««ɑɓʊ»»

Yuri on Ice (YOI) no me pertenece, el propósito de este fanfiction es solo entretener y esta historia no tiene ningún valor comercial. Ya dejando eso claro, por favor no me demande.

Este fanfiction no describe zonas geográficas correctas y/o exactas, así como hechos reales históricos, sociales o culturales. Contiene: lenguaje vulgar, situaciones para adultos, consumo de alcohol y parejas del mismo sexo.

Nota inicial: En esta historia utiliza elementos y connotaciones del omegaverso, pero cuenta con su propio diseño y características que variarían dependiendo de la cultura. La diferencia se revelara a lo largo de la historia.


11.1 Un Cálido Secreto

Invierno de 1907

Georgi Popovich

A pesar de que los bolcheviques contaban con una inferioridad numérica, habían logrado tomar varios poblados siberianos el invierno de 1907, entre ellos el puerto principal ruso en el este ante la guerra en Vladivostok, que era puerto más importante del océano pacifico y principal almacén de abasto y armamento de triple Entente (alianza franco-británica- rusa).

Las grandes potencias del Entente y Japón (gran aliado de Rusia) se unieron con las tropas del ejército Blanco para así acabar con la resistencia del ejército Rojo, en lo que ellos denominaban la guerra civil rusa. Georgi Popovich era el capitán más joven de la segunda división de las tropas centrales del ejercito Blanco (un gran honor ante su edad y condición de beta) ocupadas en recuperar el control del puerto y justamente las mismas que eran dirigidas por el gran duque, Viktor Nikiforov.

En la experiencia de capitán Popovich, las terribles condiciones del invierno siberiano resultaba ser el mayor enemigo de las tropas y el aliado más poderoso de los rebeldes bolcheviques. Las tierras heladas del norte podían alcanzar temperaturas inferiores a los -40 °C y ser azotadas por terribles ventiscas de hielo y nieve que helaba hasta los huesos.

Ante tales condiciones tan extremas, era natural de ser humano buscar cualquier tipo de consuelo que les ayudara a sobrevivir, fuera una simple taza de té caliente, un plato de potaje recién preparado o la compañía de un omega en algún burdel de la localidad. Pero para algunos como el capitán Popovich, el calor que se mantenía ardiendo dentro de su pecho era todo lo que se necesitaba para enfrentar cualquier terrible tempestad.

Georgi estaba perdidamente enamorado de su prometida Anya, una joven beta de alto rango que vivía en San Petersburgo, y esperaba anisadamente su regreso o al menos una de sus cartas que confirmaran su sobrevivencia tras la guerra y su amor eterno. O al menos era así como lo imaginaba el joven capitán, ya que Anya (como jovenzuela de la alta sociedad) a veces estaba muy ocupada o delicada de sus emociones para responderle sus constantes misivas de su amado capitán.

Pero eso no desanimaba a Georgi Popovich, quien aprovechaba cualquier oportunidad para tomar la pluma, el tintero y un pedazo de papel, y crear una nueva declaración de amor para su prometida.

–Escribiendo de nuevo, capitán Popovich –escuchó que lo llamaban desde la entrada a la base improvisada cerca del campo de batalla congelado. Aquella tarde de ventisca helada, había hecho que ambos bandos en el combate dieran la retirada hasta una mejora en el clima.

La estructura armada con gruesos troncos del bosque siberiano, carpas y hasta pieles de animales, era el lugar más cálido en varios kilómetros a la redonda. Siendo el lugar perfecto para guarecerse de las inclemencias del clima, comer algo caliente o descansar un poco. Pero para Gerogi era el lugar y el momento perfecto para dedicarle otra carta de amor a su prometida.

Pero su proyecto había sido interrumpido nada menos que por el mismo gran duque, quien fácilmente sobresalía de los hombres del destacamento por su uniforme grueso, pieles finas y su porte de alfa.

–No es el té caliente o el vodka el que me mantiene vivo en esta helada tundra –contestó Georgi jovialmente ante el interés que habría mostrado el príncipe por las actividades personales del joven capitán –. Es el amor lo que hace latir mi corazón.

El príncipe Viktor sonrió cálidamente ante su comentario, lo que resultaría raro para la mayor parte de la unidad. Generalmente un aura fría, solemne y hasta melancólica solía estar presente en el semblante del gran duque, pero para Georgi que había luchado y trabajado mano a mano con el alfa, una sonrisa era un curioso rayo de luz que solía proyectar en ocasiones especiales.

–¿Embriagado de amor? –dijo Viktor en lo que marchaba lentamente hasta la mesa donde yacía el plano del campo de batalla. Se quitó los guantes de sus pálidas manos con la gracia que tenía las personas de la realeza y se sentó a sus anchas a la cabecera de la mesa antes de agregar –: Eso suena bien.

Y sin dar razones o compartir sus pensamientos, el gran duque alcanzó un trozo de papel y pluma para sí y comenzó a redactar por igual, una carta en silencio. Y Georgi podía apostar una mano y un pie de que se trataba de carta de amor justamente como las que él mismos escribía.

Alguien con buena atención y experimentando los mismos sentimientos podía darse cuenta fácilmente de que el príncipe Viktor le escribía a alguien que ya le había entregado el corazón y por la frecuencia en que recibía respuesta, era muy probable que el sentimiento fue reciproco.

Cada vez que el zarévich recibía una de esas cartas su semblante sombrío e indiferente cambiaba, una sonrisa cálida iluminaba sus rostro y sus ojos azules resplandecían como luceros. Incluso cuando el viento amasaba, sus feromonas lo delataban impregnado todo a su alrededor. Viktor estaba perdidamente enamorado de alguien, como Georgi de su Anya.

Y cuando uno cuenta con el amor correspondido, puede valorar y apreciar el amor que reciben otros.

–Es muy interesante verme escribir ¿eh, capitán? –preguntó de repente el zarévich sin levantar la vista y la punta de su pluma del papel.

–No más que la pregunta de quién es destinatario de esa carta –se atrevió a comentar Georgi, pero pronto se arrepintió de haberlo hecho.

No era un secreto. Inclusive en las heladas tierras del norte, el drama de la corte llegaba hasta los oídos de los soldados. Era bien sabido para las cabezas a cargo del ejército blanco, que la llegada de su majestad Viktor a Siberia estaba envuelta en un drama amoroso sórdido. Se desconocía quién era la persona responsable de la caída de alguien tan poderoso como el príncipe, pero las malas lenguas mencionaban a una persona prohibida en el palacio.

Todos sospechaban que las cartas que el gran duque escondía celosamente en la solapa del pecho de su saco de invierno pertenecían aquella persona. Georgi no tenía duda de ello, ya más de un ocasión había tenido oportunidad de ver el remitente de las respuestas a las cartas del príncipe y venían directo del palacio.

Pero sin duda, para que el zarévich guardara tan estrictamente tal secreto, denotaba que el joven capitán había cometido una imprudencia en preguntar por los asuntos privados de su majestad.

Pero en cambio, Viktor solo le respondió sonriendo pícaramente ante su comentario, pero remató diciendo:

–Yo podría hacerle el mismo cuestionamiento.

–N-no tengo secretos vergonzosos que ocultar, su alteza –contestó Georgi algo nervioso y descuidado, pero satisfecho de haber evitado un bala. Aunque pronto se dio cuenta que tal vez el tiro le había salido por la culata.

En ambiente en la choza cambio radicalmente en lo que el príncipe alzó la vista y clavó sus ojos como témpanos de hielo en el joven capitán. Pronto el cuarto se impregnó de las feromonas de alfa que fácilmente aturdieron los sentidos del joven capitán beta.

–¡No era mi intención insultarlo! –rápidamente contestó Georgi liberando su propia fragancia neutralizante tratando de calmar el ambiente.

Viktor no le compartió palabra alguna, continuó en silencio su carta hasta que finalmente la terminó. Con cuidado dobló el papel, lo guardó en un sobre y lo selló con cera antes de ocultarlo entre sus ropas.

–No lo ha hecho, capitán –dijo el zarévich en lo que marchaba hasta quedar frente al joven beta –. Pero le recomiendo que tenga cuidado con su curiosidad, podría pagarla muy caro. Inclusive, invocar el sufrimiento ajeno en su propia historia de amor –agregó con una sonrisa fría.

El capitán Popovich terminó en blanco ante aquellas palabras. Su sorpresa fue tal que tardó unos segundos en retomar la compostura, levantarse y saludar al príncipe en lo que este marchaba a la salida de la habitación.

–En cierta forma le envidio… –dijo el zarévich antes de pasar por el umbral a la fría tundra del exterior– no tener miedos, ni restricciones. Poder gritar a los cuatro vientos lo que siente, sin temor de que alguien lea el remitente de sus cartas. Capitán –se despidió de último.

–Su alteza –Georgi lo hizo por igual.

Al capitán Popovich le tomó unos segundos reponerse ante las palabras del gran duque. Realmente era afortunado de tener un amor de ensueño con su querida Anya.


Por necesidad de la historia hice unos cambios a los hechos históricos de la guerra civil rusa. Primero, ocurrió diez años después de lo que señalo en el capitulo. La rebeldía de los bolcheviques fue ante la debilidad de gobierno que mostraba el zar Nicolás II (padre de Anastasia). Y los japonés no eran aliados de los rusos, incluso años antes habían tenido varios conflictos bélicos por el control de las aguas orientales.

Pero en está historia, el zar Alexandre es un fuerte líder del pueblo que tiene más control de su imperio y gracias a su harem cuenta con muchos aliados que le ayudan a comercializar y enfrentar a cualquier fuerza rebelde. En realidad, la presencia de Yuuri en el harem es el gancho que asegura la cooperación de las dos naciones.

Saludos y espero que disfrutaran el capitulo.