniciativa en sus juegos, cuando él debía ser el que debería dar un aire de intimidación.

Se decepcionó mucho cuando el beso terminó abruptamente, pero se calentó más que el infierno al ver la perfecta imagen de una mujer con la mirada cristalina oscurecida por el deseo y una sonrisa altanera decorando sus perfecto y finos labios brillantes por su saliva.

—Inténtalo si puedes, petit loup. — luego de esas palabras, se había mordido su labio inferior tan deliciosamente, provocando que su virilidad se endureciera aún más ante tal visión.

Ese había sido el detonante que lo obligó a adorar su cuerpo con devoción, disfrutando de recorrer lugares que ya conocía y que moría nuevamente por explorar.

—No debiste retarme, princesa — dijo perdiendo su raciocinio por completo liberándose sin más tardío los pantalones junto con su ropa interior, quedando en iguales condiciones que la de la chica.

El jadeo que soltó al rozar sus intimidades, fue delicioso, su miembro pedía a gritos ser acogido en ese estrecho y cálido lugar, él mismo esperaba hacerlo, pero quería disfrutar de ese ligero roce y de sus caricias por un corto tiempo.

Luego de un tiempo torturándola con palabras calientes y caricias, tomó sus muslos ansioso y sin espera más, se empujó contra ella con fuerza, notando cómo al momento de su invasión, la chica soltó un alto gemido y se abrazó a su espalda. Únicamente había entrado, pero no quería moverse, no aún.

—¿Q-Qué haces? — tartamudeó notando cómo su captor se quedaba inmóvil una vez que estuvo dentro de ella.

—No pienso moverme hasta que admitas una cosa — la mirada de desconcierto que cruzó por la cara de la chica lo hizo sonreír de manera peligroso, haciéndole causar un escalofrío.

—¿Q-Qué?

El rubio se acercó al oído de su deliciosa presa y susurró.

—Admite que éste lobo te tiene en sus garras, caperucita — un temblor le recorrió todo el cuerpo y se sintió ofuscada al ver la sonrisa confiada que le daba ese maldito, tenía la victoria asegurada.

Apretó los labios girando la cabeza, no pensaba decirlo, eso sería una burla asegurada de su parte. Y no estaba dispuesta a verlo regodearse en su cara.

El chico se rió suavemente ante su silenciosa negativa. Esa chica era tan orgullosa, cómo lo era de linda.

Rozó su nariz contra su oreja y le dio un suave mordisco a su lóbulo provocándole un jadeo. No aguantaría mucho antes de que suplicara.

—¿Es en serio? ¿No vas a decirlo?

Nada.

La actitud del zagal no cambió en lo absoluto, le divertía mucho que su preciosa presa se contradijera así misma al no admitir lo obvio.

—Es una lástima — dijo simulando estar decepcionado — no pensé que le guardaras tanta lealtad a ese gato. Debe ser muy bueno en lo que hace si no puedes admitir que te hecho sentir ciertas cosas — recalcó tomando una de sus pequeñas manos par morder la punta de sus dedos a modo de distracción.

—Bien podría haber estado fingiendo — dijo dejando asomar una sonrisa a pesar de lo cansada y sonrojada que se veía.

Una risa burlesca se dejó escuchar de parte del chico.

—Dudo mucho que siquiera hayas intentado fingir que no te gustan mis caricias — para confirmarlo, recorrió con sus dedos la curvatura de su seno y de du cintura.

—Eres tan clara cómo el agua, ma belle — mencionó besando su mejilla sonrojada — no puedes ocultar tus verdaderos sentimientos ante mí. Te conozco mejor que nadie.

Los labios de su presa continuaron cerrados.

—Así qué... mientras más pronto lo admitas, se me hará más fácil para mi complacerte.

Marinette respiró de manera agitada tirando la cabeza hacia atrás cuando se dio cuenta que su lobo feroz hundía sus garras en su núcleo aún estando dentro de ella sin moverse, sólo estimulaba su zona de manera que no tuviera otra opción más que admitir la verdad.

—¿Te gusta? — preguntó casi en un ronroneó que transformó en gruñido cuando las paredes íntimas de su chica lo apresaron, sofocándolo. — sabes que no puedes mentir para este punto cheriè, así que dímelo.

Las manos de Marinette se pusieron sobre su boca cerrando sus ojos fuertemente evitando hacer algún ruido que le diera por exponerse frente a su feroz captor. Sólo tenía que aguantar un poco más hasta que él mismo no pudiese soportar el estar quieto dentro de ella.

Un gemido fue apresado por sus manos y nuevamente quiso dejar escapar un suspiro al sentir que apretaba su clítoris entre sus dedos, mientras su dedo medio se encargaba de explorar dentro de ella y de acariciar su centro.

El muchacho sacó rápidamente su mano de su zona intima y tomó de manera brusca las manos de la azabache reteniéndolas a los lados de su cabeza para evitar que se cubriera la boca y con un empujón de su cadera se introdujo aún más y la chica tuvo que morder sus labios para que no se escuchara su voz transformada en gemido.

—¡Qué obstinada, princesa! — exclamó algo sorprendida de que pudiera controlarse por tanto tiempo y negarse a aceptar que estaba excitada — debo admitir qué no esperaba que fueras tan firme a la idea de mantenerte reacia conmigo.

La chica abrió los ojos y en ellos el muchacho supo que estaba ganando la batalla, estaban cristalinos y se veían desesperados, pronto cedería y se dejaría llevar y le diría lo que quería oír.

—Puedes acabar con esto, framboise — susurró contra sus labios — sólo dime lo que quiero oír y te complaceré.

Marinette cerró sus manos agarrando la capa y apretándola con fuerza en busca de alguna ayuda para distraerse de su masculina voz y el aliento cálido quemándole los labios. Era un maldito lobo tramposo, estaba indudablemente atrapada en sus garras, pero creía poder soportar por un tiempo más aquella tortura.

Sin embargo su feminidad palpitaba necesitada y sus pechos dolían presionado contra el torso del muchacho, no sirvió de nada que el chico dirigiera su boca a su cuello y comenzase a morderlo cómo si estuviera saboreando un jugoso filete de la más alta calidad. Quería devorarla, eso podía entenderse de sobremanera.

—U-Uhh... Mmm... P-Por favor — habló agudamente enroscando sus piernas a las caderas del muchacho y finalmente su pecho se agitó haciendo que sus pechos rebotaran — ¡S-Sólo muévete! Por favor, ¡Ya no lo resisto más! — exclamó cansinamente moviendo sus propias caderas para incitarlo, algo que el chico no tardó en hacer, moviéndose de manera lenta, para luego ir en aumento. Las manos que sujetaban la muñecas de la chica ahora tomaban sus caderas, mientras que los brazos de la fémina se enroscaron en su cuello mientras chillaba al tenerlo dentro golpeando furioso su interior, haber tenido que privarse de ese placer por tanto tiempo, debería ser considerado un pecado. Ahora mismo, estaba segura de qué estaba caminando entre las nubes.

Los embistes pasaron de ser rápidos a duros e intensos, parecía querer castigarla después de haberlo tenido en espera por tanto tiempo. Ella no fue la única afectada, el también había estado reteniéndose de no moverse hasta que ella le dijese que lo hiciera.

Las uñas de la chica se encajaron en su espalda al sentir nuevamente otro golpe de caderas por parte del chico, los jadeos, besos y caricias rápidas eran lo que aumentaba el calor de aquella faena. El rubio sintió las paredes vaginales de su chica contraerse contra su miembro, era tan cálido y resbaladizo, podía decir con seguridad que le encantaba ese lugar. Con sus dientes el muchacho mordió levemente el hombro de la chica ahogando un gemido gutural que quería escapar de su boca, fue celestial cuando ella se retorció debajo de él indicándole que estaba a punto de llegar al límite.

Con un grito agudo y alto la chica gimió alcanzando su propia cima, mientras su pequeño cuerpo temblaba, el chico la siguió momentos después liberándose dentro de ella mientras que sus cabellos rubios permanecías húmedos en su frente y respiraba con agitación antes de tumbarse en el pecho de su chica, ronroneando cómo un felino en lugar de aullar cómo el supuesto lobo que era.

Se dejó mimar un rato por las manos de la chica que acariciaban su amplia espalda y parte de su cabello. Esa era siempre su parte favorita al estar juntos, terminar en los brazos de su dulce princesa, ya sea en silencio o susurrando palabras dulces que para su desgracia, eran siempre dedicadas a su nombre heroico. Cuando estaban juntos solía olvidarse de todos los problemas de su vida, de su padre, de sus obligaciones y sólo se centraba en pasarlo bien junto a Marinette, ella era cómo un ángel que había llegado a su mundo de desastres para conseguir darle el alivio y amor que tanto necesitaba.

El calor de su cuerpo desnudo era tan agradable, sonrió levemente al sentir un beso en su coronilla y luego más caricias que terminaron por mandarlo al mundo de los sueños.

Françoise Dupont

La mañana dio comienzo, y todos los alumnos pasaron a sus respectivos salones para esperara a los maestros e iniciar las clases matutinas.

Las mañanas que antes eran un problema para Marinette Dupaing-Cheng, ahora eran su hora favorita del día, pues en ellas, estaban las secuelas de las maravillosas tardes que pasaba con su gatito.

La sonrisa en su rostro y su mirada soñadora no pasaron desapercibido para su mejor amiga, quién desde que la había visto entrar con su cara sonrojada y su actitud desorientada, se acomodó los lentes y permaneció tranquila, aún cuando su sexto sentido la obligaba de manera formidable a saltar de su asiento y atacar con preguntas a su mejor amiga.

Marinette se sorprendió de notar a Alya milagrosamente callada esa mañana, por lo general la morena siempre era la primera en darle los buenos días antes de que comenzara a hablarle sobre su blog y los nuevos héroes.

—Alya, ¿Te ocurre algo? — inquirió curiosa mirando como su amiga tenía la nariz enterrada en su celular tecleando a gran velocidad.

La bloguera dejó de escribir por un instante y la miró en completo silencio quitándose las gafas y sonriendo astutamente en dirección a su amiga.

—No ocurre nada. — le hizo saber tranquilamente — Todo esta absolutamente normal, a excepción de que he llegado a hacer un gran descubrimiento — mencionó agitando sus gafas en su mano y volviendo a colocárselas — uno que tiene que ver contigo.

—¿Conmigo? — preguntó con nerviosismo.

«Acaso... ¿lo sabe?» — pensó con nerviosismo al creer que su amiga estuviera hablando de su otra identidad. Si era así, estaba perdida.

—Sí, te he notado muy rara últimamente — dijo en voz baja con voz misteriosa — bueno, más de lo normal — se rió al ver la cara de indignación de su amiga — pero ya hablando en serio — carraspeó — se lo que has estado a ocultando — dijo con una seriedad que la hizo poner aún más nerviosa.

Marinette tragó saliva y comenzó a balbucear un par de explicaciones para la castaña, pero no lograba dar con una excusa correcta para salir de esta.

—A-Alya yo... l-lo, lo que pasa es qué... yo...

—¿Qué? — insistió cruzada de brazos esperando una respuesta.

—Yo... yo... ¡Oh, Dios! — enterró su cara en sus manos y soltó un suspiro de exasperación — eres mi mejor amiga, y sé que debí decírtelo pero...

—¿Pero?

—Sólo... yo... lo siento.

—No sé si pueda perdonarte el que me ocultaras algo tan grande cómo esto. Creí que confiabas en mí — dijo un poco menos animada que antes.

—S-Se... se suponía que era un secreto...

Alya hizo rodar su celular en sus manos y bajó la cabeza haciendo un puchero con sus labios.

—Aún así, ¡No puedo creer que MI mejor amiga no me contara que ha estado teniendo intimidad con su chico misterioso desde hace tiempo! — expresó casi sin aire después de lo rápido que lo había dicho.

En ese momento, Marinette sintió cómo si su rostro estuviera a punto de explotar de vergüenza y le cubrió lo más rápido que pudo la boca a su amiga estando alerta de que nadie la hubiera escuchado. Ni siquiera se sintió un poco aliviada de equivocarse, al creer que la morena hubiera descubierto finalmente su identidad como Ladybug.

—Shh... ¡No lo digas así!

La morena se quitó la mano de su mejor amiga y le dio una sonrisa burlona descansando su barbilla en sus manos satisfecha.

—Así que mis sospechas eran ciertas — se jactó la morena riendo a lo bajo — Por eso el día de ayer tenías esa actitud tan esquiva y extraña — reflexionó — lo que te tomaste antes de venir al instituto era una pastilla, ¿cierto?

Marinette suspiró y asintió.

—Sí, pero he estado empezando un tratamiento anticonceptivo desde antes.

—Entonces... ¿Te pusiste la inyección esa?

—Correcto.

Alya lo analizó un poco y luego abrió los ojos con preocupación.

—Espera, espera, espera, ¿Dices que ya estabas tomando precaución desde antes y encima te mandaste una pastilla?

Marinette no supo porqué, pero eso le sonaba a regaño.

—Emm... ¿sí? — respondió nerviosa al ver a su amiga soltar un quejido tomándose del puente de la nariz.

—Niña, no debiste haberlo hecho si ya estabas medicada, es malo para tu salud. Con la inyección anticonceptiva es más que suficiente — reveló.

Marinette palideció de golpe.

—¡¿E-En serio?! Oh, no, soy tan torpe — se dijo así mismo golpeando su frente contar el escritorio — me siento una estúpida, soy muy nueva en este tema de la precaución — confesó — y no creí que resultara peligroso.

—No es peligroso en sí, pero tiene efectos secundarios como consecuencias. Jaquecas, vómitos entre otras cosas — explicó.

Marina quiso golpear hasta quedar inconsciente.

—Debo parecerte una tonta.

Alya llevó su mano al hombro de su amiga sonriéndole de manera tranquilizadora.

—Al contrario, Mari. Todos cometemos un error de vez en cuando, pero lo importante es que aprendemos de ellos — alentó — puede que no sepas mucho sobre esto, pero no te preocupes, la maestra Alya te instruirá en lo más básico y te enseñará algunas técnicas para que vuelvas loco a tu chico. — habló quedadamente viendo el rubor invadir la cara de su amiga. Estaba orgullosa, u niña estaba creciendo finalmente. Evitó limpiarse una lágrima de orgullo imaginaria y la tomó de los hombros.

—Bien, ahora que estoy dentro de este juego, podrás explorar nuevas habilidades en la cama. Expandiremos tu imaginación hasta ver a tu chico misterioso caer de rodillas ante ti — dijo con algo de perversidad mezclada en su voz.

—¡Alya! — exclamó avergonzada.

...

¡Hola a todos nuevamente!

No sé ustedes, pero mi cuento favorito desde niña siempre fue "La caperucita roja". Era un cuento muy hermoso que me encantaba releer una y otra vez, y les digo que no lo pensé dos veces al tener que elegir de qué se disfrazarían Chat y Marinette.

En fin, cuéntenme ¿cuál es su cuento favorito? ¿Quisieran ahora que son de mente más abierta, cambiar el rumbo de alguna de sus historias favoritas? ¡Cuéntenmelo por aquí! estaré ansiosa esperando sus respuestas.

Mis bichitos, agradezco que se hayan tomado la molestia de leer, con este cap se han acabado oficialmente las fantasías de Chat, y ahora se vienen las de Marinette UwU... ¿Preparados? ¿Que tendrá en mente nuestra traviesa princesa? Estoy percibiendo... ¿venganza? .

Jaja, los amo a todos mis mininos y mis ladies. Nos leemos pronto .

¡Bye, bye!