Aclaraciones: Mo Dao Zu Shi no me pertenece.
Esta historia está ambientada en el universo de la novela.
— Capítulo 24 —
Cuando nace el amor (Parte I)
Una increíble e inesperada noticia comenzó a propagarse por los territorios, echando por tierra las perniciosas ambiciones de una secta, favoreciendo extrañamente a otras, y cambiando por completo el rumbo de la guerra: Wen RuoHan fue asesinado.
La noticia alertó a las sectas en alianza y no quedaron indiferente a ella. Convocaron entonces una conferencia de discusión y, de forma casi unánime, decidieron realizarla en el Receso de las Nubes debido al hermetismo del terreno y a la seguridad de las instalaciones.
Todos actuaban con cierta diligencia y mostraban un ávido interés en la conferencia; Lan WangJi en cambio lucía nervioso y un tanto distraído. Desconocía el motivo, pero incluso esa suerte de desconocimiento le impidió conciliar el sueño la noche anterior, por lo que su participación como anfitrión del encuentro estaba resultando tenue y algo torpe. Aun así, a ratos sus ojos parecían cobrar cierto brillo cuando se anunciaba el arribo de una secta, esperando escuchar entre los nombres de los comensales uno en particular.
Bajo el portón principal, Lan XiChen no tardó en notar esa expectación intermitente. Para muchos, aquel atisbo de alegría que por segundos aparecía en sus ojos con el anuncio de una secta podía pasar inadvertido, pero no para él, por lo que no dudó en indagar el motivo.
—WangJi, ¿esperas a alguien en particular?
Su rostro pálido y algo cansado se sobresaltó y mostró tensión en los labios. De inmediato negó con los mismos, añadiendo firmeza en la respuesta.
Lan XiChen acentuó la incredulidad de su mirada.
—Entonces leí mal la expresión de tus ojos, porque cualquiera que te viera diría que esperas a alguien.
—No. —Volvió a negar con descaro. Sabía que mentía, pero no podía admitirle a su hermano el motivo de su ansiedad.
Lo cierto era que esperaba el arribo de la secta YunmengJiang, pero en especial a una persona que había visto apenas hacía un mes, luego de creerla muerta por meses.
—¡Secta YunmengJiang!
El anuncio le hizo sobresaltar y dar un paso hacia adelante con obviedad. Observó detenidamente al grupo conformado por diez miembros que ascendían por las escaleras de piedra en estilo ruyi. Miró meticulosamente a cada invitado, deteniéndose finalmente en uno de ellos. Sus ojos se iluminaron y una sonrisa pugnó por aparecer en sus labios. Lan XiChen no fue indiferente a ello y se preguntó el motivo que generó aquella reacción en su hermético rostro. Miró lo que sus ojos observaban con tanta detención y no pudo evitar sorprenderse al ver entre los comensales de Yunmeng la figura de Wei WuXian.
Jiang Cheng fue el primero en saludar. Su mirada aguda y algo frívola no intimidó a Lan XiChen, quien le respondió el gesto con una sonrisa.
—Bienvenidos —anunció—. Siéntanse como en su casa.
El semblante de Jiang Cheng no cambió demasiado incluso con aquella agradable recepción. Su expresión algo distante la sostenía como un acto propio de un líder hermético e insondable.
Lan XiChen desvió su mirada a Wei WuXian y de pronto no supo qué decir.
—Creí que...
Wei WuXian se dio por aludido ante tono vacilante y habló.
—Volví hace poco.
—Perdone, joven maestro Wei. —Lan XiChen se disculpó con algo de pesar. —Todos le habían dado por muerto.
—Está bien —respondió él, encogiéndose de hombros. —A veces también me sorprende estar con vida.
—¿Dónde estuvo todo este tiempo? Wen Chao dijo...
—Él puede haber dicho muchas cosas —le atajó Wei WuXian—. Pero lo que realmente importa es que estoy vivo.
Lan XiChen no pretendió insistir en su milagroso regreso ni en las palabras de Wen Chao que finalmente se convirtieron en mentiras. Les invitó a ingresar al edificio principal donde se llevaría a cabo la reunión y continuó una breve charla con Jiang Cheng. Durante la breve introducción, Lan WangJi no apartó los ojos de Wei WuXian. Casi como una aparición que volvía a repetirse frente a sus ojos, no perdió detalle de su figura, la cual lucía muy diferente desde la última vez que la vio... hacía apenas un mes.
Quiso saludarlo, decirle que le alegraba verlo nuevamente, pero sus palabras enmudecieron en su garganta cuando Wei WuXian pasó por su lado sin siquiera saludarlo. Fue apenas un ademán distante con la cabeza, un gesto frívolo que no reflejó en lo absoluto lo que un mes atrás había ocurrido entre los dos. Lan WangJi tuvo el impulso de detenerlo y preguntarle qué le había pasado o qué le había hecho para recibir semejante desaire, pero guardó silencio y esperó que una mejor oportunidad para aclarar la situación.
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Encabezada por los líderes de cada secta aliada, la conferencia de discusión de emergencia dio inicio. El tema a tratar era la repentina e impensada muerte de Wen RuoHan a manos de un cultivador sin nombre, pero la atención parecía haberse centrado en la presencia de Wei WuXian. Para nadie era sorpresa que su paradero había sido incierto durante seis meses luego que Yunmeng cayera a manos de la secta QishanWen. Todos conocían los métodos de tortura de aquella secta, en especial los de Wen Chao, por lo que no dejaba de impresionar ver a Wei WuXian en una sola pieza. Sin embargo, lo que más sorprendió —e incomodó a algunos— fue su nueva apariencia. El joven garboso y jovial que siempre llamaba la atención con su sola presencia, ahora lucía sombrío y misterioso, como si su regreso de los Túmulos Funerarios se debiera a un descuido de la muerte y en el proceso esta le hubiera arrancado parte de su vitalidad, dejándola atrapada en aquellas áridas tierras.
Los murmullos que hacían eco en el gran salón y las miradas indiscretas en su dirección se habían vuelto incómodas en pocos minutos, en especial para Jiang Cheng, que detestaba esa clase de atención.
—De haber sabido que tu presencia causaría este revuelo, te habría dejado en Yunmeng.
Wei WuXian se mostraba indiferente; incluso parecía disfrutar del espontáneo interés que causaba su regreso. Pero de entre todas las miradas indiscretas, hubo una que capturó su atención y la sintió diferente a las demás. Miró por sobre su hombro derecho y se encontró con los ojos claros de Lan WangJi, que no dejaban de observarle desde que puso un pie en los Recesos de las Nubes. Se preguntó si estaba molesto o sorprendido con su presencia, y trató de adivinar la respuesta. En todos los años que se conocían jamás había podido reconocer lo que su mirada ocultaba tras aquel color tan particular, y creía que en esta ocasión tampoco lo conseguiría.
Decidió entonces restarle importancia, aun cuando en su pecho se desencadenaba una oleada de latidos sobresaltados que se exacerbaban cuando su mirada se cruzaba con la de Lan WangJi.
—¡Quiero que alguien diga exactamente qué fue lo que sucedió con Wen RuoHan!
La autoritaria y poco amable voz de Nie MingJue alteró el ambiente y trajo a Wei WuXian de vuelta a sus sentidos. Rompió el contacto visual con Lan WangJi y puso la vista al frente.
—¿Qué no lo sabe? —cuestionó el líder de la secta Yao—. Wen RuoHan fue decapitado y su cabeza colgada en las puertas de Buyetian.
Los murmullos resonaron por todo el salón. Nadie parecía dar crédito a lo que se estaba comentando. Unos dudaban; otros simplemente daban la guerra por ganada. Lo cierto era que confirmar la muerte de Wen RuoHan avivaba la inquietud, la incertidumbre, y cambiaba drásticamente los matices de la guerra.
—¿Y alguien sabe quién lo hizo? —preguntó Lan QiRen.
—Se dice que fue un cultivador de su propia secta —contestó Jin GuangShan con cierta incomodidad—. Qué desafortunado.
—Eso es imposible —masculló Jiang Cheng—. Esos malditos perros Wen jamás se traicionarían.
—Es que no hay forma que alguien irrumpa en los territorios de Buyetian y salga con vida —añadió el líder de la secta Yao.
—Estamos hablando de alguien o algo está de nuestro lado —insistió Jiang Cheng—. Si acabó con Wen RuoHan, significa que apoya nuestra campaña.
—Eso no es prueba suficiente —le rebatió Jin GuangShan—. Quizá tenga otros planes... como tomar su lugar por ejemplo.
—Incluso sus hijos lo traicionaron para usurpar su puesto, lo que realmente importa es descubrir la identidad del responsable —declaró Lan QiRen—. Es por eso que convocamos esta conferencia en primer lugar.
Jin GuangShan se mostró reflexivo por un momento, pero rápidamente pareció llegar a una conclusión.
—¿Qué tal si ni siquiera es un humano?
Todos lo vieron con incredulidad; otros con sorpresa. Su cuestionable imaginación había ido demasiado lejos.
—¿De qué está hablando, líder de secta Jin? —cuestionó Lan XiChen.
Nie MingJue soltó una pequeña carcajada de burla y bebió un poco de té, murmurando entre dientes un "perdió la cabeza".
—¿Qué humano o qué cultivador conocido por sus habilidades ha igualado la fuerza de Wen RuoHan? —Jin GuangShan no dudó en defender su punto—. ¡Ni siquiera uniendo nuestras fuerzas hemos tenido oportunidad de acercarnos!
—Tal vez fue una mala estrategia de combate —concluyó el líder de la secta Yao.
—O solo fue suerte —añadió Nie MingJue.
Lan QiRen negó con la cabeza. Ninguna propuesta le convencía. Estaba seguro que detrás de la muerte de Wen RuoHan había algo más que solo desconocimiento y suposiciones.
—No lo creo así —rebatió concluyente—. Esa persona, o lo que sea que lo haya hecho, es una amenaza mientras no sepamos quién o qué es y no conozcamos sus verdaderas intenciones.
Jiang Cheng resopló contrariado.
—¿Entonces qué proponen? —cuestionó—. ¿Vamos a enfocarnos en encontrar al asesino de Wen RuoHan o a crear una nueva estrategia? Los perros Wen ahora están en desventaja. Es nuestra oportunidad de dar el golpe de gracia y aplastarlos.
Todos asintieron.
—Es cierto —aprobó el líder de la secta Yao—. Ahora están vulnerables. Sin su líder serán blanco fácil.
Nie MingJue dio un paso al frente.
—¡Nuestra siguiente jugada será la que decidirá el rumbo de la campaña contra los malditos perros Wen! —exclamó resuelto—. Si nos organizamos cortaremos sus piernas y brazos, hasta que no tengan más alternativa que rendirse. ¡Esta es nuestra oportunidad!
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Con un austero banquete que dejó un tanto inconforme a los comensales, la primera parte de la conferencia de discusión finalizó a las ocho en punto de la noche. Ya eran conocidas las "prácticas" culinarias de la secta GusuLan, por lo que nadie se molestó en reprochar el descontentó que dejó la poca variedad de platillos y el desasosiego que provocó en sus estómagos la insípida calidad de los mismos. Sin embargo y, sin ser del todo una sorpresa, solo una persona no se molestó en manifestar su insatisfacción y decidió saciar su hambre fuera de los muros restrictivos del Receso de las Nubes.
Pasada las nueve de la noche y, vulnerando el toque de queda —como en los viejos tiempos—, Wei WuXian dejó el cuarto que le asignaron junto a Jiang Cheng y fue en busca de licor y buena comida a la ciudad. Sabía que incluso si asaltaba la cocina del Receso de las Nubes, solo encontraría verduras y hojas de té.
—Ni siquiera son capaces de tener un buen licor para sus invitados.
Su queja vino acompañada de un sigiloso andar por uno de los senderos más recónditos del lugar, porque podía decir casi con orgullo que su tiempo como estudiante en el Receso de las Nubes le había servido para memorizar el terreno y tomar ventaja al momento de burlar el toque de queda. Se alejó lo que más pudo de las habitaciones y, una vez que se aseguró de no haber advertido a nadie de su escape, se relajó y transitó sin prisa por el sendero.
Caminar por el Receso de las Nubes le traía gratos y graciosos momentos a su memoria. En la mayoría estaba Lan WangJi, que con su personalidad adusta y poco sociable hacía aflorar el lado más travieso de la suya.
No era novedad que no congeniaban del todo, y las peleas se daban principalmente por su causa. La falta de libertad en un ambiente prohibitivo como lo era Gusu, sumado al fanatismo de Lan WangJi por el respeto a las reglas, tensaba siempre el ambiente entre los dos. Pero incluso así, para Wei WuXian era divertido compartir con él, aunque se quejara de su formalidad tediosa y su silencio abrumador. No lo entendía realmente porque, a pesar de desagradarle su actitud, no podía alejarse de su lado, y llamar su atención cada vez que la ocasión lo ameritaba parecía volverse parte vital de la dinámica de su relación.
Soltó una pequeña carcajada al recordar las ocasiones en las que sacaba a Lan WangJi de sus casillas, y pensó en la manera de volver a hacerlo, aprovechando que se encontraba de visita en su hogar.
A los pocos minutos de su andar fugitivo se detuvo y una sonrisa casual apareció en sus labios: frente a él estaba Lan WangJi.
—Como en los viejos tiempos —bromeó al reconocerle.
Esperaba que su respuesta a su intervención silenciosa causara algún efecto en Lan WangJi, pero solo vio un profundo pesar en sus ojos.
—¿Qué ocurre, Lan Zhan? —preguntó, fingiendo preocupación—. ¿Ya no te molesta verme merodeando durante el toque de queda? Te recuerdo que ahora ya no puedes acusarme porque no estudio aquí. Soy un invitado, y como tal, merezco un trato más indulgente.
Retomó la marcha pero, al momento de pasar junto a Lan WangJi, él le sujetó del brazo. Sus miradas volvieron a encontrarse, y esta vez Wei WuXian sintió un pequeño pinchazo en el pecho, como si el corazón hubiera latido de más.
—¿Lan Zhan?
—Tu cuerpo... ¿está bien?
Su pregunta se escuchó tan afligida y ansiosa, que Wei WuXian guardó silencio por un instante y sus ojos le vieron con desconcierto. Luego recordó que, al igual que todos, estaba sorprendido por su regreso, y no era de extrañar que cuestionara su integridad física luego de haber sido presa de Wen Chao.
—Ah, se trata de eso. —Intentó soltarse, pero Lan WangJi no lo permitió. —Descuida, estoy bien.
—Te fuiste sin decir nada.
Wei WuXian enarcó las cejas con incredulidad y tiró una vez más de su brazo.
—¿Desde cuándo se pide permiso para ir a beber? —Finalmente logró soltarse. —Si quieres acusarme, adelante. O si quieres acompañarme a beber a la ciudad también puedes hacerlo.
—Wei Ying...
—Ya no soy alumno de tu secta para aceptar los castigos. —Le interrumpió. —Soy invitado y puedo hacer lo que quiera, como ir a beber a la ciudad a la hora que se me antoje.
Continuó caminando y se alejó sin ser detenido. Había mostrado un cambio de personalidad que Lan WangJi reconoció de forma casi inmediata, porque el Wei WuXian de hacía un mes y el de ahora... eran dos personas completamente diferente.
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A primera hora de la mañana se retomó la conferencia de discusión con el propósito de zanjar los últimos detalles que desplegarían en la lucha contra los Wen. Todos, a excepción de Wei WuXian, participaban con las energías. Él había regresado cerca de la madrugada, por lo que no estaba con ánimos de participar de la reunión. Jiang Cheng sin embargo, como castigo por su falta de cuidado y compromiso, le obligó a acompañarle. Él era un elemento importante para la compaña "Caída del sol", y no quería que quedara fuera de cualquier información que definiera el destino de la siguiente jugada contra los Wen.
Lan WangJi por su parte, lucía igual de desmejorado que Wei WuXian, y no era precisamente por resaca; era la enésima noche consecutiva en la que su dormir era todo menos placentero. Su rutina de descanso se había interrumpida como nunca en todos sus años como cultivador. Sagradamente su cuerpo se dormía a las nueve de la noche y despertaba a las cinco de la mañana, pero desde que Wei WuXian había sido dado por muerto, sus siestas jamás volvieron a ser las mismas. Sueños intermitentes, pesadillas recurrentes, incluso noches en vigilia absoluta. Aquello se había visto reflejado en su desempeño, comprendiendo bien por qué era tan necesario la dura rutina de sueño impuesta por su secta.
Lan XiChen se le acercó al ver su rostro pálido y con evidentes ojeras.
—¿Otra vez no pudiste dormir?
Lan WangJi solo hizo un ademán con la cabeza, confirmando la observación de su hermano.
—Intenta aguantar lo que más puedas —le pidió—, luego puedes ir a descansar.
—No. —Sus ojos se desviaron por un instante en dirección de Wei WuXian. —Me quedaré toda la reunión.
Lan XiChen no le insistió. Conocía su problema desde hacía seis meses pero nunca quiso indagar realmente en el motivo que desencadenó semejante alteración; aun así parecía intuirlo, porque sus ojos también se desviaron hacia Wei WuXian.
Durante la primera pausa de la conferencia, Lan WangJi aprovechó de ir a su dormitorio para refrescarse el rostro. Le dolía la cabeza y, a pesar de haber desayunado, sentía un aplastante vacío en la boca del estómago.
Se vio unos momentos en el reflejo que le ofrecía la palangana sobre la mesa, y allí se quedó un momento, como si esperara encontrar en él una respuesta a su melancolía y al porqué Wei WuXian actuaba tan diferente.
De pronto una pequeña brisa llegó a su cara y le hizo alzar la mirada con sorpresa. Bajo el dintel de la puerta estaba Wei WuXian.
—Me preguntaba dónde estabas, Lan Zhan. —Su voz se dejó escuchar animada. —¿Estás bien? Luces muy pálido.
Lan WangJi pretendió ignorarle. No tenía pensado decirle que su rostro demacrado era por su causa.
Wei WuXian advirtió su talante desmejorado y se atrevió a ingresar al dormitorio sin permiso. Quería animarlo un poco, y supuso que sus provocaciones lo alentarían a levantarle la voz y echarlo por entrometido.
—Lan Zhan, no me digas que después de seguirme te fuiste a otro lado y por eso mueres de sueño.
Él frunció el ceño y soltó un rotundo "No".
Wei WuXian rio por eso.
—Claro que no; El segundo maestro Lan jamás haría algo que ofendiera las sagradas reglas de su secta.
—¿Qué haces aquí?
Decidió cortar la conversación e impedir que Wei WuXian se entusiasmara en su burla.
—Quise ver porqué estabas tan demacrado en la reunión. —Se sentó sobre la mesa. —Me preguntaba si estabas enfermo o algo.
—¿Por qué te preocupas?
—¿Acaso no puedo? Somos amigos.
Lan WangJi sintió una punzada en el pecho y empuñó las manos. En ese momento sintió la necesidad de decirle que no lo eran, que después de lo que había sucedido entre los dos aquella noche ya no podían considerarse amigos, y que incluso si lo fueran, no actuaría con tanta indiferencia.
No podía negar que le dolía su comportamiento, pero durante su noche de desvelo había llegado a la conclusión que no era precisamente indolencia o descaro lo que creaba una barrera entre los dos; más bien, Wei WuXian actuaba como si no recordara lo que había pasado. Conocía su temperamento y personalidad burlona, por lo que sabía bien que, ante una situación comprometedora como la que ambos vivieron, no dudaría en usarla para molestarlo en cada ocasión que se presentara.
—No lo somos —declaró finalmente con tono tajante.
—No digas eso, Lan Zhan. —Wei WuXian le rebatió negado con la cabeza y con una falsa expresión de tristeza. —Lo somos, aunque te dé vergüenza admitirlo.
Lan WangJi alzó la mirada y se encontró con los expresivos ojos de Wei WuXian, que le observaban con cierta simplicidad. Él lucía tan ajeno a su sufrimiento, que le molestó su desconocimiento y no quiso seguir prolongando su agonía.
—Déjame solo, por favor.
Wei WuXian dejó la mesa, como si su petición le hubiera incomodado.
—Lan Zhan, ¿qué te ocurre?
Su pregunta no fue con tono de burla; más bien mostró una preocupación sincera frente a su reacción esquiva y un tanto afligida. Sabía que algo le sucedía, y sentía que existía la confianza suficiente para preguntarle el motivo. Lan WangJi sin embargo no contestó. Con el semblante esquivo y las manos en los bordes de la palangana, permaneció en silencio mirando su reflejo en el agua. No podía mirar a Wei WuXian; tan solo hacerlo sentía que el corazón se le oprimía con dolor y descontrol. Era una sensación que experimentaba desde que se conocieron, pero solo ahora, tras el regreso de Wei WuXian, comenzaba a tomar forma y una relevancia importante en sus pensamientos y emociones.
—¿Volverás a la reunión? —Wei WuXian no quiso insistirle y zanjó el tema con otra pregunta.
Él asintió con la cabeza.
Wei WuXian quedó conforme con ello y se atrevió a palmear su hombro.
—Pero no tardes; luego no tendré con quién conversar.
Dejó el dormitorio, ignorando lo que su desinteresado e inocente gesto había causado en Lan WangJi. Una vez a solas, él se permitió ver un reflejo más honesto en el agua mientras contenía la respiración. Su cuerpo estaba rígido y sus manos apenas se sostenían en el borde de la palangana.
El contacto de Wei WuXian había sido de apenas unos segundos, pero su hombro estaba ardiendo.
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El resto de la conferencia se prolongó hasta la noche, finalizando poco antes de las diez. A la mañana siguiente, las sectas invitadas se marcharon. Para ese entonces, Lan WangJi no había vuelto a cruzar palabra con Wei WuXian; tampoco tuvo oportunidad porque él permaneció la mayor parte del tiempo acompañando a Jiang Cheng.
El desazón que le había causado su indiferencia se prolongó por los siguientes días, pero poco a poco aquel sentimiento se aquietó, dando paso a pensamientos de preocupación por los cambios en la estrategia de guerra. Con la muerte de Wen RuoHan, la secta QishanWen se había replegado y solo unos días después volvió a manifestar su fiereza. Una villa al norte de Yunmeng había sido tomada como oficina de supervisión, y las sectas GusuLan y YunmengJiang se organizaron para recuperarla.
Jiang Cheng y Lan WangJi fueron los encargados de dirigir al grupo conformado por cincuenta hombres entre las dos sectas. Se dividirían en cuatro grupos, atacando por cuatro flancos para encerrar a los Wen en el centro de la villa, cuyo terreno era plano y abierto. Ejecutarían el plan durante la noche, favorecidos por la ausencia de luna, pero grande fue la sorpresa cuando llegaron y descubrieron que todos los miembros de la secta QishanWen se encontraban muertos.
—¿Qué fue lo que ocurrió? —masculló Jiang Cheng al ver que no había rastro alguno de vida en el lugar.
Uno de los cultivadores de la secta YunmengJiang miraba con recelo la forma en la que los miembros de la secta QishanWen habían sido asesinados.
—Pareciera que murieron de terror.
Sus cuerpos lucían intactos, pero sus expresiones reflejaban un terror que fácilmente erizaba la piel.
Jiang Cheng continuó inspeccionando el lugar. No lucía molesto; por el contrario, y luego de examinar y patear como desquite algunos cuerpos, confirmó con agrado que habían recibido una gran ayuda al tomar una villa estratégicamente importante en la batalla.
—Alguien se nos adelantó, pero nos hizo un favor —comentó—. ¿Qué importa cómo lo logró?
—¿Cree que haya sido la misma persona que mató al líder de la secta QishanWen? —preguntó uno de sus discípulos.
—Podría ser —respondió—, pero no me importa mientras sea nuestro aliado.
Del otro extremo de la villa, Lan WangJi recorría el territorio con preocupación. No era normal la forma en la que los cultivadores habían sido asesinados. Sin rastros de una batalla pesada, los cuerpos tenían talismanes pegados que Lan WangJi no dudó en examinar.
—Este trazo...
Lo observó detenidamente y luego miró a su alrededor. El lugar estaba lleno de los mismos talismanes, lo que confirmaba que estos tenían responsabilidad en la caída de la oficina de supervisión de los Wen.
—Segundo maestro Lan, no hay nadie con vida. Todos los miembros de la secta QishanWen fueron asesinados. El líder de la secta Jiang lo acaba de confirmar.
Lan WangJi asintió y, tras guardar el talismán en su ropa para investigarlo, decidió reunirse con Jiang Cheng en las puertas de la villa.
—Segundo maestro Lan, alguien se adelantó a nuestros planes.
Su tono de satisfacción no pareció influenciar a Lan WangJi; a cambio, él le tendió el talismán que había recogido.
—¿Qué es esto? —preguntó mientras examinaba el trozo de papel.
—Está disperso por toda la villa —respondió Lan WangJi.
Jiang Cheng enarcó las cejas con suspicacia.
—¿Y eso qué?
Lan WangJi frunció el ceño al ver su falta de cuidado ante una posible amenaza.
—No parece un talismán común —declaró.
—¿Crees que el responsable de esos talismanes esté tras esta masacre?
Lan WangJi asintió.
—Lo investigaré.
Con cierta incredulidad ante la posible amenaza que aquellos talismanes representaban, Jiang Cheng le devolvió el que sostenía.
—Bien, pero sea quien sea el responsable, nos está ayudando y para mí eso es suficiente.
Antes que Lan WangJi pudiera rebatirle su equivocada postura, un miembro de la secta Jiang se acercó corriendo.
—Líder de clan, Wen Chao ha incrementado sus tropas. Se están reagrupando al oeste y se dirigen a LanLing.
—Quemen todos los suministros de este lugar y retírense —ordenó Jiang Cheng—. Notifiquen a todos que se recuperó esta villa.
Dio media vuelta con la intención de marcharse, pero Lan WangJi lo detuvo.
—¿Y Wei Ying?
Jiang Cheng apenas dudó de su inesperada pregunta y respondió.
—Lo envié al sur. ¿Por qué?
Lan WangJi no contestó. Negó con la cabeza y se marchó.
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Desde el regreso de Wei WuXian, la guerra llevaba poco más de tres meses. Para ese entonces, el progreso de la misma estaba tornándose en una suerte de tragedia en caída libre para la secta QishanWen. Cada villa o ciudad que era tomada por ellos rápidamente era arrasada, quedando como evidencia solo un puñado de talismanes misteriosos y cuerpos intactos invadidos por el horror.
Fue cuestión de tiempo para que el desconocido personaje que los había creado fuera señalado como el asesino de Wen RuoHan. Nadie podía asegurarlo, ni siquiera considerarlo como un cultivador, pero los rumores cada día tomaban más peso y fuerza.
Lan WangJi había regresado al Receso de las Nubes luego del último asalto a una villa al este de Gusu. Con el apoyo de Jiang Cheng y una sólida estrategia, aplastaron la tropa de Wen Xu. Como resultado él apenas logró escapar con vida, pero juró vengarse de la humillación que había pasado.
Luego de recuperar energías y curarse algunas heridas, retomó sus investigaciones de lo que él consideraba "talismanes alterados". Con el paso del tiempo y la recopilación de más evidencia en cada territorio diezmado, donde las únicas víctimas eran miembros de la secta QishanWen, confirmó sus sospechas iniciales: Los talismanes eran hechos por la misma persona y tenían un único propósito. Ya no había duda de ello, y sin embargo su única y mayor preocupación era el poder de esos talismanes, pues en su investigación descubrió que no exorcizaban el mal; más bien lo atraía.
Su descubrimiento instaló una molestia en su pecho que, conforme pasaba el tiempo, más le incomodaba. Le preocupaba que el responsable fuera alguien que trabajaba realmente a espaldas de las sectas, pero sobre todo el desconocer la identidad del cultivador con semejantes poderes, capaces de torcer el bien y convertirlo solo en maldad.
Se apretó el puente de la nariz y continuó leyendo la forma en la que aquel talismán podía revertir su eficacia. Pasaba la medianoche, y como ya era costumbre su sueño aún no llegaba —y dudaba que sucediera—. Miró por la ventana la noche estrellada de primavera y suspiró con pesar. Inevitablemente recordó a Wei WuXian, a quien no veía desde hacía un mes. Su último encuentro se había generado durante la recuperación de uno de los territorios tomados por las tropas de Wen Chao cerca de Qinghe, y, al igual que sucedió durante la conferencia de discusión en el Receso de las Nubes, su indiferencia fue casi palpable.
Dejó escapar un nuevo suspiro y retomó su trabajo, pero lo vio interrumpido cuando se sintió inesperadamente observado. Levantó la vista de golpe y se encontró con la figura de Wei WuXian bajo el dintel de la puerta. Un extraño sentimiento de dejabú le aceleró el pulso y sintió un escalofrío recorrerle desde la espalda hasta la nuca. Él lucía igual que siempre, con aquella expresión vivaz que desde el primer día lo había cautivado. Sin embargo, en su mirada podía notar un sutil cambio que inquietó su corazón.
—¿Interrumpo?
Su repentina llegada había enmudecido a Lan WangJi, y ese silencio lo interpretó como una invitación que le instó a hermetizar la puerta por dentro y a sentarse al otro lado de la mesa.
—¿Cómo estás, Lan Zhan?
Su tono animado no lo dejó indiferente. Lan WangJi eludió por un instante la mirada pero no pudo evitar volver a encontrarse con sus ojos expectantes y su sonrisa entusiasta.
—¿Qué haces aquí? —espetó—. ¿Cómo entraste?
Wei WuXian negó con expresión reprobatoria.
—Yo pregunté primero, Lan Zhan.
Él resopló y contestó.
—No, no molestas.
La sonrisa volvió al rostro de Wei WuXian y apoyó los antebrazos en la mesa.
—Vine a verte —comentó—. No te molesta, ¿verdad?
Lan WangJi negó y, tras su respuesta, los ojos de Wei WuXian recorrieron el lugar y sonrió.
—No ha cambiado nada desde la última vez que estuve aquí —expresó—. ¿Lo recuerdas? Un mes de castigo escribiendo las famosas reglas de tu secta.
—Es lo que merecías por romper las reglas —respondió Lan WangJi sin mirarle.
Algo muy parecido a una carcajada jocosa escapó de los labios de Wei WuXian. Él observó detenidamente a Lan WangJi y suspiró con un dejo de resignación.
—No cambias Lan Zhan —comentó con cierta decepción—. ¿Qué importan las reglas ahora?
Lan WangJi frunció el ceño, reprobando su comentario.
—Las reglas nos permiten dirigir nuestra vida de la forma correcta —aseveró.
—¿Y eso qué garantiza? —le rebatió Wei WuXian—. Si sigo las reglas al pie de la letra y no me permito burlar ninguna de ellas, ¿acaso con eso aseguraré el éxito o la supervivencia de los demás?
El mensaje oculto tras esas palabras le dio a Lan WangJi una señal que no quiso dejar pasar. Sintió que la conversación había tomado un tono muy personal, pues parecía que Wei WuXian quería decirle algo y no se atrevía a hacerlo de forma directa.
—Lo correcto lleva al éxito —recalcó expectante a su reacción—. El camino del bien...
—El camino del bien no es el único —le interrumpió Wei WuXian.
La categórica determinación que él manifestó, oponiéndose a sus principios, los acalló por unos momentos y les permitió observarse fijamente. No había palabras que necesitaran llenar el silencio que ambos habían resuelto establecer por ese breve instante, pero fue Wei WuXian el que rompió la atmósfera eludiendo la mirada y retomando el diálogo luego de observar lo que había en la mesa.
—¿Esos son los talismanes de los que todos hablan?
Los había notado apenas llegó, pero prefirió ignorarlos y fingir desconocimiento sobre ellos.
—Se han encontrado en cada sitio donde la secta QishanWen ha sido masacrada —explicó Lan WangJi con seriedad—. Su origen es incierto y misterioso, pero de una cosa estoy seguro.
—¿De qué estás seguro? —preguntó Wei WuXian, fingiendo curiosidad.
Lan WangJi tomó uno de los talismanes y lo observó con recelo.
—Todos han sido hechos por la misma persona —concluyó resuelto—, y lo que pretende no es limpiar el mal... sino invocarlo.
Wei WuXian lo observó en silencio. No le sorprendía sus capacidades deductivas y nunca dudó de que fuera quien llegaría más pronto a la respuesta correcta. ¿Pero podía decirle acaso que tenía razón pues ese era el objetivo que pretendía al escribir cada uno de esos talismanes?
A pesar de ser el responsable, no había forma de confesárselo por más que quisiera. No se trataba de temor a su rechazo o repudio de su secta, más bien le eran indiferentes sus prejuicios pues estos jamás se doblegarían y no quería recibirlos si de todos modos seguiría por el mismo y único camino que tenía al alcance: la cultivación demoniaca.
Su retorno de la muerte no había sido en lo absoluto sencillo, y no pretendía victimizarse por lo que le había hecho Wen Chao luego de capturarlo en las cercanías de YiLing. Su suerte estaba echada y ahora solo debía continuar con su rol en la campaña contra los Wen. Ya había logrado su primer y más importante objetivo: tomar la cabeza de Wen RuoHan y exhibirla ante todos para darle esperanza a las sectas de que la victoria para derrotar a la secta QishanWen estaba garantizada.
—Wei Ying.
El llamado repentino de Lan WangJi lo sobresaltó un poco y le hizo caer en sus ojos claros que le miraban con cierta preocupación.
—¿Lan Zhan? —Relajó el semblante y le ofreció una sonrisa. —¿Qué pasa? ¿Ya quieres que me vaya?
Él negó con la cabeza.
—¿Por qué estás aquí? —preguntó.
—Ya te lo dije —le aclaró Wei WuXian.
—No, no lo dijiste —insistió.
Wei WuXian parpadeó confundido.
—Es cierto; te lo dije —repitió—: Vine a verte.
—Pero por qué.
Ante la insistencia de Lan WangJi por descubrir los motivos ocultos de su visita, Wei WuXian solo se encogió de hombros y apoyó el mentón en sus palmas.
—No lo sé. Supongo que verte me relaja. —Suspiró y volvió a apoyar los brazos sobre la mesa. —Aunque no lo creas, me gusta estar contigo.
Lan WangJi entornó la mirada con cierta incredulidad, pero se abstuvo de desmentir su confesión. Lo único que sabía era que Wei WuXian disfrutaba molestarlo y no su compañía. Aun así, recordar lo que sucedió tras su regreso le hacía dudar de su "mentira".
—Aún no me has dicho qué te sucedió —articuló de pronto—. Estuviste seis meses desaparecido.
La expresión de Wei WuXian apenas cambió.
—¿Qué no lo dijo Wen Chao? Seguro alardeó de lo que me hizo.
Lan WangJi negó.
—Quiero escucharlo de ti.
Wei WuXian enmudeció frente a su petición. Luego de unos segundos en silencio, decidió hablar.
—Me arrojó a los Túmulos Funerarios creyendo que allí moriría, pero ya ves... se equivocó.
El rostro de Lan WangJi se contrajo en una mueca de aflicción que no intentó disimular.
—¿Cómo sobreviviste? —quiso saber.
Wei WuXian resopló y miró por un segundo al techo, como si aquel recuerdo fuera poco grato de mencionar o solo se tratara de un evento sin importancia.
—De muchas maneras —respondió—. ¿Realmente te interesa?
Lan WangJi asintió con ansiedad y, tras un profundo suspiro, Wei WuXian decidió confesar "parte" de la verdad.
—Cuando Wen Chao me arrojó a ese lugar, no lo hizo precisamente desde el nivel del suelo. Caí varios metros por un despeñadero y me rompí las piernas. No pude moverme en mucho tiempo. Y si me preguntas cómo logré sobrevivir después de eso, no sabría darte una respuesta. Quizá fuerza de voluntad o determinación.
El relato parecía herir cada parte de Lan WangJi. Por primera vez se podía ver con claridad en su rostro el dolor y la aflicción que sus ojos siempre ocultaban. Wei WuXian advirtió aquello y decidió continuar. Sus recuerdos tras escapar de aquel lugar se volvían inexactos y algo borrosos. Lo último que retenía su memoria era que, luego de recuperar la movilidad de sus piernas, escapó de los Túmulos y despertó en Yunmeng.
Lan WangJi había enmudecido. Cada palabra describiendo aquel tormento solo sirvió para profundizar la herida de su corazón y resentirla con cada latido. Jamás había experimentado aquello, pero desde que Wei WuXian entró en su vida, cada emoción se expresaba con descontrol, como si hubiera perdido el balance de estas, y solo quedara una pasión antojadiza.
En el proceso confirmó que Wei WuXian había olvidado su paso por Gusu. Él no mentía en su totalidad, y lo cierto era que realmente había olvidado aquel detalle. Lo demás eran recuerdos que divagaban entre la realidad y los sueños.
—Lo siento —pronunció de pronto.
Wei WuXian se vio interrumpido en su relato.
—¿Por qué lo sientes? —cuestionó.
—Debí ayudarte.
Una carcajada espontánea escapó de Wei WuXian.
—Vamos Lan Zhan, no te sientas responsable, aunque es un lindo gesto de tu parte, pero no tenías responsabilidad alguna de protegerme.
—Yunmeng cayó y no pudimos ayudarlos —insistió él.
—No es tu culpa.
—¡Debí estar ahí!
La forma en la que Lan WangJi alzó la voz sorprendió a Wei WuXian. Pocas veces tenía el "privilegio" de verle perder el control por su causa, incluso cuando lo provocaba descaradamente. En esta ocasión sin embargo no le había dado motivos, y cuando quiso cuestionar su abrupto arrebato, advirtió en su mirada inquietud y una desoladora aflicción.
Descubrir aquella transparente honestidad en sus ojos claros le agitó el corazón, y solo pudo obsequiarle la sonrisa que había perdido tras su regreso de los Túmulos Funerarios. Aquel gesto espontáneo nació de sus más profundas emociones, y no tuvo reparos en admitir que, a pesar de todo, no había nadie más con quien quisiera estar en ese preciso momento.
—No puedo interferir en tus sentimientos ni menos en tus pensamientos —pronunció con suavidad—, pero si te hace sentir tranquilo, no tengo reparos que hacer en contra tuya. Cada secta tenía sus propios problemas en aquel entonces. Cuando el Receso de las Nubes fue quemado quedaste muy lastimado y tu padre falleció. Yo tampoco pude estar en ese momento para apoyarte.
—Pero estás ahora.
La sonrisa que Wei WuXian sostenía en ese momento se desvaneció. Las palabras que Lan WangJi pronunció, así como la profundidad de su voz y su mirada, lo habían conmovido. No sabía cómo interpretar aquella intervención ni la manera en la que esta le había sacudido el corazón, pero por primera vez sintió que Lan WangJi lo consideraba alguien importante en su vida.
Al verse expuesto ante sus ojos, tan honestos como profundos, esquivó la mirada con nerviosismo y se reclinó sobre la mesa.
—¿Me acusarás a tus mayores por entrar sin permiso? —preguntó en un intento por cambiar el rumbo de la conversación.
—No.
Lan WangJi respondió con honestidad, y eso reanimó a Wei WuXian.
—¿Puedo quedarme entonces? —Su pregunta fue más bien una confirmación—. Prometo no molestar.
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El correr de las horas permitió un momento de intimidad entre los dos que no se había dado con tanta naturalidad, desde la vez que Wei WuXian fue castigado y obligado a permanecer un mes confinado en el Pabellón de la Biblioteca bajo la supervisión de Lan WangJi. Él leía y escribía en silencio mientras Wei WuXian solo se dedicaba a contemplarlo. Parecía una dinámica natural y espontánea que los dos habían desarrollado y aprendido a manejar con los años, pero incluso con cierto grado de madurez en los dos, Wei WuXian a veces quería recordarle a Lan WangJi que nada había cambiado.
Mientras él escribía, Wei WuXian tuvo la necesidad de llamar su atención. Había sido suficiente solo observarlo; ahora quería su atención por completo. No tenía una respuesta para su capricho, tampoco un motivo que justificara su deseo de estar precisamente allí con él, habiendo tantos lugares donde divertirse y olvidar por un rato su otra vida.
Desde su regreso de la "muerte" había comenzado a tener pensamientos extraños y a ratos descontrolados. Suponía que se debía al desequilibrio interno por el que atravesaba su cuerpo tras la asimilación de la energía resentida, y entendió que este necesitaba un poco de tranquilidad, encontrándola en Gusu, junto a Lan WangJi.
Ver su rostro le traía serenidad, aquietaba su mente y sosegaba su corazón que llevaba viviendo entre sobresaltos en los últimos meses. Su voz lo tranquilizaba y el aroma a sándalo que normalmente le rodeaba comenzó a volverse rápidamente en una suerte de bálsamo para sus sentidos.
Reparó contemplativo la forma concentrada con la que escribía y leía. Siempre pulcro, siempre correcto y bien puesto. Sus ropas ni siquiera presentaban arrugas ni estaban fuera de su lugar. Su cabello lucía siempre cepillado y caía sobre su espalda y hombros como si hubiera sido acomodado a propósito.
Tras observarlo por unos minutos y sentir que ya no era suficiente, resolvió llamar su atención. Con el rostro descansando en uno de sus antebrazos, llevó despacio su mano hacia él, deslizando los dedos por la pulcra madera lacada, como si de una pequeña persona se tratara. Paso a paso sus dedos se acercaron y se atrevieron a rozar el dorso de su pálida mano.
Notó que Lan WangJi dio un pequeño sobresalto y sonrió triunfante.
—Lan Zhan, ¿por qué no salimos a caminar un rato? La noche está tan agradable.
Sin mirarle, Lan WangJi contestó.
—El toque de queda ya comenzó.
—Pero nadie tiene porqué saber que lo rompimos.
Esta vez los ojos de Lan WangJi se clavaron en los suyos.
—No es correcto —espetó tajante.
Wei WuXian no pudo evitar soltar una carcajada. Esa respuesta era tan propia de Lan WangJi que, incluso adivinándola, no dejaba de divertirle. Su integridad era admirable, aunque a ratos exasperante, pero había algo en esa personalidad inquebrantable y honesta que le atraía al punto de disfrutarla, soportando en silencio e indiferencia.
—¿Puedo pasar la noche contigo?
Lan WangJi detuvo su escritura y vaciló un momento antes de mirarlo. La soltura con la que Wei WuXian le propuso aquello le erizó la piel y empalideció su semblante. Tan solo hacía unos meses algo similar había sucedido y Wei WuXian tenía el descargo de ignorarlo. Ahora, la propuesta volvía a salir de sus labios, y no podía ignorarla.
—Eso no es correcto —respondió. La primera vez dijo lo mismo, pero las cosas habían terminado de forma completamente diferente.
Wei WuXian no dudó en insistir y justificar su petición.
—Lan Zhan, no te estoy pidiendo acostarme contigo. —Hizo una pausa. —Un momento, ¿acaso tú...? —Saltó sorprendido. —¡¿Me estás proponiendo dormir juntos?!
Las orejas de Lan WangJi ardieron de rojo, pero él guardó silencio. En respuesta, escuchó la estruendosa carcajada de Wei WuXian. Una vez que estas cesaron, habló con holgura.
—Lan Zhan, Lan Zhan, nunca imaginé que fueras tan atrevido. ¿Qué estuviste haciendo mientras yo fui dado por muerto?
Lan WangJi cerró su libro de investigación de golpe.
—Es mejor que te vayas —pidió con severidad—. Entraste sin permiso, y si te descubren te castigarán.
Con un ademán de hombros, Wei WuXian le restó importancia a la advertencia.
—No lo sabrán si tú no dices nada.
Lan WangJi no replicó; a cambio le dirigió una mirada inquisidora.
—¿Por qué quieres estar aquí? —preguntó.
Wei WuXian aguardó un momento en silencio. No tenía una respuesta que lo convenciera —incluso a él—, por lo que eludió la mirada y se tendió de espaldas en la estera, cruzando los brazos tras la nuca.
—Solo quiero pasar el tiempo contigo; eres mi amigo después de todo —respondió con la mayor honestidad que su mente le permitió—. Jiang Cheng está muy ocupado y nuestros tiempos no coinciden. No es necesario que hablemos, solo quiero permanecer cerca de ti. Prometo marcharme al amanecer. —Se incorporó, apoyándose con los antebrazos. —¿Aun así piensas echarme de tu casa?
A pesar del descaro con el que presionaba sus sentimientos, Lan WangJi no pudo negarse. Por un momento se perdió en su mirada y no fue capaz de expulsarlo aun cuando su presencia lo sobresaltara.
—Puedes quedarte —respondió al fin.
Wei WuXian sonrió y volvió a tenderse sobre la estera.
—Prometo quedarme callado —dijo con suavidad—. Solo déjame estar contigo.
Lan WangJi no pareció reaccionar con aquellas palabras, pero como si estas hubieran estallado en su interior, el ritmo de su corazón se descontroló y no pudo volver a regularse por el resto de la noche.
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Tal como lo prometió, Wei WuXian se marchó al amanecer. Lan WangJi sintió su partida como una molestia similar a la primera vez que desapareció sin despedirse, pero esta vez se aseguró de que algo así no volviera a suceder. Con una disposición algo renuente y a la vez teñida de disimulada complicidad, lo acompañó hasta las puertas del Receso de las Nubes.
—No era necesario que me acompañaras —dijo Wei WuXian al verle dos pasos más atrás, como si quisiera asegurarse de que en verdad dejaba el lugar—. Estás rompiendo el toque de queda.
—Tú también —respondió Lan WangJi. Wei WuXian soltó una pequeña risa y continuaron caminando.
El resto del camino fue silencioso. Lan WangJi continuó siempre dos pasos más atrás y solo se dedicó a contemplar la figura de Wei WuXian, como si solo tuviera derecho a ello mientras la retenía en su memoria hasta el próximo encuentro. Tras detenerse bajo el dintel del portón principal, se miraron sin cruzar palabra. No tenían la intención de hacerlo, y el solo hecho de mirarse parecía bastarles, pero Wei WuXian descubrió que no podía seguir sosteniendo la vista en los ojos de Lan WangJi y dio media vuelta con la intención de partir, pero él lo detuvo.
—Wei Ying.
Se le acercó y tendió la mano derecha. Wei WuXian la observó y se dio cuenta que en ella había una piedra de jade que permitía el ingreso al Receso de las Nubes.
—No vuelvas a ingresar sin permiso —dijo Lan WangJi—. Eres bienvenido... cuando necesites verme.
No había forma de hacer bromas con aquello; tampoco negar aquel honesto, aunque poco agraciado gesto. Wei WuXian había enmudecido y solo fue capaz de aceptar el obsequio que jamás imaginó recibir de Lan WangJi.
—Muchas gracias, Lan Zhan. —Hizo una pausa y luego añadió: —Lamento haber roto las reglas de tu secta. Trataré de no hacerlo en el futuro.
Quiso sonar y parecer convincente, pero no le había resultado del todo. Aun así a Lan WangJi le bastó su esfuerzo y solo hizo un ademán con la cabeza, aceptando sus disculpas.
Una vez que Wei WuXian guardó la piedra de jade entre sus ropas, se marchó. Lan WangJi lo vio alejarse y, mientras desaparecía de su alcance visual, los arrepentimientos surgieron. Había querido decirle muchas cosas desde que apareció en la biblioteca, pero más le remordía no haberle pedido que se quedara un poco más.
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La guerra continuaba dándose en cada territorio que la secta Qishan Wen intentaba tomar a la fuerza, pero incluso en medio de aquel infierno, Wei WuXian y Lan WangJi comenzaron a vivir un mundo completamente diferente. Con el correr de los meses, las visitas de Wei WuXian al Receso de las Nubes se habían vuelto más frecuentes y constantes. Lan WangJi no lo cuestionaba; tampoco le preguntaba el motivo. Solo disfrutaba de su presencia cada vez que llegaba sin aviso mientras los susurros en su corazón se acrecentaban y sus pensamientos se desbordaban.
Lan XiChen no tardó en advertir esos extraños cambios en Lan WangJi, que incluían desde horas enteras de desvelo hasta escapes nocturnos de su dormitorio, y cada vez que le preguntaba al respecto evadía el cuestionario con un rotundo silencio. No dudaba de su integridad ni sus principios, pero aquellos sutiles cambios que nadie más notaba, comenzaron a generarle preocupación.
Cuando tuvo oportunidad fue a la biblioteca para confrontarlo. Allí lo encontró redactando un informe tras la recuperación de un terreno tomado por la secta QishanWen. Anunció su llegada y se sentó frente a él.
—¿Todo bien? —quiso saber con algo de curiosidad.
Lan WangJi asintió sin mirarle y, ante su poco colaborativa disposición, Lan XiChen resolvió confrontarlo.
—WangJi, estoy preocupado. —Aguardó un instante por su reacción y añadió. —Se trata de tu comportamiento durante este último tiempo.
Tras esa expresión de malestar sincero, Lan WangJi prestó atención. Dejó el pincel en su soporte y miró de frente a su hermano. Él interpretó aquel gesto como una ventana para ahondar en el tema, y continuó.
—No quiero juzgarte ni mucho menos criticar tu actitud, pero he notado cambios un tanto... cuestionables. —Tensó el entrecejo. —Nuestro tío también ha comenzado a darse cuenta de esos cambios.
Lejos de reaccionar con temor o vergüenza por aquellas palabras, Lan WangJi simplemente permaneció en silencio y esperó que Lan XiChen llegara a ese punto.
—Hay... otra cosa. —Hizo una pausa antes de continuar. —¿A qué se deben las visitas reiteradas del joven maestro Wei?
Lan WangJi continuaba sin pronunciar palabra.
—WangJi, no sacas nada con seguir ocultándolo. Lo he visto en más de una ocasión visitándote por las noches. ¿Acaso tú le diste una piedra de jade?
—Sí.
Finalmente Lan WangJi decidió ser parte de la conversación y sus labios emitieron una simple sílaba. Y aunque podía parecer suficiente viniendo de él, Lan XiChen no se sintió conforme y presionó la conversación.
—¿Por qué? —preguntó, pero a cambio solo obtuvo más silencio—. No estoy cuestionando su presencia, más bien me intriga el motivo por el que viene más seguido que en los últimos años. ¿No se supone que ustedes no se llevaban bien?
—¡Eso no es cierto!
Lan WangJi se apresuró en contestar con un leve acento defensivo, y Lan XiChen no pudo evitar sonreír por ello. Esa espontánea y sincera reacción había sido la más explícita que él había mostrado en los últimos meses, precisamente desde que Wei WuXian había sido dado por muerto. Pero aquella efusiva respuesta solo terminaba por confirmar las sospechas que durante mucho tiempo rondaban en su cabeza, y que gracias al pragmático hermetismo de Lan WangJi le había sido difícil de interpretar.
Lo miró fijamente, reconociendo casi de inmediato ese sentimiento silencioso que mantenían oculto sus ojos claros.
—WangJi, he notado la forma en la que lo miras... y la forma en la que él te mira.
El semblante de Lan WangJi permaneció inalterable, pero no lo suficiente para ocultarle la verdad a su hermano.
Él suspiró y relajó la tensión inicial de su rostro. Después de todo había obtenido de Lan WangJi más de lo que se podía conseguir en una conversación.
—No pretendo sacar conclusiones precipitadas —manifestó mientras se ponía de pie—, pero me pregunto si tienes las cosas claras.
—Las tengo —respondió Lan WangJi.
Conforme con esa respuesta, caminó hacia la puerta de la biblioteca.
—Me alegra escucharlo, WangJi. —Le ofreció una sonrisa. —No te presionaré para que me digas lo que está pasando entre ustedes, pero quisiera que medites sobre tus pensamientos y tus acciones. Mantén tu mente despejada.
Con esa última sugerencia se retiró. Una vez a solas, Lan WangJi volvió la vista al pincel con el que llevaba escribiendo desde hacía tres horas y lo observó detenidamente mientras sus puños se cerraban sólidos sobre la mesa. Por primera vez un sentimiento de vergüenza se apoderaba de sus pensamientos y le hacía dudar de lo que sentía por Wei WuXian. Pero este último no era un sentimiento al que le tenía nombre, aunque en más de una ocasión se lo había preguntado. Y si bien en un principio dudó de su existencia e incluso llegó a negarlo, las reiteradas visitas de Wei WuXian le hicieron comprender que, al igual que él, simplemente quería estar a su lado y no vio malicia alguna en ello. Sin embargo, las palabras de su hermano removieron su corazón y expusieron la verdad que por mucho tiempo intentó ignorar.
Consciente de esa nueva realidad que lo acorralaba peligrosamente, desistió de continuar escribiendo y salió de la biblioteca; tal vez si caminaba podría despejar su mente y ordenar sus pensamientos. Se adentró por un sendero solitario con la intención de meditar en los manantiales de curación. Esperaba que el sonido de las cascadas aquietara su mente, pero sabía bien que aquello tampoco funcionaría.
No quería decirlo en voz alta, pero desde hacía mucho que sus sentimientos no estaban en paz. Habían cambiado y sucumbido a las pasiones e instintos más profundos de su cuerpo, y sabía que el único responsable era Wei WuXian. Cuando sus miradas se cruzaban o su voz llegaba a sus oídos, incluso cuando sucedía un roce casual de sus manos, su corazón saltaba y su piel se estremecía. No era una reacción que estuviera bajo su control y se lo reprochó muchas veces, llegando incluso a sentirse impuro por tales pensamientos y emociones, pero poco a poco lo que en un principio le pareció sucio, ahora lo revitalizaba.
Cada día sin verlo era una tortura y cada día a su lado su alma vibraba. Desde que lo conoció había sido motivo de constantes disgustos, pero su pensamiento ahora no era el mismo. Wei WuXian lo sacada de su mundo de paz y estabilidad, y con el correr de los años descubrió que aquello le gustaba, que esa personalidad exigente y caprichosa que siempre lo provocaba hacía contrapeso a su vida disciplinada y descolorida, y que, a pesar de las circunstancias, él era un caso especial en su pequeño mundo de detalles y rigurosidad al que estaba acostumbrado, pero que al conocerlo comprendió que ya no podía volver atrás y escucharía a su corazón sin pensar en las consecuencias.
Cerró los ojos y recordó la última vez que se vieron. Fue durante un enfrentamiento con una tropa de Wen Chao. Wei WuXian ya había acabado con la mayoría de esta, y lucía un tanto agotado. Preocupado, se le acercó para tratar cualquier lesión que le afectara, pero él se negó, argumentando que no era momento y que debía ir tras Wen Chao pues se había escapado.
—Iré contigo —dijo Lan WangJi cuando vio sus intenciones de partir.
—No —espetó Wei WuXian.
Para Lan WangJi, aquella negativa no fue suficiente para persuadirlo, por lo que endureció el semblante y decidió insistir.
—Iré —repitió, sujetándole del antebrazo derecho.
Aquella determinación tan poco usual en él podía impresionar a cualquiera, pero para Wei WuXian fue solo un detonante que colmó su paciencia.
—¡Te digo que no! —masculló, soltándose de su agarre con brusquedad, pero rápidamente cambió el tono y la actitud. Alzarle la voz a Lan WangJi no era del todo su agrado y una punzada le había atenazado el corazón por ello—. Lan Zhan, no seas insistente. Esto no se trata de ti. Ese maldito aún debe pagar por todo lo que ha hecho.
Lan WangJi negó con la cabeza y le rebatió.
—Él también nos hizo daño, pero la venganza no es el camino.
Wei WuXian frunció el ceño y resopló.
—Por eso jamás nos llevaremos bien. Aunque lo intente, nunca comprenderé esa pequeña forma de pensar que tienes.
Quiso ser hiriente, pero no lo consiguió; Lan WangJi respondió a su descrédito sin siquiera temblarle la voz ni mostrar vacilación en su mirada.
—No puedo detener tus pensamientos ni sentimientos. —Entornó los ojos y vio directo a los de Wei WuXian. —Pero si puedo frenar tus acciones, lo intentaré aunque me desprecies.
Wei WuXian no le pudo contestar. Ni siquiera encontró palabras con las cuales burlarse porque, lejos de ver las suyas como una provocación o con dobles intenciones, comprendió que Lan WangJi era honesto y su respuesta no era un intento por frenar sus impulsos; más bien buscaba ayudarlo.
Esbozó una sonrisa sincera al darse cuenta que por más que quería repudiar ese lado moralista de Lan WangJi no lo conseguiría nunca, y que, lejos de querer alejarlo de su vida y sus secretos, lo necesitaba más cerca que nunca.
Consciente y resignado ante esa verdad, se sentó en uno de los peldaños que conducían a un viejo templo, y suspiró resignado.
—No iré tras Wen Chao —decidió al final—, al menos no por ahora.
Lan WangJi sintió un profundo alivio inflándole el pecho y se sentó a su lado.
—Él caerá —dijo con determinación—, pero lo hará por su propia mano, y no necesitarás esforzarte por ello.
Los puños de Wei WuXian temblaron sobre sus piernas y con el ceño fruncido declaró:
—Él... él y su maldita secta pagarán por todo lo que han hecho.
Lan WangJi no pudo contener el estremecimiento que le produjeron aquellas palabras llenas de determinación y resentimiento. Sabía bien que algo había cambiado dentro de Wei WuXian tras la caída de Yunmeng —también dentro de sí tras el ataque al Receso—, y un sentimiento palpitante en lo más profundo de su corazón le advirtió del peligro de aquel cambio. Pero incluso si aquello había sucedido, estaba dispuesto a enfrentar las consecuencias a su lado sin dudarlo.
De ese encuentro ya era un mes, y sentía que si no volvía a ver a Wei WuXian su relación se perdería.
Intentó retomar su meditación, pero se vio interrumpido cuando un par de palmas tibias le cubrieron los ojos y una animada voz le susurró en la nuca.
—Adivina quién es.
No hacía falta hacerlo. Con el pulso acelerado y una sonrisa pugnando por dibujarse en sus labios, contuvo el estremecimiento que le produjo aquel repentino contacto y fingió severidad en el tono de su respuesta.
—No se sorprende a una persona durante su meditación.
Las manos que con suavidad le habían tapado los ojos lo dejaron, y escuchó un resoplido de falso disgusto.
—¿Por qué eres tan aguafiestas, Lan Zhan? Le quitas lo divertido a las cosas.
El rostro de Wei WuXian apareció en su campo visual y, cuando sus miradas se encontraron, cualquier atisbo de confusión desapareció, dejando solo la certeza de lo que sentía por él.
—Creí que no volverías a venir —le dijo en respuesta mientras ignoraba los latidos descontrolados de su corazón.
Wei WuXian lo miró sorprendido y se sentó a su lado.
—¿Por qué pensaste eso? —rio un poco— ¿Me echabas de menos?
Lan WangJi negó casi de forma automática. Se rehusaba a manifestar cualquier señal que dejara expuesto su secreto, pero incluso aparentando ser el mismo de siempre, Wei WuXian se negaba a aceptar sus constantes evasivas, pues era un hecho que detrás de sus constantes encuentros en secreto había algo más que solo una relación de dos viejos conocidos.
—No lo niegues, Lan Zhan. Puedo ver que a pesar de toda esa seriedad que siempre me muestras, hay un poco de alegría por verme y añoranza cuando no me ves.
Lan WangJi no pudo negarlo ni menos admitirlo. Sintió que si abría la boca diría toda la verdad, y conociendo la perspicacia de Wei WuXian, bastaría una sola palabra o un solo gesto para dejarse en evidencia.
—La verdad es que vine a buscar los informes que te encargaron redactar —continuó Wei WuXian.
—Están listos —respondió Lan WangJi.
Wei WuXian curvó los labios en una sonrisa.
—Muy propio de Lan Zhan —dijo con tono halagador.
Lan WangJi esquivó la mirada, intentando ocultar el nerviosismo que sus palabras le provocaban y, sin más que decir, se puso de pie con la intención de volver a la biblioteca, pero Wei WuXian no lo siguió.
—¿Qué haces? —le preguntó al verlo tenderse en el césped.
—La noche está muy hermosa como para desperdiciarla encerrados en esa biblioteca —dijo Wei WuXian, cerrando los ojos—. Continúa tu meditación. No te molestaré.
No había manera de objetarle. A pesar de lo impertinente y antojadizo que resultaba, Lan WangJi quería permanecer allí con él, por lo que retomó su lugar y trató de retomar su meditación.
A los pocos segundos de silencio, Wei WuXian habló.
—¿Sabes, Lan Zhan? Cuando estoy contigo, parece que el mundo se desvanece. Como si la guerra, las muertes y el sufrimiento desaparecieran todas a la vez.
Abrió los ojos y se encontró con la mirada sorprendida de Lan WangJi.
—¿No te pasa lo mismo?
Él solo asintió y Wei WuXian sonrió.
—Me alegro que mi compañía te haga sentir lo mismo. —Rio un poco. —Es un tanto extraño que a pesar de nuestras diferencias, podamos encontrar armonía en medio de tanto caos. ¿No te parece?
Lan WangJi volvió a asentir en silencio, conteniendo las palabras que quería decirle en ese momento y que, por vergüenza de lo que Wei WuXian le fuera a decir, calló.
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Una nueva derrota se sumó a la secta QishanWen. Durante los últimos meses, las tropas desplegadas por los territorios lejos de avanzar, retrocedían amedrentadas y eran diezmadas por el misterioso personaje que les daba muerte sin misericordia. A estas alturas era una de las cosas más comentadas, y aunque muchos parecían agradecer aquella extraña intervención, otros, como Nie MingJue, simplemente lo rechazaban y cuestionaban rotundamente.
Lan WangJi era uno de los que se oponía a la participación misteriosa de aquel personaje, ignorando por completo su identidad. Se sabía tan poco de él que ni siquiera podía hacerse una imagen mental de su aspecto, y debido a eso se había concentrado en agotar todo recurso para descubrir su identidad.
Un mes después de la última visita de Wei WuXian a Gusu, un nuevo incidente se había generado en las inmediaciones de Qinghe, y Lan WangJi fue uno de los primeros en llegar al lugar. La zona había sido destruida por completo. Ni un solo miembro de la seca QishanWen se salvó y, a diferencia de ocasiones anteriores, muchos de los cuerpos fueron destrozados, como si una bestia los hubiera atacado.
No parecía el mismo patrón de ataque, pero los inconfundibles talismanes que atraían el mal envolvían los cuerpos y el lugar. En ese momento, el mal presentimiento que persistía en Lan WangJi desde que se confirmó la muerte de Wen RuoHan volvió a molestarle. Un pensamiento extraño se estaba mezclando con los que tenía por Wei WuXian, y le hizo llegar a incómodas conclusiones que apretaron su corazón.
—¡Segundo maestro Lan!
Uno de los discípulos que la acompañaba se le acercó con prisa.
—Segundo maestro Lan, hay sobrevivientes.
Lan WangJi corrió de prisa hacia los sobrevivientes que podrían darle nuevas pistas del responsable de las masacres. Cuando llegó al recinto donde las tenían contenidas, descubrió que se trataban de aldeanos que, atemorizados por la invasión de la secta QishanWen, se ocultaron en subterráneos acondicionados para escapar durante los ataques.
—¿Saben quién mató a los miembros de la secta QishanWen?
Su pregunta fue directa, sin preámbulos. No quería fomentar un diálogo lleno de sin sentidos: solo quería la verdad.
—Fue un demonio, un monstruo —sollozó una de las mujeres más jóvenes del grupo.
Todos asintieron y uno añadió tembloroso:
—El sonido de su flauta fue...
—¿Flauta?
Lan WangJi lo miró con sorpresa.
—Él despertó a los muertos con el sonido de una flauta —añadió uno de los mayores—. Fue un sonido aterrador.
Era primera vez que alguien lo acercaba tanto al responsable, pero incluso con esa respuesta, su corazón no se sintió tranquilo y un resabio amargo ardió en su garganta.
—¿Pudieron ver su rostro?
Todos negaron.
—Solo vimos que vestía de negro y portaba una flauta con la que despertó a los muertos.
La expresión de Lan WangJi se endureció con preocupación.
—¿A qué se refiere con despertar a los muertos?
—Los despertó —insistió otro de los aldeanos—. Los muertos que descansaban bajo tierra él los despertó. Con el sonido de su flauta hizo que atacaran a la secta QishanWen y los devoraran.
Parecía demasiado irreal como para creer algo de aquella envergadura, pero, tras las últimas investigaciones a las que Lan WangJi había llegado, no le sorprendió del todo.
Tras dejar a los sobrevivientes al cuidado de sus compañeros, se alejó en silencio. La declaración de los aldeanos no le ayudó a sentirse mejor. El presentimiento que llevaba sintiendo por tanto tiempo finalmente había estallado en su pecho, dejando un solo nombre en su pensamiento, y que se negó decir en voz alta.
...Continuará...
Agradezco a todos por los más de 300 comentarios que han dejado a lo largo de la historia. Este capítulo está dedicado a quienes han seguido cada capítulo con el mismo entusiasmo del principio.
