La Niña Maldita
o El destino de aquellos que sufren el pasado.
Disclaimer: Todo el universo de Harry Potter (Wizarding World) es propiedad de J.K. Rowling
Capítulo XXIII
25 de diciembre de 2021. Mediodía.
Repetir la historia fue tedioso y, por tratarse del padre de su mejor amigo, sumamente triste. El señor Malfoy contenía las lágrimas a medida que Albus describía el repentino cambio de actitud de su amigo.
Scorpius había tenido una fuerte discusión con Rose antes y después del juego de quidditch, y se había peleado con Albus luego del Club de Duelo.
Además, se vio en la necesidad de aclarar lo mucho que el muchacho extrañaba a su madre. Si bien sabía que el hecho no era desconocido para el padre, era la principal razón por la que todo esto había pasado.
«Ella siempre fue su confidente. —Draco Malfoy hablaba con susurros y la mirada perdida en el interior de la tienda—. La de ambos, si soy sincero. No fue hasta su muerte cuando debimos confiar plenamente en el otro y entiendo por qué no ve una vida solo conmigo» Tras esa afirmación se habían marchado.
Albus caminaba cabizbajo, mordiéndose los labios con furia y tragando todo lo que deseaba decirse.
«Si hubiera sido completamente honesto con Scorpius y notado sus inquietudes a tiempo… las cosas serían diferentes»
Albus notó de inmediato que su padre no lo guiaba nuevamente a la enfermería, avanzaron por algunos tramos de escaleras antes de encontrarse en el despacho del mago.
Harry lo ayudó a sentarse y caminó hacia el fondo de la habitación. Abrió las puertas del armario con delicadeza y con un encantamiento extrajo un fino recipiente cóncavo de plata, que se acercó levitando hasta encontrarse frente al muchacho.
—Es un pensadero, pero estoy seguro que ya lo conocías —comentó el mago, mientras apoyaba la varita en su cien—. Se vuelve un artefacto indispensable si, como yo, tienes bastos recuerdos que debes analizar con claridad.
Mediante magia no verbal, su padre extrajo de su cabeza un hilo trenzado de color celeste. Destellos blanquecinos y susurros casi imperceptibles emergían de él, junto con un aura espectral.
Colocó el recuerdo en las aguas del pensadero e invitó a su hijo a sumergir la cabeza. Albus nunca había utilizado el pensadero, pero había visto a su padre usarlo un sinfín de veces cuando estaba en casa.
Traspasó el líquido con su cabeza y sintió como su cuerpo era succionado por el artilugio. Dejó atrás los dolores corpóreos y cayó en el recuerdo de su padre siendo una proyección de su propia mente.
Cuando su visión se aclaró, notó que el recuerdo era de la noche anterior. El gran comedor vestía la decoración navideña y los presentes gozaban de una fiesta cuyo final era imposible de predecir.
—¿Qué estamos buscando? —preguntó Albus.
Su padre se había materializado poco después que él y recorría la vivida sala en silencio, observando todo a su alrededor; demostrando que no se trataba de la primera vez que recurría a sus recuerdos para sus investigaciones.
—Algo que nos dé una pista —esclareció—. Si los recuerdos fueran novelas, estarían narradas en primera persona. Es casi imposible recordar todo lo ocurrido con precisión, los rostros se difuminan y las voces se distorsionan, aun así, nuestras mentes logran almacenar y reconstruir los hechos con bastante de precisión. Eso no es suficiente en mi oficio.
» Un auror no puede permitirse recordar únicamente aquello que vivió, pues muchas veces, la verdad se halla oculta tras los detalles que pasamos por alto. Entrenamos para recordar a la perfección todo lo ocurrido a nuestro alrededor y, como el lector de una novela, poder leer nuevamente aquello que quedó escrito en nuestras mentes.
—¿Crees que logremos averiguar algo sobre MAE?
—Estoy seguro que sí —afirmó Harry—. La paz y el ambiente navideño puede que hayan segado mis instintos durante la noche, pero todo es diferente con la mente fría. Si Delphini pudo escuchar que unas personas preguntaban por ella, estoy seguro que nosotros seremos capaces de descubrir algo más.
25 de diciembre de 2021. Tarde
Nunca se habría imaginado que la forma más aburrida de pasar la navidad sería dentro de un pensadero, observando el mismo recuerdo por horas, a la deriva y sin pistas evidentes del caso que lo aquejaba.
Al principio, le sorprendió la increíble capacidad de su padre para almacenar conversaciones en las que no había participado. Se preguntó si el entrenamiento de los aurores consistía en aumentar la capacidad auditiva de manera inconsciente, pero no le fue difícil descubrir el truco.
Como ocurre en cualquier fiesta, el gran comedor se había separado en diferentes grupos que hablaban entre ellos, por lo que todos comentaban diferentes temas a la vez. Eso hacía imposible que su padre pudiera escuchar todo al mismo tiempo y ocasionaba que en su recuerdo, algunas frases se oyeran distorsionadas.
Pronto se percató que Harry avanzaba entre los presentes y dirigía al menos una palabra hacia cada grupo, fuera audible para ellos o un mero susurro. A partir de ese momento, la conversación quedaba grabada en su memoria y podía oírse con claridad, aunque ya no estuviera presente en la misma.
Al preguntarle a su padre sobre eso, sonrió discretamente.
—Es increíble lo listo que eres —comentó, haciendo que Albus se sonrojara—. Existen pociones que mejoran las capacidades físicas de nuestro cuerpo y nos ayudan en determinados momentos; pero nadie puede anticiparse a situaciones inesperadas, ni tampoco consumirlas todo el tiempo.
» Los aurores entrenamos para que nuestras mentes almacenen toda la información posible y, para lograrlo, se podría decir que hechizamos nuestro entorno de manera inconsciente. Al hablar con algunos presentes o dirigir una frase sutil hacia ellos, una parte de mi magia se queda con allí, haciendo que me sea posible escuchar sus palabras en mis recuerdos.
—Si tienes esa capacidad, ¿es posible detectar palabras puntuales que pudieran ser dichas por alguno de los invitados?
La pregunta sorprendió al mago, estaba claro que nunca lo había pensado. Meditó por unos segundos la posibilidad y preguntó a su hijo cual sería una palabra adecuada.
—"Albina" —escogió—, Delphini dijo que escuchó a alguien preguntando por la chica albina.
Su padre asintió y se desvaneció de inmediato. El recuerdo se detuvo abruptamente, las personas se quedaron quietas e incluso el fuego de la chimenea se mantuvo estático.
Sin previo aviso, el panorama que lo rodeaba se desdibujó y apareció en otro momento del mismo recuerdo. Su padre se materializó a su izquierda y avanzaron juntos hacia una de las mesas.
Delphini y él se hallaban charlando con un grupo de Gryffindors, pero la mirada de la muchacha estaba perdida en la nada. Albus notó que, tras unos segundos, su vista se desvió hacia dos hombres que charlaban detrás de ellos.
Se acercaron y pudieron oír con claridad la conversación entre ambos. Los magos portaban túnicas elegantes y parecían invitados de gala, razón por la que habían pasado inadvertidos.
—¿Entonces no la has visto? —preguntó uno.
—Negativo —respondió el otro—, quizás oculten al monstruo por un tiempo. La jefa intuye que descubrieron nuestros planes hace mucho, no la expondrán innecesariamente.
Albus notó que, para ese punto de la conversación, Delphini y él se habían marchado de su lugar.
«Eso explica por qué no se alertó, debió pensar que se trataban de padres que habían escuchado los rumores sobre ella» pensó.
—Si, puede que tengas razón —continuaron—. De todas formas, destruiremos este lugar como lo hemos hecho con los otros colegios.
—Esto será mucho más fácil, recuerda que es gracias a la jefa que pudimos escabullirnos y no tuvimos que planear un asedio desde el exterior.
Tras ese dialogo, los hombres se separaron y siguieron recolectando información a lo largo de la noche. Aunque Albus y su padre estuvieron atentos a sus movimientos, no pudieron conseguir nada más.
—Fueron los únicos que se descuidaron al hablar en voz alta —exclamó Harry.
Observaron el momento en que los magos tenebrosos comenzaron a atacar e incluso cuando identificaron los rostros y siguieron a cada uno durante la fiesta, no pudieron obtener ninguna clase de información.
Cuando salieron del pensadero, la luz de la luna los bañaba desde la ventana del despacho de su padre. Harry encendió una vela y se sentó agotado sobre su silla.
—No pudimos descubrir nada —afirmó el mago—. Aunque sea el jefe de los aurores, sigo siendo inútil muchas veces.
Albus desvió la mirada, no podía creer que el gran Harry Potter tuviera las mismas inseguridades que él.
—No todo fue en vano —dijo, intentando levantar los ánimos de ambos—, descubrimos cómo fue que entraron al colegio.
Harry lo miró con una ceja arqueada, dudaba que el joven pudiera haber escuchado algo que él no. Era cierto. Albus pensó rápidamente en lo poco que habían podido escuchar y supo hilar una teoría rápidamente.
—Genevieve… la mujer del saco rojo —aclaró—, me dijo que su apellido era Gryffindor. Si fuera descendiente de uno de los cuatro fundadores, podría pasar sin problema a través del protego que cubre el castillo. No la vería como una amenaza.
Harry negó con la cabeza.
—No funciona del todo así —explicó—. Es un protego particular el que resguarda al colegio. Solo puede ser pasado por aquellos que estudiaron en Hogwarts o por sus hijos, quienes probablemente también estudien aquí, con excepciones en caso de padres muggles o extranjeros que residen en el Reino Unido. La directora buscó en los registros de estudiantes antiguos y el nombre que te dio no coincidía con ninguno en los últimos seiscientos años.
Guardaron silencio por un instante, lo cierto era que estaban cada vez más lejos de la verdad.
—¿Y si fuera la hija de Godric Gryffindor? —comentó Albus sin pensar, ocasionando que su padre lo mirara confundido. No era descabellado pensar eso—. Es posible, si usara alguna clase de magia para mantener su juventud o incluso haya…
—¿Creado horrocruxes? —completó Harry, riendo ante la ironía—. Es imposible, si hubiera creado horrocruxes, su cuerpo habría sufrido cambios y no aparentaría belleza ni juventud. Por otro lado, los hechizos que rejuvenecen a los magos solo afectan su apariencia física, no existe ninguna magia capaz de eludir a la muerte, ni tampoco he oído sobre ningún mago o bruja tan longevo.
Albus supo que su teoría carecía de pruebas, pero en su mente, no cabía duda alguna.
—Durante nuestra charla, Genevieve habló mucho sobre su padre —continuó—. Por lo que dijo, era un hombre firme y determinado. Citó un par de frases suyas que luego confirmé eran del propio Gryffindor, gracias a la directora McGonagall. Se que es una locura, pero si nos limitamos a pensar solamente en lo que creemos posible, la verdad se escapara de nuestras manos.
Harry observó la ventana en silencio, Albus sabía que meditaba sobre sus palabras.
—Supongo que tendré que hacer algunas averiguaciones —exclamó finalmente mientras se levantaba de su asiento—. Se que nada logrará arreglar este fatídico día, pero ya tenía pensado dártelo.
Tomó de su escritorio un pequeño paquete y se lo extendió. Albus tomó el obsequio y se deshizo rápidamente del papel de regalo, algo que no supuso ninguna dificultad, pues estaba pesimamente envuelto.
Extrajo del interior un collar de plata con un dije rectangular de madera oscura. No tenía ninguna clase de grabado ni nada que destacara en particular, pero era un regalo de su padre y eso ya lo hacía especial.
—Era de mi padrino —afirmó—. Lo encontré cuando visité Grimmauld Place y sentí que debías tenerlo. Quizás ahora no signifique nada, pero sé que en algún momento te será de suma utilidad. Feliz navidad, Albus.
Nota: ¡Gracias por leer!
